15 marzo 2013

La jaula de acero

Aunque lo publiqué hace casi cinco años, este texto siempre me ha resultado extremadamente esclarecedor.

«Uno de los componentes constitutivos del espíritu capitalista moderno (y no sólo de éste sino de toda la cultura moderna): la conducción racional de la vida sobre la base de la idea de profesión, nació del espítiru del ascetismo cristiano.

[...]

El puritano quería ser un profesional, nosotros tenemos que serlo. Pues al ser trasladado de las celdas de los monjes a la vida profesional y comenzar a dominar la eticidad intramundana, el ascetismo contribuyó a erigir aquel poderoso cosmos del orden económico vinculado a los presupuestos técnicos y económicos de la producción mecánica que hoy domina abrumadoramente el estilo de vida de todos los individuos que nacen en este engranaje (no sólo de quienes participan directamente en la actividad económica) y tal vez seguirá determinándolo mientras no se haya apagado el último resto de carburante. De acuerdo con Baxter, la preocupación por los bienes exteriores debería estar sobre los hombros de sus santos sólo como “un abrigo fino que en todo momento uno se puede quitar”. Pero la fatalidad hizo que el abrigo se convirtiera en una jaula de acero. Cuando el ascetismo se puso a reconstruir el mundo y a actuar en él, los bienes exteriores ganaron sobre el ser humano un poder creciente y al final invencible, como nunca antes en la historia. Hoy su espíritu ha abandonado esa jaula, quién sabe si para siempre. En todo caso, el capitalismo victorioso ya no necesita este apoyo una vez descansa en una base mecánica. [...] Donde no se puede poner el “cumplimiento de la profesión” en relación directa con los valores culturales supremos, hoy el individuo suele renunciar a interpretarlo.

[...]

Nadie sabe aún quién habitará en el futuro en esa jaula ni si al final de este enorme desarrollo figurarán profecías nuevas, o un potente renacer de viejas ideas e ideales o más bien una petrificación mecanizada adornada con un pavoneo exagerado. Pero entonces podría llegar a ser verdad en relación con los “últimos seres humanos” de este desarrollo cultural lo siguiente: “Especialistas sin espíritu, hedonistas sin corazón: esta nada se imagina que ha alcanzado un nivel de la humanidad desconocido”.»

Max Weber, La ética protestante y el espíritu del capitalismo. Extracto de la edición de Jorge Navarro Pérez, Ed. Istmo, Madrid, 1998, p. 258-259. La cursiva es del original, la negrita es mía.

2 noviembre 2012

On leadership

Leadership is not defined by the exercise of power, but by the capacity to increase the sense of power among those who are led. The most essential work of the leader is to create more leaders.

Adversarial, win-lose decision making is debilitating for all concerned. Contentious problems are best solved not by imposing a single point of view at the expense of all others, but by striving for a higher-order solution that integrates the diverse perspectives of all relevant constituents.

A large organization is a collection of local communities. Individual and institutional growth are maximized when those communities are self-governing.

– Mary Parker Follett, 1924

21 octubre 2012

Peloteos

El otro día La Página Definitiva publicaba un artículo titulado En El País de los pijos, el progre es el rey donde se decía esto (la negrita es mía):

La pregunta de Pepa Bueno, su visión de las cosas, representa ese periodismo pijo que ha ido puliendo el Grupo Prisa desde los años de la transición y que ha llegado ya a sus máximas cuotas. Es ese periodismo de preguntas chorras, analfabetas y pelotas. Porque, claro, si un representante político dice ante un grupo de periodistas algo que suena fuerte, pues ya estarán ahí los periodistas amigos para echar un cable: no quería decirlo, era a título personal, se han sacado sus palabras fuera de contexto o se han malinterpretado sus declaraciones. Ya no hace falta que sean los políticos quienes salgan a simular una rectificación, porque están antes los medios de comunicación echando paños calientes. Y si no, que se lo digan al ministro de Educación y Cultura, José Ignacio Wert, que podrá soltar todas las animaladas que se le ocurran, pero ahí estarán siempre sus amigos de Prisa, con los que ha compartido tertulias, cafés, risas y abdominales.

