Las autoridades sanitarias advierten que caminar por los alrededores de la zona universitaria perjudica seriamente la salud.
Y ahora, terapia
temo no verme nunca encaramado a un pedestal:
no alegrará mi efigie el censo de monumentos,
no vendrán las palomas a rociarme de excrementos.
Y es una pena, la verdad,
porque sería muy bonito
seguir de adorno en mi ciudad
sobre un bloque de granito.
Pues qué penita y qué dolor,
no tendré estatua, no señor.
(Javier Krahe, ...Y todo es vanidad)
He dormido más y líbido ha empezado a rondar de nuevo por aquí, aunque con timidez. Si luego la pillo con ganas -a líbido, malpensados-, le digo que os cuente algo.

Ya conocen mi afición absurda por los posts absurdos. De sobra; les tengo bien acostumbrados, bien educados, bien cuidados, y bastante bien alimentados. No pueden tener queja, aunque a todos nos haya salido ya pelo en la entrepierna. La cuestión, situóme ya, es que cada vez que no tengo nada que decir, tiro de ese socorrido y común recurso que es la caradura, y cumplo con la papeleta; es decir, que suelto cuatro estupideces y no digo nada, aunque eso después de todo es lo normal. Pero el caso, señores y señoras, niños, niñas, y pelotitas de goma, es que no debería, porque ya les he puesto la comida en la mesa esta mediodía, cuando pasaban tres minutos de las cuatro de la tarde, y lo de dos comidas al día, antes sí, pero ahora, tal y como está el patio, pues no deja de ser un privilegio. A pesar de ello, y para eso estoy aquí, qué coño, ustedes me caen bien, unos más, unos menos (porque yo no soy un niño y ni los unos son mamá, ni los otros son papá), así que aquí me tienen, pasados siete minutos de las nueve, escribiendo tremenda gilipollez para que, después de haber pasado unos valiosos minutos leyendo, que podrían ustedes haber dedicado a cualquier otra actividad más productiva -ya sé en qué están pensando, pero no pretendan que lo diga-, llegen a este punto del texto y piensen (si no es que lo dicen en voz alta), a pesar de la advertencia previa: ¿Ya? ¡Anda que hay que ser caradura!.

Vale, lo confieso, últimamente me da por escribir por el simple hecho de escribir. La prosa por la prosa. Bueno, no, vamos a ser realistas, bajemos al mundo real; eso debería leerse como "la tontería por la tontería". Así, sin más. Es como el que se sienta en una terraza a tomar una cerveza porque le gusta sentarse en una terraza a tomar una cerveza. Precisamente eso y nada más, por lo mismo que cantaban Los Ronaldos hace más de una eternidad, porque nos gusta, y porque nos divierte.
Por eso escribo yo esto. Sí, es verdad que en estos momentos, con la euforia añadida de un café de máquina, pero que a pesar de ello no sabe del todo mal. En definitiva, que no tengo nada que contarles, ni real ni imaginario. Seguro que podría inventarme algo, que es lo que hago muchas veces, narrarles en clave de humor alguna historieta, o contales que Cajamadrid no tuvo al parecer, ahora que está todo el pescado vendido, toda la culpa, pero no me encuentro con ganas.
Porque la verdad sea dicha, muchos de ustedes tampoco me cuentan nada, aparte de una cierta insistencia en que mi lado más sexual abra la boca, cosa que por otra parte entiendo, vista la asexualidad de los últimos días. Y me doy cuenta casi inconscientemente que poner juntas 'sexual' y 'boca' en la misma sentencia da pie a muchas escenas, a cada cual más apetecible, en las que entran irremediablemente labios, lenguas, sexos, dedos, saliva y un necesario toque personal. Claro que sí, porque no conozco a nadie a quien no le guste el sexo oral, o al menos que se atreva a confesar tal cosa. Es más, sin necesidad de preguntar, seguro que hasta a nadie le gusta. Y esto me conduce, no sé porqué (será que me crié en un colegio de curas pero que a todos los efectos parecía laico), a la futura visita del Papa. Y a la doble moral, y a no dejar que mi mano izquierda sepa lo que hace la derecha, y al sexo con fines procreativos, sólo, después del matrimonio, siempre, y a muchas otras cosas que no vienen a cuento. No deja de ser curioso cómo funciona el subconsciente, ¿no les parece?

A de Alicia vive esclavizada por una decisión. Una muy simple, aunque no vamos a entrar aquí a juzgar a nadie, o quizá sí que lo acabemos haciendo, pero un poco más tarde. La primera opción es bajar al perro ijoputa de su novio, que no tiene muchas luces, el dueño, no el can, a la calle a que el pobre bicho haga sus necesidades. La otra, seguir con el crucigrama que lleva cinco años haciendo; y no es que lo tenga casi acabado, sino que más bien, ni lo ha empezado y no será por falta de dedicación. Más que un crucigrama, aquello podría decirse que es un puzzle de diez mil piezas, por el tiempo empleado. Y todo porque el perro se comió las hojas con las soluciones, ya que A de Alicia jamás ha conseguido acabar ningún pasatiempo; no le da para tanto. Una chica no muy lista para un chico más que tonto con un perro ijoputa aficionado a comer hojas de pasatiempos. No desvelaremos qué alternativa tomará nuestra querida amiga A de Alicia, pero podemos adelantar que escondido en el portal, se encuentra agazapado un tigre de bengala llamado Mariano, que canta operetas en sus ratos de ocio y lleva sin comer desde que Julio Iglesias sacó su tercer disco.
No me miren así. Cosas más raras se han visto.

¡Mira que este Iker, tiene unas cosas! ¿Anda que no están hablando del Anticristo, y va y le da por poner la foto de George Bush, Bill Gates o Marilyn Manson junto con la de Hitler, Pot Pot, Mao o Stalin? Que yo entiendo que a Bush se le pueden poner más que muchos peros, que sí, que el Windows se cuelga mucho, y Marilyn Manson, vale, sí, ese sí que *parece* el Anticristo. Pero de ahí a ponerlos codo con codo con personajes que están entre los cinco mayores genocidas de la historia, me parece algo excesivo, un poco descerebrado incluso.
Pasando al fin de semana, si alguien tenía intención de ver mi piso tal y como llegó a mis manos, ha llegado tarde. Este sábado comenzaron las demoliciones, con el resultado parcial de un set a mi favor, a pesar de que casi me dejo el pulgar derecho en el intento. Se admiten colaboradores para el desescombro; se gratificará con palmaditas en la espalda. Por lo demás, dos días bastante completitos; casi diría que demasiado, por las agujetas que tengo. Y creo que vistas las horas que son, tendréis que conformaros con eso.
Estoy hecho una mierda, y tan solo hace una hora que estamos a lunes.

