

Parece que a los chinos eso de copiar zapatos, ropa o móviles se les está quedando pequeño, y ni cortos ni perezosos, han decidido ponerse a copiar coches; porque hasta el más tonto sabe que invertir en diseño es caro, y total, ¿para qué? Y esta es una de las cosas que les han salido: a su derecha, el Smart, y a su izquierda, el Noble. Aparte de reconocer que les ha quedado calcadito, lo mejor de todo es que al parecer y según comentan, no sólo están copiando los diseños, sino también los logos y los nombres.
Vamos, como las Adidash del mercadillo, pues lo mismo pero en coche. Estos chinos...
Vía BenzInsider.com

(Lo que van a leer, esta mañana en Security ArtWork.)
Imagino que la mayoría de ustedes conocen el sistema de mensajería instantánea Microsoft MSN. Seguramente sabrán también que puede uno cambiar el nombre o "nick" con el que le "ven" los demás, que es posible "bloquear" a otros usuarios de manera que para ellos aparezcas a todos los efectos desconectado y no puedan hablar contigo, y que el MSN y la cuenta de correo de Hotmail comparten el identificador de usuario y la contraseña. Dicho esto, hace unas semanas, mi novia que comprueba que no la estoy mirando cada vez que introduce su contraseña de correo, a pesar de que lo consulta desde mi portátil me saludó una mañana con el siguiente mensaje como nombre:
"www.QuienTeAdmite.com < -- Fijate quien te elimino y quien te desadmitio en el MSN, enterate TODO"
Aunque ya había visto eso antes, en este caso indagué un poco y llegué a sitios web como www.quienteadmite.com o blockoo.com, aunque hay muchas más, en las que aseguran que proporcionando el usuario de Hotmail y la contraseña, muestran qué personas tienen "bloqueado" a tu usuario en el MSN. Pese a que el método de proporcionar tu usuario y contraseña puede considerarse cuanto menos sospechoso y nada recomendable, no voy a entrar a cuestionar hasta qué punto el sistema funciona o no. Cabe decir, no obstante, que incluso aunque funcionase, eso no elimina los riesgos de "regalar" libremente el acceso a tu correo personal.
Lo que me llama la atención es que a pesar de que las "víctimas" de este tipo de iniciativas son por lo general usuarios experimentados de Internet (menores de treinta años) que conocen o deberían conocer los a menudo exagerados "peligros" de este medio, acaban confiando en una página web que sin ninguna garantía les pide su usuario y contraseña de correo personal. Lo que en mi opinión demuestra que, teniendo en cuenta que en gran parte de las relaciones a través de MSN la amistad y la confianza tienen un papel importante (y que el hecho de que una persona bloquee a otra se considera una afrenta relativamente seria), sólo hay que buscar el reclamo adecuado para que cualquier persona, en cualquier momento, revele información personal a extraños o sitios web desconocidos.
No me sorprende, por tanto, que el phishing funcione, y como es habitual, aunque no voy a aconsejarles que como suele decirse, no se fíen ni de su padre, cuando se trate de asuntos privados finanzas, correo privado, datos personales..., desconfíen. Esa suele ser siempre una buena política.

Después de pasar varias semanas sin pisar una sala de cine, algo inconcebible en mi hace poco más de un año, el sábado pasado me levanté de la mesa con la intención de pasar la tarde viendo Death Proof de Quentin Tarantino, y ante mi sorpresa mi partenaire accedió sin réplica. Pero eso fue hasta que leí media docena de críticas que no la ponían precisamente bien, y aunque intenté convencerme de continuar con la idea original usando la siempre cuestionable idea de que sobre gustos no hay nada escrito, la unanimidad en torno a la calidad de la película de Tarantino, a quien Cuatro le dedicaría un semi especial esa misma noche (Pulp Fiction + Jackie Brown), me provocó una profunda apatía y consiguió que abandonase completamente esa opción y comenzase a valorar diversas alternativas, entre ellas la de mandar a la mierda a la industria del celuloide, al menos durante ese fin de semana. Por si eso fuese poco y para mi desgracia, la segunda alternativa, Planet Terror, con mejores críticas, no estaba accesible en ningún horario deseado. Finalmente, El ultimatum de Bourne, la tercera de las opciones, no era del agrado de mi acompañante (léase mi novia), a pesar de tener bastantes buenas críticas.
Así que finalmente, y al borde del suicidio abandono ante tan desolador panorama, decidimos entrar en Cuatro minutos, gratamente impresionados por la película de la misma nacionalidad alemanaque habíamos visto hace unas semanas, La vida de los otros, aunque sin saber prácticamente nada sobre ella. Desgraciadamente, eso acabó siendo un craso error y la materialización de ese refrán que habla de las brasas y la sartén, porque Cuatro minutos es decepcionante, aunque las expectativas no fuesen desde el principio como para tirar cohetes. Sospecho, sin temor a equivocarme, que esta película permanece en la cartelera gracias al tirón que su grandísima compatriota tuvo en los últimos meses, porque cualquier comparación entre ambas es pura coincidencia: La vida de los otros es una maravilla, mientras que Cuatro minutos es cuando menos prescindible.
No se preocupen, no se la voy a destripar. Sólo les diré que la película trata de la relación que hay entre una anciana profesora de piano y una joven reclusa condenada por asesinato, rebelde sin causa y con extraordinarias dotes para tocar el piano. En resumen, los problemas de la cinta son diversos, que pasan por la cuestionable interpretación de las protagonistas principales y la evidente falta de empatía que esto genera, un final completamente previsible a la Hollywood, o los excesos melodramáticos a menudo en forma de flashbacks. En definitiva, vayan a verla si quieren, pero al precio que está el cine, yo les recomiendo que dediquen su dinero a cosas mejores.


