La gente es difícil de entender. Lo es, todo el mundo lo sabe. Incluso ellos lo saben. Cuando alguien que acabo de conocer se entera que soy informático y trabajo como tal, pero a pesar de ello (¡a pesar de ello!), estudio Filosofía, eso les resulta, habitualmente, de lo más sorprendente. Qué raro, un informático estudiando Filosofía. Pues sí, ya ve, desde la lobotomía, me dió por eso.

Este pequeño fragmento va dedicado a todos aquellos que no entienden cómo alguien puede estudiar Filosofía por el simple placer de estudiar, por el simple placer de aprender. A aquellos que necesitan una justificación. Directamente Cavell, sin anestesia:

«Citar la autoría como oficio de todos los usuarios del lenguaje [...] constituye la justificación más clara para entender la realización o reconocimiento de la propia existencia como algo de lo que somos autores, y en particular para entender lo que cabría considerar las principales reivindicaciones que hace Emerson de su escritura: primera, que dicha escritura prueba su existencia humana (v.gr. establece su derecho a decir «yo», a hablar de sí mismo a, y distinguirse de, los otros); segunda, que lo que él ha probado por su parte, los otros son capaces de hacerlo por la suya.

[...] la escritura de Emerson constituye una postura erguida; que lo que dicha escritura dice representa lo humano, significando con ello tanto que el perfil que ofrece de sí mismo es acertado sólo en la medida que sea el perfil de sus camaradas como que él escribe en nombre de ellos [...]; que en el presente soportará a la humanidad, cargará con ella, tal y como es; y que se mantendrá de pie por ella, que la protegerá, la defenderá, presumiblemente contra sí misma.»

Quizá nada especial, pero es por cosas como estas, y mucho más, por lo que estudio Filosofía. No sé si es fácil o difícil de entender. Aunque quizá no haya en realidad nada que intentar entender. Como dije, me provoca placer, y ya saben, soy todo un hedonista.

Me alegro de estudiar Filosofía. Renunciar a ella hubiera sido como dejar que la máquina aplastase al hombre.


Hoy no hay comentario ni hay tonterías que decir. Hoy vengo en nombre de la solidaridad. Intergaláctica o loquesea.

Un amigo, cuyo blog es este, tiene interés por saber que música es la que acompaña a los anuncios del ciclo de Alfred Hitchcock que dan en Telemadrid. En fín, ya sé que es Telemadrid, y que bueno, el chico -y probablemente su novia también- es madrileño y tal, pero oye, él no escogió nacer allí. Sí, pues seguro que es del Madrid, pero tampoco es eso un crimen. Ya sabéis que esas cosas se escogen cuando uno es chiquitito y no sabe lo que hace, y claro, seguro que luego pensar en hacerse del Barcelona, pero por aquello de que no le llamasen chaquetero... aunque quién sabe, quizá sea del Rayo o del Getafe o del Atleti o del Murcia o del Depor o del... bueno, que sí, que a lo mejor ni siquiera es del Madriz.

Pues eso. Que a ver si alguien se lo curra un poco y se lo dice al pobre chico. Que no valéis pa ná.


Hoy me he encontrado con este cartel en el cristal anterior de mi coche. Sospechoso, ¿verdad? Sí, lo mismo he pensado yo. Aunque aparentemente es un mensaje publicitario, yo, que soy muy listo y avispao, no me dejo engañar tan fácilmente. Porque está claro que es, obviamente, un mensaje encubierto. Vosotros también sois (bastante) listos, pero me veo en la obligación de destapar este fraude.

Pues bien, no se a qué listo se le ha ocurrido la genial idea de que no sólo puede encontrar "otro" Sebastian, sino que además cree poder ponerme en venta al precio de medio (¡medio!) secador de viaje. No os confundáis. Apuesto por el trueque, siempre lo he hecho, pero en términos equitativos. Por dios y la virgen María, un poco de justicia.

Me siento ultrajado. ¡Medio secador de viaje!




Ayer estuve en el Festival Rock Alaquàs -gracias Lourdes et Mariola por recogerme la invitación- con Lourdes, Joan y Neus. Me quedaron dos cosas muy claritas.