Trabajo encima de un iceberg, que a medida que se acerca el verano, se acerca más y más al polo; no diré más. Para poner en situación, un chiste:
<chiste>(Es bueno, ¿eh?)
¿Qué es un ningüino?
Lo que encuentra un cazador de pingüinos cuando va al polo y no hay... ningüino.
</chiste>
¡Mapache Joe!

Me llamo Joe, pero me llaman Mapache Joe, es lo primero que sale de su boca cuando te lo presentan. Y este tipo apesta lo primero que pasa por tu cabeza cuando lo hacen. Es normal, porque Mapache Joe es una mofeta, por mucho que pretenda convencerte de lo contrario; pero que no se les escape que se lo he dicho, porque Joe me mataría si se enterase, que es además la principal razón por la que todo el mundo simula que el tipo en cuestión es realmente un mapache. Quizá sea también porque siendo el prestamista más odiado y con el mayor número de clientes, cosas que en esa profesión van unidas sin remedio en relación directamente proporcional, lo de que te entren arcadas cuando lo tienes delante, le va que ni pintado.
Pero Mapache Joe no sabe la que se le viene encima, porque detrás de una vieja radio sobre la que lleva acumulándose irremediablemente el polvo durante años, se encuentra olvidado, o a lo mejor no, el único fascículo de Pasatiempos o no que aún conserva todas las hojas de soluciones intactas. Es decir, la respuesta a las cavilaciones de los últimos cinco años de la vida de A de Alicia. Y a Mariano, a Bengala Mariano para nosotros, le da igual que Joe sea un mapache, una mofeta o un castor; faltaría más, que para eso es un tigre. No un gato, ni un lince ni una nutria, un puto tigre, con sus rayas, sus pezuñas y sus colmillos, sobre todo sus colmillos, y además, como ya dijimos, lleva sin comer desde que Julio Iglesias sacó su tercer disco. Y Mariano está cansado, aburrido, harto de estar agazapado en la oscuridad.
Y todo eso es malo para Mapache Joe; malo, muy malo. Ni el olor le va a salvar esta vez.

Un día, sin querer, sin poder evitarlo, perdí un adjetivo; uno calificativo, de esos que son tan presumidos y caminan con la cabeza alta mirándote por encima del hombro. La verdad es que parte de la culpa es mía, porque aquel día iba con prisas, y no sé si fue él mismo, yo con el traqueteo de las teclas o con mi cabeza en otro lado, pero la cuestión es que desapareció entre mis dedos y mis pensamientos, y desconozco si se coló por los poros de la mesa, pero jamás supe de él, y hasta hoy no ha aparecido. Lo busqué, vaya que si lo hice; rebusqué libros enteros, vacié armarios, desmonté estanterías, hasta limpié el coche, cosa grandemente inaudita en mí, pero nada de nada. Volatilizóse el muy cabrón, justo como si se lo hubiese tragado la tierra. Así que, forzado por las circunstancias, me acostumbré a prescindir de su presencia, y me dí cuenta mientras lo hacía que después de todo, no había perdido tanto, porque a cambio, había encontrado un montón de verbos, conjunciones, nombres propios y comunes, adverbios, preposiciones y muchas otras cosas que ahora no vienen a cuento, y aquello no quedaba tan mal después de todo. Es más, emulando a Hernández y Fernández, yo aún diría más: quedaba muy bien.
Así que ahora cuando estoy escribiendo, de vez en cuando, cojo un adjetivo de los altaneros, casi siempre calificativo, y sin atender a sus súplicas ni lloriqueos, lo tiro, lo pisoteo y lo machaco sin piedad. Soy una mala bestia, ya lo sé, qué le voy a hacer; un ser cruel y sanguinario. Y en su lugar, pongo algún sustantivo o pronombre, mucho más dispuestos a sentarse en el banquillo de vez en cuando y sin duda más agradecidos por las oportunidades ofrecidas. Ya lo decía aquél: Hoy por tí y mañana por mí.

Yo, habiendo tenido que aparcar, todo por diez míseros minutos que me he quedado durmiendo, a casi media hora andando del trabajo, venía hoy dispuesto a cagarme en todo. En algo grande, muy grande, inmenso; eso como mínimo. Pero mira, que me he dado cuenta de que hoy era 6 de junio (6) del 2006, el día de la Bestia, y qué coño, eso significa... ¡que queda un día menos para las vacaciones!
¡Alegría alegría alegría!
(¿Puede haber algo peor que subir con alguien de tu trabajo en el ascensor, que te ve diariamente, y no sólo se quita los auriculares del mp3, sino que se los pone después de despedir a alguien en la planta baja?)

El aperitivo, por cortesía de mi jefe. Esta vez, tres chistes tres:
<chiste uno>(Ya lo sé. Buenos, ¿eh?)
- Pues entre pitos y flautas me he gastado 3000 euros.
- ¿Y eso?
- Pues ya ves, 2000 en pitos y 1000 en flautas.
</chiste uno>
<chiste dos>
En una librería...
- ¿Me puede decir dónde encontrar el libro "Como hacer amigos", calvo de mierda?
</chiste dos>
<chiste tres>
Un amigo se encuentra con otro y le dice:
- Hace un mes me metí en el Opus y me dijeron que tenia que aguantar un mes sin follar.
- ¿Y qué tal?, responde el otro.
- La primera semana bien.
- La segunda ya salidísimo.
- La tercera me subía por las paredes...
- Y a la cuarta se le cayó un yoghurt a mi mujer y al agacharse y ver ese culo redondito no me pude resistir.
El amigo:
- Y qué, ¿os echaron del Opus?
- Del Opus y del PRYCA.
</chiste tres>


Esto son tres que no son lo que parecen que asustan a un tipo que no es lo que parece porque no les paga y el tío de éste que sí es lo que parece va y se los carga.
(Ya lo sé, soy un borde, pero qué le voy a hacer, no tengo solución)


Vale. A de Alicia. Y Mariano, pero no M de Mariano, sino Mariano a secas. Bengala Mariano, a todo lo más, si me apuran. Y un perro llamado Delabro y un novio sin nombre, corriente y moliente. Y nuestro querido felino, con las hojas del eterno crucigrama resuelto, esperando agachado en la oscuridad a nuestra querida chica, que baja en estos momentos por las escaleras con la bestia de su novio (el can, no el novio) atado por una correa. Y al llegar al portal, se encuentran los unos y el otro, el uno y los otros, frente a frente, y el amor, el cariño, las lágrimas asomándose a los ojos, la alegría contenida, la emoción, da paso a la locura, a la pasión, al deseo y la lujuria. Y al mismo tiempo que Mariano le ofrece las soluciones con una sonrisa de enamorado, Delabro le tiende a A de Alicia; y mientras el primero da buena cuenta de ella, el segundo hace lo propio con Horizontales 1. Naturales de un estado de África cuya capital es Addis Abeba, con Verticales 2. En este lugar. Jugó y ganó, porque la carne de A, ahora ya tan sólo 'A', sabe tan bien como la celulosa cuando te la regala tu amado.
Y ahí tienen a Delabro y a Mariano, retozando juntos en Tahití, y a falta de As de Alicias y libros de pasatiempos, bebiendo daiquiris, comiendo perdices y viviendo felices.

