Esta noche después de cenar hemos ido al cine a ver La Interprete. Ha sido una dura lucha contra el sueño y el tedio, pero he conseguido sobrevivir y aquí estoy. Escribiría esto mañana, pero ahora lo tengo mucho más reciente y no quiero que se me olvide nada. Espero no destripar mucho la película, aunque total para lo que vale...
La película empieza con la siguiente curiosa escena (cortesía de Óscar): una persona chapurreando inglés desde el estrado y Nicole Kidman "traduciendo" a... ¿al inglés? Después de esto, la película es un cúmulo de despropósitos y tópicos. Primero, no se cuando se acostumbrarán a no poner gente con cara de malo en papeles de malo, y más cuando esperas una trama medianamente de calidad. Tampoco sé porqué no es posible tener, en películas relativamente serias, personajes cuyas vidas no estén salvajemente atormentadas, sin que parezcan encelográficamente planos. Porque desde luego tanto uno como otro son carne de Prozak y a cada cual más desgraciado. Los personajes son tan irreales y llenos de conflictos que ni Nicole Kidman ni Sean Penn parecen estar a la altura de sus interpretaciones habituales.
Pero es que la parte de política internacional tampoco tiene desperdicio. Para empezar, hace una apología radical de la ONU, y le atribuye un poder y una capacidad resolutiva que no tiene, todo montado sobre el gran papel de la diplomacia, que por lo general es incapaz de arreglar nada. Eso por la parte más seria. Yendo a los detalles, más bien cómicos, no sé cuando a un presidente de un país africano de aparentemente poca monta le han tirado flores en la segunda avenida de Nueva York. Ni cuando se le ha prestado tanta atención por parte de las autoridades americanas como parecen prestarle en la película. Quizá la acción transcurría en un universo paralelo. Quién sabe. Ni que fuese Putin o Schröeder.
Resumiendo, Sydney Pollack se ha lucido con una película bastante penosa. Para pasar el rato y poco más. Más suerte la próxima vez.

Dos horas a la sombra de un olivo y una palmera, tumbado en una hamaca en semi inconsciencia dan tiempo para pensar... a quien le apetezca pensar, cosa que obviamente no era mi caso. Así que he cogido el reproductor mp3 (a comienzos del S. XXI y los putos cables siguen jodiendo), lo he llenado de música desconocida y he acabado descubriendo a Hoggboy y John Frusciante. Cojonudos los dos.
Joder, me he levantado a las dos y sigo teniendo sueño. Me encanta esta somnolencia perpetua.

Vengo de ver Cosas que hacer antes de los 30 años en Kinepolis, con todo aquello lleno de niñas de veintipocos años listas para irse a Guru de fiesta. La verdad, no es que no me gusten las mujeres de veinticinco, treinta o treintaipico, pero también me gustan las de veintipocos, y es que algunas están muy bien... debe ser por aquello de la frescura juvenil, vete tú a saber. Joder, si es que a veces me siento como un pederasta.
Bueno, a lo que iba. El caso es que la película no es gran cosa. En la línea de La Intérprete, pero como supongo que las expectativas eran menores en este caso, la decepción ha sido también menor. Lo cierto es que últimamente no me entusiasma ninguna película. Esperemos que La Guerra de los Mundos valga la pena, porque si tengo que confiar en el Episodio III...

Si hay una cosa que odio en este mundo sobre todas las cosas (sí, por supuesto que estoy exagerando), es que cuando hablo con una persona por teléfono se despida con apatía, utilizando un tono de voz diferente al que ha utilizado durante el resto de la conversación. Parece que digan ese último 'adiós' con desgana, como si la conversación hubiera acabado para ellos dos frases antes y estuvieran demasiado ocupadas para despedirse en condiciones. Y tras colgar el teléfono, es esa impresión la que me suele quedar como imagen general de la conversación y a menudo incluso de la propia persona. Y es que a veces me dan ganas de colgarles el teléfono antes, sólo por no oirles decirlo, pero claro, no sé qué les iba a parecer eso.
En nosequé película, nosequién le decía a otro nosequién algo como nunca te fies de alguien que viste camisa de color y cuello blanco; extrapolando un poco la idea, nunca te fies alguien que se despide de ti como si no fuese con él. Debería de hacer un estudio más elaborado de esta teoría, quizá nos lleve a interesantes y reveladoras conclusiones.
(Pintor Sorolla a las 08:45h de hoy lunes 2 de mayo. Ni un alma aparte del idiota que escribe estas líneas)

