El pasado viernes, tras ver como una mujer y su acompañante habían aparcado en un sitio reservado para discapacitados sin ningún distintivo de incapacidad, estuve tentado de preguntarle si padecía algún tipo de retraso mental.
Pero recapacité unos segundos y pensé que, si su coche estaba en una plaza para minusválidos, su respuesta sería que sí, así que continué mi camino sin decirle nada, porque las preguntas retóricas no me gustan demasiado, y los conflictos tampoco.

A pesar de lo políticamente incorrecto o incluso racista que puede sonar el siguiente comentario, confieso que nunca he tenido demasiado aprecio por los gitanos, siendo esa una forma suave de decir lo que pienso en realidad. Y aunque por prudencia, respeto a las excepciones que conozco (que a menudo opinan lo mismo que yo), y para evitar posibles malentendidos y conflictos me voy a guardar los detalle y calificativos para mí mismo, he de decir que desde que mi señora está trabajando con ellos, cada día que pasa los tengo en peor consideración.
Siendo esa otra forma suave de decir lo que pienso en realidad.


Sala de Exposiciones de la Fundación Canal, Mateo Inurria, 2, Madrid.
Del 3 de octubre al 6 de enero.
Horario de 11 a 20h, miércoles de 11 a 15h.
Entrada libre.

No deja de sorprenderme la versatilidad y adaptabilidad de los gorrillas de mi ciudad, Valencia, a las más variadas condiciones (aunque intuyo que no son nada excepcional). Mientras que en un día habitual jamás te invitarían a aparcar en medio de un jardín, so pena de multa y grúa, cuando juega el equipo "de la ciudad" (el Levante no cuenta, que son pobres), se organizan para detectar nuevos sitios de aparcamiento allí donde quepa un coche, tales como segunda fila, carril bus, jardines, tercera fila, y etcétera.
Lo cual por otra parte demuestra que eso de que esté prohibido estacionar en todos esos lugares tiene un gran DEPENDE delante.


Aquellos que me conocen bien saben que soy lo que vulgarmente se conoce como un culo de mal asiento, y aquellos que no lo sabían ya lo saben. Soy de ese tipo de personas que necesitan estar (casi) constantemente cambiando de cosas o intereses para sentirse bien; entiendan "bien" de la manera que quieran. Eso aplica a prácticamente cualquier ámbito de mi vida, excepto el profesional y el sentimental (o quizá en estos casos sólo de un modo tangencial). Es decir, no necesito estar constantemente cambiando de trabajo, ni de pareja. Digamos que lo anterior aplica a actividades más bien relacionadas con el ocio, aunque es cierto que quizá la rutina diaria me afecta más que a otras personas (pero lo llevo bien); igual me da por la economía, que por la Fórmula1, que por escribir ficción, que por patinar, que por la política o el cambio climático, que por la filosofía o la psicología, que vayan ustedes a saber qué. Digamos que siento inquietud por muchas cosas y como es natural, no tengo tiempo para todas, así que a causa de esta masificación de intereses acabo cogiéndolo todo o casi todo con la misma fuerza que lo dejo, con contadas excepciones; este blog es una de ellas. Y no sé si hay más.
Sí, pueden aplicarme eso de arrancada de caballo y parada de burro.
El caso es que, con el permiso del tendón peróneo de mi tobillo derecho, me ha dado por empezar a correr, lo que de paso sacia al menos parcialmente mi tendencia natural hacia la competición. Y digo "con el permiso de" porque en anteriores ocasiones que lo he intentado ha sido precisamente éste el que me ha disuadido de seguir haciéndolo. Puesto que sospecho que aparte de un posible sobreentrenamiento, la causa de mi habitual inclinación a la tendinitis o comienzo de del citado tendón era la falta de un calzado adecuado, mi última adquisición han sido las zapatillas que les muestro, unas Nike Air Zoom Vomero+2, que les parecerán feas, pero son tan buenas como caras, y con las que pretendo prepararme para la media maratón ahora, y para la maratón, luego. Ya lo sé, no me lo digan, pero, ¿qué quieren?


