Discúlpenme la ausencia y la parquedad en palabras de estos últimos días. Sospecho que dormir catorce horas y levantarse a las cuatro de la tarde es igual de beneficioso para la inspiración que dormir cinco horas diarias y levantarse a las siete menos veinte. Imagínense entonces la que tendré mañana; no me exijan tanto. Es cierto que tengo pensado escribir sobre Sir Ernest Shackleton y el Endurance -sobre el que, coincidentalmente, han estado haciendo un documental en televisión hace un par de horas-, y sobre porqué, segun Tzvetan Todorov, América se llama América y no Colombia, pero no son horas, no.
Twin Peaks en Cuatro a las tres y veinte de la madrugada. Nunca estuve demasiado interesado en esta serie, cuando parecía ser la gran sensación, hasta el punto de que todo lo que sé de ella es que su argumento giraba en torno al asesinato de una tal Laura Palmer, y ni siquiera estoy seguro de eso. Yo parecía ser el único que no estaba como loco con ella cuando se estrenó. No obstante, recuerdo perfectamente el tema central de su banda sonora. En Antena3, Kristin Scott Thomas y Sean Penn, en una película que he visto pero cuyo argumento está perdido en mi cabeza, y estar escribiendo esto al tiempo que la veo no ayuda en absoluto a traerlo a la memoria; no importa.
He hecho flanes hoy. De Hacendado, no se vayan a creer, que uno no es Arzak. Según las instrucciones de la comandancia, medio litro de leche, dos sobres, mezclar y cinco minutos al microondas. Sacar, añadir el otro medio litro, mezclar y otros cinco minutos al microondas. Dejar enfriar y meterlo a la nevera. He mezclado tanto, dada la importancia y el énfasis puesto en ese punto, que más que flan, ha salido mousse de flan. No está mal, de todas formas.
Hace ya casi dos años y medio escribí un comentario en el que hablaba de cómo organizaba mi vida mediante metas; no es necesario que lean eso, ahórrense el sufrimiento, es soporífero. Ahora me he propuesto dos propósitos para los dos próximos años. Ese límite temporal es algo laxo; debería ser menos, pero nunca más. El primero de ellos es escribir una novela, algo en lo que llevo tiempo metido, pero sin haber generado apenas material escrito. Quizá con algún relato corto de por medio, o más de uno y más de dos. Tengo muchas ideas y más tiempo del que parece, a veces. El segundo propósito es correr un maratón. Pasar de los cinco kilómetros actuales a los cuarenta y dos y pico. Ambos más asequibles de lo que parece, y todo eso, sin dejar de escribir aquí.
Antes de acabar, se agradecen las invitaciones y las sugerencias. Habrán más fines de semana, más puentes y más vacaciones. Dean Wareham & Britta Phillips sonando en los auriculares: L'avventura. Hacía mucho que no escuchaba al cantante de Luna; supongo que es porque hace mucho que no escucho a Luna.
Eso es todo hasta mañana, si la inspiración me acompaña después de maltratarla de esta manera. Sea como sea, pasen un buen Día del Trabajador.
Buenas noches.
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we wish you bon voyage
and when you get there we will welcome you
and still you'll wonder at it all
see all the wonders that you leave behind
the wonders humble people own
(Moonshot, Dean Wareham & Britta Phillips, orig. Buffy Saint-Marie)

El Día del Trabajador, el trabajador (yo) no trabaja.
Mañana sí.
23:59h. Justo a tiempo.

Discutía hace ya muchos meses con mi progenitor, apoyado (yo) por mi progenitora, sobre el carácter centralista de los informativos de las televisiones de carácter nacional, y lo fácil que resulta identificarse con gran parte del sentir nacionalista si uno atiende a los contenidos de la televisión nacional pública. Antes de nada, a) yo no soy nacionalista, y b) concretar que obviamente, Telecinco, Antena3 o Cuatro son cadenas privadas, pagadas con capital privado -ignoremos las múltiples connotaciones del término "privado" en esa sentencia, que nos vamos del tema- y tienen total libertad para tratar de cualquier cosa que les venga en gana, como si es la talla de la ropa interior de sus consejos de dirección, pero no sucede así con aquellas que se unen bajo la bandera de RTVE: Radio Televisión Española. Española. Recuerden ese calificativo, tan maldito en estos tiempos inciertos, o realmente, no tan inciertos.
Dicho esto, sólo hace falta poner el Telediario de La Primera -de nuevo, televisión *nacional*, pagada por *todos* los españolitos- para darse cuenta de que, o habitualmente en la ciudad de Madrid pasan casi el noventa por ciento de las cosas que suceden en este país, o la información televisiva no está sólo sesgada políticamente, sino también geográficamente. Y si no se lo creen, seguro que saben ustedes quién es el alcalde de Madrid, pero probablemente ignoran quien es el de Sevilla, Bilbao, Valencia o incluso Barcelona (con el follón que llevan los catalanes, uno no sabe ya quién es quién). E incluso conocen la presidenta de la Comunidad de Madrid, pero ignoran si tal cargo existe en la comunidad de Murcia; existe, por supuesto que sí, se lo digo yo. Valladolid, Cáceres, Teruel o Huelva en realidad no existen en el mapa informativo, sino que son únicamente restos de ciudades íberas; nadie sabe si allí vive gente. Aparte de desastres naturales, escándalos del nivel de Marbella y asuntos nacionalistas del tamaño del Estatut o El Plan Ibarretxe (tiene pinta de título de película, visto así), casi ninguna otra información parece ser lo suficientemente importante para competir con la de la capital. Y no hablemos de deportes; el Real Madrid y el Barcelona son los únicos dos equipos de fútbol de este país, por ese orden. De verdad que uno entiende que en Madrid haya cuatro millones de almas, pero aparte de eso, no encuentra mucha mayor justificación a que *la ciudad* de Madrid -ni a la comunidad se le da tal tratamiento privilegiado- acapare tal cantidad de tiempo en los informativos de una televisión, repito, pública de carácter nacional.
Y podríamos pasar desde este punto, a esa gran desconocida para la mayor parte de ciudades de este país: la cultura pública, es decir, pagada con la pasta del españolito de a pie, madrileño o no. Porque otra de las cosas de la que cualquiera puede darse cuenta sin fijarse demasiado es la tremenda desigualdad en el número de actividades culturales públicamente subvencionadas que existe entre la ciudad de Madrid y el resto de España. Y hablo principalmente de museos, exposiciones itinerantes y demás pagadas por el erario público, y que no pocas veces pertenecen a otras regiones; La Dama de Elche y el Guernica me vienen a la cabeza. Igual que antes, si Fulanito, personita o entidad privada, estrena su obra, su musical o toca su concierto sólo en Madrid porque piensa -y probablemente sabe- que allí es donde obtendrá un mayor beneficio, es libre de hacerlo, y así le zurzan y que se la meta por donde le quepa (una cosa es que uno entienda las razones, y otra muy diferente, que las comparta). A lo que iba. Mientras los cuadros se amontonan en el Museo del Prado, en el Thyssen, y en nosecuántos museos más de la capital del reino, en esta santa ciudad, Valencia, en importancia quizá la tercera o cuarta del territorio nacional, apenas tenemos ningún museo público decente, aparte del IVAM, el de Bellas Artes -más bien modesto-, y las exposiciones itinerantes que hay de vez en cuando; no quiero ni pensar cual es la situación en el resto del país.
Y es que si la Copa América, The America's Cup, se llevase a cabo en Madrid, el Telediario lo iban a presentar disfrazados de marinero, montados en un puto barco, y la vela la iban a hacer asignatura obligatoria. Pero como Madrid no tiene mar, y es en Valencia -y pueden ustedes sustituir Valencia por cualquier otra ciudad con la ligera y posible excepción de Barcelona-, pues no. Pero no se preocupen, eso es sólo porque en este país somos gilipollas.
Aunque creo recordar que a esa conclusión ya habíamos llegado en anteriores ocasiones. Nada nuevo bajo el sol.

La tragedia se veía venir desde el principio, pero él no la vió. Siete menos cinco. Una fiambrera, unos cubiertos y alguna pieza de fruta, todo ordenadamente encajado en la bolsa de papel que acostumbraba a llevar al trabajo, decorada convenientemente con la propaganda de Coronel Tapioca que traía de origen. Aquella era, se había dado cuenta, la única y mejor forma de ahorrar, así que había abandonado los dos platos con bebida, postre y café en un bar restaurante para aquellos no hipotecados, o al menos aquellos menos hipotecados. Las siete. Abrió la puerta y al ver el suelo mojado y una ligera lluvia que caía, felicitó mentalmente a los meteorólogos de la segunda cadena de televisión, mientras barajó por un instante coger el impermeable azul que le miraba con timidez desde detrás de la puerta, escondido debajo de la chaqueta de su mujer. Recordar que el paraguas se escondía en el asiento trasero del copiloto le convenció para no hacerlo, así que lo ignoró y caminó casi de puntillas los diez o quince metros que le separaban del coche, sorteando de la mejor manera -y única posible- que conocía los charcos que se interponían entre él y su destino. Cualquiera que le observara esbozaría una sonrisa por el aspecto curioso que mostraba con sus saltitos, aunque se habría sentido inmediatamente identificado con él: todos hemos caminado así alguna vez.
Media hora más tarde, se encontraba aparcado, dentro de su coche, pero la lluvia había tomado un matiz mucho más serio, y lo que antes era apenas una ligera llovizna, había pasado a ser un buen aguacero. Echó de menos no haber cogido el impermeable, y se culpó durante un segundo por su estupidez; siempre hubiese estado a tiempo de dejarlo en el portamaletas. Desplegó el paraguas y fue consciente de que necesitaba una superficie tres veces mayor que la que se desplegaba sobre su cabeza para no acabar empapado. Conclusión: se iba a mojar. No mucho, pero sí, se iba a mojar, sin ninguna duda. Ante la falta de alternativas, y asumiendo su húmedo destino, echó a andar, con su negro compañero en una mano extendido sobre sí, y la bolsa de la comida en la otra. En los auriculares, Steve Miller Band: Did you see the lights / As they fell all around you / Did you hear the music / Serenade from the stars, y mientras a pesar del viento, permanecía seco de cintura para arriba, lo que pasaba con el resto de su cuerpo era algo muy diferente. Le consolaba pensar que el impermeable no habría evitado aquello y después de todo, le encantaba caminar bajo la lluvia, aunque reconocía que quizá aquellas no fuesen las mejores condiciones para hacerlo. Una preciosa chica morena vestida de ejecutiva con la que se cruzó -él la miró, ella no- le hizo desentenderse de aquellas cavilaciones sin oficio ni beneficio, sustituidas por una ligera sensación de falta de cariño -femenino y no materno- y otras de mayor jovialidad pero similar productividad, mientras aquella vieja y arrugada bolsa de papel, expuesta a miles de gotas de agua, se humedecía poco a poco, lentamente, ausente a los banales pensamientos de su portador. Ajena al resto del mundo, se empapaba con alegría...
...y todos sabemos lo resistente que es el papel mojado, ¿verdad?

