La RAE (Real Academia de la Lengua) se ha puesto en contacto conmigo porque quiere incluir mi nombre como sinónimo del término estrés. Después de pensarlo un segundo y tres décimas, les he dicho que vale.

También quieren poner mi foto al lado de la palabra idiota.

Eso me lo estoy pensando.

No se me acaban las ideas, se me acaba el *tiempo*. Las dos y veinte y lo que me queda. Yúju.


Como un ratón en una rueda, muevo los pies y hago girar el mundo debajo de mi, que corre a mi encuentro mientras yo permanezco estático en el mismo punto.

Fijo en el centro del universo con el mundo a mis pies, existo, grabado en el vacío como una mancha en un cristal.

Así pues, ¿quién es ahora el ratón y quién la rueda?


Madre del anyo«LA 'MADRE DEL AÑO'. La American Cancer Society, la principal organización de lucha contra esa enfermedad en EEUU, ha nombrado a Carolina Herrera 'Madre del Año' en un acto celebrado en Nueva York. La diseñadora ha recibido esta distinción por su "constante compromiso con sus cuatro hijas, Mercedes, Ana Luisa, Carolina y Patricia (en la imagen), pese a lo cargado de su agenda". La creadora, entre risas, confesó que además de madre y abuela, será próximamente bisabuela, "así que se acabaron los biquinis". (Foto: EFE)» [El Mundo]

Leer "noticias" como esta me deja tan absolutamente alucinado que soy incapaz de entrar en cualquier tipo de valoración.

Carolina Herrera. Madre del Año. Joder. Vivir para ver. Desde luego.


Con las prisas de saber que me tengo que ir a dormir porque tengo sueño y me levanto dentro de seis horas exactamente (y eso ahora que empiezo a escribir), diré que he visto Brokeback Mountain, y que señores, la película está bien, pero no es para tanto. Que el guión está bien, que ellos están bien, que todo está bien, pero que repito, y subrayo, no es para tanto. Que el bueno de Tommy Lee Jones con su Los tres entierros de Melquiades Estrada le da mil vueltas, pero claro, el bueno de Tommy no habla de homosexuales, y eso, como todo el mundo sabe, hoy en día, eso vende mucho. Así que continuaré diciendo que:

- Capote (en realidad, *Truman* Capote, pero me niego a admitir que haya tal grado de incultura en este país como para que "Capote" no sea de por sí un título suficientemente identificativo) debería ganar el Oscar a la mejor película, o quizá, seguramente, Crash. Aunque lo ganará Brokeback Mountain. Y que es una vergüenza, de nuevo, que Los tres entierros de Melquiades Estrada no esté nominada. Una auténtica vergüenza. Pero todo el mundo sabe que los Oscar, al fin y al cabo, no van de buenas películas. Que seguramente son todas las que están, pero no están todas las que son. O al revés, que a buen entendedor, etc etc.

- Paul Haggis (Crash), o quizá George Clooney (Buenas noches, y buena suerte) debería ganar el Oscar al mejor director. Pero no, lo ganará seguramente Ang Lee. Porque si gana su historia de vaqueros, por coherencia debería ganar el Oscar él. Aunque en realidad, este debería ser para Tommy Lee Jones. De nuevo.

- Philip S. Hoffman ganará el Oscar al mejor actor. Sin duda alguna, tiene que ganarlo. Si no lo gana, probablemente mañana haya un colapso estelar y nos vayamos todos a tomar por culo. Muy a tomar por culo. Así que Capote. Claro que sí. Joder, que les da dos, tres y cuatro vueltas a todos los demás.

- Mejor actriz. Pues Keira Knightley lo hace muy bien en Orgullo y Prejuicio, pero no me mata. Y el resto de películas no las he visto, así que me debería abstener de opinar, pero Judi Dench se merece un Oscar, que esta buena señora está siempre que se sale por los cuatro costados.

- Matt Dillon está increíble en Crash, y William Hurt en Una historia de violencia (sí, al final conseguí verla, la ostia, menudo peliculón) pero me da que Paul Giamatti se llevará el Oscar al mejor actor por Cinderella Man (otra gran película, por cierto). Ninguna objeción, el tipo se sale como agente de Russell Crowe. Aunque también podría ser que Jake Gyllenhaal (por cierto, este tipo se está hartando a hacer películas últimamente...) se llevase el gato al agua, aunque no me parece nada especial, la verdad.

- Rachel Weisz no me gusta en El jardinero fiel. Bueno, en realidad, ni en esa ni en casi ninguna. Y no he visto Janebug ni En tierra de hombres, así que me atreveré a decir que Catherine Keener se llevará el Oscar a la mejor actriz de reparto por Capote, aunque todo sea dicho, Michelle Williams está bastante bien en la de los vaqueros gays. Pobre mujer, desde luego, que marido mas ijoputa.

- Y por último, veamos. Así a bote pronto. Guión Original, Woody Allen (Match Point). Guión Adaptado, Josh Olson (Una historia de violencia), y Fotografía, Buenas noches, y buena suerte. El resto, ni puñetera idea.

Pues esto es todo lo que hay. Al menos sé que con Philip S. Hoffman no me equivocaré, porque sino, que dios nos ampare. Así que buenas noches, y buena suerte.

Por cierto, ya sé que tengo esto un poco abandonado últimamente -la última semana, que tampoco es tanto-, y a mucha de la gente -amigos- que me leen y escriben. Ya no escribo, ya no llamo, ya no quedo, ya no hablo. Lo sé. Simplemente he estado algo "ocupado" últimamente, y no voy a entrar ahora en detalles. Cada cosa a su tiempo. En cualquier caso, intentaré volver a la "normalidad" (otra vez esas comillas) de los últimos meses, en lo que a este blog se refiere. En el resto de cosas... no voy a entrar en detalles.

Que no es el momento, ni el lugar :)


Querido invierno,

Me gustaría comenzar esta pequeña misiva agradeciéndote tu presencia un año más por estos lares, con la que nos traes los siempre bonitos paisajes y las siempre entrañables navidades. Pero creo que eres suficientemente inteligente como para deducir, por la forma de decirlo, que no voy a hacerlo. Porque no sería sincero, y a ninguno de los dos nos gusta la hipocresía. Así que voy intentar ser todo lo breve y claro que sea capaz, para que en el futuro no hayan malentendidos de los que podamos alguno de los dos arrepentirnos.

Tú no me gustas; no me gustas nada. Es más, te aborrezco la mayor parte del tiempo. Supongo que de poder pasarme estos cuatro meses viviendo al lado de una estufa, mi opinión sería diferente, pero el caso es que las cosas no son así y no podemos ni tenemos el derecho a cambiarlas, aunque tú a veces lo hagas. Y digo cuatro meses porque esa es otra; vienes cuando te da la gana y te vas exactamente en el mismo momento. Nada de ceñirte a las fechas oficiales, acordadas desde hace mucho tiempo. Si al menos fuese sólo eso. Pero no, tú no. Tú haces de tu capa un sayo y tomas las decisiones sin consultarlas, sin atender a razones ni pensar en las consecuencias que se pueden derivar. Conociéndote, es de esperar esta actitud egoísta e irresponsable, así que no sé de que me sorprendo. Probablemente es que soy un ingenuo y no aprendo nunca.

No me extenderé mucho más, no te preocupes. Lo que quiero decirte, y disculpame por el lenguaje que voy a utilizar, es que no sé porque no te largas de una puñetera vez. Me encanta la nieve, pero creo que ya vale, que estoy harto de tanta ola fría de los cojones. Harto de levantarme cada mañana como un puto pingüino, harto de dormir con tanta manta encima que cualquier día amaneceré planchado como un cromo si no asfixiado por el peso, harto de parecer el muñeco de Michelín y harto de aguantar tus cambios de humor día sí día también. Así, querido amigo, que te cojes el frío, la nieve, el viento, el hielo y todo lo que te hayas traido y te lo llevas a tomar por saco como mínimo hasta el año que viene. Y si no vuelves, yo al menos no te voy a echar de menos.

Espero haber sido suficientemente claro y espero no volver a verte jamás. Que lo pases bien y hasta nunca.

Atentamente,

Sebastian Dell


Muchas noches, cuando camino de casa atravieso el túnel que pasa por debajo de la ronda norte, justo al principio del camino de Moncada, una gota proveniente del techo de éste cae sobre la luna delantera de mi coche. Una gran gota, parecida a esas con las que empiezan las tormentas de verano, pero más grande; dos, tres o cuatro veces mayor, o incluso más.

A setenta kilómetros por hora, tras el impacto la velocidad hace que el agua se esparza rápidamente sobre el cristal, y durante unos pocos segundos, sin necesidad de fijarse demasiado, se pueden apreciar las ondas que se forman sobre la fina lámina de líquido, hasta que la gran gota se deshace en pequeñas serpientes que se deslizan trémulamente, casi tímidamente, hacia arriba, en contra de toda gravedad.

Al final, sólo quedan unas pocas y solitarias gotitas separadas entre sí por unos pocos centímetros, estáticas y un poco ridículas, que acaban secándose más tarde o más temprano, aunque para entonces, casi siempre me he olvidado ya de ellas y voy escuchando la radio o pensando en mis cosas.

A veces no soy una persona agradable, y cuando eso pasa, tampoco me esfuerzo demasiado por serlo.


Dicen que la repetición es el mecanismo más poderoso para convertir la mentira en verdad.

Probemos:

El trabajo dignifica. El trabajo dignifica. El trabajo dignifica. El trabajo dignifica. El trabajo dignifica. El trabajo dignifica. El trabajo dignifica. El trabajo dignifica. El trabajo dignifica. El trabajo dignifica. El trabajo dignifica. El trabajo dignifica. El trabajo dignifica. El trabajo dignifica. El trabajo dignifica. El trabajo dignifica. El trabajo dignifica. El trabajo dignifica. El trabajo dignifica. El trabajo dignifica. El trabajo dignifica. El trabajo dignifica. El trabajo dignifica. El trabajo dignifica. El trabajo dignifica. El trabajo dignifica. El trabajo dignifica. El trabajo dignifica. El trabajo dignifica. El trabajo dignifica. El trabajo dignifica. El trabajo dignifica. El trabajo dignifica. El trabajo dignifica. El trabajo dignifica. El trabajo dignifica. El trabajo dignifica. El trabajo dignifica. El trabajo dignifica. El trabajo dignifica. El trabajo dignifica. El trabajo dignifica. El trabajo dignifica. El trabajo dignifica. El trabajo dignifica. El trabajo dignifica. El trabajo dignifica. El trabajo dignifica. El trabajo dignifica. El trabajo dignifica. El trabajo dignifica. El trabajo dignifica. El trabajo dignifica. El trabajo dignifica. El trabajo dignifica. El trabajo dignifica. El trabajo dignifica. El trabajo dignifica. El trabajo dignifica. El trabajo dignifica. El trabajo dignifica. El trabajo dignifica. El trabajo dignifica. El trabajo dignifica. El trabajo dignifica. El trabajo dignifica. El trabajo dignifica. El trabajo dignifica. El trabajo dignifica. El trabajo dignifica. El trabajo dignifica. El trabajo dignifica. El trabajo dignifica. El trabajo dignifica. El trabajo dignifica. El trabajo dignifica. El trabajo dignifica. El trabajo dignifica. El trabajo dignifica. El trabajo dignifica. El trabajo dignifica. El trabajo dignifica. El trabajo dignifica. El trabajo dignifica. El trabajo dignifica. El trabajo dignifica. El trabajo dignifica. El trabajo dignifica. El trabajo dignifica. El trabajo dignifica. El trabajo dignifica. El trabajo dignifica. El trabajo dignifica. El trabajo dignifica. El trabajo dignifica.

