Paranoid es un sujeto extraño. Dice «Estoy de gira por unos cuantos blogs y te ha tocado», pero aunque efectivamente hay un meme en su página, no me menciona. Y aunque a decir verdad, no sé, puesto que como decía, es un tipo extraño, si se refería a eso, voy a leer entre líneas y asumir que donde dijo digo, dice diego, y etc.

Y, como tampoco tengo demasiadas ganas de escribir y esto del plagio está resultando de lo más cómodo, he aquí su propia descripción: «La historia es que eliges un grupo, tu banda preferida y contestas a una serie de preguntas con canciones de esa formación. Luego lo reenvías, así que sírvanse de leer, al final, la lista de agraciados.»

Como es obvio, yo no voy a escoger a Pearl Jam para tan privilegiada elección -y no por una simple cuestión de originalidad-, y aunque podría escoger Placebo o Los Chunguitos, me quedo con James. Las respuestas dicen así:

¿Eres hombre o mujer? - One Of The Three
Descríbete - I Know What I'm Here For
Qué sienten las personas acerca de ti - Everybody Knows
Cómo describirías tu anterior relación sentimental - Pleased To Meet You
Describe tu actual relación con tu novio(a) o pretendiente - Top Of The World
Dónde quisieras estar ahora - God Only Knows
Cómo eres respecto al amor - Rhythmic Dreams
Cómo es tu vida - Getting Away With It
Qué pedirías si tuvieras un solo deseo - Feel Like Fred Astaire
Escribe una cita o frase sabia - Don't Wait That Long
Ahora despídete - Sayonara

En mi caso, no hay lista de agraciados, ni tampoco de desgraciados. Estoy un poco, y esta es gratis, Low Low Low (Laid, 1993).


Apoyado en la puerta de un bar, de pie con las piernas cruzadas y ligeramente inclinado, un hombre se atrinchera bajo unas gafas de sol que casi tienen más años que los adoquines que pisa. Los pelos le asoman sin ningún tipo de timidez por una camisa abierta hasta la mitad del pecho, y que muere en unos pantalones de tela estrangulados por un cinturon de piel marrón; aparte de eso, un enorme anillo dorado en el dedo corazón y un palillo que saluda desde la comisura de sus labios son otros de los signos, pero no los únicos, que avisan, a propios y a extraños, de quién es.

Unos metros más allá, en la otra acera, un chico de no más de quince años, delgado y ágil como una lagartija, comienza a cruzar la calle apresuradamente entre el tráfico. Al llegar a la altura del hombre, éste se moja los labios y aprieta las mandíbulas clavando sus muelas en el palillo, abriendo la boca con expresivo disgusto, apenas lo justo, casi como si tuviera que pagar por abrirla. Sin moverse ni mirarle, completamente inerte, le dirige una voz grave que parece proceder directamente de sus entrañas, tanto que cualquiera diría que le han amputado las cuerdas vocales y habla directamente con el estómago:

- Eh, tú. Chaval. Sí, tú. Ven aquí. Venga, ven aquí.

El chico le mira asustado primero, con timidez después, sin saber si alejarse de allí a toda prisa o atender a la petición del extraño sujeto, si es que realmente habla con él. Tras valorar ambas posibilidades un segundo, más por miedo que por obediencia, como si éste pudiera atraparlo si echase a correr, se detiene frente al hombre y busca sin éxito sus ojos detrás de los cristales oscuros. Antes de que pueda abrir la boca, un giro de la cabeza del tipo en su dirección hace que descarte cualquier posible contestación. Diez segundos después, como si tuviera que pensar cien veces cada sílaba emitida, la boca del palillo continúa, con la misma cadencia pausada anterior, mortalmente lenta:

- Mira, chico. No sé quien eres. No sé qué haces aquí. No sé de dónde vienes. Y no sé dónde vas. Tampoco me importa demasiado. Ese es tu problema, ¿comprendes? -éste no sabe si ha de contestar o no, pero como si intentase evitar cualquier interrupción, esta vez su interlocutor es inusitadamente rápido y no le da opción- Lo que sí que sé, chaval, y atiéndeme, chico, es que si te vuelvo a ver cruzar entre los coches por medio de la calle, voy a encargarme de sacarte el hígado y los riñones y dárselos a comer a mis perros. Y ahora, chaval, lárgate, que me tapas la vista.

Tan intimidado como sorprendido, tras unos segundos de desconcierto y sin capacidad para añadir nada, el pobre chico comienza a alejarse de nuestro sujeto, que con el eterno palillo en la boca, yergue la cabeza, y al caer de nuevo en sus recuerdos, sonríe amargamente.