Hoy he ido a la feria del libro con una amiga, y aprovechando que soy un comprador compulsivo de libros, y que hacía mucho tiempo que no me compraba ninguno, me he comprado Las uvas de la ira, de John Steinbeck, y El curioso incidente del perro a medianoche, de Mark Haddon. He empezado el segundo, y parece bastante interesante. Es raro, pero interesante.
Y ya no escribo más porque me he comido tanto las uñas que me hace daño teclear. Y además mañana empiezo a nadar de nuevo, así que me tengo que acostar prontito. Pero sobre todo, es que me duelen las uñas de los dedos de las manos. Bueno, las uñas no, porque las uñas no duelen. En particular, me duele la carne que hay debajo del trozo de uña que había y que ya no hay porque lo he arrancado del dedo corazón de mi mano derecha.
Y ya he escrito bastante para el tormento que estoy soportando.

Es difícil saber lo que tienes que hacer cuando ni tú mismo sabes lo que quieres. Ya se que suena un poco confuso, pero yo sé lo que quiero decir y hace mucho tiempo que no escribía sólo para mi. Aparte de eso, tengo poco más que decir. No va a ser una semana fácil. Es posible que esta noche pueda decir algo más creativo, pero por ahora vale.
(Pintor Sorolla hoy martes, tomada media hora antes que la anterior foto. La calle llena de idiotas incluyendo a un servidor)

Bien, supongo que como llevo unos días prescindiendo de cualquier atisbo de creatividad y originalidad sin el más mínimo escrúpulo, puedo seguir haciéndolo un día más sin que se note demasiado. Y un día más también, se han ido al traste mis aspiraciones como Mark Spitz. Claro que acostándose a las dos menos cuarto, cuando el despertador suena a las seis y media recordándote que eres lo suficientemente gilipollas como para pretender levantarte antes de que pongan las calles y ponerte a nadar como si fueras un puto pescado, en el mejor de los casos lo único que consigues es retrasar el reloj (el puto reloj, para ser terminológicamente correctos) mientras maldices tu propia estupidez supina durante el lapso de tiempo que tu cabeza es capaz de articular algún pensamiento.
Eso en el mejor de los casos. En el peor, te ahorras las maldiciones, apagas el despertador en casi total inconsciencia y a las ocho menos veinte te despiertan con la extraña -siempre lo es- pregunta de porqué un miércoles no vas a trabajar. La cara de idiota que debo poner en esos momentos debe ser memorable.

Vale, quizá no sea el puto Flipper, quizá sea la puta Wally (es una ballena, ¿no? Entonces es ella) rescatada por un crio, o incluso me conformo con ser el puto cangrejo Sebastian (bajo el maaaaaar, bajo el maaaaaar), pero al final, después de unos cuantos meses, unas cuantas intentivas fallidas, unos cuantos madrugones desperdiciados, y esta vez en solitario, he conseguido pasar 45 minutos moviendo los brazos y las piernas en el agua y todo eso sin hundirme. Todo un prodigio de la creación, yo.
(En un plano menos jocoso, he mejorado sustancialmente en rapidez el tema de los comentarios. Creo que se notará)

Creo que la gente le tiene manía a los meganes o a los coches verdes o a los de tres puertas o a los que no tienen cristales tintados o a los que tienen cuatro ruedas o a los que tienen maletero o a los que ven por la calle o a cualquier coche o a lo mejor no les gusta mi cara o estan amargados y es que conduzco muy lejos del volante o quizá sea porque llevo la música tan alta que casi no me oigo ni mi propia voz ni el motor en tercera a tresmilerrepeemes ni el intermitente puesto kuando salgo del tunel y tengo el desvio a kinientos metros i ya no se si kitarlo o no i ke fácil es ser anarkista eskribiendo kon la ka i respiro.
Después de todo es mi coche y llevo la música como me da la gana y es que me gusta oir a Eminem (And I am not hip-hop and I'm just not Eminem) a Bush a Prodigy a Jet a Placebo a The Christal Method a Moby a James a Bob Dylan a Massive Attack a The Strokes a Depeche Mode a Kraftwerk a Nine Inch Nails a Travis a José Mercé a los Rollings a Franz Ferdinand a Orbital a D'Angelo a Tricky a Blur a Keane a Hoggboy a New Order y a quien me da la gana a todo volumen y a quien no le guste que le den morcilla y respiro.

Hola, dijo el pájaro
Hola, dije
¿Juegas conmigo?, preguntó
No, contesté
¿Porqué no?
Porque no juego con pájaros que hablan, respondí
¿Porque no?
Porque los pájaros sólo hablan en los cuentos, y no quiero que mi vida se convierta en un cuento
Y el pájaro se fue volando.

