Después de tantos días sin escribir, creo que me apetece ser un poco pretencioso. Es más una necesidad que una apetencia. Desde hace años, creo que desde el instante en que la oí, hay una frase que me ha marcado mucho, hasta el punto de que la considero, de alguna forma, una obligación. Quizá hasta un imperativo moral. Ésta, que ya la he mencionado varias veces en otros comentarios, se la dice Robert de Niro a su hijo en Historias del Bronx: no hay nada peor que el talento desperdiciado. Creo que hay pocas cosas más ciertas.
Por supuesto, esto implica que yo pienso que tengo talento. Bien, pues no sólo lo pienso, sino que estoy absolutamente convencido de ello. Tengo mucho, muchísimo talento. Es simplemente una seguridad.
Aunque eso no me librará de tener que estudiar esta noche.

Hoy, mientras llamaba a mi family (ah, que sería de este viejo y privinciano castellano sin esos dejes de cosmopolitismo inglés) desde el pasillo de la biblioteca de Humanidades, oigo que una chica le dice a otra por teléfono: «no te preocupes, están todos vuestros sitios bien. Pero hay que ver, la gente está robando sitios que da gusto». Me ha costado controlarme y explicarle, de forma que ella pudiera comprenderlo, que los sitios la gente no los roba porque no son de nadie. Simplemente los ocupa si ve que no están siendo utilizados, atañiéndose estrictamente a la política de la biblioteca según la cual un sitio no se puede reservar más de veinte minutos.
Y es que creo que no existe en el mundo un lugar donde quede tan patente el corporativismo femenino adolescente y post-adolescente (es uno de los síntomas que se pueden apreciar en dicho entorno, pero existen muchos más). No sólo una chica es capaz de reservar hasta cinco sitios a la espera de que sus amigas vengan a estudiar varias horas después, sino que se mantiene alerta a la espera de cualquier sitio nuevo que quede libre, por si acaso. Se podría hacer un estudio bastante exhaustivo acerca de esto. Parece incluso haber una especie de pacto entre dichos grupos de especuladoras de puestos, de modo que el sitio corresponde al grupo que lo ha "adquirido" antes. Pacto (o contrato) obviamente irrelevante de cara al resto de habitantes de la biblioteca, al no tener un respaldo "legal".
Afortunadamente, no tengo ningún reparo en okupar aquellos sitios que veo que no se utilizan, lo que habitualmente provoca que alguien de la sala se levante y retire aquellos apuntes que yo previamente he desplazado a un lado, sin mayores consecuencias. De vez en cuando, alguien te pone mala cara. Pero qué le vas a hacer. Estás ahí para estudiar, no para perder el tiempo.
Y aún así, me sabe mal por toda esa gente que deambula a la caza de un sitio libre, porque no se dan cuenta de que sitios libres hay muchos. Aunque bueno, si hiciesen lo que yo, nadie me miraría raro cuando me siento en un sitio ocupado, por lo que parte de la culpa es suya. Así que que se jodan y espabilen.
Adeu. Me voy a "robar" un sitio.

En total contradicción con mis principios más sagrados y profundos, hace algunas semanas (o creo que incluso algunos meses) me apunté a un concurso de blogs (para los no iniciados, un blog es simplemente esto; un diario que no es un diario porque no escribes tus cosas íntimas, sino lo que te da la gana sabiendo que hay gente que lo leerá. Lo que no deja de ser, en cierto modo, algo bastante artificial) promovido desde la web del periódico gratuito 20 minutos.
Pues bien, a causa del más que evidente exceso de autoestima y orgullo en el que me veo sumido desde hace unos días, y para dejar al descubierto toda la incoherencia de mi escala de valores (y de las críticas que hace unas semanas vertí en cierto blog), y yendo más lejos si cabe, os emplazo a que me votéis, y para facilitaros la tarea, ya habéis visto esa imagen en la parte superior de la página, y que todo sea dicho, no queda mal estéticamente. Sed conscientes de que, gane o no, algún día podréis decirles a vuestros hijos, hijas o mascotas: ¡Yo a ese le voté!
Esforzándome un poco en expresar una modestia sincera, no sé, ahora mismo, cuanto tiempo aguantaré la vergüenza de pedir el voto cual vulgar político gallego (no por gallego, si no por político). Quizá un par de semanas, quizá un par de meses, quizá hasta que el concurso acabe. Pero desde luego, de una cosa podéis estar seguros; yo no pediré un dominio ".un" para www.unsociability.org, como pretende el BNG.
Y no será porque no me lo merezca.