(Publicado en sociedadanonima.org, hoy mismo)


No sé si saben ustedes que este miserable blog cumple hoy 3 años, que no es poco. Es decir, lo que vienen a ser 1095 días, y, contando esta, 717 entradas y 4913 comentarios. Puestos a divagar, esto se resume de modo bastante confuso diciendo que hubo 0.65479 entradas por día, 4.48675 comentarios por día y 6.85216 comentarios por entrada. Que tanto en conjunto como por separado, dicen más bien poco o nada, pero a uno a veces le sale el espíritu de economista y mira, esto es lo que hay. El caso es que, como dijo aquel, desde la nada hemos llegado a alcanzar las más altas cotas de miseria. Y visto lo visto, va a ser que sí.

Y para completar este insípido pero autocomplaciente post, resulta que yo, terrible casualidad, espantosa cercanía, hago hoy lunes seis de noviembre de dos mil seis 25 30 años y un día de existencia continuada y feliz -a veces más, a veces menos- sobre este cada vez más mugriento trozo de tierra que es la Tierra -curioso nombre, ¿lo han pensado?-, para regocijo de mi persona y -claro está- el de todos ustedes.

Nada más que añadir por hoy. Hay que ver cómo pasa el tiempo, ¿eh?


Yo jamás me compraré un móvil.

Jamás de los jamases. Nunca jamás. Como en el mundo de Peter Pan. Y lo mejor es que me lo creía y todo. Mi bro ya había cambiado de aparatejo y yo aún no había estrenado ninguno. Estaba ciertamente orgulloso de mi resistencia, era de alguna forma como mi particular no pasarán, aunque por aquel entonces mucha gente tuviese su particular cruzada en contra de los aparatos móviles. Pero pasaron, desde luego, quién lo iba a dudar. Cuando el primer día de mi búsqueda de trabajo, hace poco más de seis años, me gasté más de mil pelas en llamadas a móviles, decidí que la cuestión estaba entre mi cuenta corriente, no demasiado abultada por aquel entonces ni por este ahora, y mi orgullo. Y la decisión estaba clara. El orgullo acaba siendo un incordio para este tipo de cosas, así que prescindí de él (aunque vistas las facturas generadas, no estoy seguro de que mi cuenta corriente haya resultada beneficiada con la elección).

Y hay que ver como me ha cambiado la vida este bicho. Es todo un tema en eso de las necesidades creadas. Antes, no sabía ni que existía. Ni ganas. Ahora en cuanto me doy cuenta de que no lo llevo me pongo a pensar cómo conseguir que me lo lleven donde estoy, quién me habrá llamado - cuando habitualmente no me llama casi nadie -, si me habrán mandado algún mensaje... como si trabajase yo para la Casa Real. Y lo más curioso es que aunque no suene, yo lo miro, por si acaso. Por si acaso ¿qué? Pues lo mismo me pregunto yo... por si acaso me he quedado sordo, supongo, porque la cuestión es que lo sigo mirando.

Y no es lo único. He experimentado otros cambios bastante notorios. Para empezar, cuando alguien se acuerda de mi, no me llama: me hace llamadas perdidas. Una simple llamada de un tono (no sea que les coja la llamada y la jodamos) y s q s akuerdan d mi. Tócate las narices; a lo mejor no nos vemos en meses, pero como me hacen llamadas perdidas, pues qué necesidad hay de que nos veamos las jetas. Al principio, en mi infinita ingenuidad, llamaba y decía aquello de Hola, tengo una perdida tuya... E intentaba no parecer demasiado idiota cuando oía lo de No, si no quiero nada, sólo que me he acordado de ti y te he hecho una perdida. Lo de quedar con alguien de antemano también ha pasado a la historia: Nada, tú cuando vayas a llegar me haces una perdida y yo acudo (coño, ¿y por qué no acudes ya?), o el socorrido Bueno, pues ya te llamo mañana y quedamos (¿mañana? ¿por qué mañana? ¿no podemos ahorrarnos la llamadita y quedar ahora?). O esos mensajes de texto cifrados que me cuesta cinco minutos entender, y es que hay gente que realmente se aplica en esto de simplificar: sofi, q l filip dice q l leti ya a tnio l niña i dce q vayams pnsndo n hablr cn el zapa i vyais kmbiando l consti d ya xa ya. Por no hablar de cómo ha incrementado mi ración de estrés diario, sobre todo cuando se trata de la comunicación con mujeres -en mi caso-; le he mandado un eseemeese y no contesta... ¿tendrá saldo? A lo mejor no me quiere contestar... ¿estará enfadada por algo? Quizá sería mejor que le llamase... le llamo no le llamo le llamo no le llamo... venga contesta... anda, venga. Y miro el móvil y lo vuelvo a mirar, los peces en el rio (sí, otra vez), y claro, este razonamiento acaba en llamada mía, y la habitual lista de, a veces respuestas, y a veces excusas: i) Pues no lo he oído, lo tenía en el bolso/en silencio, ii) Estaba en clase/una reunión, iii) No me queda saldo o iv) Pues justo ahora mismo te iba a contestar (vaya, ¡qué casualidad!). Aunque eso sí, me quedo mucho más tranquilo... después de gastarme medio euro en la puta llamadita, claro. Entre el correo electrónico y los móviles, acabaran conmigo. O con lo poco que queda de mi.