Ya que estamos con esto del atletismo, les voy a contar algo con lo que he estado especulando estas últimas horas. Me van a perdonar, porque reconozco que lo que esto tiene de interesante es poco o nada, pero estos días no estoy demasiado imaginativo. Verán, hace cosa de dos años y medio fuí a Baqueira Beret a prácticar el bonito y caro deporte conocido como snowboard, algo que desde entonces no he vuelto a hacer. Debido a quizá un tamaño excesivo de bota blanda, o vayan a saber qué, estuve un par de días apretándome las botas en exceso, sobre todo la derecha, que es la que en mi caso dirige la tabla. Eso tenía como consecuencia directa provocar un dolor insoportable en la parte exterior de mi pierna, hasta que aflojaba y el dolor remitía. Dicho dolor nacía en el tobillo y se extendía hasta casi la rodilla, y es bastante lógico pensar que estaba estrangulando algún nervio, músculo o tendón. Después de volver a Valencia, tardé varias semanas en recuperar la sensibilidad en el exterior de la pierna, y varios meses en recuperarla en el empeine.
Ya saben que yo no soy médico, pero estoy empezando a sospechar que mis problemas con el tendón peróneo cada vez que empiezo a correr de modo relativamente regular tienen algo que ver con esto, y deben leer "algo" como "mucho". El hecho de que sienta que apretarme más o menos la zapatilla tiene un efecto directo sobre el estado de mi tobillo al día siguiente me da la sensación de que es más una realidad que una mera intuición. Bajo esta sospecha, estoy tomando Airtal antiinflamatorio e Hidroxil B1-B6-B12, y el miércoles que viene tengo cita con el traumatólogo. Con éste, las posibilidades son poco menos que infinitas. Con mucha suerte, me mandará directamente al fisioterapeuta y podré seguir corriendo en breve. Con algo menos de suerte, me mandará al fisio y me mandará reposo. Con poca suerte, me dará medicación, pasará del fisio y me mandará reposo. Con casi nada de suerte, me dirá que haga reposo (y yo me iré a otro trauma). Sin nada de suerte, me dirá que es crónico, que no hay nada que hacer y que haga reposo. Y con algo de mala suerte, me dirá que es crónico, que sólo me puedo operar y que además irá a peor con la edad. Con mucha mala suerte, me amputará la pierna, pero sinceramente no creo ni espero que lleguemos tan lejos.
Mientras tanto, saldré con la zapatilla poco apretada, 30' por día a 155ppm, de tranki. Deséenme suerte y tengan un buen e interminable fin de semana.

Soy de la opinión de que esta clase de videos, cuya autoría es de las Juventudes Socialistas, y en el que se ridiculiza a alguien por su ideología política (mención implícita, aunque Zapatero se niegue a verla), no sólo muestran una enorme miopía estratégica por parte del PSOE de cara a ganar las elecciones del próximo año, sino que demuestran que al final, unos y otros están hechos de la misma pasta moral. Y es que si la izquierda aspira a cierta superioridad moral por todo lo que representa su ideario, debería intentar dar ejemplo y no como en este caso, bajar el discurso intelectual y político al nivel de la parodia, el desprecio y la estupidez.
Porque a pesar de Zapatero, el video en cuestión ni «eleva todavía más el debate», ni tiene nada de simpático, sino más bien todo lo contrario.