¿Qué tal, alguien se siente más digno? No, ¿verdad?

Ya me parecía a mi...

(NOTA: Léelo, que no lo has leído, que lo sé yo que te conozco.)


Mourinho

Dicen que quien ríe el último ríe mejor.

Pero el que ríe el primero y el último, ese ríe más mejor.



Dos hombres, aparentemente normales y corrientes, o al menos tan aparentemente normales y corrientes como cualquier hombre normal y corriente que puedas encontrar caminando por la calle a las dos de la tarde de un soleado ocho de marzo, comienzan a cruzar un puente en direcciones opuestas. Nada que destacar de la forma en que van vestidos. Vestimenta común, aunque no vulgar, aunque no típica. No llaman la atención, pero tampoco pasan desapercibidos. No parecen hombres grises, pero tampoco artistas. Sus ropas no rebosan originalidad, pero tampoco rutina.

Andan casi a la misma velocidad, con un caminar rítmico y ágil, pero sin que sus pasos muestren ningún tipo de ansiedad ni prisa. Sus pies se levantan del suelo limpiamente, y si observas atentamente, puedes ver la curva que éstos describen, con una cadencia casi calculada, al entrar en contacto el suelo con el talón, la planta del pie, y finalmente la punta, hasta que un segundo más tarde el zapato se eleva para empezar con el otro. O imaginarte la presión del peso del cuerpo distribuyéndose poco a poco por el pie. Su movimiento es limpio, firme, claro, como un paisaje en un día de viento. No quiero decir con esto que caminen igual, sino que lo hacen de forma parecida. No parecen ir a ningún sitio en especial, sino que simplemente están disfrutando del placer de caminar, y quizá sea eso lo único extraordinario que se puede apreciar en ellos, si tenemos en cuenta el ritmo al que viven en la ciudad. No es su ciudad, en cualquier caso. La de ninguno de los dos, aunque tampoco están allí de paso. Por el puente sí. Llevan ambos ya algunos meses instalados, y aunque no esperan quedarse, tampoco piensan ahora en regresar allá de donde quiera que vengan. Por supuesto, no se conocen y están igual de interesados uno en el otro como cualquiera de nosotros lo está de alguien con el que coincide esperando en un semáforo. Es decir, ningún interés en particular.

Mientras se acercan al centro del puente, uno de ellos mira inexpresivo las ventanas del edificio que hay al lado del puente hacia el que se dirige. Doce o trece plantas, gris y blanco, pintado probablemente hace sólo unos meses. Los cristales parecen frágiles a esa distancia, y dan la sensación de ser ese tipo de cristales que tiemblan cuando pega uno un portazo, esos que había antes en las casas de las ciudades. El otro, sin embargo, está interesado en el paisaje que se extiende a su derecha, aunque en realidad no tiene nada de interesante. El río que está atravesando lleva años, o incluso décadas, seco, y en su interior han crecido sin orden ni concierto algunos árboles, aunque la cuenca seca está principalmente llena de pequeños arbustos de no más de un metro de altura. Hace meses que no llueve, y cuando lo hace, no con la suficiente intensidad.

Al cruzarse en mitad del puente, ninguno de ellos parece especialmente interesado en la otra persona, y cualquiera diría que ni siquiera se percatan de su presencia, sumidos como están en sus propios mundos. Pasan casi rozándose, a escasos centímetros, sin mirarse, sin inmutarse, ajenos, opacos, sólidos como rocas, con el semblante serio y la sangre fluyendo por sus músculos en movimiento y la respiración uniforme, con la vista en las nubes, en los edificios, en el mundo que los rodea. Ausentes.

Y cuando ya les separan unos metros, y antes de que esa distancia comience a hacerse más grande, uno de ellos se detiene con la mirada al frente, llena sus pulmones de aire, cierra los ojos, y sonríe felizmente mostrando dos colmillos afilados, porque ha decidido que ya tiene cena para esa noche.


«BARCELONA.- El titular del Juzgado de Instrucción número 4 de Barcelona que ordenó el día 24 de diciembre a los Mossos investigar las lesiones de Alba C.C., de cinco años, lo hizo mediante un oficio enviado por correo ordinario, en una carta que llegó a la comisaría central de los Mossos el 10 de enero, 17 días después. [...]

La menor se encuentra en estado de coma por una paliza. [...]» [El Mundo]

La justicia en este país es lenta, ineficaz, está politizada, llena de inútiles y es ajena por completo al concepto de "responsabilidad". En resumen, es una puta mierda y cada día está peor.

Aunque eso no es ningún secreto y no sé a estas alturas de qué me sorprendo.


Me cae mal Nepomuk.

Bueno, él no, que a mi el chaval no me ha hecho nada. Me cae mal el pobre y lastimoso tipo que escribe su blog, que no es lo mismo ni es él mismo. Apunten que no he escrito 'él', y no 'el'; ese acento es importante. Así que podría decirse que lo que me cae mal es su blog: Mundos de Nepomuk. Imagino que esto me hará perder algún lector y algún enlace, pero ya tengo bastantes culos que besar y hoy me he levantado con ganas de meterme con alguien. Perdón, con algún blog. En cierto modo, todos somos un poco Borjamari. También alguien dirá que lo que tengo es envidia. Pues oye, vete tú a saber, a lo mejor sí, y a lo mejor va y resulta que no.

¿Y por qué? Pues joder, no lo sé, es difícil de explicar, aunque tengo que empezar diciendo que no es nada personal. Por supuesto que no, tampoco es necesario darle tanta importancia, que al fin y al cabo no la tiene. Ni esto, ni su blog, ni el mío.

Supongo que, en primer lugar, me molesta su infinita y absurda modestia, su ilimitada humildad, más allá de lo lógico, de lo razonable, porque es simplemente patética (me encanta esa palabra). Su ya sé que tengo decenas de comentaristas, y que no hacéis más que decirme lo guapo y listo que soy y lo bien que escribo, pero vamos a hacer como que no lo sé, como que no me lo merezco, así que tratarme como si fuese humano. Vamos a hacer como que no lo sé. Cojones. Es su forma de tratar a la gente que le comenta, desde arriba, como diciendo Ya sé que me estás riendo las MIS gracias.

Supongo que, en segundo lugar, me molesta ese olor de su blog a La Gramola de M80, ese olor rancio a compi del cole de cuando tenías trece años, a oso amoroso, a que chupis somos todos, a amigos del alma, a cuanto te quiero sin conocerte. Ese olor a qué comunidad más chula hemos montado aquí en este MI blog. A cuantos amiguitos tengo, a cuanto me queréis a MI. Ese hedor a yo te río tus gracias y tú me ríes las mías ja ja ja que guays somos, somos los mejores bueno y qué. Ji ji ji. Que asco, por favor.

Supongo que, en tercer lugar, me molestan sus comentaristas, sobre todo aquellos que parecen estar hablando con un dios (y aquí aparece siempre el excelso Nepomuk modesto): que bien escribes (eres el que mejor escribe), que bien dibujas (eres el que mejor dibuja), que diver eres (eres el más diver), que diseño tan bonito (tienes el mejor diseño), que guapo que majo que encanto (etc etc), eres un sol (...)... plas plas plas. Applause. Resulta tan absurdo. Y es que cuán gilipollas se puede llegar a ser. Si tú eres de esos, de verdad que en lo más hondo de mi corazón lo siento por tí. Bueno, en realidad no, para qué te voy a mentir. El caso es que esto es lo peor que tiene el pobre chico. Un montón de gente que escriba lo que escriba, diga lo que diga o haga lo que haga, le ríen las gracias (y para qué nos vamos a engañar, tiene más bien pocas). Como un partido político jaleando a su líder. Aunque todo sea dicho, algún post divertido muy de vez en cuando le ha salido. Y hasta yo me atreví a decírselo.

Supongo que en cuarto lugar, me molesta su marketing estilo yo no hago marketing. Su yo no me apunté al concurso de 20minutos y me daba igual. Y una mierda, o dos. Esa manera de hacerse de rogar, de despertar pena en los demás, de despertar interés intentando que no se note, esa lastimosidad calculada al centímetro. Esa cuenta atrás y esos posts personales. Esa manera de quitar los comentarios, o esos 'tú me gustas porque...' de las pasadas navidades. Volvemos a lo de antes. Esa falta de espontaneidad. Y es que parece estar todo calculado. Cojones, pero cuanta falsedad, que asco.

Supongo que en quinto lugar, y para acabar, me molesta que pretenda hacer creer a la gente que eso es su vida. Aunque en realidad eso a mi no me molesta (aunque sí a mucha gente). A mi me trae sin cuidado. Al fin y al cabo, es su blog y que escriba lo que le dé la gana, y si te crees todo lo que un tipo al que no conoces de nada dice, es que a lo mejor eres un poco ingenuo. Y más cuando esa persona parece empeñada en que te creas que lo que estás leyendo es cierto. Pero eso desde luego, no es culpa suya.

Y creo que es todo, aunque si pensase más, seguro que se me ocurrían más cosas. Supongo (coño, no hago más que suponer...) que todo se resume en la siguiente frase: ¿por qué Nepomuk te mira desde arriba y finje que no lo hace?. Con negritas y todo, que estoy generoso. Alguien se preguntará porqué he escrito esto. Pues no sé. Por lo mismo que escribo otras cosas, y harto de leer tanta tontería. Sé que Nepomuk lo encajará bien, si lo lee. Con una sonrisa, y la ironía de sentirse algo protagonista. Tampoco tiene muchas alternativas, y sonreír es siempre la mejor baza, te afecte o no. Yo, simplemente lo escribo porque me da la gana, porque me apetece, y si no te gusta, no lo leas. No le busquemos los tres pies al gato. Si me comentas, a lo mejor te contesto y a lo mejor no. Entenderé que no te guste y no estés de acuerdo, y que me lo digas si quieres. Además, como ya dije una vez, yo sí quería ganar el concurso de 20minutos, me gusta que la gente me lea, pienso que mi blog es relativamente bueno, y si tienes alguna duda de si algo que lees es o no parte de mi vida, no especules. Pregúntame y saldrás de dudas.

Por cierto, El Sentido de la Vida no me gusta nada. Ni me parece divertido, ni entretenido, ni por supuesto el mejor blog de Internet (sus comentaristas tienen muchos el mismo problema de los de Los Mundos de Nepomuk), porque entre otras cosas no hay un mejor (y si lo hay, seguramente sea el mío). Pero aunque no me guste, me parece más claro, más honesto, más sincero, más transparente, más directo.