Y lo peor es que en el apartado de curiosos no he avanzado demasiado. Se me sigue quedando la misma cara de joderotraveztengoqueexplicarlomismo con el ¿Por qué llevas dos móviles? que con el anterior ¿No tienes móvil?. Y es que si antes no quería llevar móvil, ahora llevo dos; por si me quedaba algo de orgullo. ¿Quieres caldo? Pues toma dos tazas.

Aunque tengo que admitir que, a pesar de todo lo dicho, me parece un gran invento. Pero eso sí, yo jamás (de los jamás de toda la vida) me compraré un GPS. Aunque es verdad que hay algunos tan bonitos...

(Texto publicado como colaboración en Pnac, el 3 de noviembre de 2005, actualizado y con algunas ligeras modificaciones. Y es que tiempo, lo que es tiempo, ya he dicho que no tengo nada o casi nada...)


Me gusta la muerte, porque tal y como están las cosas, es lo único realmente democrático que nos queda.

Klimt Death Life
Como es obvio, eso no significa que tenga prisa por acudir a su encuentro.

(Publicado en sociedadanonima.org, hoy mismo)



Mientras aguardas al ascensor, listo para ir al trabajo, turno de tardes, te asalta la duda de si has apagado o no las luces de la cocina, y decides entrar a casa de nuevo, sólo para comprobarlo, es sólo un minuto, te dices, a la vez que el ascensor, al que estabas esperando, se detiene justo en el momento en el que abres la puerta de tu casa, con el vecino del sexto en su interior, Andrés, que atraviesa una tremenda depresión a causa de la muerte de su esposa el mes pasado, y con él, quince segundos más tarde, el ascensor se cierra sin tí, y sigue su camino hacia la planta baja, por lo que al no coincidir con él por tan sólo medio mísero minuto, no puedes darle los buenos días, no puedes interesarte por él, no puedes alegrarle el día en la medida de lo posible, demostrándole que no está sólo en el mundo y que hay cosas que simplemente pasan, pero la vida sigue contigo o sin tí. Y así, sale a la calle cabizbajo, sin prestar atención, ausente, tres minutos antes de lo previsto, minutos en los que se habría entretenido en el patio hablando contigo, y a punto está de dejarse la vida y algo más debajo de las ruedas recién estrenadas de un todoterreno que circula correctamente por el carril derecho. Y al descansar del susto apoyado en una caseta de la ONCE, mientras se repone, decide, simplemente porque sí, simplemente por llegar hasta allí, comprar un décimo cualquiera, el último que quede de algún número cualquiera, el mismo que Marisa, una mujer que se divorció de su marido hace seis años y que se siente, a sus cincuentaymuchos, muy sola, lleva comprando durante meses o quién sabe si incluso años, quién sabe, y que habría comprado tres minutos más tarde, como hace todos los días, si Andrés no lo hubiera comprado un instante antes que ella. El mismo, como hace todos los días, menos hoy. Hoy también, si no hubieses entrado a verificar que las luces de la cocina, que estaban apagadas, estaban realmente apagadas. Hoy también, si Andrés no hubiese estado a punto de morir bajo los neumáticos de un Gran Cherokee. Hoy también, si en lugar de ponerse en la primera caja del supermercado, por simple pereza, por simple apatía, por simple desgana, se hubiese puesto en la tercera. Pero no. Todos los días, menos hoy.

Pero hoy es, precisamente, el día que ese décimo es premiado. Hoy. Porca miseria.

(Publicado en sociedadanonima.org, hace un ratico)


La muerte para todos, pero a cada cual su muerte. Al fin y al cabo, el sol nos calienta, a pesar de todo, los huesos” -- Albert Camus, La ironía


Plog: Puto Blog.


Descubro esta mañana que llegan a Unsociability varias visitas procedentes del blog de Kowalinsky, a raíz, sin duda, de su comentario el pasado viernes titulado "Corolarios para un Viernes noche" y que en su quinto punto decía en referencia a este plog: «5.- Unos dan pena [...]», sin entrar en mayores detalles.

