Bien. Si todavía alguien no lo sabe, se ha acabado mi relación de pareja. Después de casi dos años y medio, la cosa se ha ido enfriando (al menos por su parte) y ha llegado hasta donde ha llegado. Como es razonable, no tengo ganas de escribir ahora mismo, aunque también es verdad que me siento mucho más liberado de lo que he estado en las últimas dos semanas, y espero que ella también lo esté.

No quiero pensar en una posible continuidad, porque sería hacerme un flaco favor, pero confieso que lo hago. Tampoco me gusta el comentario habitual de que lo que tiene que pasar, pasa, en relación al pasado o al futuro, porque le da a esto un matiz determinista que no me gusta nada. Quizá si esto tenía que pasar (de nuevo aquí), pues es mejor que pase ahora que dentro de unos meses. Pero lo cierto es que esto no *tenía* que pasar, aunque haya pasado.

Bueno. En este estado de desolación (oh, dios) es todo lo que mi cabecita permite decir.


Agarrate que viene curva. Altibajo a la vista...

Dicen que lo bueno, si breve, dos veces bueno. Discrepo.


Ella decía (bueno, aun lo diría *si se le preguntase*, probablemente) que me encanta autoflagelarme. Decía eso cuando yo insistía en sacar la crisis estos últimos días incluso en los momentos que aparentemente todo estaba yendo más o menos bien. Lo cual era, como se ha demostrado posteriormente, simple apariencia, por lo que más que autoflagelación también, en cierto modo, podría decirse que mi objetivo final era la búsqueda de la verdad... y de una realidad que difería bastante de mi propias sensaciones. Y eso, dicho a bote pronto, en mis condiciones mentales actuales (es decir, con éstas deterioradas) y sin demasiadas reflexiones, podría ser interesante en un discurso acerca de una posible realidad objetiva (creo que ya alguien lo ha utilizado). Dos caricias idénticas pueden diferir mucho la una de la otra, a pesar de ir acompañadas de los mismos movimientos físicos. Y las suyas de hace un año eran iguales que las de hace tres semanas. Pero no lo eran.

También decía que me gustaba (no se qué viene este uso repentino del pretérito, en particular cuando hablo de mi mismo, pero estéticamente me gusta como queda) regodearme en mi propia miseria, que me encantaba deprimirme y sentirme la persona más miserable del mundo, y -creo que- no le falta razón. Soy depresivo por naturaleza, aunque en este caso lo esté llevando, a días, excepcionalmente bien (hoy no es uno de ellos, y por eso estoy aquí escribiendo esto). No obstante, es verdad que eso de alguna forma creo que le pasa a todo el mundo. La gente escucha música triste cuando se siente deprimida. Se sienta en el sofá y pierde las horas pensando en sus problemas, y sólo o casi siempre cuando éstos son irresolubles. Es difícil salir de un bache anímico, pero es posible. Lo que intento explicar es que no me pasa sólo a mi. Nos pasa a todos. Quizá sea un mecanismo de protección frente a lo que nos sucede, de manera general. Preferimos pensar lo desgraciados que somos a pensar que lo que nos pasa es normal y que algo tan corriente y porqué no, vanal, puede dejarnos destrozados. Cuando encontramos algo que nos supera, resulta más sencillo atribuirle nuestra incapacidad para superarlo a la grandeza de ese algo que a la pequeñez de nuestras capacidades. Encontré ese argumento hace algún tiempo, en relación a algo que no recuerdo. Me quedé con el argumento y deseché el resto.

Es ciertamente patética la debilidad del ser humano. Y después de todo, quizá esto si que sea una autoflagelación constante. Como me encanta.

Lo que no te mata, te hace más fuerte. Sobreviviré a esto. Y a lo que venga. Siempre lo hago.

[Quizá a alguien le sorprenda que hable de esto en un blog público (hola, Dani). No tengo respuesta a eso, aparte de que me sorprenda que alguien lea esto, lo entienda y además le queden ganas de sorprenderse. Esta es una de esas situaciones en las que me apetece escribir, que por alguna razón que desconozco -pero intuyo, suelen coincidir con mis épocas de depresión. Tampoco es que lo haga demasiado bien. Abuso de la retórica y tiro mano de una falsa poética (¿falsa?), pero es lo que hay. Y bien, si me apetece escribir y además el blog es mio, ¿qué problema hay en exponer mis profundas penas y miserias humanas al resto del mundo digital? (La respuesta en próximos episodios)]


Bueno, después de haber tomado mi primer alimento sólido en las últimas 24 horas (ayer sustituí mi cena por tres pintas de cerveza Guinness, a pesar de que mi comida había sido una discreta -y cara, para lo discreta que era- pizza del Corte Inglés), veo las cosas con más optimismo.