Además, he de confesar que el café y el sueño me ayudan a ser un poco más desagradable, y últimamente una chica de cuyo nombre sí quiero acordarme -pero que no diré aquí- tiene la culpa de que yo duerma menos, y que duerma menos hace que tome mucho café. Así que la culpa de todo es suya ;)

A pasarlo bien y hasta más ver.


Pepe llevaba muchos años trabajando en la misma compañía. Había entrado en ella al poco tiempo de salir de la universidad, y no había encontrado razones para cambiar; ésta siempre le había tratado bien, y él le correspondía tratándola de igual modo. Siempre había existido una relación de normalidad, podría decirse que incluso de cordialidad. Trabajaba allí sus horas, le pagaban, y ahí acababa todo: ambas partes contentas.

En lo que refiere al trabajo diario, su jornada laboral transcurría habitualmente sin mayores incidencias. No tenía un puesto de poca ni mucha responsabilidad. Era relativamente interesante, y relativamente aburrido, como muchos otros trabajos. Su salario era aceptable, y sus condiciones laborables también. No se quejaba demasiado, pero tampoco dejaba de hacerlo cuando lo consideraba necesario. A veces sus quejas se atendían, a veces no, pero siempre en un clima de diálogo. Estaba contento con su trabajo.

Como todos los años, aquel verano Pepe se fue de vacaciones con su familia al pueblo de su mujer, donde pasaba habitualmente cerca de un mes, si el trabajo se lo permitía; aunque nunca menos de tres semanas. Pasó el tiempo volando, como siempre pasa cuando estás de vacaciones, y cuando volvió, descubrió que su anterior jefe había dejado la empresa, y que uno nuevo lo había sustituido. Siendo de naturaleza optimista, pensó que no habría ningún problema, y que lo mejor sería presentarse a éste como correspondía, ya que al parecer se había reunido durante sus vacaciones con el resto del personal del departamento, y era él el único al que no conocía.

Lo intentó, una y otra vez, día tras día, pero éste siempre estaba reunido, así que mientras tanto seguía con su trabajo habitual sin preocuparse demasiado. Ya me presentaré más adelante, pensaba. Pero su superior seguía reunido, y cuando no lo estaba, no encontraba apropiado presentarse informalmente, ya que entendía que procedía algún tipo de reunión en la que exponer sus funciones en el departamento. Sin darle demasiadas vueltas a esto, se dedicaba a su trabajo.

Y esta situación se alargó y se alargó y se alargó, hasta que Pepe se dió cuenta de que habían pasado ya un par de años, y que seguía sin conocer a su jefe. Y empezó a preguntarse si sabría éste quién era él, a qué se dedicaba, o incluso cuál era su nombre, aunque de un modo curioso, en ningún caso insano. En realidad, él no necesitaba ningún tipo de seguimiento, pero la situación le parecía extraña, o más que eso, hasta divertida. Y pasó otro año, y otro, y otro, y nada. Se cruzaban, aquí y allí, pero poco más, o mejor dicho, nada más. Y Pepe, que era una persona agradable y tranquila pero no tonta, pensó que a lo mejor, quizá, si un día desaparecía, nadie se daría cuenta.

Así que decidió que al día siguiente no iría a trabajar, y se quedó durmiendo, aunque estaba seguro de que al llegar por la mañana, alguien le preguntaría donde había estado. Pero no fue así. Nadie le dijo absolutamente nada. Así que repitió el experimento, pero esta vez pasó dos días en su casa. Y el resultado fué exactamente el mismo. ¿Era él transparente? Pepe estaba completamente alucinado. Pero visto lo visto, decidió probar una vez más con una semana. Y otra vez, ningún comentario al volver. No podía creer aquello, aunque por miedo a que su nómina notase aquello que él no había notado, dejó de ausentarse y continuó con su trabajo. En total, aquel mes se había cogido ocho días de "vacaciones voluntarias", y pensó que aunque nadie, aparentemente, se hubiese dado cuenta de sus ausencias, probablemente alguien sí se había dado cuenta.

Pero su salario llegó impoluto, como siempre. Íntegro, de cabo a rabo. Así que el mes siguiente hizo lo mismo, pero faltó dos semanas. Y otras dos al mes siguiente. Y decidió no entregar aquellos informes que entregaba al llegar el dia treinta de cada mes, y esperar a la consecuencias. Capearía el temporal si era necesario. Algo se le ocurriría. Pero nada, absolutamente nada, nada de nada, pasó. Y en lugar de sentirse abatido por la patente inutilidad de su trabajo, por la transparencia de su puesto, decidió aprovechar la situación, y prolongó las vacaciones de ese año un mes "voluntariamente". Al año siguiente lo hizo tres meses. Y al cabo de tres años, Pepe sólo acudía a las convenciones, a comer y cenar gratis, y a visitar a sus compañeros, pero claro, ellos nunca supieron que él iba sólo de visita, ¿y quién era él para sacarles del error?

Total, él trabajaba para aquella empresa. Lo ponía en su nómina.


Coto privado de caza

(De momento... ;)


La felicidad me persigue, pero yo soy más rápido.


Saliendo desde Wichita hacia el sur por la interestatal 35, cogiendo el desvío hacia Tulsa por la carretera estatal 412 y avanzando por ésta aproximadamente veinticinco millas, casi hasta la altura de Glencoe, se encuentra un estrecho y polvoriento camino de tierra, sin más indicación en su entrada que un poste donde ya no puede leerse inscripción alguna. Éste se adentra en dirección suroeste entre pequeños montes y campos hacia el pueblo llamado Paranoia.

Aunque desde que se abandona el asfalto hasta Paranoia habrán apenas veinte millas, resulta extremadamente difícil llegar, a causa de los literalmente cientos de caminos que surcan esa zona del estado de Oklahoma, y es muy posible que de no ir convenientemente acompañado, un turista accidental jamás la encuentre. Afortunadamente, la mayoría de rutas acaban de nuevo en la estatal, por lo que en el peor de los casos, acabará volviendo a casa con la pequeña decepción de no haber encontrado aquello que buscaba. Por alguna razón, no existen mapas detallados de esta zona, y claro está, los sistemas de navegación tampoco son de demasiada utilidad, así que puede uno ahorrarse el esfuerzo. Por lo visto, el lugar en cuestión no interesa demasiado a nadie.

Paranoia, que según los archivos de la Biblioteca Nacional fué fundada en torno a comienzos del siglo XVII, no se llamó siempre así. Sita en un valle fértil, se nutría principalmente del comercio de manzanas con las ciudades más próximas, y de ahí proviene su anterior anterior nombre, Appleville, o Apo'vi'l, como diría la gente del lugar. Durante poco más de dos siglos el cultivo de esta fruta fué la principal ocupación de sus habitantes, alcanzando una considerable importancia en la región, pero a principios del pasado siglo, sin que existiese aparentemente razón alguna, los manzanos que tanta fama le habían dado empezaron a secarse. En cuestión de un par de años, en una zona que antaño los había contado por miles, no podía encontrarse ni un sólo árbol sano. A pesar de las diversas investigaciones que se llevaron a cabo, jamás se llegó a encontrar nada que pudiera ser el causante de esta catástrofe económica.

Aunque se piensa hoy en día que algún hongo desconocido por aquel entonces pudo ser el causante de esta epidemia, en su momento se desarrollaron decenas de versiones que alimentaron la rumorología local mientras que hubo algo que alimentar. Éstas iban desde el uso indiscriminado de pesticidas hasta posibles experimentos secretos llevados a cabo por el gobierno, pasando por rivalidades comerciales con las ciudades vecinas, ajustes de cuentas entre campesinos u oscuras maldiciones. Muchas de ellas pueden obtenerse de la prensa local de aquel entonces, y poco a poco, fueron dando lugar a un estado de nerviosismo y desconfianza próximo a la paranoia y por el que la ciudad se hizo tristemente famosa, ocupando el lugar que anteriormente había tenido el cultivo de las manzanas como representante de la ciudad.

Como parece obvio, al cesar la principal actividad económica de la ciudad, se produjo una masiva emigración hacia otros estados, aunque en el clima que se respiraba, muchos pensaron que algunas personas nunca abandonaron el lugar y que desaparecieron al igual que lo habían hecho los manzanos. Este hecho nunca fue confirmado y parece ser más producto de la imaginación trastornada de algunos de sus habitantes que estar sustentado en hechos reales.

Actualmente, tan sólo unos pocos cientos de personas malviven en Paranoia a base de subsidios estatales. A su alrededor, varias millas de desértico paisaje contemplan el triste presente de una región con un brillante pasado.


M. comenzó a comerse las uñas ya desde muy joven. La primera vez que alguien le increpó por ello, ni siquiera sabía que era eso lo que hacía. ¿Comerse las uñas? ¡Él no se comía las uñas! Simplemente se las rebanaba... a ras de dedo. Ni más, ni menos. Y lo mismo hacía con la piel de alrededor, con la dosis correspondiente de dolor y masoquismo; los propios dientes pueden ser un instrumento de tortura fabuloso. De todas formas ha de decirse que no es para tanto, ya que conserva, a día de hoy, todos los dedos en perfecto estado.

Con el tiempo, a M. las uñas se le quedaron cortas, y no única ni principalmente en un sentido literal. Por lo que aunque continuó con esta desagradable manía, se vió obligado a buscar alguna otra cosa con la que entretenerse, dando durante su búsqueda y por desgracia con algo mucho más sustancial: se encontró a sí mismo. Así que de vez en cuando, al mirarse en el espejo y darse cuenta de que todo va bien, como quien se mira las uñas y detecta que han crecido lo suficiente como para volver a convertirlas en víctimas, M. siente la necesidad de arrancarse un poco de su propio ser, de astillarlo ligeramente, con la seguridad del dolor que esto le producirá y de que sin duda, todo volverá a su sitio pasados unos días.


Sólo duelen al principio, sólo al principio. Tranquilo. Ya tienes una idea de cómo es esto, así que intenta no ponerte nervioso; los primeros duelen, pero después la cara se te anestesia y no sientes dolor, tan solo un impacto y el par de segundos de aturdimiento que le siguen. Pues bien, mírame y presta atención: ese es el momento que tienes que evitar, porque es el más jodido de todos, ese en el que tu cabeza no es tuya sino suya. Si le dejas, ese hijo de puta te la machacará sin piedad, así que cuando te alcance, échate hacia atrás, pégate a él, escóndete, desaparece, haz lo que sea, pero por el amor de Dios, no le dejes que te vuelva a golpear, porque si eso pasa, con la izquierda que tiene este cabrón, se te va a comer con patatas.