Esta noche, en los textos que estoy estudiando para el examen de Filosofía de la Historia, y en concreto en un capítulo sublime de Walter Kaufmann titulado simplemente Hegel, me he encontrado de cara con dos formas inmejorables de expresar lo que alguna vez he intentado transmitir acerca de mis sueños (de grandeza), esperanzas, frustraciones y conflictos personales, a menudo sin éxito. No las comentaré, porque me sobrepasan en mucho.
La primera proviene de Nietzsche, Así habló Zaratustra, y dice así: «Hace largo tiempo que no voy en pos de la felicidad: en pos voy de mi obra».
La segunda, más extensa, es de Sartre: «El hombre, por consiguiente..., no es más que el conjunto de sus actos... Para el existencialista no hay otro amor que el que se construye; ...no hay otro genio que el que se manifiesta en las obras de arte: el genio de Proust es la totalidad de las obras de Proust... Un hombre se compromete en la vida, traza su propio semblante, y fuera de este semblante no hay nada. Indudablemente, este pensamiento podrá parecer duro a quien no haya triunfado en la vida». En palabras de Hegel: «Lo que el hombre es, es su acto, la serie de sus actos, lo que se ha hecho».
No encuentro, ni creo que haya, ninguna manera mejor de decir lo que siento respecto a mi futuro. «no es la felicidad lo que eligen, sino el esfuerzo, la lucha, el trabajo por alcanzar su meta». No sé qué imagen de mi dejan estas frases, pero lo cierto es que me da igual. Porque nadie más que yo sabe lo que yo siento.
Y a veces, ni yo mismo lo sé.
(El título es una cita de Einstein que viene a decir Dios es astuto, pero sin llegar a ser mezquino)

Hace unas semanas estuve considerando la posibilidad de hacer mi propio universo orwelliano a propósito de este blog. ¿Qué significa eso?
Pues eso significa que, en la medida en que controlo absolutamente todo lo que reside en la página, puedo crear comentarios falsos y destruir verdaderos a voluntad, crear nuevos "personajes" de la nada que "dirijan" los comentarios de las personas reales, crearme una nueva personalidad o cambiar en algunos aspectos la que poseo; ser yo sin ser yo. Y lo más interesante, modificar mi pasado, o incluso destruirlo, inventarme mi presente y con él, mi futuro. No lo haré, pero sería un experimento divertido, si tuviera tiempo para dedicarle; un blog ficticio (y manipulado), de principio a fin.
Y es hora de dormir, que me he pasado 13 horas en la biblioteca, he dormido 6 horas, mañana tengo examen de Filosofía de la Historia (Voltaire, Herder, Kant, Fichte y Hegel) y ya no sé ni lo que digo. Pero bueno, aunque no me haya quedado muy lúcido, pilláis la idea, ¿no?

Intentar decir algo interesante tras pasar once horas estudiando a Kant, Fichte y Hegel, y después de hacer un examen de los mismos de tres horas está más allá de mis posibilidades, así que me voy a la cama.
El examen bien, gracias. Más extenso de lo que suponía, me ha salido peor de lo que pensaba y estoy tan cansado como era de esperar. Así que ya veremos. En cualquier caso, a) hacía tiempo que no acababa un examen sintiendo que había aprendido algo y b) siempre me quedará septiembre.
1.- Progreso e Historia en Kant
2.- Espíritu universal, espíritu del pueblo y papel de los héroes en el desarrollo de la historia universal hegeliana.
+ Comentario de texto (Hegel)
Ah, y me he encontrado con la grata sorpresa de que tengo que hacer un trabajo. Por si no tuviese ya bastante. Ahora sí.

Bueno, como hoy no tengo nada interesante que decir de momento, voy a inagurar una nueva serie de comentarios llamada Comentarios desde el recuerdo. Supongo que si pueden hacerlo con los capítulos de Friends y Los Simpsons, los grandes éxitos de Queen y Abba y las películas originales de La Guerra de las Galaxias, porqué no voy a poder hacer yo lo mismo... este en concreto además es sobre un tema actual, aunque fue escrito en noviembre del 2003. Dice así:
«No pongo en duda que Michael Jackson sea responsable de muchas de las cosas que se le imputan en torno a este nuevo caso de abuso de menores que ha surgido. Sus declaraciones en una famosa entrevista en la que afirmaba que duerme habitualmente con menores no ayudan, desde luego. Si bien es cierto que en algún sentido esta sociedad esta pervertida y dormir con un menor no debería ser, en sí, nada maligno, viniendo de una persona adulta que se ha desfigurado el rostro mediante sucesivas operaciones, sin relaciones sexuales con personas de su edad (no que no es incriminatorio pero sospechoso cuando sólo se relaciona con niños) y cuya estabilidad mental es -al menos para mí- dudosa, no es el comportamiento más razonable. La protección que un adulto puede proporcionar a un menor durmiendo con él está restringida al estricto ámbito familiar, e incluso en estos casos a determinadas circunstancias, y cualquier persona que pretenda comportarse de la misma manera sin pertenecer a dicho grupo debe entender que es como mínimo sospechosa de acusaciones bastante graves.
Pero esta es sólo una parte de la historia. Un niño no se mete en la casa de Michael Jackson sin darse cuenta mientras vuelve a clase del colegio. Los padres del último niño que protagonizó un caso similar sacaron varios millones de dólares de la denuncia, y no me sorprendería en absoluto que los de ahora estuvieran buscando lo mismo. No me parece lógico que unos padres con un mínimo de responsabilidad dejen que su hijo pase la noche con otro adulto, y más a sabiendas que van a dormir en la misma cama. Por lo que una de dos, o los padres carecen de cualquier escrúpulo y han alquilado (literalmente) su hijo a Michael Jackson a cambio de una sustanciosa suma, o no son lo suficientemente responsables para educar adecuadamente a su hijo. Lo que básicamente lleva a la misma conclusión: que dichos padres, estuvieran buscando o no intencionadamente una indemnización económica, carecen de la preparación para educar a su hijo.
No tan sólo Michael Jackson debería ser investigado por su comportamiento con los niños que pasan la noche en su casa, sino que lo mismo debería hacerse con todos los padres que permiten, es posible que a cambio de dinero, que sus hijos pasen la noche en compañia de otro adulto, porque al final es eso a lo que esto se reduce.»