Como me decía un amigo, Sebastiancín, la pedantería te ha trastornado el cerebelo. Cuanta razón lleva. Y puesto que mi bló -que me gusta más que blogo- dice bien a las claras lo mucho que me gusta ser guay y molón (sí, a mi también), y no tengo nada con que rellenarlo esta noche, aquí os dejo un par de cancioncillas, es decir, una cancioncilla [3.4MB] y dos cancioncilla [3.2MB], para que quede claro sin ningún género de duda quien es aquí el más pedante, el que mola más y el que los tiene más gordos, que la duda ofende. Ah. Y para que disfrutéis del viernes.
Que no. Del jueves.

Una amiga, Cattz, daba hoy unas directrices para hacernos la vida más fácil a los compradores de Decathlon, con la intención de ahorrarle tiempo al comprador, una loable tarea. Pero desde aquí, como amantes de esta tienda, y deseosos siempre de prolongar nuestra estancia en estas grandes superficies, queremos dar otro tipo de pautas, más encaminadas a hacer de cualquier compra en Decathlon una experiencia inolvidable, tanto para tí como para ellos, multiplicando la diversión. Cuidado, esto puede hacer que vendedores, azafatas de caja, personal de seguridad y virtualmente todo el mundo quiera meterte una leche. Además, te pueden tirar de la tienda.
Cómo pasar la tarde en Decathlon:
Decathlon dice: La tienda tiene marcas propias (Geonaute, Kalenji, Tribord, Artemis, Domyos, Artengo, Quechua, Inesis, Kipsta...) en cada una de las diferentes secciones. Esas marcas tienen un código de barras interno que empieza siempre como 358378 + 7 cifras y muchas veces como un código de 7 números de la forma x/xxx.xxx. Es ese código o etiqueta interna el que nos exigen que pasemos por caja, y por eso buceamos en busca de él. Por mucho que tú te empeñes en meterme una etiqueta ajena a la prenda delante de los ojos no podré hacerte ni caso hasta que pase ese código. Así que no me hagas perder tiempo explicándote la formación de 10 horas que nos dan al empezar, plis.
Unsociability recomienda: Cada vez que vayas a comprar un producto de una marca Decathlon, señálale a la azafata de caja la etiqueta insistentemente con el dedo, o rebusca con ella por el producto buscando la etiqueta. Susurra 'yo ya la he visto yo ya la he visto', o grita 'Prime!'. Di en voz alta repetitivamente 358378358378... Pregunta qué le enseñan en la formación.
Decathlon dice: Las marcas que no son propias sí que van directamente con la etiqueta exterior, si puedes coge siempre un producto que lleve esa etiqueta puesta o, si por algún casual la azafata ha aprendido a manejar la base de datos de productos, lleva otro producto igual aunque sea de distinta talla con el código, será más fácil de localizar.
Unsociability recomienda: Si vas a preguntar por un producto, lleva uno que no tenga etiqueta, y además acuérdate de darle al dependiente uno que sea completamente diferente pero de la misma marca. Mirarle y decir 'te he traido este, por si te sirve. Como son de la misma marca...'
Decathlon dice: SIEMPRE es mejor que juntes los productos de una misma oferta e indiques la oferta en caja. Las ofertas cambian pero a nosotras no nos avisa nadie. El 99% de las ofertas de Decathlon tienen que hacerlas a mano en caja, el ordenador pocas veces se encarga solo de algo (y de las veces que lo hace, no siempre lo hace bien).
Unsociability recomienda: Compra productos de oferta y espera a que pasen por caja. Entonces, una vez cobrados, decir 'Ay! Se me había olvidado! Ese y ese están en la misma oferta'.
Decathlon dice: Estate atento a los productos que no lleven etiqueta con el precio que has visto anunciado. Si la etiqueta no dice que eso está 10% rebajado y no han subido la oferta a la caja (un 50% de los casos, más si la oferta acaba de empezar) la azafata de caja no va a tener ni idea de que ese precio esté mal a menos que haya pasado 20 veces el artículo con anterioridad. Hay miles de productos en la tienda y no nos dan tiempo de paseo para que miremos el precio de cada uno de ellos.
Unsociability recomienda: Cuando compres un producto de oferta, espera a que lo cobren, y si no se refleja, entonces decir: 'Vaya, se me había olvidado, es que este está de oferta', y hacerse el simpático con algo como 'Qué memoria la mia, ¿eh?'. Si consigues hacerlo un segundo antes de que empiece con el siguiente cliente, es aún mejor.
Decathlon dice: Las preguntas sobre tallas, colores, envíos y demás, debes hacérselas a los vendedores. Salvo contadas excepciones las azafatas de caja no salen de la línea de caja más que para hacer pis o beber agua. Eso quiere decir que no saben qué cosas nuevas ha podido traer el nuevo camión, si hay nuevo camión o si realmente llegan camiones a la tienda. Las pocas preguntas bien contestadas suelen deberse más a una compra realizada por la azafata en cuestión que a otra cosa.
Unsociability recomienda: Haz las preguntas sobre tallas, colores, envíos y demás a cualquier persona menos a los vendedores. Es decir, a los de seguridad, a los de reclamaciones, azafatas de caja, o clientes. Si un vendedor te pregunta si te puede ayudar, mirale desconfiado de arriba a abajo y dile, enfatizando las palabras: no, gracias, no te molestes. Aparenta enfado. Pregúntale a alguien cuando él o ella esté delante. Pregúntale a la azafata de caja cuando vayas a pagar si sabe de cuantos camiones está compuesta la flota de camiones, justo antes de que empiece a pasar productos por el sensor. Si te contesta que no lo sabe, contesta: 'pues vaya', quita tus productos de la caja y vete a la siguiente.
Decathlon dice: Las devoluciones se hacen en recepción, que es una caja cerrada más grande que las demás. No te pongas a hacer una cola en otro lado si es eso lo que quieres hacer.
Unsociability recomienda: Intenta hacer las devoluciones en las cajas. Cuando te digan que se hacen en recepción, pregunta donde es. Entonces contesta indignado que si el/ella no quiere hacer la devolución, tú tampoco quieres ya devolverlo. Pasa a la siguiente caja y repite la escena. Puedes aportar un toque personal con cosas como 'Tú me gustas más que el de la caja de al lado' o 'A ver si contigo tengo más suerte'.
Decathlon dice: No te pongas a embolsar tú. Es una obligación nuestra comprobar que los artículos ya han sido pasados y lo dificultas si empiezas a mover las cosas, sobretodo si hay muchas.
Unsociability recomienda: Intenta embolsar todos los productos tú. Mete cada producto por separado en dos o más bolsas, y sonríe diciendo que es 'por si se rompe'.
Decathlon dice: No utilices la caja para apoyarte. La necesitamos TODA, ya sea para poner las cosas que estás comprando, como para desactivar las alarmas. Si me pones el bolso encima del desactivador, tendré que intentar apartar tu bolso las veces que sea necesario. Y si no me facilitas eso lo más probable es que pites por la puerta al salir.
Unsociability recomienda: Apóyate en la caja. Observala y comenta lo baja que es y que las de Mercadona te gustan más. Sonríe y pide una cerveza. Si no te atreves, pon todo lo que lleves encima de la caja, hasta lo de los bolsillos. Espárcelo, y dile que ya está, como si ella te lo hubiese pedido. Di que es por su propia seguridad.
Decathlon dice: Tenemos unos básicos en nuestra ficha de oficio y deben ser cumplidos. Asegúrate de que la azafata revisa el calzado para comprobar si son de la misma talla (es increible cuánta gente viene al día con un pie de cada o dos zapatos izquierdos, cosas así) y que revisa que el precio de la etiqueta coincide con el que da la caja. A veces estamos muy cansadas o estresadas y no cumplimos bien con esto.
Unsociability recomienda: Compra el calzado de distinta talla y mismo pie. Cuando te lo revisen, dí que es para tu hermano, que tiene una malformación genética. Indígnate si no te dejan llevártelos y dí que te llevarás los dos pares si hace falta. Devuélvelos a los 10 minutos, y no te olvides de intentar devolverlos en la misma caja donde los compraste. Comenta la torpeza de la azafata de caja que te los vendió, y aparenta indignación. Murmura sonidos incomprensibles.
Decathlon dice: Si tienes la tarjeta Decathlon... ¡¡TRÁELA!! Se pierde mucho tiempo jugando al quién es quién de la búsqueda del cliente por apellidos y nombre. Es posible que estén mal escritos(sobretodo apellidos extraños o nombres regionales) y es un auténtico coñazo encontraros. Y a veces la intranet se va al carajo y no hay forma de buscaros, si eso ocurre realmente no tenemos obligación alguna de pasaros los puntos.
Unsociability recomienda: Tengas o no tarjeta Decathlon, comenta que la tienes justo cuando vayas a pagar, si no te lo han preguntado. Vacía todo lo que lleves en los bolsillos o en el bolso encima de la caja, buscándola. Afirma que estás seguro de que la llevabas encima, y qué no entiendes dónde está porque la acabas de ver. Tras cinco minutos, si no tienes tarjeta de Decathlon, saca la tarjeta del Corte Inglés o de cualquier otro establecimiento. Cuando te diga que no es esa, sorpréndete y preguntale a la azafata de caja si está segura, y confiesa que entonces va a ser que no tienes tarjeta. Si sí que la tienes, primero pregúntale que si te puede buscar por apellidos, ya que no la encuentras, y cuando te los pregunte, dile que no te acuerdas. Entonces mete la mano en el bolsillo y dí: 'anda! mira donde estaba!'. Pregúntale si la va a tratar bien y dile que tiene un gran valor sentimental para ti.
Ahora que alguien imprima esto y se lo pase a los clientes, me harían parte de la vida más fácil XD
Eso.