- Sorpréndeme.
- Mira eso.
- Joder. ¿Qué ha pasado?
- Ni idea, más allá de lo evidente, claro. Parece un ajuste de cuentas, pero vete tú a saber.
- Desde luego, si lo era, tenía muchas pendientes. Muchísimas. ¿Sabemos quién era?
- Lo están averiguando, pero de momento no hay nada. No hay documentos y no creo que quede demasiada cara que reconocer debajo de esa piedra.
- Media tonelada.
- Por lo menos.
- ¿Alguna huella?
- ¿Ves algún dedo?
- ¿Oye, y eso de ahí?
- Ah, no, eso han sido los perros. Lo encontraron antes que nosotros.
- Ya veo. ¿Qué comes?
- Sandwich de pollo, aunque no sabe a pollo. ¿Tienes hambre?
- Adivina.
- Toma, cómete el resto. Yo me largo que llevo aquí toda la noche. Habla con el forense y que me llame luego.
- Bien. Oye, esto está cojonudo.


Un poquito de por favor, coño.

Ya lo veis. Finalmente, y obligado por las circunstancias, me he acabado llevando el blog a otra parte. Y esto es todo lo que hay por ahora. Es posible que alguna cosilla falle al principio. Respecto al resto de lo que había, unas casi quinientas entradas y tres mil y pico comentarios, residen de momento en una máquina que o está apagada, incomunicada, o en poder de los extraterrestres. Así que hasta que lo recupere, vamos a hacer como que aquí no ha pasado nada. Esto va a estar unos días algo cojo, pero aquí todos contentos y sonrientes.

El resto ya lo conocéis. Ale. A pasarlo bien.


Aprovechando que cambiamos de casa, aunque no se note demasiado, y que hay gente que aún no tiene acceso a esta página, voy a ponerme un poco moñas. Dicen que el que habla de su blog es porque no tiene nada de que hablar, y aunque no es mi caso, es verdad que de eso mismo voy a hablar.

Pues bien, yo no escribo para mí. Eso a estas alturas de la película me parece bastante obvio, aunque sólo sea por las veces que lo he repetido. Y aunque entiendo que haya personas que lo utilizan de este modo, yo sería incapaz de hacerlo. Para eso me compro un diario, aunque después de todo, ¿para qué quiero escribir lo que ya pienso? Y por otro lado, mi vida no es tan interesante, al menos de momento, como para sentarme regularmente a plasmarla en un diario; me aburriría muy pronto de ella y acabaría reconociendo la miseria de mi propia existencia. Y todavía no me toca llegar a ese punto.

Aunque quizá la frase con la que comenzaba el párrafo anterior no sea tan obvia como parece. Es cierto que no puedo negar que lo que escribo, lo hago para que la gente lo lea. Pero últimamente, también como ejercicio personal. Desde hace algún tiempo, dedico una cantidad considerable de tiempo a escribir; quizá una media diaria de un par de horas, como mínimo, y las últimas semanas puede estar llegando a cuatro horas diarias, de modo que escribir (en el blog) ha tomado prioridad sobre algunas otras cosas. Eso se materializa en habitualmente uno o dos comentarios diarios. A mi eso me parece normal, pero alguien probablemente piense que estoy obsesionado con esta página, y de ahí que haya puesto el paréntesis anterior. Oír que alguien pasa cuatro horas escribiendo, puede resultar normal. Es una afición y puede verse como una inversión de tiempo y esfuerzo, es al fin y al cabo dedicarle tiempo a algo que te gusta. Pero decir que alguien pasa cuatro horas escribiendo... en una página de Internet, suena mal; suena a obsesión, suena a friki, suena a colgado. Bueno. Si se quiere ver así, pues bien, véase así. El caso es que las palabras valen tanto en papel como en la pantalla.

Al principio de comenzar a escribir aquí, me costaba bastante inventar una historia de ficción, crear un principio y sobre todo un final. Ahora las historias salen prácticamente solas, y se acaban solas. Y yo mismo me obligo a escribir sobre absolutamente cualquier cosa, partiendo de absolutamente cualquier cosa, de ahí que últimamente predominen las historias de ficción sobre las que normalmente la gente tiene menos interés y cosas que decir (aunque a menudo, un 'me gusta' o 'no me gusta' sería de agradecer). Últimamente la ficción me resulta más divertida de escribir, sobre todo cuando cambio de estilo -por ejemplo, del minirelato "Paranoia" de hace unos días, que es uno de los que más me han gustado, de los más "maduros" que tengo, y que probablemente pocos se leyeron, al diálogo "Sandwich de pollo" de ayer.

Y esto es todo lo que tengo que decir sobre esto. De momento, y aunque sepa que no soy el puto Hemingway.


Si ha venido aquí buscando "Urbason", no encontrará nada de utilidad. Pero ya que está, ¿por qué no se da una vuelta por el resto del blog?

Soy alérgico. Y soy asmático. Nunca he sabido si el asma viene causada por la alergia, o son dos problemas independientes. Tampoco es que me haya importado nunca demasiado. Y no es que no lo sepa yo; eso sería relativamente normal, porque yo no soy médico, yo "sólo" sufro los síntomas. Es que en el Hospital La Fe tampoco se pusieron nunca de acuerdo. Durante años acudí periódicamente al servicio de neumología y al de alergología, por separado, y durante un tiempo, me sentí como si dos clubes de fútbol se peleasen por mi. Eso me hacía sentir un poco privilegiado, aunque lo malo es que yo no era futbolista, era sólo un enfermo. Menuda tontería.

Durante los primeros trece años, año arriba año abajo, estuve algo jodido. Bastante, a temporadas. Fin de semana sí, fin de semana también. Acababa en urgencias, abriendo la boca como un pescado al que han sacado del agua, con la sutil diferencia de que a mi no me faltaba el agua, me faltaba el aire; ya lo creo que sí. El problema siempre fue que mis putos bronquios tomaban decisiones sin consultármelas; siempre he dado mucha libertad aquí dentro. También tenía mis momentos. Ver un niño de ocho o nueve años que llega jadeando, literalmente ahogándose, a urgencias, imagino que impresiona. Y como además yo siempre he parecido más joven, la gente se me quedaba mirando, y yo me sentía importante. Mis bronquios no eran capaces de negarme esa sensación de soy el más chulo del barrio, mira que jodido estoy y tú te crees que lo tuyo es grave.

Hace bastantes años que no tengo un ataque de asma, y mi propensión al constipado empieza a pasar a la historia. Al final, la disputa por mi ficha la ganó neumología, así que una vez cada año y pico, depende como de bien me venga, me paso por allí y les cuento cómo me va la vida a mi a mis pulmones y a mis bronquios. Unas pruebas funcionales respiratorias y una breve consulta que consiste en hola cómo has estado hola he estado bien adiós adiós.

Ya sólo me queda mencionar una cosa: el Urbason. Corticoides, sí, pero mano de santo. Mano de santo, sí, pero corticoides. Y ahora piensas que la semana que viene no te acordarás de nada de esto, pero si alguna vez te inyectan Urbason, te acordarás de mi. Porque no veas cómo duele. Casi prefieres morir ahogado.

Sí, te acordarás de esto. Te lo prometo.

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[Actualización 24/04/2007] A todos los que vais a parar a esta página cuando buscáis "Urbason" en Google, Terra, Yahoo, o cualquiera de los n+1 buscadores, y que no sois pocos, no temáis. Las inyecciones del urbason, sí, duelen, como cualquier inyección, pero no es para tanto -ver algunos de los comentarios, en especial el de Gacela-. Tener en cuenta que por aquel entonces yo tenía quizá diez o doce años. Y por otra parte, poder volver a respirar libremente lo justifica todo.


- No quiero que hables, quiero que hagas.


Cuando no tienes un buen día, no tienes un buen día. Suena absurdo, pero tenía que repetírmelo; lo necesitaba. Yo hace meses que no tengo uno de esos. Uno de esos días cojonudos en los que todo es de puto color rosa chicle, en los que el conductor del autobús te saluda con una sonrisa, y en lugar de un viejo pegado a ti oliendo a cerdo y sobándote -por dios que agonía- hay un chico universitario mono que no se atreve ni a mirarte. Uno de esos en los que joder, quieres tirarte a medio mundo, sólo porque son ellos y porque son así. Pero no. Nada de rosa chicle. Gris. Gris. Gris y más gris. Gris chicle, si quieres. Un chicle insípido, monótono, triste. Patéticos. Así son los segundos con los que lleno cada minuto, cada hora, cada día, cada mes de mi puta vida.

Y yo, YO, mi cuerpo, mi alma, mi ser, mi espíritu, mi coño, todos, todos necesitamos un puto día así. Y ahora lo necesitaba más que nunca. Todo el mundo se merece uno de vez en cuando, sólo por existir. Y yo, ingenua, lo esperaba de tí. Confiaba en tí. Soy tonta, jamás dejaré de repetírmelo. Porque tú vas ahora y me dices que sobro. Que sobro. Que me largue. Que ya no pinto nada. Adiós, hasta luego. Y me lo dices con esa jodida vocecita de niña pija que siempre has tenido porque eres un cobarde y no tienes cojones de mirarme a la cara mientras me lo dices. ¿Sabes? No eres sólo un cobarde. Eres un cerdo, un gilipollas, un capullo. Eres una pija de Jordi Lavanda y Mini de papá. Eres un inútil y desde luego, eres historia.

Y entiéndeme, no tengo un buen día. Dímelo mañana y a lo mejor, a lo mejor te pueden ir dando mucho por culo.


Ya. Al fin. Después de tanto tiempo, ya estás en el ejército. En la Armada, nada más y nada menos. Bien, ¿no? Dime, ¿qué se siente? No importa, seguro que merece la pena. Llevabas tiempo esperándolo. Vacaciones pagadas, ropa y comida gratis. Joder, qué chollo, ¿eh? Quizá la comida no sea la mejor, quizá la ropa no sea la mejor, pero bueno, se hace lo que se puede. Contento, supongo.

Ya te han hablado de esto. Nada que hacer en todo el día, aparte de estar tumbado en la cama. Vacaciones pagadas. Es lo que te dijeron, ¿no? Y si no te apetece estar acostado todo el día, si es que eso puede no apetecerle a alguien, seguro que de vez en cuando se puede montar alguna fiesta, allá donde estés. Nativas. Yum yum. Tiene buena pinta, ¿eh? Claro que sí.

Ahora ya no volverás a pasar desapercibido. Nunca más. Vas a ser el héroe del barrio. El héroe. Suena bien, suena cojonudo. A perlas. A respeto. Imagínate a tu madre, hablando con sus amigas, pavoneándose, orgullosa. Su hijo en el ejército. Joder. En el ejército. La hostia.

Bueno, ya casi estás. Sólo un poco más, aguanta la emoción; tus primeras vacaciones de toda una vida de vacaciones. Todo el mundo sonríe. Seguro que eso significa que todo aquello que te han contado era verdad. Qué afortunado eres. Aunque en tierra a nadie parece importarle demasiado nada. Nada. A nadie.

Será mejor que te levantes de tu puta cama, y lo hagas deprisa. O te van a meter uno de esos putos misiles que oyes por el culo, y entonces seguro que te vas a levantar. No queremos que te tengan que recoger a trozos del campamento, ¿verdad? Joder, vacaciones, decían. Nada que hacer, decían. Sobrevive. Tú sobrevive. No dejes que te maten, y mantente alejado de las granadas. Pero no dejes que te maten. Porque ni siquiera serías el primero.