Hace ya algunos años que vengo observando con asombro, aunque esa palabra defina sólo en parte lo que pienso acerca del tema, las obras de lo que se ha dado en llamar arte moderno o contemporáneo. Y me sorprendo cada vez más con cada paso que éste da, más atrevido que el anterior, como si de una competición se tratase, y no puedo más que compadecer -¡compadecerte a ti habría!, pensarán ellos probablemente- a aquellos que, en su estupidez, o peor aún en su afán de modernidad, alaban todo cuanto esta nueva forma de expresión representa.
Porque sí, no nos equivoquemos, no deja de ser una forma de expresión, y sin embargo, en muchos casos no es más que eso, y no por ello ha de tener reservado de por si un espacio en los museos ni por supuesto el calificativo de Obra de Arte, porque si así fuese, podríamos extender el calificativo de Arte a prácticamente cualquier cosa que hacemos. Podría argumentarse que eso es precisamente lo que los autores de dicha forma de expresión buscan, acercar el Arte al 'pueblo' y hacer que cualquier persona sea capaz de crearlo, pero después de ver lo que se paga por algunas obras, y probablemente lo abultado de muchas de las cuentas corrientes de sus autores, creo más bien que lo que tratan es de acercar el dinero a si mismos, y además dudo mucho que les gustase tener la cantidad de competidores que tendrían si a la gente le diese por ponerse a crear arte moderno.
Sin embargo, antes de ir más allá quizá sea necesario definir que entiendo por arte moderno. No voy a negar que considero que existen cuadros de dicha tendencia que tienen un relativo valor estético -y sobre todo económico-, cosa que, aunque no sea gran cosa, es al menos un comienzo. No es que sienta un gran respecto por este tipo de obras, pero mantengo una relativa indiferencia hacia ellas. Por otra parte, están esas otras esculturas o pinturas, que no es que carezcan de una estética agradable, sino que me sorprende realmente que alguien pueda considerarlas arte. Posteriormente daré el ejemplo más claro con el que me he encontrado hasta el momento y que espero que de una idea bastante clara de a qué me refiero.
He mencionado al comienzo las dos razones que impulsan a la mayoría de las personas a interesarse por esta forma de expresión -puesto que ha quedado clara cual es mi posición, intentaré evitar utilizar el término Arte en lo sucesivo-, y aunque por lo general el deseo de ser 'moderno' ha de incluir ya de por si un cierto grado de estupidez, en muchos casos no es difícil distinguir cuál de ambas es la principal razón que mueve a unos y a otros a defender esta 'nueva' forma de expresión. Y resalto la palabra 'nueva' no por capricho, sino porque considero que lo único que tiene de nueva es que ahora esa forma de expresión se encuentra en museos y colecciones privadas, mientras que hasta ahora no salía del ámbito de los dibujos infantiles.
Como ya he dicho, la primera razón que puede llevar a una persona a admirar -cosa que yo en mi ignorancia soy completamente incapaz de hacer- este tipo de arte es la estupidez, que aunque no es lo mismo que la falta de criterio, es el fundamento de esta total carencia de opinión. Esto engloba a todas aquellas personas que, careciendo de ideas y opiniones propias, son suficientemente estúpidos para creer aquello que les dicen los autoproclamados expertos del arte, que son los que les dictan, en voz alta y clara, y con numerosas pausas para no agotar a su numerosa clientela, que es aquello por lo que merece la pena perder el tiempo, y aquello que no es valedor de su precioso tiempo, y no son capaces ni siquiera de dudar por un momento de la validez de dichas opiniones. Desgraciadamente, sería muy optimista si pensase que dichas personas actúan de esta forma únicamente en temas concernientes al arte, por lo que no es muy justo criticarlas en función de sus creencias -que en muchos casos casi adquieren la categoría de fe- estéticas. Por tanto, y como no pretendo llevar a cabo un estudio profundo de la naturaleza de estas personas, me conformaré con lo que he mostrado hasta el momento.
Como parece que esta nueva forma de expresión tiene el beneplácito de tales pastores, sumado a la creencia popular de que todo lo moderno es bueno (¡qué bueno, qué útil es el progreso!), y a la protección hacia cualquier cosa que pueda llamarse arte y que según algunos, está representado tanto por el David de Michelangelo como por la imagen de un estercolero, son muchos los que, proclamando las maravillas de las líneas rectas, la perfección de las figuras geométricas, o la simplicidad de los brochazos, no dudan en no solo compararlas con las pinceladas de Velázquez o el cincelado de Michelangelo sino que osan, en su ignorancia, y empuñando de esa poderosa arma que es la imaginación, afirmar la superioridad de los primeros sobre los segundos.
