Ahora bien, ¿qué fines, qué medios, a veces sí, a veces no?
(Bueno, quizá todo, todo, todo el mundo, pues va a ser que no...)

Es divertido. Buscas "web de gilipolleces" [esto] en Google y sale, en primer lugar, Unsociability.org.
Desde luego, es evidente después de esto que Google ha estado trabajando para mejorar sus búsquedas. Buen trabajo.

Desde el viernes por la noche, momento en que comencé a recuperarme de mi breve gastroenteritis, no piso un váter. Ya saben para qué. Y no es que esté en ayunas ni a dieta. No. Estoy comiendo. Y bastante. Así que intentaré avisar, lo prometo, pero si ven que mi volumen corporal aumenta preocupantemente, aléjense, por lo que pueda pasar. Y compren ambientadores. Muchos.
Con esto quedan ustedes oficialmente advertidos.
Ah. Y siento ser tan escatológico, pero lo hago por su propia seguridad y la de todos nosotros.

Este verano leí Hormigas en la boca, de Miguel Barroso. Un par de meses después, me hice con la versión cinematográfica, de su hermano Mariano Barroso, aparentemente una adaptación del libro. Tanto la primera lectura como el visionado posterior de la película vinieron motivados por las buenas críticas que ví había recibido la cinta en el momento de su estreno, y de hecho esa fue una de las películas que me quedaron pendientes de ver.
La conclusión, después de leer el libro y ver la película es: si has leído el libro, no veas la película, y si has visto la película, deberías leer el libro. Porque es cierto que es habitual que la película sea peor que el libro, que decepcione, y este es para mi uno de los casos más flagrantes. Y no porque la peli sea mala, que aunque no me acabe, no lo es, sino supongo por las expectativas que despertaba en mi aquello de "adaptación de la novela...". Y tampoco es que el libro sea una obra maestra de la literatura universal, no nos llevemos a engaño.
Y ahora es cuando reviento ambas, tanto el libro como la película, por si quieres dejar de leer.
Me explico.
El libro trata de Martín Losada, un español de pasado revolucionario, que tras pasar un tiempo entre rejas en España por el atraco a un banco, viaja a Cuba en busca de su compañero, amigo íntimo y poseedor del botín de aquel golpe, Alberto Dalmau. Está ambientado, y de qué manera, en La Habana, en la Cuba prerrevolucionaria de Batista, previo a la entrada en el poder de Fidel Castro. Durante toda la historia le acompaña una vieja gloria, Despanier, ex-boxeador cubano metido a taxista, que adapta un papel casi de protagonista principal, y le sirve de acompañante y amigo en los problemas en los que se va metiendo: la inteligencia cubana, políticos, la mafia, dueños de clubs, tiroteos... Bien. Martín es un tipo con dos cojones; abre la boca cuando le da la gana y suelta lo que le da la gana, aunque le puedan romper las dos piernas por ello, y no se lo piensa dos veces. Y él mismo sabe que es así, pero lo hace. Al final de la búsqueda, Martín encuentra a Dalmau, que se ha convertido de revolucionario republicano en político corrupto cubano, personaje en la sombra que aparece repetidamente a lo largo de la historia, con todo lo que ello supone para el pasado de ambos personajes con ideales revolucionarios.
Pues la película no. Para empezar, Eduard Fernández será muy buen actor, pero no representa a Martín Losada casi en ningún aspecto. Quizá es que su cara me transmite una sensación de estar acojonado, de "te digo esto en voz baja para que no me pegues dos ostias", o nosequé, pero no encaja con el papel; le queda grande. Ahora La Habana. No es que esté mal ambientada, pero su presencia carece de la relevancia que tiene en el libro. La mitad del libro es La Habana, su ambiente, sus clubs, su gente. En la película, el hecho de que la trama sea en La Habana podría ser casi coincidental. Despanier. Pues no existe, sino que hay en su lugar un taxista que aparece diez minutos y poco más, y que no tiene absolutamente ninguna relevancia en la historia. Y finalmente, Martín no viaja en busca de Dalmau, sino de Julia, su novia, una niña de papá que se largó con el botín del golpe del banco (el papel de Dalmau lo adopta en cierta forma Julia). No hay apenas mafia, más que el marido de Julia, único político corrupto; no hay clubs, no hay trama, casi no hay argumento. En definitica, que carece de la complejidad y el interés que encierra el libro.
Así que para mí, lo de "adaptación de la novela..." no pasa de ser algo puramente comercial, que no se refleja en ésta, y que perjudica más al libro que beneficia a la película.