Mi organismo me comprende... por la cuenta que le trae.



Tras una semana de soltería involuntaria -todos sabemos qué quiero decir exactamente con eso-, ya me encuentro bastante mejor. Han habido los bajones de rigor, pero no tenerlos tampoco habría sido normal. Decir que está todo superado sería también absurdo, pero al menos, tengo la sensación de que estoy en camino. Y no lo estaría de no ser por vosotros.

Gracias a todos. De verdad.


Mensaje: El niño se pira a Baqueira a hacer un poco de snow. Por dios, pero que pijo me siento y como me mola.

Reflexión: A veces me siento mal por estos posts tan banales y carentes de finalidad. A quién le importa, después de todo, si yo me voy a hacer snow o no, y si me voy a Baqueira o a Aspen (juurl!). Quizás los blogs (imagino que el término correcto es más "bitácora" pero siempre me ha sonado un poco a "Quinto día sin avistar tierra. El agua escasea y el contramaestre no para de rezar en la cubierta...") respondan a alguna necesidad sociólogica, que al final, es lo que se dice casi siempre que no se desea indagar en algo. Es cuanto menos curiosa la "necesidad" que tienen algunas personas de exponer al mundo lo que pasa por sus cabecitas (que generalmente no suele ser mucho). Estoy seguro que el narcisismo tiene algo que ver en todo esto: Mi opinion counts. Y lo dejaré ahí por hoy, ya que creo que con el sentimiento de vanalidad me vale por el momento, ahora más acentuado incluso a causa de tan patética pseudo reflexión. Le decía Robert de Niro a su hijo en Historias del Bronx que no hay nada peor que el talento desperdiciado. Por eso me siento tan mal constantemente. Que miserable intelectualmente me siento a veces. ¡¡¡PERO QUE FALTA DE PROFUNDIDAD, POR DIOS!!!

Post-Reflexión: Las fallas ya están aquí. Y con ellas, las vacaciones. Jurl jurl! Sobre el tema del talento, ya hablaremos en otro momento partiendo por supuesto del hecho (probado) que lo tengo a carretillas. Escribiría mas, pero es la hora.


Ahh joder (suspiro). Veamos. Respira, Manolo, respira.

Ayer hicieron Matrix en la primera. Aparte de que me sorprendió que no la hubieran anunciado n+1 veces en televisión (bueno, Matrix no es nueva, pero desde luego, sigue siendo *Matrix*), me asaltó una de esas estúpidas dudas metafísicas que aparecen en mi cabeza de vez en cuando. Hay una escena, posterior a la de las pildoritas azules y rojas (buscar algún tipo de referencia a Alicia en el País de las Maravillas creo que sería rizar un poco el rizo), en la que Neo (Mr. Anderson) se sienta en una especie de silla, butaca o lo que sea. A su derecha, hay un espejo roto que se recompone ante sus ojos. Al tocarlo, observa como un líquido que parece ser el espejo empieza a cubrir todo su cuerpo.

Bien, hasta aquí la explicación. Ahora la duda gilipollas. ¿Asume Morfeo (/Morpheo/ siempre sonará mejor) que el susodicho va a mirar a la derecha para que empiece todo el proceso, o los alucinógenos que contienen la pastilla van a desembocar en el mismo lugar haga lo que haga el pobre hombre -Neo- de la butaca? Es decir, lo del espejo, ¿es una contingencia o una necesidad?

Y dicho esto, creo que he pensado bastante -demasiado, me permito añadir- por hoy. Saludos cordiales.


Esta tarde he visto Robots en Kinepolis. Es la primera vez en mucho tiempo que voy a Kinepolis sin ella.

Te echo de menos.