Hola.
Hola, Eli.
¿Qué haces?
Poca cosa, montar unos cajones para la cómoda de la habitación, pero estoy acabando, pilla una silla y siéntate. He metido unas cervezas en la nevera hace poco, así que si quieres una estás invitado.
Bien, ahora luego. ¿Sabes? Estuve viendo ayer un documental que echaban sobre trastornos alimentarios, uno de esos en los que salen mujeres bulímicas y anoréxicas, y te enseñan lo jodida que es su vida.
Sí, ¿qué pasa?
Pues que mientras lo veía, me puse a pensar en Lisa.
¿En Lisa? No me jodas, ella ni es anoréxica ni bulímica. Coño, que la conozco bien.
No, no, ya sé que no. Me puse a pensar en ella porque todo el mundo sabe que es una católica devota, pero que bueno, la verdad es que cuando no está en la iglesia confesándose, joder, cómo decirlo, es un poco puta.
No te pases, Eli, que Lisa es mi amiga.
No joder, que a mi me cae bien, es una buena chica, maja y eso, pero tú la conoces, sabes cómo es ella, que yo no me meto, pero es verdad, joder, le gustan más las pollas que a un niño el chocolate. Que sí, que está bien y ya te digo que a mí me da igual, que cada uno es libre de hacer lo que le de la gana con su cuerpo, pero es así, todo el mundo lo sabe.
Todo el mundo lo sabe... Bueno, bien, no sigas, dejémoslo ahí. ¿Qué tiene que ver eso con lo que viste ayer?
Pues me puse a pensar que la religión católica, que por eso me acordé de Lisa, y te digo la católica porque es lo que veo y no conozco otra, que la religión es... es algo así como un trastorno espiritual.
¿Un qué?
Un trastorno espiritual, o moral, algo así. Sí joder, esa gente, todos los que van a la iglesia, sobre todo los más creyentes, van acumulando pecados, un día tras otro, y se van cargando de culpa y remordimiento, hasta que un buen día se acercan a la iglesia y lo vomitan todo encima del cura. ¿No ves cómo se parecen las dos cosas? De lo que no estoy seguro es de si esto es más una anorexia o más una bulimia, por todo el rollo ese la compulsividad y la culpa que no me quedó claro, pero lo cierto es que tampoco le he dado muchas vueltas. ¿A ti qué te parece?
¿Que qué me parece? El qué, ¿todo eso que me has contado?
Sí, joder, ¿qué piensas de esa gente?
¿Yo? Yo no pienso, Eli, que no se me da bien y me lo tengo prohibido. De todas formas, creo que tú ya piensas bastante por mí.
Bueno, no sé, es algo que se me ocurrió mientras veía el reportaje. Bien, ¿dónde están esas cervezas?
Entrando al fondo, a la derecha. Y si por el camino te entran ganas de vomitar, acuérdate de que la iglesia está al otro lado de la calle, que siempre me pones el baño hecho un asco...

Oye.
¿Qué?
Si mi novio te pilla mirándome así, te va a partir la boca.
Perdona, ¿qué dices?
Ya me has oído.
¿Mirándote así? ¿Así? ¿Así cómo?
Tú ya sabes cómo, no te hagas el tonto.
Ya. Así que me dará una paliza.
Sí, eso hará.
Vaya.
Sí, o igual se le va la mano y te manda al otro barrio.
Ya veo.
Sí.
Es bastante gilipollas cargarte a alguien porque está mirando a tu novia, ¿no te parece? Mucho, incluso aunque la miren así, como tú dices.
Lo que quieras. Estás avisado.
¿Sabes? Es divertido. La gente se pasa muchos años en la cárcel por hacer auténticas gilipolleces, gilipolleces como matar gente sólo porque no te gusta que miren a tu novia. Unos se pasan toda su puta vida entrando y saliendo del trullo, casi desde que nacen, y otros sólo son lo bastante estúpidos para tirar su vida a la basura sin ninguna razón. Tengo curiosidad. ¿De qué tipo es tu novio? ¿Del primero, o del segundo?
...
No importa, en cualquier caso lo siento mucho por ti. Bueno, me queda claro al menos que no le gusta que te mire así.
Eso he dicho.
Oye, ¿y a ti?
¿A mí? ¿A mí qué?
¿A ti te gusta?
A mí sí, me gusta mucho.

Siempre critiqué el morbo que despiertan en la gente los accidentes de tráfico. La atracción por la carne quemada, la sangre aún caliente formando un charco en el arcén, las mantas térmicas aluminizadas, o el trajín de servicios de urgencias y agentes de policía; los coches avanzan lentamente, mientras los ojos de sus ocupantes, cómodos detrás de las ventanas, imaginan, no sin sentirse algo culpables, lo que hay debajo de ese serrín. Escudriñan la escena, los hierros retorcidos, los cristales, las huellas del neumático, buscando. Tú gritas, pero no emites ningún sonido y no puedes respirar. Este es al menos un bonito coche. Qué más se puede pedir, te dices.
Y lloras.