Hoy no les traigo tres recomendaciones como hice la última vez. Les traigo dos recomendaciones y una no recomendación, con las que probablemente alguno no estará de acuerdo. Es posible que alguien vuelva a decir que recomiende algo que «no haya visto todo dios», pero sin ánimo de ofender, ni este blog ni su autor son inmunes a la estupidez ajena, dejando aparte el hecho de que Michael Haneke no es desde luego lo que se dice un director de masas. Aclarado este pequeño punto, empecemos.
Michael Haneke, de quien ya les recomendé Funny Games, es un director al que le gusta jugar con el espectador. Confundir realidad y ficción, incomodar al espectador y manipularlo a su antojo, o hacer preguntas sin respuesta son algunas de sus formas de hacer cine. Y a mi me parece muy bien, y muy respetable, si no se pasa uno de listo. Porque con Caché, a pesar del premio a la mejor película y director en Cannes, le da a uno la sensación de ser un poco tonto, o no ser lo bastante gafapasta para entender dónde está la gracia, o dónde está el suspense en una película pretendidamente de suspense.
La película en cuestión gira en torno a un matrimonio francés que comienza a recibir cintas de video en las que aparecen ellos entrando y saliendo de su casa, como si alguien estuviese vigilándolos. Sin desvelarles nada más del argumento y de lo que viene a continuación, una vez leídas varias críticas, lo que el director pretende con la película es destapar algunos de los episodios más sangrientos de la historia reciente de Francia, y la forma en que la sociedad francesa ha pasado sobre ellos evitando la reflexión y la culpa. Y aunque puede que, una vez asimilado ese contexto y ese mensaje, la película no sea tan falta de contenido como lo es mientras la ves, en mi opinión el señor Haneke se pasa uno, dos y tres pueblos. Planos fijos mantenidos durante mucho, demasiado tiempo, conversaciones y situaciones que parecen prescindibles y que en ocasiones resultan irreales, una lentitud en la narración que en ningún momento traslada al espectador el más mínimo atisbo de suspense o intriga ni desgraciadamente ayuda a que éste se identifique con los personajes, o la ausencia de un final (ni claro, ni insinuado), hacen que viendo esta obra maestra en opinión de algunos, te sientas como el niño del cuento El traje nuevo del Emperador. O como ya he dicho, te sientas no lo suficientemente gafapasta. Me alegro mucho de que a Haneke no le preocupe generar frustración, irritación o aburrimiento con sus películas, tal y como dice la Wikipedia, porque de lo contrario, este señor iba a tener mucho de lo que preocuparse.
Afortunadamente, a alguno le gustó tanto como a mí.
Dejando ya a Haneke y sus perdonen la expresión pajas mentales, y cuya película no recomiendo más que para que cada uno se forme su propia opinión, pasamos a las recomendaciones, con las que intentaré ser más breve, algo que no deja de ser paradójico y quizá incluso alguien podría considerar como un triunfo de Caché. Primero, Requiem por un sueño. Bien, esto es otra cosa, sí, desde luego. La película gira en torno a las historias de un chico adicto a la heroína (cuya novia es la guapísima Jennifer Connelly) y de su madre, adicta a las anfetaminas y obsesionada con adelgazar para asistir como concursante a un programa la televisión. Aunque la película, con un montaje innovador y una banda sonora que le ajusta como un guante, es difícil de digerir e incluso resulta desagradable por momentos debido a la crudeza de las situaciones, les recomiendo que si pueden, no se la pierdan. Vale la pena aunque luego les advierto a alguno les cueste dormir.
Por último, les dejo con una película que al parecer no tuvo demasiada repercusión en este país, a pesar de contar con Penélope Cruz como uno de los personajes. Alta Sociedad (Chromophobia), dirigida por Martha Fiennes (sí, hermana de Ralph y Joseph), se centra en las relaciones entre una familia londinense adinerada (a cuya esposa la interpreta, de nuevo, otra guapísima mujer, Kristin Scott Thomas), una prostituta y un periodista, y no les diré más. Personalmente, para que se hagan una idea de por dónde van los tiros, el argumento de la historia en sí me recuerda a La hoguera de las vanidades de Tom Wolfe (con película de Brian de Palma), y la estética, quizá por la abundancia de color blanco y la música de Beethoven presente en toda la cinta, a La naranja mecánica, aunque no me hagan demasiado caso en esto. Aunque encontrarán que el comienzo es algo extraño, y quizá tarde algo en arrancar, una vez en marcha y superada la primera impresión, la película acelera y se desarrolla perfectamente con unos personajes que están en todo momento a la altura. En definitiva, una película bastante o incluso muy recomendable.
Y eso es todo. Mañana más, a lo mejor.

Da la impresión de que la corrección política va por el camino de suprimir también lo patológico vía afirmación de las minorías o de la diferencia. Lo absurdo del asunto no merece mayor comentario, aunque sí una mayor reflexión sobre las causas. Oliver Sacks ha llegado a decir de este libro [El curioso incidente del perro a medianoche, de Mark Haddon] que es "verosímil y muy divertido". Ciertamente, es verosímil (dentro de un orden, el lingüístico), pero lo de muy divertido sólo puede deberse a que no lo ha leído o a que la corrección política lo ha vuelto idiota. Es un libro angustioso y profundamente triste, por mucho que hable de la vida.»
Alejandro Gándara, en su blog el escorpión. Otro día les hablo del minusválido que, bajo el mismo tipo de argumento, y en una conferencia en la Universitat de València, abogaba por la eliminación de todo tipo de ayudas estatales para los discapacitados.