A mi pobre madre se le han producido úlceras en los ojos, por lo que ahora no ve nada de nada. Y como soy un curioso, le he preguntado si se le han agudizado el resto de los sentidos. La respuesta ha sido tajante: no, los he perdido todos.
Ya me lo imaginaba yo.

Hoy no hay fiambrera, porque hoy no hay comida en el trabajo. Y hoy no como en el trabajo porque tengo la tarde libre. Y tengo la tarde libre porque mañana tengo un examen. Y tengo un examen porque mi jefe me matriculó para sacarme la certificación CISA: Certified Information System Auditor. Es bueno para ti, dice.
Sí, mañana sábado. A las ocho de la mañana. A las ocho, cuatrocientas preguntas tipo test para desayunar. Un examen de cuatro, cinco o seis horas, en un colegio hispano americano, perdido en el monte, un sábado a las ocho. Una certificacion que divide los ordenadores en mainframes, miniordenadores y ordenadores personales; bienvenido al Pleistoceno.
Cágate lorito.

He aquí otro de mis eternos problemas que me crea el soy más bueno que el pan y mucho más idiota. Como soy un tipo generoso, hace unos meses, bastantes ya, dejé, más que por iniciativa propia que por otra cosa, varios libros de cierto interés para mi. Léase: Wilt, Hojas de hierba, Las flores del mal, El antropólogo inocente, y un libro de Inteligencia Artificial. Por aquel entonces a las dos personas a las que se los dejé las veía a menudo, pero con mi cada vez mayor alejamiento de la Facultad de Filosofía, esta frecuencia se ha reducido y apenas quedo con ellas. Una incluso se va al extranjero el año que viene. Así que partiendo de la premisa que no quiero perder los libros, estoy un poco perdido con qué postura adoptar.
La primera opción es la de quedar a tomar algo un día por la tarde, o un fin de semana, y ya de paso pedir los libros. Algo como Oye, te hago una perdida cuando llegue. Por cierto, bájate los libros que te presté.... Pero como soy medio gilipollas, gilipollas entero, o mejor, gilipollas entero y mitad, pues como que me da cosa. Ya lo sé, son mis libros, pero coño, qué queréis. Además, también tengo que buscar tiempo para quedar a tomar algo, y esa es otra, porque estoy un poco desconectado y sinceramente, tampoco encuentro el momento. Pero supongo que después de todo no cuesta tanto y una amistad y unos libros valen la pena.
La segunda opción es la misma, pero sin la primera sentencia. Es decir Oye, voy a pasar a recoger los libros que te presté, si te parece bien (eso es por cortesía). Echarle morro, y recogerlos. Y no sé porqué digo lo de echarle morro, porque como he dicho, son mios. Pero al hacerlo me siento un poco como Mira, como ya no nos vemos, no quedamos, y no sé cómo va a ir esta amistad, casi mejor me devuelves lo que te dejé, por si las moscas, ya sabes. Que es verdad, que en realidad es algo así, pero vaya, que no es tan fácil. Es que hasta me pongo a pensar en excusas: que si me los han pedido, que si mi hermano los necesita, que si... Mal, Mal.
La tercera y última opción, en modo soy tan gilipollas que ni yo mismo me lo creo es pasar de los libros y bueno, si los recupero bien, y si no, comprármelos de nuevo.
Y todo, al fin y al cabo, por no sentirme violento al pedir algo que es mio.
Por cierto, que ahora que lo pienso tengo que devolver dos libros...