Primera. El Bicho no valió ni un pimiento en concierto. O al menos, en este. Confirmado incluso por gente -Neus- a la que le gusta este tipo. Que aburrimiento, que pesadez, que tedio. Cada canción se hacía eterna. Mucho movimiento de cadera, mucho baile, pero era estático.

Segunda. «rinôçérôse» son cojonudos en concierto. Bien pudiera ser que en contraste con El Bicho, pareciesen mejores de lo que son. Pero no. Después de casi dos horas, apenas parecía que hubieran estado tocando una hora. Impresionantes.

De los otros dos grupos, lo siento, nada. Llegamos tarde y después de los franceses estábamos muertos.
Esta noche más. Mogwai Iván Ferreiro (ex-piratas) y El Muchachito. Vorem.




Debería venir aquí para contaros que Mogwai estuvo impresionante, y que Muchachito Bombo Infierno está genial. Que Iván Ferreiro suena casi igual que el cantante de Los Planetas y que volví a las seis y pico a casa cansado y con mi hombro y brazo derechos como si hubiese estado cargando sacos de cemento durante toda la noche (cosa que no es verdad, obviamente). Aún me duele, por cierto. Hacía mucho tiempo que no iba a un concierto. Me he dado cuenta de que lo tengo que hacer más a menudo; es una costumbre que nunca debí haber perdido.

Empezaba este comentario con un "Debería venir aquí para...". Pero no. En realidad estoy aquí pensando que hoy es mi último día de vacaciones, que mañana vuelvo muy a pesar mío al trabajo. Me va a costar despertarme mañana, cuando el ijoputa de mi despertador !oiga que yo no tengo culpa de ná, que yo soy un mandao, que sueno cuando me dicen, que a mi no vaya usté a echá la culpa de ná¡ suene a las siete menos diez. No tengo ninguna duda. Y si eso fuese poco, aún tengo que sacar fuerzas de nosedónde para ponerme a empezar y/o acabar ese trabajo de Cavell que tengo que o debería -otro- entregar este jueves. ¡Ay!

Qué existencia tan miserable. Y qué calor, leches. Y qué apatía. Y qué mierda.


Llevo algo más de 900 millones de segundos sobre este planeta. Aunque no sé si tantos millones son muchos o pocos, visto fuera de contexto, me adhiero a la opinión de una ¿amiga? que me dijo cuando se lo pregunté que lo de los millones siempre suena a mucho. Es verdad. El día que cumpla mil millones de segundos debería celebrar algo. Es una cifra espectacular si lo asocia uno con el tiempo y la propia vida.

No recuerdo mucho de mi vida hasta este momento, así de repente y a contar en formato reducido. Nací un viernes cinco de noviembre de 1976, aproximadamente a las nueve y cuarto de la mañana. Fue un día importante, a decir por el resultado actual, aunque yo no me acuerdo de nada. Todo el mundo parece estar muy seguro de que nací, así que me fio de ellos. De todas formas, puesto que yo estoy aquí, o pasó ese día o unos días meses o años después, pero desde luego que nací. Ya lo dijo Descartes: Nací luego existo.

Luego de nacer, crecí, que es algo que hace casi todo el mundo, y me hice más alto y más guapo, pero no más listo, porque yo siempre he sido muy listo. Bueno, también he sido siempre muy guapo. Aunque no era alto; nací ridiculamente enano, para consuelo de mi madre. Si hubiera nacido midiendo un metro y setentaiseisosiete centímetros lo habríamos pasado mal. Ella y yo. Además me habría perdido la gracia de medirme durante tantos años. Así pues, mientras crecía, que era algo que necesitaba, me encontré con la pubertad y la adolescencia, pasé a la una y a la otra con más pena que gloria, a decir de las fotos que se conservan de tan atormentada etapa, y llegué a ser un joven de los que llaman hoy jovenes, aunque ya no puedo llevar ni Carnet Jove. Y aquí estoy.

Ya. FIN.


