A partir de ahora, se ha acabado el Estatut. Se han acabado la huelga de los agricultores. Y las de los mineros, los astilleros y la madre que los parió (que me dejen algo que a mi también me gusta chupar del bote). Se han acabado el terrorismo etarra los problemas de la vivienda y la falta de agua.

Ya da igual si Cataluña decide unilateralmente independizarse, y lo mismo hacen los vascos, los gallegos, los canarios y hasta los extremeños, todos a la vez. No importa si los agricultores levantan a azadones el asfalto de la Nacional-III o les da por cultivar patatas en la Autovía del Mediterráneo. O si mañana la vivienda sube un 200%, hay un atentado nuclear en esta mi santa ciudad, Valencia, o no vuelve a llover nunca más. ¿A quién le importa, qué más da? España está feliz, España está contenta. Porque Leonor ya ha llegado, porque Leonor ya está aquí.

Aprovecha, Zetapé, ahora que no hablan de ti. Ya sabes, ¡bola extra!

(Vaya, lo que son las cosas, hasta yo he acabado hablando de la prima Genita. Que asco.)


No me gusta leer críticas de películas antes y/o después de haberlas visto, porque luego no sé hasta que punto mi opinión es independiente. Intentaré profundizar en mis propias sensa... bueno, más bien procuraré no repetirme mucho.

Ayer, Serenity, un western de ciencia ficción que llega mucho más lejos, en muchos aspectos, que la segunda y aburrida trilogía de Star Wars (digan lo que digan). No será la película del año, pero tiene un guión interesante, unos efectos especiales bien llevados -y de los que no se abusa-, y unos protagonistas a la altura. En conjunto, bastante -me atrevería a sustituir ese bastante por un muy, pero no quiero demandas por daños y perjuicios- recomendable. Si te gustan las películas de ciencia ficción, claro.

Hoy, Flores Rotas, con Bill Murray. Y aquí no puedo por menos que seguir al menos en parte las palabras de Borja Hermoso en su blog acerca de este actor: «No sé si Bill Murray es un genio o si se queda con todos nosotros». Y es que cuando ves que pone esa inexpresiva cara de tonto, de bobo, durante minutos y minutos, llegas a preguntarte si sabe poner otra cara. Y el caso es que sabe, pero desde luego consigue hacerte dudar de vez en cuando. La película, extraña, como todas las que hace últimamente (Life Aquatic, Lost in Translation, Los Tenenbaums), o yo diría que incluso un poco más. Llena de silencios, de situaciones absurdas, situaciones quecoñohagoyoaquí, situaciones llenas de Bill Murray. Y dicho eso, está dicho todo. Porque tengo poco criterio con este tipo: todo lo que hace me gusta. El problema es que esta -como por ejemplo Life Aquatic- es una de esas películas que si la recomiendas, luego todo el mundo te asalta con aquello de que se han gastado seis euros en eso por tu culpa. Así que he decidido no recomendarla; no vayas a verla. A mi me ha gustado, pero a ti no te gustará. Total, es sólo Bill Murray. Hazme caso, que luego no queremos sorpresas. Ni tú, ni yo.


Una noche de hace muchos años, yo estaba solo, entré en conversación con el diablo (o eso decía él que era). Me propuso el habitual pacto de cederle mi alma a cambio de algo. No tuve que pensarlo mucho, mi alma es algo a lo que no doy un gran valor.

Le pregunté cual era el cambio usual en estos casos, fama, poder, riqueza, me contestó, eran los deseos más demandados. Yo le dije que no me interesaba nada de eso, le pregunté si me podía dar, más bien, respuestas. Él me contestó que sí, que podía responder a cualquier cosa que yo le preguntara. Entonces pensé que tenía un problema, por que yo no sabía cual era la pregunta.

El diablo, que no recuerdo ahora como se hacía llamar, lamentó entonces no poder ayudarme, me dijo que si no había pregunta, no había respuesta. No quiso formalizar el trato.

- ¡Espera!, le grité antes de que desapareciera. - Si no puedes comprarme mi alma, te la regalo. Tú dame cualquier cosa.

No me enteré como terminó el asunto al final.

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Esta es una de esas colaboraciones que llevaba algún tiempo queriendo satisfacer. El blog de Pnac, de cuyo autor es este texto, no sólo me gusta; me encanta. Es más, es que creo que le he cogido cariño, al blog y a su autor (tonterias las justas), a pesar del exceso de modestia de su autor (Y cuando uno ve como escriben otros, le dan ganas de dejar de hacerlo, para que lo hagan los que saben). Gilipolleces. Un gran blog, si señor. Un blog cojonudo.


Comenté el otro día que me encontraba en un dilema y no sabía si irme el fin de semana -o lo que me quedaba de él- al pueblo (y lo repito, pero qué rural queda eso) o quedarme en Valencia. Ya sabéis cual fue mi elección. Pero antes, tuve que parar en una gasolinera. Dicho a modo de película de Antena3 del domingo por la tarde, lo que sigue a continuación es la narración de los hechos que acontecieron esa noche (o más bien, de diez minutos de esa noche en los que casi no era ni de noche).

Llego a la gasolinera sobre las ocho y media. Ésta está partida en dos por la carretera, de modo que en un lado se encuentran los principales servicios y en el otro, sólo algunos surtidores (la verdad es que la palabra surtidor me evoca más la Fontana di Trevi que una gasolinera). A esta última parte es donde voy yo, condicionado por el sentido y dirección de mi destino (el infinito y más allá... o casi). Paro y bajo del coche, pero allí no hay nadie, y sé que no es autoservicio. Uno, dos, tres minutos... y cuando estoy a punto de irme, aparece una chica con el uniforme de Repsol -creo, porque la verdad es que la vestimenta tampoco es que fuese la monda de interesante- jugándose la vida cruzando la carretera. Buenas noches, Buenas, noches, treinta euros, por favor. Silencio. La miro disimuladamente, para variar, o al menos lo que yo pienso que es mirar a alguien disimuladamente. No recuerdo si ella me mira, pero supongo que no. Es atractiva, aunque el uniforme no es que le favorezca demasiado. Me gusta el piercing que lleva en el labio. Llega un camión y le pregunto si quiere que siga yo, pero me contesta que no me preocupe, que él puede esperar, que va a llevarle un rato. Sonrie. Sonrio. Bueno, como quieras y espero a que acabe.