Estaré por el norte la semana que viene por temas de trabajo, así que si durante estos tres días no me paso por aquí, ya nos vemos el viernes que viene. Sean buenos mientras tanto.

No sé si han practicado ustedes algún deporte individual, tal como atletismo, natación o ciclismo, en los que es fácil ver cómo progresas simplemente prestando atención a tus sensaciones a lo largo de la temporada. Yo estuve unos cuantos años encima de la bici, aunque hace ya otros cuantos que la tengo aparcada, y es curioso hasta qué punto ver el Tour resultaba un incentivo para salir a la carretera. Claro que al poco, por mucho que esté uno en forma, te das cuenta de las diferencias y la triste realidad, pero entonces, una vez la euforia se ha disipado, ya es demasiado tarde y para qué volver. Les confesaré que salvando las distancias, y por ridículo que parezca, viendo la última entrega del Planeta sentí básicamente lo mismo. Sólo que esta vez aún no me he puesto a escribir así que esa realidad aún no me ha golpeado.
Bien. Les "prometí" que volvería el viernes y aquí estoy, aunque sin apenas nada de interés que contar, ni para ustedes ni para mí. Ya ven que aunque voy algo escaso de ideas últimamente (por razones que sospecho pero no compartiré con ustedes), intento mantener mi palabra. Como les adelanté en la última entrada y algún despistado ha descubierto recientemente, he estado por el norte estos últimos días por cuestiones de trabajo, concretamente en A Coruña, casi sin conectividad ni tiempo para escribir aunque hubiese dispuesto de ella. No he visto demasiada ciudad, lo confieso, pero me he traído algo más de un kilito en pulpo et al. que me tocará adelgazar sudando (no pensarán que me voy a poner a dieta, ¿verdad?), y un par de botellas de albariño Martín Códax. Tendrán que disculparme que a ustedes no les haya traído ni siquiera una mala foto, y por supuesto, espero que me perdonen si no aparezco por aquí hasta el próximo lunes. Como les digo, aunque tengo ganas de escribir algo de ficción, voy algo justo de inventiva, y por si fuese poco, tengo sueño y estoy cansado. De esas dos cosas, bastante.
Sean buenos.