En el post 999 de este blog, Javier, autor de la bitácora La viga en mi ojo, y editor de una Guía de concursos literarios que sigo desde hace ya varios años y mantiene actualizada con las últimas novedades en premios, concursos y temas de interés literario, ha tenido a bien hacerme una reseña del libro de relatos "No me cuentes historias" en su blog, al que tendrán que ir si tienen un mínimo de curiosidad.
Espero que esto les anime a aquellos que se lo han leído a comentarme, bien públicamente, bien por correo electrónico, qué les ha parecido el texto, y a aquellos que no, a echarle un vistazo a la versión digital al menos.
Cuánto enlace para tan poco texto...

Este es el post número mil. Sí, pero tengo un pequeño problema con él, porque aunque lo parezca, no es lo mismo el post número mil que el cliente número mil. Tengo la intuición de que escribir el post número mil hablando del post número mil es como si el supermercado se hiciese a sí mismo la compra número mil, y el premio de celebración de la compra número mil fuese la compra número mil. Y eso sería, cómo decirlo, hacer trampas. No se si me entienden. El caso es que pienso que debería escribir el post número mil, como si no fuese el número mil, como cualquier otro, y entonces, en el post siguiente, en el número mil uno, hablar del post número mil.
Pero no.
No voy a hacer eso. No por nada, sino porque no, simple y llanamente. No quiero, y punto. Olvida el "Justifica tu razonamiento" que había en el colegio barra instituto barra universidad barra etc tras cada pregunta susceptible de contestarse con un monosílabo afirmativo o negativo, porque ya no sirve. Ya no aplica. Ya no es útil. Cuando la pregunta no está impresa sobre un papel o reflejada en un monitor, te das cuenta de que muchas cosas pasan porque sí, y en ocasiones lo mejor es no buscarles una razón. Pero en ocasiones es necesario hacerlo, de vez en cuando, sólo para desempolvar un poco lo que llevas dentro y no olvidarte de ti, siempre y cuando esa búsqueda no se te lleve a ti por delante.
Que metafísico me estoy poniendo, coño.
Estoy bien, mamá, esto es sólo una entrada de un blog (sólo la número mil) y eso de ahí arriba sólo un estilo expresivo. Fíjate que en realidad, no he dicho nada, pero *parece* que lo haya dicho. Digo que sí, pero que cuando sí, a veces no. Pero tengo que escribir así porque intuyo que a la gente le gusta más ese estilo que las típicas y aburridas entradas de prosa y opinión que pongo desde hace algunos meses, aunque a mí me parezca un estilo el anterior más bien tonto y vacío. Su truco está en eliminar la duda, cualquier atisbo de reflexión, y por último la justificación (¿ven lo que les decía antes?) de toda afirmación y dar la impresión de que no has estado más seguro de nada en tu vida; lo sabes todo, sabes que lo sabes, sabes que sabes que lo sabes, y así ad infinitum. Estás tan seguro de lo que dices que casi das asco. Una buena dosis de nihilismo, indiferencia y cierta apatía es también muy recomendable; la miseria personal es un buen recurso de marketing, pero siempre sin acento. La vida es una mierda, aunque sepamos que no lo es. Todo eso junto, impresiona a cualquiera, sea fachada o no.
No estoy haciendo una crítica de nada. No.
Yo es que antes escribía así, más o menos, aunque ya no más. Nada realmente serio se puede escribir así; quizá un par de ideas, un par de opiniones, pero nada que uno quiera que vaya más allá. Es un estilo demasiado pretencioso, demasiado vacío, demasiado fácil. Mi señora me dice a veces: cuando te leía, parecías más "guay", el más "guay". Dabas la sensación de ir a tu bola y pasar de todo el mundo. Y (me) remata afirmando que en realidad, tú no pasas de la gente. Aunque seguramente no sea la persona que más me conoce del mundo, algo me conoce, así que se pueden fiar. La cuestión es que para el post número mil de hoy, The One Thousand (1000) Post, había pensado que no estaría mal recuperar aquel estilo de antaño. Sólo por hoy, y en el siguiente, seguir como siempre, o como últimamente. Pero al final, esto es lo que me ha salido, que ya ven que no es ni una cosa, ni la otra.
Ah. Y por hoy, ya que estamos de aniversario y cambiamos de milenio, dénse el lujo de poner un comentario, que es gratis. Porque yo lo valgo.

Después del, a decir de los comentarios, soporífero post de ayer, y es que hay gente que se queja de vicio, traigo un corto de Luiso Berdejo y Jorge C. Dorado. Aunque no se ve muy bien, y sé que mantener la atención casi diez minutos sobre la pantalla dejando en paz el ratón va a costarle horrores a más de uno, vale la pena. Gracias a Fernando por la referencia.