Así que, agradeciendo de antemano la mención, sirva este comentario como devolución cordial e improvisada de visitas, que aunque su plog, de acuerdo a su criterio (y limitándome a él), sea (también) una mierda (y es que lo de dar pena se nos queda a ambos como que corto, oígame), hoy es lunes, estoy cansado y tengo pocas ganas de gilipolleces. Si a mi me da igual, sólo que si hay ganas de tocar los cojones, yo el primero, aunque sea sólo por joder; y discúlpenme el vocabulario, que a mi eso de sembrar de joder, puto y capullo (entre otros) mis posts no es que me vuelva loco -pero tampoco me disgusta-, pero es que además de cansado, me he levantado susceptible.

(Qué tedio de existencia por dios)


Aquí debería haber, según todos los indicios, una foto de mi polla. Sí, no se sorprendan. Repito: una foto de mi polla. Pueden ver el enlace anterior para más detalles, si no se fían de mí (hacen bien). Sí. Vayan y vuelvan. No me pregunten el porqué, aunque créanme que entiendo -no, tú no entiendes nada- y me hago partícipe del fastidio y decepción que muchos de ustedes están sufriendo al leer estas líneas sustitutivas del esperado, que no ansiado, documento gráfico. Discúlpenme asimismo la ausencia de distinción de géneros que he adoptado, quede claro que por supuesto, me refiero en todo momento tanto a ellos como a ellas.

La cuestión no es que tenga cosas mejores o peores que hacer que ir fotografiando mi miembro viril y exponiéndolo a las miradas de propios y ajenos, que aparte de machacar la inmerecida reputación de miembro individuo honorable y respetable de la comunidad que cargo sobre mis espaldas, nos serviría a ustedes y a mí de divertimento. No. Simplemente, es que no dispongo de tiempo ni, principalmente, los permisos necesarios para tan honrosa y provechosa tarea, por lo que ha de limitarse uno a dar pases privados y personalizados, que resultan mucho más interesantes para ambas partes: ustedes y yo.

No obstante, me veo en la necesidad de anunciar que de momento, y sin que se espere un cambio a corto, medio o incluso largo plazo, la agenda de mi persona y por ende, su apéndice reproductor -ya saben ustedes de qué hablo- se encuentra llena -la agenda-, por lo que con gran pesar por mi parte no me queda otro remedio que, con vistas a aplacar las posibles motivaciones onanistas que se hallasen tras esta visita, dejarles con un enlace más acorde con las expectativas creadas, y que les resultará sin duda de mucha mayor utilidad.

Vayan ustedes en paz. O como sea.

(Cuánto ingenuo)


Aquí sigue sin haber la foto de una polla.

¡Largo, chucho!


(Para la gente que *realmente* me lee, sólo quería apartar las moscas. Véase anterior post para más detalles)


(Si vienes únicamente por lo de la foto y nada más, puedes pasar directamente y sin ningún problema al siguiente post)

Ahora que parece que empiezan a menguar las hordas de pervertidos lectores -gente en busca de la foto de una polla, concretamente- que graciosamente me ha mandado a lo largo del día El Abuelo (joder, pues no hay ninguna foto de ninguna polla, sólo un montón de letras), y que probablemente no habrán leído más de cinco líneas del post que le he dedicado -una pena, me gustaba como me había quedado-, había decidido, ahora que como digo nos hemos quedado los de siempre, continuar con mi campaña de popularidad y explicar en detalle porqué estoy de acuerdo en que los becarios *no* (sí, he dicho no) tengan paro, entre otras cosas, pero he pensado que ya tengo bastantes amigos por el momento, así que no (sí, de nuevo, he dicho no) voy a hablar de ello. Sujeten a sus fieras, ya les daré carnaza otro día.

La segunda opción era hablar del concursete de blogs "patrocinado" por 20minutos, y nótense las comillas, porque no sabe uno quién acaba patrocinando a quién, pero después de la mierda que hubo el año pasado en torno a él -ahora Nepomuk y ESDLV asomarán el hocico como ratas- y después de lo patético -hay mejores calificativos, pero no me apetece buscarlos- que resultó el ganador por parte del jurado («Me llamo Rafa (15.02.74). Tengo la polla super grande. Mi otra web se llama www.micabeza.com. Quiero ser eZcritor de éxito» ¡Guau, pero qué transgresor! No me jodas anda...) y lo poco original que resultó el ganador por parte del "público", he decidido también en este caso que uno es ya bastante cerdo como para revolcarse aún más en la mierda, y menos en la ajena.