En relación a la imaginación, hace algún tiempo conocí la noticia de una exposición de arte, si es que puede concedersele esa categoría, recientemente inagurada en algún lugar de Gran Bretaña. Su tremenda originalidad consistía en la absoluta ausencia de cuadros, esculturas o cualquier objeto que pudiese ser susceptible de ser observado y quien sabe, quizá admirado. Es decir, que en su lugar no había nada, si acaso pequeñas hojas de cuaderno de colegio donde se le indicaba al visitante, con frases escritas a mano y con bolígrafo, que buscase las obras de arte en su propia cabeza. Y aunque este sea un caso radical, llevado al extremo, representa, en gran manera, lo que se le propone al observador de este tipo de arte. Porque, si en algo se diferencia el arte de Boticelli del de cualquier artista moderno, es en el uso, o más bien abuso, de la imaginación.
Pero no os confundais, como sucede con algunos necios, que la equivocan a ésta con la inspiración de sentimientos o reflexión. Piensan que cuatro triángulos, combinados entre si de forma que al artista mejor le parece -si es que, me pregunto a veces, se toma la molestia de combinarlos intencionadamente, y no los dispone de la forma que primero le viene a la cabeza- inspiran en la persona más sensaciones que el colorido de un cuadro de Manet. Sí es cierto, o así me lo parece, que requieren mas esfuerzo de imaginación, y es que los artistas de dichas obras parecen haber caído en la pereza y el egoísmo, evitando la responsabilidad de crear el arte al que tanto aspiran y que tanto bocean a los cuatro vientos, y pasándole esa carga al propio observador, esperan impacientes que sea este último el que lo cree allí donde no hay, reclamándolo como propio -y los méritos que le acompañan, sobre todo- una vez ha sido creado, o al menos imaginado.
Sin embargo, por muy genial que sea la imaginación, ésta no deja de ser más que eso, que viene como se va, llevándose consigo todo lo que creó. Porque mientras todo lo que se ha creado con la mente desaparece en tan solo un instante, sólo es necesario un giro de la cabeza para admirar de nuevo los amarillos de Van Gogh o los retratos de Matisse. Alguien me podrá atribuir a mi ahora las acusaciones de vagancia hechas anteriormente, sin embargo, yo reclamo mi derecho a poder ignorar a mi imaginación, y a dedicarme a la mera contemplación de la obra tal y como fue creada, porque al fin y al cabo eso es todo (y vaya si es suficiente) lo que obtendré. En otras palabras, rechazo de pleno tener que realizar ese esfuerzo extra, ese imaginar la obra que el autor ideó y quizá -quién sabe- no pudo o no quiso realizar, ese darle al autor méritos que no le corresponden.
Y no puedo evitar verme -y afortunadamente creo que no soy el único- riendo y gritando a voz viva "¡pero si está desnudo!", mientras la gente, asombrada, y por miedo a ser tomada por ignorante, exclama, "¡que bellas son las ropas de nuestro rey!". Ignoro si, al igual que los sastres del cuento, los 'nuevos artistas' saben que el pobre monarca va realmente desnudo, o piensan, en la soberbia y ceguera de su nuevo arte, que las ropas invisibles que lo visten son en verdad preciosas.
Se me ocurre que, por qué no, que quizá sea esta mezcla de asombro e indignación todo lo que buscan con los triángulos, los cuadrados, los péndulos o las líneas cruzadas. Pero también se me ocurre que si ésa era la intención, el Arte no se merece que lo traten así.
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Y en un pequeño apéndice escrito apenas hace unos minutos, a diferencia de lo anterior escrito hace muchos meses, me parece que, si la idea es expresar la angustia, el dolor y denunciar la alienación humana, algo de lo que por cierto ya ha dicho mucho y continúa haciéndolo, alto y claro, la Filosofía, deberían estos pretendidos artistas subirse al carro de la jornada de cuarenta, cincuenta o sesenta horas semanales con apenas un mes de vacaciones, o quizá mejor pasar unos días en la misería de África. Porque no es necesario que nadie venga a decirnos cómo se siente la amargura o la prisión existencial. La mayoría de nosotros no sólo lo sabemos, sino que estamos realmente hartos de no poder experimentar otra cosa.
Oiga, no me diga lo que yo ya sé y estoy cansado de saber, que lo tengo muy claro. Diga algo que me haga feliz, me llene de esperanza o despierte en mi una sonrisa. Y si no es capaz de hacerlo, cierre para siempre la boca y déjeme en paz.

