Un hombre delgado, de aproximadamente cincuenta años, aguarda de pie detrás de su todoterreno Porsche Cayenne, aparcado en doble fila y con el maletero abierto. Su acompañante, una mujer rubia que sin duda es su mujer y de quizá cuarenta años de edad, está a su lado, en la parte de la acera. Aparentemente están descargando un cochecito de niño. Doscientos metros detrás suyo, el semáforo se pone en verde y una moto tipo scooter pero de gran cilindrada, a decir por el tamaño y ruido que hace, se pone en marcha con dos chicos cuya edad física debe rondar los treinta años. Ambos van vestidos con la indumentaria habitual de los propietarios de esas motos: sudadera con capucha, pantalones vaqueros anchos y zapatillas, todo ello de marca, incluído el casco fashion.
Al llegar a la altura del matrimonio, el que va sentado detrás abre una botella de agua de litro y medio y aprovechando la velocidad, le tira al propietario del coche un buen chorro que le moja todo el camal derecho del pantalon, de color caqui. A causa de esto, la víctima sale corriendo detrás de la moto profiriendo gritos, a lo que los motoristas contestan con burlas y risas, pero siempre a una distancia prudente para que éste no les alcance. Cansado, enfadado y sintiéndose agredido, se da la vuelta y vuelve al coche.
Mientras tanto, la moto ha dado media vuelta buscando provocar a su diversión, y se pone de nuevo lo suficientemente cerca del hombre como para que éste comience de nuevo a correr detrás de ellos, insultándoles y retándoles. Como antes, éstos se limitan a mantener una velocidad suficiente, a la vez que se mofan y ríen de su víctima casi en su cara, incrementando probablemente la frustración de éste por haber sido violentado y quizá humillado, al menos a la vista de los dos capullos. Finalmente, harto de aquello, el protagonista de esta historia desiste y regresa con su mujer, mientras los dos sujetos siguen riéndose y se alejan haciendo eses con la moto.
Moraleja: si no puedes llevar armas, lleva siempre un bate de béisbol en el coche. Nunca sabes dónde puedes encontrar una cabeza -o dos- con las que utilizarlo.
Mañana o pasado, quizá, no lo sé, un comentario crítico sobre esta desagradable situación.



Supongo que están ustedes al tanto de este número:
Aunque es probable que muchos de ustedes ni siquiera lo consideren un número. Bien, eso no importa demasiado.
Se lo voy a explicar lo mejor que el tiempo y las ganas me lo permitan; me disculparán si me dejo los detalles técnicos, porque les confieso que yo tampoco estoy al tanto de ellos. Lo que seguro que saben es que hay mucha gente empeñada en que ustedes no se bajen las películas de Internet, ni que se las graben al PC de DVDs originales; esta es la causa de que esa misma gente haya desarrollado una tecnología que cifra las películas para que sólo puedan verlas con determinados juguetes o determinados programas. Es parte de todo eso que se llama DRM, Digital Rights Management. Bueno, pues esto del cifrado, que era tan secreto, tan complejo y tan tan, utiliza una clave que viene a ser el chorizo que tienen arriba, y que se descubrió hace un par de meses. Ya lo sé, tanto dinero y tiempo desperdiciado; una auténtica lástima.
Pero la historia no acaba aquí; ahora es cuando comienza lo divertido. Resultó que ese número salió hace unos días en Digg. Este sitio viene a ser el precursor del Menéame hispanoparlante, pero mucho más a lo bestia. En estas páginas los usuarios mandan noticias que luego son votadas según la importancia que el resto de lectores le den. El problema es que la MPAA (Motion Picture Association of America) considera ese número como parte de "su" tecnología, y por tanto sujeto a copyright. Y de igual forma que habían venido haciendo hasta entonces, amenazaron a Digg con emprender acciones legales.
Y Digg... se acojonó. Lo borró. Lo eliminó. Lo hizo desaparecer. Lo censuró. Y no les culpo, yo sin duda habría hecho lo mismo. Pero ahora, cuando el número en cuestión está en unas cuantas webs, Kevin Rose, como portavoz del equipo Digg, sale diciendo que ...
Y, si perdemos, qué cojones. Al menos lo hicimos luchando.
[Traducción de La Petite Claudine]
Bien, no sé qué pensarán ustedes, pero yo discrepo profundamente con LPC en esto. No me lee, así que no tendré réplica; mucho más cómodo. Porque ahora no es el momento de ser valientes. Ese tiempo ya pasó y Digg metió el rabo entre las piernas, agachó las orejas y se cagó de miedo. Ahora ya no sirve ladrarle al viento. Te acojonaste, así que ahora no te hagas el machito.
Para acabar, quería contarles un chiste que creo que viene como anillo al dedo en este caso y que suele atribuirse a Groucho Marx; confieso que tampoco he verificado la fuente. En éste, Groucho le pregunta a una mujer si se acostaría con él por diez millones (10,000,000) de dólares. Aquélla le contesta sonriente que sí, a lo que éste le vuelve a preguntar si lo haría por diez (10) dólares. ¡Claro que no! ¿Qué se ha creído usted que soy yo?, le contesta la mujer, indignada por el insulto. Querida, lo que usted es ya lo sabemos, lo que estamos discutiendo ahora es el precio, le contesta Groucho.
Si no ven la moraleja, es la siguiente: Digg se volverá a cagar, tarde o temprano. Tiempo al tiempo.
[Actualización: Leo a través de LPC -ya vale de enlaces- que al parecer, aunque es sólo un rumor, pudo no ser miedo lo que había, sino intereses económicos]