A la mayoría es posible que no os haga ninguna gracia, pero es que yo me reí mucho con él. ¡Qué bueno!

Desaparezco, así, sin más. Soy un poco como el Guadiana. Puedo prestarte atención, incluso mucha, durante días pero quizá, por trabajo, estrés, falta de tiempo, o simplemente porque no me siento con ganas de mantener el contacto, desapareceré una, dos, tres o quién sabe cuantas semanas. Supongo que es la concreción de la manida expresión 'no te sientas obligado a X', siendo 'X' llamar, quedar, tomar un café, etc etc. Algo que no por ser sincero deja de ser desagradable, y en ese sentido (y en otros, seamos sinceros) he de reconocer que yo soy desagradable.
Sé que algunas personas de las que me leen han tenido que sufrir este comportamiento, y también que resulta molesto y desconcertante (*lo siento*); no esperas, ya que no es normal, que la gente simplemente deje de llamar o hablar de hoy para mañana, o que se distancie de la manera que yo lo he hecho a veces. Eso son las 'ausencias' que he mencionado en anteriores ocasiones. Supongo que con las personas con las que mantengo la relación son aquellas con las que no me siento obligado a quedar por 'no perder el contacto' y ellos tampoco, porque eso me hace sentirme cómodo. Si podemos quedar a tomar algo a las dos o tres semanas, quedamos, y si no, no pasa nada. Con algunas de ellas, pueden pasar meses sin vernos o hablar (Q. cabrón no hay quien te pille en casa), y eso no implica ningún problema. A veces, eso lo da la confianza y el tiempo, y otras, que la gente asume que esa es tu forma de ser y no espera que estés ahí continuamente (hola Paula, hola Ishtar). Lo cierto, sin rodeos, es que me agobia que alguien esté pendiente de mi, que espere algo de mi; a lo mejor me puede la responsabilidad. No me gusta que se creen expectativas, pero es verdad que generalmente doy pie a ello; lo siento de nuevo.
No obstante, aunque a veces aparezca y a veces desaparezca, en el fondo, estoy siempre ahí, a pesar de que entiendo -porque me conozco- que comprender y aceptar este tipo de conducta no debería ser necesario, porque es un esfuerzo que no tengo derecho a reclamar, porque no siempre resulta efectivo y porque la mayor parte del tiempo es -incluso podría afirmar que resulto- una pérdida de tiempo.
(Es lunes, ¿qué queréis?)

Yo no digo nada, pero...
- Conde-Pumpido
- De Liaño
- Garzón
- Fungairiño
- Grande-Marlasca
- Dívar
Ya lo ven, ni uno "normal". Pero yo no digo nada.
(Y es que lo de Cándido Conde-Pumpido ya es demasiado)
(15:39h)
Estaba yo el pasado domingo viendo el partido de Portugal contra Angola, cuando oigo a nuestro querido y siempre incapaz delantero Julio Salinas expresar altruistamente su preocupación por el hecho de que el partido de España comenzase a las tres de la tarde; eso obligaría sin duda a cancelar la siesta a millones de españolitos. Y al escuchar semejante estupidez, no pude evitar que me viniese a la cabeza ese bonito refrán que dice: «Cree el ladrón que son todos de su condición». Querido Salinas, algunos en este santo país trabajamos, aunque por supuesto, y eso no se lo niego, preferiríamos estar durmiendo la siesta.
(15:49h)
Mi móvil y su cargador discutieron ayer por la noche. El primero, que estaba ya en las últimas, quería fiesta, pero el segundo decía que nones, así que allí estaba yo como un idiota intentando que se reconciliasen. Que sí mételo despacito, que si dale la vuelta, que si de lado, que si sólo la puntita... vaya, que hasta me tocó hacerle una limpieza de bajos al móvil. Y es que no es la primera vez que le pasa, ni con el primer cargador, hasta el punto de que cualquier día, su falta de ganas me va a llevar a la ruina... y a agenciarme un nuevo aparato. Por suerte, al final conseguí que consumasen el acto, y hoy estaba como nuevo, o casi, que los años no pasan en balde.

Hay que ver. Unos tipos afines a un partido político reventando el mitín de otro partido al grito de "fascistas"; menuda contradicción. ¿Saben aquello de la paja en el ojo ajeno y la viga...? Sí, claro que sí. Y es que este país está lleno de demócratas.
(Voltaire)

Dormir seis horas mola. Y cinco horas también. Mola. No. Joder, *mola*. Ya me entienden. Tienes más tiempo para hacer cosas, ver algún canal porno e incluso conseguir que la gente te mire con una leve admiración cuando lo dices: Yo duermo cinco horas (y ay por dios no sabe usted el sueño que paso). Puedes leer, escribir y comerte las uñas de los pies. Si llegas. Puedes matar mosquitos, contar estrellas sol y luna. Puedes acostarte en el suelo y sentir el frio en la espalda mientras miras al techo, puedes aprender esperanto o simplemente, puedes no hacer nada. Perder el tiempo gloriosamente a la dos de la madrugada. Tirarlo. Malgastarlo. Todo tuyo. Pero no nos engañemos. Por la mañana, estás hecho una mierda, o peor. Sí, definitivamente, peor: una auténtica mierda. Una mierda pluscuamperfecta. Caca de vaca. El lunes, pase, y el martes, pase. Si no ha habido festival el fin de semana, claro. Pero a medida que se acerca éste de nuevo eres más un muerto viviente que otra cosa. Con la creatividad de un muerto viviente. Con la vitalidad de un muerto viviente. Y casi con la cara de un muerto viviente. O quizá no tanto.
Hace sólo unos días decidí aumentar mis horas de sueño y mejorar -o regularizar en la medida de lo posible- mi alimentación. Ya saben, por aquello de la calidad de vida. Fitter, happier, more productive. Todo eso. Sí, ya saben. Así que he pasado, en dos días, de apenas cinco horas a poco menos de siete horas. Y con intención de incrementarlas, si soy capaz. Y lo confieso: se nota. No. Joder, *se nota*. Yo lo noto y mi estómago lo nota. Y si esto sigue así, mis días de murciélago están contados. O no. O ni lo uno ni lo otro. Tengan paciencia. Quién sabe, quizá tenga que cambiarle el nombre a esto y llamarlo Sociability.org. Quién sabe.
Es broma. No teman, no llegaremos a tanto. Pero seguiremos informando.

