Querido diario,
Hace unos cuantos días que no me pasaba por aquí, por cuestiones de trabajo y falta de tiempo. Entre trabajar, la piscina, ocio personal variado (poco) y comprar algo en las rebajas, confieso que no me queda demasiado tiempo libre para pasarme a dejar unas palabras. Algo saco, sin embargo, como puedes ver. Como es evidente por lo dicho, continúo con el firme propósito de convertirme en el próximo Johnny Weissmuller, si no Mark Spitz; sé que queda lejos, pero como dice el anuncio, Impossible is Nothing. Cincuenta piscinas tres o cuatro veces por semana es el objetivo por ahora, en mi opinión más que suficiente de momento; como era de esperar y gracias a Dios ya no me duele la espalda, aunque sigo sudando como vayan ustedes a saber qué animal, puesto que como un cerdo no puede ser (gracias, Agus :^). No, no jadeo, por si alguien tiene curiosidad. En definitiva, que estoy empezando a sentirme algo en forma, y he perdido algo de peso; poco, pero menos es nada y tampoco es que me sobren quince kilos.
Dicen las estadísticas que en estas rebajas cada españolito de a pie se gastará una media de casi cien (100) euros. Yo llevo ya cuatrocientos (400), entre dos trajes de Pedro del Hierro, unas corbatas, unas camisas y un cinturón, así que siguiendo la regla estadística correspondiente, tres personas de este país no se gastarán ni un duro; no les va mal, tal y como están las cosas; además, eso viene a ser lo que habitualmente gastaba yo en rebajas, por lo que lo único que he hecho es compensar mi saldo histórico. Parece mentira, pero tengo ganas de estrenar la ropa nueva; quién me iba a decir a mí, hace tres o cuatro años, que me haría ilusión estrenar un traje una camisa o una corbata. Creo que de momento esa será toda mi aportación al gasto común, al menos en relación con, llamémoslo así, el uniforme de trabajo. Es posible que caiga alguna cosilla adicional, pero serán zapatillas o algo más relacionado con mi tiempo libre y mi "estilo" indumentario. Hay una gorra que me gusta, pero lo admito, no me siento tan guay, y no me veo con ella; no es que no tenga edad, es que no tengo ni un Mini ni un Golf. Y disculpen mis prejuicios, pero nunca dije que no tuviese.
Estoy pensando en elaborar una serie de entradas de coches estéticamente feos, o peor. Quizá alguno de mis lectores posea uno de ellos, pero como todo el mundo sabe, no se puede contentar siempre a todo el mundo. Se me ocurren sin pensarlo demasiado cuatro o cinco modelos, aunque seguro que alguno más surge. Aparte de eso, no tengo demasiadas ideas en relación con el blog, como es evidente por la periodicidad de publicación; estoy pensando en recuperar algunos de los textos antiguos que más me gustan, y que gran parte de mis lectores seguramente no hayan leído. Quizá parezca que es una medida "de relleno", pero creo que puede funcionar y a algunas personas les gustará; sería como reponer una vieja serie de televisión.
Y hablando de series, hemos consumido ya la tercera temporada de la genial The Office, aunque la cuarta ya está en emisión al otro lado del charco, pero en inglis; no es que los subtítulos me cansen, ya que casi podría verla sin subtitular no así la versión de la BBC, pero puedo esperar, seguro. La otra gran estrella del "canal DVD", o "canal portátil" si quieren, Anatomía de Gray, tampoco tiene una cadencia suficiente para colmar la parrilla televisiva semanal, por lo que voy a intentar implantar el día de The Wire, el día de Los Soprano y quizá hasta el día de Roma; tengo no poca resistencia ajena, pero con un poco de esfuerzo quizá lo consiga. Es cierto que llegando a casa a las nueve y pico, no te sientas en el sofá antes de las diez y media, y a esas horas con que estés un poco cansado, no apetece demasiado prestar atención a la caja tonta, así que presumo que la programación anunciada se cumplirá únicamente en parte.