(Problema de Monty Hall, sacado del libro El curioso incidente del perro a medianoche, de Mark Haddon)
Actualización: La solución correcta es, como algunos han dicho, cambiar. Hay varias formas de ver esto, que están detalladas en la Wikipedia, pero yo mostraré dos.
1)
* Imaginemos que en el primer caso, escogemos la puerta primera, que tiene el coche detrás. El presentador abrirá una de las otras puertas, y puesto que la puerta restante tendrá una cabra, si cambiamos: perdemos.
* En el segundo caso, escogemos la puerta segunda, que tiene una cabra. Por tanto, el presentador únicamente podrá abrir la tercera puerta, y al cambiar, escogeremos necesariamente la primera puerta: ganamos.
* En el tercer caso, escogemos la puerta tercera, que tiene una cabra. Por tanto, el presentador únicamente podrá abrir la segunda puerta, y al cambiar, escogeremos necesariamente la primera puerta: ganamos.
Por tanto, en dos de los tres casos ganamos si cambiamos.
2)
Imaginemos que en lugar de tres puertas, hay 100 puertas. Nosotros escogemos una puerta, y el presentador abre 98 puertas que tienen una cabra detrás. Así pues, sólo en el caso de que hayamos escogido inicialmente el coche, cuya probabilidad es 1/100, perdemos. En las restantes, 99/100, ganamos.
Voilà.

El pasado fin de semana tuve la desgracia de ver una de las peores películas que recuerdo, y la peor desde hace bastante tiempo: Seduciendo a un extraño, con Halle Berry y Bruce Willis. Y lo peor es que ni siquiera la bajé de Internet, sino que la alquilé. Aunque no suelo hacer críticas de películas de DVD, esta se lo merece, porque ni siquiera la presencia de esta impresionante mujer en la pantalla compensa lo que se va a ver, y eso es mucho decir. Les advierto, antes de empezar, que si pretenden verla, cosa nada recomendable, no deberían seguir leyendo mucho más. Bueno, en cualquier caso, no deberían seguir leyendo, porque esta entrada va a ser larga y aburrida.
La historia de esta película se basa en una periodista que después de renunciar a su trabajo, decide embarcarse por su cuenta y la de un compañero en el asesinato de una amiga, a la que encuentra poco después (del despido), y que le cuenta que ha tenido un affair con un publicista reputado a quien ha amenazado con destapar la relación. La película se desarrolla desde ese punto, que no es malo, como digo sin un mal desnudo de Halle Berry como recompensa en toda la película.
Pero empecemos con las pegas. El primero es el amiguito de la prota: un hacker omnipotente. Capaz de obtener datos de cualquier empresa, cambiarlos, acceder al correo ajeno, crear referencias laborales, y de todo tipo de actos posibles o imposibles, aparte de que por supuesto gran parte de sus diálogos están basados en la habitual jerga informática sí, tienen tal y cual sistema, pero no es problema. Claro que esto no deja de ser lo típico para un hacker de película; no hay más que ver la filmografía relacionada. Imagino que otras profesiones se supone que el sujeto es informático o algo parecido se verán escenificadas de forma igualmente ridícula. Si con esto no fuese suficiente, el chico está obsesionado con su amiga (algo completamente normal, visto lo visto), hasta el punto de tener una especie de maniquí-collage en la pared al estilo de cualquier psicópata de tres al cuarto, sin que esto, que tu mejor amigo tenga comportamientos ciertamente preocupantes, tenga ningún papel destacable en la película. Imagino que obedece al hecho de que ni el propio director sabía quién iba a ser el malo al final de la película: se rodaron tres finales diferentes. Bravo, Fernando.
El siguiente sujeto en la lista es Harrison Hill, dueño de una empresa de publicidad de Nueva York, gracias a la cual vemos por pantalla no sólo el logo de Sony Vaio en el portátil (un iMac suele ser lo habitual, pero asumo que siendo de Sony Entertainment la película, no era lógico hacerle propaganda a Apple), sino publicidad de Reebok, Heineken o Victoria's Secret. Aparte de que el personaje es cualquier cosa menos creíble, poco más se puede decir a favor o en contra, y eso es ya bastante.
Por último, está Halle Berry, que para hacer estos bodrios, más le valdría hacer cine porno, donde al menos el argumento suele carecer de relevancia y al menos algunos lo pasariamos mejor. Este personaje es complicado de explicar, y su "motivación" se va descubriendo a través de varios flashbacks indescifrables, en forma de pesadilla-me-despierto-sudando o frente al espejo (¿hay algo más típico?). En éstos, aparece ella de niña y un hombre que parece ser su padre o padrastro, quien presumiblemente abusa de ella. Una noche, su madre lo golpea y lo acaba matando, y entre las dos lo entierran en el jardín... mientras una niña mira por la ventana. Esta niña, cómo no, resulta ser la "amiga" asesinada del principio, quien según parece pasa toda su vida chantajeándole, lo cual conduce finalmente a que Halle Berry decida acabar con ella. Así pues, es realmente ella la que asesina a su amiga, y no el publicista Harrison Hill.
Si bien uno puede llegar a entender el móvil del asesinato de la "amiga", que le quiera cargar el muerto nunca mejor dicho a otra persona carece totalmente de sentido. Si la policía no tiene ninguna pista sobre su asesino, e incluso las pistas puestas en el cuerpo jamás les conducirían a ella, ¿para qué tomarse la molestia de joder al publicista? E incluso de ser así, parece claro que de hacerlo, uno debería ser lo suficientemente inteligente para "montarlo" todo poco antes del asesinato, y no después. Para rematar el despropósito en el que se mueve la cinta, su compañero, con quien ya no se lleva tan bien desde que descubre que fantasea con ella, y dejémoslo ahí, acaba descubriendo el "montaje", y también es asesinado en una de las últimas escenas de la película al pedir pago a su necesario silencio... mientras alguien observa la escena desde la ventana de enfrente. Una segunda parte no, por favor.
Háganme caso. No pierdan más tiempo que el que le han dedicado hasta ahora. Es *mala*.