Disparos. Disparos. Disparos. Levanta, levanta, levanta. Va, coño, despiértate de una puta vez. Te estas jugando la vida. ¿Qué pasa, no me oyes? ¿No los oyes? ¿Y a él, le oyes? ¿le oyes? ¡¡Arriba, hijos de puta, arriba, antes de que se me hinchen las pelotas!! ¡¡Arriba!!

Recuerda: sobrevive. Ya lo sabes, no dejes que te maten. No me canso de repetírtelo. Vacaciones, son tus primeras vacaciones de toda una vida de vacaciones, así que mantente a salvo. Y dispárale a todo lo que veas, se mueva o no. A todo. Son las órdenes del sargento, así que obedece. A todo lo que se mueva o no. Para eso estás aquí. Para obedecer. Nunca pensaste que pudieras acumular tanta tensión en un dedo, en un simple movimiento, en el gatillo de un fusil, ¿verdad? Dispara, y deja de pensar. Deja de pensar, no te va a llevar a ningún lado.

Mantente atento, siempre atento. Da igual que esté anocheciendo y no veas ya prácticamente nada. Da igual que no veas qué tienes delante. Da igual que no distingas un soldado de un civil. Da igual que no sepas dónde estás. Da igual que no estés seguro de si sueñas o estás despierto. Mantén el dedo en el gatillo. Permanece alerta. Dispara a matar. Qué más da, a quién le importa. Son órdenes y quizá esto sea sólo una pesadilla. Y quizá no.

Ah, y por último, déjame decirte sólo una cosa: Bienvenido a la Armada. Toda una vida de vacaciones, ¿recuerdas?

Escuchando In the Army now - Status Quo.


Te acuestas un viernes a las cinco de la tarde, y te levantas un sábado a las diez de la mañana, después de la siesta.

Y miras a tu despertador y no sabes qué pensar.

Cambiando de tercio, llueve en Fallas. Para variar.


Esther...
¿Por qué a mi eso me suena igual que

La chupo sin condón. Busco pareja.

?

Un poco más de imaginación, por favor.

¡Y abre ese ojo!


Falla El Pilar

(Segundo Premio Sección Especial)


En noches como esta se acuerda uno, por si se le había olvidado, de que, a pesar de que a algunas no les haga todo el caso que se merecen, a algunas (a lo mejor) les haga más caso del que se merecen, algunas me hagan más caso del que me merezco y muchas me hagan menos caso del que me merezco, la mujer es, con diferencia, el ser más maravilloso que hay sobre la superficie de este planeta.

Y no lo digo (sólo) por mi madre.


Este fin de semana de fallas me he vuelto a dar cuenta, como otras muchas veces, de que esto de hacerse mayor no mola nada, y de que, a partir de una cierta edad, eso de quedarse de fiesta hasta las tantas (para cualquier valor de "las tantas" superior a las siete horas) sí porque sí, sentado en una acera como hace uno a los diecimuchos o veintialgunos, sin una razón justificada, pues como que mucha gracia no tiene. Y es que cuando se es absoluta y completamente libre de llegar a casa de fiesta pasadas las siete, ocho o nueve de la mañana, o de dormir en casa o no -y no me refiero que a uno le den libertad para hacerlo, sino que se asuma con toda normalidad que simplemente puedes esa noche dormir en otro sitio porque es tu vida-, el hecho de poderse quedar hasta tal hora por el mero hecho de quedarse, pierde todo su sentido.

Porque llegada una cierta hora, si no existe la citada razón, se para uno un momento y piensa aquello de estoy cansado, tengo ganas de irme a dormir y la música de este antro no me entusiasma. ¿Qué coño estoy haciendo yo aquí? ¿Soy gilipollas o qué?.

Aunque bien visto, estaba yo pensando ahora mismo eso mismo, porque estoy cansado, tengo ganas de irme a dormir y lo que estoy escribiendo no me mata... Y ya sabéis el resto...


Me encantan los contrastes de las revistas femeninas.

Igual te encuentras un artículo sobre los niños trabajadores de Bombay, que a la página siguiente un reportaje sobre los "trapitos" más in de Dior que no deben faltar en tu armario. Desde luego, que manera de ensuciar conciencias.

Lo que decía, fascinante versatilidad.


Un teléfono cualquiera en una mesita cualquiera de una habitación cualquiera de un hotel cualquiera de una ciudad cualquiera. Sonando por tercera vez en diez minutos, como un niño que pide atención y que no parará hasta conseguirla, con un sonido estridente, molesto, excesivamente agudo; aunque este no es especial. Siempre es excesivamente agudo. Si sólo pudiera parar ahora; justo en este preciso instante. Odio los teléfonos, siempre los he odiado, con esa estúpida urgencia suya. Los odio. Desaparece. Detente. Cállate. También odio a los niños, por exactamente lo mismo. Niños. Debería haberlo desconectado cuando llegué aquí; no necesito nada ni quiero nada. Déjeme en paz. Deja de sonar. Olvídese de mi existencia.

Y aunque efectivamente, el ruido se detiene, vuelve para atacar de nuevo pasados unos minutos. Insistente hasta la victoria final.

- Mmmmhhh... sí. ¿Qué quiere? -un apropiado tono inquisitivo, maleducado. Silencio, una leve respiración y un momento de duda.
- ¿Tyler? -un hombre, una voz grave y clara, y una palabra. No, una pregunta. Respira, no te ahogues.
- ¿Sí? ¿Quién es? -otra larga pausa- ¿sí? ¿hola? -y ansiedad en mi voz.
- Hola, Tyler. Escúchame bien. -despacio, se toma su tiempo para pronunciar cada sílaba; vocaliza con cuidado. Casi puede imaginar los labios, la lengua y los dientes formando los sonidos justo antes de abandonar su boca- Llevas demasiado tiempo siendo un cadáver andante. Se te han acabado los paseos. Es hora de acabar con esto. Despídete de tu familia, chico. -un pitido intermitente al otro lado, ciento veinte pulsaciones por minuto y muchas preguntas sin contestar.

Cuando llevas cuatro años sobreviviendo al cáncer, lo primero que piensas al oír algo así es que La Muerte va a tomarse la molestia de venir personalmente a por ti, lo que sería, por todas las molestias causadas, un bonito detalle. O que quizá seas un hueso demasiado duro de roer incluso para ella. Pero ese pensamiento, obviamente más poético que real, no dura demasiado en tu cabeza, porque si llevas esos mismos cuatro años evitando el contacto humano, huyendo de todo, inventándote nombres aquí y allí, persiguiendo el silencio, escuchar tu nombre por teléfono, un nombre que de no utilizar casi has olvidado, es lo mismo que ver un fantasma. Pero uno muy real, uno que no puedes negar si aún confías en tus sentidos, y no hay razones para dejar de hacerlo ahora. Eres Tyler, y sí, llevas mucho tiempo de prestado sobre este mundo. Demasiado tiempo. Demasiado real. Demasiado cerca. Demasiados demasiado. Pero todo lo demás, todo lo demás no. Eso no tiene ningún sentido, pero desde luego, si hay otra cosa clara en todo esto, es que ese tipo no parecía estar bromeando.

En la habitación de al lado, un hombre utiliza un teléfono cualquiera en una mesita cualquiera de una habitación cualquiera de un hotel cualquiera de una ciudad cualquiera. De una ciudad cualquiera no. De Amiranebo.


Directamente desde mis intestinos, ya masticada y digerida, la versión breve que muchos esperábais. Disfrutad.

«Suena el teléfono. Joder.

- Hola.
- Hola.
- Tyler, te voy a matar.

Me llamo Tyler, tengo cáncer y alguien que no conozco dice que me va a matar. Amiranebo.»

No me diréis que no os cuido, ¿eh?


Hasta ahora no he tenido ocasión, pero hace mucho que quería postear esto.


¿Cuantas patas tiene un perro?, ¿Cuánto suman dos más dos?. En teoría, sencillas preguntas estilo Test de Turing que preceden al posteo en algunos blogs, como medio de evitar los comentarios indiscriminados. Aparentemente... porque la realidad esconde algo mucho más oscuro y siniestro. Mucho más... terrorífico. ¿Qué ocultan, qué esconden todas estas sutiles cuestiones, dejadas caer misteriosamente al azar, acá sí, allá no? ¿Son producto de la casualidad? ¿Coincidencia tal vez? No lo creo, y hágame caso, sé de lo que hablo.

Porque su propósito, detrás de esa máscara de inocencia, no es otro que el de lentamente, como un gusano que penetra en una manzana y la acaba pudriendo, obligarnos a aceptar una realidad que sin darnos cuenta vamos asumiendo como propia, prostituyendo a la vez nuestro libre albedrío, devorando nuestra libertad, destrozando nuestra voluntad. Existe algún tipo de extraño control, de censura encubierta, de sometimiento implícito en todas esas preguntas.

Pero nosotros somos más listos y ellos no están preparados para eso. No nos dejamos engañar tan fácilmente. Porque, ¿no sigue siendo un perro aquel que tiene tres patas? O, ¿son dos más dos cuatro en cualquier universo posible? Y aunque así fuese, ¿por qué no se me permite ponerlo en duda? ¿por qué se pregunta algo cuya respuesta está fijada de antemano? Represión, censura, manipulación; los peores crímenes encerrados en una sencilla interrogación.

Detrás de todo esto, hay un mensaje muy claro que muchos se niegan a ver. Si deseas comentar, arrodillate, obedece, comulga con mi realidad: ¡Sométete!


Rompase en caso de incendioSiempre fui un niño bastante inocente. Inocente por no decir un poco tonto, aunque sólo a ratos. He de decir en mi defensa que ahora sigo siendo bastante así, bastante ingenuo, aunque a decir verdad, no sé si eso mejora las cosas. Bien, que más da.

Creo que el ejemplo más característico de todos, completamente verídico y que mi madre no se cansa de contar en cualquier ocasión que se presta a ello, fue el día en que me mandaron llamar al ascensor. Ya sabéis. Lo típico, niño, sal y llama al ascensor. Y yo lo llamé. Pues claro. Porque pulsar un botón no es llamar a nadie ni a nada. Así que lo llamé... literalmente: a gritos. Cuando me imagino a mi mismo en el portal de mi casa de Burjassot (calle Bernat y Baldovi, para los curiosos), gritando a todo pulmón Ascensoooooooooooooooooooor, Ascensoooooooooooooooooooooor, me siento bastante divertido. Pero la verdad es que no quería hablar de eso, y menos mal, vista la extensión de lo escrito.

Porque otra de las cosas que siempre me llamó la atención, o más bien, me volvía muy loco, es el cartel de Rómpase en caso de incendio. Aunque yo aún sigo sin verlo demasiado claro, es obvio que significa Rómpase el cristal en caso de incendio, y no Rómpase usted en caso de incendio. Y no es que me apasione que me hablen de usted. Sí, ya lo sé. Ahora lo entiendo, pero durante mucho tiempo, siendo niño, siendo joven y siendo casi no tan joven, leer aquello era un poco como un ¿Qué? ¿Que me rompa? ¿Cómo que que me rompa? ¿Yo?, algo a lo que no le encontraba ningún sentido por más vueltas que le daba. No sé si al final lo pregunté o llegué a la solución por mi propios medios (me extraña), pero a pesar de todo y como ya he dicho, confieso que a mi no me acaba de cuadrar el asunto, así que a lo mejor si un día me encuentro en medio de un incendio, voy y me rompo.