Hay más cosas, pero tengo que irme. Me disculparás las faltas y fallos que pueda contener el texto, pero hoy no tengo tiempo para releerlo en profundidad, así que esto es lo que hay. Sólo esto.
Hasta luego, querido diario.

Querido diario,
Mi hermana partió el sábado por la noche hacia Limerick, Irlanda, en lo que se supone que es un viaje subvencionado para aprender inglés. Claro que teniendo en cuenta que se ha ido con una de sus mejores amigas, es muy posible que su vocabulario no se incremente sustancialmente durante las tres semanas de estancia; tampoco creo, en mi ignorancia, que Irlanda sea el mejor lugar del mundo para aprender el idioma anglosajón, por aquello del acento (tuve un compañero irlandés en Atlanta al que no entendían ni los propios americanos), pero esa es otra historia. Su viaje empezaba cogiendo un autobús de línea de la compañía ALSA, que les llevaría de Valencia a Barcelona, donde tenían que coger otro hasta Girona, uno de los primeros aeropuertos de Ryanair, y allí finalmente el vuelo hacia el norte. Hasta aquí, todo parece muy normal.
El problema es que el conductor de la línea Valencia - Barcelona no conocía el camino, y se perdió. Se pasó la salida y se puso a preguntar a los clientes si alguno sabía ir a Barcelona. Sí. Como se lo cuento. Así que entre unas cosas y otras, entre llamadas a unos y a otros, me pierdo, no me pierdo, es por aquí, no es por aquí, el autobús pasaba por Castellón cerca de las cuatro de la mañana; es decir, que le costó tres horas y media hacer un trayecto de 70 km. Como era de esperar, tampoco conocía Barcelona. Se equivocó de entrada y se la cruzó de punta a punta, con lo que un viaje que tenía que durar unas cuatro horas se alargó más de siete horas, con lo que llegaron al bus de Girona y al avión casi de milagro. Pero llegaron. Ya sé que parece increíble que un conductor de una línea regular de dos grandes capitales como Valencia y Barcelona no conozca el camino, pero les juro que es verdad.
Es posible que si mañana tengo tiempo, me acerque a rellenar una hoja de reclamaciones. Ya veremos. Y aunque tenía alguna otra cosa apuntada, si les parece lo dejaremos aquí, que en esta silla estoy sudando como vayan ustedes a saber qué, y además es hora de cenar. Bueno, quizá sea algo tarde para eso, pero tendré que comer algo.
Si puedo, mañana más.
Bona nit, querido diario.

(Este texto se publicó originalmente el 29 de enero de 2007, y es uno de los cuentos que contiene el libro de relatos No me cuentes historias. Tendrán que perdonarme, pero estos días no dispongo de demasiado tiempo. Quizá más tarde.)
«No hay datos exactos que indiquen en qué momento decidió Martin Contradict fundar Los Contradicistas (confundidos habitualmente con Los Contradiccionistas, de mucha menor importancia), ni incluso si lo hizo, pero se rumorea que fue allá por el siglo XIV tras una acalorada discusión con un vecino, después de que éste se mostrase, sin razón alguna, radicalmente opuesto a que Martin cultivase hortalizas en su propia parcela, en lugar de la tradicional plantación de cereales. Tras aquel incidente, Martin se dedicó de manera sistemática a oponerse a todo aquello que le era posible, lógica o ilógicamente. Aunque como es obvio, jamás admitió estar en desacuerdo con nadie.
Nada más se sabe del surgimiento de esta peculiar organización, pero su historia se difumina a lo largo de los siglos, sin que existan datos fiables sobre ella. [...] Al parecer, a través del boca a boca la organización fue creciendo, lo que le dió una nueva magnitud al concepto de negación. No sólo estaban en desacuerdo con cualquier cosa y persona, con la que podían discutir durante días, sino que incluso estaban en contra entre ellos mismos, en contra de la propia organización, en contra de sus propias opiniones y en contra de su propia existencia lo que daba lugar a tremendas contradicciones que resolvían simplemente negando que tal contradicción existiese. [...] Su radical oposición a todo les llevó al borde de la extinción cuando en el siglo XVII, una parte importante de sus miembros muriese de hambre, al mostrarse en desacuerdo con la idea de que comer era necesario. Este punto marcó un punto de inflexión en la radicalidad del grupo, que unificó su opinión disminuyendo de este modo el nivel de agresividad intelectual interno.
