(Esto, en Security Art Work. Luego, más, a lo mejor.)

He de reconocer que en esto de los datos de carácter personal, entre los que podemos incluir fotos, videos o comentarios que pueden dar información sobre ideología, tendencias sexuales o el perfil psicológico propio, Internet da un poco de respeto. Y no me refiero a aquellos casos en los que alguien se convierte, como suele decirse, sin comerlo ni beberlo, en una estrella, con todos los problemas que eso supone. Recientemente una adolescente pertiguista estadounidense -si la memoria no me falla- tuvo el dudoso privilegio de convertirse en un ídolo de masas/sexual no precisamente por sus logros deportivos; saber que millones de personas tienen acceso a tus fotos y que entre ellas seguramente hay más de un tarado hurgando en tu intimidad es algo no demasiado reconfortante.

No obstante, este tipo de cosas vienen a estar fuera del control de la "víctima", y como en otras muchas situaciones, eso es algo que hay que asumir e intentar evitar en la medida de lo posible. Otro problema muy diferente es cuando es uno mismo el que pone a disposición del ciberespacio fotos, opiniones, o datos personales en lugares sobre los que probablemente no tiene ningún tipo de control, tales como foros, las USENET news, buscadores poco escrupulosos, o incluso Google (recomiendo a título personal el uso de «"META NAME="ROBOTS" CONTENT="NOARCHIVE"» en la cabecera de los sitios personales, para evitar el almacenamiento en caché en los buscadores más conocidos), y que en un futuro podría no ser capaz de eliminar. Mucha gente -incluído un servidor- ha vertido datos y opiniones poco reflexionadas y de forma menos que apropiada en diversos lugares de Internet, llevado por las hormonas juveniles -o no tan juveniles-, provocaciones ajenas, la defensa de sus propias ideas más allá de lo lógico para la relevancia del foro en cuestión, la pura y simple diversión, o por el mero hecho de levantarse con el pie izquierdo; conseguir el borrado de todo ese contenido de todos esos sistemas, en caso de ser posible, puede llevar un tiempo y esfuerzo nada despreciables. Quizá alguien piense que a medida que la Red se hace grande, unos contenidos dejarán de existir, que simplemente se borrarán, pero en mi opinión, yo no contaría con ello.

En la actualidad, salta un escándalo cuando algún periodista con mejor o peor intención rastrea entre los archivos históricos buscando algo que alguien dijo sobre algo que tal o cual personaje público hizo, dijo, o dijo que hizo hace veinte años. Quizá en el futuro no haga falta rastrear tanto, sino dedicar diez minutos en un par de buscadores, y ver que el propio interesado lo dijo en un foro de Internet, lo repitió en diez más, escribió un blog y lo comento en un centenar más, y para colmo de males, colgó una docena de videos donde sale él mismo haciéndolo. Así que, si me aceptan un consejo, tengan cuidado con lo que dicen o muestran por ahí. Como dice el título de esta entrada, todo lo que digan podrá ser utilizado en su contra...


¿Se acuerdan ustedes de aquella rastrera publicidad de ONO en la que se aprovechaban del movimiento conocido como "Abrazos gratis"? Seguramente sí.

Bien, no se de dónde saca ONO sus campañas publicitarias, ni cuánto paga por ellas, ni si las hacen ellos o las contratan, pero sea como sea, lo cierto es que se superan día a día, porque la última es casi "mejor" que la anterior que les comentaba, y permítanme algo de ironía. En su última campaña, aparece un sujeto diciendo algo como "9 euros al mes, todo incluído", y se permite compararse con otras compañías de telecomunicaciones. Según CincoDías.com, «La compañía asegura que, a diferencia de las promociones de sus principales competidores, esta iniciativa 'no tiene sorpresas ni costes ocultos'.» Ya, claro.

No se lo pierdan. No es suficiente con que mientras el tipo este dice lo de los nueve euros aparezca debajo una pequeña leyenda diciendo que en realidad, no son nueve, sino 10,44 con IVA incluido (¿sin sorpresas? ¿sin costes ocultos?), sino que al parecer la oferta dura únicamente hasta el 31 de julio, momento a partir del cual pasa a costar 56,49 euros (seguramente, sin IVA incluido). De todo esto, por supuesto, se informa en la parte inferior de la pantalla a una velocidad nada despreciable y en letra Times New Roman número 6.