Treinta euros. Le pago, levanto las cejas indicando un bueno, ya está y añado un hasta luego por lo bajini, a lo que ella contesta con algo parecido. Arranco el coche y me encamino a la salida de la gasolinera, despidiéndome de nuevo cuando paso a su lado. Pero como mi coche se cala si en los treinta segundos después de arrancar no lo mantengo acelerado sobre las 3000 rpm (sí, está pendiente de que lo lleve al taller), esto es lo que se le ocurre hacer justo cuando me paro en el stop. Lo arranco, lo acelero, y sin pensarlo demasiado, doy marcha atrás 15 metros, me pongo a su altura e intentando parecer valiente, Perdona, no hago esto muy a menudo -eso es verdad- pero me preguntaba si te apetecería ir al cine o a tomar algo algún día. Sí, claro, cuando quieras. No era la respuesta esperada -pero si la deseada-, así que balbuceo un Bueno, pues me paso por aquí y hablamos. Me despido, ruego a Tutatis para que el coche no se cale ahora, y enfilo la carretera de Madrid.

Y como le había dicho, me pasé por allí al día siguiente y nos intercambiamos los móviles -los números, graciosos- aparte de unas pocas palabras, aunque sólo fuese para cerciorarme de que no lo había soñado. Y ahora estoy decidiendo si película, si cerveza, si viernes, si sábado, si tarde, si noche, si cena, si no cena, si le llamo hoy, si le llamo mañana, si los Pepe's si los Lois, si la naranja o si la azul, si me paso a verla, si no me paso, si Kinépolis o si ABC (si cine equals true) y si italiano o no (si cena equals true). Entre otras. Lo que, con mi indecisión, puede ser algo que me lleve horas e incluso días.

Y hasta aquí puedo leer. No sé si os parece un poco raro, probablemente sí, pero bueno, yo creo que no es tan salvaje. Tampoco es que tenga muchas ganas de meterme en líos últimamente (siento mucho que alguna persona lo haya tenido que comprobar personalmente) por ahora, pero creo que al menos puede resultar divertido -para ambos- y quién sabe qué más. Al menos podré decir que al menos una vez en mi vida he hecho caso del típico El no ya lo tienes, porque desde luego, con las mujeres soy un cobarde, aunque cada vez me dais menos miedo ;). Y esto me hace pensar que tengo que empezar a hablar menos de mí y más de loquesea mientras no sea yo. Que me aburro de y a mi mismo. Ah, y empezar a pensar, que tengo muchas cosas que decidir.

Esto me recuerda que La Mujer Tirita hablaba hace unos días de estas situaciones en las que nos cruzamos con alguien que a simple vista nos atrae, nos parece interesante, o simplemente nos mantiene la mirada unos segundos más que los demás. A mi esta vez me ha salido bien, aunque ya veremos.


Tenemos la costumbre de decir que mañana es el día que nos encontramos, por decirlo de alguna manera, al despertamos por la mañana o cuando quiera que nos levantemos del, habitualmente, descanso nocturno. La siesta no cuenta. Aún no me he acostado, por lo que según eso aún no es mañana. A pesar de ello, técnicamente, mañana puede considerarse como el intervalo de veinticuatro horas que empieza a las doce de la noche de cada día. Así que, estrictamente, hoy ya es mañana (¿?), así que entre pitos y flautas me complace anunciar que hoy y mañana es mi cumpleaños.

¿Qué cuántos?


Y no tengo nada más que decir por el resto de hoy. Quizá mañana diga algo, aunque a estas alturas, ya no tengo demasiado claro, qué es hoy y qué es mañana. A todos vosotros, Feliz feliz no cumpleaños les doy les doy. Ale, buenas noches y hasta... pues eso, que buenas noches.

(Sí, ya sé, para el post del día de mi cumple podía haber pensado algo mejor, pero qué queréis, ¡es mi cumpleaños!)


He decidido que hoy me voy a regalar el silencio. O al menos, este silencio.

Me voy al cine. Mañana, más.


El otro día en el "debate", por llamarlo de alguna manera, del Estatut, algún interviniente mencionó un fragmento de la siguiente cita, y la atribuyó a Bertol Brecht:

«In Germany they first came for the Communists and I didn't speak up because I wasn't a Communist. Then they came for the Jews, and I didn't speak up because I wasn't a Jew. Then they came for the trade unionists, and I didn't speak up because I wasn't a trade unionist. Then they came for the Catholics, and I didn't speak up because I was a Protestant. Then they came for me -- and by that time no one was left to speak up.»

[En Alemania primero vinieron a por los comunistas y callé porque yo no era comunista. Entonces vinieron a por los judíos, y callé porque yo no era judío. Entonces vinieron a por los sindicalistas, y callé porque yo no era sindicalista. Entonces vinieron a por los católicos, y callé porque yo era protestante. Entonces vinieron a por mí -y para entonces no quedaba nadie que pudiera hablar por mí.]

Pues bien, como le comenté a P., esta impresionante cita no es de Brecht, sino del reverendo Martin Niemöller.

(Y no, aún no he visto Match Point, aunque no depende de mi. Quiero eludir esa responsabilidad, así que no os prometo nada.)


Ayer ví La novia cadáver, y hoy, teniendo en cuenta la petición popular -tampoco tenía demasiadas alternativas- he visto Match Point. Después de esto, no me queda mucho por ver que me interese, la verdad. Más que la "crítica" de dos películas, puede decirse que esto es la crítica de dos directores, porque ambas representan de manera bastante fiel las características del cine de cada uno de ellos tal y como yo los veo.