Ya saben lo pesado que me pongo últimamente con este tema de las reflexiones de tres al cuarto y tiro porque me toca. Tendrán que perdonarme, porque aquí va otra. Recuerdan la historia -verídica- que les contaba el otro día, ¿verdad? Bien. Ésta viene a colación de un tema recurrente en mí, y que expresé hace unos meses en la historia de ficción The Shouting Hill. De nuevo, confieso que aunque a ustedes todo esto les pueda parecer aburrido e incluso una perogrullada -no les culpo por ello-, a mí me resulta bastante interesante. Tampoco me juzguen por la profundidad del asunto o la argumentación, que esto es un blog, no una cátedra de Ciencias Sociales o Filosofía. No lo olviden.
El problema que vengo a contarles aquí gira en torno a la indefensión a la que se ve sometido a menudo el individuo civilizado y dialogante en -y de- la vida moderna, ese sujeto que rechaza recurrir a la violencia, que cree firmemente en el uso de la razón y en la palabra como herramienta de solución de conflictos. Esto es fácil de ver en muchos ambientes, incluso en los niños; si un niño insulta al otro, se asume que el agredido verbalmente no va a soltarle una leche al primero, sino que o le ignorará o a lo sumo le devolverá el insulto; eso es lo que está bien visto. El primero puede seguir, pero en última instancia, la "víctima" tendrá que ignorarle, lo que significa que: Dong!, punto moral, set y partido para el matón y tocapelotas, que es además el que se lleva toda la diversión.
Si esto lo llevamos al extremo, el problema se puede ver representado en la segunda parte de La Naranja Mecánica, cuando el protagonista ha sido sometido al tratamiento de rechazo instintivo a la utilización de la violencia, lo que le deja en un estado total de indefensión frente a otros que sí hacen uso de ella. Aunque las condiciones psicológicas y sociales del personaje en la película no son directamente extrapolables al mundo real, sí es cierto que muchas personas son educadas en el total y absoluto repudio irracional de la violencia, incluyendo los extremos en los que ésta está fundamentada en la defensa propia -ya saben lo que se dice: la violencia engendra violencia.
La realidad es que el mundo espera que si dos capullos en una moto te mojan el pantalón porque a ellos les parece divertido, te comportes como un ser civilizado incluso mientras se ríen y burlan de tí, y no recurras, como decía el otro día, a alguna medida de violencia física para proteger tu persona contra una agresión tanto psicológica como física. El problema es que de este modo, aquellos que hacen un uso gratuito de la violencia y a través de ella abusan de otras personas educadas, salen una vez tras otra indemnes, sabiendo que están protegidos por unas reglas sociales y unas convenciones de comportamiento que no sólo ellos no admiten sino que además actúan como mecanismos inhibidores de actitudes de defensa para la víctima, resultando de este modo perjudiciales para ella.
Y eso es todo. Una cuestión adicional -pero fuera del ámbito de esta entrada- es que a veces, en individuos puntuales, la repetición de este tipo de situaciones reprimidas provoca que se vaya lentamente tensando lentamente la cuerda, hasta que un buen día a esa buena persona -hasta ese momento- "se le tuerce la castaña" y su siguiente aparición es en las noticias, sección de sucesos, aunque en opinión de todos sus vecinos fuese una persona normal y muy educada, que siempre daba los buenos días. Pero bien, como digo, esa es otra historia.

Después de tanta charlatanería, les traigo algo en lo que entretenerse un par de minutos. Hay más, pero a mí me gustaba la música de este. Esto de la inercia, es lo que tiene...
[En Security A(r)tWork: The Cuckoo's Egg (o la secuencia de Morris)]



Mi señora y su título de psicóloga están buscando -cambiar de- trabajo. Y como ella es así de especial, pues no quiere nada convencional. Es decir, nada de recursos humanos ni niños. Nada de ancianos y nada de discapacitados, tampoco, a ser posible. Ella quiere colectivos marginales: drogodependientes, inmigrantes, alcohólicos, enfermos de sida... Seguro que se hacen una idea; su ilusión viene a ser trabajar en una UCA: Unidad de Conductas Adictivas. Ya saben, gente con problemas serios.
La semana pasada, finalmente decidida a buscar ese nuevo curro, me comentaba la cantidad de asociaciones religiosas que están metidas en el tema de los colectivos marginados. Y se quejaba. Y yo no sabía qué decirle, porque aunque por una parte entiendo que debe ser frustrante que el sector laboral en el que te gustaría trabajar -léase como "ganarte el pan de cada día"- esté repleto de instituciones que trabajan gratuitamente o sobrevivan a base de subvenciones, por el otro lado soy consciente -y ella también- que este tipo de colectivos no nadan precisamente en la abundancia económica y quedan a merced de organizaciones no lucrativas (eso de no gubernamentales cada día me suena peor) y asociaciones religiosas, que no son, por razones obvias, los mejores pagadores del mundo.
Claro que también hay que tener en cuenta a todas esas asociaciones "no lucrativas" -nótense las comillas- que con esas mismas subvenciones pagan una miseria a sus empleados -trabajadores sociales, psicólogos, educadores sociales, terapeutas ocupacionales...- mientras los responsables se embolsan sueldos nada desdeñables. Pero de eso, ya hablo otro día.

El otro día, a partir de cierto incidente, hablaba con mi señora de esas personas que sin haber estudiado nada en su vida piensan que lo saben todo, y no contentos con ello, hablan como si fuesen auténticos eruditos en cualquier campo del conocimiento; a los más radicales, los puedes ver defendiendo la "escuela de la vida" a ultranza, frente a la pérdida económica y de tiempo que nos supone a muchos la educación ya no sólo universitaria, sino incluso el bachillerato o la ESO.
Bien. Pues yo no sé a cuanto se paga el título que expide "la escuela de la vida" (tm), pero al parecer, y a decir por esta noticia que leo a través del blog de Enrique Brito, parece ser que en este santo país, en comparación con los que nos pasamos media vida estudiando, la falta de estudios de nivel superior no se cotiza del todo mal. Vamos, que compensa casi más estudiar fontanería o electricidad que la carrera de Ingeniero Industrial; aunque eso ya lo sabíamos nosotros sin leer el estudio, claro.
En cualquier caso, les dejo con la gráfica más optimista de la noticia, para que no se me depriman, y ya saben lo que se dice: yo sólo sé que no se nada.

(Y creo que visto lo visto, me voy a currar a Hungría)
[En Security A(r)tWork: "Intención de voto"]


El caso es que yo tenía alguna cosa pensada, pero no he podido resistirme a esto. Gracias a Nuria por la "oferta de trabajo". Las cosas claras y el chocolate espeso, claro que sí.
PASTELERO y APRENDIZ DE PASTELERIA
» Descripción de la oferta
Se ofrece 6 vacante/s para trabajar en Valencia en el área profesional Hostelería / Restauración / Turismo/Cocina y Preparación de Alimentos
HORARIO DE TRABAJO DE 6 A 13 HORAS
DE LUNES A DOMINGO
1 DIA FESTIVO A LA SEMANA
SE INTENTA SEA DOMINGO O FIN DE SEMANA
EN EPOCAS PUNTUALES SE LIBRA ENTRE SEMANA O SEGUN NECESIDADES DE LOS PEDIDOS
SE BUSCA POR INCREMENTO DE TRABAJO Y PARA FORMAR PERSONAL POR APERTURA DE NUEVOS CENTROS
CONTRATO INDEFINIDO DESDE EL PRIMER DIA
PROMOCION SEGUN VALIA
ABSTENERSE NIÑATOS Y NIÑATAS DE PAPA QUE NUNCA HAN DADO UN PALO AL AGUA Y ESTAN ACOSTUMBRADOS A QUE SE LO DEN TODO HECHO.
SI VAN A VENIR A LA ENTREVISTA CON LA MADRE QUE NO SE MOLESTEN EN VENIR. GRACIAS
HAY CHICAS TRABAJANDO Y POR SUPUESTO QUE NO TENEMOS NINGUN PROBLEMA EN TENER MAS PASTELERAS EN LUGAR DE PASTELEROS, NOS IMPORTA LO QUE CADA UNO DEMUESTRA TRABAJANDO NO EL SEXO NI OTRAS GILIPOLLECES SIMILARES.
SI TUS TRABAJOS ANTERIORES O ESTUDIOS NO TIENEN NADA QUE VER CON ESTO, NO TE PREOCUPES, SI TIENES EL CARNET DE MANIPULADOR Y GANAS DE INTEGRARTE EN UN EQUIPO CON FUTURO, TE ESPERAMOS.
SI EL UNICO FUTURO QUE TE PREOCUPA ES EL DEL FIN DE SEMANA Y NO TIENES METAS MAS CLARAS PARA EL RESTO DE TU VIDA, NO NOS MOLESTES LLAMANDO, TENEMOS MUCHO TRABAJO. GRACIAS DE NUEVO
» Se Ofrece
Beneficios adicionales: Formación | Incorporación inmediata | Contrato indefinido | Retribución según valía | Formación continuada
Días de vacaciones por año: 30
Salario: 1 - 2 euros Bruto Anual
Tipo de contrato: Indefinido
Jornada laboral: Intensiva Mañana
Si quieren inscribirse, aquí. Gracias.