Mi madre, esta noche: «La verdad es que en todo el día no me he acordado de ti para nada».

Unsociability.org trae hoy un bonito a la par que útil producto obsequiado por Ciudadano Cero. Cableatierra (TM):

Su uso, extremadamente sencillo, y su reducido tamaño, facilitan utilizarlo en cualquier tipo de situaciones, ya sea en casa, la oficina, comidas familiares, reuniones con clientes... Y su uso no podría ser más sencillo. Coloque un extremo a la muñeca y el otro al suelo, y listo. Nadie más le agobiará, porque con este útil intrumento todo derivará a tierra. No más estrés, no más conversaciones idiotas, no más tonterías. ¡Quédese en las nubes para siempre! ¿Que su madre empieza que fuma demasiado, que no va nunca a verla, que frecuenta mujeres que le tutean o que su casa no es una pensión? ¡Tranquilo! ¡Con Cableatierra (TM) nadie más le estresará! ¿Que su novio empieza que si quiere usted más al perro que a él, que ya sólo se fija en sus amigos, que no le atiende o que hay falta de comunicación en la pareja? ¡Nada, nada! ¡Tranquila! ¡Con Cableatierra (TM), a ti plim! ¿Que toca reunión de la Tecnología del Farfullo en el siglo XXII, que se ponen a hablar de la reproducción de la mosca cojonera y de las técnicas de rebanado de patatas? ¡No pasa nada! ¡Con Cableatierra (TM), que hablen de lo que quieran!
Ramón Ramírez lo compró y ahora es un hombre feliz: «A mi todo el mundo me daba la paliza. Que si la suegra, que si mi madre, que si mi mujer, los niños, el jefe, mi amante, el perro, hasta cuando me iba de putas me comían el tarro... pero desde que me compré Cableatierra (TM), todo ha cambiado para mi. Cuando alguien empieza a comerme la oreja, me conecto a tierra y estoy tranquilo. Cómprelo, no se arrepentirá».
Ya lo ha oído. Ahora, y por tiempo limitado hasta final de la década, por tan sólo 20 euros puede usted disfrutar de Cableatierra (TM), y ahorrarse esas migrañas que le atacan por la noche. Y si lo desea, por el mismo precio, se lo mandamos en papel de regalo. Para ese cónyuge que evade sus responsabilidades, para ese amigo que ha pasado demasiado tiempo atendiendo reuniones. ¡No deje que su pareja utilicé nunca más el dolor de cabeza, oblíguele a buscar otra excusa! ¡Recupere a un amigo! ¡Hágalo hoy! Con Cableatierra (TM), es fácil, es rápido y es cómodo.
¡Compre Cableatierra (TM) ahora!
Oferta válida para Península, Baleares y parte del extranjero. Producto disponible en diferentes tamaños y colores; consulte disponibilidad. La información mostrada es gratuita a título exclusivamente informativo, no estableciendo ningún compromiso o relación contractual entre el anunciante y el comprador. El producto final puede diferir ligeramente en longitud y color con el modelo expuesto.



El pasado viernes, un tal Rafael G. me dejaba este comentario, justo después de fallar la pregunta antispam y tras leer -parcialmente al menos- mi autobiografía:
«Hola, Insociable.
Porque pensamos que la honestidad brutal es una forma de locura, te invitamos a que participes en nuestro programa. Estamos buscando gente chalada que esté dispuesta a cualquier cosa por ganar un coche. El concurso se llamará DISTRACCIÓN FATAL. Si alguien quiere participar, sólo tiene que escribir a:
concurso [en] distraccionfatal [punto] com
rafa.redaccion [en] gmail [punto] com
Envía esta información a todos tus contactos. Que nadie se quede sin saberlo.»
A pesar de lo que pueda parecer, seguramente tras la entrevista verían que soy realmente un tipo bastante serio y que no da demasiado juego. Rebuscando un poco además, ejem, lo cierto es que no es el tipo de programa al que yo iría, pero oiga, que hay gente para todo, y sirva esto como publicidad gratuita, que es después de todo lo que buscaba Rafa.
Y no, claro que esto no es un blog de propaganda, y es obvio que el mismo mensaje -el mismo que ese primer comentario no incluido- ha sido posteado en algún otro blog, pero bueno, yo no soy Borjamari y es casi la una.
Y punto.


Dicen que me pega mucho, pero yo no sé porqué.
(Esta no debería haber llegado aún, pero una rebaja del 50% precipitó los acontecimientos)
(Sí, últimamente estoy muy parco en palabras)


No es la primera vez que lo digo: a mi el fútbol no me entusiasma. Nunca lo ha hecho; es casi más una excusa para quedar con los amigos que otra cosa, y que España gane el Mundial me supondrá básicamente lo mismo que la victoria del Barça en la pasada Copa de Europa (léase Champions League): una moderada alegría. Pero como debería ser obvio, ni me pintaré la cara, ni pegaré cuatro gritos ni saldré a la calle y me comportaré como si me hubiese tocado la lotería. Con todos mis respetos para aquellos que sí lo hacen, yo me sentiría más idiota de lo que ya soy, y eso sería ya insoportable hasta para mi mismo. Pero ni con España ni con el Barça; no es cuestión de absurdos nacionalismos.
Eso no significa por otro lado que -si no tengo nada mejor que hacer- no me guste ver un buen partido, o que no esté siguiendo los partidos de la selección (¡Ej-pa-ña, Ej-pa-ña!) cuando tengo la posibilidad, porque eso socializa. Es como aquello de social drinker: "No, si a mi el fúrgol no me gusta, pero es que me ayuda a integrarme". Mismo concepto, massomenos. Así que en el papel de forofo radical, todo lo radical que me permite lo ya dicho, he de decir que ayer frente a Túnez se materializaron mis peores pesadillas, o al menos todo lo pesadillas que pueden ser en mi caso por la razón ya citada. Que no es mucho.
Y estas fueron, cómo no, ver a Raúl "patejas" marcando un gol y a Fernando "paquetorres", la futura -y por lo visto, eterna- promesa del fútbol español, marcando dos. Máximo anotador del torneo. Fíjense, ahí es nada. El uno, de pura suerte, y el otro, demostrando a) que carece de pierna izquierda (que se la corte pues), y b) que no sabe tirar penalties. Aunque visto lo visto, también quedo muy claro que ambos tienen mucha, mucha, mucha, mucha suerte, lo que seguramente nos haga falta cuando nos enfrentemos a un rival como dios manda.
Lo peor, y el origen de mis temores, es que con esto, vuelve el del carro y vuelve la -eterna- promesa. Aunque claro, de algo tiene que vivir el periodismo deportivo y sinceramente, a mi tampoco es que me suponga demasiado.
Luis Aragonés:
"Dios quiera que Torres siga así"
Pues querido, que santa Lucía te conserve la vista.