Esta historia es bonita e interesante...
Hace algún tiempo, recibí la llamada de un colega. Estaba a punto de poner un cero a un estudiante por la respuesta que había dado en un problema de física, pese a que éste afirmaba con rotundidad que su respuesta era absolutamente acertada. Profesores y estudiantes acordaron pedir arbitraje de alguien imparcial y fui elegido yo. Leo la pregunta del examen y decía: "Demuestre cómo es posible determinar la altura de un edificio con la ayuda de un barómetro".
El estudiante había respondido: "Lleva el barómetro a la azotea del edificio y átale una cuerda muy larga. Descuélgalo hasta la base del edificio, marca y mide. La longitud de la cuerda es igual a la longitud del edificio". Realmente, el estudiante había planteado un serio problema con la resolución del ejercicio, porque había respondido a la pregunta correcta y completamente. Por otro lado, si se le concedía la máxima puntuación, podría alterar el promedio de sus de estudios, obtener una nota más alta y así certificar su alto nivel en física; pero la respuesta no confirmaba que el estudiante tuviera ese nivel.
Sugerí que se le diera al alumno otra oportunidad. Le concedí seis minutos para que me respondiera la misma pregunta pero esta vez con la advertencia de que en la respuesta debía demostrar sus conocimientos de física. Habían pasado cinco minutos y el estudiante no había escrito nada. Le pregunté si deseaba marcharse, pero me contesto que tenia muchas respuestas al problema. Su dificultad era elegir la mejor de todas. Me excusé por interrumpirle y le rogué que continuara.
En el minuto que le quedaba escribió la siguiente respuesta: "Coge el barometro y déjalo caer al suelo desde la azotea del edificio, calcula el tiempo de caída con un cronómetro. Después se aplica la formula 'altura = 0,5 por g por T al cuadrado', y así obtenemos la altura del edificio". En este punto le pregunté a mi colega si el estudiante se podía retirar. Le dió la nota más alta.
Tras abandonar el despacho, me reencontré con el estudiante y le pedí que me contara sus otras respuestas a la pregunta. Bueno, respondió, hay muchas maneras, por ejemplo, coges el barómetro en un día soleado y mides la altura del barómetro y la longitud de su sombra. Si medimos a continuación la longitud de la sombra del edificio y aplicamos una simple proporción, obtendremos también la altura del edificio.
Perfecto, le dije, ¿y de otra manera? Sí, contestó; éste es un procedimiento muy básico para medir un edificio, pero también sirve. En este método, coges el barómetro y te sitúas en las escaleras del edificio en la planta baja. Según subes las escaleras, vas marcando en la pared la altura del barómetro y cuentas el número de marcas hasta la azotea. Multiplicas al final la altura del barómetro por el número de marcas que has hecho y ya tienes la altura. Éste es un método muy directo. Por supuesto, si lo que quieres es un procedimiento más sofisticado, puedes atar el barómetro a una cuerda y moverlo como si fuera un péndulo. Dado que cuando el barómetro está a la altura de la azotea la velocidad es cero y si tenemos en cuenta la medida de la aceleración de la gravedad, al descender el barómetro en trayectoria circular al pasar por la perpendicular del edificio, de la diferencia de estos valores, y aplicando una sencilla formula trigonométrica, podríamos calcular, sin duda, la altura del edificio.
En este mismo estilo de sistema, atas el barómetro a una cuerda y lo descuelgas desde la azotea a la calle. Usándolo como un péndulo puedes calcular la altura midiendo su período de precesión. En fin, concluyó, existen otras muchas maneras. Probablemente, siguió, la mejor sea coger el barómetro y golpear con él la puerta de la casa del conserje. Cuando abra, decirle: señor conserje, aquí tengo un bonito barómetro. Si usted me dice la altura de este edificio, se lo regalo.
En este momento de la conversación, le pregunté si no conocía la respuesta convencional al problema (la diferencia de presión marcada por un barómetro en dos lugares diferentes nos proporciona la diferencia de altura entre ambos lugares). Evidentemente, dijo que la conocía, pero que durante sus estudios sus profesores habían intentado enseñarle a pensar. El estudiante se llamaba Niels Bohr, físico danés, premio Nobel de Física en 1922, más conocido por ser el primero en proponer el modelo de átomo con protones y neutrones y los electrones que lo rodeaban. Fue fundamentalmente un innovador de la teoría cuántica.»

[Presidente de Fadesa-Martinsa y del Grupo 14 Inmobiliarias por la Excelencia]