Primero, Tim y La novia cadáver. Qué puedo decir, y con eso creo que ya lo he dicho todo. Es una de esas películas en las que desde el primer fotograma hasta el último estás alucinando con lo que ves, y deseando que no acabe. Me parece sorprendente que con muñecos (¡muñecos!) pueda alguien hacer una cosa tan impresionante como lo que ha hecho Tim Burton. Todo, absolutamente todo, me pareció genial. Los personajes, sus movimientos, sus caracterizaciones, el guión, la música, el color, la imaginación y la fantasía que impregna toda la película... todo, sin excepción. Una auténtica maravilla.

Ahora, Woody Allen y Match Point. Se suponía que tenía que ir al cine con cierta persona, pero también esta vez el plan se cayó de la agenda y tuve que buscar un sustituto -a falta de fémina- que sabía que no pondría pegas a la película. Me ha sorprendido, cuando estaba buscando la imagen para el comentario, que en la web oficial de la película aparezca como Coming Soon To Theaters. Me pregunto si es que aún no se ha estrenado al otro lado del charco.

Bien. Así como Tim Burton siempre ha conseguido cautivarme con sus películas -y como he dicho, la última no es una excepción- , Woody Allen nunca ha sido santo de mi devoción. Y su última película es sólo una más en esa dirección; es realmente impecable, tanto el guión, espléndido, como la caracterización, realmente magnífica, de todos los personajes. Todos ellos lo hacen bien, y la película dice en cada instante lo que el director quiere que diga; el mensaje queda perfectamente -demasiado, incluso diría yo- claro en todo y cada uno de los los momentos. No obstante, la película me deja frío; frío no, helado. No me dice nada, pero nada de nada. Sólo una escena de Scarlett Johansson, de apenas medio minuto ha conseguido despertar algún tipo de interés, y eso, sobre un total de dos horas, me parece en verdad un pobre balance. No conseguía, por más que lo intentaba, entrar en la película, que me parece más la obra técnica y precisa de un delineante que el cuadro imperfecto y personal de un pintor. La película es limpia, como todas sus películas, pero en grado extremo: es aséptica, impoluta, perfecta. Y quizá sea esta perfección, presente incluso en la belleza de los rostros de los personajes en este caso, esta asepsia, lo que hace que la obra de Woody Allen nunca haya acabado de convencerme, y que lo considere, en contra probablemente de cualquier persona entendida en cine, un director sobrevalorado. Y es que ya lo he dicho, este tipo no me dice nada; no recuerdo que nunca, en ninguna de sus películas, haya sido capaz de emocionarme ni por un momento. Y esta película no es una excepción.

Así que resumiendo, La novia cadáver no me importaría verla diez veces más si tuviese la oportunidad, mientras que Match Point no la vería otra vez a no ser que fuese necesario. Para que luego digan que me pliego a la opinión de la mayoría.


Como suele pasar cada vez que detienen o enjuician a algún ex-dictador -o no tan ex-, y a raíz de la detención de Alberto Fujimori por parte del gobierno chileno (bien por ellos, aunque ya veremos como evoluciona el tema) a causa de la extradición solicitada por Perú, hoy han aparecido en televisión varios defensores de un sujeto que fue un asesino, un corrupto, un criminal, un hijo de puta. No un ijodeputa, no. Un hijo de puta.

Dice la Wikipedia que «El síndrome de Estocolmo es un estado psicológico en el que la víctima de secuestro, o persona detenida contra su propia voluntad, desarrolla una relación de complicidad con su secuestrador». Pues bien, me preguntaba yo esta noche si podría afirmarse que, de algún modo, todos aquellos que defienden a Fujimori, a Pinochet, o los que piensan que con Franco se vivía mejor, sufren de este síndrome. Y siendo que hace mucho que aprendí a no juzgar los comportamientos de las personas, y mucho menos el de los pueblos, en circunstancias vitales e históricas en las que ni siquiera yo sé cómo actuaría, por mucho que lo pienso, no consigo decidirme ni por el ni por el no.

Así que sólo me queda preguntar: ¿Tú que opinas?



Este es mi barómetro personal. Y es que cuando estoy cansado se me ponen los párpados azulados. No se me cae el pelo ni se me ponen negras las uñas ni me duermo de pie. No hablo en ruso chino francés o gaélico. No voy en bicicleta sin manillar ni conduzco con las manos, ni pretendo hacer el pino en el cuarto de baño. No escucho grupos de rock en los museos y no voy por ahí con la espalda desnuda o con los calcetines puestos al revés. No empiezo los libros por la última página, ni leo las palabras de detrás hacia delante, no intento volar y no deletreo cualquier palabra que pronuncio. No duermo con los ojos abiertos ni me ducho dentro de la cama. No utilizo las camisetas como pantalones ni los pantalones como camisetas, no me pongo la ropa interior al revés ni cuento los segundos con los dedos. No suspiro constantemente, no soplo como si me fuera en ello la vida y no pienso en rosas verdes, amarillas o incluso rojas sin necesidad. No salto como una liebre silvestre, ni supongo que soy un aborigen australiano en medio del metro de Moscú. No intento hacerme pasar por un canguro ni por un mafioso siciliano ni por un ejecutivo americano ni por un policía inglés. No me hago trenzas ni tiro de mi pelo para que crezca más rápido. No tengo trastornos de personalidad ni psicosis ni paranoias ni esquizofrenía. No me salen sarpullidos y no me machaco los dedos de los pies con un martillo neumático. No veo el mundo de color rosa, ni de color verde, azul o amarillo exclusivamente. Ni otras muchas cosas que no caben aquí. No, nada de eso. Nein.