ONO: sorpresas no, publicidad engañosa sí.

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Por cierto, para aquellos interesados, aunque hasta hace poco había que estar registrado para acceder a la versión impresa del libro de relatos, Lulu.com ha eliminado el absurdo sistema de calificación por edades y eso ya no es necesario. Y como ya saben que mejor es de pedir que de robar y además vengo del taller con una banderilla clavada en la espalda, les ruego encarecidamente que compren mi libro (ay).


Como muchos de ustedes saben, soy uno de tantos hipotecados, concretamente desde el uno de diciembre del 2005. Un piso en Valencia, relativamente céntrico, relativamente amplio y relativamente todo. Aunque el amigo de los niños, conocido también como Euribor, ha subido sustancialmente desde ese día, de momento -y espero que por mucho tiempo- no tengo problemas para pagar la cuota (hola, jefe). Y digo esto porque me sorprende que muchas de las personas que se quejan en Internet de que los precios de la vivienda estén por las nubes no sólo parecen querer y desear que éstos se derrumben, sino además, que todos aquellos que tenemos un piso con una hipoteca formalizada nos veamos obligados a vender, o nos embarguen y nos quedemos en el paro, por gilipollas e hipotecados, ya que por lo visto, somos los culpables de todo esto.

Es obvio, muy obvio, tremendamente obvio, que los precios de la vivienda son irracionales, que hay una burbuja inmobiliaria -no sé cómo de grande- y que si no bajan, el incremento de los precios se va a moderar en los próximos años muy sensiblemente. Dicho esto, yo no entiendo mucho de economía, la verdad, pero tengo la impresión de que si el país de verdad se va a la mierda como estas personas quieren que suceda, y mucha gente se va al paro, otra tanta tiene que malvender el piso, y a otra tanta el banco se lo embarga por no poder pagar, lo que van a llover del cielo no son pisos a dos pesetas y felicidad y flores para aquellos que no se hipotecaron. No. Van a ser ¿h?ostias con la mano abierta, para todos y para todas: hipotecados y no hipotecados. Y es que, perdónenme la soberbia, pero creo que lo que hay aquí es mucha mucha miopía y una buena dosis de estupidez e ignorancia.

Para variar.


Muy probablemente un servidor va a estar demasiado liado para ocuparse de ustedes, así que mientras desempeño mis obligaciones laborales, pueden leerse la crítica del programa "Nadie es perfecto" (¿?) de Javier Pérez de Albéniz en elmundo.es. Yo es que no puedo.

Y recuerden que ocho por cinco son cuarenta, no veinticinco; aunque no hayan ido ustedes a la universidad.

Ah. Esto, de regalo.


Las cosas como son. La Fórmula 1 es esencialmente aburrida; una carrera que viene a durar dos horas, donde apenas pueden verse un par de adelantamientos en pista, y cuyo climax deportivo es ver quién realiza el repostaje de combustible en menos tiempo. Por supuesto, eso no es todo lo que hay, pero es casi todo. Y es que sólo existen dos factores que hacen a la F1 entretenida para el público. El primero, los accidentes. Una carrera aburrida y tediosa se convierte en excitante si hay múltiples accidentes, aunque aún así siga sin haber ningún adelantamiento. Y el segundo, es como no puede ser otro, el sentimiento patrióticonacional (propio de todos los deportes, por otra parte) que hace que en un país sin ningún tipo de afición por la F1, millones (incluido un servidor, de vez en cuando si hay tiempo y nada mejor que hacer) se sienten a ver a Alonso correr en su buga. Ya les he dicho alguna vez eso de la estupidez, ¿no?

Por lo demás, quizá vean algún comentario fuera de lugar en las próximas horas o días, pero es normal. Al parecer, tengo un par de descerebrados con poco conocimiento y mucho tiempo. El fin de semana moderé los comentarios, pero de momento lo dejaremos así y ya veremos como van las cosas.