En la línea de las últimas entradas totalmente carentes de originalidad (al igual que muchos de los grandes blogs, vaya), y aprovechando las torpes y políticamente incorrectas pero en mi opinión no exentas de razón declaraciones de Rajoy sobre el cambio climático (chico, que eres candidato a la presidencia del Gobierno y eso de "mi primo me ha dicho" queda poco serio), vengo a traerles un artículo de Xavier Sala-i-Martín que refleja básicamente mi opinión sobre el tema este del cambio climático. Pero claro, antes voy a resumírsela un poco.
No se trata de que dude de la realidad de éste, no. Que no. Se trata de que me cruje que el cambio climático sea el principal el "gran" problema mundial cuando una buena parte de la Humanidad intenta sobrevivir en la miseria más absoluta; se trata de que podemos hacer del cambio climático la prioridad de facto para el mundo occidental acomodado, pero no para el resto del mundo, que ya tiene bastante con buscarse el sustento diario. Convertirlo en "el problema mundial" (tm) demuestra entre otras cosas hasta qué punto somos capaces en esta parte del mundo de despreciar el sufrimiento humano ajeno. Diciéndolo de otra forma, mueren millones de personas al año por falta de los recursos más básicos, y nadie y menos que nadie, un político ha montado una cruzada mediática de esta magnitud, ha declarado el hambre "el gran problema mundial" y de repente a todo el mundo le ha dado por firmar acuerdos y donar miles de millones de euros (¿o cuánto se creen que nos costará Kyoto?). No, claro que no. ¿Qué es occidente, una puta ONG? El caso es que a la luz del número de personas que viven por debajo del umbral de la pobreza en pleno siglo veintiuno en este santo país, occidental, europeo y civilizado, el PSOE tiene mucha suerte de que el PP sea tan torpe a la hora de abrir la boca. El cambio climático es desde luego un problema importante, pero no "el gran problema" mundial.
Y antes de pasar al artículo, me llama poderosamente (qué gran palabra) la atención la cantidad de dinero (¿qué hará con esa pasta?) que el señor Al Gore está generando con su "lucha": con su documental en DVD (que vas a comprar te guste o no), con su nada barato libro sobre el cambio climático (casi treinta eurillos, ahí es nada), con sus conferencias a doscientos mil euros la unidad, y etc etc. Además, también resulta curioso que haya impuesto «estrictas condiciones a los periodistas que asistan a la conferencia, entre las que destaca que su intervención no podrá ser grabada ni filmada y que los redactores gráficos sólo dispondrán de cinco minutos para fotografiarle.» [ElPais.com]. No se equivoquen; me parece perfecto que este señor se haga de oro y diamantes con su trabajo, pero si tan preocupado está por el cambio climático y por propagar su mensaje por todo el mundo, y todo esto es algo más que fachada o una lanzadera mediática, ¿no sería mejor, además de comprarse unas mantas y usar menos la estufa, que hiciese el documental y el texto accesible al mayor número de personas en el mundo? Que quizá no, oíga, pero es sólo una idea, porque este sujeto transmite unas ideas e impresiones que pueden malinterpretarse fácilmente, si atiende uno al volumen de líquido que *parece* fluir hacia su persona. Y además, y esa es otra, que me pregunto yo qué coño tiene que ver el cambio climático con la paz. Y bueno, que sí, que me dejo de rollos y ya vamos con el artículo, que lo dice todo mejor que yo.
Sí, esta entrada es larga, ¿qué pasa?
Al Gore afirma que evitar el cambio climático (CC) no es una cuestión de política sino de moral. Es nuestra obligación ética, dice, dejar a nuestros hijos un planeta mejor.
La utilización de conceptos de moral y ética en el debate sobre el CC indica que algunos analizan el problema del calentamiento global no tanto desde la ciencia como desde la religión. En un discurso pronunciado en la universidad en California, Michael Chrichton equiparó al movimiento ecologista con una nueva religión ya que hablaba de la irrupción del hombre en el paraíso terrenal con un pecado original contaminador llamado revolución industrial y que prometía la salvación eterna si se cumplían los mandamientos revelados en Kyoto. A mi también me da la impresión que algunos radicales del CC apuntan tics sacerdotales. Pero, a diferencia de Chrichton, no lo digo por el contenido de sus ideas sino por la forma cómo las defienden que a menudo recuerda a los tribunales de la Santa Inquisición. Por ejemplo, antes de siquiera entrar en debate, acusan a los que discrepan de estar al servicio, no del demonio, sino de Exxon (que me parece que es mucho peor) o de ser neocones pagados por el satánico Bush. Llaman negacionistas a los que no comulgan con sus ideas equiparándolos con los nazis que niegan el holocausto. Exigen censura a los medios de comunicación para acallar a los que se desvían del catecismo oficial. Piden que se silencie a los ignorantes que no tengan un título de física, aunque el debate sea más un tema de estadística y economía que de climatología. Culpan a los sacrílegos de querer destruir el planeta e incluso los denuncian por no amar a sus hijos. Y claro, todo esto lo hacen sin aportar pruebas, porque los poseedores de la verdad absoluta nunca han necesitado pruebas para condenar al hereje a la pira purificadora. Les basta con hablar, como Torquemada, desde una supuesta superioridad moral.
A mí, la verdad, todo esto me parece bastante cómico. Una sociedad sana debe debatir los temas importantes de manera abierta y civilizada, sin actitudes inquisidoras. Les diré incluso que estoy de acuerdo con Al Gore cuando dice que tenemos la obligación ética de dejar un planeta mejor a nuestros hijos. Pero un planeta mejor no quiere decir un planeta más frío. Un planeta mejor es (también) un planeta sin pobreza. O un planeta sin SIDA o Malaria, un planeta sin malnutrición, un planeta donde todo el mundo tiene acceso a la educación y al agua potable, un planeta sin guerras, corrupciones políticas o gangsterismo.
Y dado que hay muchas maneras de mejorar nuestro mundo, el debate debería centrarse en cómo priorizar a la hora de hacerlo y no en quien ostenta la superioridad moral.
Sí, ya sé que algunos dirán que no hace falta priorizar porque luchar contra el cambio climático no impide luchar también contra la pobreza. Pero eso es falso. Las restricciones presupuestarias existen y cuando un gobierno dedica dinero o capital político a luchar contra el calentamiento, no puede dedicar esos medios a la cooperación internacional. Del mismo modo, cuando una empresa dedica recursos de responsabilidad social a mejorar el medio ambiente, no los dedica a promocionar infraestructuras de agua en África.
Y no. No vale decir que luchar contra el CC va a generar mayor crecimiento porque la verdad es que reducir el CO2 va a costar mucho dinero. Tampoco vale decir que luchamos contra el calentamiento para evitar que los africanos se queden sin agua dentro de 100 años, porque los africanos no tienen agua hoy: en la actualidad ya hay dos millones de niños que mueren de diarrea cada año por falta agua potable. Si todo esto lo hacemos para ayudar a los pobres, solucionemos primero los problemas de los pobres de hoy y después ya ayudaremos los de dentro de un siglo.
La pregunta clave del debate del CC es, pues: si priorizáramos de manera racional, con información experta y sin las histerias generadas por películas de Hollywood, ¿qué problema de los muchos que tiene el mundo, deberíamos atacar primero? Existe un grupo en Dinamarca llamado Consenso de Copenhague que ha intentado responder a esa pregunta. Primero reunió a un grupo de sabios que incluían a varios premios Nobel con los más expertos defensores de dar prioridad a la lucha contra el CC y pidió a éstos que expusieran sus ideas, sus razonamientos y sus evaluaciones de costes y beneficios de solucionar el problema. Luego hizo lo mismo con los que querían priorizar la lucha contra el hambre, la erradicación de la malaria, el acceso al agua potable y así hasta 17 problemas de primer orden mundial. Una vez escuchados todos los expertos, se pidió a los sabios que establecieran un orden de prioridades. El resultado: la lucha contra el SIDA y la malaria encabezaban la lista y les seguían la pobreza y la malnutrición, las barreras arancelarias que impiden a los países pobres comerciar y crear riqueza, el acceso al agua potable y la educación. Lo interesante es que el cambio climático ocupaba la última posición.
El Consenso de Copenhague repitió el experimento con 24 embajadores de las Naciones Unidas y con un grupo de jóvenes, representantes de las generaciones futuras. En ambos casos los resultados fueron idénticos: puede que el calentamiento global sea un problema importante. Pero no es el único problema importante a los que se enfrenta la humanidad. Una vez se comparan las urgencias y las necesidades, los costes y los beneficios, los pros y los contras, la lucha contra el cambio climático no es nuestra prioridad.
(La Vanguardia, X-05-2007. Xavier Sala-i-Martín es Catedratico de Columbia University y Profesor Visitante de la Universitat Pompeu Fabra. © Xavier Sala-i-Martín, 2007.)
[Otros artículos suyos, tanto en HTML como en PDF, aquí en castellano, y aquí en catalán. La serie de seis artículos sobre el cambio climático, con la que estoy completamente de acuerdo, aquí]