El pasado martes por la noche noche, un tipo con pantalones pirata naranjas y camiseta blanca me despertó a las tres y media de la madrugada mientras tiraba docenas de botellas y trozos de aparentemente sanitarios de baño en mitad de la calzada, a la altura del paso de cebra que hay en mi calle. En cuclillas gran parte del tiempo, las lanzaba por encima de su cabeza, y éstas describían una parábola y acababan haciéndose añicos contra el asfalto. Otras veces, de pie, las estrellaba con fuerza, con el mismo resultado final. Estuvo durante más de diez minutos haciéndolo, hasta que acabó rompiendo con una trozo de sanitario el cristal de un coche aparcado, como si en ello le fuese la vida.
Entonces se oyó un silbido, y desapareció.
Cinco minutos más tarde, llegaron cuatro coches de policía que estuvieron apareciendo y desapareciendo hasta que un rato después se fueron tal como habían venido.
Algunos minutos más tarde, dos o tres botellas se estrellaban contra unas chapas metálicas que sirven de valla a un solar que hay delante de mi ventana, y la cabeza de dos personas apareció detrás durante unos minutos. Estuve a punto de llamar a la policía, pero al final me metí en la cama y me dormí, porque entre otras cosas, no sabía si esos eran los de antes o no.
Y aunque puede llegar a plantearse uno qué nivel de desesperación o locura tiene que tener una persona para hacer algo así, me digo a mí mismo que no siempre hay que ver víctimas en todas partes, y que muy probablemente ese individuo era sólo un hijo de la gran puta con demasiado tiempo libre y ganas de joder al prójimo.

"Cada carta que tiene una E en una cara, tiene un 4 en la otra"
--------- --------- | | | | | E | | 4 | | | | | --------- --------- --------- --------- | | | | | F | | 7 | | | | | --------- ---------
Nada más, les veo el lunes. Pasen buen fin de semana.

Antes de darles la solución, les invito a ver un nuevo problema...
"Si alguien está tomando una bebida alcohólica, entonces esa persona tiene más de dieciocho años" (no es necesario que si tiene más de dieciocho años, esté tomando alcohol para verificar esa regla).
--------- --------- | | | | | ron | | 20 | | | | | --------- --------- --------- --------- | | | | | agua | | 15 | | | | | --------- ---------
Seguro que ahora está mucho más claro, aunque mañana les cuento más.
Actualización: La solución al problema anterior es, como Minino adelantó en los comentarios, levantar la E y el 7. Levantar la F carece de sentido, y levantar el 4 confirmará la regla pero nunca la invalidará. Esto es mucho más evidente en el problema de esta entrada, y mucho más intuitivo. Tanto uno como otro son ejemplos de un rompezabezas lógico creado por Wason; hay más información en la Wikipedia. Gracias a mi señora la psicóloga por proporcionarme ambos problemas.

(Esta mañana, en Security Art Work. Luego más, a lo mejor.)
El pasado sábado la versión electrónica del periódico local valenciano Levante EMV daba la noticia de que un virus había causado el caos en la Escuela Oficial de Idiomas de Valencia. Al parecer, y según el diario, éste «provocó que las citaciones con el mismo número se duplicaran e incluso se triplicaran en algún caso». No niego que, aún desconociendo la aplicación y el procedimiento de citación, me parece sumamente interesante que un virus pueda actuar de forma tan "inteligente" y llegue a ese nivel de interacción con los datos, pero dejando polémicas, suspicacias y sospechas aparte, la cuestión es que me da la sensación, y entramos en el terreno de la opinión personal, de que para el público en general, y no tan general, los virus suelen residir en un universo independiente al del concepto "puro" de seguridad.
Es decir, que mientras éste parece estar más relacionado con grandes corporaciones, con hackers y crackers, intrusiones, robo de información privilegiada, IDSs, análisis forense, cortafuegos o gestión de contraseñas, los virus, troyanos, gusanos, spam y demás fauna relacionada son una molestia perrmanente y casi necesaria, fácilmente solventable con un antivirus y algún programa de malware. Parece, como digo, que políticas, procedimientos, y todas aquellas medidas típicas de un entorno seguro, orientado a evitar mitigar los riesgos relacionados con la seguridad de la información, están "de más" cuando se trata de controlar a estos no siempre pequeños y nunca inofensivos "bichos". Vamos, resumiendo, que en ese caso no son necesarias.
Desgraciadamente, las cosas no funcionan exactamente así. No sólo es mucho más probable sufrir una infección vírica masiva que sufrir una intrusión o un ataque DoS por alguna banda criminal de Europa del Este (por no salirme de los tópicos), sino que las consecuencias pueden ser igualmente fatales. Y es que aparte de un siempre necesario antivirus, actualizado periódicamente e inmune a las manipulaciones del usuario más molesto, son imprescindibles políticas que gestionen los privilegios de acceso a los recursos compartidos, el control de acceso a los dispositivos, la gestión de permisos y usuarios, las políticas de uso de soportes como USBs, CDs o DVDs,... Y como siempre, es necesaria la concienciación del usuario. Porque las fotos de la última convención no siempre son las fotos de la última convención: las cosas no son siempre lo que parecen aunque a menudo lo descubrimos un poco tarde.
Todo sea, al menos, por no ver aparecer por la puerta de la empresa a doscientas personas pidiendo matricularse en clase de mandarín, ¿no les parece?