Aunque tras aquello hubo varias escisiones de importancia variable -los Masones es quizá la de mayor reconocimiento-, la organización ganó en fortaleza y coherencia interna, aunque nunca lo admitió ni pública ni privadamente. A pesar de que hay muchos estudios que los citan como fuentes de importantes aportaciones en las más variadas disciplinas (La Tierra no es plana), otros muchos dudan de que sus contribuciones se derivasen de algo más que la negación en sí misma (La Tierra no es redonda). [...] Sí que es cierto que esta oposición por sistema condujo al cuestionamiento de muchos conceptos incorrectos (véase para más detalles la Duda Metódica, de René Descartes, principal impulsor de la facción moderada), y no hay muchos investigadores que les nieguen el mérito.
Tras la Primera Guerra Mundial, por diversos conflictos políticos [...], la presencia pública de la organización se reduce drásticamente, hasta llegar a su total desaparición varios años más tarde. No hay en la actualidad evidencias ni a favor ni en contra de que el grupo siga activo, pero todo apunta a que, en cada comunidad de vecinos, en cada reunión familiar, en cada clase, en cada foro de internet, silenciosamente, están ahí, extendiendo sus tentáculos, lentamente, con su sistemática oposición a todo y a todos. Después de todo, lector, quizá tú mismo seas uno de ellos. Y quizá yo mismo lo sea. Pero lo que está claro, es que ninguno de los dos jamás lo admitirá.»
Anders Stepkoein, Creadores de Poder: Los Contradicistas, Vol I. Arial Press, New York, 1963.

Querido diario,
Hoy me he levantado hecho una auténtica mierda, por decirlo pronto y claro. El pasado viernes me quedé dormido en el sofá sin camiseta, y en el tránsito a la cama me olvidé ponérmela; el ventilador enchufado toda la noche hizo el resto, y así estoy desde entonces, mucho me temo que en proceso de incubación de vayan ustedes a saber qué; y me siento como un protagonista de Alien al decir eso. Aún no tengo el "alivio sintomático" que anuncia el Frenadol, pero espero que falte poco para ello, porque tras tres cuatro cafés en tres horas sigo estando agilipollado, y lo que me queda. Y sigo teniendo calor. Me muero de calor.
En otro orden de cosas, estos días no han sido especialmente interesantes. En el ámbito público, no falta el trabajo. En el privado, en esa parte que es publicable, duermo mal, tengo calor, sudo, y ahora además toso y no me aparto de los Kleenex, "Pañuelos con loción · 4 capas · extra suaves", para ustedes. Ayer estuve viendo La Guerra de Charlie Wilson, lo que viene a ser una estupenda narración del quién y cómo dió los medios al fenómeno del terrorismo internacional de Bin Laden; les recomiendo que no se la pierdan. Como decían por ahí muy acertadamente, Cría cuervos y te sacarán los ojos.
Hace unos días salió en televisión que tres chavales, uno de los cuales se acababa de sacar el carnet, se habían matado en una curva, al parecer por un exceso de velocidad; las fotos de los fallecidos que aparecieron en televisión hablaban bastante mal de ellos, aunque esté mal juzgarlos una vez muertos. La cuestión es que todos los fines de semana hay accidentes en los que gilipollas que vuelven de fiesta borrachos, drogados y pensando que son Emerson Fittipaldi se matan contra un camión, contra un autobús, o se empotran contra un turismo que ni pincha ni corta, matando a gente que simplemente estuvo en el momento equivocado en el lugar equivocado. Por ese tipo de cosas, la muerte de este tipo de personas no me da pena; más bien al contrario, es una suerte que encontrasen antes una curva que mi coche o el de cualquier otro, y perdónenme la crudeza del argumento.
Nada más. Intento sobrevivir, pero mis dedos no responden. Ya hablaremos, y no se olviden de la película; es entretenida, informativa y les gustará.