Hete aquí una de mis grandes dudas existenciales, que paso a plantear para que aquellos interesados, y principalmente interesadas, puedan iluminarme, y me permitan así salir de mi particular caverna platónica. Y esta cuestión ronda esa conocida sentencia que la mayoría de hombres hemos oído alguna vez, y que estoy seguro ha sido origen de algún que otro conflicto:
Y es que un servidor, después de mucho pensar, analizar, discurrir y meditar, no entiende el fundamento de tal mandato. Descartando que las mujeres apuren tanto el momento de la micción como para no disponer de un par de segundos para subir la tapa del váter, la única opción que se me ocurre es que, como ellas (vosotras) orinan (orináis) sentadas (no se quejarán, lo fino que estoy siendo), les (os) resulta molesto bajar ésta cada vez que van (vais) al baño. No obstante, teniendo en cuenta que los hombres meamos de pie -y yo particularmente no pienso mear sentado mientras mis piernas me permitan mantenerme erguido-, nos vemos obligados a subir dicha tapa cada vez que vamos al baño a realizar tan placentera y necesaria acción, y que yo sepa ningún hombre se ha quejado nunca de que la tapa está bajada. Si vas a mear, la subes y punto. Teniendo en cuenta que, además, por mi experiencia personal las mujeres acostumbran a orinar menos que los hombres -quizá es que yo meo demasiado-, tampoco veo lugar para tanta insistencia en bajar la tapa del váter. A no ser, claro, que, como otras muchas cosas, y digo eso sin segundas, sea todo ello tan sólo una cuestión estética.
Dicho esto, asumo mi obvia parcialidad, mi total incapacidad para ver el problema, mi patente miopía intelectual, mi falta de refinamiento -soy una bestia- y me pongo a disposición de cualquier fémina que desee sacarme de mi ignorancia, no sin antes dar las gracias a toda aquella que de forma altruista, e independientemente del éxito de su empresa, se preste a ello.

Superman. Un individuo que vuela y se mueve a la velocidad del sonido, que es prácticamente indestructible y muchas otras cosas más. Un tipo que se dedica a sacar personas de coches llenos de agua, jugar con las faldas de Lois Lane -tiran más dos tetas que dos carretas-, hacer el tonto como periodista, y evitar atracos de poca monta.
Y por el otro lado está Lex Luthor, un ser humano normal y corriente. Nada excepcional, pero inteligente, ambicioso, emprendedor, con una perspectiva global, visión y ganas de hacer algo grande: gobernar el Mundo, nada más y nada menos. Poder, con mayúsculas, como está mandado, a pesar de sus limitaciones.
Pues eso. Que puestos a tomar ejemplo...

Es curioso.
Al parecer, hay (¿bastante?) gente -perfectamente representados por el blog de Borjamari- escribiendo un blog que piensa que esto de la blogosfera es una mierda. Paradójico. No es que piensen que esto no es la panacea que creen los de la posición diametralmente opuesta, algo que pensamos muchos, sino que simplemente, es poco más que un medio "patético", por citar uno de los últimos adjetivos que he leído para referirse a "esto".
Pues bien. Ya sabemos que la gente se enlaza por compromiso. Ya sabemos que aquí no abundan los Poe o los Cervantes. Ya sabemos que la gente se copia impunemente. Ya sabemos que hay gurús de tres al cuarto y legiones de seguidores. Ya sabemos que la originalidad es casi siempre algo que brilla por su ausencia. Ya sabemos todo eso y mucho más. Todo el mundo lo sabe. Ninguna novedad.
¿Y?
Vosotros no sois desde luego una excepción, sino la norma; la mejor representación de vuestras propias críticas: más ruido. Dejad de repetiros y contad algo nuevo, o sed consecuentes y callaos.