(Hace un rato, en Security Art Work. Luego más, a lo mejor.)
Como probablemente muchos de ustedes saben, hay un buen follón montado en la Formula 1. Resumiendo, y ciñéndome a la versión "oficial", ciertas personas del equipo McLaren estuvieron durante un tiempo recibiendo información confidencial de Ferrari. Después de muchas vueltas, eso desembocó en algo parecido a un juicio que tuvo lugar el pasado 13 de septiembre, que vino a denominarse "Extraordinary Meeting of the World Motor Sport Council", y en el que los principales implicados en la trama del espionaje dieron sus versiones ante la FIA (Federation Internationale de l'Automobile, Federación Internacional de Automovilismo) y respondieron a preguntas de abogados de una y otra parte. Finalmente, el tema se resolvió con la exclusión de McLaren del campeonato de constructores del presente año y una multa de 100$ millones.
Hace unos días, dicha organización, responsable entre otras cosas del Mundial de Rallies y de la Formula 1, decidió que hoy miércoles se publicaría la transcripción de dicha reunión, algo que había generado bastante expectación por la sanción y por otras razones que no vienen al caso. La cuestión es que sobre las 12 p.m., la transcripción (de 115 páginas) se publicó, como estaba previsto, en la página web de la FIA, con diferentes partes del texto cubiertas de negro, conteniendo presumiblemente información confidencial sobre mecánicas de Ferrari y McLaren.
Poco después, dicha transcripción dejó de estar disponible, y volvió a estarlo unas horas más tarde, pero ahora los segmentos en negro estaban en blanco. Aunque todo esto les pueda parecer interesante, estarán pensando qué tiene que ver exactamente con la seguridad de la información.
Pues bien. Seleccionando el texto "oculto" de la transcripción original, copiándolo y pegándolo en el bloc de notas, se puede ver qué era exactamente eso que quería ocultar la FIA. Bien por ellos.

Andrés se levanta cada mañana, y antes de hacer cualquier cosa, antes de tomar el café, antes de besar a su pareja, antes de vestirse, entra en el baño, se sienta en la taza del váter y caga. Todos los días, religiosamente. Algunos minutos después siente el placer de la orina saliendo por su pene, y consciente de haber acabado, coge un trozo de papel higiénico y se limpia el culo, eliminando los restos de excrementos de su ano. Repite el procedimiento varias veces, tantas como sea necesario, hasta que se siente limpio y el blanco del papel no muestra el color marrón característico de las heces. Pero hoy se ha acabado el rollo de papel demasiado pronto, y Andrés se queda pensando unos segundos, encorvado como está en mitad del cuarto de baño, y dudando, se lleva lentamente los dedos índice y corazón al ano, y acariciándolo, se limpia, disfrutando de la sensación. Sin subirse los calzoncillos, se sienta de nuevo y observa sus dedos, manchados. Vuelve a dudar, los mete en su boca y los chupa con ganas, hasta que salen limpios de ella, exceptuando los restos que le quedan debajo de las uñas. Entonces se levanta, se limpia las manos con jabón y vuelve a la cama, donde le da un largo y profundo beso húmedo a su novia.


Otras, en su flickr. Los responsables, 6emeia. Ah. Y me alegro mucho de que el pequeño relato escatológico de ayer les haya gustado tanto; no teman, no será el último.




Hoy sólo les voy a recomendar tres películas obras maestras que deberían haber visto si no lo han hecho todavía, y más a la vista de la bazofia que se emite en los cines últimamente. La primera de ella es Funny Games, de Haneke. La segunda es Coge el dinero y corre, de Woody Allen. Y la tercera es Manhattan, también de este último. Nada más, suerte con el lunes.

«Hoy he empezado... Y bien, no sé si he dado clase o hemos hecho una presentación muy larga. No sé si tengo que coger apuntes o los dejan en algún sitio. Y lo que es peor, no sé como voy a hacer para estar en tres sitios diferentes al mismo tiempo.»
«Bien, miro un plano de autobuses, localizo donde quiero ir y más o menos donde estoy. Tal, cruzo, le pregunto a una mujer, me dice algo posiblemente en alemán, no entiendo ni papa y le digo que sí a todo. Y vuelvo a cruzar a donde estaba, vuelvo a mirar, tal, y le digo a una mujer:
Entschuldigung, ich möchte zu Rosenplatz gehen (disculpe, quiero ir a Rosenplatz).
sdfsdfsdfbfgb y señala una direccion.»
«Se pone a llover, desdoblo un mapa que había cogido en el autobús del aeropuerto, se me empieza a mojar, casi sin gente por la calle, en un barrio que me parecía un tanto feo, nublado completamente... ¡Me faltaban los harapos para dar pena! Y justo estoy en esta estampa tipicamente triste de "ohh pobrecito" cuando con toda mi buena voluntad pregunto a una pareja que por ahí pasaba:
Entschuldigung, könnten Sie mir helfen, bitte? (disculpen, ¿pueden ustedes ayudarme por favor?).
Nein (No).
Ale, mas claro agua hijo mío.»
«Camino un poquito mas, hasta debajo de un puente del tren, para de llover y comienzo a caminar. Veo un letrero "Einbahnstrasse" ¡¡leches!! ¡¡La Einbahnstrasse!! y me pongo a buscarla lleno de júbilo todo yo. Y por mis narices que no estaba.
NOTA: Einbahnstrasse, recordé dos dias después que en Hamburgo me pasó lo mismo, es "calle de sentido único".»
More to come...