Hasta ahora no he tenido ocasión, pero hace mucho que quería postear esto:

Hasta ahora no he tenido ocasión, pero hace mucho que quería postear esto:

Hasta ahora no he tenido ocasión, pero hace mucho que quería postear esto:

Hasta ahora no he tenido ocasión, pero hace mucho que quería postear esto:

Hasta ahora no he tenido ocasión, pero hace mucho que quería postear esto:

Hasta ahora no he tenido ocasión, pero hace mucho que quería postear esto:

Hasta ahora no he tenido ocasión, pero hace mucho que quería postear esto:

Hasta ahora no he tenido ocasión, pero hace mucho que quería postear esto:

Hasta ahora no he tenido ocasión, pero hace mucho que quería postear esto:

Hasta ahora no he tenido ocasión, pero hace mucho que quería postear esto:

...

Y esta, amiguitos, es la diferencia entre recursión e iteración.

O algo así.


Como lo que he colgado hace un rato no me mata, y sé de buena tinta que a vosotros tampoco, ya que la mayoría no tenéis ni pajolera idea de qué coño es la recursión, la iteración o las pollas en vinagre (sí, he dicho "coño", "pollas" y "pajolera", todo en la misma frase), pues he decidido contaros cómo ser vago te puede ahorrar un dinerillo, y ya de paso aplacar ese acentuado instinto voyeur que os caracteriza.

Pues bien, como todo el mundo sabe ser vago es malo; no está penado por la ley, pero casi. Pero no sólo es malo, sino que además de ser un desperdicio, un inútil, una lacra, una carga y no sé cuantas lindezas más todas ellas acompañadas de la palabra "social", si eres vago irás al infierno, vendrá el coco y te comerá -yo me pregunto el qué, porque igual a algunos nos compensa-, y se te caerá la piel a tiras con regocijo de aquellos que se ganan el pan con el sudor de su frente.

A pesar de todo esto, el mundo está lleno de vagos; los hay por todas partes. Mires donde mires, allí hay uno. El tema tiene al parecer mucha popularidad, pero yo, a pesar de mi gran sentimiento de rebaño y mi evidente empatía social, hasta ahora no había considerado hacerme socio de un club tan numeroso. No obstante, al comprobar el dinerillo que me ahorra seguir una política relajada -sobre todo eso, relajada- de vagancia uniforme y constante, y después de poco pensar y poco reflexionar -para ir acostumbrándome-, me voy a unir a ellos sin hacer demasiados esfuerzos.

Porque la cuestión es que necesito desde hace meses unos auriculares nuevos y pilas para el mp3, el cual está muerto de risa -o de pena- encima de mi mesa. Y cada día cuando salgo del coche por la mañana para andar hasta el trabajo, me digo que ese paseo sería más agradable con música, y me acuerdo de que necesito unos auriculares nuevos y pilas para el mp3. Y cada día cuando salgo del trabajo por la tarde para andar hasta el coche, me digo que ese paseo sería más agradable con música, y me acuerdo de que necesito unos auriculares nuevos y pilas para el mp3. Y cada vez que paso por delante del Corte Inglés, es decir todos los días, me acuerdo de que necesito unos auriculares nuevos y pilas para el mp3.

Y al mismo tiempo, siento un cansancio infinito y pienso: por dios, pero qué pereza... y continúo andando.


Hola, niños, niñas, y pelotitas de goma.

El caso es que vengo a decir unas cuantas cosas, todas en el mismo post, por aquello de condensar.

- Uno (1). Que voy a escribir un poco menos. Digamos que a lo sumo un post al día, y no dos o incluso tres como viene siendo costumbre últimamente. Si consigo reprimirme, claro, porque tengo unos seis o siete medio escritos listos para postear y me voy a tener que cortar las putas manos para no ponerlos. ¿Por qué hago esto? Primero, porque estoy algo cansado y creo que se nota en lo que escribo (¿soy yo el único que lo nota?) ya que algunos posts recientes no están quizá a la altura, y segundo, porque estoy metido ahora mismo -ya veremos cuanto dura- en la escritura de algo un poco -sólo un poco- más serio. Y creo que no hay más.

- Dos (2). Ya, por fin, aleluya, vuelve Unsociability a estar completa, llena, plena, rebosante, como puede verse aquí. Genial, ¿no? Jur jur.

- Tres (3). Que ya sé que estoy muy ausente últimamente. Que os debo una cerveza a mucha gente. Que no llamo, que no contesto a los mensajes, que no me conecto al MSN, que no doy señales de vida. Que no estoy en el mundo, que estoy desaparecido, que no me preocupo por nada ni por nadie. Un poco de paciencia, por favor. No me olvido, sólo estoy un poco... bueno, ya sabéis cómo. Porque el nombre de este blog no es una casualidad. No, no lo es.

Y para acabar, os dejo mi bonito perfil psicológico según estos señores. La verdad, está mal que yo lo diga, pero me clava cuando dice que Tu imaginación, confianza, disposición a explorar y apreciación de la belleza te hacen un Creador, que Eres independiente y disfrutas de tu autosuficiencia, que Desafiando a las convenciones, eres muy innovativo, y tienes una imaginación intensa. Dice otras cosas bonitas de mi, que jamás me atrevería a poner en duda, pero no quiero aburriros que se está haciendo tarde. Como me gusta que hablen bien de mí, hay que ver.


(Aquí solía haber un cuadro de www.personaldna.com, pero parece no funcionar demasiado bien)

Y recordad, niños, niñas, y pelotitas de goma, que el método Pilates no consiste en lavarse las manos compulsivamente.

Jur jur.

Vitore, el meme para mañana o este finde, que me pillas justito de todo ahora mismo ;)


Leyendo a la Tiri, doy con el siguiente artículo, que afirma que:

«[...] Cuando el hielo se iba retirando del paisaje europeo, entre 10.000 y 11.000 años atrás, surgió un nuevo terreno repleto de hierba y musgos, apto para que las bestias se alimentasen, pero no los humanos. [...] La cacería, cosa de varones, era una labor peligrosa y muchos morían. Ello provocó que la proporción de mujeres fuese cada vez mayor. Las hembras tenían que afrontar una fuerte competencia para hallar pareja. [...]»

Pues lo que yo digo. Maldita evolución.


Hace unos años, en cierto local, cierto conocido mio, con novia y en proceso de casamiento, le metía la mano por debajo de la falda a una amiga suya, y no buscando caracoles precisamente. A una amiga que no era su novia, claro está, sino menuda perogrullada de anécdota. Otra persona, atónita ante tal visión, le preguntó, en cierto modo disgustada, por qué hacía eso. La respuesta que obtuvo fue clara y concisa: Porque me hace sentir vivo.

A mi, meterle la mano por debajo de la falda a mujeres mientras estoy a la espera de enlace matrimonial es algo que creo que no me haría mucha ilusión. Si le quitamos la parte del matrimonio, entonces sí, entonces me haría bastante ilusión, pero eso es algo en lo que creo que no necesito insistir más.

En cualquier caso, sólo quería decir que a mi hay una cosa que me hace sentirme así, y eso son los días de viento. No sé si es la sensación de éste en la cara, la resistencia o empuje al andar, el sonido de las cosas o la visión de las copas de las palmeras, pero cuando entro en contacto con el viento, me siento bien, muy bien. Me siento divertido, como eufórico, independientemente de cómo me haya ido el día.

Y hoy es uno de esos días.

--

Para acabar, sólo quería decirte que...

Me gustas cuando callas
porque así puedo oír el fútbol



Unos segundos de pausa, pensando en una respuesta, con la mirada fija en la silla. Ausente, de pie en una habitación semi vacía y semi desierta, observa el zapato reluciente apoyado sobre el borde del asiento. La balancea ligeramente, una y otra vez, hasta que la hace caer al suelo; no hace mucho ruido. Mientras observa la escena con indiferencia, mete las manos en los bolsillos y parece resignado a ceder ante los argumentos. Tampoco es que el tema le interese demasiado.

- No sé, quizá tengas razón, pero sigo pensando que su primer disco tenía mucha más fuerza.

- No te voy a negar eso, no podría, pero el sonido, las voces, el acompañamiento, todo, *todo*, estaba mucho más elaborado en el que sacaron después. Eran más, no sé como decirte... -se acaricia la barbilla, en un alarde de intelectualidad, buscando la palabra correcta. Le gusta regodearse en momentos como este.

- ¿Más maduros? -contesta aburrido.

- Sí, eso, más maduros. Es verdad que perdieron algo del empuje con el que debutaron, pero recuperaron eso con Snakes on a plane cuatro años más tarde. Jimmy Hale hizo maravillas con ese disco -afirma, con la seguridad de que tiene el combate ganado, mientras su boca muestra una ligera sonrisa de satisfacción.

Unos segundos de silencio en los que no se oye más que un leve y rítmico sonido, similar al de una bisagra oxidada que se abre y cierra. El primero mantiene la mirada al frente, mientras juega con las llaves en el bolsillo. Gira levemente la cabeza y estudia la ropa de su compañero durante unos segundos.

- Me gusta el traje que llevas. Te debió costar un montón de pasta.

- Puedes apostar a que sí. Sus buenos dos mil pavos -se pasa las manos por las solapas, alisándolo. Estoy realmente orgulloso de él.

Más silencio, y las mismas dos miradas aburridas, esperando. Cinco, diez, veinte, treinta segundos.

- Te apuesto esos dos mil pavos a que este tipo tarda más de cinco minutos en dejar de balancearse -propone, con la misma mirada seria e indiferente.

- Hecho. Y el que pierda, lo baja. Hoy no quiero mancharme.

- Pues tendrás que ir con cuidado -advierte con el semblante serio, sin sacar las manos de los bolsillos. En realidad, le importa bien poco si pierde o gana, pero al menos así está entretenido.

- Descuida -dice, mientras una sonrisa asoma por la comisura de sus labios.

A medio metro sobre el suelo, un cuerpo inerte con la garganta destrozada por una soga, se balancea al final de una cuerda, hasta que se detiene aproximadamente cuatro minutos y treinta y seis segundos después.


Hace unos días, Vitore me pasaba este meme, que acojo con la correspondiente alegría y jolgorio, a pesar de lo poco que me gusta enumerar cosas. Vamos a ello, no obstante.

Hace 10 años yo... seguía siendo yo. Lo recuerdo perfectamente. El veintisiete de marzo de 1996 salí de casa a las siete y media como todos los días, para ir a clase en el politécnico, pero aquel día, para variar, había huelga de trenes. Aquella espera propició que conociese a una chica que provenía de la estepa rusa y que se llamaba Juana. Juana García, para más señas. Nunca más volví a saber de ella después de aquel día. Más tarde, en clase, empecé a oír extrañas voces que provenían de algún lugar de mi cabeza, y ahí siguen desde entonces. Por lo demás, el día fue bastante normal.