Hasta luego, querido diario.

Querido diario,
Hola de nuevo; hoy es la segunda vez que escribo, aunque esta tarde no ha sido demasiado productiva. La somnolencia y el malestar me han hecho quedarme en casa, y aunque el pañuelo de papel y yo seguimos siendo tan íntimos como solíamos serlo años atrás, creo que me encuentro algo mejor; me sigue doliendo ligeramente la cabeza, pero menos que este mediodía y desde luego menos que esta mañana. Tampoco me encuentro tan agilipollado, y supongo que las casi tres horas de siesta han ayudado en eso. Desgraciadamente, y como era de esperar, no he disfrutado de ellas, sino que me he levantado sudando, para variar. Todavía no sé si mañana por la mañana estaré en condiciones de ir a trabajar, aunque espero poder ir por la tarde o el miércoles como muy tarde.
Como decía, no he aprovechado demasiado la tarde. En realidad, el día en su conjunto ha sido bastante estéril, excepto en su vertiente más excretiva (¿?), por decirlo de alguna forma. He estado leyendo cómo el Gobierno estadounidense nacionalizaba el quinto banco más importante del país, Indymac, y cómo parece que el "efecto subprime", si quieres llamarlo así, está muy lejos de acabarse; Fannie Mae y Freddie Mac lo saben muy bien. Por supuesto, aquí quien pierde es principalmente el ciudadano de a pie; muchos se han hecho multimillonarios con todo este montón de mierda financiera, pero de esos sólo pillarán a unos pocos. Sigamos. En la línea de lo dicho, Lehman Brothers se parece cada vez más a un cadaver y aquí al otro lado del charco, y a raíz de la situación de Fadesa-Martinsa, las promotoras siguen pidiendo ayuda, tensando la cuerda con las entidades bancarias ("No les interesa convertirse en inmobiliarias") en un tonillo más que sospechoso. Lo mejor de todo esto, si es que hay algo bueno, es que todas las predicciones y análisis que prestigiosas entidades bancarias y financieras hicieron hace tres meses ya no sirven de nada, porque son incapaces de predecir nada: no dicen absolutamente nada de lo que está pasando ahora, por lo que las cosas han cambiado tanto que tocará volverlos a hacer; esa es la razón por la que la economía, por mucho que a algunos les pese, sólo puede considerarse una "ciencia" explicativa, en la línea de la sociología o la historia, y no predictiva, como las matemáticas o la física. En otras palabras, y en lo que me toca más de cerca (seré iluso), que aunque hay estudios que dicen que el BCE podría subir otro cuartillo de punto antes de final de año, mañana Alemania se puede ir a la mierda (y nosotros con ella) y entonces quizá bajen; y eso no lo sabremos hasta mañana, por muchos índices y valores que consultemos. Seguramente eso lo podría saber alguien, pero ese alguien muy probablemente estaría aprovechando esa información para hacerse de oro y diamantes. Así de caprichosa es la economía, pero ya hablaremos de eso en otro momento.
Antes de irme, dado el espesor, me parece interesante remarcar el profundo subnormalismo de Jennifer López, también conocida como JLo, que, según dice elmundo.es: "Jennifer López insiste en vestir a sus gemelos con un nuevo diseño de ropa cada día. Con 38 años, a la estrella casada con Marc Anthnoy, no le gusta que sus hijos de cinco meses, Emme y Max, lleven la misma ropa dos veces." Lo que te decía: subnormalismo profundo, o abismal. Te dejo, pásalo bien. Yo sigo sudando, y empiezo a preguntarme si no tendré algo de fiebre, ya que me da la sensación de que calor mucha no hace... Mañana te cuento, si puedo.
Hasta luego, querido diario.