Yo sigo siendo tal como soy, pero con los párpados ligeramente azulados, incluso morados si el agotamiento así lo ordena. Tan sólo eso. Quizá debería ir al médico, eso dice mi madre, pero no todo el mundo tiene un barómetro orgánico y a mi me gusta el mio.

No, ahora no estoy cansado. O al menos no más de lo razonable a estas horas. Y sí, este post es un poco raro. Ya lo sé.


El caso es que este blog o bitácora hizo dos años el pasado domingo, pero como estoy en la parra -ya he hablado de eso en alguna ocasión-, y no se por qué regla de tres, yo pensaba que su cumpleaños era este viernes día once. Incluso tenía pensado algo bonito, algo cariñoso, algo tierno, algo de aniversario. Pero no, y ahora ya es un poco tarde, así que esperaremos un año más y entonces diré alguna gilipollez al respecto. Si me acuerdo. Vamos que nos vamos. Sigamos.

Hay un anuncio de televisión que me pone de mala ostia o me deprime, según mi estado de ánimo, aunque también es verdad que la mayoría de veces simplemente pienso qué mierda de anuncio. Probablemente eso pertenece a la parte de la mala ostia, pero hagamos la vista gorda; prefiero esta noche no dejar lugar a la indiferencia. Y ese es el anuncio del Audi A3. Su idea consiste en presentar el transcurso de la vida de una persona mediante escenas, que van asociadas a cada uno de los años, desde su nacimiento hasta aproximadamente los treinta. Pues bien, mi problema es que no me encuentro en el anuncio. Sobre todo a partir de los veinte, oye. Del resto ni me acuerdo ni me importa. Pero no en mi querida veintena, por el amor de dios y la virgen María. Y por mucho que busco, siempre lo mismo. No, no estoy. Porque yo no he frecuentado mujeres y fiestas como las del anuncio. Que lo sé, leches, que me acordaría, seguro. Que no me veo, que no me localizo, que no me sitúo.

Y supongo que es por eso que el anuncio me da rabia. Por esa escena de los veinticinco años, con dos chicas guapísimas que según el creativo de turno debería yo haber conocido por aquel entonces saliendo de un piso que, también según el creativo de turno, debería yo haber tenido también por aquel entonces. Para poder invitar así a las dos chicas guapísimas, claro; y es que una cosa lleva a la otra, todo el mundo lo sabe. Así que en conclusión, creo que al final esto va a ser sólo envidia, simple envidia, pero de la peor. Nada de envidia sana, porque ya puestos a practicar pecados capitales (la envidia es el sexto, niños niñas y pelotitas de goma), hagámoslo con aplicación y esmero.

Ah, y respecto al coche, que es de lo que va el anuncio, pues bien. El A3 me gusta pero no me mata, aunque a estas alturas, y según el mismo creativo de turno, yo ya debería tener uno. Esperaré a que me lo regale, que yo a los regalos no les hago ascos.

Pero sentado; esperaré sentado. Al coche a las chicas y al piso. Aleluya.


Érase yo una noche cualquiera dale que te froto a aquello, cuando apareció. Y yo que pensaba que los genios sólo salían de las lámparas mágicas; esa es la costumbre, digo yo. Sin darme tiempo a que me diese un infarto, me dijo aquello de Soy un genio, me llamo Eustaquio y te concedo tres deseos..

Pensé de inmediato que Eustaquio no era un nombre muy normal para un genio, pero para una vez que venía, no era cuestión de ir tocándole las narices. Hola, Míster Oportunidad. ¿Tres deseos? Vale. El primero, diez deseos más.

...

Y sí, eso harán doce deseos. Así que el segundo, que borres esa cara de genio amargao ijoputa que se te acaba de poner y que sonrías. Y no te pongas tonto. Así, muy pero que muy bien. Vamos, cariño, que ya verás como nos vamos a hacer muy buenos amigos...


Esta noche he visto en televisión una entrevista a Marlango. Antes de nada, que quede claro, a mi la música de esta gente ni me gusta ni me disgusta; no la he oído, e imagino que no estará del todo mal (aunque de ahí a compararlos a Tom Waits, como dice La Mujer Tirita hay un mundo). Pero lo que no entiendo, por más que lo intento, es el porqué de esos ademanes completamente exagerados (la palabra es sobreactuación) de divas del poprockbluesjazz o loquecoño que toque esta panda, y esas pinta de somoslosputosamos que llevaban los tres. De todo ello, sólo me he quedado con una impresión: gilipollas.

Porque que eso lo hagan los Rollings, pues bueno, son Sus Satánicas Majestades y pueden hacer lo que les da la gana. Que lo haga Blur u Oasis, qué quiere que le diga, son un icono del popbritrockoloquesea y además son ingleses y eso les excusa. Que lo haga Paul Weller o Tom Waits, ninguna objeción. Teenage Fanclub o Sonic Youth, pues con la de años que llevan allá arriba, pueden hasta mear frente a la cámara. Pero que estos tres idiotas recién aparecidos vengan con estas, resulta ciertamente ridículo. O más que ridículo, resulta patético. Un poco más de modestia y un poco menos de fachada, por favor.


Me estaba preguntando yo esta tarde de qué manera podría agradecer a mi bro el que me condonase la deuda esa de ochenta (#80.0#) euros que tengo contraida con él. Así, a lo mejor, me puedo hacer una idea, a pequeña escala, del tipo de compensación, del tipo de favores, que va a obtener La Caixa del PSC (Partido Socialista de Catalunya) por perdonarle seis millones y pico de euros que le debía, y dejarle el interés de los siete millones restantes al 3%. Es justo el mismo tipo de interés que me darían a mi; lo mismito. Obviamente, lo que salta a la vista es que nadie regala (más de) mil millones a cambio de nada, y menos que nadie un banco, para quien la pasta es precisamente su negocio. Y no creo que en la Caixa sean tontos; no señor, claro que no.