Ya sé que no estoy muy comunicativo últimamente, o al menos no tanto como suelo estarlo, y que mi inventiva e imaginación están bajo mínimos. Sé que se nota, aunque tampoco espero que me echen demasiado en falta. El problema es que ya de por sí no tengo demasiado tiempo y el entrenamiento está empezando a acaparar una buena parte de mi tiempo personal de ocio (aparte de empezar a reflejar unos tímidos resultados), lo que provoca que me quede menos para ustedes. Por si esto fuese poco, mi cabeza lleva unos meses digiriendo que no dirigiendo el argumento de la eterna sin nombre, y parece que finalmente tenemos ganador, así que en algunos meses o a lo sumo un par de décadas, debería sentarme a escribir la eterna sin nombre. Con lo que entonces les dejaré aún más huérfanos, al menos por mi parte.
De todas formas, no se preocupen aún por eso, el momento de abandonarles llegará, pero no todavía (como si a alguien le importase mucho...). Para hoy, y como contraste del último ladrillo, les traigo un video de humor que tenía aparcado desde hace algún tiempo. No es gran cosa y además está en inglés, pero yo me reí bastante y ya verán como es muy fácil de entender. Si no lo entienden, mejor que no lo digan, que hay mucho aspirante a House y mucha mala leche suelta.