Me miro a mi mismo y no se lo que veo. Y eso mismo me hace saber que estoy ahí. Porque detrás de esta duda, de esta agonía, de esta desesperación, del no poder hacer y sobre todo del no poder saber, hay algo más que alguna vez he llegado a sentir. He mirado dentro de mi, y me he visto grande y poderoso, como una montaña que se rie del infinito.
Me he sentido así otras veces, pero no las recuerdo.
He mirado a mi corazón y lo he encontrado siempre ahí, a veces grande y poderoso, a veces pequeño y débil.
Sólo se que me miro a mi mismo y no se lo que veo.
Y me gusta no saber lo que veo porque eso me mantiene vivo.

a) La gente no me vota, pero me da igual. Me voto yo, que me quiero mucho.
b) Y la gente no me escribe, pero me da igual. Escribo yo, que me quiero mucho.
c) Cuanto cambio, hay que ver. Y siempre en los momentos más oportunos. Murphy y la madre que lo parió.
d) Si pudiera, hablaría. Parco en palabras pero no en pensamientos.
e) Mi vida es un grupo de incógnitas sin suficientes ecuaciones.
Bona nit.

Mientras venía hacia casa esta noche, he encontrado de súbito explicación para todos esos crímenes y actos que aparecen en portada (no hablo de maltratos a mujeres) de las páginas de sucesos de los periódicos. Los protas de la historia son dos gilipollas dentro de un BMW y un Focus respectivamente, hablando a dos metros de distancia uno del otro, y a 15 km/h en medio de una rotonda que suele cogerse en torno a los 50 km/h. Como si estuviesen solos en medio del universo. Siento llamarlos así (gilipollas, por si falla la memoria), pero no se me ocurre nada más descriptivo.
Si a eso le añades un día de una tensión excesiva, un cansancio físico y anímico, y mucha mucha predisposición al conflicto, el resultado es que acabas pensando qué parte de su cuerpo tendrá que radiografiarse primero si le embistes a 60 km/h por detrás. ¿Una diferencia de 45 km/h será suficiente para una fractura cervical? Gilipollas hay muchos. ¿Qué más da uno más uno menos?
Afortunadamente para mi, para mi coche, para mi cuenta bancaria y sobre todo, para él, soy una persona con sentido común. Ni conduzco a 15 km/h como si estuviese en el garaje de mi casa ni voy metiéndome ostias porque sí.
La moraleja de esto es sencilla. Coge a alguien, estiralo mucho mucho mucho, ténsalo tanto que esté a punto de romperse, y sigue estirando. Lo que resulte de eso puede ser cualquier cosa, y el resto de las personas "normales" se echarán las manos a la cabeza sin entender cómo aquello pudo ser posible. Estoy seguro que muchas de esas historias de sucesos tienen una justificación injustificable de este tipo.
(Aviso: esto no es una aproximación a mi estado de ánimo actual, es simplemente un pensamiento transitorio igual que muchos otros. Que nadie se me asuste, por favor.)


Bien, parece que hoy la tensión de ayer ha disminuido de forma radical. Y para aliviarme un poco, me he comprado lo siguiente ("lo siguiente" equivale a esas cuatro camisetas representadas por esas cuatro fotos). Un poco culpable me siento, cuando pienso en mi piso, en mi hipoteca, en mis treinta años (de relación con mi banco), en las reformas, en... ay dios. Bueno, el caso es que me he permitido un pequeño gran capricho. Además, hace tiempo que no me compraba ninguna camiseta, y siempre han sido mi debilidad.
Son de LaFraise. Además el tipo tiene un sistema bastante bien montado. La idea es que cualquier persona pueda hacer un diseño y enviarlo. Si este pasa la criba inicial (que imagino que será mínima), entra en un sistema de votaciones. Si supera los 450 votos en nosecuantos días, digamos que pasa a la siguiente ronda, y en función de los votos finales y la reacción de la gente (comentarios, p.ej.), decide hacer camisetas con el diseño. El autor cobra 300 euros por ceder los derechos de reproducción y bueno, ese es el final de la historia: mi cuenta corriente.

Por último, sólo una cosa. A todos aquellos y aquellas a los que aparentemente ignoro por la noche en el MSN, o a aquellos con los que después de hablar de manera asidua en las últimas semanas, casi he perdido el contacto. No ignoro a nadie. Simplemente a) estoy cansado, b) estoy de exámenes y c) tengo muchas cosas que escribir, por lo que d) no tengo tiempo. Que nadie busque errores de lógica inductiva en ese razonamiento, que los hay. Puesto que a) depende en gran manera de b), presumo que cuando b) llegue a su término, feliz o no, a) ya no será verdad y d) tampoco. Entonces tendré tiempo. Y eso pasará en julio.
(PS: Me las habría comprado todas, pero no sólo en política los recursos son limitados...)

Odio esto de escribir con el estrés de la cuenta atrás hacia medianoche. Y no es que me vaya a convertir en hombre lobo ni nada semejante. O al menos, hasta ahora no; quién sabe qué puede pasar esta noche. El caso es que tengo 25 minutos para escribir algo decente y que resulte medianamente interesante. El primer requisito es de mi control de calidad personal. El segundo es una clara evidencia de que tengo en cuenta a mis lectores.
Podría escribir simplemente sobre eso, pero no sé hasta que punto sería capaz de alargarlo y qué tal resultaría. Últimamente me estoy dando cuenta de que soy capaz de escribir prácticamente de cualquier cosa, incluyendo el concepto "hablar de nada en particular" en esa sentencia. Es decir, que puedo, como estoy haciendo ahora, darle vueltas a una idea -la de que tengo que escribir algo, por ejemplo- sin contenido y llevar ese pensamiento hasta ser un argumento en sí mismo. Simplemente he de refugiarme en la facilidad de expresión que tengo (que la tengo), y escribir escribir y escribir. Con eso es suficiente; una palabra detrás de otra, una frase detrás de otra, un párrafo detrás de otro. Tal y como estoy haciendo ahora. Justo así. Dos párrafos y nada. Simple retórica, recursos lingüisticos y poco más, aunque eso no implica nada de por sí; no es bueno ni malo. La escritura es expresión. No siempre ha de tener contenida una idea, y no la tiene la más de las veces. Y esta es, en definitiva, esa idea que parecía no existir y que se gestaba en todas esas frases sin finalidad expresa. La verdad es que siempre aparece. A lo mejor por eso me resulta tan divertido esto.
Aunque tengo la duda de hasta que punto este tipo de escritura estilo "The Doors" (ya explicaré eso en otra ocasión, para quien no vea la relación) puede resultar interesante. Me temo que no poco, sino nada interesante. Quizá no sea interesante por lo mismo que mi madre dice que no ganaré la votación -yo creo que hay otras razones de mayor peso, pero esa no deja de ser una buena razón- de 20minutos.es: porque mi blog carece de morbo. Morbo en el sentido de Pepe se acuesta con Pepa, Pepa le pone los cuernos con Julia y Pepe se lia con Julia. Morbo en el sentido de Gran Hermano. Y no le falta razón, pero, ¿quién coño (si, otro taco más) necesita una vida vulgar y chavacana teniendo una vida normal y no carente de interés?
(23:56h ¡Prueba superada!)