Vista la cálida acogida que ha tenido mi pequeño relato autobiográfico, y debido al gran número de peticiones recibidas y a mi compromiso con los lectores de este blog, he decidido darle continuidad aportando algunos detalles adicionales, si bien teniendo en cuenta que el grueso de mi existencia hasta la fecha ya ha sido narrada en profundidad.

Nací, eso ya ha quedado claro. Pero lo hice en unas condiciones lamentables. No sólo nací pequeño -pero muy guapo y muy listo-, sino que aunque mi centro de gravedad estaba a ras de suelo, no era capaz de mantenerme en pie. Homo erectus... ya, claro. Además, era incapaz de controlar ninguno de mis esfínteres, lo que probablemente daba lugar a situaciones más que embarazosas para mi ya que cagaba y meaba -perdón por el vocabulario, pero es necesario- cuándo y dónde me venía en gana. Posteriormente deduje, a partir de este dato, que vine a este mundo sin sentido del ridículo, lo cual era una ventaja dada mi falta de pudor. Me consuela pensar que al menos la Madre Naturaleza hizo algo bien, porque es que aquí no acaba la lista de pegas. Como no tenía piezas dentales -ni una-, no podía comer macarrones ni costillas de cerdo ni paella, y cuando por fin comenzaron a salir, como tampoco sabía hablar, berreaba constantemente a cualquier hora del día y de la noche, algo en lo que había cogido mucha práctica porque había sido mi ocupación favorita durante semanas. De todas formas, no me cabe duda de que era una criatura muy entrañable, por decir algo a favor. Entrañable cuando no estaba llorando meando o cagando, claro. Tengo que decir que toda esta información está obtenida de fuentes en principio fidedignas, aunque me cuesta creer que yo viniese a este santo planeta con tal cantidad de defectos de fabricación. Los padres, tras ser consultados (en realidad no, pero no creo que sea necesario), declinan toda responsabilidad.

Probablemente estaréis sorprendidos de que haya sobrevivido hasta este momento tras pasar por tal estado de debilidad y vulnerabilidad. Obviamente mi inteligencia, fuerza de carácter y saber hacer fueron bazas importantes a mi favor. Y que era muy guapo. Eso también. Pero lo que probablemente os sorprenda más es saber que, a pesar de la gran cantidad de imperfecciones con las que nací -y de las que no me queda ninguna, afortunadamente-, no fui el único, aunque sí el primero. No debería hacer falta decir que yo aprendí a andar antes, más y mejor, y berreaba, me cagaba y me meaba menos y con más arte que los que vinieron después -es decir, mis hermanos-, a pesar de lo que ellos digan. Eso sí, tengo que decir a su favor que son todos muy guapos y muy listos.

Pero yo lo soy más. Y además, soy más alto.

Y ya. FIN.


Mis palabras no encuentran oídos que las escuchen ni ojos que las lean.
Y a pesar del ruido a mi alrededor, quizá debería intentar seguirlas.

Soy una oruga. ¡Rescátame!


Es bastante obvio que yo no soy Christian Monzon. Eso creo que lo tenemos todos, incluido yo, bastante claro. Creo que hasta Christian Monzon lo tiene claro. Y más claro debería estar que tampoco soy Fernanda Tavares.

Por eso, cuando Lorena (mi ex) trajo un día a casa esta foto recortada de una revista (era la que buscaba en este comentario) al tiempo de volver yo de Atlanta, fue curioso y alimentó bastante mi ego, que mi bro, que me conocía entonces unos 25 añitos, me mirase a mi, mirase la foto, me mirase a mi, mirase la foto, me mirase a mi, y mirase a la foto, mientras su cara de póker iba in crescendo, y finalmente preguntase ¿Cuándo te la has hecho?.

A lo que yo respondí, con total convicción, por supuesto, Cuando estuve en Atlanta. ¿¡Y porqué no habías dicho nada hasta ahora?!