Hace 5 años yo... seguía siendo yo, pero un poco más yo. Veintisiete de marzo de 2001. Hacía poco que había comenzado a trabajar, y aún no me había acostumbrado al maltrato físico y psicológico, por lo que tenía frecuentes pesadillas y ataques neuróticos en los que me arrancaba la piel a mordiscos. Recuerdo que ese día -o el anterior- me arranqué una oreja que luego me volvieron a poner al revés. Los demandé y me arrancaron la otra. Decidí no volver a quejarme y dos años después me salieron las dos orejas otra vez.

Un año atrás yo... seguía siendo yo, pero empezaba a estar harto de mi (yo). Veintisiete de marzo de 2005. Aquel día estaba yo más arrugado emocionalmente que una pasa, como el resto de aquel mes, situación que se prolongó durante varios más. Empecé a intimar con un agradable grupo de caracoles y saltamontes. Aparte de eso, me compre un helado de vainilla y chocolate y me lo metí en el bolsillo, lo que me refrescó las ideas y otras muchas cosas. Esa noche se me cayó el último diente de leche.

Ayer yo... ayer yo, sí. Veintiseis de marzo de 2006. Me levanté, para no alterar mis sanas y sagradas costumbres dominicales, pasadas las doce del mediodía. Me compré en un arranque de autosatisfacción personal El Padrino y Amanecer con hormigas en la boca. Le dí vueltas a la única laguna que le queda a mi futura novela y acabé tomando un helado de turrón y café con abundante nata montada con Paula, Ishtar y Ana. Esa noche no cené. A las once maté un mosquito y me lo comí porque tenía hambre.

5 lugares especiales para mí...
Cortes de Pallás, "mi" pueblo.
Valencia.
Mi cabeza.
Cualquier sitio con silencio.
Mi cama.

5 alegrías para mí...
Un día de viento.
Un día de lluvia con libertad para mojarme.
Una cerveza Guiness.
Que una chica que no conozco me saque la lengua.
Mi hermano Paco cuando se ríe (no te pongas tonto...).

5 juguetes favoritos...
Mi pequeña bici.
El tente.
La plastilina.
Mi cabeza.
Mi hermano Paco, que no era un juguete pero nos lo pasábamos bien jugando.

5 personas a las que les paso esto...
Esta parte, vamos a dejarla en blanco. El que se apunte, que ponga su nombre encima de los puntos.
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Y yastá, yastá yastá.


Desde aproximadamente esta mediodía tengo alojada en la cabeza una serpiente de nombre Juanita. Juanita es un poco puta, para qué negarlo, y desde que ha llegado sólo ha hecho que molestar, para agradecerme la cortesía de darle cobijo. Juanita tiene pocas consideraciones con su huésped y de vez en cuando decide clavarme los colmillos en el hemisferio derecho, algo que como es natural, resulta bastante doloroso. Juanita tiene además el cuerpo adornado con púas; es así de mona la serpiente Juanita. Y de vez en cuando, Juanita baja por mi cuello lentamente, se pasea durante unos segundos, ella y sus púas, y vuelve a subir de nuevo hasta mi cabeza. Y así lleva prácticamente todo el día, de arriba para abajo, la serpiente Juanita. La puta serpiente Juanita.

Y por esta noche, ella ha decidido que mejor me voy a la cama y creo que vista la intensidad que está adquiriendo la "sugerencia", creo que voy a hacerle caso.


A través de Fogonazos leo hoy que


murió ayer de un infarto a los 84 años. No me sorprende que prácticamente ningún medio se haya hecho eco de la noticia; la originalidad siempre tuvo un precio y ese es el que Lem ha tenido que pagar.

Stanislaw LemNo sabría explicar porqué le tengo un cariño especial a este autor, muy por encima de cualquier otro. Quizá porque mi primer libro suyo llegó a mi hace quizá ya quince años en forma de regalo de reyes y ha sido hasta el día de hoy uno de los mejores regalos que me han hecho. Quizá porque sus libros, a diferencia de muchos otros, siempre solían tener ese aspecto envejecido en las hojas, de libro de segunda mano, que te dejaba maltratarlos físicamente, y llevarlos de aquí para allá metidos en cualquier sitio sin rechistar. Quizá porque acababa siempre buscando sus libros en ferias del libro o entre montones de otros libros quasi descatalogados y la búsqueda siempre acababa siendo una odisea. O quizá por su forma de narrar ciencia ficción y lo que no es ciencia ficción, por ese humor tan diferente que llena las hojas de muchos de sus libros, por esa originalidad y esa diferencia.

Supongo que por todo eso y bastantes cosas más, Stanislaw Lem siempre ha sido mi escritor preferido y me duele realmente esta noticia. Así que, tirando de nuevo de Fogonazos, le sigo la estela y no puedo menos que, para aquellos que no lo conozcan, recomendar que lean este texto.

Y después de ese, sigan leyendo, porque Stanislaw Lem nunca defrauda.


En mi ignorancia supina e infinita, me pregunto yo para qué coño te obliga la puta Dirección General de Tráfico a llevar los putos repuestos de las putas luces del puto coche si los putos fabricantes de coches -la puta Renault, en mi caso- hacen tan difícil el puto acceso a los putos faros que es virtualmente imposible que una puta persona normal los cambie, y tenga que acabar en el puto taller pagando el puto faro y la puta mano de obra.

Y a lo mejor, es para dar trabajo a su puta red de talleres.

Pero me toca los cojones, qué queréis que os diga. Porque a mi estas cosas, me ponen de una puta mala hostia que para qué os voy a contar.


He descubierto un profundo foco de contradicción en lo más hondo de mi ser. Y la causa de éste son las mujeres pijas del CEU San Pablo, esas que me cruzo todas las mañanas cuando voy a trabajar. Las de los BMWs los MINIs y los Audi que papá me ha comprado. Las de las gafas de doscientos euros, las de la tontería, las de culito prieto, las de mírame pero no toques (por decirlo suavemente). Quizá alguien piense que estoy exagerando, o generalizando, pero no, ni lo uno ni lo otro. Esas mujeres existen y es ese limitado estrato social del que hablo. Que nadie se me vaya de varas. Centráos, ¿eh?

Por una parte, les tengo envidia, porque oiganme, yo también quiero un BMW (gratis), coño. A mi también me gustan los Audi TT descapotables. Yo también quiero disponer de una tarjeta de crédito (de esas en las que no baja el saldo), y no tener otras preocupaciones más allá de qué modelito de Dior me pongo esta noche para irme de fiesta. No quiero pensar en la hipoteca, ni en reformas, ni en la reparación del coche, ni en cuanto tengo que ahorrar, ni en qué contrato tengo, ni en pollas en vinagre. No quiero tener problemas ni preocupaciones, y a veces ni siquiera aquellas que yo mismo me creo (es decir, existenciales). Y si mañana me tocase la lotería, no tengo ninguna duda de que me compraría un coche de lujo y reformaría el piso, y quién sabe si no me compraría otro. Absolutamente ninguna duda. Y lo haría yo y cualquier hijo de vecino que no fuese idiota. Así que por ese lado, lo único que tengo es envidia, envidia de la peor, lo admito. Dicen que el dinero no da la felicidad, pero aún estoy esperando que me dejen comprobarlo.

Dicho esto, además, por si fuese poco, estas niñas me ponen, así de simple. Me ponen mucho, porque van siempre así de monas, porque van siempre tan fashion, porque no tienen otra cosa en que preocuparse más que de la marca del bolso y si el pintalabios es así o asá, y eso se nota. Por esa actitud altiva que la mayoría llevan (me veo en la obligación de recordar que el espectro social al que me refiero está muy delimitado, que nadie se me confunda ni pretenda que estoy generalizando), y porque coño, me pone una mujer de veintitres años y carnes prietas conduciendo un Audi TT negro descapotable; lo confieso, aunque no creo ser ninguna excepción en ese aspecto. Obviamente, jamás tendría nada (serio) con una mujer así, pero oye, una cosa es una cosa, y otra cosa es otra cosa. Y además, en cualquier caso, me faltaría colaboración en el otro extremo.

Es decir, tenemos hasta ahora: envidia (malsana) y atracción sexual. Nada del otro mundo, todo bastante normal.

Pero, porque siempre hay un pero, detesto a esta gente; aunque la culpa no es suya. Detesto a esta gente que gracias a su dinero, un dinero que los demás no tenemos, tiene acceso a una mejor educación, a mejores puestos de trabajo (eso se llama contactos), a la posibilidad de formarse con menor esfuerzo y mayor rendimiento, a masters, a cursos de idiomas en el extranjero. En resumen, y me refiero al rango de edad menor de treinta años, a la posibilidad de *vivir* con menor esfuerzo. Y la detesto simplemente porque son la muestra viviente de la existencia de diferencias sociales, de la existencia de la diferencia de oportunidades (no me jodan, ¿eh?), de la existencia de un status quo que les favorece. Aunque ya lo he dicho, la culpa no es suya, la culpa es del sistema, pero coño, no me puedo meter a la vez con todo el puto mundo, ¡¿o qué?!

Ya, ya sé que hay algunos puntos no demasiado claros en todo eso, como el hecho de que por debajo de mi también haya estratos, pero eso lo dejaremos para otro día. Sed compasivos, por el amor de dios. Nadie ha dicho que mis propios pensamientos hayan de ser coherentes y congruentes.


sebastianDell DellManuel Benet, o en otras palabras, sebastianDell, es decir, un servidor, nació en Valencia un cinco de noviembre de 1976, aunque lógicamente no recuerda la hora. Eso le convierten, en el momento de la última revisión -es decir, esto que estoy escribiendo- en un macho humano de treinta años. El resto de lo que cuento viene a ser un coñazo, pero bueno, supongo que si te aburres lo suficiente, nada es un coñazo, y por mí, si sigues leyendo, ningún problema.