Querido diario,
Lo que hoy te voy a contar no te va a gustar. Empezaré diciendo que no me considero una persona racista, a pesar de que todas las personas que no se consideran racistas comiencen a menudo diciendo justo eso; tampoco voy no obstante a caer en la corrección política. En cualquier caso, es mi experiencia personal. Hoy he pasado aproximadamente media hora al teléfono intentando explicarle a cuatro operadores de Telefónica, uno tras otro y en llamadas independientes al 1004, que tengo puestas dos reclamaciones correspondientes a dos facturas diferentes y que quiero saber en qué estado se encuentra la primera, ya que una de ellas ya está resuelta. No consigo hacerles entender esa sencilla cuestión, ya que insisten en asociar la devolución que se ha hecho del importe de la segunda factura a la primera factura, a pesar de mis reiterados intentos de convencerles de que se equivocan y explicarles de la manera más sencilla la duda que les planteo. La cuestión, y aquí viene el meollo, es que los cuatro eran, a decir por su acento, de origen sudamericano, y ninguno de los cuatro parecía entender lo que les decía.
Estoy seguro de que hay muchos sudamericanos capaces de desempeñar correctamente el trabajo de atención al cliente de Telefónica y cualquier otro que les pongan delante, por difícil que sea, pero mi experiencia personal hasta la fecha es que de cada diez llamadas atendidas por personas de esta "nacionalidad", nueve no consiguen gestionar mi problema correctamente, y no sólo eso, sino que tampoco me dan una respuesta satisfactoria. Más bien al contrario, lo habitual es que cada uno de ellos me de una respuesta diferente a las anteriores. Y la verdad, tengo bastante trato con los servicios de atención al cliente de las grandes empresas (ONO, Telefónica, Endesa, Gas Natural, Iberdrola, etc.). No sé (ni me importa, sinceramente) si es incapacidad personal, falta de formación interna o problemas en los procedimientos internos de Telefónica, pero este tipo de problemas y falta de claridad (a veces hay dos reclamaciones, a veces una, a veces ninguna, a veces la han devuelto, a veces se reembolsa por transferencia, otras por cheque, otras por descuento en la próxima factura...) es algo que no suele producirse cuando me atiende alguien con acento español.
A pesar de que mi pareja comparte mis experiencias, y más de un compañero de trabajo, me resisto a pensar que esto es algo generalizado, aunque me ponga en guardia con sólo oir el acento. Por hoy, desisto de hacerme entender. Mañana volveré a llamar, a ver si la persona que me coge el teléfono, haya nacido donde haya nacido, es capaz de darme una respuesta coherente al problema que tengo de una puñetera vez.
Hasta luego, querido diario.

Querido diario,
Que situación tan absurda. Llego a casa y en lugar de salir a mi encuentro, Samy se decida a pedirme perdón a su manera, lo que consiste en huir de mí, tirarse en el suelo panza arriba, agachar las orejas y poner cara de "yo no he roto un plato en mi vida". Es decir, que como puede, me está diciendo: "ya sé que lo he hecho mal, pero no me riñas". Así que entro en casa, dispuesto a encontrar vete tú a saber qué destrozo, y nada. Nada de nada; todo está bien, o al menos todo lo bien que estaba cuando nos fuimos esta mañana. Pero claro, es más que evidente que ha hecho algo mal, y ella lo sabe, así que me encaro con ella, la miro con cara de mala hostia, le pego un par de gritos y me doy la vuelta, fingiendo enojo; aunque a ella no se lo parezca, es una situación bastante cómica. Y llevo diez minutos ignorándola, aunque creo que debería ya hacerle caso, porque hoy se ha pasado todo el día sola. Intuyo (es lo único que se me ocurre) que lo que ha hecho ha sido pegarse una siesta encima del sofá, lugar que tiene terminantemente prohibido, pero creo que ya es suficiente castigo...
Por cierto. He cambiado el logo, después del polémico comentario hecho ayer. Claro que eso no tiene absolutamente nada que ver, pero el anterior llevaba ya mucho tiempo y me apetecía algo más "limpio"; este es mucho más sencillo, aunque quizá se pase un poco. Como mínimo, no puede negarse que es bastante evidente, ¿no te parece?
Hasta luego, tú.

