9 noviembre 2010

Extraños (10/02/06)

(Hoy me ha dado por recuperar este texto, de hace cosa de cuatro años y medio y pico. Ay.)

Todas las mañanas a las diez, puntual como un reloj, Miguel, un jubilado que vive desde hace años sin más compañía que un pobre gato al que odia sin razón alguna, entra en el bar de Eduardo, se sienta en uno de los taburetes de madera y pide un carajillo. Su amigo, que lleva décadas detrás de la barra y ha vivido toda su vida en el barrio, enciende la cafetera y mientras ve llenarse la taza, piensa: pobre Miguel.

Al otro lado de la barra, sentado, el viejo observa la figura encorvada frente a él, la incipiente calva, y siente la rutina de millones de años gritando por cada poro de su piel, viviendo en cada pelo de su cuerpo, tanto que casi le duele. Y aprieta los labios y piensa: pobre Eduardo.

1 octubre 2010

Historia verídica (24/10/2006)

(Esta noche, un breve relato que escribí hace poco menos de cuatro años. Pueden encontrarlo en la recopilación No me cuentes historias. Espero que les guste.)

Pasé los diez primeros años de mi vida entre algodones; gasas, sistemas de respiración asistida, goteros, pasillos de hospital y medicamentos fueron mis compañeros de juegos. Casi podría decir que a alguien no le gustó que yo entrase en este mundo, porque mis problemas -y los de mis padres- empezaron a los pocos minutos de vida. Un niño que al nacer no quiso llorar pasó cuatro meses en el área de cuidados intensivos neonatales, lo que fue a todos los efectos el prólogo de una serie de interminables años en los que pasé a coleccionar tantas hospitalizaciones como problemas de salud, hasta el punto de que sobre todo durante los cinco primeros años, pasaba más de dos tercios de cada mes en la cama de un hospital. Tuve el dudoso privilegio de experimentar cómo se viven las navidades, tus propios cumpleaños o las vacaciones de verano dentro de un hospital. Si he de atender a lo que mis progenitores me cuentan de todo aquello, en más de una ocasión estuve bastante cerca de irme muy lejos, lo suficiente como para no poder estar aquí contando esto.

Hacia el final de esos diez años, quizá con el crecimiento físico o simplemente por la misma razón que nací así, la mayoría de aquellos problemas comenzaron a difuminarse, y a día de hoy, aparte de unos cuantos recuerdos no siempre desagradables, y un puñado de cajas de medicamentos que aún hoy, veinte años más tarde, sigo comprando regularmente “por si acaso”, sólo me queda una cosa de la que no he podido deshacerme: el irrefrenable impulso de contar mentiras.

24 septiembre 2010

Repo: Los contradicistas

A falta de ingenio, les traigo una entrada que escribí a principios de 2007. Hay que ver cómo pasa el tiempo.

«No hay datos exactos que indiquen en qué momento decidió Martin Contradict fundar Los Contradicistas (confundidos habitualmente con Los Contradiccionistas, de mucha menor importancia), ni incluso si lo hizo, pero se rumorea que fue allá por el siglo XIV tras una acalorada discusión con un vecino, después de que éste se mostrase, sin razón alguna, radicalmente opuesto a que Martin cultivase hortalizas en su propia parcela, en lugar de la tradicional plantación de cereales. Tras aquel incidente, Martin se dedicó de manera sistemática a oponerse a todo aquello que le era posible, lógica o ilógicamente. Aunque como es obvio, jamás admitió estar en desacuerdo con nadie.

Nada más se sabe del surgimiento de esta peculiar organización, pero su historia se difumina a lo largo de los siglos, sin que existan datos fiables sobre ella. [...] Al parecer, a través del boca a boca la organización fue creciendo, lo que le dió una nueva magnitud al concepto de negación. No sólo estaban en desacuerdo con cualquier cosa y persona, con la que podían discutir durante días, sino que incluso estaban en contra entre ellos mismos, en contra de la propia organización, en contra de sus propias opiniones y en contra de su propia existencia lo que daba lugar a tremendas contradicciones que resolvían simplemente negando que tal contradicción existiese. [...] Su radical oposición a todo les llevó al borde de la extinción cuando en el siglo XVII, una parte importante de sus miembros muriese de hambre, al mostrarse en desacuerdo con la idea de que comer era necesario. Este punto marcó un punto de inflexión en el radicalismo del grupo, que unificó su opinión disminuyendo de este modo el nivel de agresividad intelectual interno.

Aunque tras aquello hubo varias escisiones de importancia variable -los Masones es quizá la de mayor reconocimiento-, la organización ganó en fortaleza y coherencia interna, aunque nunca lo admitió ni pública ni privadamente. A pesar de que hay muchos estudios que los citan como fuentes de importantes aportaciones en las más variadas disciplinas (La Tierra no es plana), otros muchos dudan de que sus contribuciones se derivasen de algo más que la negación en sí misma (La Tierra no es redonda). [...] Sí que es cierto que esta oposición por sistema condujo al cuestionamiento de muchos conceptos incorrectos (véase para más detalles la Duda Metódica, de René Descartes, principal impulsor de la facción moderada), y no hay muchos investigadores que les nieguen el mérito.