Llega un momento en la vida de toda persona en el que tiene que afrontar ese suceso que pensó creía que nunca llegaría. Porque parece que ese DNI recién estrenado jamás caducará; cinco años es toda una vida. Pero el tiempo es implacable, y cuando te das cuenta, lo llevas cinco meses pasado y ya casi huele; a todos nos llega la hora, como en muchas otras cosas en la vida, tarde o temprano. Y pensándolo bien, después de todo, me alegro de seguir aquí para renovarlo. No me voy a enterrar antes de tiempo, que tengo cuestiones pendientes.

Vale, no soy la persona más fotogénica del mundo, y lo sé, debería matar a mi asesor de imagen, si lo tuviera, pero después de todo, esa es la cara que tengo.
Y perdónenme el exhibicionismo, pero ya nos conocemos.

Sleep The Clock Around, de Belle and Sebastian. Si no la conocen, consíganla. Como sea. Y vuelvan.
* [Actualización: Pueden encontrar la canción aquí] *
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Put a face on the world, turn your back to the wall
And you walk twenty yards with your head in the air
Down the liberty hill, where the fashion brigade
Look with curious eyes on your raggedy way
And for once in your life you have nothing to say
And could this be the time when somebody will come
To say, look at yourself, you're not much use to anyone
Take a walk in the park, take a valium pill
Read the letter you got from the memory girl
But it takes more than this to make sense of the day
Yeah it takes more than milk to get rid of the taste
And you trusted to this, and you trusted to that
And when you saw it all come, it was waving the flag
Of the united states of calamity, hey!
After all that you've done boy, I'm sure you're going to pay
In the morning you come to the ladies salon
To get all fitted out for the paperback throne
But the people are living far away from the place
Where you wanted to help, it's a bit of a waste
And the puzzle will last till somebody will say
There's a lot to be done while your head is still young
If you put down your pen, leave your worries behind
Then the moment will come, and the memory will shine
Now the trouble is over, everybody got paid
Everybody is happy, they are glad that they came
Then you go to the place where you've finally found
You can look at yourself sleep the clock around
Genial, no.
GRANDE, NO.
No sé lo que es, pero esa canción respira algo... algo bueno.

Muchos hemos pasado por la situación en la que al entrar en casa de un amigo, un vecino, un familiar o la madre del cordero, el perro de éste se nos acerca y olfatea, mientras el dueño dice aquello de ¡Tranquilo, si no hace nada! (lo mismo puede pasar con sus hijos, pero no es el caso aunque el peligro puede ser similar). Ja. Y una mierda. Un cojón de vaca. No, yo no me fío. Que no, coño, que no entro. Que lo cojas. A no ser claro está, que pueda aplastarlo con el pie, y aún en ese caso, me lo pienso dos veces. Porque la última vez que me fié de una bestia ajena, acabé con un amago de mordisco en la parte interior del muslo izquierdo, recuerdo del cual conservo una pequeña y bonita cicatriz. Seguro que era su forma de comunicarme que se alegraba de verme. Aquello no fue apenas nada, pero el puto pastor alemán me podía haber amputado un buen cacho de pierna si le hubiese pillado con ganas; y sólo tengo dos y me las aprecio bastante. O más. Desde ese día, si no voy convenientemente armado, nunca entro en una casa en la que el perro me parezca una amenaza, por muy manso y simpático que éste pueda parecer. ¡Qué bicho tan mono! O lo coges, o no entro.
Siempre lo he dicho. No te fies de un animal que se mueve por instinto y no sabes cómo va a reaccionar (casi como las personas, sólo que éstas no acostumbran a morder... generalmente). Sin ir más lejos, Trex, el simpático can de este post, fiel y obediente y listo y guapo y noble, que nunca se atrevió a coger ni un mendrugo de pan del suelo de la cocina, por educación, hace una semana tomó prestados tres costillares cocinaditos y especiados, listos para cenar. Y se los cenó.
Pues eso. Lo que yo decía. Si no me puedo fiar ni de que mi animal me deje cena, cómo me voy a fiar de los perros de los demás. Como para fiarse estamos.
Y una leche. O dos.

«Realidad Virtual
No es habitual en mí levantarme de la cama cada mañana y recordar lo que he soñado mientras dormía. Ayer compré vuestra revista, como hago cada mes, y me gustó mucho la portada. Ese rojo es increíble y sienta muy bien al romántico otoño. Esta mañana he recordado lo que soñé durante toda la noche: paseaba con mi abrigo rojo por el centro de Barcelona, y justo donde está el Corte Inglés de Plaza de Catalunya un gran edificio envuelto en hojas marrones y amarillas con las letras E, L, L y E en color blanco acaparaba la atención de miles de espectadores. En los escaparates, los maniquíes imitaban el estilo de Sarah Jessica Parker, Sienna Miller y Milla Jovovich con prendas imprescindibles para estar a la última este otoño. En el interior, las mejores marcas llenaban los stands del centro comercial desde Carolina Herrera a Clinique, de Estée Lauder a Tod's, de Hermès a La Mer, con peluquería Jean Louise David, Vodafone Móviles, lo último en decoración... Había asesores de moda que ayudaban a personas como yo, que a veces no tienen ni idea de qué ponerse ni qué les sienta mejor o peor. Era vuestra revista en tres dimensiones. Ójala algún día hubiera algo parecido, y ójala que algún día se haga realidad.» (Sara Cabané, (email). CartasElle, pág. 20. Revista ELLE, n. 230 Noviembre 2005)
Qué queréis que os diga. No tengo palabras y quizá muchos prejuicios.
¿Vodafone Móviles?

El pasado jueves hablé de esta canción, del grupo Belle and Sebastian. A las personas que sé que me leen y con las que puedo contactar, les facilité en cierto modo la obtención de la canción, hasta que la encontré en un servidor público. Ayer por la noche recibí este correo de una de esas personas:
«eiii!!! genial tio!!!
la canción es una pasada :) y la versión "Belle and Sebastian" me ha encantado..... :P
bonita vocecita la tuya, ¿no?
un besazo, guapísimo!i»
Al leerlo, me llamó la atención, por llamarlo de alguna manera, lo de "la versión", y no menos lo de "bonita vocecita la tuya". Veinte minutos más tarde, un segundo correo de la misma persona, que dejaré que permanezca en el anonimato si así lo desea, del que reproduzco un fragmento:
«El hecho de que fuera un enlace "privado" + el nombre del grupo + que en más de un blog últimamente he tenido el privilegio de oir la voz del autor + que yo los viernes después del curro, de la uni, de danza, acabo muerta y mis neuronas de vacaciones..... me han llevado a pensar en tu posible performance.....»
Después de esto, creo que mis lectores me sobreestiman, y me veo en la necesidad de aclarar que Belle and Sebastian y Sebastian Dell no tienen nada que ver...
Ójala :^)

Y con un quién no te aprenda, que te compre finiquitó aquella bronca sin sentido, apuntando teatralmente a Mario con el dedo, gastando ese aire de superioridad que utilizaba al hablar con cualquiera de nosotros, y ofendido se dió la vuelta enérgicamente, movimiento que sin duda había ensayado frente al espejo, dirigiéndose hacia la puerta; una carrera de actor dramático frustrada, por suerte para la profesión. Todo ese tiempo, Mario permaneció allí, erguido, mirándole a la cara, de pie, casi podría decirse que sonriendo, callado, como si aquello no fuese con él. Y casi cuando el señorito hubo abandonado la habitación, murmuró entre dientes, lo suficientemente alto para ser oído y lo bastante bajo para poder negarlo si hubiera hecho falta: Es quién no te conozca, idiota.
Todos sabíamos que el señorito había oído aquello, pero finjiendo que no había sido así, continuó andando, porque cualquier otra cosa hubiese sido ponerse en evidencia, mientras a su espalda, ahora sí, Mario sonreía abiertamente, consciente de su triunfo.

Directamente desde la clase de inglés de mi bro, convenientemente traducido -por mi, y por tanto sujeto a múltiples errores- para la ocasión, un texto basado en una historia real (como en la tele) que me ha parecido curioso, y espero no ser el único... aunque en cualquier caso, esta noche o mañana habrá otra cosa que leer. Dice así:
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«Para aquellos ingenieros entre nosotros que entienden que lo obvio no es siempre la solución, y que los hechos, no importa cómo de implausibles, son aún los hechos... Esta es una rara pero real historia (con moraleja)...
Una queja se recibió en la División Pontiac de la General Motors:
"Esta es la segunda vez que les escribo, y no les culpo por no contestarme, ya que debo de sonar como un loco, pero es un hecho que tenemos en nuestra familia la tradición de tomar helado de postre después de cada cena. Pero el tipo de helado varía, así que cada noche, después de cenar, toda la familia vota qué sabor de helado debemos tomar y yo conduzco hasta la heladería para comprarlo. Es también un hecho que hace poco compré un nuevo Pontiac y desde entonces mis viajes a la heladería se han convertido en un problema. Cada vez que compro helado de vainilla, cuando vuelvo al coche, éste no arranca. Si compro cualquier otro sabor, arranca sin problemas. Me gustaría dejar claro que estoy siendo completamente serio acerca de la siguiente cuestión, sin importar cómo de absurda pueda sonar: '¿Qué hay en un Pontiac que lo hace no arrancar cuando compro helado de vainilla, pero arranca fácilmente cuando compro cualquier otro sabor?'"
El presidente de Pontiac era lógicamente escéptico en relación a la carta, pero envió un ingeniero para comprobarlo de todas formas. Éste se sorprendió de ver que lo recibía un hombre exitoso y obviamente bien educado en un buen vecindario. Había quedado en reunirse con él justo después de la cena, así que los dos condujeron hasta la heladería en el nuevo Pontiac. Tocaba vainilla aquella noche, y como había dicho, cuando regresaron al coche, éste no arrancó.
El ingeniero volvió tres noches más. La primera, chocolate. El coche arrancó. La segunda, fresa. El coche arrancó. La tercera, vainilla. El coche no arrancó.
El ingeniero, siendo un hombre de lógica, rechazaba la idea de que el coche de este hombre fuese alérgico al helado de vainilla. Así que continuó con las visitas durante el tiempo necesario para resolver el problema. Y para ello, comenzó a tomar notas: acumuló todo tipo de información, tiempo atmosférico, gasolina utilizada, tiempo en recorrer el camino, etc.
Al cabo de poco tiempo, encontró una pista: al hombre le costaba menos tiempo comprar vainilla que cualquier otro sabor. ¿Por qué? La respuesta estaba en la organización física de la heladería.
La vainilla, al ser el sabor más popular, estaba en un recipiente separado al comienzo de la tienda, para ser recogida rápidamente. El resto de sabores estaban al final de la tienda, en un lugar aparte, donde costaba considerablemente más encontrar el sabor y pagar el helado.
Ahora la cuestión para el ingeniero era por qué el coche no arrancaba cuando el tiempo era menor. Una vez el tiempo sustituyó al sabor del helado como el causante del problema, el ingeniero rápidamente encontró la respuesta: un tapón de vapor. Sucedía cada noche, pero el tiempo extra que costaba comprar el resto de sabores permitía que el motor se enfriase lo suficiente para arrancar de nuevo, mientras que cuando el hombre compraba vainilla, el motor estaba todavía demasiado caliente para que se disipase el tapón de vapor.»
Vapour lock / Tapón de vapor (Mecánica de fluidos): Interrupción del flujo de combustible en un motor de gasolina, por formación de burbujas gaseosas o de vapor en el sistema de alimentación de combustible de la máquina.