Dice mi mujer entre risas que me paso el día hablando de él. Que parece que esté enamorado, que es mi único tema de conversación, que lo tiene hasta en la sopa. Vale, el tipo me gusta, he de reconocerlo, pero por supuesto no en el sentido que ella lo dice. Es ingenioso, y parece un tío legal; está un poco loco, pero no más que el resto del mundo , y tampoco me fiaría de nadie que no lo esté al menos un poco; no deja de ser una garantía de que no se toma a sí mismo demasiado en serio, y con esa clase de personas las cosas son siempre más fáciles. Más fluidas. Así que a la hora de la comida, ya sentados a la mesa, en medio de cualquier conversación y sin previo aviso, a veces María me mira fijamente, con una mueca de seriedad, y me pregunta sarcásticamente si me voy a casar con él. Entonces yo le devuelvo la mirada, sonrío y sigo con mi comida en silencio. Quizá hoy le conteste que lo haré cuando ella deje de follárselo.


Hola, lectores.
He empezado a leer un libro sobre el problema de la reputación en Internet; sobre cómo combinar privacidad y derecho a la libre expresión. Lo encontré en el blog de Félix Haro y está resultando sumamente interesante. Por si eso no fuese bastante, está disponible en Internet gratis por la patilla, en la página personal de su autor Daniel J. Solove. Se llama The future of reputation: gossip, rumor and privacy on the internet. Debería haber empezado por el anterior, The digital person. Technology and privacy in the information age, pero el caso es que he empezado por este. El único problema es que están en inglés, pero para ustedes eso no debería ser un problema.
A lo que iba. En los capítulos introductorios, habla de los blogs, y en las páginas 20 y 21, dice:
No sé. Últimamente recibo un puñado de visitas; treinta o cuarenta, y cincuenta en días excepcionales. Algunas de ellas entran buscando la palabra 'urbason', ya que al parecer aparezco en la primera página de Google, y otras, por comentarios que hago en otros blogs. Unos y otros se largan tan pronto como entran. El resto, que son pocos pero no cobardes, asumo que entran a leer lo que escribo. Respecto al número de lectores del feed, hace tiempo que suelo estar en torno a los 75 suscriptores, o ligeramente más, dependiendo del día. En total, y teniendo en cuenta cierto solapamiento entre unos y otros, podría decir que el número teórico de lectores diarios está en torno a 50, o 60 a todo lo más. El número real y práctico que efectivamente leen lo que escribo, no tengo ni idea. Quizá 20, 30, 40. Como decía al principio, no sé.
Aunque reconozco que las últimas entradas no es que hayan sido el colmo del interés, hace mucho (con la excepción del controvertido post del otro día) que no veo un interés "real" en lo que escribo, al menos por parte de la mayoría (siempre hay excepciones, aunque algunas sean familiares), y han habido pocas fascinating discussions; siempre que las ha habido, han sido sobre política (aunque lo contrario no es cierto). Claro que después de casi cinco años está uno acostumbrado, y nada va a cambiar en este blog porque no hayan comentarios, pero considérenlo una reflexión personal; asumo, aunque estaba en la lista, que lo que escribo es poco interesante y que no despierta demasiadas inquietudes; efectivamente, a veces eso es justo lo que es este blog: una reflexión personal que no pretende despertar nada en nadie más que sólo a veces en mí. Al menos, si me sirve de consuelo, a mí me gusta, y creo que con eso vale o debería valer. Claro que siempre está la opción de cerrar la paraeta y escribir algo como mandan los cánones; ya veremos, porque no sé si podría aunque quisiese, tanto por inaptitud como por falta de motivación y voluntad.
Les dejo, que en este maldita ciudad hace un calor de narices incluso a medianoche, y encima de este portátil podría freir un huevo (pero me quedaría sin portátil, obviamente). Les recomiendo el libro que les decía. Está en inglés, pero eso no debería ser un problema.
Nota: Si ustedes no comentan, no se preocupen, que los spammers desde luego me tienen mucho afecto.


* * *
Wordle. Visto en pjorge.com. Algo con lo que perder un rato, que no te dice nada a menos que quieras que te diga algo. Ahora que lo pienso, se podría montar un teléfono de videncia con este servicio...