Uno

sebastianDell, como así le llamaremos de ahora en adelante, empezó a ir al parvulario donde su madre era profesora, hasta que poco más tarde, a la edad correspondiente, empezó EGB en un colegio cercano. Algunos años más tarde se compraría un piso precisamente en la finca cuya parte trasera daba al patio interior de este colegio, a tan sólo unos metros del citado parvulario.

sebastianDell pasó poco tiempo después al EPLA, donde cursó el resto de EGB, y donde desarrolló un profundo sentido de la competitividad que se mantuvo durante toda su formación escolar, y una acentuada repulsión por las antiguas técnicas educativas y sus ejecutores, a causa del gran número de capones que recibía. Recuerda sobre todo la gran cantidad de trabajo que a su edad tenía que realizar, y el comentario de uno de sus profesores al recoger las notas del último curso, en el que afirmaba con total seguridad que sebastianDell, a pesar de encontrarse entre los cinco primeros niños de su clase, no llegaría nunca a nada si no desarrollaba una rutina de estudio. A día de hoy, no la ha desarrollado ni al parecer tiene ningún tipo de interés en hacerlo. También podría afirmarse que no ha llegado a nada, aunque en este punto no podemos menos que discrepar. Recuerda también que en aquel colegio no había niñas, y que aprendió que la falta de coordinación entre departamentos puede ayudarte a comer gratis y almorzar gominolas.

sebastianDell pasó BUP con la inercia que traía de EGB, explotando de nuevo esa interesante falta de comunicación entre las personas para seguir comiendo durante algún tiempo gratis. Recuerda ciertas decepciones en el sentido amistoso y más de una en el aspecto sentimental. Como siempre ha pasado, sebastianDell aparenta de tres a cinco años menos que su verdadera edad, y eso no siempre es una ventaja. Por lo demás, no presentaba ese interés por crecer que tenían los adolescentes de su edad y eso también es un inconveniente. Aunque no podemos asegurar que estas palabras sean completamente objetivas.

sebastianDell pasó a la universidad, y allí conoció a algunas de las personas con las que posteriormente tendría más contacto, y en cuarto curso viajó hasta el Georgia Institute of Technology gracias a una beca PROMOE de la politécnica. Aquel año fue especialmente interesante, como es obvio, a pesar de lo desagradable estéticamente que resulta una ciudad como Atlanta. Al volver, comenzó a trabajar y finalizó el mismo año que se matriculó en la carrera de Filosofía.

sebastianDell trabaja a día de hoy como consultor de sistemas y seguridad informática y se encuentra anclado entre tercero y cuarto curso de la carrera de Filosofía, sin saber si algún día conseguirá salir del escollo donde se encuentra.

Dos

sebastianDell está lleno de contradicciones. Es aficionado a -y está mal que él lo diga- ver diferentes puntos de vista al mismo problema, aunque a veces no lo parezca, y a establecer complejos diálogos internos, a menudo carentes de todo sentido. Es egoísta e independiente, a veces hasta extremos enfermizos y no siente apego por nada ni casi nadie, lo que muchas veces provoca que le haga daño inconscientemente a la gente. Se cree autosuficiente en la mayor parte de facetas de su vida, y aunque ahora le cuesta cada vez menos establecer relaciones con las personas, le resulta muy pesado mantener el contacto porque a menudo piensa que las personas no le aportan demasiado. Incluso está seguro de ello, en su gran mayoría. sebastianDell se equivoca, pero él aún no lo sabe, o quizá sí. A pesar de lo poco amable de esta política, despierta interés y aprecio en la gran mayoría de las personas, y lo agradece porque a pesar de todo, reconoce que necesita esta clase de atenciones.

sebastianDell es narcisista, ególatra y está terriblemente preocupado por las opiniones que los demás puedan tener de él y la estética que muestra a los demás. En ciertos momentos, ha llegado a intuir que tiene un ligero problema de autoestima, o incluso de complejo de inferioridad, pero este punto nunca ha llegado a comprobarlo realmente. Tiene tendencia a la depresión y a cerrarse en sí mismo, lo que enlaza con el tema de la autosuficiencia que comentábamos anteriormente.

sebastianDell está también lleno de ambiciones que le hacen mucho más incómoda la vida, aunque su profundo ateismo le provoca a menudo un nihilismo insistente que ha de obligarse a eliminar de su cabeza so pena de caer en un absurdo hedonismo individualista que a veces añora. Es ingenuo, y a veces aún piensa que puede tener algo importante que decir. Es ingenuo, y piensa que puede llevar a cabo todavía alguno de los sueños que aún tiene. Es creativo y está claramente convencido de ello, así como de su facilidad para la resolución de problemas. Posee una total incapacidad para tomar decisiones personales irrelevantes, aunque no es así en otros ámbitos. Cree en sí mismo, cada día más, y está absolutamente seguro de sus posibilidades y de que puede ser capaz de conseguir cualquier cosa que se proponga, con un poco de suerte y mucho esfuerzo. Se considera, en conjunto, una persona sumamente interesante a pesar de todos los problemas mencionados.

sebastianDell es extremadamente vulnerable a cualquier tipo de rutina, y es incapaz de realizar durante mucho tiempo el mismo trabajo repetitivo, quizá a causa de la hiperactividad que siempre ha desarrollado. Es capaz de mantener la concentración y el interés, y trabajar a gran nivel durante períodos relativamente largos de tiempo, siempre que las tareas que realiza no se conviertan en una rutina quasi funcionarial. En ese caso, su rendimiento cae, de modo que la única forma de aprovechar su potencial es haciendo que varíe de actividad regularmente. Profesionalmente, sebastianDell se considera una persona altamente competente, inteligente y responsable.

Tres

sebastianDell está actualmente inmerso en varios proyectos. Por una parte, tiene por acabar, como ya hemos comentado, la carrera de Filosofía. Encallado en medio de asignaturas y materiales de estudio que en estos momentos no le aportan nada, se debate entre continuar estudiando, a costa de otros proyectos, o dejar de hacerlo y asumir el fracaso. sebastianDell intenta a menudo no ver esto como un fracaso, y más si lo analiza bajo una perspectiva nihilista en la que todo carece de sentido, aunque ese es el pensamiento que antes indicábamos que intenta no invocar. El otro gran proyecto, aparte de su blog, que más que un proyecto es una realidad, es la escritura de una novela negra, de la que tiene ya gran parte del argumento y la que está prácticamente listo para comenzar. Adicionalmente, tiene intención de adaptar varios de los relatos publicados en el blog como relatos cortos, así como acabar el guión de un corto por encargo de un amigo. Y finalmente, tiene pendiente la reforma de su piso, que adquirió el pasado mes de diciembre y que espera reformar hacia comienzos del año que viene, si el tiempo, y el dinero sobre todo, acompañan.

sebastianDell tiene diversas aficiones. Por este orden, a sebastianDell le chiflan las mujeres, el chocolate y los helados, y probablemente sea todo lo que hay. Claro está, no cualquier mujer, no cualquier chocolate y no cualquier helado, pero esa es una cuestión en la que no vamos a entrar; sebastianDell siempre ha sido muy elitista, a pesar de si mismo, muy selectivo, demasiado selectivo. Estas tres son el tipo de cosas que sebastianDell adora por encima de cualquier otra cosa, aunque claro está, hay muchas otras cosas que le gusta hacer. También por este orden, siente especial devoción por la escritura y el cine, así como la lectura, los comics y el absurdo. sebastianDell tiene muchas otras aficiones de menor importancia, como la bicicleta y el ajedrez, pero no se dedica a ellas todo lo que le gustaría o lo que debería. Como a todo el mundo, le gusta la música, y le encantaría saber algo de diseño pero no tiene tiempo ni ganas para dedicarle tiempo.

sebastianDell disfruta con la mayoría de fenómenos metereológicos, siempre que se encuentre en disposición de disfrutar de ellos, lo que implica en cualquier caso la ausencia de frío. Le gusta terriblemente el viento y no puede evitar reirse cuando le cuesta andar a causa de éste, le gusta la lluvia y mojarse, y le gusta el calor. O casi podría decirse que ama el calor, asfixiante y exagerado, pero siempre calor, porque en ese sentido, podríamos afirmar que sebastianDell es un animal de sangre fría. Pero no lo es.

sebastianDell no es creyente, a pesar de estar bautizado. No ha pensado nunca en la apostasía, porque le trae sin cuidado encontrarse en otra base de datos más. Pero tampoco es ateo. sebastianDell está convencido de que, haya algo o no, el cerebro del ser humano es demasiado pequeño e incapaz para comprender realmente el universo, su origen y su destino, si es que tal cosa existe. Que las magnitudes que se manejan, así como los conceptos, superan en mucho la capacidad de abstracción de la mente humana, que pensar que la comprensión se encuentra próxima no es más que un ejercicio de soberbia, y que las posibilidades que quedan aún por explorar son probablemente infinitas. Quizá sebastianDell no hace más que proyectar sus propias incapacidades al resto de la raza humana, pero piensa que probablemente no es así. De cualquier modo, está seguro de que si hubiera alguna entidad supraterrenal o suprauniversal, tiene realmente poco aprecio e interés en el ser humano, y que de todas formas, carecería de inteligencia y forma física en cualquier sentido que podamos conocerla.

sebastianDell, a pesar de lo que algunas personas digan, no tiene una tendencia política definida. Cuando se encuentra con gente de tendencias de derechas, acaba defendiendo posiciones de izquierdas, y en la situación contraria, acaba defendiendo posiciones de derechas. Tiene una gran desconfianza en el sistema electoral y en los representantes escogidos, y a causa de ello, todavía no ha acudido a las urnas, guiado por su repudio de un sistema que no quiere apoyar de ninguna forma, y entiende que el voto nulo o en blanco no es sino un voto de castigo a las partes pero no al sistema electoral. Cree que hay pocos políticos que sean trigo limpio, y estos se encuentran tanto a un lado como al otro, por lo que lo más aconsejable es desconfiar de ambos bandos.

Fini

Esto no pretende ser una descripción detallada, ni siquiera exacta, de sebastianDell, en ningún aspecto, ya que para ello, simplemente habría que ser él, y no estamos seguros de que aún así pudiera conocérsele. sebastianDell es volátil, y podría cambiar -no radicalmente, claro está- mañana mismo. En resumen, si crees que conoces a sebastianDell, aún no has visto nada.

Y eso no es una afirmación gratuita, es la constatación de una realidad. De mi realidad.


Hola, María.

Podría empezar esto con un diplomático 'Querida María', pero después de casi veinte años de matrimonio, es tarde para hipocresías. Ya nos conocemos, cariño. Hemos tenido mucho tiempo para hacerlo, probablemente demasiado. Tiempo para querernos, para amarnos, para agotarnos, tiempo para la indiferencia, para cansarnos, para ignorarnos y tiempo para odiarnos. Y ya sólo me queda eso por ti, María, un profundo, sincero y sentido odio.

Odio, odio, y sólo odio. Quizá sea después de todo mejor que la indiferencia, al menos despiertas algún tipo de sentimiento en mi, pero a estas alturas poco importa. No niego que te amé ni pongo en duda que tu lo hicieses alguna vez, pero todo esto, cariño, todo esto fue un gran error. Tú lo fuiste, pero no puedo dejar que te sientas privilegiada, porque tú eres sólo una de otras muchas cosas que he hecho mal en esta vida. Otra decepción, ninguna sorpresa.

Y por eso estas palabras son mi propio corredor de la muerte, lo último que haré antes de saltar por el balcón. Tendrás que disculpar mi torpeza, cariño, la vergüenza que te haré pasar, y los incómodos comentarios que tendrás que soportar por mi culpa. Estoy tranquilo, se te da bien fingir, llevas muchos años practicando, aunque esta vez no lo vas a necesitar, esta vez vas a ser tú misma. No podía soportar la idea de irme de este mundo dejando una sonrisa en tu boca, y por eso te digo, María, que no busques a nuestro hijo, porque está conmigo.

Adiós, María.


«Sólo hay una cosa mejor que acertar. Acertar y que los demás se equivoquen»