Hoy me encuentro en El País con un artículo titulado El ministro de las mil polémicas que habla de Wert en estos términos:

En lo que sí existe consenso es en su impresionante capacidad dialéctica, sobre su vicio por la polémica y la discusión permanente, que llega hasta el paroxismo. También de su destilado sentido del humor, no apto al parecer para todos los públicos. “Es chispeante, mordaz, pero muchas veces no todos le siguen las bromas”, comenta un excolaborador.

[...]

Antiguos colegas suyos, como José Juan Toharia, con quien trabajó en Demoscopia, le definen como superdotado en varios aspectos. “Tiene una capacidad de análisis y comprensión de lo que se desenvuelve a su alrededor muy rápida. En cuatro meses puede dominar perfectamente el terreno donde ha llegado”.

No parece, desde luego, una crítica muy dura. Es más, yo incluso diría que es bastante pelota. Casi más propia del ABC o de La Razón que de El País. Claro que a ver si va a ser verdad que como decía La Página Definitiva, en el País de los Pijos el Progre es el Rey.

28 septiembre 2012

Discapacítate

Imagina, por unos minutos que eres discapacitado intelectual.

Imagina el dolor y la incredulidad de tus padres cuando se enteran de tu condición.

Imagina lo que los profesionales de detección temprana les tienen que acompañar, consolar y luego, ilusionar para que tus papás encuentren un camino de esperanza para ti. Imagina, ahora, que ese buen hacer lo realizan profesionales que l levan meses sin cobrar.

Imagina que ya estás diagnosticado y que, tanto en el parque, en un cole normal, en un bar, eres diferente.

Imagina el empeño de un profesor de aula que invierte su saber en dibujar un camino para que salgan en ti, todas tus capacidades potenciales.

Imagina ahora que esa profesora, se devana los sesos en su casa por invertir en ti, y lo hace sin cobrar desde hace cuatro meses.

Imagina que ya estás en tu clase con otros niños, más o menos, como tú, y que una persona, un educadora o educadora, se preocupa constantemente de tus pipis, tus cacas, tus babas, tus caídas….

Imagina que lo lleva haciendo sintiéndose útil y satisfecho pero sin poder pagar el recibo de alquiler de su familia.

Imagínate ahora sin poder respirar con normalidad, sin poder deglutir alimentos si no son triturados, sin poder moverte por ti sólo porque tus huesos y articulaciones están varadas en su particular sueño. Imagina a la persona que sólo te mira a ti y a tus posibilidades de movimiento, mayor o menor, para que puedas vivir sin llagarte, sin autolesionarte. Serías entonces un gran afectado contemplando a su profe, su educador, o su fisio, intentando garantizar tu seguridad.

Imagina que varias personas procuran en tu clase colores, olores, sonidos, músicas relajantes, ausencia de ruidos y estridencias.

Imagina que todos ellos, pidan año tras año volver a cuidarte y no cambiar de clase y…..sin cobrar durante 4 meses (por ahora).

Imagina que en el comedor con tus compañeros, casi nadie puede comer solo, porque no sabe, no tiene movilidad o porque cualquier alimento mal masticado te puede producir si no la muerte, un ingreso hospitalario urgente.

Imagina que quien te cuida en el comedor percibe un sueldo que para otros supone una compra de un capricho.

Imagínalos cuidando de ti en el autobús…y sonriendo.

Imaginalos ahora compartiendo piso con un compañero y sin la posibilidad de pagar el alquiler compartido porque…tampoco cobran desde hace meses.

Imagina que tienes la dicha de poder llegar a leer un poco, o a comunicarte con signos…. Imagina ahora que para poder localizar tus ojos, tu boca, todo tu ser, un especialista se lleva a tu clase a mister potato y… jugando, te comienzas a reconocer luego en un espejo. Imagina que esa, TU identidad, ha sido dibujada por personas que, como las de antes, no saben cuál será su porvenir laboral y, por supuesto, tampoco están cobrando a día de hoy.