Bueno!
Ya tengo mi flamante ADSL. Jo. Estoy tan embargado por la emoción que no se me ocurre absolutamente nada que decir aparte de algunos estúpidos monosílabos como 'jo'. En estos momentos soy como un niño con un juguete nuevo pero además, encefalográficamente plano (algunos estarán pensando que eso no es una novedad...). Pensaré algo para mañana, que ahora estoy demasiado idiota.
(Si, ya se que esto no os interesa a ninguno, pero qué queréis, ¡estoy contento!)

Empezamos bien el día. La situación es la siguiente: llego a la Piscina de Valencia, buscando aparcamiento, sobre las ocho menos diez, y ya no queda ni un sitio. Habitualmente, lo que se hace en esos casos es quedarse dentro del coche, en segunda fila, a la espera de que la gente que sale de la piscina a las ocho deje sitios libres.
Bien, pues en esas que estaba yo ya cinco minutos esperando, y veo que justo el que tengo detrás (los coches aparcan en batería delante de la piscina) entra en el coche, arranca y se dispone a irse. Hago un poco marcha atrás, paro, pongo el intermitente y espero a que salga, y justo cuando voy a empezar a hacer marcha atrás aparece un Citröen C2 y empieza a meterse. Al ver que pongo la marcha atrás, se detiene a mitad, y me mira, y poco más o menos me dice con gestos que no me ha visto -como si el coche no fuese visible- y que lo siente mucho, y acaba de meter el coche. Me cago en sus muertos y me vuelvo a meter en el coche, esperando que salga. Yo tenía sitio asegurado -Gregorio salía diez minutos más tarde- pero la situación me ponía de mala ostia. Como tarda un poco, me acerco ocasionalemente a su ventanilla y le preguntó a qué coño juega, y me contesta lo mismo: que no me ha visto. Todo eso con el conductor de un Passat al que yo le había cedido un sitio como espectador privilegiado.
Bien, el caso es que sale del coche diez minutos más tarde. Yo no me enfado con facilidad, ni acostumbro a encararme con la gente, pero la mala ostia que llevaba encima podía conmigo. Como me ve fuera del coche, mirándola, me mira y me dice que no me había visto, que si me hubiera visto no se habría metido. Yo creo que eso es casi lo que más me ha jodido durante todo el rato. Que además de tener la cara como el cemento armado, se haga la gilipollas. ¿Y qué coño crees que hago con el coche en marcha y el intermitente puesto, tomarme una caña o qué? Obviamente, ella sabe que todo el mundo hace lo mismo a esas horas: parar y esperar que alguien salga para aparcar, pero es mejor aparentar ignorancia. ¿Y qué quieres que haga ahora, que saque el coche? Pues sí, por supuesto que quiero que lo saques, porque YO estaba esperando que ese coche saliese. ¿Qué pasa, no ves el puto intermitente que lleva puesto cinco minutos?. El caso es que así hemos cruzado cuatro palabras, y mientras se va me dice que no le falte, que ella no me ha faltado. Yo tampoco. Hijadeputa, tu no me has faltado, me has quitado el puto sitio.
Ah! Y mientras se va me amenaza que si ve que le han hecho algo al coche... y le contesto que no le haré nada, pero si encuentra un piloto roto, que me puede denunciar sin ningún problema. No, yo no soy de los que van jodiendo de esa forma, pero cualquier día pillará a alguien con más mala ostia que yo y le hará un picasso en el coche con las llaves de casa. No es recomendable ir jodiendo a la gente de esa manera, porque siempre hay alguien mucho más hijo de puta que tú.

Olvidando el incidente con la subnormal de esta mañana, he encontrado una razón más para ir a la piscina. He encontrado La Razón, y no estoy hablando de Ansón. Bonito pareado. Bueno, a lo que iba. Una muy buena razón, sobre todo los viernes por el mediodia después del trabajo. Como era de esperar, y como no podía ser menos, la razón es una mujer, en concreto una socorrista guapísima. Me he enamorado. Si me lees, ¡cásate conmigo!. Ah, que tradicional.
En otro orden de cosas -vaya, hablo como en un telediario-, ayer una amiga me dijo que estaba desaprovechado. Desaprovechado o desperdiciado. Sí, creo que era esto último más bien. Desperdiciadito. Ya sé que suena raro. Desperdiciadito sexualmente, más concretamente. Estoy completamente de acuerdo, así que se aceptan voluntarias. Ya lo decía Robert de Niro en Historias del Bronx: no es bueno que el talento se desperdicie. Ah, que fantasma.