Así que finalmente, he decidido hablar de una cosa que probablemente sólo me interesa a mi, aunque confieso que no estaría mal sentir algo de remota empatía: cómo de hasta los cojones las narices estoy de las películas de animación por ordenador. Lo admito, yo solía ser un acérrimo seguidor de tales films. Toy Story, Ice Age, Toy Story 2, Los Increíbles, Bichos, Antz, Shrek, Buscando a Nemo, Monstruos S.A.... Vamos, que por lo general me gustaban todas; de hecho, iba al cine con la decidida intención de ver esas películas. Supongo que al principio, aquello suponía una novedad, y había efectivamente saltos de calidad entre diferentes películas. La primera que me perdí fue, si no recuerdo mal, una de tiburones, en apariencia bastante flojilla. Luego creo que fue la de los pingüinos de Madagascar, y en adelante, creo que no he vuelto a ver ninguna película de animación por ordenador... ni ganas.

Porque estoy harto de los putos peces, de las putas ardillas, de los putos osos, de los putos mapaches y de las putas mismas historietas de tres al cuarto de animalitos subnormales y graciosetes que están saliendo últimamente en la cartelera como setas. Ganas tengo de ver cuánto tardan en matar a la gallina de los huevos de oro, ahora que parece que tienen el cuchillo bien afilado.


ChristieNo sé si estoy atravesando un proceso gripal -me encanta esa expresión-, estoy a punto de entrar en él, o estoy ya saliendo sin casi haber entrado. El caso es que ya sé que lo que acabo de decir no tiene nada que ver con la imagen de la izquierda, pero me sirve de justificación por si lo que voy a decir resulta ser una argumentación débil, estúpida o incoherente, o incluso para el caso en el que ni siquiera merezca el denominativo de "argumentación". Que es, a la postre, y vista la falta de lucidez que estoy sufriendo, el caso más probable. Léase el párrafo anterior como "excusa".

La cuestión es que cuando miro la fotografía de la izquierda, en la que un grupillo de gentecilla -en el mismo sentido que ustedes y yo somos gentecilla- con aspiraciones, enfundados en su respectivos trajes, se aferra a sus respectivos teléfonos debajo de una enorme proyección de un cuadro de Klimt, siento un poco de asco. Pero el problema es que no se exactamente el porqué. No sé si es porque me jode, hablando en plata, que alguien sea capaz de pagar unos cuantos cientos de millones -a veces de euros, a veces de pesetas- por un Van Gogh, un Picasso o cualquier otra obra y pueda por ello disfrutarlos en privado, negándonos su disfrute a los demás. Pero luego lo pienso y bueno, que alguna obra de arte me sea inaccesible -en directo- a mi o a millones de personas, sinceramente, no supone tanto.

No sé, por el contrario, si siento asco porque en estas subastas se traten las obras de arte como meras inversiones, con la simple idea de obtener un bien revalorizable a corto, medio o largo plazo. Una cosa es que alguien tenga la pasta para colgar un Monet en su comedor, y otra que lo meta embalado en la caja fuerte de un banco para venderlo unos años después y ganar así unos milloncetes. Aunque básicamente la situación es la misma que la anterior -es decir, ni ustedes ni yo olemos ni de lejos la obra en cuestión-, siento por esta opción una mayor repulsión. Supongo que de alguna forma, entiendo que el autor de cualquier obra de estas pone en ella su esfuerzo y talento para que el resultado final sea contemplado, admirado, disfrutado de algún modo, no para que sirva como simple mercancía financiera. Aunque también es verdad que nadie me ha dado parte como guardián de los deseos y aspiraciones de los artistas.

Y por último, no sé si siento asco por la perversión moral y social que supone una escala de prioridades en la que un cuadro o una escultura se vende y se compra por el mismo dinero con el que vivirían durante toda su vida muchos miles de personas que mueren todos los días... y eso nos parece a todos tan normal. Pero también es verdad que, si me mirase el ombligo, probablemente encontraría muchas cosas, entre ellas este portátil, completamente innecesarias y con las que mucha gente podría vivir durante varias semanas o meses... y también lo encuentro tan normal.

En definitiva, que una vez puesto sobre el papel lo que se me pasa por la cabeza al ver la dichosa fotografía, sigo sin ser capaz de decidirme cuál de todas es la principal razón por la que la visión, como decía, de esos yuppies, o aspirantes a, sobre la proyección de un cuadro de Klimt, me parece desagradable. Y yo no estoy con ganas ni ánimo de averiguarlo.

Así que vayan ustedes a saber.