Cuando ayer puse las tres recomendaciones cinematográficas, probablemente dí una impresión equivocada. Cuando hace unas semanas puse un par de recomendaciones literarias, quizá dí una impresión equivocada. Y a decir de algunos de los comentarios que he tenido últimamente, estoy seguro de que hay algunas personas que tienen una opinión equivocada sobre mí. Ese será el tema de esta entrada: yo y mis circunstancias, o yo y mis consecuencias, si quieren. Y lo hago porque me da la gana.
Yo no soy un cinéfilo empedernido que se traga cualquier cosa que echan en la filmoteca o en Cine Club de la 2 a las tantas. Tampoco soy especialmente aficionado a las películas de autor, y David Lynch no me parece ninguna maravilla, porque entre otras cosas, sus películas me cuesta digerirlas, cuando me las trago. Woody Allen me gusta, pero no me apasiona. Creo que he visto una o dos películas de Kurosawa, pero les aseguro que ese hecho no me quita el sueño. No conocía a Haneke hasta que leí sobre él en El lamento de Portnoy. Apenas conozco un puñado de directores por el nombre, no suelo tener memoria para recordar los nombres de muchos actores y me encantan las películas como La junga de cristal o Ice Age.
Yo no soy un lector empedernido que se lee cualquier cosa que cae en sus manos. De hecho, apenas leo, aunque eso va a temporadas. La mayoría de los libros me aburren soberanamente, e incluso cuando no es así, me cuesta acabarlos. No es un secreto que prefiero escribir a leer, aunque es cierto que para una cosa, hace falta la otra. No he leído a muchos clásicos, no fuí capaz de acabar Madame Bovary (aunque me faltó poco) y aunque lo he intentado varias veces, el Ulises de Joyce me parece infumable. Claro que ese no era un libro para ser leído, sino para ser escrito. Apenas conozco un puñado de escritores, y me guío por listas de la crítica, premios Pulitzer y similares. No, tampoco leo novela rosa, lo siento.
Yo no soy un entendido profundo en cómics. Conozco, gracias a los cuarenta años de trabajo de mi padre como dibujante profesional, bastantes autores, y he tenido acceso a multitud de revistas y cómics, que hoy en día son objeto de coleccionistas. Tengo mis autores preferidos, y siento un ligero desprecio irracional, más fundado en la ignorancia que en cualquier otra cosa, hacia parte del cómic actual, cuando lo pongo en comparación con Breccia o Raymond. Aparte de eso, y por si todo lo dicho fuera poco, detesto los cómics de superhéroes, aunque entiendo que son beneficiosos para la supervivencia de este imprescindible medio.
Yo no soy un melómano. Tengo una cantidad abundante de músicas de diferentes estilos que me gustan, y durante mi época más indie estuve razonablemente al día en lo que a novedades del mundo musical independiente se refiere. Conozco en mi opinión bastantes grupos y canciones de diversas épocas, desde los 70 hasta hoy en día pasando por la música clásica, lo cual no significa que esté en situación de discutir con nadie sobre música, ni que me considere un fan incondicional de alguna banda musical.
Y eso para un montón más de cosas. Es decir: yo no soy, en definitiva, un experto prácticamente en nada, más en aquello en lo que trabajo, sobre lo que tengo un dominio bastante aceptable, inferior obviamente al de algunos profesionales de mi sector, pero superior al de la mayoría de las personas; es lógico, trabajo en ello. Hice cuatro años de filosofía, y aunque no sé hasta qué punto aprendí lo que hubiera sido de desear, algo queda. En general, no conozco nada de mucho, no soy un geek ni tengo una afición insana por nada, pero me defiendo bastante bien en muchos temas y tengo un buen montón de inquietudes variadas. Sí, creo que escribo razonablemente bien pero eso, como es natural, es únicamente mi opinión. En definitiva, no les estoy intentando vacilar; cuando recomiendo algo, es porque me ha gustado, y punto. Pretender inferir algo más sólo por lo que escribo, es poco menos que una necedad, aunque nunca creí que tuviese que aclarar algo así.
Ahora bien, este es un país libre, y ustedes pueden creer lo que les de la gana. Que es básicamente, como ya he dicho, lo mismo por lo que he escrito este ladrillo.