Confieso que no me quería enganchar con este tema, pero es tan divertido que no me puedo resistir. Encima el señor Montilla, para dar juego, va y se atreve a abrir la boca. Pero que insensato, el catalanocordobés este. Ya lo dice Victoria Prego, estas cosas como mínimo dan que pensar; que pensar mal, muy mal. Muy muy mal. Y con la OPA de Gas Natural por medio y el Estatut catalán en voga, todavía más. Un momento propicio, por supuesto que sí. Ya se sabe lo que se dice: piensa mal y acertarás; y la sabiduría popular es muy sabia. Ah, y por último, señor Montilla, sólo una puntualización respecto a esos «personajes amorales, como Pedro J. Ramírez y Federico Jiménez Losantos». Verá usted, yo no sé si son morales o inmorales, es algo en lo que no entro, pero desde luego, lo que no son, es amorales. Porque amorales son los animales, las piedras y el gas natural, no las personas. Como suele decirse, por la boca muere el pez. Más sabiduría popular, ¿ha visto usted?

En cualquier caso, dejando al señor Montilla en su propia miseria y volviendo a lo de antes, por el momento no encuentro nada sobre lo que mi hermano quiera hacer una OPA hostil y en lo que yo pudiera hacer algo a su favor, así que mucho me temo que me va a tocar pagarle. Y además ya está independizado así que en eso tampoco puedo hacer nada, aparte de que yo ya estoy en los preliminares de mi propia transición hacia el autogobierno y con eso ya tengo bastante. Aunque en mi casa no parece que estén poniendo muchas pegas a mis pretensiones independentistas, la verdad...

Luego me dicen que si soy nosequé porque no me fio ni de los de izquierdas ni de los de derechas. Visto lo visto, como para fiarse, nos ha jodido... Como leí que citaba alguien el otro día al respecto, ya lo dijo aquel genio llamado George Orwell en Rebelión en la Granja,

«Todos los animales son iguales,
pero algunos animales
son más iguales que otros»

Y con esto, creo que ya está todo dicho.


El médico me dijo que lo del dolor este era bastante grave. Pero no, me da que se equivoca, porque después de pensarlo y sentirlo mucho, lo que me parece a mi es que es bastante agudo.


No suelo hacer esto a menudo, aunque si de algo no se puede acusar a este blog, es de falta de versatilidad. Así que aquí tenéis la joya publicitaria de Sony para anunciar lo que ellos llaman the next generation of television, acompañada de otra joya musical, Heartbeat de The Knife, que se fusiona de manera perfecta con el ánimo que me acompaña esta noche. Dos maravillas para hoy. Espero que os gusten porque yo estoy enamorado de ambas.



- Vale, ¿ves aquel semáforo? Pues justo la siguiente calle a la derecha (...) ¡Eh! ¡A la derecha! ¡Tenías que girar a la derecha! ¡¿No me escuchas o qué?! ¡¿En qué estás pensando?! ¡Te había dicho que girases! ¡A la de-re-cha! ¡¿Y ahora dónde coño vamos, me lo explicas?! ¿Mierda, tenemos que llegar siempre tarde? (...) Joder. Contéstame al menos, coño, ¿dónde vamos?
- A comprar donuts
- No me gustan los donuts y lo sabes
- Ya, ya lo sé
(...)
- Que te jodan
- Vale


Reformulación práctica de la Teoria de la Relatividad:

- ¡A cenar!
- ¡Un minuto, estoy acabando!

(... 15 minutos más tarde ...)

- Esta cena está fría.
- Y tu concepción del tiempo equivocada. Que aproveche. Y de nada.

Me pregunto a qué velocidad se mueve mi madre por el universo.

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Hoy, como regalo, una joya (2.6 MB) (no estará ahí mucho tiempo).


Había una vez
un chiquillo que olía a pez,
y por oler a pescado
lo trataban como a un apestado.

Ya de niño
paseaba por el Miño,
y a tan corta edad
mostraba la gente su crueldad.

Un día vino al pueblo
una cría con su abuelo,
y detrás de una reja
estaba la niña que olía a oveja.

A los dos le chiflaban los mejillones
y los tragaban a mogollones,
aunque comían también cordero
que les regalaba un madero.

Se hicieron mayores
y de los olores,
nunca más se supo
ni aquí, ni en Pernambuco.

Y estos dos ancianos
cogidos de las manos,
vivieron felices
y comieron perdices.

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Creo que hoy me he pasado con el café aunque os prometo que no ha sido a mala fe. Y aquí os quedáis, aunque para que no digáis, os dejo otra joya porque me sale de la ...


Ayer, en plena efervescencia poética, leí la siguiente noticia en elmundo.es (no, no tengo el enlace directo, ¿qué pasa?). Decía así, ni más ni menos, ni menos ni más: «Tras 30 años campando libremente por el Parque de Yellowstone, los osos grizzlies vuelven a estar en la diana de los cazadores. Los ha colocado el propio gobierno estadounidense, que quiere sacar a estos animales de la lista de especies en peligro».

Leyélo este servidor una y otra vez sin entender nada de nada. ¿Quieren sacar a estos bichos de la lista de especies en peligro de extinción... permitiendo su caza? Tras varios pensamientos dispersos (uyuuuuuuuuuu-u, saplanpugmuá) y más de un café de dos y de tres, me dí cuenta, con regocijo ante tamaño descubrimiento, y obviando el hecho de que el reportero en cuestión no había estado especialmente acertado a la hora de la redacción del breve, de que las listas de bichos que se nos van y la de bichos que ya se nos han ido es mutuamente excluyente (para los no pedantes, que el que está en una no está en otra). Y con esa revelación vino la luz. Vamos, que supongo la idea es pasar a los grizzlies de la primera lista a la segunda, y todos tan contentos. Bueno, menos Gasol y los suyos que se quedan sin mascota. Y menos los grizzlies en sí, claro, aunque no hablen.