Se hace saber que, después de quizá más de seis meses sin hacerlo (*sigue leyendo*, sé lo que estás pensando), y exclusivamente por necesidades del guión, mañana me afeito.
Quería que lo supiéseis antes de que se publique en los medios, que ya sabéis que en este país todo se sabe por la prensa. Que luego no se diga que www.unsociability.org (¿os habéis fijado? lo pongo en negrita como hace la gente importante, aunque me resisto a las mayúsculas) no cuida a sus lectores. A lo mejor, dada la rareza del acontecimiento, obtengo documento gráfico del aspecto resultante. En cualquier caso, mi almohada tiene la última palabra.
(El cómo de mi escasa barba después de medio año sin pasarle la cuchilla lo dejaremos para futuras lecciones... y desde luego, hay que ver qué gilipollez de post)

El otro día aterricé por casualidad en el blog de La Ceci, que anunciaba que lo cerraba a causa de ciertos comentarios desagradables provocados por sus últimas y -probablemente- anteriores opiniones. La verdad es que era la segunda vez que entraba, y el blog tampoco es que me apasione, pero vaya casualidad, que la chica del escote generoso lo clausurase precisamente ese día. Al menos ha dejado la foto, que algo es algo. Al parecer, su opinión acerca de la poca utilidad de muchas de las materias actuales y de las recibidas durante su educación («Y lo que no entiendo es porque no se enseñan cosas básicas que realmente nos pueden hacer falta algún día como Psicología, Salud, Primeros auxilios, Legislación, Finanzas domésticas (declaración de la renta), Nutrición y Cocina, reparaciones caseras (fontanería, carpintería, albañilería, electricidad) y también a conducir... me hubiera venido genial...»), con lo que no estoy de acuerdo, y sobre la importancia de los contactos y la suerte en el mundo profesional actual («lo más importante para triunfar profesionalmente no es el dinero, ni la experiencia, ni el conocimiento, ni el talento, lo fundamental son los contactos y la suerte»), con lo que estoy parcialmente de acuerdo, tocaron la fibra sensible de más de uno que se había tomado a sí mismo demasiado en serio, aparte de tener demasiado tiempo libre y demasiados pocos modales. No debió tomarlos tan en serio, pero bueno, la cuestión que nos interesa, al menos a mi que soy el que está escribiendo esto, es que la buena mujer acabó concluyendo que había entendido cuáles eran las normas de la blogosfera -horrible palabro donde los haya-, y venían a ser las siguientes (que no, que no):
Uno, o 1: «Hay que ser anónimo»
Está muy claro a estas alturas que me llamo Manuel B****, vivo en Valencia, tengo 29 años y muchas cosas más que no pienso repetir, ya que están en mi breve nota biográfica. El caso es que, para ser sincero, soy cualquier cosa menos anónimo. Más bien, lo que soy es un poco exhibicionista.
Dos, o 2: «Hay que mostrarse neutral, ante cualquier tipo de tema que pueda ser polémico: política, religión, fútbol, sexo... cultura...»
Excepto en algunas cosas sobre las que no he tenido oportunidad de hablar porque no me interesaban un comino, nunca me he mostrado neutral en casi nada. Adaptando lo que dijo aquél ("aquél" se llamaba Dante) para la ocasión, Los lugares más calientes del infierno están reservados para aquellos que en momentos de crisis [moral], mantienen la neutralidad. Toma mocarro de erudición pedante, anticipando el punto tres.
Tres, o 3: «Hay que hablar con corrección política, sin tacos, ni excesos pedantes ni tecnologismos y con total respeto hacia los demás...»
Joder. Aquí sí que no, porque creo que no cumplo ninguno de ellos, ni siquiera -acuérdense del post acerca de Nepomuk- el del respeto hacia los demás.
Así que, a la vista de los hechos, y si tenemos que asumir que esta buena mujer lleva razón con esos tres puntos, cosa que permítanme que dude (respeto, respeto) a pesar de la cantidad de gente que le daba la razón, me van a tener que decir ustedes qué coño (sin tacos, sin tacos) es esto que estoy yo escribiendo, si no cumplo ni la Uno, ni la Dos ni la Tres.
Y ya hablaré otro día de qué coño es un blog, para qué sirve y si vale la pena hablar de qué -otra vez- coño es un blog, que parece que últimamente -bueno, y no tan últimamente- está todo el mundo obsesionado con la tonteria esta de las páginas que se escriben al revés (cronológicamente, claro).

T.: Me duele últimamente el tello.
M.: ¿El tello?
T.: Sí, el músculo que va de los cojones al cuello.
Y luego me preguntan que si en mi casa me pegan. Con pegamento, me pegan.
(Esta noche a lo mejor, más)

Vale, esta noche no hay un texto mio, sino en su lugar uno (del que no recuerdo el enlace original, qué le vamos a hacer) que quizá sea un poco largo para aquellos más vagos entre nosotros, pero que quería colgar hace tiempo porque me parece bastante ilustrativo y ya veréis por qué. ¡Ah! Lo de siempre... si no os gusta, mañana más.
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Esta mañana han llegado a mi puerta una pareja bien vestida y bien peinada. El hombre habló primero:
Juan: Hola, yo soy Juan y esta es María.
María: Hola, estamos aquí para invitarte a besar el culo de Hank con nosotros.
Yo: ¿Cómo? ¿De qué hablas? ¿Quién es Hank? ¿Y por qué tendría que querer besar su culo?
Juan: Si le besas el culo a Hank, te da un millón de dolares; y si no lo haces, te cubre de mierda.
Yo: ¿Cómo? ¿Es que es alguna clase de extraño pervertido?
Juan: Hank es un multibillionario filántropo. Hank construyó este pueblo. Hank posee este pueblo. Puede hacer lo que quiera, y lo que quiere hacer es darte un millón de dolares, pero no puede si tú no besas su culo.
Yo: Eso no parece tener mucho sentido. ¿Por qué?
María: ¿Quien eres tú para cuestionar los deseos de Hank? ¿Es que no quieres el millón de dolares? ¿Es que no vale un pequeño beso en el culo?
Yo: Bueno quizás, si es legítimo, pero...
Juan: Entonces vamos a besar el culo de Hank.
Yo: ¿Besáis el culo de Hank frecuentemente?
María: Oh, sí, continuamente.
Yo: ¿Y os ha dado el millón de dolares?
Juan: Bueno, aún no. No se puede recibir el dinero hasta que no te marchas del pueblo.
Yo: Entonces, ¿por qué no os marcháis del pueblo y recibís el millón de dolares?
María: No puedes marcharte del pueblo hasta que Hank te lo diga, o de lo contrario no recibes el dinero y Él te cubre de mierda.
Yo: ¿Conocéis a alguien que haya besado el culo de Hank, que se haya marchado y que después haya regresado con el dinero?
Juan: Mi madre le besó el culo a Hank durante años. Ella se marchó el año pasado, y estoy seguro de que tiene el dinero.
Yo: ¿Has hablado con ella desde entonces?
Juan: Por supuesto que no, Hank no lo permite.
Yo: Entonces, ¿cómo sabes que tiene el dinero si no has hablado con nadie que lo haya recibido?
María: Bueno, antes de que abandones quiero darte una pequeña muestra. Tal vez tengas un accidente, tal vez ganes un pequeño premio en la lotería, tal vez encuentres un billete de veinte dolares en la calle.
Yo: ¿Y qué tiene eso que ver con Hank?
Juan: Hank tiene ciertas "conexiones"...
Yo: Lo siento, pero esto suena como si fuera un extraño videojuegos.
Juan: Pero es un millón de dólares, ¿puedes realmente arriesgarte? Y recuerda, si no le besas el culo, te cubre de mierda.
Yo: Tal vez si pudiera verle, hablar con Él, tener los detalles directamente de Él...
María: Nadie ve a Hank, nadie habla con Él.
Yo: Entonces, ¿cómo le besáis el culo?
Juan: En ocasiones únicamente le mandamos un beso y pensamos en su culo. Otras veces besamos el culo de Karl y él se lo transmite.
Yo: ¿Quién es Karl?
María: Un amigo nuestro. Él es quien nos ha hablado sobre besar el culo de Hank. Todo lo que tenemos que hacer es invitarlo a comer de vez en cuando.
Yo: ¿Y habéis creído sus palabras cuando ha dicho que existe un Hank, que Hank quiere que le beséis el culo y que os recompensará?
Juan: ¡Oh, no! Karl tiene una carta de Hank de hace mucho tiempo donde lo explica todo. Aquí tienes una copia para ti, míralo por ti mismo:
Del escritorio de Karl
1. Besa el culo de Hank y el te dará un millón de dolares cuando te marches del pueblo.
2. Bebe con moderación.
3. Cubre de mierda a aquellos que no sean como tú.
4. Come bien.
5. Hank dictó esta carta él mismo.
6. La Luna está hecha de queso verde.
7. Todo lo que dice Hank es cierto.
8. Lávate las manos despúes de ir al baño.
9. No uses alcohol.
10. Come tus salchichas en panecillos, sin condimentos.
Yo: Esto está escrito en papel con el membrete de Karl.
María: Hank no tiene papel.
Yo: Tengo la impresión que si lo comparamos encontraremos que esta es la letra de Karl.
Juan: Por supuesto, pero Hank lo dictó.
Yo: Pensaba que decíais que nadie puede ver a Hank.
María: No ahora, pero hace tiempo hubo algunas personas.
Yo: Pensaba que decíais que era un filántropo. ¿Qué tipo de filántropo cubre de mierda a la gente solo porque sean diferentes?
María: Eso es lo que Hank quiere, y Hank siempre está en lo cierto.
Yo: ¿De dónde has sacado eso?
María: El punto 7 dice que: "Todo lo que dice Hank es cierto" ¡Eso es suficiente para mi!
Yo: Quizás vuestro amigo Karl hizo las normas él mismo.
Juan: ¡Imposible! El punto 5 dice "Hank dictó esta carta el mismo". Al mismo tiempo, el punto 2 dice "Usa el alcohol con moderación", el punto 4 dice "Come bien" y el punto 8 dice "Lávate las manos despúes de ir al baño". Todo el mundo sabe que esto es cierto, por lo tanto, todo lo demás debe ser cierto también.
Yo: Pero el punto 9 dice "No uses alcohol", lo cual entra en conflicto con el punto 2, y el 6 dice "La Luna está hecha de queso verde", lo cual no es cierto.
Juan: No existe contradicción entre los puntos 2 y 9, el segundo simplemente clarifica el primero. Y por lo que respecta al 6, tú nunca has estado en la Luna, por lo que no puedes hablar con seguridad.
Yo: Los científicos tienen claramente establecido que la Luna esta hecha de roca...
María: Pero ellos no saben si la roca viene de la Tierra, o del espacio exterior, por lo que podría ser fácilmente queso verde.
Yo: Realmente no soy un experto, pero pienso que la teoría de que la Luna fue "capturada" por la Tierra ha sido descartada. Por otra parte, no saber de dónde viene la roca no la convierte en queso.
Juan: ¡Ajá! Acabas de admitir que los científicos cometen errores, ¡pero nosotros sabemos que lo que dice Hank es cierto!
Yo: ¿Lo sabemos?
María: Por supuesto, el punto 7 lo dice.
Yo: Estáis diciendo que Hank siempre está en lo cierto porque la lista lo dice, la lista es cierta por que Hank la ha dictado, y sabemos que Hank la ha dictado por que la lista lo dice. Esta lógica circular no se diferencia en nada de decir que Hank es verdad por que lo dice Hank.
Juan: ¡Bien! ¡Ya lo está comprendiendo! Es reconfortante ver que alguien se está acercando a la forma de pensar de Hank.
Yo: Pero... oh, no te preocupes. ¿Qué es lo que pasa con las salchichas?
(María se sonroja)
Juan: Las salchichas en panecillos, sin condimentos. Esta es la forma de Hank. Cualquier otra forma es incorrecta.
Yo: ¿Y qué ocurre si no tengo un panecillo?
Juan: No hay panecillo, no hay salchicha. Una salchicha sin panecillo es incorrecto.
Yo: ¿Sin salsa? ¿Sin mostaza?
María (asombrada): Parece irremediablemente condenado.
Juan (gritando): ¡No hay ninguna ambigüedad en su lenguaje! ¡Cualquier tipo de condimento está prohibido!
Yo: Entonces, de una enorme pila de chucrut con algunas salchichas pinchadas en ella ni hablamos, ¿no?
María (se pone los dedos en los oídos): No te estoy oyendo, nana nana nana.
Juan (con cara de aversión): ¡Eso es repelente! No sé qué clase de demonio comería eso...
Yo: ¡Está bueno! Yo como eso todo el tiempo.
(María palidece)
Juan (cogiendo a María): Bueno, si yo hubiera sabido que eras uno de esos no habría perdido mi tiempo. Cuando Hank te cubra de mierda, yo estaré allí, contando mi dinero y burlándome. Yo besaré el culo de Hank por ti. Tú, comedor de salchichas sin panecillo y devorador de chucrut.
(Al decir esto, Juan arrastró a María al coche que le esperaba y arrancó a toda velocidad)