En casa de mi progenitor llevan más de diez días sin teléfono, sin que nadie parezca interesado en resolver el problema ni haya cauces administrativos eficaces para reclamar este tipo de cosas. La primera carta va dirigida a Jazztel. La segunda a Telefónica. Ambas se van a enviar por burofax, por aquello de evitar el yonosédequemehabla:
Para cualquier cuestión relacionada con este tema, pueden ponerse en contacto conmigo en el número móvil 612.345.678.
Sin otro particular, reciban un cordial saludo.
Mi nombre es Pepito Pérez Pérez, con DNI 12.345.678A, y soy titular de la línea 96.123.45.67, sita en C/ Del frontón, 123, Valencia.
El pasado 15 de septiembre la línea mencionada dejó de funcionar, siendo imposible tanto la realización de llamadas como la recepción. Al parecer, y según pude comprobar, existía un cruce de líneas que sin duda se mantiene en la actualidad. Ignoro con qué línea se ha producido el cruce y como seguramente entienda, no tengo ningún interés ni curiosidad en averiguarlo, a pesar de las repetidas preguntas por parte de sus operadores. Ese es su trabajo, no el mío. A causa de ello, se abrió una avería en el número de averías 1002, cuyo número es (200700) 123456789. Durante los dos días siguientes se hicieron múltiples consultas sin obtener respuesta alguna aparte de la habitual y estéril "los técnicos están trabajando en su avería".
El pasado 21 de septiembre vuelvo a ponerme en contacto con ustedes, ante la falta de comunicación por su parte y desidia para solucionar el problema de la mencionada línea tras seis días desde la apertura de la avería. En una primera comunicación, sus operadores en el 1002 me indican que no hay constancia de ninguna avería, y dicen que proceden a abrirla. Ante tal despropósito, intento hacer una reclamación, sin éxito ya que al parecer es necesaria la resolución de la avería antes de realizar cualquier reclamación. Tras varias llamadas al 1004 y al 1002, una comercial me indica que efectivamente existe una llamada registrada el 15 de septiembre, pero que no se efectuó al 1002 sino al 1004. Como posteriormente se vería, la avería sí que se había abierto el pasado 15 de septiembre, a pesar de la incompetencia de sus operadores, comerciales y personal diverso de atención al cliente.
El pasado 25 de septiembre, 10 días después de la apertura de la avería, y 4 días después de la última llamada, vuelvo a llamar al 1002, y obtengo informaciones contradictorias. Mientras unos operadores me indican que no les consta ninguna avería sobre esa línea, otros dicen que la avería está efectivamente en proceso, y que los técnicos se pondrán en contacto con nosotros en breve. En cualquier caso, tanto en unos casos como en otros, me ha quedado muy patente la incompetencia y pésima calidad de su servicio de atención al cliente, no siendo capaces de dar una respuesta unánime a la misma cuestión: ¿cuándo estará mi línea funcionando?
Como probablemente adivine, a día de hoy, 26 de septiembre de 2007, el problema continúa abierto, ni ningún técnico se ha puesto en contacto conmigo, sin que además nadie pueda darnos una estimación sobre cuando este problema estará finalmente solucionado, a pesar de estar pagando religiosamente todos los meses un servicio de mantenimiento de dicha línea. Dejando al margen que estoy considerando seriamente dar de baja todos los servicios que tengo contratados con ustedes, lo que incluye una línea fija y varias líneas móviles, algunas a mi nombre y otras a nombre de familiares, exijo que se resuelva este problema a la mayor brevedad y asumo que, dado que existen varias notificaciones sobre esta avería y sus técnicos parecen estar permanentemente trabajando en ella desde el pasado 15 de septiembre, esta interrupción en el servicio se vea reflejada en la correspondiente factura en forma de descuento.
Para cualquier cuestión relacionada con este tema, pueden ponerse en contacto conmigo en el número móvil 612.345.678, o en el 654.321.098.
Sin otro particular, reciba un cordial saludo.
Por supuesto, todos los datos son ficticios. Luego les cuento más.

Con poco que hayan leído o visto las noticias durante el último mes y medio, verán que últimamente se habla mucho de crisis financiera, de hipotecas subprime, tipos de interés, préstamos interbancarios, inyecciones, o liquidez; de economía en definitiva. Aprovechando la oportunidad, les he traído, desde euribor.com.es, una historia que cuenta con un sencillo símil el porqué de las recesiones. El original en inglés proviene de un artículo titulado "Monetary Theory and the Great Capitol Hill Baby-Sitting Co-op Crisis", por Joan and Richard Sweeney. Pueden consultar versiones en inglés de esta historieta en el blog de David McWilliams o en Slate, por Paul Krugman. La historia es la siguiente:
«Un grupo de vecinos, miembros de una cooperativa, establecen un sistema de cupones para hacer de canguro de los hijos de otros vecinos. Inicialmente, cada vecino tiene diez cupones y cada vez que se quiere ir de fiesta, le da un cupón al vecino que cuida de sus hijos mientras él está fuera. En teoría, el reparto de cupones debería equilibrarse, puesto que unos vecinos se irían de fiesta unas veces y harían de canguro otras. No obstante, una noche unos vecinos deciden que en lugar de salir de fiesta, para acumular cupones para alguna ocasión especial, es mejor quedarse haciendo de canguro. Esto provoca que, como estos vecinos tienen algún cupón "de más", algún otro vecino vea que se está quedando sin cupones, y decida dejar de salir para incrementar su reserva de cupones. Poco a poco, esta situación se repite y más vecinos deciden no salir para acumular cupones, lo que provoca a su vez que otros vecinos se queden sin ellos. Entonces, los que tienen escasez de cupones deciden dejar de salir y acumular cupones, pero como el resto de vecinos tampoco sale, al final nadie sale de fiesta, por lo que nadie necesita canguro y no es posible conseguir cupones.»
¿No es fascinante la economía?

Tiene dos años, y no les digo más. Gracias a mjuan por el enlace, vía ALT1040. Nada más, les veo el lunes o quizá antes. Pasen un buen fin de semana.