Pero eso sí, los que se van a poner a cantar de alegría son individuos como John Turner, cazador, quien opina que «Ha llegado la hora de que los grizzlies formen parte de la cadena alimenticia». Impactantes declaraciones. Pues claro que sí, con ellos a la cadena, ¡hasta que nos los comamos tós!

Si yo fuese Yogui, no pondría esa cara. Corre colega, que como te descuides, te van a meter una escopeta por el c...

(Aviso: El autor certifica no ser miembro de ningún clan del oso, cavernario o no.)

La joya de hoy, una canción de amor. Pensamientos dispersos. Wof wof.


Me encanta esta canción, y como el blog es mio pongo lo que quiero, con el agravante de que son las cinco de la mañana y no me voy a poner a pensar a estas horas. Aunque sólo sea por curiosidad, y a ti, ¿te gusta?

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No mires a los ojos de la gente,
me dan miedo, siempre mienten.
No salgas a la calle cuando hay gente,
¿y si no vuelves?¿y si te pierdes?

Escóndete en el cuarto de los huéspedes,
todo está oscuras, no pueden verte.
Seguro que en la calle ahora habrá gente,
alguien te busca, alguien lo siente.

Quédate a mi lado, no te marches más.

(Golpes Bajos, No mires a los ojos de la gente)

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Hace un tiempo me regalaron un juego que en principio me pareció muy divertido. A partir de unos elementos muy básicos podías hacer lo que quisieras. Todo dependía de tu creatividad. Yo en unas seis horas creé el cielo, la tierra, los animales, las plantas y todo lo demás. Después me dormí una siestecita y se me ocurrió crear un personajillo a mi imagen y semejanza. Y como vi que no hacía nada más que comer y dormir le puse otro personajillo complementario para que le diera caña. Al principio parecían llevarse bien pero al poco tiempo me tuve que cabrear porque no cumplían las reglas del juego. Entonces los quité del tablero original, pero empezaron a multiplicarse a tal velocidad que me asusté e intenté eliminarlos con una inundación. Aún así, se salvaron algunos y volvieron a empezar. Al poco tiempo, otra vez lo mismo... guerras, traiciones y miserias. Entonces vino mi hijo y me dijo: "Que divertido... ¿Puedo jugar?" Y yo le dije: "Ok" y lo metí en el juego, pero va un hijoputa que se hacía pasar por su colega y lo traiciona y lo acusan de terrorista y lo torturan y después lo entierran. ¡Menos mal que me di cuenta y lo saqué volando de allí!

Yo ahora paso del juego. Ya no me hace nada de gracia. Me aburre. Creo que lo tengo por ahí tirado. No se dónde.

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Este post es (fue) una colaboración de Futuro Perfecto, un blog por el que siento, como quizá ya haya dicho en alguna ocasión, cierta admiración. Las circunstancias de esta colaboración fueron especiales, ya que de lunes a jueves, intercambié, sin hacerlo público, este blog con el suyo. Pueden encontrarse más detalles de la colaboración aquí, y el post que yo escribí, en la entrada correspondiente a ese día (existe un director´s cut de mi colaboración aquí).


El sábado no vi ningún semáforo rojo, ni ninguna calle cortada por obras. No vi a ningún hombre cansado vendiendo dvds grabados, ni intentando lavar el parabrisas limpio de mi coche. Tampoco ningún taxista me explicó la política internacional. Ni vi hordas de chicos y chicas bebiendo hasta caer desmayados. Ni vi mujeres que cobran por hacer el amor. Ni viejas solitarias que se dejan toda su pobre jubilación en las máquinas tragaperras y después se quedan hasta que cierran el bar.

No vi nada de eso. Porque me quedé en casa viendo la tele.

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Este post es (fue) una colaboración de Futuro Perfecto, un blog por el que siento, como quizá ya haya dicho en alguna ocasión, cierta admiración. Las circunstancias de esta colaboración fueron especiales, ya que de lunes a jueves, intercambié, sin hacerlo público, este blog con el suyo. Pueden encontrarse más detalles de la colaboración aquí, y el post que yo escribí, en la entrada correspondiente a ese día (existe un director's cut de mi colaboración aquí).


Pienso.
Sigo pensando y se me ocurre pensar que estoy pensando.
Me imagino a mi mismo pensando y también me imagino pensando que estoy pensando.
Y me imagino recordando que estuve pensando que pensaba.
También me imagino pensando que ya he pensado que me imaginaría pensando que ya había pensado que pensaba imaginarme pensando que pensaba.

Y después, dudo.
Y sigo dudando y se me ocurre dudar que estoy dudando.
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Este post es (fue) una colaboración de Futuro Perfecto, un blog por el que siento, como quizá ya haya dicho en alguna ocasión, cierta admiración. Las circunstancias de esta colaboración fueron especiales, ya que de lunes a jueves, intercambié, sin hacerlo público, este blog con el suyo. Pueden encontrarse más detalles de la colaboración aquí, y el post que yo escribí, en la entrada correspondiente a ese día.


El pobre Gutiérrez ha sido toda su vida un empleado modelo. Serio, puntual y obediente. Tan obediente que por sugerencia de sus jefes sucesivamente se había cortado las uñas, el pelo, las orejas, la nariz, los pies, las manos, las piernas, los brazos, la cabeza, los hombros, el pecho, el abdomen... hasta quedar reducido finalmente a un culo. Simplemente. Un culo obediente, que no hacía mucho, es verdad, pero tampoco molestaba a nadie.

Hasta que ayer lo mandaron llamar de Dirección.
- Lo siento - le dijeron - Necesitamos la silla.

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Este post es (fue) una colaboración de Futuro Perfecto, un blog por el que siento, como quizá ya haya dicho en alguna ocasión, cierta admiración. Las circunstancias de esta colaboración fueron especiales, ya que de lunes a jueves, intercambié, sin hacerlo público, este blog con el suyo. Pueden encontrarse más detalles de la colaboración aquí, y el post que yo escribí, en la entrada correspondiente a ese día.