Seamos un poco políticamente incorrectos. Espero que esto no me haga perder ninguna amistad. Vamos allá.
El pasado domingo tuve con mi padre una pequeña discusión acerca de los derechos de los homosexuales, tan en boga con zetapé en el gobierno. Siempre he considerado a mi padre bastante de izquierdas, si eso significa ser progresista, que no progre. Le fastidia el problema semántico y etimológico de la palabra matrimonio, pero considera que es un derecho que tienen. Aduce si la palabra proviene de mater, entonces que la unión de dos homosexuales no puede llamarse matrimonio, y una vez abierta la puerta a un tipo de unión no matrimonial, nada nos impide aprobar la poligamía. Por fin, que ya iba siendo hora. Por mi parte, siempre me ha parecido una idiotez que un problema terminológico nos cerrase la puerta hacia las tan esperadas comunas y el sexo libre.
La problemática surge no obstante en el tema de la adopción. Haciendo honor a mi habitual progresismo, me decanto a favor de la adopción de niños por matrimonios homosexuales. No obstante, creo que, como se dice en inglés, en este punto mi padre has a point. Creo que es bastante obvio que tanto físicamente como psíquicamente, hombres y mujeres somos diferentes. Incluso hay complejos (Edipo y Elektra creo) relacionados con cada uno de los progenitores. No tengo demasiado claro de qué manera o cómo de fácil le resultará a un niño con dos padres no ya asimilar el hecho de que no tiene madre (en este contexto decir que no tiene madre suena absurdo, pero nadie va adoptar ese rol), sino como evolucionará psíquicamente una persona que no tiene el roce o contacto diario con su madre, con una mujer, y cuyo papel es además adoptado por un hombre.
Hay madres solteras, hombres solteros que adoptan niños, y matrimonios que jamás debieron tener hijos, pero pienso que esta nueva opción se diferencia de todas ellas. Esto no es cuestión de derechos de los homosexuales (ya que hay un tercero), sino de admitir abiertamente que hay diferencias significativas en la educación de un niño por parte de una pareja homosexual y por parte de una pareja heterosexual. Que estas diferencias se reflejen de manera positiva, negativa o irrelevante es lo que queda por ver.

Hoy debería haber sido más leve, ya que eran sólo 105km, pero no ha sido así. Hemos salido desde Navajas, lo que me trae recuerdos para no olvidar ni recordar. La verdad es que sólo una vez allí me he dado cuenta del lugar. Podría decir algo como "siempre he pensado que debería fijarme más en los sitios por donde paso", pero sería un simple recurso estético. Jamás he pensado eso. Bien, hemos acabado a las 14:30h y cuando me miro parece que haya pasado el dia en la playa... en camiseta y tapado con la toalla hasta medio muslo.
A menudo, la gente te pregunta porqué los ciclistas se depilan. Seamos sinceros. La mayor parte de nosotros, nos depilamos por estética. Simple y llanamente. No es por el rozamiento de los pelos con el viento (sí, hay gente que piensa esto), ni por las heridas que puedan ocasionar algunas caídas (no, no nos caemos con tanta frecuencia), ni siquiera por los masajes (pocos cicloturistas se dan masajes). En un ámbito de competición, sean profesionales o no, la razón es esta última. Aplicar la crema de masaje (creo que aún me debe quedar algo por ahí, caducada por supuesto) a una pierna llena de pelos es algo asqueroso. Y así creo que queda resuelto este trivial enigma.
Disfrutad del fin de semana. Sólo se vive una vez.

La carne es débil. Y como no es bueno aprovecharse del débil, me he concedido el gusto de comprarme La miseria del historicismo, de Popper, y Teoría Crítica, de Horkheimer. Seguro que la mayoría de los que leéis esto -¿algún potencial filósofo?- esos libros os parecen tan interesantes como... como un partido de fútbol de tercera regional. O incluso quizá menos. Eso me recuerda que debería empezar a estudiar. A estudiar, y a hacer todas esas cosas que llevo días o semanas aplazando sin encontrar el momento de hacerlas.
Estoy demasiado cansado como para pensar en algo interesante, así que la cama ya es oficialmente la mejor opción.