(Directamente desde youtube)

Una televisión rusa hace una entrevista después de que en una mina rusa haya sucedido un accidente muy grave. Las causas del accidente las achacan al consumo abusivo de alcohol en el puesto de trabajo.

La pregunta del periodista decía: ¿Puede usted negar con determinación que se beba alcohol en la mina?



Yo pensaba poner aquí un comentario chorra sobre zapatos y tal, incluso sin el tal, pero dice la mujer que tengo acostada a mi lado que no quite el video que puse el viernes, que en todo momento según su opinión, viendo los comentarios -bastante efusivos, también en su opinión- está teniendo bastante éxito.

Así que, sin pretender que esto me sirva de excusa para no tener que escribir algo nuevo, y confiando en que mi palabra sirva de garante de lo anteriormente dicho, he aquí, directamente desde youtube...

... una televisión rusa hace una entrevista después de que en una mina rusa haya sucedido un accidente muy grave. Las causas del accidente las achacan al consumo abusivo de alcohol en el puesto de trabajo.

La pregunta del periodista decía: ¿Puede usted negar con determinación que se beba alcohol en la mina?


(Mañana escribo algo, y si no, que se me caiga la minga a trozos)


Ella coge la quiniela, sin demasiada convicción, y tú empiezas a cantar, sin demasiada convicción; también. Tú cantas y ella tacha. Equis, dos, uno, equis, dos, uno, uno, equis... este aún no ha acabado, y... y aquel creo que era una equis. Llegas al final y con él, llega la recolección, y teniendo en cuenta que lo más que una vez acertaste era una de ocho, no es lógico esperar milagros. Y no es, desde luego, porque sea la primera vez que haces una quiniela. No, no es cuestión de número de intentos.

Así que empiezas a contar los círculos de la quiniela: uno, dos, tres, cuatro, cinco... y diez. Y tú casi ni te lo crees, pero estás contento. Con una de diez cobras poco, sí, pero cobras. Medio euro. Un euro. Dos euros a lo más, con mucha suerte, con muchísima. Algo es algo. Menos da una piedra, y todo eso. Poco dinero, pero es después de todo un triunfo moral, un triunfo de la lógica sobre el azar, un triunfo del hombre sobre el señor de los dados. Una de diez. Un triunfo de nosotros sobre Loterias y Apuestas del Estado. Ja.

Sí, claro. Y una mierda.

«Según la norma 6ª.6 de las que regulan los Concursos de Pronósticos, cuando a los acertantes de Quinta Categoría (10 aciertos) correspondiese una cantidad inferior a UN euro, estos no lo percibirán y el fondo destinado a esta categoría incrementará el de la Categoría Especial del Concurso que designe Loterías y Apuestas del Estado.»

Desde luego, qué ijosdeputa miserables.


El tema es casi de risa. O quizá no, si uno piensa en lo que nos estamos jugando: manejar este país.

Bien. Pues resulta que al PP, en el afán divulgativo que le caracteriza, le ha dado por hacer un video "promocional" que refleje cómo está el tema de la seguridad en este santo país (España), y no para precisamente sugerir nuestra similitud con Oslo -no tengo ni pajolera idea de la tasa de criminalidad en Oslo, pero imagino que muy alta no debe de ser-, cosa lógica por otra parte, tanto porque no nos parecemos, como porque ellos pretenden que lo tengamos claro. Como también es lógico, los responsables del susodicho partido contrataron la realización del citado "documental", "anuncio", "publirreportaje" o loquesea a una productora "especializada" -cuántas comillas, hay que ver, y es que hay tantas cosas que no sabe uno cómo llamarlas...- en este tipo de productos. También es cierto que si tenemos que dejarle esa tarea a Zaplana, Acebes et al., puede salir cualquier cosa.

Que es, en realidad, lo que ha salido, porque al parecer, en el vídeo resultante no sólo hay imágenes actuales, sino que además hay, admitido por el propio PP, imágenes de la etapa de Aznar y no de manifestaciones pacifistas, así como, según denuncia esta vez el PSOE, imágenes de Medellín (Colombia), que no es, como todo el mundo sabe, el paraíso de la calma y la seguridad, sino más bien todo lo contrario.

Así que, en definitiva, uno se pregunta si es que los gañanes de la productora -oloquesea- contratada no han sido capaces de encontrar imágenes actuales de la tan cacareada inseguridad ciudadana, y por ello han tenido que recurrir a imágenes del extranjero y otras legislaturas... del PP. Que bien visto, tampoco les habría resultado muy difícil en los tiempos en que vivimos, porque nadie se le escapa que inseguridad ciudadana, haberla, hayla. Por último, como corolario a todo esto, es difícil no pensar que, o a) en el PP creen que en este país somos gilipollas, o b) en el PP son gilipollas. Así que juzgen por ustedes mismos.