"Una parte del crecimiento y la madurez se logra desarrollando el coraje necesario para superar la "tempestad" de nuestra vida sin ser autodestructivos, sin ceder a la amargura y la autocompasión, sin perder la esperanza en nosotros mismos, pero sin dejar de creer en la promesa de nuestras propias vidas". Stephen Gullo y Connie Church


Definitivamente, ha sido una mala época para cogerme vacaciones. Yo que pensaba que todo el mundo cogería estos tres días para disfrutar de mi compañia, y ahora resulta que no. Que soy el único afortunado (afortunado desde el punto de vista de los otros, yo me siento un poco gilipollas, para que os voy a engañar) que ha podido cogerse vacaciones, lo que me deja solo y la mayor parte del tiempo sin saber qué hacer. Al menos, he podido coger la bici un día, con la esperanza de disimular mi falta de forma física el día que nos toque hacer Cueva Santa (2 de abril).

Y ahora que hablo de no saber qué hacer, me recuerdo a mi mismo sin poder evitar una mueca de espanto, que tengo el examen de Filosofía de la Historia (y no Historia de la Filosofía como me corrigió el Sr. Manuel Ramos Valera como su primera frase dirigida a mi persona) con toda probabilidad el 7 de abril (fecha no confirmada), lo que me deja tiempo para estudiar pero no para vaguear, cosa a la que me estoy acostumbrando últimamente, aunque creo que después del añito que llevo, me puedo permitir el lujo de no hacer nada, absolutamente *nada* en vacaciones. Bien. No hay mal que por bien no venga. Debería aprovechar este paréntesis en mi vida sentimental para darle un empujón a la carrera. y de paso comenzar a escribir, algo que me gusta mucho y hago poco (ahora que lo pienso, de esas cosas hay muchas).

Y es suficiente por ahora. Es hora de un nuevo café y de una nueva partida.


Dicen que al finalizar una relación amorosa, existen una serie de fases por las que la persona atraviesa. Creo recordar que ese era de hecho uno de los argumentos de un capítulo de Frasier. Desconozco -aunque recuerdo algunas- cuales son éstas, por lo que lo que sigue a continuación, hoy y en las próximas semanas es únicamente un pequeño diario descriptivo de mis sensaciones y sentimientos en cada momento. Doy las gracias a Quique Gandia por la idea. Bien, seamos un poco analíticos.

Llamemos a esto Fase I, a falta de otro nombre más original. Asumiré la primera persona del singular, 'el sujeto' me parece algo excesivo (tanta introducción ya me lo parece, de hecho). Ella me "comunica" un domingo de hace un par de semanas, y tras un fin de semana con una ansiedad como no había sentido antes (o al menos no de tal intensidad mantenida), que lo nuestro se acaba. Y punto. Lo único que sentí en ese momento fue alivio, pero no alivio por el fin de una relación que yo no quería finalizar, sino alivio por el fin de una espera que se me había hecho interminable. Ese alivio consiguió, durante un par de días, enmascarar cualquier otro sentimiento que pudiera tener, hasta límites que incluso ahora me sorprenden. Nadie hubiera pensado, hablando conmigo, que yo acababa de encontrarme con el fin de una relación de dos años y medio, excepto en momentos puntuales en los que habitualmente me encontraba solo. Obviamente aquello sí que se mostraba en conversaciones más largas y en el contacto prolongado con la gente. Tampoco yo era consciente de lo que se me venía encima. Pensaba que aquello era tan sólo una ruptura temporal, de quién sabe cuantas semanas, pero temporal al fin y al cabo. Paradójicamente, es imposible saber si será temporal o permanente (sólo sé que no sé nada). Así que me tomé aquello como una soltería temporal regalada, con breves momentos de depresión por la persona ausente. Suena absurdo, pero en mi estado, así era.

Tras unos días en este estado, y tras una conversación con ella, la realidad empezó a golpearme, y me encontraba deprimido más a menudo. Aún así, continuaba pensando que esto era tan sólo cuestión de tiempo. Dos años y medio no podían acabar tan drásticamente. Tenía que haber una segunda oportunidad, y esperaba con ansiedad cualquier noticia suya. Debido a esto, la mayor parte de tiempo no parecía demasiado afectado por su ausencia. Llegaron fallas, y me encontré bastante decaído la mayor parte del tiempo. Además, en ese estado sentía cierta aversión a todo lo que pudiera tener aspecto de relación con una mujer, a pesar de las chicas, algunas de ellas sumamente interesantes, que conocí durante esos días. En cualquier caso, la realidad no acababa de llegar y me resistía a pensar que pudiera tener un fin tan radical. En este punto no entendía cómo todo podía haber acabado con tanta rapidez, ni qué había fallado.