Me encanta vivir en una ciudad donde la gente se toma en serio sus responsabilidades civiles. Valencia, domingo, ofrenda de la Virgen de los Desamparados. Las nueve de la noche, y vuelvo de ver el partido con Óscar. La idea consiste básicamente en llegar al metro, pero para ello hemos de atravesar -en principio- la calle San Vicente, aunque aparentemente sea más difícil que el asalto a Stalingrado. Recorremos la calle, buscando una brecha en las defensas, compuestas en su mayoría por fervientes abuelas católicas, sentadas en sillas dispuestas ordenadamente en ambas aceras y dispuestas a matar por un buen sitio. Cuanto amor se respira. Hemos perdido la otra mejilla.
De repente, un rayo de esperanza. Divisamos un pasillo sin defensas y decido que vale la pena arriesgar nuestra integridad física. Únicamente dos espaldas nos separan de la libertad o de ser despedazados, quien sabe si figurada o literalmente. Golpeo suavemente una de ellas. Nada. Un poco más fuerte. Nada. Pongo mi mano sobre su hombro. Nada. Me pregunto si esta mujer posee sensibilidad en su hombro. En ese momento, el otro sujeto me dirije un Me han dicho que por aquí no pase nadie, y a continuación se gira y me ignora; el maniquí ni siquiera se inmuta (creo que está muerta).
¿Me han dicho? ¿Quién coño le ha dicho? ¿Me enseña su placa, por favor? ¿Pertenece usted a los cuerpos de seguridad del Estado? ¿Los Geos? ¿Es usted de la secreta quizá? ¿Guardia Civil? ¿Policia de incógnito? ¿Cuerpos antiterroristas? ¿Me dice si no le importa quien es usted para impedirme a mi cruzar la calle? Porque no veo que usted tenga ninguna autoridad. Ninguna en absoluto. Así que aparte su culo, pobre viejo infame e ignorante, y permítame ejercer mi puto derecho a cruzar la puta calle cuando y por donde me de la puta gana.
Por suerte o por desgracia, soy mejor persona de lo que mucha gente se merece, así que en lugar de eso, pongo cara de póker, adopto una postura conciliadora y decido ignorar al hombrecillo. La procesión debe encontrarse en su momento álgido, al parecer. Yo es que no entiendo de esas cosas, pero quién sabe. En definitiva, media hora más tarde y quizá un kilómetro más lejos, conseguimos cruzar al otro lado con éxito.
(Coming out of my cage / And I've been doing just fine / Gotta gotta be down / Because I want it all / It started out with a kiss / How did it end up like this? / It was only a kiss)

¿Saben ustedes de ese poema de Borges titulado Instantes que dice algo como
Si pudiera vivir nuevamente mi vida.
En la próxima trataría de cometer más errores.
[...]
Daría más vueltas en calesita, contemplaría más amaneceres
y jugaría con más niños, si tuviera otra vez la vida por delante.
Pero ya tengo 85 años y sé que me estoy muriendo?
Si, ¿no? Bien, pues ese poema de Borges no es de Borges. Es de Don Herold y ni siquiera es un poema. Más información aquí. La vida te da sorpresas, sorpresas te da la vida.
Buenas noches.

Bueno, con la periodicidad a la que me estaba acostumbrando, un par de días sin escribir nada y ya me parece una eternidad. Mentira, pero queda bien. Tengo algunas cosas de las que hablar, pero entre que vuelvo del cumpleaños de mi hermano Paco hace un momento, y que después de estar tres cuartos de hora moviéndome -deslizándome diría yo- como una anguila en el agua y una hora y media encima de la bici para evitar que este sábado me sienta -de nuevo- como en el Via Crucis, estoy para escribir más bien poco, si es que pretendo tener algo de coherencia semántica sintáctica y/o léxica. Creo que ni siquiera una redacción "qué he hecho hoy con mi vida" estaría a la altura. Y de todas formas odio ese tipo de comentarios.
Estoy cansado. Bastante cansado, podría añadir. Tengo un cuento a punto de acabar. En cuanto lo tenga, aunque no me haga del todo gracia, lo cuelgo. Y que lo despedacen los cuervos.
(Save some face, you know you've only got one / Change your ways while you're young / Boy, one day you'll be a man / Oh girl, he'll help you understand / Smile like you mean it)

No se me da bien tomar decisiones. No, no es cuestión de que tome buenas o malas decisiones (entre otras cosas porque empiezo a sospechar que no hay tales buenas o malas). Es el hecho en sí lo que se me da mal. Mi nivel de indecisión a menudo roza la estupidez, sobre todo en algunos temas. Necesito constantemente el apoyo y el consejo de otras personas, lo que de vez en cuando me hace sentirme bastante idiota, y no quiero ni pensar lo que pensarán esas otras personas.
Cambiando de tercio, he decidido que, excepto en ocasiones de fuerza mayor, no voy a trabajar ningún cinco de noviembre del resto de mi vida, por la sencilla razón que es el día de mi cumpleaños. El día que nací. El día que vine al mundo o el mundo vino a mi. Infravaloramos la importancia del cumpleaños. Debería ser el día más importante del año, con diferencia, porque sin él, no habría ningún otro día. Sin ese día, no habría mundo.
Qué poco creativo me siento últimamente. Que asco.