El niño pequeño de la foto ya no es tan pequeño ni tan guapo (admitámoslo), pero sigue siendo mi hermano pequeño y lo quiero mucho, y además hoy es su cumpleaños durante todo el día (si no, a santo de qué ese título). Sepan que la foto aún no la tenemos en tamaño póster, pero tengan paciencia, que todo se andará. Por lo demás, acuérdense de esta estampa la próxima vez que se reúnan con él.

Ya sé que hoy es el cumple de mi bro y que quizá debería dejar el anterior post durante todo el día, pero qué demonios, este es mi blog y ya saben lo que se dice, ¿verdad?
Además, hoy me he puesto muy contento al ver que ya, oficialmente, soy objeto de plagio (por parte de disidentedevekelar.spaces.live.com) y de consiguiente violación de licencia Creative Commons (tranki, colega, que no te voy a mandar a mis abogados). Además, ni un plagio, ni dos, ni tres. De momento voy por el quinto, todos ellos hoy, a lo loco uno detrás de otro en tirereta, y a la velocidad que se está descargando Unsociability.org en su PC, yo diría que a lo mejor hasta caen unos cuantos más. Lo mejor es que le da igual si van sobre noticias de hace unos meses o unos años, si hablo de aficiones personales o si son meras opiniones. ¿Qué más da? La cuestión es generar contenidos.
Como es obvio, no les voy a dejar sin las pruebas.
(1) El primero es el de "Ya no quiero ser astronauta", del pasado ocho (8) de febrero, plagiado con este. Tiene narices, porque la noticia que da pie a la entrada es de hace meses.
(2) El segundo, el de "La Naturaleza es republicana", del treinta (30) de marzo, plagiado con este. En este reza lo mismo que en el anterior.
(3) El tercero, el de "Crash & algo más", del dieciséis (16) de enero del pasado año, con este. Al menos en este caso, ha tenido la decencia de no copiar todo el comentario, sino únicamente el tercer párrafo, a partir de la segunda frase («[...] donde se juega con los estereotipos [...]»).
(4) El cuarto plagio es el de "¿Cine? español", del veinticinco (25) de septiembre de 2005, con esta entrada. En este caso, "únicamente" ha copiado el segundo párrafo, íntegro. Imagino yo que hablar de El método [Gronholm] sin haberla visto le parecia algo demasiado sucio.
(5) El quinto y último plagio, de momento, es el del "Presunción de Inocencia", del diecinueve (19) de noviembre de 2004, con esta entrada. Lo peor es que lo ha plagiado todo -incluso se ha dejado la 'j' de Ajuntament, que corresponde al nombre de Ajuntament de València, pero no, como es obvio, al de Córdoba-, menos mi final, que era algo tosco y grosero: «Y si no pueden hacer que todos los guardias lleven una cámara, que se jodan. No es mi puto problema.».
Y esto es todo. Por un momento he pensado que igual era mi alma gemela, con varios meses de retraso, pero no; yo no soy Iker Jiménez. También he pensado si el chaval me estaría haciendo un "Especial Unsociability.org", pero creo que tampoco. Y me han sugerido si no me estaría haciendo una copia de seguridad remota, pero me da que no. Bien. Mira chico, no es que me importe demasiado, porque está claro que así no vas a llegar a ningún sitio, pero reconozco que si al menos hubieses puesto un enlace a los textos originales, que es lo que se hace en estos casos, pues me sentaría algo mejor.
Y lo dejo aquí, no sea que me vuelva a plagiar otra vez y me toque modificar esta entrada. Que digo yo, que si me plagia este texto, ¿sería un metaplagio? Euuhmmm... Bueno, qué más da. Les dejo probablemente hasta el lunes, que quiero escribir algún cuento de una puñetera vez. Ya saben, sean felices y coman perdices.


Hoy voy a contarles un capítulo de mi vida privada, de la que hace mucho que no hablo, entre otras razones porque es privada. Ya ven, ya no soy el exhibicionista que solía ser. No se quejen, ustedes tampoco son lo comunicativos que solían ser... Claro que algunos de ustedes ya no son los mismos, y yo sí. Bueno, pelillos a la mar. Si han leído mi breve autobiografía (no esta, sino *esta*), se habrán fijado que hay un fragmento que dice lo siguiente:
«(...) aprendió -aquí el autor, que soy yo, se refiere a mí, que también soy yo- que la falta de coordinación entre departamentos puede ayudarte a comer gratis y almorzar gominolas. (...)»
Si no la han leído, o no se han fijado, fíense de mí; les aseguro que dice eso. El caso es que a no ser que sean ustedes yo, cosa que dudo excepto en aquellos casos en los que yo estoy leyendo esto, o que sean alguno de mis progenitores, cosa más probable que que sean yo, pero no demasiado probable ya sólo tengo una madre y un padre y ustedes son con toda probabilidad más de dos, ignorarán a qué me refiero exactamente. Yo se lo voy a explicar. Corrían por entonces los bonitos ochentaytantos, y en las llanuras de este santo país corrían libres las gacelas y los galgos.
Por aquel entonces, era yo una feliz criatura que cursaba, no sin esfuerzo, EGB; ay, qué tiempos aquellos. Por aquel entonces, como la casa paterna -y materna- quedaba lejos, a menudo tenía que comer en el colegio, para lo cual mi santa -ahora y entonces- madre acostumbraba a darme cien pesetas para que me comprase un bocadillo, y antes de continuar se tercia una explicación. En mi siempre añorado colegio, a la hora de comer, podías recurrir a dos proveedores: la cafetería, y el comedor "oficial", en cuyo caso procedía el pago previo del menú correspondiente a través de los padres o tutor legal del infante. Fin de la explicación.
El caso es que yo casi siempre compraba bocadillo, por razones que no vienen al caso, hasta que me percaté de que en realidad, nadie allí controlaba quién había pagado el comedor y quién no; se asumía que los padres de los niños que hacían cola habían hecho la correspondiente contribución para la compra de víveres con los que alimentar a sus vástagos, y punto. O al menos, eso pensaba yo y hasta hoy, nadie me ha sacado de mi error. Así que aquí un servidor, tramposo como nadie, decidió empezar a comer de gorra, un día tras otro. No todos, ya que tanto de niño como de mayor, he sido siempre una persona muy moderada, pero no puedo negar que fueron un número de días nada desdeñable. Pero he aquí que nuestro amigo cometió un fallo terrible, que fue el de gastarse el dinero de ese bocadillo que ya no necesitaba en gominolas... en el mismo bar donde acudían a tomar su café carajillo los profesores.
Y don Vicente me pilló. Y don Vicente habló con mis padres. Y mis padres hablaron conmigo. Y yo no me acuerdo demasiado de la bronca, para que les voy a engañar, así que tampoco debió ser gran cosa. Aunque da igual, porque después de quince años, el delito ha prescrito y yo era menor, así que estoy a salvo. Y después de todo, pensándolo bien, ellos eran curas y yo estaba hambriento, y ya saben lo que se dice en estos casos, ¿verdad?