Para el hipotético caso de que sea "a)", somos gilipollas, sí, "señores", pero no *tanto*.


Me complace anunciar que con el siguiente post en Infumabilidades (no me des las gracias, tonto), he sido nombrado -no oficialmente- el peor blog de la blogosfera:

«Un amigo me pasa el enlace al peor blog de la blogosfera. Perpetrado por un tan SebastialDell, ególatra confuso y desorientado con cara de pocos amigos -entiéndase de forma literal-, esta caricatura raquítica del Toni Cantó recién salido del armario aburre a las ovejas con otro mierdiblog de autoadulación frenética.»

No puedo dejar de admirar la caracterización lograda, tanto a nivel físico como psicológico, y agradecer el tiempo dedicado y el enlace a mi más que patética autobiografía (nota: lo de "patética" es mio), así como incidir en el imaginativo lenguaje que su autor emplea, a pesar de lo burdo y tosco que pueda parecer a los no iniciados. Yo pensaba, a pesar de mi infinita egolatría, que ser *el peor* sería algo más complicado, y que, aunque la calidad escasea en los posts de estos últimos días, semanas, meses o incluso años, la competencia para ser el pésimo, el más peor, sería dura. Pero no.

Yo soy el peor. De todos los millones de blogs del mundo, soy, simple y llanamente, el peor. No me jodan que no es para estar orgulloso. ¡Estoy *tan* contento! Eso sí, aunque soy, como decía, *el peor*, yo no soy el más gilipollas. Con cariño, donde esté un profesional (no me des las gracias, tonto), no hay lugar para aficionados.

(Se disculpa al autor el error tipográfico en "SebastianDell", que se entiende motivado por el nerviosismo del momento y la falta de capacidad intelectual)


Porque busco tus besos y tus caricias, y no encuentro nada.
Porque busco tus labios, tu boca, tu lengua, y no encuentro nada.
Porque busco tus manos, tus pechos, tu sexo, y no encuentro nada.

Porque te busco en la cama debajo de las sábanas, y sólo encuentro vacío.


No tener pagas extras me tiene mártir, las he tenido toda mi vida y las echo de menos en Navidad y en verano. No es que haga números a final de mes; ¡es que muchas veces no llego!” -- Esperanza Aguirre, presidenta de la Comunidad de Madrid



Yo es que no sé ni como llamar a algunas cosas, así que voy a dejar que sean ustedes los que pongan el calificativo que más les apetezca...


Si es que ya lo decía Einstein, sólo hay dos cosas infinitas: el universo y etc...

(Y que no hay mayor conjunto de majaderías con nombre y apellidos que el libro Guiness de los Records...)


Ya se lo decía yo a Ultrasónica en un comentario. Que si sólo meo -y cago- en mi casa, que si hay un pelo en la sopa, que si este vaso está sucio, que si no bebo de tu vaso que me da asco, que si esto, que si lo otro, cuando luego a las primeras de cambio, os metéis cualquier cosa en la boca...


Si hay alguien interesado en conseguir Valium, Vicodin, Viagra, Tramadol, Ultram, Phentermine, Xamax, Fioricet, o Adipex, que me lo diga. Vista la cantidad de ofertas que me llegan al blog y al correo personal, no tardaré mucho en montar una farmacia de venta al por mayor.

Y además esto es todo por el fin de semana. Buen sábado y mejor domingo.


Es la una y veinte de la madrugada. He fregado, he cenado, he llamado para quejarme a ONO y arreglar el problema sin su "ayuda", he revisado facturas del mes, he sacado de paseo a la nueva inquilina del piso (sí, técnicamente, ahora vivo con dos hembras), he escrito esto, y aún no me he metido en la cama, pero lo estoy deseando. Y eso que ni siquiera me he puesto a planchar (mañana, mañana). Y eso que no he puesto ninguna lavadora (mañana, mañana). Y eso que he cenado lasaña precocinada. Y eso que para todo eso, somos dos.

De verdad, que no os tomen el pelo. Esto de la independencia emancipación está sobrevalorado. *Muy* sobrevalorado.


Y parece fácil y todo.


[Vía Por fin es viernes]



-= Dimito =-

Estoy cansado. Cansado. De levantarme siempre antes que él, de estar siempre listo para lo que él quiera y cuando él quiera. De pasar todo el día esperándole, y que cuando por fin lo hace no me dedique más que unas pobres miradas. Harto de su narcisismo, de que me hable sólo para oír su propia voz, de vestirme como él quiere y de ser simplemente uno más en su vida.