Dice mi madre que se deprime leyendo este blog. Obviamente, ella no ha empleado esa palabra. Me deprimo yo escribiéndolo, así que no me sorprende (es broma, aunque me resulta absurdo tener que advertir que lo es). En cualquier caso, ya sabéis que llevo una temporadita algo histérico, algo incoherente, algo al borde de un ataque de nervios, en palabras de Geno, más que depresivo. Supongo que esa histeria me mantiene despierto, porque si fuese por lo que duermo... Pero las cosas van a cambiar, ya lo veréis. Aunque no, no pienso dormir mucho más.
Y me he pasado 45 minutos y tengo sueño. Sueño y ganas de vivir en otro universo.

Como todos los sábados últimamente, informe de situación. La verdad es que la etapa de hoy me daba cierto respeto, ya que transcurría por la zona donde veraneo y hay unas pendientes más bien interesantes. En realidad era miedo más que respeto, y sentir las piernas no del todo cómodas a las seis y media (de la mañana) cuando he salido no era, al menos aparentemente, una buena señal.
En total, han sido unos 165km, durante casi siete horas (sí, se me nota más aún este moreno a trozos). El trayecto era Moncada, Valencia, Turis, Macastre, Ventagaeta y vuelta por el mismo lugar. Al final, no ha habido demasiado que temer. Mis piernas se han portado razonablemente bien durante todo el camino, lo que espero que signifique que estoy recuperando la forma que perdí durante el pasado mes de marzo. Pero me duelen.
Últimamente mi cabeza me juega malas pasadas, así que por el momento, es todo lo que tengo que decir sobre cualquier cosa en particular y sobre todo en general. Será el sol.
(Rosemary / Heaven restores you in life / You're coming with me / Through the aging, the fear and the strife / It's the smiling on the package / It's the faces in the sand / It's the thought that moves you upwards)

Esta mañana he visto 8 millas. En una de las escenas, Eminem (B-Rabbit) le pregunta lo siguiente a Solo:
Eh, Solo. ¿Te has preguntado en que momento hay que decir a la puta mierda? ¿Cuando hay que dejar de vivir ahí arriba y empezar a vivir abajo?
En otras palabras, ¿cuánto tiempo vale la pena perseguir un sueño, antes de asumir tu posición, tu realidad? ¿Cuando has de dejarte de esfuerzos y sacrificios y empezar a vivir tu vida tal y como es? ¿Cuándo debes admitir que tus aspiraciones son inalcanzables y no serán otra cosa que eso, dejar de mirar más allá? Últimamente me pregunto lo mismo muy a menudo, aunque siempre llego a dos respuestas contradictorias. Supongo que prefiero pensar que mientras no deje de intentarlo, la posibilidad siempre estará ahí, y siendo la única respuesta que me proporciona algo de satisfacción, debe ser la correcta. Después de todo, creo que no podría prescindir esos sueños. Me volvería plano como una hoja de papel.
Uhm. Creo que estoy algo místico últimamente...
(Look, if you had one shot, one opportunity / To seize everything you ever wanted-One moment / Would you capture it or just let it slip?)

Nunca me ha gustado decir adiós. En castellano, concretamente. No sé desde cuando, y reconozco que no es algo que haya surgido de mi; posiblemente lo leí en algún libro, pero desde entonces, son contadas las veces que me he despedido de alguien diciendo "adiós". Y puesto que he olvidado la razón, pienso que es porque (me) suena a expresión demasiado tajante, que cierra la puerta a cualquier futuro reencuentro; es más bien un "hasta nunca". Después de decirlo, (me) parece que no queda nada más que decir. Y por eso, la mayoría de veces -aunque no todas- que lo digo es porque realmente estoy queriendo decir un "hasta nunca", pero sin tener que mostrar el resentimiento tan explícitamente como en esta última fórmula. Así que en general, prefiero un hasta luego, porque me gusta pensar que habrá un luego, un después aunque no sepa cuando o si en realidad lo habrá; saber que dejas la puerta abierta siempre es agradable. Manías.
Lo que ocurre es que, con la costumbre, he acabado diciéndole "hasta luego" hasta al mecánico del coche, y a ese me encantaría poder decirle hasta nunca, neng. Campions!
(Help me out / Yeah, you know you got to help me out / Yeah, oh don't you put me on the back burner / You know you got to help me out)