No puedo voy a dejar este blog; mi ego me permite pocas cosas, y esa es una de las cosas que no. Pero sí me deja escribir en otros sitios. En sitios como este. Por ejemplo. Con más gente. Así que a veces escribiré aquí y a veces allí. A veces, como hoy, en ambos sitios, y a veces en ninguno, pero casi siempre diferente. Excepto en ocasiones, como hoy, que me sirve de presentación. Y esto es lo que he escrito en mi primera entrada. Y "esto" Dice así...
Ya lo he dicho alguna vez. En el momento que te pones manos a la obra, nunca mejor dicho, con tu propio "Redecora tu vida", no tardas en descubrir que las cosas no son siempre del color con que las pintan. los publicistas. Es más, nunca lo son. De hecho, si hay un color del que no lo son es del de una chica monísima de la muerte, divina con sus pantaloncitos cortos y .decorada. para la ocasión, sonriendo mientras posa pintando con un pincelito vayaustedasaberqué. Pues no. No. Que no, ni de lejos. Lo repito: no.
En realidad, el color de tal reforma vital, y lo digo por experiencia, se suele parecer mucho más a las agujetas, y éstas sí que son de la muerte. Al dolor de espalda, de piernas, de brazos, de manos, de pies, de cabeza y de culo, es decir, a llegar a casa como si te hubiesen molido a palos. Se parece más a coño como pesa este puto rodillo y qué alto está ese techo, a que te caigan gotas de pintura en los ojos, o a no poder pegar el polvo pre-siesta dominical ni su correspondiente siesta -también dominical- porque te espera una pared por pintar -y eso se dice pronto. Se parece más a esperar impacientemente a que te llame el fontanero, a bajar sacos de escombro, a ladrillos, cemento, yeso y escayola. A salir con prisas del trabajo para poder hacer algo antes de que se haga de noche y pasarse el fin de semana entre las cuatro mismas paredes; a rascarse mucho el bolsillo y apretarse más el cinturón. A heridas en las manos, en los brazos, en las piernas, en los pies y a sangre (con dolor pero sin lágrimas). Y por supuesto, ante todo, se parece a rascar la mierda -casi literalmente- del suelo del baño, del techo, de las paredes y de las ventanas; de las puertas de las lámparas y de los rodapiés. Se parece al amoníaco a la lejía al salfumán y al desengrasante, que aunque quizá no sean el color, sí que son el olor.
Pero no se parece, nunca, nunca, nunca, NUNCA, a una chica monísima de la muerte, divina con sus pantaloncitos cortos y .decorada. para la ocasión, sonriendo mientras posa pintando con un pincelito vayaustedasaberqué. No. Así que no digáis que no os avisé.
(Publicado en sociedadanonima.org, hoy mismo)


SATURADO
Saturado Saturado Saturado Saturado Saturado Saturado Saturado SaturadoSaturado Saturado Saturado SaturadoSaturado Saturado Saturado Saturado SaturadoSaturado Saturado Saturado Saturado SaturadoSaturado Saturado Saturado Saturado Saturado Saturado Saturado Saturado SaturadoSaturado Saturado SaturadoSaturado Saturado Saturado SaturadoSaturado Saturado Saturado Saturado Saturado Saturado Saturado SaturadoSaturado Saturado Saturado Saturado Saturado Saturado Saturado.Saturado SaturadoSaturado Saturado Saturado Saturado Saturado Saturado Saturado
.

Salir por ahí. Ir al cine. Al teatro. A la ópera, a quien le guste. Besar, acariciar, tocar. Subirse a la parra y no bajar. Descansar. Pegar uno, dos, tres polvos o los que deje el cuerpo y permita la disponibilidad de pareja. O parejas. Bailar. Reir. Gritar. Emborracharse. Autosatisfacerse (ejem). No pegar ni chapa. Leer. Contar nubes y estrellas. Cortarse las uñas de los pies. Ver la tele. Dormir; tanto como se quiera. Mirar la luna. Pasear hasta Babia y no tener prisa en volver. Andar descalzo. Mirarse los pies detenidamente. Etc etc.
(Tú de esto, casi nada, L. ;^)
Este fin de semana yo me ocupo de levantar el país.
(O al menos, de que no se caiga, que ya es bastante)

Por todos ("todos" soy yo y mi entorno, claro) es sabido que voy desde hace unas semanas bastante muy liado y no tengo tiempo para nada. Bueno, para *casi* nada. Así pues, en consecuencia, por tanto, visto lo visto, he pensado, en la soledad de mi cabeza (hola, ¿hay alguien ahí dentro?) lo mejor es que os leáis
y cuando la acabéis me hacéis un resumen en hebreo.
(sí)