En resumen, hasta las narices estoy de hacer todo lo que a él le da la gana. Dimito. Que se busque otro espejo, a la mierda.

(Texto publicado el pasado 23 de noviembre de 2005 como colaboración en Futuro Perfecto, el anterior blog de Nadie. Y es que no somos nadie.)


EsaMauro oía voces. Voces de todo tipo: agudas como el silbido de un tren y graves como el carraspeo de un abuelo. Autónomas, independientes, emancipadas, decenas, cientos, en ocasiones miles de voces, todas dentro de su cabeza, manteniendo conversaciones, discusiones, monólogos que ni él mismo era capaz de recordar. Cuando daba la casualidad de que su atención se centraba en una de ellas, a veces estaba de acuerdo con lo que oía, y a veces no. A veces no. Tengo mucho majadero aquí dentro, pensaba en ocasiones. Y en otras ocasiones, todo lo contrario. Algunas de ellas opinaban que habían estado toda la vida ahí dentro, y que además lo merecían, mientras que otras, aquellas con una vocación más médica, pensaban, con mucho criterio según ellas, que lo que le pasaba a Mauro no era del todo normal. Pero claro, el instinto de supervivencia tira mucho, y eso siempre se oía allí por lo bajini.

Eso no es normal, Mauro, le repetía todo el mundo constantemente; su mujer, sus hijos, sus amigos, sus compañeros de trabajo, el quiosquero y el panadero, la mujer del quinto, la del cuarto y "esa" (ñam ñam, pensaban casi al unísono todas las voces masculinas de su cabeza al verla). Cualquier persona se creía con derecho a decirle que debía hacer algo con aquello. Y eso que M. era, en apariencia, totalmente normal. Incluso algunas de las voces le habían dicho en cierta ocasión que aquello no era lógico, pero como se ha dicho, el instinto de supervivencia es una poderosa razón para mantener el pico cerrado.

Así que, más por cansancio que por deseo propio, Mauro fue al psiquiatra, y esto fue lo que pasó (transcripción no literal y abreviada):

Psiquiatra Así que al parecer usted oye voces, ¿no es cierto?
Mauro Pues sí, oígo voces. Cientos de voces, miles de voces, en todo momento, dentro de mi cabeza, hablando, riendo, cantando, discutiendo, gritando. Ni siquiera sé cuantas hay. Supongo que usted no oye voces.
Psiquiatra No, Mauro, yo no las oígo.
Mauro Jamás sabrá cuánto le compadezco.

Con este breve y cortante comentario, Mauro se levantó, mientras se escuchaba un grito unánime de alegría dentro de su cabeza (es cierto que alguna discrepaba). Y todas sonreían allí dentro. Todas. Todas, incluída la voz que Mauro creía propia...

.. y la del psiquiatra.

(Publicado en sociedadanonima.org, hace unos instantes)


Supongamos que una Diputación Provincial convoca una bolsa de trabajo. Con temario y todo eso, y lo publica en el Boletín Oficial de la Provincia en cuestión. Qué lindo, el BOP, oficial (y caballero). Para vamos a suponer, veamos.... una bolsa de trabajo para una plaza de psicólogo, sí, eso nos vale. Una bolsa de trabajo para una plaza de psicólogo en un Hospital Provincial. Supongamos eso.

Ahora continuemos suponiendo que una vez está fijada la fecha del examen y el temario, que probablemente mucha gente esté ya estudiando, unas semanas después a la susodicha Diputación le da, de buenas a primeras, por ampliar el plazo de admisión de solicitudes, y cambiar ligeramente el temario. Entiéndase "ligeramente" como absolutamente todo el temario, desde leyes a material específico de psicología. Básicamente todo el enfoque de la materia objeto del examen. ¿Se han fijado ustedes lo bien que me expreso?

Sigan conmigo suponiendo que, después de todo esto, van ustedes al examen, habiendo estudiado poco, nada, mucho o demasiado, y se encuentran con un ridículo examen de 30 preguntas tipo test (ya saben, A, B, C o incluso D) a realizar en cuarentaycinco minutejos. Y para acabar supongan además, que gran parte de las preguntas no tienen ninguna relación con la tarea que habitualmente desempeña un psicólogo. Ninguna. Como por ejemplo, principales factores de riesgo del cáncer.

A lo mejor es que yo soy un mal pensado, no lo niego, ¿pero están ustedes de acuerdo conmigo en que esto huele un poco mal? Léase como esto da un poco de asco.

(Ya saben, también en sociedadanonima.org)