Creo que ya lo he dicho alguna vez: en este país la justicia es una (puta) mierda. Aunque como también dije en aquella ocasión, eso no es un secreto ni sé de qué me sorprendo. Sí, creo que hasta utilicé las mismas palabras. Si es que soy de un original que tumba de espaldas. Bonita expresión. Bueno, que me disperso, a lo que iba.
Lo que decía viene a colación, obviamente, de las sentencias -no firmes- de la Audiencia Nacional contra los tres policías que realizaron detenciones ilegales de tres militantes del PP en una marcha de la Asociación Víctimas contra el Terrorismo el pasado 2005. No voy a entrar en si hubo mayor o menor grado de agresividad contra José Bono, aunque creo que eso lo han probado sobradamente las cámaras, y hasta el periódico El Mundo -de tendencias más que PartidoPopulares- proporciona imágenes de la (¿presunta? ¿O eso aquí no hay que decirlo? Nota: esta es una pregunta técnica, no un uso de la ironía) agresión. Pero no importa, vamos a suponer que dichos agentes se extralimitaron en sus funciones y detuvieron a tres personas que aparte de empujar y pegar gritos no hacían otra cosa (eso sí que lo hacían). Y está claro que no se puede detener a nadie por eso. Bueno, si gritas contra el ciudadano Juan Carlos Borbón, como dice la Raola, pues a lo mejor (que va a ser que sí), pero no nos vayamos del tema que al final me pierdo. Prosigo...
Debo decir antes que no soy el más ferviente defensor del Cuerpo Nacional de Policía. Pienso que es un cuerpo necesario, que a veces se pasa, a veces se dedica únicamente a recaudar fondos, según se acerque uno a final de mes, y a veces no hace nada (de nada). Y aún teniendo en cuenta que probablemente, de los tres "a veces" mencionados, dos vienen "aconsejados" por las altas instancias extra policiales, démosle al César lo que es del César: la mayor parte del tiempo son útiles, a pesar del mucha policía poca diversión. El caso es que estos tres policías han sido condenados a cinco años de cárcel uno de ellos, y tres años de cárcel cada uno de los otros dos, sin tener en cuenta los años de inhabilitación que les han caído.
Obviamente, que un funcionario del Estado que debe velar por la seguridad, el bienestar, el orden y vete tú a saber cuantas cosas más, realice una detención ilegal es un hecho muy serio y muy grave, ya que va precisamente contra sus funciones, pero que por ello los metan en la cárcel, me parece excesivo y totalmente desproporcionado, porque sin hacer demasiada memoria, que no hace falta, esto nos lleva a concluir que en este santo país es peor este hecho (que, no nos equivoquemos, y esto no pretende servir de excusa, no es la primera vez que pasa), que no creo que haya afectado gravemente a las vidas de los detenidos, que atropellar a alguien sin carnet de conducir tras lo cual darse a la fuga. Y para no limitarme a nuestro querido aprendiz de conductor, seguro que el colectivo de mujeres víctimas de violaciones tiene apuntada más de una sentencia más que benévola, por no llamarla otra cosa (es que la mujer llevaba falda, oiga, e iba provocando).
Esto, como corolario, nos conduce a lo mismo con lo que habíamos empezado este post: que en este pais la justicia es una puta mierda y cada día está peor. Aunque eso no es ningún secreto y no sé a estas alturas de qué me sorprendo.
Es decir, nada nuevo bajo el sol.
Nota: lo de "querido" es broma.

Me llaman El Hombre Horizonte. Ya sabéis. Como en Horizontes Lejanos y Horizontes de Grandeza, pero casi. Sólo lo primero: Horizontes. El Hombre Lejano y El Hombre de Grandeza también me gusta -este último suena un poco a pueblo, ¿no?-, pero uno no elige su destino ni su denominación de origen. Eso sí, es importante pronunciarlo bien, para que no pierda la fuerza, manteniendo la ene, así: Horizonnnnnnnnnnnnnnnnte. Hay que tener algo de práctica para hacerlo correctamente, que no sale a la primera. Otro punto vital es la posición del cuerpo al decirlo. Los brazos deben encontrarse ligeramente estirados, inclinados unos quince grados hacia arriba, con las palmas de las manos abiertas mirando al suelo, como si estuvieras en una torre a trescientos metros -menudo pedazo de torre, ya lo sé- indicándole a alguno que ha subido contigo a tomar el sol que todo lo que la vista alcanza, incluyendo a los campesinitos esos que parecen hormiguillas -chaf chaf- allí abajo, es tuyo. Para acabar con las instrucciones, es imprescindible que los ojos estén entreabiertos. No cerrados, porque entonces parecerás gilipollas, ni abiertos del todo, porque entonces parecerá que te está dando algo. Lo dicho, entreabiertos. O entrecerrados. Entre abiertos y cerrados, con esa mirada estilo Hombre Martini que sacas sólo las noches de sábado.
Practiquen. Se lo dice El Hombre Horizonnnnnnnnnnnnnnnnte.
(Ojos, brazos y manos en posición acorde tal y como se ha descrito)

Tengo tanto sueño que más que sueño, creo que está empezando a adquirir el rango de utopía.

Hace bastante que perdí la confianza en esta sociedad; en sus políticos, sus instituciones, sus representantes, sus ideas y sus propósitos. Y en la gente, hace mucho que perdí la confianza en la gente (menos en David). Con el tiempo he aprendido que cuando no hay intereses ocultos, hay ignorancia, y sólo en algunos casos la gente es realmente sincera y está dispuesta y capacitada para defender sus ideas con validez. Así que no sé si estaré este domingo en la Plaza del Ayuntamiento de Valencia, en la sentada por una vivienda digna, y los que me conocen lo suficiente saben que mis atisbos de duda suelen equivaler a una negativa.
No estoy de acuerdo en que la gente haya de conformarse con el alquiler frente a la propiedad, porque hay suelo más que suficiente en este país para que no tenga que ser así. No estoy de acuerdo en que se eliminen las desgravaciones a la primera vivienda, y me parece cuanto menos sorprendente que los defensores de un movimiento así se basen en informes del FMI y el BCE para defender eso, instituciones que no se caracterizan precisamente por el intervencionismo estatal en cualquier tipo de asunto económico, que es el principal argumento de los organizadores. Y finalmente, no estoy de acuerdo con tener que pagar un impuesto por no irme a vivir a mi piso, que permanece vacío mientras espero hacer una reforma que es posible que mucha gente considere que no necesito, cuando me de la gana.
A pesar de ello, defiendo la idea principal de la sentada, y puesto que imagino que muchos de vosotros no estaréis de acuerdo conmigo pero sí con ésta, podéis encontrar más información en:
Gracias, balita ;^)