Sonreir es una de las pocas cosas gratis en la vida, aprovéchala. Recuerda, estar seria/o no te hace parecer más interesante, sólo te hace parecer más aburrido.
Así que ya sabes, ¡SONRÍE!

Esta tarde, después del trabajo, quizá debería haber estado estudiando. Quizá leyendo o escribiendo algo. Quizá tomando un café o una cerveza con alguien; o yendo al cine, hace tiempo que no voy. O quizá durmiendo un par de horas para estar más fresco a la hora de estudiar esta noche. Pero como es obvio, no he hecho nada de eso. Me he ido y me he comprado esto. Y esta vez ni siquiera me siento culpable.


Buenas. Esto va a ser breve, creo, pero mucho me temo que eso no significa que vaya a ser intenso. Ni siquiera que vaya a ser bueno; ni siquiera una sola vez (por aquello de lo bueno si breve...). Podría comentar varias cosas que tengo apuntadas en tickets de mercadona, recibos de cajeros 4B, entradas de cine, o apuntes de Filosofía de la Historia, pero con el estrés y el tiempo que tengo, sólo me saldría liberalismo político, republicanismo, sociedad civil, ética discursiva y cosas así, que no estoy muy seguro que a alguien entre el público le vaya a interesar. Y además, a mi tampoco es algo de lo que me apetezca hablar.
Cosas: i) He recibido las camisetas. Las cuatro. Super chulas super guays y super la leche. ii) Las chanclas (esto no son chanclas (TM)) me están haciendo unas heridas bastante dolorosas en los dedos de los pies, pero aguanto estoicamente y las llevo puestas. Cantarinas y un poco fashion, eso sí, pero me encantan. A ver si mando fotos de i) e ii) en acción. Me mola esto de la enumeración.
He descubierto con sorpresa varios comentarios que no pertenecen a ningún familiar mio. Sorprendente, de verdad. Incluso una chica llamada Eva afirma que soy el mejor. Una obvia exageración, pero con esa opinión -pareado-, no me queda más remedio que a) pensar que es un familiar mio o b) pedirle el número de teléfono. No me dicen eso todos los días.
Para acabar, hoy he tenido mi primer encontronazo con alguien de la biblioteca por okupar un sitio que llevaba reservado cuatro horas. Cuatro, con todas las letras. En la sala 6 de la biblioteca de Humanidades de la Universitat de València. A las cinco de la tarde. Si no hubiera empezado por "Perdona, ese es mi sitio, vas a tener que buscarte otro sitio...", todo podía haber ido de manera más suave. Pero así, lo único que ha conseguido es I) ponerme de mala ostia, II) ponerse de mala ostia, III) tener que buscarse otro sitio y IV) obtener como únicas respuestas mías "Ese no es mi problema", "Me parece que te equivocas" y "Va a ser que no". Reconozco que me ha puesto algo cardíaco, pero bueno. Que le den morcilla. Mañana pienso hacer lo mismo. Espekuladores de mierda.
Y para no tener tiempo de decir nada, ya he dicho bastante.
(Eva, ¿el mejor? ¿no estás exagerando un poquitín? aunque sólo un poquitín...)
(No tengo tiempo para pensar / No tengo tiempo de programar / No tengo tiempo para escapar / No tengo tiempo de terminar / No tengo tiempo para saber / No tengo tiempo para romper / No tengo tiempo para volver / No tengo tiempo para entender / Con los dedos de una mano / con los dedos de una mano / voy contando los minutos / voy contando los segundos - Azul y Negro, "No tengo tiempo")

Esto tiene que ser, por necesidad, breve. Breve y carente de contenido. Es decir, no sustancial, formal o procedimental, desde un punto de vista cercano a la filosofía política. Breve porque me esperan para poner la mesa, y carente de contenido porque tengo un dolor de cabeza tal que creo que ésta se está acercando peligrosamente al punto de explosión. O implosión, que es una palabra que siempre me ha gustado más. En cualquier caso, el resultado es el mismo: Manolo (es decir, el autor de esto, i.e. SebastianDell) se queda sin cabeza.
Y como es algo que quiero evitar, me detengo aquí sin posibilidades de continuidad hasta mañana al menos.
(Y con toda posibilidad, más que mañana, pasado)