No.
Están equivocados.

En este país y en los tiempos que corren,
«Democracia» significa «Gobierno de la estupidez».
Les ahorro el razonamiento.


«El cerdo disfrutaba con ello, no me cabe duda. Lo normal es que primero me las follase yo, y aunque luego le tocaba a él, la mayoría de las veces no se las follaba, sólo les pegaba; imagino que por eso se esperaba hasta que yo había acabado. Le gustaba humillarlas, el muy hijodeputa se lo pasaba en grande. Decía que no merecían ser tratadas como seres humanos, y desde luego era fiel a esa idea. Siempre hacía lo mismo: se ponía de pie y arrodillaba a la puta delante de su polla. Entonces sacaba un billete de veinte euros y le preguntaba a ella si lo quería: ¿Lo quieres... puta? Su forma de decirlo me daba náuseas. Joder, el tipo estaba enfermo, pero el cabrón estaba podrido de pasta y se lo montaba de miedo; te lo pasabas bien y creo que por eso seguía yendo con él.
La primera hostia siempre pillaba a la puta por sorpresa, porque seguramente esperaba que él se la metiese en la boca o que se masturbase delante de ella. Pero las siguientes no. Y si alguna rechazaba la oferta inicial, él subía la puja hasta que ella acababa cediendo, y nunca, nunca, encontramos una furcia que se rajase. Él les seguía pagando con cada golpe hasta que acababa corriéndose. Alguna vez le dije que no era necesario, que la puta no iría a ningún lado si nosotros no queríamos, pero se negaba; siempre les pagaba antes. No sé cuanta pasta se dejaba cada noche, pero joder, te aseguro que mucha, muchísima. Supongo que quería sentir que la compraba, pero yo que sé, el muy cabrón estaba como una puta cabra.
Joder, me acuerdo muy bien. Irina, se llamaba; yo me la follé dos veces antes y desde luego sabía lo que se hacía, ya lo creo que sí. Te diría que la culpa la tuvo él, pero coño, qué quieres, le había dado cuatrocientos euros y aquella furcia rusa se apartó, y eso le hizo perder los estribos. No debería haberlo hecho; en ese instante supe que aquella zorra no volvería a follar más. De pie, esperó a que ella le mirase y le rompió un puto cenicero de mármol en la cabeza, y entonces le meó encima mientras ella se desangraba; reconozco que todo aquello me resultó bastante desagradable. En el ascensor, tuve que pegarle un tiro; la puta se lo merecía, pero él ya no era tan buena compañía.»

Ayer le regalé a L. No es país para viejos, de Cormac McCarthy. Hace unas semanas, compramos, no sin ciertos problemas que en su momento pensé en relatarles, cinco libros, que no voy a citarles aquí. La estantería de mi (ex) habitación de la casa paterna está llena de libros que compré en su momento y que no he siquiera abierto más que para firmarlos; ya saben, esa manía por la acaparación de bienes personales. Hace ya unos meses, L. trajo consigo un buen puñado de libros cuando vino a vivir conmigo (y viceversa).
A pesar del evidente superávit de material literario, hace mucho que no leo un libro de principio a fin, y al menos seis meses, esto sí, sin duda, que no comienzo uno, aunque es posible que me esté olvidando de alguno, no lo sé. Podría aducir multitud de razones. Les diría que es porque, como decía Nietzsche, me contaminan («¿Permitiré que un pensamiento extraño escale secretamente la pared?» [Ecce homo]), o que quizá sea porque no dispongo de demasiado tiempo y prefiero dedicarlo a otras cosas. Pero en realidad, he de confesarles que la razón es que hace tiempo que perdí el interés en lo que otros dicen y cómo lo dicen. Ya ven, soy así de especial.
Y lo peor es que no sé si eso es bueno, malo, o ninguna de las dos cosas. Supongo que siempre me quedarán los blogs.
[En Security A(r)tWork: Casa de Juegos]


Les confieso antes incluso de comenzar que estaba dudando entre colgar esta entrada o no, porque tengo una personalidad algo volátil y mi motivación cuando la escribí no es la misma que ahora, pero me he dicho que bueno, ya que la tengo escrita, será mejor que la ponga y me deje de tonterías. Total, mañana otra y si te he visto no me acuerdo; es un poco tarde para ir escatimando en grilletes (ya saben, esclavo de tus palabras...). También les diré que este texto ha sufrido sustanciales modificaciones que jamás verán; me lo agradecerán, ya es bastante larga de por sí. Porque sí, va a ser larga, chistes aparte.
Debería empezar hablando de la tendencia que abunda en este mundillo a decir que uno escribe no para que le lean sino porque le gusta, pero les agradará oír que me voy a saltar ese trozo por irrelevante, repetitivo y absurdo. Además, yo vengo aquí a hablar de mi blog, y en ese caso, además de escribir, cosa que no niego que me divierte y mucho (sospecho que es evidente) lo que me gusta es que me lean. Sí, coño, que me lean, que no escribo para los muertos. Que el lector disfrute con lo que lee; que se lo pase bien. Soy consciente de que a veces más, a veces menos; la inspiración viene y va y no a todo el mundo, por suerte, le gusta lo mismo. Y si además con ello me pudiera hacer rico, mejor que mejor. Estén tranquilos, de momento he renunciado a la dominación mundial y a ser multimillonario con las palabras; a mí la política me queda lejos, afortunadamente.
Resumiendo -y traduciendo- todo lo que les decía en números, desde diciembre hasta el mes pasado, y de acuerdo a Google Analytics, este blog ha recibido una media de sesenta (60) visitas y unas ciento veinte (120) páginas vistas al día. Contando con los actuales cincuenta y pico lectores del feed RSS, calculo que debo tener un total de unos setenta (70) lectores diarios, que creo yo que no está nada mal, aunque lleve poco más de tres años y medio en marcha, que empieza a ser bastante. Sí, hay algo en esa frase anterior que no encaja bien, aunque lo voy a dejar como ejercicio para el lector diligente.
Así pues, aunque es posible que estén al tanto de cómo odio este tipo de llamamientos publicitarios y tirar del más sucio marketing, si tienen en cuenta la idea citada un par de párrafos antes que decía que «lo que me gusta es que me lean», pueden imaginar para qué es esta entrada; para lo mismo que he puesto esa cosa debajo del título, y para lo mismo que he activado la suscripción por correo electrónico: para ganar lectores. Y es que ya saben lo que se dice: estos son mis principios, pero si no le gustan, tengo otros (aunque también en este caso aplica bastante bien aquello de a tomar por culo, o el ya famoso ¡a la mierda!). Llamen a todo lo anterior necesidad de autojustificación si quieren, porque a lo que vengo yo aquí dando tanta vuelta retórica es a pedirles que si el blog les gusta lo suficiente, aunque entren ustedes esporádicamente, me enlacen desde el suyo. Si ya lo han hecho, gracias mil. Claro que sé que algunos de ustedes no tienen blog. No les culpo por ello, qué le vamos a hacer, nadie es perfecto. Ya ven, eso es todo; qué entrada más estéril, cierto, y qué miserablemente pedigüeña. Sepan que la cita anterior de los principios, si no recuerdo mal, es de Groucho Marx. La del culo pertenece, cómo decirlo, al "repertorio nacional".
Insisto. Quizá alguien piense que esta es una burda estrategia para ganar enlaces o popularidad, o cualquier cosa que se les ocurra. Bien, es cierto: es burda y es una estrategia. El resto ya lo he explicado, aunque para ser sinceros, me trae sin cuidado. ¿O es que son ustedes tan ingenuos que piensan que si fuese a parar a una isla desierta sin ninguna esperanza de ser encontrado me pondría a escribir sandeces como estas? Pues como se decía hace algún tiempo, va a ser que no. En otras palabras: y una mierda. A lo que me dedicaría es a comer cocos y a follarme a Brooke Shields. Que son, todas ellas, cosas muy diferentes.
Sea como sea, este blog continuará igual que hasta ahora, para bien o para mal. Y ahora que la leo, coño, qué entrada más larga, ¿no?