Bueno. Ha quedado claro que no soy yo, más que nada porque aquí todo el mundo sabe o intuye sin necesidad de decirlo, que no soy modelo ni trabajo para Dolce Gabbana (muy a pesar de Laura). Pero al menos puedo decir que en opinión de Lorena (o según la que tenía por aquel entonces), teniendo en cuenta mi físico de hace un año y pico, que tampoco ha variado demasiado, y que por aquel entonces llevaba el pelo al uno, mi cara de perfil es la misma, y tengo el mismo culo, la misma pierna, la misma espalda y el mismo brazo... bueno, el antebrazo quizá no. Es verdad que quizá no fuese 100% objetiva, ya que me miraba con buenos ojos, pero que mi hermano no distinguiese que el de esa foto no era yo, ratifica al menos en parte su opinión.

Y es que quien no se conforma es porque no quiere. Espero que con la tonteria no me dé por cortarme el pelo al uno.

(Aunque todo sea dicho, lo pienso cada vez que me lo corto al dos... es como si me llamase...El uuuuunooooo, coge el uuuuunoooo...)


Reggie, tio, esto de matar gente cada vez me gusta menos.

Antes tenía su gracia, había que ser inteligente, astuto, hábil. Había que ponerle pasión, y sobre todo imaginación. Joe, que parezca un accidente, te decía el jefe, y tú lo hacías parecer un accidente o tú eras parte del accidente. Tenía su encanto. Y sobre todo, era limpio. Un par de balas en la sesera, un hoyo y a otra cosa mariposa. Un poco de cemento rápido y a dormir con los pescados. Una soga y a volar como un pájaro. Tenías tus métodos, tus trucos, tus cosillas. Había tradición en lo que hacias, y eso le daba valor. Hacías tu trabajo con dignidad.

Pero ya no más. Desde que al jefe le ha dado por ver CSI, coño, Reggie, no hay quien trabaje a gusto. Ya no hay accidentes, ya no hay sogas ni cemento rápido ni hoyos ni palas ni nada. Ahora, que si un trozo de brócoli entre los dientes, que si métele esto en el buche, que si píntale las uñas de azul... ah, y sobre todo, que le lleves el cuerpo -sí, toda la vida ha sido un cadáver, pero es que ahora le llama cuerpo-, que quiere averiguar la causa de la muerte. Y claro, te toca inventarte una historia para que el jefe esté entretenido. Y ahí lo tienes, con la bata blanca esa que se ha comprado, diciendo Joe, algo no cuadra en todo esto o Joe, tenemos suerte, parece que hemos encontrado algo, o Joe, aquí veo algo extraño, ¿qué opinas?...

Pero lo peor, Reggie, con diferencia, es cuando le da por "investigar" una muerte violenta, y quiere que le lleves el cadáver a trozos. Y es que este hombre no sabe cómo mancha la sangre y lo que cuesta que se vayan las manchas. No lo sabes, Reggie, no lo sabes. Porque tío, es que hay que ver cómo me estas poniendo...

No se dónde vamos a parar, Reggie, no se dónde vamos a parar.


Se me ha metido un ratón en la cabeza. Lleva ahí ya un par de semanas. No sé cómo ha entrado, pero creo que esto esAAAAAAU!! co... cosa de mi hermano. Bueno, estoy casi seguro de que es un ratón, porque esta mañana me sobresalía la cola por una oreja. Y además el muy ijopuAAAAAAUUUU!!!!... el muy ijoputa tiene hambre. Coño, tío, ¡¡ten cuidado!!. Es simpático, menos cuando le da por mordisquear mi nervio óptico. Pero entonces sacudo un poco la cabeza y se está quieto. Creo que nos estamos haciendo amigos.

Bueno, esto viene finalmente a confirmar esa teoría de que tengo la cabeza hueca, pero eso sí, nunca más podrán decirme que la tengo llena de pájaros.

Ratones, ratones, ¡¡no pájaros!!


A veces pienso que la gente nunca se para a pensar en lo sorprendente que es que estemos aquí, en lo tremendamente complejo y fascinante que es el hecho de la vida. Es simplemente alucinante de una forma que ninguna otra cosa lo es. Ni se para a pensar en la inimaginable inmensidad del universo, ni en los miles de millones de años que nos precedieron.

Yo sí lo hago. Y entonces me siento pequeño pequeño pequeño, como un alfiler o como simplemente nada en absoluto. Pero eso me gusta, porque lo pone todo en perspectiva y todo resulta más sencillo.