Después de un par de días sin presencia en Internet por problemas de infraestructura, y otros tantos por falta de ganas e ideas, ya estoy aquí de nuevo sin un ápice de ingenio. Eso significa, entre otras cosas, que toca comentario intrascendente, porque voy corto de tiempo y neuronas.
Después de una semana de vacaciones, hot es lunes y me siento casi como si no me hubiera ido. Remarcar ese casi. Aparte del sábado y domingo, y parte del viernes, me pasé una media de 10 horas diarias estudiando Filosofía Política, i.e. Rawls, Habermas, Nietzsche y Cortina. Desde el liberalismo político rawlsiano a la ética discursiva habermasiana, pasando por el nihilismo transvalorativo nitzscheano. No conozco aún el resultado, pero puede decirse que tengo una ligera seguridad de que será razonablemente bueno, si me puedo fiar de mi intuición.
Lo cierto es que siempre he confiado mucho en cómo mi cabeza funciona en el momento del examen, aunque imagino que no es algo por lo que me deba sentir especial. Básicamente, todo se basa en que no importa cuál es mi percepción consciente de mi nivel de conocimiento de la materia antes del examen. Sea como sea, una vez puesto delante del papel, y pasados 15 minutos de reorganización mental, las ideas se abren paso por mi cabeza hasta él. Hasta hace algún tiempo, eso siempre había dado resultado, pero quizá por falta de confianza en ese mecanismo, últimamente no sólo no estaba dejando pasar (bueno, "dejar pasar" suena demasiado pasivo para lo que en realidad se hace) ese necesario prólogo, sino que ni siquiera llegaba a entrar al examen por miedo al fracaso. Imagino que todo eso es, en parte, gracias a mi parcialmente estúpida manía de mantener una media de carrera alta, que hay que reconocer que me está costando más esfuerzos de los necesarios, por no hablar de la parte económica.
Supongo que podría haber hablado de mi opinión sobre las fotos que retratando la miseria humana del Tercer Mundo ganan premios, o sobre cómo acabé bañándome en calzoncillos en la Noche de San Juan (hay documento gráfico, pero por fortuna, no es público). O mi opinión de porqué las empresas que dejan propaganda en los coches deberían pagar un plus de recogida de basuras.
Pero en definitiva, no me ha salido nada de eso. Sólo un aburrido comentario sobre cómo funciona mi cabeza en momentos de tensión intelectual, a propósito del examen del pasado jueves; qué aburrimiento, qué tedio, qué absurdo. Y qué narcisista.
Típico, podría decirse.

Hoy, comentario pegagógico. Y es que el mundo está lleno de ignorantes.
Me ha llegado hace un momento un correo de esos que te piden que, para que Hotmail no te borre la cuenta de correo, reenvies ese correo a 10 personas. Pues bien, esos correos, al igual que los que dicen que 'por cada correo que envies, habrá una lata de alubias congeladas para los pobres del Ártico', son falsos.
Su única finalidad es jodernos un poquito a todos (¿no sabrá Hotmail -Microsoft- cuando entras en sus sistemas a leer el correo o qué?). Lo mismo que los correos basura, pero sin ofrecerte conocer universitarias calientes o hacerte multimillonario en pocos minutos. Y nos joden un poquito por la sencilla razón de que esos correos son dinero, porque a) el ancho de banda vale dinero, b) los sistemas informaticos valen dinero y sobre todo, c) nuestro tiempo vale dinero. O al menos el mio. No suelo ser tan mercantilista, pero sé que aquellos que conectan por módem me entienden mejor que nadie.
Si quieres ayudar, ve y dona sangre. Colabora con ONGs. Haz compañia a ancianos que no tienen a nadie o hazte socio de Amnistia Internacional. Hay muchas maneras de ayudar y esa no es una de ellas. Ahórranos dinero, ahórrate dinero, y bórralos. No reenvies ni uno. Y no lo dudes ni un segundo.

Adelanté ayer que podía hablar de esto, y aquí estoy. Hace unos días, mirando por algunos blogs populares, encontré esta foto en este. Me sorprende, todo sea dicho, que este blog sea tan popular. Y no es que tenga nada contra él.
De hecho, no sólo este, sino la mayoría de los blogs más votados del concurso 20minutos, sin querer entrar en polémica, cosa que por otra parte me importa un carajo, son simples. No les encuentro absolutamente nada -hay excepciones, claro está- que pueda generar tal cantidad de votos. Este me parece mucho más interesante.
Supongo que es un tema delicado, ese del gusto de las mayorías. No es políticamente correcto preguntarse porqué la mayoría de la gente prefiere El Código Da Vinci a Madame Bovary, o que la mayoría no han oido hablar de Charles Baudelaire o Walt Whitman. Saben quién es Bécquer, pero ignoran quién fue Hölderlin, tremendamente superior como poeta. Aunque claro, Crónicas Marcianas estuvo mucho tiempo como líder de audiencia... y es que no está hecha la miel para la boca del asno. Me encantan estos ramalazos de orgullo intelectual. Sí, un tema polémico, este de las mayorías. Bueno, a lo que iba, que ya he generado bastante discordia.
El caso es que, fiándome del mencionado blog, la foto ganó al parecer el XVII Certamen de Fotografía de Prensa Española de la Fundación La Caixa, FotoPres'05, después de ganar el World Press Photo, y retrata el naufragio de una patera el año pasado en Fuerteventura. Sí, la foto es genial, impactante, sobrecogedora. Pero hay algo sucio en esto de dar premios a fotos que se nutren de las miserias humanas, y más cuando son las miserías de los "otros". Siempre me parecen un "aquí nosotros" y "allí ellos". Algo ciertamente asqueroso. Algo de algún modo inmoral.
Imagínate en las oscuras aguas del Atlántico una noche cualquiera. A ti y a tu familia, extenuados en medio de billones de litros de agua y luchando por sobrevivir; por no morir. Porque tu intento de salir de la miseria no acabe contigo en el fondo del océano. Y mientras intentas asirte a esa lancha que es tu única alternativa, alguien con una cámara, retratando cómo la gacela consigue huir por centímetros de las garras del león. Tú eres esa gacela y el león es el mar. Señores, sadismo del mejor en estado puro.
Las imágenes de los muertos del 11-M se censuraron. ¿Habríamos hecho lo mismo si hubieran sido nigerianos, marroquíes o senegaleses? La respuesta es retórica, por supuesto. Porque muertos africanos los vemos en televisión todos los días.
Y nadie protesta.