Imagina que te haces mayor de 21 años y el cole ya no es tu sitio. Imagina ahora que el mundo al que has venido no entiende que puedas trabajar, no entiende tu utilidad, tu productividad. Imagina que un monitor sí cree en ti y te enseña a engarzar piezas o apretar tuercas que te proporciona una empresa y que hacen de ti un productor peculiar que recibe una gratificación, un pequeñito sueldo a cambio de una vida laboral digna. Imagina ahora que esa empresa ya no te da tuercas que apretar.

Puedes seguir imaginando que tu educador y todos los trabajadores de tu centro se reinventan a sí mismos y piensan en reciclar cápsulas de nespreso para que puedas hacer cosas bonitas.

Imagínalos ahora sin cobrar y con una sonrisa en su rostro que no deja traslucir el desencanto.

Imagina que tus papás son tan mayores o se fueron ya a la otra vida y que te llevan a un pisito, minirresidencia, que te da cobijo, amor, abrigo, paz, seguridad… y que las personas que de repente son tus referentes, no pueden apenas garantizarte el sustento, ni siquiera saben si podrán procurar el sustento de sus casas, ni siquiera si podrán seguir trabajando contigo.

Imagina que no tienes voz, que apenas te comunicas con unos cuantos signos que te han enseñado a lo largo de tu vida.

Imagina que tu voz, tu letra, es TU PADRE O TU MADRE O TUS MAMÁS O TUS PAPÁS O TUS ABUELOS O TUS EDUCADORES. Imagina lo que están luchando para que se te oiga, para que sienta tu historia.

Imaginalos insultados en lo más hondo de su ser cuando deben callar o ser políticamente correctos frente a señores con trajes de Armani y Señoras de Prada, que les dicen que para ti NO HAY DINERO.

ESTA ES LA MARCA “COMUNIDAD VALENCIANA”.

Esto es solo parte de lo ocurre en los centros y entidades que se dedican a la Discapacidad intelectual en la Comunidad Valenciana.

No tengo voz, soy autista, pero no soy tonto.

Soy Moisés, tengo 15 años y dos papas que prestan letra y música y voz a mi vida.

IMAGINE.

DISCAPACÍTATE POR UN MINUTO O DOS.

(Carta escrita por el padre de una persona con autismo del patronato Francisco Esteve de Paterna)

4 septiembre 2012

¿Inteligencia? colectiva

(Hace un rato, en Security Art Work)

Ayer estuve viendo el primer capítulo de la miniserie británica Black Mirror (la pantalla negra que queda en cualquier dispositivo cuando éste está apagado), que les recomiendo encarecidamente que no se pierdan si tienen la oportunidad de verla. Sin desvelarles ningún secreto de la trama, el argumento de este primer capítulo gira en torno al poder viral e irreflexivo que las redes sociales pueden llegar a tener hoy en día, llegando a forzar decisiones gubernamentales y marcando la agenda periodística, a menudo más preocupada por los trending topics que por dar un enfoque objetivo y reflexivo a la realidad.

Hace unos días en un medio digital de ámbito nacional, un periodista poco dado a los números afirmaba que los aproximadamente 3,6 céntimos por litro que supondría la subida del IVA de los carburantes del 18% al 21% harían que la gasolina, que en ese momento estaba a 1,51 €/litro, pasase a superar los 1,8 €/litro. Evidentemente, 1,51 € + 0,036 € no suman 1,8 €, sino 1,546 €. No sé si fue gracias a los comentarios que hicimos un par de personas (de un total de más de 100 comentarios), pero el caso es que aproximadamente un par de horas después el titular indicaba que en lugar de superar los 1,8 €, se situaría “rozando” los 1,6 €/litro. Sin embargo, el error todavía persiste en el último párrafo de la noticia, y al parecer numerosos medios cometieron este error, al proceder la información de una noticia de Europa Press evidentemente poco analizada y contrastada. No es mi intención entrar a valorar errores periodísticos de bulto, tarea que ya hacen otros de manera admirable, ni tampoco analizar lo sencillo que resulta cambiar el contenido de una noticia digital sin que los lectores siguientes a la modificación perciban dicha alteración. La cuestión aquí son el centenar de comentarios de Público.es que ignoraron el contenido de la noticia, o las personas que en lugar de plantearse si la información era correcta, retuitearon directamente la información.