No hay derecho. Se pasa uno las noches en vela, acostándose a las tantas, pensando algo original que decir, algo que inventarse, cabilando, elucubrando, escribiendo. Preocupado por sus lectores; ¿les gustará? ¿lo encontrarán interesante a la par que divertido?. Horas y horas de esfuerzo intelectual delante de la pantalla, para decir algo que valga el tiempo que cuesta leerlo, y así aún a menudo sin conseguirlo.

Y luego llega la Aguirre, y así, sin esforzarse ni ná, como quien no quiere la cosa, derrochando humor, talento, fuerza, poderío, y saber estar, y dice que «es una mala noticia para la Comunidad de Madrid que la sede de una empresa eléctrica que es multinacional y que es una de las grandes empresas españolas multinacionales se traslade fuera del territorio nacional», y lo deja a uno hundío.

Qué gracia, qué fantasía, qué humor, que arte. Y sin ni siquiera despeinarse. Qué mujer, qué símbolo.

¡Espe, queremos ser como tú!



Después de varios días, muchas zapaterias, muchas Gola, Puma, Nike, Adidas, Diesel, Energy, y nosecuantas marcas más, y cuando empezaba a perder la esperanza de ver algo que me gustase realmente, he encontrado al fin lo que andaba buscando. Quién me lo iba a decir a mi, que pasé sobre ellas la primera vez sin pena ni gloria.

Por cierto, debería decirle al señor Adidas que va siendo hora de que nos casemos. Creo que 5 zapatillas y más de 8 años de fidelidad ininterrumpida, hasta donde mi memoria alcanza, es más que suficiente para que formalicemos nuestra relación y me haga partícipe de su fortuna.

Una cosa es cierta, y aunque está mal que yo lo diga, no importa, al César lo que es del César. Tengo-buen-gusto. No. Tengo muy buen gusto. De hecho, creo que soy el puto amo del buen gusto.


Y con esto finaliza el capítulo de incorporaciones, a falta de la presentación de los últimos miembros, algo que no sé si haré o simplemente mencionaré. En próximas entregas, paciencia.

Estoy algo cansado últimamente. Espero que sepan disculpar ustedes la influencia que esto pueda tener sobre la página.



¿Alguiensabequéhaymásalládelbuengusto?

Estoy yo.

(ay... me encanta...)


He sido graciosamente invitado a la feria de albacete este fin de semana por Óscar y Geno. Esto significa, entre otras cosas, que tendréis que conformaros con lo que hay hasta -por lo menos- el domingo por la noche.

Apagad los ordenadores y salid un poco.

Buen fin de semana.


Me decía azzura el lunes que qué fin de semana más largo, en relación a mi fin de semana en Albacete, a lo que yo le respondía con un mañana o pasado lo entenderás. Bien, supongo que siendo hoy miércoles, tendrá que ser pasado, es decir, hoy.

El lunes mi iaio Pepe llegó al final del trayecto, y finalmente se apeó de este tren, a la edad de noventa años. La somnolencia que me provoca la fiebre de estos últimos días y los Rino-ebasteles y Efferalganes no me permiten decir mucho más, aunque tampoco sabría qué más añadir. No estaba muy seguro de querer compartir esto, pero ahora que lo he hecho, estas líneas son lo único que voy a decir al respecto.


Esta noche he venido hasta aquí, me he sentado delante del ordenador y me he encontrado con que no tenía nada que deciros. Ni interesante ni aburrido ni excitante ni monótono. Nada en absoluto. Cuando empecé esto, hace ya casi dos años, lo empecé prácticamente solo. Así que podía escribir o no escribir. Podía decir y hacer prácticamente lo que me diese la gana. Cambiaba el diseño, lo volvía a dejar igual, lo volvia a cambiar, y hacía eso cien veces. Y mientras, no decía nada, porque nadie, o casi nadie, me leía. Y eso tampoco me preocupaba. Por eso había lagunas de semanas e incluso meses entre comentarios consecutivos.