Tras las fallas, este domingo tuve una conversación con ella, probablemente la última en mucho tiempo (el ISBN tendrá que esperar algún tiempo más, muy a nuestro pesar), con algunas afirmaciones bastante duras y claras, tras lo cual estuve -hasta esta mañana- bastante decaído, y sin demasiadas ganas de hacer nada. Creí entender al instante porqué todo había acabado, y dónde estaba el problema (para mí el problema era yo, en ese momento). El tema se ha acabado, definitivamente, y aunque mi cerebro -como si fuesemos dos entes separados...- se resigna a aceptar la situación actual, ya ha empezado a poner mecanismos de defensa por medio. He conseguido refutar, internamente pero creo que con bastante éxito, la mayoría de argumentos de la ruptura esgrimidos, con lo cual el sentimiento de culpa que me había abordado durante estos días, multiplicado por diez tras la conversación telefónica, ha comenzado a remitir y confío en que desaparezca por completo en un par de semanas. El problema no soy yo, ni ella, ni nosotros (no, no somos "incompatibles"). Tras este par de días, me encuentro en este momento bastante relajado aunque a la espera del siguiente golpe. Por decirlo de alguna forma, esta fase de no aceptación (i.e. "volverá, esto no puede ser el fin") se ha caracterizado por periodos prolongados de normalidad interrumpidos por intensos relámpagos depresivos, sin un patrón de aparición temporal o espacial determinado. Esta fase está llegando a su fin, aunque imagino que se prolongará algunos días más, ya que la esperanza de que la situación se rehaga en unos meses aún existe en mi cabeza. No obstante, va perdiendo fuerza, más por lo absurdo de considerarla (¿a quién le importa lo que pueda suceder dentro de unos meses? ¿tiene sentido siquiera pensar en ello?) que por ser consciente de la propia situación en sí.

Bien, podría ser más profundo, más analítico, mas clínico, pero creo que es suficiente por ahora. Mucho que decir, poco tiempo y poco espacio. (Y no, no voy a contestarle. El tiempo se encargará de darnos a todos mejores perspectivas que las que ahora tenemos).

Just what is it that you want to do? / We wanna be free / We wanna be free to do what we wanna do (Primal Scream, Loaded, Screamadelica)


Esta tarde he visto Alfie. No siento ninguna atracción por los hombres, pero hay que reconocer que el tal Jude Law es increíblemente atractivo. Por contra, siempre me ha parecido algo desproporcionada su cabeza respecto al resto de su cuerpo. Supongo que mi orgullo masculino se ve obligado a sacarle algún defecto, para evitar tener que sentirme atraído por él. Aparte de eso, la película me ha gustado bastante. Algo amarga, pero interesante. Igual es que como estoy sensible...

Este es, como es natural, mi último post antes de Baqueira. Después de unos días bastante jodido, estoy contento. Me siento como en una puñetera nube. Me encanta. Y para acabar, os deseo unas felices pascuas a todos.


7 de abril. El precio, de Arthur Miller, con Juan Echanove.

Luego hablaré de mi vida en Baqueira entre desmayos e inflamaciones de piernas.


Creo que estoy empezando a dejar atrás el punto crítico de mi primera crisis Sheldon (gracias Geno por la analogía). Como en éstas, no se cómo he de abordarla ni qué sucederá después, pero seguro que lo que venga será un paso adelante. A veces todo tiene que explotar para volver a renacer.

Y por cierto, eso me recuerda que podría leerme de nuevo la trilogía de la Fundación.

(Hola, Elsa. Bonito nombre, por cierto)


Esta página es parte de mi. Hablo de MIS sentimientos, de MIS pensamientos, de MIS ideas. Jamás pondré nada desagradable sobre nadie, pero en la medida en que vuestras vidas se crucen con la mia, corréis el riesgo de aparecer en ella. Porque después de todo, es MI vida de lo que hablo, y vosotros sois parte de ella, os guste o no. Vuestra vida os pertenece. Lo que me dais o habéis dado cada día es mio para siempre. Repito, os guste o no.