Bueno, bueno, bueno. Después de la extensa y explícita -hay que ver qué cara tengo- entrada de ayer, volvemos a la normalidad.
Al parecer, «El FMI alerta de que la deuda hipotecaria puede frenar el crecimiento económico en España« [elmundo.es]. Parece ser que este organismo, formado por un montón de economistas que saben un montón de economía, ha llegado a la conclusión de que si nos gastamos mucho dinero en la hipoteca, acabaremos comprando menos cosas. A mí eso me parece algo bastante obvio, incluso si no eres un economista del FMI. Que no es por vacilarles a ustedes, pero eso lo sabía yo hace tiempo. Si tienes dos euros y te gastas uno en el periódico y el otro en agua mineral con gas, el día que el periódico sube de precio, puedes comprar menos agua mineral con gas (y la empresa de mineral con gas gana menos dinero, con lo que sube menos los salarios, dedica menos a innovar, contrata menos personal, menos servicios a otras empresas, que a su vez ganan menos, suben menos los salarios...). Vamos, que yo no sé mucho de economía, pero imagino que eso debe ser bastante básico. Claro que a lo mejor no y lo mío es pura casualidad. Ya saben que esto de manejar la pasta no es moco de pavo.
Pero es que a la vez, los mismos tipos -no los de interés, sino los del FMI- y sus amigos de Banco Mundial y el Banco de España no se cansan de advertir cada cierto tiempo del peligro de sobreendeudamiento de las familias españolas. Es decir, de que la gente gasta más de lo que gana. Y uno quiere imaginar que el mensaje que se desea transmitir al españolito es que modere la pasta que se funde y tenga en cuenta que los tipos de interés están subiendo, ¿no? Pues ya no sabe uno qué pensar, porque los tipos de interés se suben entre otras cosas para que la gente gaste menos, y nos acaban de alertar de que eso no acaba de ser bueno, ¿así que para qué los suben? (*)
Es decir, que si gastas mucho, malo porque te sobreendeudas, y si gastas poco, malo porque la economía no tira palante. Así que aunque nada me gustaría más que poder decirles qué tienen ustedes que hacer, y saber yo mismo qué hacer, me temo que va a ser que no, porque uno ya no entiende nada; hagan lo que les venga a ustedes en gana que al fin y al cabo es lo que mejor sabemos todos hacer.
(*) Aunque como les digo yo de esto sé más bien poco, los tipos de interés suben porque Alemania y Francia tiran del carro y Ejpaña pinta -tanto antes como ahora- más bien poco, que es lo mismo que decir que estos años han estado bajos porque los dos de antes, que son los que mandan en esto de Europa no acababan de arrancar.
[En Security A(r)tWork: ¿Un gusano en la manzana?]

Hablaba a trompicones, como si las palabras se le agolpasen en la cabeza y fuese incapaz de ponerlas en orden, y con la resaca que yo llevaba, no estaba en condiciones de hacer un esfuerzo para descifrar todo aquello. Concentrado en luchar con un intenso dolor de cabeza, apenas era capaz de otra cosa que escuchar y transcribir sus ideas al papel; casi seis horas después, ignoraba hasta qué punto mis propias interpretaciones habían contaminado su relato, mientras su voz martilleaba en mi cabeza una y otra vez. Aparentemente al menos, nada tenía sentido.
No sé cuánto tiempo estuvimos; me debí quedar dormido en algún momento después de las cuatro de la madrugada, y para cuando me desperté, él ya se había ido. Dos días después, la policía recibiría una libreta que contenía detalles que sólo el asesino podía conocer, y no hicieron falta demasiados análisis caligráficos para conocer a su autor; les costó tanto encontrarme como condenarme. No tuve noticias suyas hasta varios años después, cuando recibí una postal sin remite que contenía una sola palabra: Gracias.
Al instante le reconocí en aquellas siete letras, pero incomprensiblemente, también supe que aquello lo había escrito yo.

