De nuevo, casi un mes sin decir nada. El caso, y esto no es una excusa, es que estoy migrando de blog y de diseño.

De blog para poder pasar del Movable Type, por varias razones: 1) funciona muy bien y tal, pero soy una persona slack (casi que persona gentoo ahora), y me gusta saber como funcionan las cosas. 2) Por alguna razón, el MT consume una cantidad de recursos que me deja un poco pillado, porque después de todo un blog es algo más bien simple y 3) Me encanta reinventar la rueda. Por esto y mucho más, me estoy montando mi propio sistema de blog hand made que no made in China, que sólo faltaba eso.

Y de diseño porque sí, sin más.

Así que paciencia, que lo estoy acabando (me siento como una asíntota convirgiendo en un infinito que nunca llega). Además, ¿alguien me lee?

Porca miseria. Ahora tendré que migrar este post a mano. Y esa es la cuarta razón de porqué apenas escribo (¡con la cantidad de cosas divertidas que están pasando!)

(Putos tipos de interés)


Dándome una vuelta por algunos blogs personales, para robar ideas y tal, se da uno cuenta de que la basura que todos cuentan es la misma (yo, por supuesto, me excluyo). En su gran mayoría, comentarios derrochantes de sensibilidad quasi-poética sin ningún interés. Adaptando algo que alguien dijo alguna vez (Pérez-Reverte?), mi vida ya es bastante mediocre de por sí, no necesito más vidas mediocres. Otra característica es la longitud de los comentarios. Breves, para que encajen bien con el diseño y no se alarguen demasiado (y no me jodan que es por falta de tiempo).

Visto esto, en el futuro intentaré aportar algo de la tosquedad propia de un macho de ser humano de 28 años (que porno queda eso de macho humano, me siento como un animal) e intentaré prescindir cuando me sea posible del sentimiento de autocompasión que nos embarga a todos los gilipollas que hacemos bitácoras (putos anglicismos). Somos todos iguales. Que mierda.


El Ajuntament de Valencia me ha dado hoy una bonita sorpresa. Al llegar a casa, me he encontrado con una multa de tráfico por la módica cantidad de 90 euros. Estaba pensando que es una pena que no paguemos las multas en dólares, porque así, entre la rebaja, la devaluación del dólar, unas cosas y otras... pero vaya, que no. Bueno, el caso es que al parecer, un señor agente me vió el dia 22 del pasado mes saltándome un semáforo, y me endiñó la susodicha multa. Hasta aquí, todo normal. Incluso es posible que me saltase el semáforo en rojo, aunque lo dudo, por mucho que intento recordar (¿dónde estaba usted el 22 de octubre a las 16:35h? Pues mire usted, ni puta idea). Mucho más probable es que éste se encontrara en el limbo que hay entre el ámbar y el rojo, y claro, como los fueras de juego en el fútbol: ante la duda, pues barremos para casa.

En cualquier caso, el problema no es ese. El problema es que la carta certificada no llevaba adjunto ningún tipo de prueba. Simplemente, la declaración de un agente que iba a pie y que vió como hacía "caso omiso semáforo en fase roja". Y punto pelota. Sin fotos ni ostias. Obviamente, es posible recurrir la multa, pero a ver cómo demuestra uno que no ha hecho algo que un guardia dice que sí ha hecho. No es cuestión de que éste esté mintiendo, sino de que pueda haberse equivocado aún actuando de buena fe. Y ese es el fondo de la cuestión. Toda la vida con lo de la presunción de inocencia para arriba y para abajo, y ahora resulta que no. Que no es que ellos hayan de probar mi culpabilidad, sino que yo tengo que demostrar mi inocencia.

Lo que mas jode, en realidad, no es la multa, sino el no saber si realmente ese semáforo estaba en rojo (vamos a conceder que yo sí estaba allí en ese momento) o no; si merezco o no el castigo. Porque si te saltas un semáforo y te paran dos calles después, pues aguantas lo que toque, porque ya sabe uno lo que hay. Pero tener que pagar un dinero por algo que no sé si he hecho, pues es algo que me toca las narices. Y el caso es que con dinero y tiempo, a lo mejor conseguía uno a golpe de pleitos que le devolviesen la presunción de inocencia, pero como no tengo ni lo primero ni lo segundo (y por supuesto con eso cuenta la administración), pues a pagar. Sólo que le entran a uno unas ganas de cargarse una papelera del mobiliario urbano, aunque sólo sea para saber que estas pagando por algo que has hecho...

Y si no pueden hacer que todos los guardias lleven una cámara, que se jodan. No es mi puto problema.


Hace ya bastantes años, mientras estudiaba la carrera, tuve una discusión sobre cómics con una persona que aparentemente se las daba de conocer muy bien el tema. Básicamente él defendía que los comics de Stan Lee, en concreto los del principio (por lo que seria casi más correcto decir los cómics de Jack Kirby), se encontraban entre los mejores de la historia del cómic, mientras que yo decía que, aunque probablemente muy buenos (este "aunque" no es sincero), no podían compararse con otros cómics de mucha más talla.