Leí anoche en elmundo.es una noticia que decía así: "Newsweek reconoce 'errores' en su denuncia de que soldados de EEUU profanaban el Corán en Guantánamo". Al parecer, "La revista asegura [...] que la fuente original de la denuncia 'no estaba segura de si vió el momento en el que una copia del Corán era tirada a un inodoro' para instar a los detenidos a hablar". Y finalmente, la revista en cuestión dice que sienten "[...] mucho si había alguna parte de nuestra historia que estaba equivocada, y extendemos nuestras condolencias a las víctimas de la violencia y a los soldados estadounidenses involucrados en la información". Este tipo de informaciones han sido las responsables de las últimas oleadas de atentados y violencia en países con población musulmana.
Vaya. Así que "no estaba segura". Hay mucho que decir sobre esta noticia, pero a bote pronto, me pregunto qué responsabilidades se derivan de la publicación de una noticia falsa de tales magnitudes y consecuencias en una revista como Newsweek. Aparte de las éticas obvias, de las posibles económicas (i.e. ¿se resentirá la venta de la revista por esto?), y de las necesarias "laborales" (no es que me importe, ¿pero va a rodar la cabeza de alguien por esto?)... ¿hay alguna otra? ¿O simplemente es la opinión pública la encargada de castigar a dicha revista? (aunque creo que asumo correctamente que habrá más de una demanda contra dicha publicación en las próximas semanas).
Por otra parte, es un ejemplo muy crudo y real de hasta que punto la manipulación informativa al servicio de cualesquiera intereses (económicos en este caso, imagino) existe y el poder que puede llegar a tener. Y es que nos tragamos lo que nos echen. Bona nit, me voy a ver la tele ;)

Ayer me crucé por la calle con una bonita y sexy individua que llevaba cinco pulseritas de estas de plástico que se suponen que son para asociaciones benéficas, lo que además de todo lo dicho, la hacía algo ridícula. Cinco. Nada más y nada menos. No entiendo como aquello le resultaba cómodo, aunque supongo que le resultaba fashion, y ya se sabe que para presumir hay que sufrir. Creo que fue Amstrong (bueno, obviamente no él en concreto) el precursor de esta curiosa iniciativa, con una contra el cáncer. Aquello parecía buena idea, y como lo parecía, y al decir por la popularidad que ha adquirido, lo era, ahora tienes n+1 pulseritas de cualquier asociación que se te pueda ocurrir. Y lo mejor es que se han puesto de moda y son, al menos en Valencia, lo más pijo que hay -similar a las pantunflas esas de pueblo- entre los pijos y pijas adolescentes y no tan adolescentes (¿porque últimamente tengo la impresión de que la adolescencia se ha alargado hasta los veinticinco años? ¿me estaré haciendo mayor?).
Y no es que me importe, más bien al contrario, me alegro de que a alguien se le haya ocurrido una iniciativa para sacarle la pasta a todos esos niños de papá; supongo que es una aplicación inteligente de la maquiavélica (de Maquiavelo) frase el fin justifica los medios. Aunque claro, lo que pasa es que luego se pone en la calle la gente de la AECC (Asociación Española Contra el Cáncer) y como el bote verde y la pegatina no molan tanto -o igual que las suscripciones a AI, Cruz Roja, Greenpeace, Médicos del Mundo, etc... no se ven- pues ni dios les da un duro, ¿porque quién quiere una pegatinilla chunga pudiendo tener una pulserilla chorra?
Y es que no hay nada como estar a la moda.
(Creo que los comentarios a partir de ahora van a ser menos frecuentes. Exámenes y la necesidad de escribir -otras cosas- son dos buenas razones)