Siempre me han fascinado los fármacos que alteran los estados psicológicos. Ya saben, los ansiolíticos, antipsicóticos, antidepresivos, etc. Me resulta alucinante que una persona deprimida por la muerte de un familiar se sienta feliz sin razón alguna, que alguien con pánico a cierta situación pueda comportarse con la mayor tranquilidad, o que un sujeto con agresividad sea más pacífico que un corderito. Sí, ya sé que estoy tomando casos extremos, y que por supuesto, las cosas nunca resultan tan fáciles.
Les cuento esto porque Samy (se acuerdan de ella, ¿verdad?) tiene un problema que en cierto modo encaja con todo esto. Padece, según indicaciones del etólogo y diversos veterinarios, un problema de socialización temprana. Imagino que se hacen una idea de qué es eso, pero en cualquier caso, el asunto consiste en que nuestra perra pasó los primeros seis meses de su vida, los más importantes para establecer su relación con el entorno, en entornos relativamente tranquilos y cerrados, sin ser sometida a una gran variedad de estímulos. Estímulos que ahora es incapaz de reconocer, y a causa de eso, ahora no sabe distinguir qué es peligroso y qué no, por lo que le tiene miedo a todo. Personas, paragüas, motos, bicicletas, bolsas de plástico, carritos de la basura, etc. Como digo, básicamente a todo. Intenten hacerse una idea de lo que supondría para ustedes vivir así y verán. Serían carne de psiquiatra.
Aunque la recomendación principal del etólogo fue que la apuntásemos a un curso de adiestramiento en positivo que actualmente no me puedo permitir, al parecer una de las cosas que podrían ayudar son los fármacos para controlar la ansiedad y el estrés; eso podría hacer que se relajase y en su cabeza disminuyese el nivel de "peligro" que percibe (DEFCON 1). Así que para ayudar, le he comprado Valeriana; aún no puedo decirles si funciona o no. Sí, ya sé que este post está cogido con pinzas, pero quería contarles ambas cosas y creo que era la única manera de enlazarlas en la misma entrada, a pesar de la longitud. Además, con lo que duermo últimamente, mi cerebro está limitando severamente mi creatividad. Por lo demás, y como medida alternativa a todo lo que les he contado, hoy me la he llevado a correr al río. Y sí, han adivinado bien. Samy uno (1), M. cero (0).
[En Security A(r)tWork: De firmas y garabatos afines]


Si no recuerdo mal, L. me dijo hace algún tiempo que una de (¿las teorías sobre?) las causas de los ataques de pánico y/o ansiedad era el hecho de que la persona no supiese interpretar, o radicalizase de algún modo una sensación corporal anómala. Es decir, que al detectar el "algo raro me pasa", la persona sea incapaz de controlar su reacción y eso alimente a su vez la propia inseguridad sobre lo que percibe. Tampoco me hagan mucho caso, porque a lo mejor me lo estoy inventando todo y lo que me comentó L. no tiene nada que ver con esto. Bueno, eso no importa demasiado, así que sigamos.
Unos días después del desmayo que tuve en Andorra cenando hace un par de años, experimenté un par de situaciones críticas que encajan en parte con esa explicación. Básicamente, al sentir que las condiciones del anterior desmayo se repetían, comenzaba a sentirme extraño, y eso daba lugar a un círculo vicioso en el que el hecho de asustarme por sentirte "sensorialmente diferente" hacía que me sintiese aún peor, y así sucesivamente. Si no frenas eso, imagino que el final del trayecto es algún ataque de los que les comentaba.
No les cuento esto por nada, o bueno, por lo mismo que les cuento todo lo demás; verán. Como les dije hace un par de días, he empezado a correr con Samy; algo más tres cuartos de hora al trote, con pausas diversas. El problema es que durante esta noche pasada me he notado el brazo izquierdo entumecido, sin llegar a sentirlo dormido pero sí "extraño". Les aseguro que acojona un rato; no por nada me he despertado varias veces. Así ha continuado durante todo el día, y en ese estado lo sentía esta tarde. Aunque todo apunta a una contractura muscular, lo que he vuelto a comprobar esta mediodía es lo sencillo que es entrar en esa rueda que les decía. Empiezas prestándole atención a tu brazo, y al rato te estás preguntando si notarás un pinchazo (sí, lo notas) o el agua caliente. Un poco más tarde, te tocas la cabeza y empiezas a dudar de tus sensaciones, y cuanto más atención le prestas, más miedo te entra. Y créanme, si no lo detienes de golpe, seguro que acabas concluyendo que padeces alguna enfermedad mortal y te quedan dos horas de vida.
La conclusión de todo esto es que hay que ser *muy gilipollas* para, después de bastantes meses sin hacer absolutamente ningún tipo de ejercicio, echarse al monte a correr durante casi una hora. Ese soy yo.
[En Security A(r)tWork: Cuestión de privacidad]

Mi señora estaba hoy buscando una receta de pulpo a la gallega, porque no tenía claro si se le ponía algo más aparte de aceite y pimentón, y buscando, buscando, ha ido a parar al enlace que les pongo más abajo. Les advierto antes de continuar que lo que van a ver *es harto desagradable* y no apto para menores; corran a verlo si quieren, corran, pero luego *no digan que no les avisé*.
(Ya saben eso que se dice acerca de la curiosidad y el gato, ¿verdad?)

«A la mañana siguiente, con un intenso dolor de cabeza y la boca seca como un desierto, abrí los ojos y ví aquella mujer durmiendo a mi lado. Hacía años que nadie se acostaba conmigo por propia iniciativa, por lo que asumí al instante que se trataba de una puta; tampoco tenía ánimos ni fuerzas para indagar mucho más, y me conformé con esa conclusión. La observé durante un momento; desde luego no era lo que se dice una prostituta de lujo, aunque al menos parecía limpia y no olía mal. Pagar una más cara hubiera sido tirar el dinero, si pensaba la cantidad de alcohol que había ingerido la noche anterior; eso me puso nervioso y busqué rápidamente mi cartera con la vista, pero un calambre que atravesó mi espalda me hizo desistir momentáneamente.
No recordaba haberla tocado, y sin embargo allí estaba ella, tumbada a mi izquierda y completamente desnuda. Intenté pensar, aunque toda la noche era una gran laguna con pequeños islotes donde mi memoria apenas podía aferrarse. Sentí hambre y sed; titubeé un momento, valorando mis posibilidades de éxito, y me levanté en busca de algo que comer y quizá una última botella de whisky que matar, sin suerte. Lo primero que me llevé a la boca me provocó unas ganas terribles de vomitar, y teniendo en cuenta que por lo poco que recordaba mi acompañante había bebido tanto como yo, era previsible que como pude comprobar no quedase una gota de alcohol. A duras penas volví a la cama, me tumbé a su lado con cuidado y la miré, especulando con su nombre. Las resacas me provocan ganas de follar, y podía permitirme pagarle un poco más, así que me incliné y le besé en la comisura de los labios, esperando una respuesta que no llegó. Al ver que no reaccionaba, le mordí el labio inferior y metí mi lengua en su boca; su sabor me provocó una larga arcada, pero lo que peor me sentó fue la rigidez de su lengua: la muy hija de puta estaba muerta.»