Pero ahora... ahora pasan un par de días sin escribir ni una palabra, y casi me siento culpable. Pero a pesar de la presión, continúo sin tener nada que decir, al menos no esta noche. Y a las horas que son, no espero que me caiga del cielo el Espíritu Santo en forma de inspiración, porque si cae, más que para darme inspiración, con lo ateo que soy, va a ser para darme otra cosa muy diferente.

Así que, aparte de esto, no tengo nada que decir. Probablemente mañana sí, pero quién sabe, porque empiezo a estar un poco harto -cansado, sea quizá la palabra- de decir cosas simplemente por decir. Hace ya demasiado tiempo que escribo adrede para que la gente entienda lo que quiero decir, y empiezo a tener ganas de escribir para ser yo quién entienda de qué hablo, sin importarme un comino que la gente lo entienda o no. De verme reflejado en lo que escribo, en otras palabras.

Así que se han acabado las papillas nutribén. Volvemos a los champiñones con tierra. O eso, o cierro la paraeta.

Váyanse preparando.


... is have some fun
I got a feeling I'm not the only one

All I wanna do is have some fun
I got a feeling I'm not the only one

All I wanna do is have some fun
Until the sun comes up over Santa Monica Boulevard

tururu, tururu, tun-tun-tun, turururururururú

...


Es curioso (Life is very short). Hay situaciones en las que por más que tus mejores amigos, tu madre, la gente que más te quiere y a la que más quieres, te aconsejan que hagas algo, tú mismo te empeñas en ignorarles y hacer justo lo contrario (and there's no time, for fussing and fighting). No sé si será algún tipo de mecanismo natural para que las personas nos compliquemos innecesariamente la vida, porque lo cierto es que al final al final al final, al final de todo, acabas dándote cuenta de que tenían razón. Pues como siempre, puedes añadir (my friend). Y respiras, suspiras y espiras. Y lo sigues haciendo, claro, o mueres asfixiado.

Bien (I have always thought that it's a crime). Ha llegado ese final de todo, y una puerta se ha cerrado. Se ha cerrado la puerta de servicio. Tanto tiempo entrando por la puerta principal y durante un tiempo pensé que me podría acostumbrar a no entrar por ella, a conformarme con la otra, a pesar de recomendaciones y advertencias propias y ajenas. Que me haría a la idea, que me acabaría gustando, tarde o temprano. Pero no, no me apetece hacerme a la idea ni me apetece que me acabe gustando. Estoy harto. Ya vale. Basta. Estop. He decidido que a mi me gusta la otra, así que o entro por la puerta principal, o no entraré más. (So I will ask you once again.).

Y es posible que dentro de algún tiempo me de cuenta de que la puerta principal ha dejado de interesarme, así que cuando llegue ese día, si aún las conservo, quizá coja el manojo de llaves completo, me vaya hasta el centro del Atlántico, y las tire al agua. Y no me cabe duda de que Neptuno entenderá mi decisión. (Try to see it my way.)

Es duro y es triste, pero algún día tenía que aprender que unas puertas se abren sólo cuando otras se cierran. Que algunas las cerramos nosotros y otras nos las cierran, y que cerrarlas es a veces lo más sensato, por muy bonita que sea la cocina.

(Only time will tell if I am right or I am wrong. - The Beatles, We Can Work it Out.

[O quizá no, ¿no?. Incluso... quizá mejor... no, ¿no?])

Na, na na na na na na
na na na na, hey Jude

...


He visto El método [Gronholm]. Buenísima, impresionante. Sin duda alguna, la mejor película española que he visto en este año y es posible que en bastantes más. Un reparto de lujo, donde todos ellos se salen por las cuatro esquinas. Original y divertida. Vamos, que no parece española.