Durante los últimos meses, proliferó en las redes sociales (Facebook y Twitter, principalmente) la información de que en España hay aproximadamente 450.000 políticos, argumento que saltó de estos entornos más o menos “populistas” a medios más “serios” como tertulias radiofónicas, artículos de opinión, periódicos digitales y probablemente también a la televisión. En la situación actual de crisis y gracias al malestar existente con la clase política, resultaba tentador prescindir de cualquier análisis crítico e ir directamente a los números, que mostraban una comparación entre España y Alemania en población y políticos que facilitaba poner a los nuestros a caer de un burro. Afortunadamente, a estas alturas diversos medios ya han aclarado que de cuatrocientos mil políticos, nada de nada. Sin embargo, dicha información ha sido repetida hasta la saciedad durante meses probablemente por miles de personas en Twitter, Facebook, Tuenti, blogs personales, conversaciones con amigos, tertulias “políticas” y vayan a saber dónde más.

La cuestión aquí no es la falta de espíritu crítico que parece alumbrar todos estos ejemplos (en especial los dos últimos), que sería material para un blog de diferente temática, sino poner de relevancia la fuerza y el poder que las redes sociales están adquiriendo poco a poco (y que sin ese espíritu crítico, no son otra cosa que altavoces de intereses ajenos). Cierto es, en mi opinión, que no estamos todavía en condiciones de afirmar que Facebook o Twitter puedan ser representativos de la realidad social o política; por un lado, el diseño de las redes sociales en torno a “amigos” y personas con mismas aficiones y opiniones tiende a actuar como una lupa en la que las opiniones propias se ven automáticamente respaldadas por la —nuestra— comunidad y también como una burbuja en la que el usuario accede a los contenidos que le son afines (aunque esto es aplicable también a los ámbitos no digitales). Por otro, es conveniente no olvidar que una gran parte de la población con voz y voto no está presente en las redes sociales.

Sin embargo, no es descabellado pensar que la tendencia actual hará que Facebook, Twitter, Youtube, etc., o aquellas tecnologías y empresas que las releven en el futuro, vayan cobrando una mayor relevancia e importancia con el paso de los años y a medida que los actuales nativos digitales las incorporen a las diferentes esferas sociales. Sin dejar de lado los aspectos completamente beneficiosos de las redes sociales, todos hemos visto la típica escena de película de vaqueros en la que una masa enfurecida trata de linchar a un sospechoso, con independencia de que se haya decidido su culpabilidad o no; todos conocemos la frase difama que algo queda. Quizá no sea hoy, pero como sucede en el capítulo de Black Mirror, puede llegar un día en el que la masa social a través de las herramientas de comunicación digital pueda llegar a hundir una empresa, a una persona, o participe involuntariamente en la comisión (de cometer) o difusión de un acto ilegal o reprobable. ¿Es tolerable permitir que algo así pueda suceder con total impunidad, como si estuviésemos a bordo del Orient Express?

Por tanto, desde el punto de vista social, la cuestión es: ¿cómo conseguir que esa inteligencia colectiva no sea en realidad un martillo neumático que se pone en marcha de manera arbitraria a veces, orquestada en otras, destrozando aquello que encuentra a su paso con o sin razón? Y lo que resulta igualmente importante: ¿cómo hacerlo sin que a) entremos en el peligroso mundo de la censura y b) el martillo neumático lo entienda como censura? ¿Es razonable empezar a pensar en mecanismos de (auto)control?

Desde el punto de vista de la empresa, no tengo ninguna duda de que la defensa, monitorización y control de la imagen de marca y la reputación (digital o no; cuando lo digital salta al mundo físico no tiene sentido diferenciar) y los riesgos que la rodean van a adquirir una importancia destacable en los años venideros. En el primero de los ejemplos, en un momento del capítulo el primer ministro británico pregunta a su asesora por el protocolo a seguir. Pueden imaginarse la respuesta.