El otro día, un compañero de trabajo me informó sobre un pequeño concurso literario que proponían Escuela de Escritores y la cadena SER. Los microrelatos debían tener un máximo de 600 caracteres y comenzar con la siguiente frase: «El candidato subió a la tribuna, se colocó ante los micrófonos y se quedó en blanco». Mis propuestas fueron las siguientes:
1) Con el alcohol de la noche anterior fluyendo aún por sus venas, le costó cerca de un minuto reaccionar; se sentía mal, muy mal. Qué estúpido puedes llegar a ser. Muévete despacio, chico, y nadie notará nada. Intentó sin éxito tragar saliva; tenía la boca seca, y aquella puta de protocolo no había puesto SU botella Evian en el estrado. Pensó por unos segundos en ella y sus tetas, pero una arcada que a duras penas pudo disimular y menos contener le hizo desaparecer de la tierra. Con el vómito saliendo a borbotones, no tuvo siquiera tiempo para desear estar muerto. Muerto, o muy lejos de allí.
2) Y al vacío le siguió el pánico. Y al pánico, el calor. Allí hacía mucho calor. Sí, seguro que sí, mucho, demasiado calor, sí. Su cuerpo se cubría de sudor y podía sentir cómo su carrera política se la comían las ratas, esas mismas que se extendían a sus pies; treinta mil fieles reconvertidos ahora en diligentes verdugos. No hubo aplausos esta vez; sólo unos desagradables murmullos. Ratas. Unas horas más tarde, una nota de prensa del partido convertiría su silencio en una escenificación de la incomunicación social, pero aquello no evitó que sus propias ratas se lo comiesen vivo.
3) Tranquilo, se dijo, y respiró profundamente, tal y como le habían enseñado en el curso de relajación. Se concentró en sentir el aire llenando sus pulmones, atravesando sus bronquios. Cerró los ojos un segundo, y se vió a si mismo volando por las inmensidades celestiales, flotando como un gorrión, entre nubes color pastel. Sin darle importancia, decidió prolongar su breve ausencia, y sonrió cuando un oso amoroso le saludó tres nubes más allá. Un huevo en mitad de la frente le sacó bruscamente de sus ensoñaciones. Soñar sí, pero cantar, cantar era demasiado hasta para sus votantes.
4) Miró su reloj como referencia temporal. Diez minutos, le había dicho su asesor. Todo eso de la concentración está muy estudiado, así que no lo prolongues más; sólo diez. Lo miró de nuevo. Qué dinero más bien aprovechado, demonios. Daba el pego totalmente. ¡Y qué bien funcionaba! Qué orgulloso se sentía de haber empleado bien su dinero. Lo volvió a mirar. Nueve y medio, y los aplausos habían acabado ya. De repente, el pánico le asaltó. ¿Había cerrado el butano? Dudó un breve segundo, y titubeando, se acercó al micrófono y gritó: "¡Pepe! ¡Sube a mi casa y mira si he apagao el butano, anda!"
Como se pueden imaginar, no he ganado, aunque no les niego que albergaba alguna esperanza de hacerlo. Pero ya saben la gilipollez esa que se dice de que lo importante es participar, ¿no?
(De las elecciones, si les parece bien, ya hablamos otro día...)

Hoy podía haber sido un día normal. Un día normal, a pesar de ser lunes. Un día normal, a pesar de no haber ganado el concurso que les comentaba en la anterior entrada; como les decía, tenía alguna leve esperanza, pero nada más. Un día normal, a pesar de tener bastante sueño y el estómago revuelto. Un día normal. Normal, corriente, vulgar, típico, habitual, rutinario, aburrido. Un lunes, un maldito lunes. Pero no, claro; a santo de qué, ójala. En su lugar, ha sido un día de taller, un día de gasto no planificado, un día de Renault Megane Campeón del Mundo 2005 y 2006 y a mi qué. Imagínense el resto. Con lo que me gustan a mi los lunes normales corrientes vulgares típicos habituales rutinarios y aburridos. Ya les digo.
¿Pero saben qué? He decidido pasar del tema. Ni a ustedes ni a mí nos llevará a ningún sitio que me lamente y arruine el resto del día, así que para qué, ¿no creen? Eso no significa que lo que voy a contarles, no vaya a fastidiarles lo poco que queda de lunes, si es que no hemos entrado en el martes cuando acabe esto. Y es que vengo a hablarles de política, pero no de éste o aquél, no. De política en general.
Y es que cuando llega una fecha señalada como la del pasado domingo, siempre me encuentro en el mismo dilema, que no es ni mucho menos a quién votar, sino si votar o no votar; y les aseguro que no es vagancia, porque ahora de hecho tengo la mesa electoral a doscientos metros escasos de la puerta de mi casa. Verán, el problema es que tengo una confianza nula en los políticos. Admito que hay algunos mejores que otros, pero dado que el voto se da por cuatro años y durante todo ese tiempo en la gestión intervienen un número indefinido de sujetos, no todos de ellos de confianza, pues no me fío. Pero no se equivoquen; ni de un lado de la moneda ni del otro. Supongo que parte de mi desconfianza parte del hecho, y que nadie se me enfade, de que la mayoría de políticos -aunque no todos- provienen del funcionariado, un gremio que no se caracteriza precisamente por el trabajo duro, y que pienso que el baremo para ascender en la carrera política no son siempre los méritos, sino más bien y a menudo la falta de escrúpulos. Vamos, en pocas palabras, que mi problema es que pienso que la mayoría están ahí para forrarse. Soy un malpensado, lo sé. Otro problema es el de la democracia representativa, pero de eso ya hablaremos otro día, que el tema de la posibilidad o no de la democracia participativa da para mucho. Aunque ese tipo de democracia interesa menos, claro.
Conozco algunas de las objeciones a esto. Que nos ha costado mucho conseguir una democracia y que al no votar no tengo por tanto derecho a quejarme de la gestión de nuestros gobernantes. No puedo contestar a la primera, así que a los hechos me remito, tanto en el caso socialista como en el de derechas. Y como contestación a la segunda, creo que pagar religiosamente mis impuestos me da algún tipo de derecho, aunque sea pequeño, a opinar sobre lo que hacen con mi dinero.
Y eso es todo de momento. Por supuesto, este tema da para mucho más, ¿pero qué esperan? Esto es un blog, no la Encyclopaedia Britannica. Es tarde y estoy cansado, por lo que tendrán que conformarse con eso; mis disculpas. Como era de esperar, ya es martes. Espero no haberles arruinado demasiado el día. Sinceramente.
[Actualización 09:37h. Mi señora decía anoche cuando lo acabé que tanto escribir, tanto escribir, para esto: una entrada donde no hago ningún tipo de reflexión mínimamente profunda ni cuento nada interesante o nuevo. Después de leerla, supongo que tenía razón, así que les doy permiso para pasar de puntillas por él y no me lo tengan en cuenta para futuros encuentros. Además, creo que de ahora en adelante el estilo va a ser más de ficción que de otra cosa, que en realidad es lo que me apetece escribir.]