Y es que como puede deducirse de ese comentario, no me gusta el cine español; no me atrae en absoluto, así que resulta una sorpresa encontrarse joyas como esta. Me parecen experiencias de personas normales, en historias normales, y con problemas normales. Nada extraordinario. Todo predecible, esperable, normal, casi vulgar. No me jodan. Yo ya tengo experiencias historias y problemas normales, y no por eso espero que mi vida sea el argumento de una película. Ya, no tengo sensibilidad ni romanticismo ni nada. Y cuando no es eso, es Garci y su pedantería en blanco y negro o Almodóvar y sus retortijones intelectuales, por decir dos directores conocidos. Vamos, la monda. Aunque he de decir, en mi defensa, que no es una indiferencia infundada: la alimento con frecuencia. Veo cine español de vez en cuando (a diferencia, he de decir, que aquellos que aborrecen del cine americano por... porque sí), y como en lugar de El método encuentro películas como Princesas (que sí, que una gran interpretación, pero es igual de entretenida que El Ulises y mucho menos original), pues nunca acabo de convencerme. Entretenimiento es una palabra que el cine español olvidó hace tiempo y no les iría mal dedicar un poco de tiempo y cabeza a buscarla.

Esta es la primera y principal razón. A estas alturas, creo que el 99% de los que hayan leído esto discreparán. O quizá no. La segunda razón enlaza con el comentario de Borja Hermoso en el blog Blog, James Blog, y con una de las principales críticas de Óscar -que estoy seguro de que comparte la anterior- sobre las producciones nacionales. Dice el primero muy acertadamente que «¿Es posible que, año tras año, lustro tras lustro y década tras década los productores del cine español hagan acto de presencia en San Sebastián por estas fechas para pedir más dinero a los gobernantes, ya sean éstos de la diestra, de la zurda o del limbo? ¿Y que sus argumentos sean siempre los mismos? Porque cuando había subvenciones directas y arbitrarias, pedían más. Y ahora que las subvenciones son indirectas, según los resultados de la taquilla, siguen pidiendo más. Y más. Y más.» ¿Qué puedo añadir? No acabo de entender porqué he de financiar con mi bolsillo, y de una manera tan flagrante, el cine español, que no deja de ser una empresa privada basada en el beneficio, en el lucro. Me resultan irritantes todos esos cartelitos y anuncios de subvenciones del Ministerio de Cultura, la Generalitat de turno o el Ayuntamiento de nosedónde. No lo entiendo, no.

Y la última razón está asociada a esa bonita asociación mafiosa llamada SGAE. Ya saben, la del cánon a los CDs y DVDs, esa que pretende hacernos creer que somos todos criminales y piratas y deberíamos pasarnos unos meses en el trullo, sólo por si las moscas. A aquellos no introducidos, este link es bastante ilustrativo de las actividades de esta panda de indeseables, y para nada exagerado. Pues bien, al parecer, la mayoría de cineastas de este país, todos ellos por supuesto muy de izquierdas -yo debo ser de otro tipo muy diferente de izquierdas, porque si no, es otra cosa que tampoco entiendo-, que esto de la cultura ha sido siempre muy de izquierdas, están seriamente empeñados en darnos a conocer su simpatía por esta organización y sus simpáticos métodos y postulados. Y como la inversa de aquello de los amigos de mis amigos son mis amigos también resulta ser verdad, pues qué más puedo decir.

Y esas son las tres razones principales por las que apenas veo cine español. Resumiendo: porque me aburre, porque se gastan mi dinero sin mi permiso y porque no me caen bien.

Y eso es todo lo que tengo que decir acerca de ello.



Foto cortesía de Luis B.


¿Qué tal si me votas? Es más, ¡VÓTAME!

¡Porque yo lo valgo!


Demos un paso hacia delante.

Quiero gente que tenga un blog, y que quiera cambiarlo por el mio por un día. Yo escribo algo, y lo cuelgo en tu blog. Tú escribes algo, y lo cuelgas en mi blog. Quizá eso que ibas a colgar en tu blog hoy o mañana, simplemente, sin más. Sin restricciones de contenidos sin modificaciones, sólo texto e incluso imágenes si quieres. Nos mandamos las entradas y el día especificado, simplemente colgamos el de la otra persona. Puede ser interesante alternar de audiencia, de mundo, de estilo, y dar a conocer otros blogs a tu "audiencia", y tu blog a otra "audiencia". Un poco de aire fresco nunca viene mal.