El caso es que es frecuente encontrarse con personas -frikis- que te podrían recitar todas las colecciones de la Marvel pero no saben quiénes eran Harold Foster (Tarzan), Alex Raymond (Rip Kirby, Flash Gordon) o Will Eisner (Spirit). La mayoría han oido hablar de Hugo Pratt (Corto Maltese), pero nunca han leido un cómic suyo. Tampoco han leido nada de Guido Crepax (Valentina) ni saben que Modesty Blaise era originalmente un cómic y no una serie de televisión. Milton Caniff (Steve Canyon) o Robert Howard (Conan). Y ni siquiera Simon Bisley.

Y es una pena, porque Spiderman no alcanza a ser ni siquiera la sombra de Rip Kirby. A pesar de que a Spiderman lo conozcan hasta los esquimales y a Rip Kirby no lo conozca casi nadie (... de menos de 40 años). Al menos, hay que reconocerle a Stan Lee que popularizó un medio de expresión que era minoritario. Popularizó o quizá... industrializó. En fin, que más da.

Y aquí es donde uno se da cuenta de que después de todo, que tu padre sea dibujante no es tan malo (aunque en realidad, nunca he dicho que lo fuese) y que de leer tantos cómics, al final algo queda. Quizá mañana suba, coja unos cuantos comics de Flash Gordon y los relea. Y con suerte y mi alergia al polvo, acabe con una crisis asmática. Así que creo que me lo voy a pensar un poco más.


Ya ha llegado gmail. Y ahora resulta que todo, o casi todo el mundo tiene/quiere una cuenta de gmail. Quizá por el Giga de correo, aunque, si bien es cierto que los 2MB de hotmail son a todas luces insuficientes, 1GB de correo me parece algo excesivo. Durante los últimos años, con un tráfico de correo más bien intenso, no creo que haya acumulado más de 1.5GB, donde el 75% es totalmente prescindible. Además, siempre me ha hecho poca gracia eso de tener todo el correo personal en un servidor de vete tú a saber dónde (y que resulta que Google va a indexar para permitirte hacer búsquedas sobre tu propio correo... pero cómo mola...) al que sólo puedo acceder por webmail (es decir, nada de backups, ni acceso por pop/imap... aunque igual va y me equivoco y este webmail es diferente -no lo creo-).

En realidad, gmail no es sólo 1GB de correo. De hecho, no tiene nada que ver. Podría tener la mitad y seria lo mismo. Gmail es en realidad la última estupidez gilipollesca, que ya es mucho decir, para todos esos niños/niñas en busca de lo más "in" en la "red". Porque miputadireccion@gmail.com parece ser algo de lo más "fashion", por seguir con los anglicismos. Se está gmail, o no se está (pues va a ser que no). Y esta claro que la fama de altruismo tipo open-source que por alguna razón (quizá por todos esos documentos donde se hablaba de miles de PCs linux en cluster) y de manera inmerecida parece tener Google ayuda. Y digo inmerecida porque con el Google Desktop han mostrado que el tema open-source no sólo no les interesa, sino que al parecer ni siquiera lo tienen en cuenta... no Mozilla, no Thunderbird... No Google.

Pues yo no quiero una cuenta de gmail. Que les den por c.


El pasado viernes, el dia del estreno, estuve viendo Los Increíbles. Lo peor de todas estas películas de animación es que sale uno del cine esperando casi ya que saquen la siguiente, aunque sólo sea para ver de qué va esta vez, y más siendo como soy un confeso fan de este tipo de películas. De todas formas, aunque desde Toy Story (y a pesar de El Espantatiburones, que parece haber pasado sin pena ni gloria por la cartelera y que por cierto, debe ser la única película de animación que no he visto) han habido mejoras de consideración tanto en cuestión de gráficos como en los propios guiones de las películas, es verdad que el avance real entre películas que se estrenan en un periodo de tiempo relativamente corto es probablemente más aparente, aprovechando la novedad y los millones en marketing y publicidad, que real, porque no creo que de Buscando a Nemo hasta la última de Pixar se haya avanzado radicalmente en el campo de la animación por ordenador. De hecho, a menudo el atractivo de la película no radica tanto en la calidad de los gráficos, alcanzado el nivel actual, que en lo divertido del guión y el interés que la película pueda tener para todo tipo de público. Afortunadamente para ellos, tanto Pixar como DreamWorks parecer haber conseguido conjugar, al menos en la mayor parte de los casos, las bromas dirigidas a los adultos con las bromas para el público infantil y la animación. Bueno, en definitiva, y en mi modesta opinión, un diez sobre diez para la última de Pixar.

Por último, otra frustración que genera este tipo de películas (o al menos a mi) es plantarse delante de semejantes maravillas de la animación por ordenador y darse cuenta de la miserabilidad (¿?) de uno mismo como informático, programador o lo que se quiera.