Érase una vez un niño que iba a la escuela. He aquí que el niño trabajaba, y por ello, no le era posible asistir a clase. Había en concreto una asignatura, cuyo nombre no nos interesa, que tenía como método de evaluación la confección de un trabajo de la materia impartida en clase. Pero como decimos, nuestro niño no podía coger apuntes, ya que durante las clases, se dedicaba a levantar este santo país con el sudor de su frente.
Es por ello que nuestro amigo pidió, llegado el final del curso, los apuntes a partir de los cuales elaborar el trabajo. Pero vió que a causa de que se había relajado (no es necesario aclarar que nuestro niño, como cualquier niño, tiene vida social, tiene aficiones, tiene ganas de salir y tiene otras ocupaciones aparte de estudiar y trabajar. Ya, pero estudia porque quiere, nadie le obliga, pensaréis correctamente. Es cierto, aunque no pretendía ponerlo como excusa y nuestro niño tampoco lo hace), trabajo y resto de exámenes previos, le iba a resultar difícil realizar un trabajo que estuviera a la altura de sus posibilidades. Difícil aunque no imposible, me gustaría añadir.
Y es por ello que le envió un correo al responsable de esa asignatura, para pedir una pequeña prórroga de un fin de semana. Pero cometió el error de mencionar su situación laboral, cosa que, amiguitos, puedo prometeros, no hizo para justificar su petición, sino para proporcionar algo de información sobre quién era. Mal hecho, pensaréis. Pues sí, mal hecho, porque nuestro querido profesor pensó inmediatamente que ese dato venía proporcionado como razón de ser de su ruego, por lo que no sólo la denegó, sino que expresó la opinión que le merecía utilizar aquello como excusa.
A nuestro amigo aquello no le molestó. Más bien al contrario, pensó que era normal y justo con el resto de sus compañeros. Así que, en un acto de cordialidad y sinceridad, le volvió a contestar, exponiéndole su conformidad con la corrección de la decisión adoptada e intentando explicar el malentendido. Todo habría quedado ahí si el niño no hubiera tenido que llamarle para preguntar cuando sería el examen oral del trabajo presentado, decidido ya a entregarlo fuese como fuese. Así pues, le llamó, y tras recordarle quién era, obtuvo un seco Sí, ya sé quién eres. ¿Qué quieres?, en un tono que a nuestro amigo no le gustó nada, interpretando inmediatamente que el profesor había pensado que el motivo de aquella llamada era realizar la misma petición de nuevo vía telefónica.
Pero aún así, aquello no le justificaba. Y pensó que, después de todo, hay mucha gente por el mundo que debería pensar un poco antes de abrir la boca.
(Epílogo: El niño decidió que, a pesar de todo, dicha persona se merecía el beneficio de la duda y que quizá, aunque quizá no, aquello había sido simplemente una impresión personal equivocada.)

Anoche, cuando pasaban cuarenta minutos de la medianoche, y desde la sala seis de la Biblioteca de Humanidades, decidí renunciar a la asignatura que aún me queda. Y es que mis estimaciones temporales más optimistas empezaban a no cuadrar con la fecha de entrega del trabajo: mañana. O a lo mejor es que me estoy haciendo vago, pero no, creo que eso ya lo era antes. La verdad es que a estas alturas de mi vida y del verano, me apetece más bien poco -nada- quedarme un jueves hasta las tres o las cuatro haciendo un trabajo de filosofía moral.
Bueno, esto tiene varias consecuencias. Primera, y la más inmediata, que llegando anoche a la una y cinco a casa a falta de cenar y ducharme, tengo un sueño que me caigo. Segunda, que a falta de la segunda parte, a jugar en septiembre, tras el suspenso (4) de Filosofía de la Historia y a la espera de la nota de Política, voy perdiendo uno cero. Tercera, que ya tengo una asignatura más a matricular el año que viene, dependiendo ésto no obstante de que sea impartida por el mismo profesor. Cuarta, que ya puedo y debería empezar a prepararme para septiembre. Y quinta y última pero no por ello menos importante, que esta noche y mañana puedo irme de cena y de fiesta sin remordimientos de conciencia.
Remordimientos que por cierto, no tengo en absoluto. ¿Se estará diluyendo mi concepción de la responsabilidad y el deber?
(Ay, ¡que poca creatividad!)