Si están pensando en comprarse un coche, no se compren un Renault.
Se lo repetiré, por si no les ha quedado claro.
Si están pensando en comprarse un coche, no se compren un Renault.
Se lo repetiré, por si no les ha quedado claro.
Si están pensando en comprarse un coche, no se compren un Renault.
Se lo repetiré, por si no les ha quedado claro.
Si están pensando en comprarse un coche, no se compren un Renault.
Se lo repetiré, por si no les ha quedado claro.
Si están pensando en comprarse un coche, no se compren un Renault.
Se lo repetiré, por si no les ha quedado claro.
Si están pensando en comprarse un coche, no se compren un Renault.
Se lo repetiré, por si no les ha quedado claro.
Si están pensando en comprarse un coche, no se compren un Renault.
Se lo repetiré, por si no les ha quedado claro.
Si están pensando en comprarse un coche, no se compren un Renault.
Se lo repetiré, por si no les ha quedado claro.
Si están pensando en comprarse un coche, no se compren un Renault.
Considérenlo un consejo de un amigo. Luego les cuento.

Los soportes utilizados para los compresores de sistemas de aire acondicionado del tipo que se instalan en las fachadas están habitualmente fabricados con una aleación de aluminio, acero y otros componentes adicionales, dependiendo del fabricante, que son unidos normalmente utilizando soldadura manual de arco metálico. Porcentualmente, el acero representa casi el 95% de la pieza. A principios de la década de los 90, la compañía Weeron, una de las principales empresas fabricantes a nivel mundial y suministradora en exclusiva de Fujitsu, Carrier y Mitsubishi comenzó a tener problemas económicos debido a la competencia oriental y la cancelación de varios importantes contratos públicos con la administración pública estadounidense. Las medidas que adoptó la empresa para superar la situación de crisis fueron la reducción de personal, la disminución del porcentaje de acero hasta el 70% de la pieza y su sustitución por cobre, estaño y otros compuestos más baratos, así como acelerar sensiblemente el proceso de soldadura. Este último aspecto aumentó la productividad de los operarios en un 15% aproximadamente según la información hecha pública por la empresa a principios de abril de 1994, momento en el que sus cuentas presentaban un aspecto saludable.
El 9 de agosto de 1997, en medio de una ola de calor que llevó a algunas zonas de los Estados Unidos a superar los 45 grados, un compresor de aire acondicionado de 29 kg. cayó sobre un hombre desde un cuarto piso en Phoenix, matándolo al instante. Dieciséis aparatos más cayeron al vacío durante ese día y el siguiente, matando a cinco personas e hiriendo a otras cuatro, dejando a dos de ellas en estado vegetativo. Weeron no realizó ninguna comunicación pública tras estos incidentes, pero un peritaje judicial realizado por la Universidad de Chicago, indicó que la aleación y el tipo y calidad de la soldadura detectada en los soportes defectuosos era insuficiente para sostener el peso del 10% de los compresores de mayor tamaño, y que en condiciones de calor extremo, había muchas posibilidades de que la soldadura cediese, dando lugar a los accidentes ocurridos.
La compañía se escudó en sus controles internos de calidad y las pruebas realizadas antes de la comercialización de los soportes, pero al mismo tiempo comenzó a revisar y cambiar los casi 2 millones de soportes vendidos con la nueva aleación. El coste de este proceso, unido a las demandas de sus principales clientes industriales y a la de los damnificados por los fallos de seguridad, puso a la compañía contra las cuerdas. El viernes 15 de enero de 1999 Weeron anunció la bancarrota, con una deuda contraída de más de 300 millones de dólares, una gran parte de ésta en concepto de indemnización a las víctimas, y dejando a más de 2,500 trabajadores sin empleo. El comité de dirección fue declarado culpable de negligencia criminal y atentado contra la seguridad nacional, y condenado a 45 años de cárcel. Excepto Mike Garrison, que falleció poco después del juicio de un ataque al corazón, el resto de miembros continúan hoy día entre rejas.