Ya sé que últimamente me quejo mucho. Será que duermo poco y follo menos. Aunque a decir verdad, tampoco me apetece demasiado (el sexo); quizá sea por lo primero, por la astenia primaveral o vaya usted a saber qué. En cualquier caso, no voy a discutir eso aquí. Puedo llegar a ser algo exhibicionista pero mi vida sexual no entra en el lote y por el momento, y por mucho tiempo, va a continuar en la oscuridad; esto puede ser el Diario de Patricia, pero desde luego, no es Salsa Rosa. La cuestión es que me quejo mucho, así que puesto que esta noche no he tenido sexo y aún estoy despierto, voy a continuar en la misma línea. Otra cosa más: mamá, te prohibo cualquier alusión, por cualquier medio, a lo expresado hasta ahora. Bien, quejémonos.
Mi uniforme de trabajo habitual siempre han sido los vaqueros, o en su defecto los pantalones de tela un par de tallas más que la mia, las zapatillas y la camiseta; de ahí mi relativa obsesión por estas dos últimas prendas. No obstante, esta vestimenta cambió el día que cambié de empresa, y empecé a llamarme Consultor de Sistemas en lugar de Técnico de Sistemas, aunque fuese únicamente a título formal. Ese día los pantalones de vestir, los zapatos y las camisas entraron, más por necesidad que por deseo, en mi armario. Incluso tuve que prescindir de aquella incipiente barba de guarro que tanto le gustaba a mi iaio.
Al principio y durante un tiempo aquello fue algo traumático. Ahora ya no lo es; aunque por supuesto prefiero mi antigua manera de vestir, que es la que gasto normalmente, ya no me supone nada (o casi nada, a uno siempre le queda ese resquicio de orgullo) tener incluso que afeitarme y ponerme corbata de vez en cuando. Al fin y al cabo, no es un gran sacrificio y el cliente es el que manda, y no nos equivoquemos, como suele decirse no hay una segunda oportunidad para causar una buena primera impresión, y ésta suele ser vital de cara a una persona que te va a confiar la seguridad de los datos de su empresa.
No cambio demasiado. Escucho la misma música, veo las mismas películas, tengo las mismas opiniones, y me gustan o disgustan las mismas cosas independientemente de la ropa que lleve; creo que como todo el mundo. A pesar de ello, conozco gente que me mira y me habla cuando voy vestido así como si me hubiese vendido al Capital, como si fuese un hombre gris de los de Ende, como si fuese un hombre de negocios cuya única preocupación en la vida fuese ganar dinero, como si viviese mi vida colgado de un móvil y un portátil, como si estuviese viendo mi vida pasar ante mis ojos sin hacer nada, o fuese alguna clase de maligno engendro escapado del averno para robar las almas de las personas (bueno, quizá no tanto). Sin embargo, estas personas no saben qué hago realmente en mi trabajo, ni cuantas horas le dedico, ni si me gusta, me apasiona o no, si es interesante, o si pienso que me merece ese pequeño sacrificio o no; está claro que no tienen ni idea, pero una ropa como la que, no nos engañemos, utiliza cualquier dependiente del Corte Inglés, da información suficiente para generar una impresión en algunas personas. Sólo que esta no es la primera; estas personas ya me conocen.
A donde quería llegar, y ya sé que me ha costado un poco, es a que no sólo juzgan algunos hombres "de negocios" -para que todos sepamos de a quién me refiero- cuando definen como jipi a alguien por sus rastas o pelo largo, su incipiente barba o sus pantalones dos tallas más grandes de lo que le toca. Algunas de estas personas, muchas de ellas, también juzgan cuando del mismo modo, identifican como yupi, como "vendido al Capital", por utilizar la misma expresión, a alguien porque simplemente viste con camisa y pantalón de vestir, con corbata, con traje; está claro que vestir de forma "alternativa" no proporciona una visión libre de prejuicios a pesar de lo que en un primer momento pudiera parecer.
Pero eso ya lo sabíamos, y aunque no voy a titular también así este comentario, sigue sin haber nada nuevo bajo el sol. Y sí, además de quejarme, me repito mucho, ya lo sé.



Aló de nuevo, guapos y guapas; niños, niñas y pelotitas de goma.
Más de veinticuatro horas sin escribir, toda una novedad (no, el de gugel de hace unos minutos no cuenta). Casi empezaba a sentirme culpable. O casi no. Quizá esto tenga que ver con esa tendencia de que "algo está cambiando" que Borjamari pretendía el otro día establecer hablando de blogs personales, a partir de unos pocos blogs populares que simplemente se abandonan. Con todos los respetos, menuda gilipollez supina. Bien, dejemos al tipo con sus monólogos que yo ya tengo los mios. Uy que serio me he puesto...
El otro día me pasaba Vitore un meme que consiste en mencionar diez películas que te hayan hecho reir. El concepto es sencillo (no creo que nadie tenga problemas si yo lo he entendido), y aunque al principio apenas podía recordar dos o tres, con pensarlo un rato y algún recordatorio paternal, me han salido varias más de la cuenta. Y como soy un buenazo y estoy totalmente incapacitado para la toma de decisiones, no he sido capaz de quitar ninguna, así que aquí va mi selección, en ningún orden en particular. Me disculparán que no las comente, pero es que no necesitan presentación:
» La cena de los idiotasMenos Según Poncio Pilatos (Italia, 1987) y quizá Qué ruina de función (Noises Off...), con Michael Caine y Christopher Reeve, yo diría que la mayoría son clásicos, cada una en su estilo, aunque me he permitido la licencia de incluir dos relativamente actuales, porque me reí mucho con ellas.
» Top Secret!
» Según Poncio Pilatos
» El mundo está loco loco loco
» Una noche en la Ópera
» La vida de Brian
» El jovencito Frankenstein
» El cochecito
» La mujer de rojo
» Los padres de ella
» Bienvenido Mister Marshall
» La pantera rosa
» Qué ruina de función
» Shrek
» Aterriza como puedas
» No me chilles que no te veo
» Con faldas y a lo loco
Yo le pasaría este meme a alguien... pero esta vez, y sin que sirva de precedente, voy a dejarlo en el aire y el que quiera que lo adopte. Y para acabar...
(Pepe Isbert, en Bienvenido Mister Marshall)


Mi última adquisición. Me trae sin cuidado que no os guste.
(Sí, La Fraise)

Me llamaba ayer gO la atención sobre el comentario que puse al respecto de la camiseta colgada. Lo tenéis unas líneas más abajo, pero básicamente éste decía: "Me trae sin cuidado que [la camiseta] no os guste", a lo que ella me apuntaba que si eso era así, no veía ningún sentido en ponerla, además de que no debía ser tan borde. Goretti tiene razón, es cierto que no debí ser tan borde (últimamente me excedo, os pido disculpas), y debí puntualizar más el sentido de la segunda frase. Por eso un rato después lo taché, y aún permanece así.
Sin embargo, anoche, aprovechando que no tenía Internet y mientras me divertía viendo a la Directora de la Cátedra de Bioética de la UNESCO hablar de derechos sagrados (a lo que le replicó un filósofo presente en el debate que no hay nada sagrado, y la vida no es un derecho, sino el presupuesto de cualquier derecho), pensé unos segundos sobre ello. Lo he dicho mil veces, y lo mantengo: prácticamente en todo lo que cuelgo tengo en cuenta que alguien va a leer lo que escribo. Cuido mucho mis textos, tanto por los que me leéis como por mi mismo. Ahora bien, si algo que has leído no te gusta, no te interesa, no te atrae, en el mejor de los casos, si me pillas sensible e influenciable, lo sentiré un poco, pero no lo cambiaré.
La imagen de la camiseta la colgué porque pensé que a alguien el diseño le podía resultar interesante, divertida, vetetúasaberqué, pero si a alguien no le atraía, la verdad es que no me preocupaba demasiado. Quizá esa sea otra manera, mucho más diplomática de decir que, de algún modo -pero no exactamente- me traía sin cuidado. De acuerdo, quizá las palabras no fueron las más adecuadas, pero el mensaje es bastante aproximado a lo que quería transmitir.
En términos más generales, la mayoría escribimos para que la gente nos lea, a pesar del mensaje que cada uno quiera transmitir en este aspecto. Sin embargo, tenemos un estilo definido, y escribimos lo que nos apetece cuando nos apetece. Que cualquier persona cuide el contenido, semántica, gramatical, sintáctica y ortográficamente, además de en muchos otros sentidos, y lo adapte estéticamente para aquellos que puedan leerle no significa que uno se amolde a los gustos de sus lectores; aquí no somos esclavos de las audiencias, porque para empezar, no hay tanta. Cada uno escribe lo que quiere, esperando que lo que escribe guste. Pero si no gusta de manera continuada, o cierra uno el blog o sigue escribiendo sin que nadie le lea, pero no se pone a escribir poesía ni hacer de su blog un álbum fotográfico. Y en el otro extremo, no convierte su blog de textos poéticos o imágenes en un blog de opinión política.
Por supuesto que me alegra que la gente disfrute con lo que leo (y quizá eso por sí mismo ya implica que no me da igual a pesar de lo dicho hasta ahora y lo que sigue), además de disfrutar yo escribiendo, pero una cosa es eso, y otra que influya de algún modo en lo que escribo. Por eso, si en ciertos casos lo que posteo no gusta, y ha habido casos de estos en los que he sido el primero en decir que un determinado texto no me acababa, la verdad es que no es algo que me vaya a quitar el sueño. Quizá sea aquello de quédate con las críticas buenas e ignora las malas, no lo sé, pero pueden ir por ahí los tiros; esto probablemente no es un sí pero tampoco es un no. No se trata de narcisismo ni de orgullo. Se trata de escribir lo que a uno le da la gana independientemente de cuales puedan ser las opiniones de aquellos que te leen. Yo lo hago y prácticamente todo el mundo lo hace (y si no lo hace, debería), sólo que decirlo claramente es otra cosa, y eso no va a cambiar mientras este blog siga en funcionamiento.
Aunque la verdad, estoy algo espeso, así que mejor no me hagáis caso.
(Estoy sin Intenné en casa, así que de momento es posible que esto no se "mueva" tanto... si para entonces sigo teniendo lectores, claro :)