Sebastian: Hola Nadie
Nadie: Hola Sebastian
Sebastian: ¿Qué te parece si intercambiamos algún día los blogs?
Nadie: ¿Y por qué no en lugar de un día, casi una semana entera, de lunes a jueves?
Sebastian: Vale, empezamos el lunes 21... y no decimos nada hasta el viernes.
Nadie: Perfecto entonces. Así lo hacemos.

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Sí, efectivamente. No he estado escribiendo en unsociability durante los últimos cuatro días, sino en el blog de nadie, y todo lo que habéis leído estos días es suyo. Sorpresa sorpresa. Si queréis leer lo que yo he escrito, tendréis que pasaros por su blog (existen director´s cut para los posts del lunes y martes que difieren ligeramente de los posts de Futuro Perfecto). Como podéis observar, ya (ahora sí) aparece en el capítulo de colaboraciones y sus posts aparecen con un breve comentario y el título en otro color.

Ese blog, o más bien su predecesor Pasado Perfecto fue sin duda el primero que leí con cierta asiduidad, hasta que me encontré con Futuro Perfecto, que es para mí todo un referente de originalidad y creatividad en esto de las bitácoras. Es una de esas rarezas por las que siento admiración.

Y no queda mucho más que decir después de eso.

Nadie, ha sido todo un placer.


Imagina que el día justo antes de ser concebido, Dios (sí, coño, ya sé que eres ateo, pero los gnomos no existen y no te cuesta imaginarlos, ¿verdad?) se sienta en una mesa frente a ti y sin comerlo ni beberlo, te dice...

- ¡¡¿Qué pasa neeeeng?!! Vale, vale, me mola el tipo, no me mires así... Bueno, a lo que iba. Verás, se me han ocurrido dos alternativas para tu vida.

En la primera de ellas, serás una persona desgraciada, depresiva, a lo mejor alcohólica, quizá hasta drogadicta. Te despreciarán y te marginarán. Seguramente morirás probe y sin amigos. Bueno, el caso es que te espera una putada de vida. Eso sí, serás un genio en aquello a lo que te dediques. La gente te recordará y admirará muchos años después de haber muerto, y serás inmortal a través de tus obras.

Ahora la otra. En esta, serás una persona normal. No destacarás especialmente en nada. Pero tendrás amigos, una familia, una infancia agradable, y disfrutarás de un aceptable nivel de felicidad toda tu vida. Envejecerás y morirás rodeado de cariño. Pero cuando se mueran aquellos más próximos a ti, nadie volverá jamás a recordarte.

Antes de que decidas, decirte que lo del cielo y el infierno es un cuento chino, y que está claro que no te acordarás de nada de esto en el otro barrio.

Bien, no tenemos mucho tiempo. ¿Qué alternativa escoges?


En palabras de Óscar, y yo no lo habría dicho mejor, mucho pan y poca mezcla.


Hace muchos años, mientras tomaba una cerveza, se me acercó un individuo, y sin mediar palabra, se sentó conmigo. Al principio permaneció por horas, minutos, segundos, instantes, millones de momentos, días quizá, quieto, estático, inerte, muerto, pululando con su ser sobre mí. Me olfatea, me siente, me saborea. El camarero pasa a nuestro lado, nos mira, nos sonríe -¿le conozco de algo?-, y sin un paso de indecisión, pasa de largo. Quizá altivez. Sus ojos se clavan en algo a mi espalda. Sonríe. Huelo a cerveza. A alcohol. A humo. A Dublín. Su atención se posa en mi.

ÉL: (Mirándome fíjamente) Hola
YO: (Intentando aparentar tranquilidad) Hola

Rozo la mesa con mis dedos y la encuentro arrugada, estropeada, quizá molesta a ser utilizada de nuevo como una vieja puta, pero suave por las caricias de tantas manos. Eterna. Madera. Luces tenues. Conversaciones. Una mujer a mi espalda. Una cacatúa. Música. Risas. Un chico le roza la mano a otro que tiene al lado, disimuladamente. A escondidas, y yo lo veo y me siento como un intruso. Su amigo reacciona y le acaricia disimuladamente. Mi compañia comienza a hablar. Se me acerca poco a poco, hasta colocarse a un par de dedos de mi. Puedo sentir su aliento y tengo arcadas. ¡Sepárate!, suplico sin abrir la boca. Se levanta y me habla desde la barra, a gritos haciendo que todo el mundo le oiga. O vuelve y me susurra al oído como un amante a otro. Su respiración de nuevo. Calla, escribe algo y me lo da a leer. Ahora deja de mirarme y habla con la mesa de al lado, y no sé ya a quién le habla pero intuyo que sigue siendo a mí. Se distancia hasta que casi no le oigo y se vuelve a acercar hasta que me hace sentir incómodo. Oigo sus voces en mi cabeza, pero no sé si es él o soy yo. Desaparece y vuelve a aparecer, y yo siento como si el tiempo se hubiera detenido. Se levanta y mirándome desde arriba, me sonríe y me habla, pero su boca no se mueve al ritmo de sus palabras y no entiendo nada. No sé si hablo o no. Leopold, Molly y Stephen, susurra. Se levanta y tres personas se le unen cuando sale por la puerta del pub.

Un mes más tarde recibo una carta suya; la leo pero no la comprendo. Y al mes, cuando la vuelvo a leer, ya no es la misma. Ayer mismo la releí.

Y juraría que jamás la había leído antes.

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Hoy he lanzado el primer torpedo depresor del invierno contra mi sistema nervioso (vamos, que me he tomado un antihistamínico). Veremos cómo afecta eso a la calidad y temática de los posts de estos próximos días.


Hora de comer y salgo a por la comida. Al cruzar la calle...