Hace meses que recibo mucho Referral Spam, entre otros. La idea de este tipo de spam, para quien no esté familiarizado, es utilizar los sistemas de estadísticas para conseguir enlaces a páginas de venta de medicamentos, casinos, pornografía, o vayaustedasaberqué. Pongamos un ejemplo. Si accedes desde Unsociability.org cien veces a una página de las que tengo enlazadas, es muy posible que esos accesos le aparezcan en las estadísticas de procedencia de visitantes, y es posible que lo haga en los primeros puestos, con lo que casi seguramente el dueño de esa página, y con suerte alguno de sus lectores, se pasarán por Unsociability.org para ver qué dice alguien que al parecer está tan interesado en ellos. Si además contases con un programa que simula ese acceso, podrías, si quisieses, "acceder" -simular que accedes, en realidad- cien veces a un millar de páginas, lo que haría aparecer a Unsociability.org, o a la página que quisieses, en muchas estadísticas. Pero yo no quiero eso, porque yo no vendo pornografía, ni medicamentos, ni regento un casino online, y estoy más preocupado por la calidad que por la cantidad de las visitas.
En mi caso, simplemente filtro este tipo de visitas. No cuesta demasiado, aunque imagino que más de lo que les cuesta a ellos. La propaganda puede ser de cualquier cosa, y va cambiando con el tiempo. Desde hipotecas a venta de medicamentos como el Viagra. Y el caso es que editando este filtro hace un momento, me he encontrado con lo siguiente, que seguro que os es familiar: tamiflu. Rápidamente, con el corazón en un puño, raudo como Jolly Jumper y veloz como una centella, me ha faltado el aliento para acercarme a algunos periódicos digitales, y buscar en portada la palabra 'gripe'. Y el resultado ha sido que no había nada en La Vanguardia, nada en El País, nada en ABC, nada en La Razón, y un único enlace en el apartado de 'Salud' de El Mundo hablando de la gripe aviar.
Y me he alegrado, en mi fuero interno, de ver cómo una enfermedad que hace sólo unos meses iba a acabar con nosecuántos millones de personas y en torno a la que se había creado casi una histeria colectiva, ahora ya no merezca ni un pedacito de texto en las portadas de los periódicos. Y he supuesto, felizmente, que eso significa que, o ya no va a acabar con tanta gente, o toda esa gente es pobre y por tanto a los del ecuador hacia arriba -con la excepción de Australia, claro- nos traen sin cuidado, o hay cosas más importantes de las que hablar.
O no. A lo mejor es que coño, ¡¿qué más da quién muera, teniendo fútbol en la tele?!

(J. Habermas, «Inclusión: ¿Incorporación o integración? Sobre la relación entre nación, Estado de derecho y democracia», en La inclusión del otro. Estudios de Teoría Política, Barcelona, 1999, págs. 113 y s.)
Sin que sea Habermas santo de mi devoción, y reconociéndole al concepto de Nación el papel que tiene, lo cierto es que demasiada gente ha estado mamando teorías como las de Schmitt durante demasiado tiempo.
[1] Véase I. Maus, «Rechtsgleichheit und gessellscahftliche Differenzierung bei Carl Schmitt», en su obra Rechtstheorie und Politische Theorie im Industriekapitalismus, Munich, 1986, págs. 111-140.
[2] C. Schmitt, Verfassungslehre (1928), Berlín, 1983, pág 229 (trad. cast.: Teoría de la Constitución, Madrid, Alianza, 1983).

Ayer, no recuerdo en qué momento del día, pensaba que no tiene demasiado sentido escribir este blog casi exclusivamente para -en el sentido de dirigido a- la gente que me lee, porque quieras o no, te condicionas a ti mismo, y lo condicionas a él. Pensaba que está bien, faltaría más, que la gente opine, lea, comente. Que el tema de la audiencia, de los lectores, es interesante, que uno tiene su orgullo y su correspondiente dosis de narcisismo y egolatría, pero para qué engañarse, esto no va al fin y al cabo a ninguna parte; diez, cien o mil lectores diarios no cambian nada.
Y por ese camino llegué a la conclusión de que, sin menospreciar a aquellos a los que me leéis, tan satisfactorio como saber que hay alguien al otro lado que te sigue con cierta frecuencia, será leer todo esto dentro de cinco o quién sabe si diez, quince, veinte o treinta años y ver qué pensaba, qué escribía, y de algún modo, cómo era el mundo a través de mis ojos por aquel entonces, por no hablar de qué opinaba la gente de todo aquello. Y si soy capaz de continuar esto durante tanto tiempo, eso sí sería increíble.
Aunque sin duda mañana cambiaré de opinión, porque tampoco sé en qué grado escribo lo que escribo porque me apetece o porque pienso que puede gustar; supongo que lo de ayer es un ejemplo de lo primero, mientras que algunos alardes de exhibicionismo lo son de lo segundo, y la gran mayoría es un poco o un mucho de lo primero y un poco o un mucho de lo segundo. En cualquier caso, esto es sólo una reflexión transitoria motivada por el estado de ánimo en el que me encuentro hoy. Y también sé que es un tema recurrente. Y esta, creo, aunque no estoy seguro, pertenece más a la primera que a la segunda clase.