Ya sé lo que les dije el otro día acerca de escribir ficción, pero hay ciertas cosas a las que no puede uno resistirse; me van a disculpar si el siguiente comentario es algo largo. Al menos lo intentaré hacer ameno en la medida de mis posibilidades, que no nos engañemos, no son muchas. Tampoco crean que les voy a decir nada nuevo; en esto de la reflexión política, si es que se atreven ustedes a utilizar tal denominación, no soy nada innovador. Más bien al contrario, soy bastante típico, pero qué le voy a hacer. Lo que venía a contarles hoy es que un rato después de acabar de escribir la entrada del otro día, ví en Noche Hache una pequeña encuesta a pie de calle hecha por Marta Nebot en la que se le preguntaba al viandante sobre temas de política. Sí, claro que sé que Cuatro es una cadena sociata, pero eso no viene al caso ahora. El caso es que hubo dos que me llamaron especialmente la atención, aunque en conjunto eran todas las opiniones bastante deprimentes. En la primera de ellas, una mujer acusaba al PSOE de intentar hacer creer a los españoles que ETA había sido la causante del 11-M. Tras unos momentos de vacilación, no le quedó más remedio que admitir que se estaba liando; menos mal que se dió cuenta. Sin embargo, la mejor era la segunda que recuerdo, que es la que da origen a esta entrada.
La encuestadora le pregunta a una mujer de quizá cincuentaytantos qué opina de ZP, a lo que esta responde literalmente Es un gilipollas. Su interlocutora le pregunta, asombrada, cuáles son las razones para tal opinión, y contesta algo como que es un gilipollas porque lo dice su hermano, que siempre está metiéndose con él. Tras esta asombrosa gilipollez, esta vez sí, mi señora L., bastante indignada, me pregunta si es que la gente es gilipollas. Y yo, aparte de contestarle que sí, que la gente es efectiva y profundamente gilipollas, les traslado la pregunta a ustedes, a pesar de la redundancia del insulto: ¿Creen que es la gente gilipollas? No, no estoy siendo laxo en el uso del lenguaje. No interpreten nada: ¿es la gente gilipollas?
Y no me refiero sólo a esta buena y paleta señora (perdóneme buena mujer, pero puestos a ello, seguro que su hermano opina lo mismo que yo). Si sólo fuese esta tonta, otro gallo nos cantaría. A lo que voy es a cómo es posible que la gente que ha salido más reforzada de estas elecciones sean los especuladores del ladrillo [gracias, primo] y muchos sujetos políticos de dudosa reputación y peores escrúpulos, imputados por delitos más que sospechosos; Fabra es el primero que me viene a la cabeza. O cómo es posible que aún haya gente que crea que ETA tuvo algo que ver en el 11-M, o el populacho ignore conscientemente o disculpe barbaridades urbanísticas simplemente porque la causa de éstas es la construcción del estadio de "tu equipo". Para mí, esto es casi incomprensible. Verán, hace unas semanas salía en prensa el señor Alfonso Rus, alcalde de Xàtiva, porque al parecer había llamado burros a sus propios votantes, ya que en un mítin había prometido que llevaría la playa a Xàtiva, y eso le había conseguido la reelección. Para los que no la conozcan, Xàtiva es una bonita ciudad que está situada aproximadamente a cuarenta y cinco (45) kilómetros de Valencia hacia el interior [actualización 12:25h], segun la Wikipedia. Sí, ni más ni menos. Cuarenta-y-cinco. Cágate lorito. Mucho tiene que subir el nivel del mar para que Xàtiva vea algún día las olas del Mediterráneo.
Por supuesto, esto es lo que el sujeto este, por llamarlo de alguna forma, opina. Otra cosa es que realmente la gente creyese esta promesa y por eso le votase, aunque el hecho es que esta bonita ciudad hizo alcalde a un señor que decía que iba a llevar la playa a Xàtiva, cosa que es literalmente imposible; no sé de qué se asombra El Levante de que les llame burros, ni a qué viene tal indignación periodística. Porque sí, efectivamente son burros y muchas cosas peores. La gente se cree lo que un tipo subido en un pedestal le diga. La gente se cree que un producto es mejor que otro simplemente porque un médico, un actor o un presentador se lo dice en televisión. Porque básicamente, e incido, la gente es tonta. No sé si pillan la idea que quiero transmitir, aunque creo que sí. Esto es de alguna forma como el anuncio del Smart; metiendo dinero y gente, puedes hacer que la gente se crea cualquier cosa.
Hace algunos meses ya, cuando aún estudiaba la eternamente inacabada carrera de Filosofía, tuve una pequeña discusión en clase en torno a la capacidad de la gente para pensar por sí sola. En un extremo de la balanza, el individuo es capaz de tomar sus propias decisiones de manera autónoma en todas las circunstancias posibles, y si no lo hace así, se le culpabiliza por no llevar las riendas de su propia vida. Algo como esto es una utopía y me parece totalmente injusto. La gente no tiene siempre el tiempo, la formación y la capacidad para ello, y es totalmente comprensible que adopte modelos ajenos de conducta, opinión o ideológicos en ciertos ámbitos; todos lo hacemos de vez en cuando, y no hay nada de malo en ello. No obstante, eso no tiene porqué hacerle perder una posición crítica en muchos otros aspectos. En el otro extremo se plantea que, puesto que el sujeto carece de, como decía, la formación, el tiempo y la capacidad, no se le puede pedir que piense por sí mismo, y se le victimiza; es la sociedad la que le subyuga y le vuelve idiota. Pues no, perdone. Las cosas no acostumbran a ser blancas o negras, así que la cuestión reside en buscar el punto intermedio entre ambos extremos. Para variar.
Enlazando la idiotez no congénita y aprendida de las personas con nuestros amigos los políticos, uno podría pensar que un ciudadano formado y con capacidad de análisis crítico sería beneficioso, ya que votaría a la que considerase la mejor opción tras un análisis de cada uno de los programas electorales. Claro que eso implicaría la necesidad de que los políticos desarrollasen propuestas electorales viables (más playas en Xàtiva: conectar mediante AVE *todas* las capitales de provincia. Vamos, señor Rajoy, no nos haga perder el tiempo...) y discursos tanto razonados como razonables. Pero por desgracia, los políticos son conscientes del esfuerzo -y a menudo, de su incapacidad- para hacer tal cosa, por lo que escojen el camino rápido que es agilipollar a la gente y así poder manipularla sin más que subirse a un estrado y gritar cuatro tonterías a pleno pulmón llenas de descalificaciones.
Concluyo. Esta entrada es simplemente una respuesta a la incógnita de cómo es posible que los más beneficiados por las elecciones sean los sinvergüenzas de siempre que todo el mundo ya conoce. Sí, la gente es idiota. Tonta. Gilipollas. Faba. Imbécil. Y aunque a nadie se le pueden pedir imposibles, tampoco a nadie se le puede excusar de toda capacidad crítica. Y como creo que ya les he dicho, a los hechos me remito.
Por lo demás, llegada la temporada de verano, van a haber algunos ligeros cambios en el blog, que afectan sobre todo a la periocidad de publicación. En estos momentos, estoy poniendo a razón de una entrada diaria, algo que creo que incluso puede ser demasiado para algunas personas de las que me leen. Tengan en cuenta que tengo que trabajar, salir a correr, hacer la cena, tareas de limpieza varias, sacar a Samy de paseo, comprar cuando se tercia, escribir algo más serio, y tareas diversas. Y todo eso, dejándole a mi señora su correspondiente parte de tiempo y protagonismo. Imagínense. Así que de una al día vamos a pasar a una cada dos días o de vez en cuando, incluso una cada tres días. Aunque seguramente me conocen bastante bien; digo esto y seguro que sigo como hasta ahora. Ya veremos, pero al menos quedan advertidos.