¿Se han sentido ustedes alguna vez como si los tratasen como auténticos gilipollas? O peor, ¿se han sentido alguna vez como auténticos gilipollas? ¿Gilipollas de pura cepa? Pues así me siento yo. Y les voy a explicar porqué, aunque sea un poco largo. Síganme, ya verán como se van a divertir.
Como probablemente saben, y si no es así, ahora ya sí, el pasado diciembre formalicé un préstamo hipotecario con Cajamadriz. Las condiciones que nos interesan, pactadas con Mafre actuando de mediador, fueron de treinta años y 0,5% de comisión de apertura. Pero como yo no soy muy listo y no me fijo tampoco mucho, el día de la firma me la clavaron por dos partes. Por una, me lo cambiaron a 25 años, con lo que la cuota se elevaba por encima de lo previsto, y por otra me cobraron un 0,75% de comisión de apertura. Lo sé, soy gilipollas, yo lo sé, ustedes lo saben y ellos lo saben. Tengo que hacerme una camiseta con eso: "Soy gilipollas".
Cuando vas a firmar, piensas que todo el mundo está en contra tuya, menos el banco. Que el vendedor te quiere sacar toda pasta que pueda, bastante obvio por otra parte, que los de la inmobiliaria son unos ladrones (es curioso que -al menos en mi caso- estén tan de parte del vendedor con el dinero que les vas a soltar), pero que el banco, joder, el banco tiene que estar de tu parte, porque para eso vas a estar treinta años pagándoles religiosamente. Pues no. Si crees eso, es que eres gilipollas. Exactamente como yo. Gilipollas de los pies a la cabeza.
Otra cosa que te dicen al firmar es que te fijes bien en lo que lee el notario. Bien, allí que vas tú y te sientas con todos aquellos a los que no te olvides, estás pagándoles con el sudor de tu frente, pero que te tratan si te estuviesen haciendo el favor de tu vida. De tu vida lo es, desde luego, eso sí. Favor, a lo mejor no tanto. Así que ese señor llamado Notario se pone a leer a una velocidad tal que parece que esté a punto de morir y necesite acabar aquello antes de su último aliento, y tú atento, esperando cualquier barbaridad, pero sin querer molestar demasiado. Allí todo el mundo parece saberse el papel menos tú, así que lo haces lo mejor que puedes, intentando evitar que te cuelen un piso en Malasia, una granja, un cuchitril de diez metros cuadrados o un seiscientos desguazado. Y mientras prestas atención a eso, se te pasa todo lo demás, y ahí es donde te la clavan. Porque eres, como hemos quedado, gilipollas.
Te la clavan y lo firmas. Y atento a eso, porque luego, todo el mundo te lo va a recordar. "Es que usted firmó esas condiciones". Sí, ya lo sé, pero no se corte, por favor, dígamelo clarito: "Es que usted es gilipollas y firmó esas condiciones". Bueno, lo soy, ¿qué pasa?
Una vez me dí cuenta de los "errores", el número de años fue relativamente fácil de cambiar. Pero ese 0,25%, esos 375 euros, eso está siendo más complicado, a pesar de que fueron esas las condiciones pactadas. En un principio, cómo no, después de más de diez llamadas tanto por mi parte como por parte de la persona de Mafre, Cajamadriz negó que ese fuese el porcentaje aprobado, y durante algún tiempo se mantuvo en sus trece, aunque finalmente cedió, y nos indicó que el ingreso de la diferencia se realizaría con la devolución de la provisión de fondos. Seis meses después. Para llegar a ese punto, tuve que llegar a hablar unas quince veces con la subdirectora de la sucursal. Para aquellos no introducidos en este apasionante mundo, la provisión de fondos es un dinero que le adelantas al banco o la gestoría para que pague Hacienda, los registros, la notaría y los gastos de la propia gestoría, por lo que es una estimación y no un cálculo exacto. Me resultó extraño que me lo devolviesen entonces, ya que las comisiones las cobra directamente el banco y no se pasan a la gestoría, pero bueno, cualquier cosa es posible en el universo de los ladrones banqueros.
Hace un mes, sabiendo que el finiquito de la provisión de gastos (lo que me sobraba, vamos) ya había sido emitida por la gestoría, llamo a la sucursal, haciéndome el loco, para confirmar que como ya habíamos quedado, me iban a devolver ese 0,25% pendiente en el ingreso. A pesar de la respuesta afirmativa, confirmé que no era cierto, ya que la persona con la que hablaba, la subdirectora, que había llevado el tema desde el principio, no sabía qué porcentaje era el que tenía que devolver. Pero dijo que sí, claro. Porque hablaba con un gilipollas.
Efectivamente, una vez recogí el detalle de la provisión, no había, como era de esperar, ningún concepto tal. En estos momentos es cuando el sentimiento de "me están tomando por gilipollas" se hace más intenso. Porque una cosa es que te digan que no te lo devuelven para que sepas a qué atenerte, y otra que piensen que no vas a entender unos cuantos recibos, o que simplemente, eres gilipollas. Aunque lo seas. Así que llamo a la entidad, pero oh casualidades de la vida, dicha persona no trabaja ya en la sucursal. Me pasan con el director, se lo explico con pelos y señales, yo muy educadito, como siempre, y quedamos en que esta semana me contestaría algo.
Llamo el pasado lunes, y una mujer que dice ser la directora de la sucursal -yo pensaba que estaba soñando, porque aquello ya parecía una broma- me hace volver a explicárselo todo de nuevo, para confesarme luego que el director me llamará al día siguiente (¿qué pasa, somos gilipollas o qué?). En ese momento me da la sensación de que mañana cuando llame me dirán que en ese número jamás hubo un Cajamadriz, sino que han vivido toda la vida dos abuelitos, y que cuando vuelva al piso encontraré que en su lugar hay un Corte Inglés.
Como es normal, al dia siguiente -martes- nadie me devuelve la llamada, por lo que vuelvo a llamar, y dejo el recado ante la indisponibilidad del director. De nuevo, nada nuevo bajo el sol; al día siguiente -miércoles- no obtengo respuesta, por lo que por enésima vez, llamo a la sucursal y hablo con el director, quien, cosa que no me sorprende, apenas recuerda quién soy ni de qué le hablo. Le refresco la memoria y me confirma que hablará con la persona que en su momento llevó el tema, y que le llame mañana, es decir hoy jueves.
Pues bien. Hoy llamo, y ante mi sorpresa, el director de la sucursal me informa que ha hablado con la ex-subdirectora, ¡aleluya!, y que en ningún momento se habló de tal dinero, sino de la devolución de la provisión de gastos. Claro. Nosecuantas llamadas para que me digan lo obvio: que me van a devolver el dinero de la provisión de gastos. No te jode, sólo faltaba eso. Así que Cajamadriz se lava las manos. Mafre se lava las manos. Todo el mundo se lava las manos, y aquí, ante ustedes, está el gilipollas que ha puesto el dinero y que ya ni siquiera está seguro de que muchas de las conversaciones mantenidas al respecto durante los últimos seis meses hayan sido reales; quizá ha estado soñando. De verdad, me empiezo a sentir, aparte de cada vez más gilipollas, como si estuviese en una novela de Orwell y como si todo lo que recuerdo al respecto nunca hubiese sucedido. Ya no estoy seguro de nada en este asunto, y eso no es una afirmación gratuita.
Pues bien. Así está el tema. Por lo pronto, y como estoy seguro -de esto sí- que tengo el seguro de la casa con Mafre, esta compañía acaba de perder un cliente, y Cajamadriz lo perderá en cuanto pueda permitírmelo económicamente. No es cuestión de dinero, porque son 375 euros que realmente, no me solucionan la vida. Es cuestión de que aparte de que el dinero es mio, a uno, a pesar de serlo, no le gusta que lo traten como si fuese gilipollas.
Aunque sea sólo por las formas.

(Gracias a mi hermano pequeño por apuntarme esta joya de la prosa de mi hermana :)
«... además, hace un aire caliente que cierras la ventana y hace calor porque hace calor, pero abres la ventana y hace calor porque entra todo el aire caliente, alucinante!! ...»
(Puesto que no tengo -aún- Intenné en casa, quizá hasta el lunes no haya nada nuevo...)

Bueno, me temo que este fin de semana los amigos de Jazztel me van a dejar sin estos mundos de Yupi, así que tendremos que esperar al lunes para vernos, si a sus señorías les parece bien. Y si no les parece, también. Sean buenos, sean buenas, y como consejo gratis para el fin de semana, no olviden que, acaben follando o no, intentarlo vale la pena porque es gratis y a veces tiene premio.
Para acabar, por cortesía de Ciudadano Cero (sí, mi jefe, el de siempre), un chiste también gratis:
Una mujer a su marido:Os deseo un buen fin de semana a todos.
- Mariano, parece que quieres más al perro que a mí.
- Que no tonta, que os quiero igual.
No, bueno no. Mejor.

Rosemary me contó que había perdido el brazo derecho al caerle encima una viga de madera maciza que debía atravesar diagonalmente el comedor de su futura casa, a la que ella y su marido habían dedicado gran parte de los ahorros de su vida y el tiempo de los últimos tres años. Al parecer, un fallo en uno de los apoyos la hizo desplomarse sobre el suelo, donde se encontraba ella recogiendo unas herramientas; allí la encontró él una hora más tarde, inconsciente sobre un charco de sangre. Perdió el conocimiento al instante y despertó una semana más tarde, con el miembro amputado a la altura del hombro, sin recordar nada de lo que había sucedido. De esto hace ya casi veinte años, y ambos continúan recibiendo ayuda psicológica.
La casa continúa vacía, sin más ocupantes que algún perro salvaje o pájaro ocasional. Ellos no han vuelto a poner el pie en ella ni lo harán jamás; aunque no la olvidan.

Cuarenta minutos, un plato de pasta y su correspondiente somnolencia in crescendo; ni el café la va a parar. Me temo que este post será soporífero y (tan) prescindible como los demás. Porque mi musa continúa a estas horas con toda seguridad felizmente acostada y no sé si lleva intención de despertarse a lo largo del día o se lo ha tomado libre sin pedir permiso. Con suerte, despertará esta noche a las doce y me obligará, otro día más, a permanecer despierto hasta las tantas. En cualquier caso, cualquier blog tiene posts muy buenos, buenos, regulares, malos y muy malos. Digamos que este será muy malo, será horrible. Se titula "Mi fin de semana". Para los polígonos, "My weekend".
Pues mi fin de semana ha sido en conjunto bastante interesante. Viernes por la noche, vino tinto, Guinness, Radio City y aplicación práctica de consejos pasados; no diré más. Sábado sabadete, reposo y cena cenita cena con Ishtar y unos amigos suyos. Más vino tinto y alguna persona interesante; hay cosas que uno no cree que vaya a hacer nunca, hasta que se encuentra con un micrófono en la mano emulando a Alejandro Sanz. Domingo de contemplación y reposo, y lunes -hasta el momento- introspectivo. Y sigo sin Internet, como era de esperar.
Y con esto y un bizcocho, yo diría que hasta mañana a las ocho. Malo, malo, pero muy malo. Os lo advertí.
Que mierda.

Aviso a navegantes, a propios y a extraños.
Unsociability es más que el nombre de este blog, aunque esté en inglés y aquí hablemos todos en cristiano; no es un nombre gratuito. No soy un insociable, no soy un ermitaño, no soy un inadaptado, no soy un seta. La mayor parte del tiempo, todo lo contrario. Pero de vez en cuando, involuntariamente, M. se aparta un poco del mundo, por cansancio, por falta de sueño o por estrés. Ya ven, idiosincrasias de este sujeto.
Así pues, a aquellos afectados, disculpen las ausencias temporales, tengan paciencia y asuman que la culpa siempre cae de este lado.