Bien, algo breve e interesante que contar. Interesante, poco hay. Breve, mucho. Aunque si dicen que lo bueno, si breve... ya sabéis. Realmente, no pensé que nadie me pediría que escribiese algo, pero bueno, me alegro de que alguien lo haga. Así, a bote pronto, acabo de ver la Venganza de los Sith. Pese a quien le pese, la verdad es que la película no me ha entusiasmado tanto, de hecho la segunda me pareció bastante mejor, quizá por la escena de Yoda luchando en la caverna aquella. Fue impactante.
En otro orden de cosas, pero de la misma irrelevancia, el miércoles tengo un exámen de Filosofía Política para el que pedí tres días de vacaciones y apenas he estudiado, así que ya veremos porque incluso me he comprometido con la profesora a que me presentaría. Pero bueno, tengo algunas cosas medio urgentes que hacer, y tengo que aprovechar estos días. Creo que sólo mi familia, mi primo, y Geno y Óscar (las mujeres primero) lo saben... ah!, y Dani y Quique. Si todo acaba como creo que es posible que acabe -estoy ya bastante seguro de ello-, más de una persona se va a llevar una sorpresa dentro de unos días.
La vida te da sorpresas, sorpresas te da la vida. No desistáis, prometo escribir algo interesante el miércoles, es posible que todo esté arreglado. Surprise surprise. Ah! Y quizá no, claro.

Pues bien, como era de esperar, tras el ajetreo de los últimos días, en los que he hecho de todo menos estudiar (bueno, de todo no), no he sido de capaz de confeccionar un examen de Filosofía Política en condiciones. Lo que dicho de modo más simple, significa que no lo he entregado, aunque estoy bastante seguro de que llegaba sobradamente al cinco. Y es que este mardito perfesionismo va'cabá conmigo. En cualquier caso, como punto positivo, que me he vuelto a encontrar "cómodo" haciendo el examen, aunque no me haya visto con el nivel deseado. Y es que uno es así de genial.
Como segundo punto positivo, he vuelto a tomar contacto con mis ex-compañeros de la Facultad (¿F/f?), a raíz de estos días de vacaciones para exámenes (y los que quedan por pedir), e incluso he conocido gente nueva. Desde luego, ha sido bastante reconfortante, aunque no sé si hay mucha gente aquí que me comprenda, pasarme una hora hablando de profesores, asignaturas y trabajos de clase. Revitalizante es la palabra. Y es que casi dan ganas de estudiar. Casi.
Bueno, nada más. Ah, si. Todavía no, ya casi, pero paciencia, paciencia, que aún no es oficial...

Como supongo que a falta de señalizarlo mañana, ya es oficial, pues voy a publicitarlo.
Me he comprado un piso en Valencia. El día que me den las llaves -que aún queda- os daré más detalles.
Hay que ver. En una línea hay más cosas condensadas -para mi- que en muchas cosas sobre las que he escrito párrafos enteros.

Volvemos en breve...

Anoche acabé de leer (sí, me ha costado) El curioso incidente del perro a medianoche. Y por cierto que por eso, esta mañana me he levantado 20 minutos tarde. El libro, sin ser una obra maestra, es interesante y se lee con bastante celeridad, aunque el estilo es necesariamente (por ser el protagonista quien es) algo pesado en ocasiones. Aunque todo sea dicho, éste es también la causa de la rapidez con la que se lee.
Pág. 230. «Así que empecé a caminar, pero Siobhan dijo que no hacía falta describir todo lo que pasa, sólo tengo que describir las cosas que son interesantes». Este principio se aplica de manera inconsciente a cualquier cosa que describimos, sea un objeto, una persona o una acción (extendiendo el concepto de "descripción", he leido puede tomarse, de modo poco preciso, como la descripción de una acción). El número de detalles que podemos añadir sobre cualquier cosa es en realidad infinito, por lo que acostumbramos a centrarnos no en particularidades aleatorias ni en aspectos generales, sino en aquellas características que aportan información relevante para el receptor (léase información interesante para el receptor) sobre aquello de lo que hablamos. De hecho, a menudo las confusiones lingüisticas vienen causadas por una elección incorrecta de dichos elementos significativos (y no en pocas ocasiones por la discrepancia en cuáles son dichos elementos).
Cabe la pregunta, creo que menos obvia de lo que parece a simple vista, de qué -o quién- determina en cada caso aquellos aspectos interesantes. Las valoraciones propias reflejadas en el otro, el conocimiento implícito de sus intereses, los medios de comunicación, las convenciones sociales, la comunidad lingüistica, el poder político y/o económico (que cada vez más acostumbra a ser el mismo)... Con lo que podemos concluir, súbitamente y de manera bastante obvia e irrelevante, que no existen en realidad características más o menos interesantes en sí mismas, sino que este interés es creado por nosotros mismos. Lo cual me conduce irreversiblemente a este relativismo valorativo del que intento salir, de momento sin éxito. O quizá no. Bastante estéril e impreciso, así, dicho con esta brevedad, superficialidad y dispersión.
Y esto es todo lo que tengo que decir por esta noche... ¿existirá una teoría de la descripción?