[Oxímoron: Combinación en una misma estructura sintáctica de dos palabras o expresiones de significado opuesto, que originan un nuevo sentido]

Esta noche cuando he llegado al coche, cerca de las once, había un gato pequeño acostado en la acera, al lado de la puerta del conductor. No me jodáis. No, no era un gato negro, ni un gran gato, ni un puto gato persa. Ni era Don Gato ni Garfield ni el pato Lucas, que ni siquiera es un gato. Tan sólo era un gato común, un gato normal y corriente, un gato vulgar. Vamos, una mierda de gato. Y yo pensaba, mientras me iba acercando, que en cualquier momento se levantaría y echaría a correr.
Pero no.
El muy ijoputa se ha quedado en el suelo, impávido, impertérrito, como si el tema no fuese con él y mirándome con ojos de yo, gilipollas, ya sé todo lo que hay que saber, por eso estoy aquí tumbado a la bartola tan tranquilo. Además, soy más rápido que tú, así, cabrón, que ni lo intentes. Y seré una mierda de gato, pero esto es todo lo que hago a lo largo del día.
Y coño, sabiendo que estaba pensando eso, me han entrado unas ganas terribles de pegarle una patada y encalarlo en el cuarto, pero advertido de que era más rápido que yo, pues he pensado que para qué.

Que las peras no son higos.
Cerrado hasta el lunes, que necesito un descanso. Pasarlo bien.

El pasado viernes me enfadé ligeramente al descubrir que alguien me había robado el piloto del intermitente lateral, el que hay al lado de la puerta en muchos coches. No es un gran problema así que para qué sulfurarse; la pieza no valdrá más de diez euros -espero-, y afortunadamente, y cruzo los dedos para que eso no me pase ahora, ni me han jodido la bombilla, ni han tirado del cable, ni nada. Sólo querían el trozo de plástico color naranja y es eso lo que se han llevado. Si es que aún debería estar agradecido.
Esto me ha recordado que nada más estrenar mi coche, descubrí al par de días un par de rayas en el capó, hechas sin duda por algún hijo de la gran puta. Tomen nota de que lo he escrito bien, con todas las letras, no ijoputa como cuando lo vanalizo. Esta vez lo digo en serio, y me refiero a uno de esos que habría que colgar de los cojones hasta que se los arrancase la acción de la gravedad sobre su propio cuerpo. Y sigo hablando en serio. Todos nos hemos cruzado con personas de esa calaña, y no hay pocos. La maldad por la maldad, sin más. Joderme el capó, porque sí. Porque le divertía, aunque no sacase nada con ello. Hacer el mal por pura y simple diversión.
Y mientras pensaba tirando de ironía y en broma, que habría que mandar al paredón a todos aquellos que abusan físicamente de los coches del prójimo sin obtener ningún beneficio, me he dado cuenta de que en realidad, el cabrón del viernes pasado sí que había ganado algo: mi intermitente. Un puto trozo de plástico triangular de color naranja. Y aunque esto desbarata parte de lo contado hasta ahora, también he pensado que bueno, qué más da si tenía o no algo que ganar, ya que después de todo, no deja de ser una verdad como un templo que me va a tocar comprarme el puto piloto y que como todo el mundo sabe, hay muy cabrón, y mucho hijo de la gran puta suelto por el mundo.
Muchos no. Demasiados.
(¿Les parece a ustedes que la una menos cuarto de la madrugada de un domingo es hora para poner una obra maestra como Bienvenido Mister Marshall? ¿Es que no hay horarios más asequibles?)

Dicen que el cloro lo mata todo. Así que, siguiendo esta máxima, Ó y yo pasamos, el verano pasado, una semana entera sin ver el jabón más que para lavarnos las manos, ya que, yendo diariamente a la piscina, que contenía -y presumo que contiene también este año- una cantidad más que considerable de esta sustancia, pensamos que no era necesario. Temblad, gérmenes.
Pero al poco tiempo, nos dimos cuenta de que quizá aquella hipótesis no fuese tan cierta, cuando nuestras familias empezaron a comentar un cierto "olor raro", que no era seguramente el de la asepsia corporal. Con lo que descubrimos que, en realidad, el cloro *no* lo mata todo. Y si lo hace, aquello que mata, huele mal, lo que a efectos prácticos -y principalmente olfativos- es lo mismo.
Y me da a mi que eso de que lo que no mata, engorda, también va a ser mentira, pero esta vez no pienso picar.


Últimamente estoy muy catastrofista.
Ayer entregué la declaración de la renta, sí, a mano, y mientras el chaval de la ventanilla del banco me la cuñaba, yo empecé a darle vueltas a las infinitas probabilidades de que algo de lo que estaba haciendo no fuese correcto y yo me quedase sin esa pasta que me tienen que devolver. Pensé en la posibilidad de que se le hubiese olvidado algún cuño, o que la fecha de éste estuviese ilegible, o que no hiciese todos los trámites correctamente, o que la entregasen tarde y/o mal, o que la dejase en la bandeja equivocada, o que se cayese al suelo, o que se les traspapelase, o que simplemente, yo me hubiese olvidado de algo... y me veía acto seguido yendo de sucursal en sucursal, rellenando hojas de reclamaciones, llamando a Hacienda, de aquí para allá, perdiendo horas de trabajo, de ventanilla en ventanilla, vuelva usted mañana, rogando, suplicando, pidiendo favores...
Hoy. ¿Se acuerdan de este post? Pues tres meses y menos de cinco mil kilómetros después se ha fundido de nuevo el faro. Ese. El mismo puto faro. Y en la misma línea, me he puesto a cavilar qué pasará cuando mañana lo lleve al taller, si me cogerán el coche, pero seguro que no porque todo el mundo está a punto de irse de vacaciones, y me tocará dejarlo, irme a casa en metro, o peor, me dirán que sí y luego no lo tendrán, y además me tocará pagar, porque dirán que es fallo por desgaste, y que eso no entra en garantía, y me cagaré en la madre que parió a la Renault, y...
Y es que por si eso no fuese suficiente, maldita casualidad, me he encontrado mientras venía hacia casa con la Benemérita un coche por delante de mi. Claro, con el faro fundido. Y sin el piloto del intermitente. Qué suerte, Manolín. Y de nuevo, he empezado que ahora me paran, me piden los papeles, me preguntan si sabía que lo llevo fundido, y claro, joder, si les digo que no pensarán que les tomo el pelo, pero es que si les digo que sí, me dirán que porqué no lo he cambiado, y yo les diré que no sé, y que lo intenten ellos si pueden, y no querrán, y además que coño les digo si me preguntan por el piloto del intermitente lateral, y entonces me multarán, y no podré hacer nada, y me cagaré en la madre que parió a la Renault y... y bueno, el caso es que en la rotonda han girado a la izquierda y los he perdido de vista.
Así que espero que, como en este último caso, mi catastrofismo sea infundado y todo vaya a pedir de boca. Aunque veremos mañana en el taller, porque me da a mi que lo de la garantía en esto de los talleres es más papel mojado que otra cosa...