Tumbado boca abajo en la cama con un brazo colgando fuera de ella, lo primero que vió al abrir los ojos fueron aquellas bragas rojas de encaje tiradas en el suelo. Claro que aquello no era normal, puesto que su mujer hacía años que no gastaba ese tipo de delicatessen, ni tampoco lo era dormir desnudo, costumbre que hacía mucho que había abandonado, pero no estaba en esos momentos demasiado capacitado para cuestionar su realidad más inmediata. Sentía la lengua pastosa, una sensación que se prolongaba hacia dentro por su garganta, y que al parecer, también lo había hecho hacia fuera, en forma de una desagradable mancha que se extendía debajo de su boca. La visión de un toro de lidia en el ruedo, jadeando, con la boca abierta y un hilo de saliva colgándole de la lengua le vino a la cabeza por un instante, pero su propio instinto de conservación se encargó de reemplazarla. Casi inconsciente como se encontraba, alejarse de la humedad del colchón era su mayor y único objetivo, así que a duras penas, se dió la vuelta y respiró profundamente, agradeciendo el cambio de posición. Quería seguir durmiendo. No, necesitaba seguir durmiendo.
En ese momento, una voz de mujer le susurró al oído algo que no se molestó en entender, mientras un cuerpo femenino desnudo y caliente se pegaba a él y unas manos suaves empezaban a masturbarle lentamente.

Como otras veces, se tumba en la cama completamente desnudo e intenta olvidarse de sí mismo. Cada objeto de la habitación se encuentra en su sitio, colocado previamente con minuciosidad obsesiva; todo sigue un guión ya antes escenificado. Intenta relajarse respirando con profundidad, por única vez sin éxito, y observa con ansiedad los tablones del techo. Su excitación se dispara al distinguir un punto marrón casi indistinguible frente a sus ojos, y crece a la misma velocidad que éste se convierte en una mancha bermellón que se extiende en todas direcciones; su pene se hincha involuntariamente, y cuando siente la primera gota de sangre, caliente aún, caer sobre su pecho, cierra los ojos y un ligero hormigueo le recorre los testículos. A esa le sigue otra en el cuello, en la frente, en el pecho de nuevo, en la mejilla, hasta que el goteo se convierte en un fino hilillo de líquido que cae directamente sobre su diafragma, convirtiéndolo en un grotesco demonio rojo que encorva el espinazo y jadea como un perro.
Veintitrés segundos después de esa primera gota, con su lengua deslizándose por los labios en busca del líquido vital, dos metros y ochenta y cinco centímetros por encima su cabeza, una tabla de madera carcomida y en estado de putrefacción se sale del guión y cede ante ciento quince kilos de carne que unas horas antes eran un ser humano; la inercia y la gravedad hacen el resto. Diecinueve segundos más tarde, morirá a causa del golpe, experimentando un profundo e intenso orgasmo al sentir como su boca se llena de su propia sangre.
(Idea original inspirada en este texto de Gianis. Y no, no estoy enfermo; se llama ficción)

Mario Montoya fue desde su nacimiento objeto de burlas por su aspecto gracioso, pero gracioso en grado superlativo. A causa de ello, su infancia había sido tan complicada como lo eran sus facciones. Una nariz prominente surgiendo de unos pómulos hundidos que colaboraban a engrandecerla, unas orejas de soplillo perpendiculares a los laterales de su cabeza, y unos grandes ojos saltones que no se perdían un detalle, convertían su cara en una broma y a él mismo en diana de cualquier mofa. Seamos sinceros: mirarle daba risa, esa era la verdad. No le costaba hacer reír a la gente, ni voluntaria ni involuntariamente, y ni siquiera necesitaba abrir la boca: un retrato suyo era una caricatura a los ojos de cualquier otra persona. Pero como era natural, a Mario aquello le hacía más bien poca gracia.
No fue fácil, ya que esta situación se prolongó durante muchos y largos años, con sus correspondientes raciones de sufrimiento y escarnio para el niño y posterior adolescente, pero con el tiempo y la ayuda de no pocas personas, Mario Montoya aprendió a reirse de sí mismo (por lo que obviamente se reía mucho) y en el proceso fue perdiendo aquel complejo de inferioridad labrado a fuerza de insultos y lágrimas. Y se convirtió, casi sin quererlo, casi sin intentarlo, y utilizando para ello sus atributos naturales, en el cómico más importante que el mundo hubo conocido jamás.

Hace algún tiempo quedé a tomar algo con unas amigas que hacía demasiado que no veía. Estas amigas a su vez, tienen una amiga. Hablando, así por casualidad, resultó que esta amiga tiene un amigo, y que esta amiga quiere ser madre. Así que durante un tiempo, esta amiga se planteó no utilizar ningún tipo de protección para, con la colaboración puntual de su compañero pero al parecer sin su consentimiento, quedarse embarazada, pero quedó claro que su intención era ser madre soltera y que el padre no iba a tener, al parecer, ningún tipo de decisión sobre todo aquello. Ni sobre la propia concepción, ni sobre la educación de su hijo, ni sobre nada que pudiera tener relación con éste. Ni para bien, ni para mal. Es decir, no participaría de la vida de su hijo, pero tampoco tendría que responsabilizarse de ningún aspecto de ésta, ni encargarse de su manutención o equivalentes.
Reconozco que oírlo me dejó alucinado. No es simplemente el hecho de que alguien pueda esconderle a otra persona que lo está utilizando conscientemente para concebir un hijo, y más en estas circunstancias (es decir, vas a tener un hijo conmigo y a lo mejor jamás te lo digo), sino que además se pretenda justificar algo así, por muy a la orden del día que esté. Para ser madre el camino más fácil parece a priori tener una pareja, pero si no es así, imagino que se puede recurrir a la inseminación artificial; claro que eso vale dinero, pero criar un hijo, desde luego es cualquier cosa menos gratis.
He de admitir que ignoro hasta que punto las condiciones que hay que cumplir para este tipo de cosas son más o menos estrictas y llenas de absurda e interminable burocracia, y también entiendo que la necesidad de ser madre para algunas mujeres en determinadas circunstancias puede llegar a ser un serio problema. Es verdad que no doy ninguna solución; por supuesto, no estoy en contra de que una mujer sola, al igual que un hombre solo, que reúna ciertas condiciones, pueda criar un hijo, pero independientemente de todo esto, creo que en este caso, al igual que en muchos otros, el fin no justifica los medios, y como decía aquél, las personas debemos ser tratadas como fines, no como medios.
Es decir, para variar, y especialmente, ni blanco ni negro.
("aquél" se llamaba Immanuel Kant)

Jeremías busca una palabra en su cabeza, mientras camina con paso firme bajo el sol de un doce de agosto por una calle cualquiera de una ciudad cualquiera. Treinta y nueve grados centígrados marca el termómetro fuera, y dentro casi cinco litros y medio de sangre corren por unas venas dilatadas bajo la piel hirviendo; un corazón bombeando con violencia, unos pulmones llenándose y vaciándose de aire caliente mientras los músculos y tendones se contraen y relajan con cada movimiento, tal y como está escrito. Ajeno a su complejidad orgánica, o quizá no, una sonrisa se dibuja en su boca al ver acercarse una chica, y se divierte intentando adivinar sus formas, ligeramente ansioso por el encuentro. En sus pies, unas viejas zapatillas Adidas que llevan años comiéndose el mundo devoran la acera, y en sus oídos, en su cabeza, Santa Esperanza; Uma Thurman, Lucy Liu y Kill Bill. Sonríe.
Siete metros delante suyo, en el suelo, una lata de refresco medio aplastada espera con ilusión el papel de su vida. Nueve metros más adelante, y once sobre su cabeza, una mujer de cincuenta y siete años sale al balcón. Y Jeremías, fiel al guión aprendido, listo para encarnar a Pelé, a Maradona, a Platini, a Cruyff, ante millones de personas que se esconden, ante un universo que le contempla en silencio, ya apenas necesita imaginar nada cuando el interior de su pie impacta con el bote, haciendo de él justo en ese instante una gran estrella, y una diferencia de temperatura de dieciocho grados provoca una bajada de tensión, un tambaleo, un mareo, un apoyo desesperado en una barandilla que se tambalea, al tiempo que una chica se detiene y observa con indignación como su blusa blanca ha quedado manchada de Coca Cola por la torpeza de un idiota cuya sonrisa y seguridad ha desaparecido al instante, y lista para abrir la boca, una maceta llena de tierra se destroza contra el suelo que ella debería estar pisando en ese momento. Si no fuese por Jeremías, nuestra estrella.
Porque una blusa no vale una vida, y Jeremías, Jeremías sabe eso.
(Quizá tampoco haya Internet este fin de semana, quizá tampoco haya post entonces)

Así pues, ante tal perspectiva y panorama, con una R en una mano y una A en la otra, a estas alturas, está claro que a ustedes les gusta más mi exhibicionismo vital que mis textos. Pero a mi no, así que, ¿qué quieren que les diga? Pues no se lo diré, pero sí les digo que Mambrú se fue a la guerra, ¡qué dolor, qué dolor, qué pena!
Dicho esto, a tomar por culo, pueden ir en paz. Y recuerden...
habrá que coleccionar sellos de Nigeria,
no todo va a ser follar,
no todo va a ser follar,
habrá también que apretar una tuerca floja
y habrá que ir a trabajar,
no todo va a ser follar,
por una miseria.
(Javier Krahe, No todo va a ser follar.
Cortesía de mi jefe)
Ya. Fin de la terapia. Deteriorado, eso. Profundamente mirome y grandemente deteriorado encontrome. Pásenlo bien.

Pues sí, ya tengo Internet; sirva esto como prueba. Y en el proceso, me he enterado de que, efectivamente, el problema era de Telefónica y no de Jazztel, como ayer me aseguraba un técnico de estos últimos. Me he enterado de que yo no soy tonto y que efectivamente, la ADSL no sincronizaba. Me he enterado de que, como suponía, el problema no residía en la instalación de mi casa. Me he enterado de que aunque llevo más de seis meses sin apenas ningún problema, "no sé si hasta aquí llega la ADSL, porque la central está muy lejos". Y me he enterado de que "con Telefónica ya tendrías esto arreglado"; con todos los respetos, hay que tener cara.
Y seguramente me podría haber enterado de muchas otras cosas, pero eran las nueve y media y yo debería haber estado durmiendo, y bueno, como que atención he puesto la justa.