Y es más, pienso hacer esto permanente. No dejaré de escribir, está claro. Y lo seguiré haciendo aquí. Pero también escribirán personas que no soy yo, con cosas que decir más interesantes que las mias o menos. Y yo escribiré en otros sitios. Creo que puede ser sumamente interesante y divertido.

Qué me dices, ¿te interesa? Mándame un correo a sebastiandell (en) gmail.com o deja un comentario en este post. Si tú no te apuntas da igual, otros lo harán.


La localizacióm de mi piso puede verse aquí. Podría acotar un poco mas -googlemaps lo permite-, pero me queda algo de paranoia y no me hace mucha gracia publicitar el lugar donde voy a vivir más que hasta lo que veis en la imagen. Además, teniendo en cuenta el tamaño de Valencia, creo que ya está bien.

Para aquellos que conocéis Valencia, y para aquellos que no la conocéis, algo a la izquierda que parece un campo de fútbol es la estación de autobuses, y un edificio gris delante de un puente (sí, lo del centro es el cauce del rio) es el IVAM (Instituto Valenciano de Arte Moderno).

¿Qué, os gusta el sitio?


Durante algún tiempo he sido reticente a publicar en el blog algunas cosas que tenía escritas, por diversas razones. Bien, ya va siendo hora. Este cuento se llama Ratas y esta es la primera parte.

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Ignoro durante cuanto tiempo fui vecino del señor Nicolás, pero sí sé que cuando lo vi por primera vez me pareció a simple vista un viejecillo bastante normal. Pequeño, algo encorvado, y vestido con lo que a posteriori sería su indumentaria habitual, a saber, su eterna chaqueta de lana, una camisa a cuadros y unos pantalones de pana, podría haber pasado por mi abuelo. Nunca llegué a conocer su verdadera edad, pero en aquel momento me dió la sensación de que su cara, repleta de arrugas, le hacía parecer mayor de lo que en realidad era. Y eso es básicamente todo lo que me queda de nuestro primer encuentro, algunos días después de que yo hubiese ocupado la vivienda que se encontraba frente a la suya.

Al principio, nuestra relación fue absolutamente tranquila, y tampoco es que yo desease, aunque no por nada en especial, que esto cambiara; afortunadamente al parecer ambos mostrábamos el mismo interés por entablar amistad con el otro, es decir, ninguno en absoluto. Nos encontrábamos en ocasiones en la escalera o, hasta que éste dejó de funcionar, en el ascensor, y tras intercambiar los saludos de cortesía con sus correspondientes sonrisas, mi mirada se perdía en la, a decir por mi comportamiento, fascinante estructura metálica que rodeaba el hueco del ascensor, mientras que sus ojos se afanaban en buscar en los grises azulejos del suelo aquellos insignificantes detalles que por alguna extraña razón, yo consideraba menos importantes que las formas geométricas del enrejado. Durante algunas semanas este fue el único contacto que mantuvimos, durante el cual los dos intentamos en la medida de lo posible no interesarnos por la vida del otro, política que pese a mis deseos no se prolongaría demasiado.

Observé al poco de llegar que a menudo almacenaba botellas y algunas bolsas de plástico en el suelo, pegadas a la pared, algo que para mí no suponía inconveniente alguno y tampoco era motivo de sorpresa puesto que ya lo había visto, o más bien sufrido, en otras ocasiones. El caso es que en ese momento no me pareció adecuado llamarle la atención, siempre con miras, más que a mantener un trato amistoso, a no dar pie a ningún tipo de trato, amistoso o de cualquier tipo. El problema comenzó poco tiempo después, cuando me di cuenta que había comenzado a aplicar ocasionalmente esta, en un principio inofensiva medida, a lo que yo ya consideraba un tanto instintivamente mi territorio, y de tal forma que no sólo lo encontraba lleno de objetos, sino que no pocas veces llegaba a obstaculizar, de un modo que parecía intencionado y cuya idea me apresuraba a expulsar de mi cabeza, la entrada de mi casa. Fue a partir de entonces que el problema se me hizo patente, cuando comencé a considerar lo que aquel viejo dejaba en, ahora ya tanto su lado como en el mío, es decir, allí donde le venía en gana, como basura.

(...)