Dice mi hermana la italiana abro paréntesis que no lo es abro paréntesis lo de italiana, no lo de hermana cierro paréntesis, pero como si lo fuese cierro paréntesis que no actualizo el blog. Pero como todos sabemos, a la vista está que miente como una bellota y que sólo intenta difundir y fomentar el descrédito hacia mi persona entre mis seguidores, fans, admiradores y demás ganado innombrable.
Porque yo *sí* que lo actualizo.
¿Ves, pequeño saltamontes?
*Actualizado*

Pasé los diez primeros años de mi vida entre algodones; gasas, sistemas de respiración asistida, goteros, pasillos de hospital y medicamentos fueron mis compañeros de juegos. Casi podría decir que a alguien no le gustó que yo entrase en este mundo, porque mis problemas -y los de mis padres- empezaron a los pocos minutos de vida. Un niño que al nacer no quiso llorar pasó cuatro meses en el área de cuidados intensivos neonatales, lo que fue a todos los efectos el prólogo de una serie de interminables años en los que pasé a coleccionar tantas hospitalizaciones como problemas de salud, hasta el punto de que sobre todo durante los cinco primeros años, pasaba más de dos tercios de cada mes en la cama de un hospital. Tuve el dudoso privilegio de experimentar cómo se viven las navidades, tus propios cumpleaños o las vacaciones de verano dentro de un hospital. Si he de atender a lo que mis progenitores me cuentan de todo aquello, en más de una ocasión estuve bastante cerca de irme muy lejos, lo suficiente como para no poder estar aquí contando esto.
Hacia el final de esos diez años, quizá con el crecimiento físico o simplemente por la misma razón que nací así, la mayoría de aquellos problemas comenzaron a difuminarse, y a día de hoy, aparte de unos cuantos recuerdos no siempre desagradables, y un puñado de cajas de medicamentos que aún hoy, veinte años más tarde, sigo comprando regularmente "por si acaso", sólo me queda una cosa de la que no he podido deshacerme: el irrefrenable impulso de contar mentiras.
(Publicado en sociedadanonima.org, hoy mismo)

Me decía anoche Laura, al amparo de un rollito presuntamente de primavera, una ensalada presuntamente china y, esto sí, una botella de Rioja, en relación a cuestiones ideológicas y políticas, que os tengo engañados, que la tenía engañada. Que soy más de derechas de lo que aparento, que soy menos de izquierdas de lo que parece; que soy... de centro (cágate, de centro). Bueno, supongo que debo admitir que es cierto que no soy ni comunista ni un radical anarkista. Y tampoco soy poeta. El caso es que no sé si soy más de izquierdas, más de derechas o más de centro, pero lo que sí sé es que, como es lógico y como cualquiera a estas alturas espera que diga, sí, pues claro que os tengo engañados.
¿Algún sorprendido en la sala?

Ya he dicho hasta la saciedad que tengo poco tiempo. O menos. Así que hoy, para evitarme el cansancio de escribir algo medianamente interesante y original, me dedico un texto que no es interesante pero sí original, que he plagiado y ligeramente modificado, toma pareado, y del que ni siquiera voy a decir de dónde lo he copiado; qué ruin y qué mezquino. Y dice así:
«Juro que me gustaría escribir más. Largos posts con fotografías. Historias cotidianas y pensamientos profundos. Cartas, misivas, epístolas que os adoctrinaran. Ser Pablo y vosotros los corintios.
Pero estos días termino cansado de trabajar. [...] Y al llegar a casa me espera [...] (un piso que pintar y limpiar, unos muebles que montar, y) una princesa a la que atender.
Cosas del directo. Tendrán que esperar ustedes a la semana de oro del Corte Inglés.»
Por otra parte, he visto que descienden el número de visitas y comentarios, por lo que quizá debería darme un voltio -qué moderno soy, ¿eh?- por algunos blogs y dejar unos cuantos comentarios para que gente a la que no conozco, que nadie se me ofenda, que no me interesa, y que, de forma recíproca, a la que no le intereso, lea las primeras dos líneas del post de ese día y se vayan para no volver nunca. Bueno, quizá cuando tenga más tiempo. Ahora que les den.