Ya sé que el uso de sustancias dopantes está mal. Lo sé, pero no entiendo, nunca he entendido, la importancia que se le da, ni en la prensa, ni a nivel de las fuerzas de seguridad del Estado. No, estadoconunosamigos no, no ese estado. El otro. Me explico.
Desde el punto de vista de la salud, bien, de acuerdo, la gente se dopa, pero la gente también toma cocaína, por poner un ejemplo, y pienso que el porcentaje de la población que se dopa y que es susceptible de ser investigada es probablemente despreciable frente a cualquier otro problema de este carácter, incluyendo el de la cocaína. Vamos a ignorar en este punto que siempre me ha costado entender que esté prohibido el consumo de sustancias como la cocaína o la marihuana, excepto por cuestiones puramente económicas (si usted toma cocaína, es posible que mi sistema nacional de salud que todos los ciudadanos pagan, tenga que pagar por sus problemas tanto mentales como físicos). Y es que todo eso de ser un individuo útil para la sociedad -la misma que prescinde del individuo cuando ya no le es útil- siempre me ha sonado un poco asqueroso, lo confieso, por aquello de poner al sujeto al beneficio de la comunidad, así que esa (la pasta, sin más) es la única razón, sin querer pensar demasiado, que se me ocurre como razón para prohibir el uso de estas sustancias. Me parece un argumento poderoso en verdad, pero allá cada cual con su cuerpo. Bueno, a lo mío que me disperso.
Continuemos. El caso es que digamos que el número de equipos "tocados" por una operación de este tipo, como la última en la que se ha visto involucrado Manolo Sainz, es de cien. Por cierto que no deja de ser curioso que oígamos este tipo de operaciones sólo en ciclismo y no en otros deportes, y además me parece tan absolutamente ridículo que esté prohibido realizarse una autotransfusión de tu propia sangre, una prohibición tan sumamente aleatoria que es casi de risa, pero a lo que iba. No sé, digamos que en total son 2200 personas. Ya se que es una exageración, pero no importa. Genial. Una operación de este tamaño para dos mil doscientas personas. Cojonudo. Nosecuanta pasta porque cuatro idiotas se dedican a realizarse autotransfusiones de sangre. Bien, vamos a suponer que resulta que además mueren el uno por cien. Otra exageración, y esta aún más bestia, si atendemos a las muertes por dopaje en los últimos veinte años. Es decir, mueren veintidós personas. No sé, pero veintipico muertes de personas que saben, porque lo saben, que se están jugando la vida, me parece un número insignificante para dedicarle tanto esfuerzo y recursos como probablemente se les dedica. Creo que la prevención laboral en este santo país requiere mucha más atención porque para empezar está asociada a muchas más muertes.
Otro punto es el de la limpieza en el deporte. Ja. Señores, cuando hay -o había- un patrocinador -Liberty Seguros- que pone seis millones de euros, vaya, mil millones de pesetas, para patrocinar un equipo ciclista, o cuando un jugador de fútbol profesional llega a ganar más de un millón de euros al año, eso no es un deporte. Es un negocio. Así que si quieren tomar anabolizantes, EPO, o incluso DDT (un conocido pesticida de no demasiada buena fama), a mi como si se los meten por el culo. El problema supongo que es que nadie deja, ni quiere dejar claro, que nada de eso es un deporte. Salir a correr es hacer deporte. Hacer cien kilómetros en bicicleta los sábados es hacer deporte. Nadar es hacer deporte. Cobrar cien millones de pesetas o pagar mil millones no tiene nada que ver con el deporte. Que bien, que es una injusticia para aquellos que no se dopan, pues sí, pero de injusticias está el mundo lleno. Dedíquense ustedes a estudiar oposiciones y verán como la mitad de los puestos están ya dados, bien por amiguismo o bien porque las habilidades requeridas para el puesto coinciden de manera espectacular y asombrosa con algún interno. No se en otros, pero la igualdad de oportunidades en este país no supera el nivel de falacia.
Así que tras decir esto, sigo sin entenderlo. Por mi, lo dicho, como si quieren inyectarse matarratas. Que está mal que la gente se dope, sí, claro, no me jodan que yo también pago impuestos. Que lo está por deferencia hacia los deportistas que están "limpios", pues sí, otro tanto. Pero realmente, a veces me pregunto si no hay problemas de delincuencia o de salud mayores en este país de los que ocuparse, aunque imagino -y en este caso no estoy siendo irónico sino más bien humilde- que probablemente estoy siendo algo miope.
A modo de epílogo, lo cierto es que se pone uno a pensar en el tiempo que ocupa y la importancia que tiene la información deportiva en cualquier telediario, y empieza lentamente a entenderlo todo todo todo.
Y ya sé que no son horas de escribir, pero coño, es que me he puesto a leer, y joder, que me lio, me lio...



Miré a la mandarina, y ella me miró a mi. Y dijo lo siguiente:
«Te voy a decir lo que te pasa, N. Tu problena es que eres idiota, pero cono en aquella serie, ser idiota cuesta y es ahora cuando vas a enpezar a pagar. Y es que anigo, ne da a ni en la nariz que tú vas a ser cono el del conocido insulto, tú eres tonto y en tu casa no lo saben.
Nal asunto la soledad, nalo nalo. Ya lo sé. La cuestión parece ser que ahora que llega el verano, sales nás, ves nás nujeres, y te apetece nás una cerveza a la orilla de la playa con alguna de ellas, pero te sientes solo, nás solo que en cualquier otra época del año. No sexual sino sentinentalnente solo. Y a lo nejor el verano no va a tener nada que ver con esto, vetetúasaber. A lo nejor es que vas a ser idiota, que creo yo que sí.
Ni siquiera que una chica a cuya aniga le explicabas cóno llegar a Radio City te dijese tres veces tres guapo va a canbiar eso. Pero nira que eres narcisista. Triste consuelo, idiota, seguro que iba borracha. Ah, por cierto, la próxina vez que quieras indicar una dirección utiliza derecha e izquierda, no intentes flexionar el codo en ángulos inposibles e ininterpretables, porque pareces aún nás idiota. Por cierto, siento cono si todo el nundo estuviese obsesionado con Radio City últinanente, ¿tú no?
Tanbién pudiera ser que no fuese nada de eso, sino tan solo cansancio acunulado, falta de sueño o astenia prinaveral incluso. Todo junto, netido en una coctelera y agitado. O a lo nejor, un poco de cada cosa; ni tanto agobio existencial ni tanto agobio físico. Puede ser, todo puede ser, aunque lo de idiota, eso sí, eso no te lo quita nadie.»
Me quedé observándola fijamente y al darse cuenta exclamó, obviamente molesta por ello: «¿Qué? ¿Qué pasa? ¿Qué niras? ¿De qué te ríes? ¡Estoy hablando en serio!». A lo que contesté unos segundos más tarde, tras salir del trance en el que me encontraba: «Mada, mada», y como me tenía que ir a dormir, la partí por la mitad y me la comí.
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Hoy me he despertado nervioso, inquieto, mirando el despertador, a las 07:47h, y luego lo he hecho a las 08:06h, y minutos más tarde a las 08:15h, aunque ayer me acosté a las dos y media, aunque el despertador aún no había sonado. Justo como si tuviese miedo de llegar tarde a un examen que no tengo, justo como si estuviese pendiente de alguna cosa. Hoy me he saltado la terapia Krahe por segundo día consecutivo, a pesar de mi jefe, lo he hecho yo y lo habéis hecho vosotros; y lo siento por mi, y lo siento por vosotros. Hoy no me he enamorado de nadie a primera vista más de diez segundos, y creo que nadie lo ha hecho de mi ni un segundo; casi podría decir que yo tampoco, y no ha sido por devolver la pelota, que en estas cosas no es sano guardar rencor ni establecer competiciones. Hoy me he propuesto comenzar a escribir sin la distracción de la televisión, pero he decidido empezar mañana; escribir más y mejor, llegar más lejos, porque tengo ganas, porque me apetece, a pesar de. Fitter, happier, more productive. Hoy me he comprado una camisa Dockers, y me he dado cuenta de que para mi consumir no es una actividad felicitante en absoluto, pero que necesito ropa y esa camisa me gustaba y me quedaba bien, y qué demonios, porque yo lo valgo. Hoy me he dado cuenta de que vivo y respiro últimamente como si esperase algo, como el niño que aguarda con impaciencia que llegue el día de su cumpleaños, pero sin que exista en mi caso razón para este sentimiento, los días que pasan, las luces del alba, mi alma, mi cuerpo, mi voz, no sirven de nada. Hoy me he cortado el pelo, al dos de nuevo, yo mismo de nuevo, y he evitado, también de nuevo por tercera vez, la tentación de hacerlo al uno; y me he afeitado, entre comillas como siempre, me he mirado al espejo -hola, narciso- y he pensado en colgar otra foto, pero me ha parecido excesivo incluso para mi. Hoy me reí mucho -lo siento, no pude evitarlo- con el video de este post de Fogonazos, a pesar de lo terrible que es. Hoy he pensado, para acabar, que necesito normalizar mis horas de sueño y comida, al menos un poco, porque de nuevo me he sentido ausente como hace ya varios días que me siento.
Y hoy, aparte de todas esas cosas y muchas más que han pasado por mi cabeza o no, y aunque ya no es hoy, sino ayer, he decidido que me acostaría antes, así que llegado este punto de la noche, le deseo unas buenas noches y que sueñe usted con los angelitos.
Inside every heartbeat
Inside every worry
Keep me in your heart again
(Bang Bang, Inside)

El momento hacia el que hace días que nos encaminábamos y que he mencionado de pasada en las últimas entradas de esta bitácora se desencadenó hace sólo unas horas. No puedo controlar más la situación, y me sorprende haber sido capaz de hacerlo tanto tiempo, pero ya no me quedan fuerzas ni argumentos, y todo me hace suponer que yo seré la primera víctima de las circunstancias. Tras la rotura del timón hace unas semanas, conseguí mantener la moral de los hombres alta con mentiras acerca de corrientes submarinas que no existen, y busqué una solución que nunca llegó. Varios hombres han muerto ya a causa del escorbuto, y aunque las esperanzas de alcanzar tierra pospusieron lo inevitable, los rumores empezaron a difundirse. Finalmente, esta mañana se han confirmado mis temores, cuando he comprobado con pavor que no queda más que un barril de agua en las bodegas.
He de dejarlo aquí; el vocerío que escucho indica que con toda seguridad a estas horas la noticia ya se ha propagado por cubierta, y casi puedo oír los pasos y los gritos llamándome tras la puerta. No me consuela pensar que mi muerte será sin duda la más rápida de todas. No me resta otra cosa, pues, más que admitir mi fracaso y asumir la responsabilidad por la muerte de mis hombres; por los que han caído y por los que caerán. Yo, y nadie más, soy el único culpable; he creado esta situación y he de pagar por ella, aunque en ello me lleve la vida. Que Dios nos acoja en su seno, porque vamos a morir.


Alguien en alguna parte del camino cometió un terrible error con los géneros, porque está claro que el punto (.) es una mujer y la coma (,) un hombre. Un hombre bastante bien dotado, pero un hombre al fin y al cabo.