Esetíoesetíoesacaramesuenaesacaraesetíomesuenapiensapiensa
joderesacaramesuenapiensapiensamierdapiensapiensa
coñoleconozcoperocoñonoséquiéncoñoesleconozcoleconozco
mierdahazmemoriahazmemoriahazmemoria
mierdahazmemoriavaquiéncoñoesquiéncoñoespiensa
joderjoderjoderbicinopapásnotrabajonolorenanoamigosnofamilianomierda
meestamirandomeestamirandomeestamirandobicipapástrabajolorenaamigosfamiliamierda
coñovengahazmemoriadequéteconozcomierdadóndeencajastúdóndemierda
valevalevalevalesaludasaludasaludamierdaquéledigodóndedóndedónde

(Yo) - ¡Hey!
(Él) - ¿Qué tal, qué haces por aquí?

Nohablesdenadanohablesdenada
disimuladisimuladisimulavengadisimula
nohablesdenadanohablesdenada
teconozcoperonoséquiéneresnoséquiéneres
nopasanadanoterecuerdonopasanadaquenosetenote
disimuladisimulanopasanadanopasanadanopasanada
seintrascendentenodigasnadanohablesdenadanopasanada

(Yo) - Nada, por aquí, a ver si compro la comida
(Él) - Bien, me alegro de verte
(Yo) - Yo también, hasta luego

Vetevetevetedatelavueltanopasanada
coñocoñocoño

Aún no sé, por mucho que rebusco, de qué conozco a ese hombre (aunque no hay duda de que le conozco). Y es posible que él tampoco supiese de qué me conoce a mi.

Prueba superada. Menudo paripé.

(...tururu, cualquier tiempo pasado nos parece mejor...)


La semana pasada leí en Borjamari que hay ahora una reñida (¡me parto!) discusión acerca de si los blogs deben o no, pueden o no, si es bueno o no, si es reprobable o no, incluir publicidad. Pues menuda gilipollez, con todos los respetos. Ya tenemos otra tonteria sobre lo que discutir, otra gotita más de hype (qué poliglotía, por dios y la virgen María) para esto de las bitácoras. Como si a alguien le importase (seguro que la mayoría de los peces gordos ya están posicionados en este tema) si fulanito o menganito mete anuncios para ganar algo de pasta. ¿Pero de verdad alguien siente que esto puede tener el menor interés? (sí, ya lo sé, le estoy dedicando un post...)

Y aunque me siento tentado a añadir consideraciones del tipo mientras el contenido no se resienta, mientras la publicidad no sea molesta, mientras el blog en cuestión no se oriente hacia la ganancia de pasta... no lo voy a hacer, porque al final, son los lectores y los contenidos los que acaban determinando un blog, y no la publicidad; ésta no tendrá sentido si los contenidos son malos y los lectores, pocos (<borjamari>o mejor dicho, si los lectores son pocos, independientemente de los contenidos, porque podría uno pensar ingenuamente que ambos van interrelacionados. Y es que este medio no se diferencia tanto de la televisión, y de esos programas que a pesar de su calidad, mucha gente ve</borjamari>).

¿Qué más da que tu equipo luzca publicidad en la camiseta mientras juegue bien? Y por otro lado, ¿a quién le importa que no la lleve si su juego es patético?

(Y sin embargo, parece haber -o así lo siento yo- un regustillo a superioridad moral, un saborcillo a yo no me vendo al Capital, en la posición de los que reniegan de la publicidad. Como si ganar dinero con lo que haces, y además te gusta, fuese malo...)



(http://www.elmundo.es/fotografia/2005/11/historia_espana/img/seminaristas.jpg)

Quiero ser Anthony Quinn

(...volando vengo...)



Ayer:

08:25h - Me levanto, me visto, me lavo la cara
08:40h - Cojo el coche
09:05h - Aparco
09:10h - Llego al trabajo

Tiempo: 45 minutos
Coste: a 7.8l/100km, 13km + gasto vehículo: 1.4 euros másmenos.

Hoy (y mañana):

07:45h - Me levanto, me visto, me lavo la cara
08:00h - Salgo de casa
08:12h - Cojo el metro (¡no lo pierdas, pasa cada media hora!)
08:55h - Salgo del metro
09:20h - Llego al trabajo

Tiempo: 1 hora 35 minutos
Coste: 0.77 euros

Ahora sólo tengo que pensar si 50 minutos de mi vida valen más o menos de 63 céntimos de euro. Intuyo que más, pero espero que no me cueste demasiado decidirme, porque el tiempo es oro.

Ya lo sabes, ¡utiliza el transporte público! (no gracias...)

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Me siento como un oso amoroso diciendo esto, pero lo encontré el otro día escrito con rotulador en el azulejo del baño de casa de una amiga, y me gustó:

Necesitamos 4 abrazos al dia para sobrevivir,
8 abrazos al dia para mantenimiento,
y 12 abrazos al día para crecer.

Y yo me permito añadir: ¿Cuántos llevas tú hoy?

Como a alguien se le ocurra pensar que por decir esto, puede darme un abrazo, le meto dos yoyas, que yo soy muy macho.


Con esto de los pisos pasa una cosa muy extraña. Bueno, probablemente pasan muchas cosas extrañas, pero para saberlas todas, debería ser constructor, político, o ambas a la vez, así que voy a hablar sólo de una de ellas.

Y es que te pones a hablar con bancos, con gestorías, notarías, tasadores, y te encuentras con un montón de señores. Tú eres el cliente, y ellos son el señor banquero (o señor director de banco), el señor notario, el señor tasador... todo el mundo parece estar haciéndote un favor. A veces sólo te falta el si bwana para ponerte en situación.

Hasta que te pones a pensar, con el extracto de la cuenta corriente en la mano, a hacer números, y te das cuenta de que en realidad, el señor cliente eres tú, y ellos son simplemente el banquero, el notario, el tasador. Que aquí, quien va a poner la pela eres tú, quien va a pagarles el sueldo eres tú, y que nadie te está regalando nada.

Así que al menos en la teoría, no perdamos la perspectiva, que la pasta sale de tu bolsillo. De tu bolsillo.