Tras la Primera Guerra Mundial, por diversos conflictos políticos [...], la presencia pública de la organización se reduce drásticamente, hasta llegar a su total desaparición varios años más tarde. No hay en la actualidad evidencias ni a favor ni en contra de que el grupo siga activo, pero todo apunta a que, en cada comunidad de vecinos, en cada reunión familiar, en cada clase, en cada foro de internet, silenciosamente, están ahí, extendiendo sus tentáculos, lentamente, con su sistemática oposición a todo y a todos. Después de todo, lector, quizá tú mismo seas uno de ellos. Y quizá yo mismo lo sea. Pero lo que está claro, es que ninguno de los dos jamás lo admitirá.»

Anders Stepkoein, Creadores de Poder: Los Contradicistas, Vol I. Arial Press, New York, 1963.

7 septiembre 2010

Recopilación de relatos

Hace mucho tiempo que me debato entre volver a hacer públicos o no los relatos que escribí durante la etapa anterior del blog. A favor está claramente el deseo de que la obra sea leída por cuantas más personas mejor. En contra, mi hipotético y nunca abordado intento de publicarlos a través de las vías convencionales, a pesar de que durante un tiempo dichos relatos fueron públicos. Lo cierto es que tras pensarlo un poco, he decidido volver a ponerlos a disposición de los lectores, sea grande o pequeño el número de ellos; he de reconocer que la obligación autoinfringida de revisar, modificar y distribuir en los círculos editoriales la recopilación que les comento me produce algo de ansiedad, y me dificulta abordar nuevos proyectos; es como si no pudiera seguir escribiendo sin antes haber agotado los cartuchos para este conjunto de historias. Típico de mí, por otra parte.

Así pues, a continuación le presento No me cuentes historias, una recopilación de los textos de ficción que he ido escribiendo durante los últimos años en este mi blog personal, www.unsociability.org; las entradas en las que publiqué cada uno de ellos estarán pronto disponibles. El documento inicial ha sido ampliado con nuevos relatos respecto a la versión anterior, aunque básicamente es el mismo. Si le gusta alguno de los relatos que contiene, siempre es de agradecer un comentario o un simple email, y por supuesto, que distribuya el documento. Una vez tomada la decisión, de perdidos al río y cuanto más mejor.

Por último, la licencia. Esto es importante. Todas las historias (al igual que el blog del cual derivan, www.unsociability.org), están bajo una licencia Creative Commons “Reconocimiento-SinObraDerivada 2.5 España”, según la cual usted puede copiar, distribuir y comunicar su contenido públicamente, siempre que indique visible y claramente (dejo eso a su buen criterio) que la procedencia del texto es el blog www.unsociability.org y su autor, Manuel Benet. En segundo lugar, usted no puede alterar, transformar o generar una obra derivada a partir de esta obra. Si tiene una curiosidad morbosa, puede encontrar los detalles de la licencia en el enlace anterior.

Si tiene alguna duda, yo soy su hombre. Léalos, le gustarán.

3 abril 2010

Andrés

Aunque no sé todavía si volveré a poner en línea el contenido viejo de mi blog, es muy probable que los relatos de ficción no vuelvan a ver la luz en mucho tiempo, o al menos hasta que después de mucho tiempo decida que no voy a darles una revisión completa y una segunda oportunidad por otras vías, léase editoriales, concursos, etc. Ese “mucho tiempo” aún no se ha cumplido, como imaginarán.

No obstante, releyendo el blog he encontrado uno de esos textos que también necesitan un lavado de cara, pero que incluso sin éste, me gustan particularmente. Quizá sea algo escatológico, pero a mi me encanta.

Andrés se levanta cada mañana, y antes de hacer cualquier cosa, antes de tomar el café, antes de besar a su pareja, antes de vestirse, entra en el baño, se sienta en la taza del váter y caga. Todos los días, religiosamente. Algunos minutos después siente el placer de la orina saliendo por su pene, y consciente de haber acabado, coge un trozo de papel higiénico y se limpia el culo, eliminando los restos de excrementos de su ano. Repite el procedimiento varias veces, tantas como sea necesario, hasta que se siente limpio y el blanco del papel no muestra el color marrón característico de las heces. Pero hoy se ha acabado el rollo de papel demasiado pronto, y Andrés se queda pensando unos segundos, encorvado como está en mitad del cuarto de baño, y dudando, se lleva lentamente los dedos índice y corazón al ano, y acariciándolo, se limpia, disfrutando de la sensación. Sin subirse los calzoncillos, se sienta de nuevo y observa sus dedos, manchados. Vuelve a dudar, los mete en su boca y los chupa con ganas, hasta que salen limpios de ella, exceptuando los restos que le quedan debajo de las uñas. Entonces se levanta, se limpia las manos con jabón y vuelve a la cama, donde le da un largo y profundo beso húmedo a su novia.