Ha sido un fin de semana duro. Luego les cuento más y mejor, quizá sí o quizá no.



El otro día el Abuelo me pidió que le publicitase su última aventurilla digital, mandarina magazine, algo en lo que sospecho que están metidos también Ultrasónica (me apuntan por ahí que no) y Kowalinsky. A mi me hubiera gustado hacerles una bonita -y publicitaria- reseña, para que no parezca que esto es un spot de Ariel, pero este fin de semana no ha sido fácil y me faltan en la cabeza un buen montón de palabras que aún estoy buscando, así que lo único que voy a hacer es intentarlo.

Para mí, que soy un ser agreste, rural, todavía por civilizar, todavía por educar, mandarina magazine es mucha cultura junta. Gente que no conozco, libros que no he leído, cantantes que no he oído, ciudades que no he visitado, películas que no he visto, todo eso y mucho más, junto y expuesto a la vista de todo el mundo para hacerme sentir (¡a mí!) más ignorante e idiota de lo que un servidor ya es -y se siente. No se extrañen pues de que no les haga una reseña positiva: es que no se la merecen.


Leo hoy en elmundo.es que han ejecutado en China al ex director de la agencia reguladora de alimentos y fármacos por corrupción: aceptar sobornos por aproximadamente 616.000 euros, incluidos regalos. Sentencia y ejecución en poco más de un mes. Ya saben, y si no lo saben se lo digo yo, que estoy totalmente en contra de la pena de muerte. Pero...

... ¿se imaginan cómo cambiaría el panorama político y social de este país si, tomando ejemplo, colgasen a un par de políticos de estos que nadan en el dinero de las comisiones de los constructores?

Bien, ¿no?


Ayer les comentaba, medio en broma, una noticia por la que el gobierno chino había decidido ejecutar al ex director de la agencia reguladora de alimentos y fármacos por corrupción. No iré tan lejos como para pedir eso, pero leyendo una noticia de El Blog Salmón, se me ocurre que nosotros estamos justamente en el extremo contrario. Al parecer, la Diputación Foral de Vizcaya ha regalado a tres diputados forales que abandonaban su cargo tres Rolex por valor de 2500 euros (cada uno).

Vale, de acuerdo, eso es todo legal, pero viene a reflejar, como apuntaba madmax que había escrito Reverte, la falta de ética, escrúpulos y caradura que hay en este país, sobre todo en el ámbito político (cada uno con su dinero que haga lo que le venga en gana). Entre la depuración extrema de responsabilidades -con la que no estoy de acuerdo- aplicada en China y por lo general, la falta total de responsabilidades que existe en este santo país, estoy seguro de que habría que encontrar un término medio. Porque no hay más que ver los casos del Yak 42 y el accidente de metro de Valencia, ambos con víctimas mortales, para darse cuenta de que aquí, nadie se hace responsable de nada.

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Por lo demás, respecto a las medidas de bajada de impuestos anunciadas por Rajoy, qué les voy a contar. Me da la ligera impresión de que benefician a las capas altas de la sociedad (¿Disminución del 43% al 40%? ¿Cuánta gente en este país paga un 43%?) y que no aportan nada a la clase media y baja, aunque si alguno de ustedes sabe más de esto que yo, por favor que me corrija.


Hay libros a los que les coges manía sin ni siquiera haberlos empezado. O eso me pasa a mí, y perdonen que generalice. A otras personas, entre ellas mi señora, les pasa eso con las películas, pero a mí como les decía me pasa con los libros. Es un poco como esa gente a la que, sin conocerla, ya le hemos puesto la cruz encima con sólo mirarla un par de veces: estúpida, chulo, tonta, altanero, o lindezas similares; a mí eso me pasó en el instituto con varias personas, y al final todas resultaron la mar de agradables. Por el contrario, muchos de los que conocía mejor acabaron siendo individuos bastante decepcionantes, pero qué más da, a la mierda con ellos. Claro que tampoco sabe uno si lo mismo hubiera sucedido al invertirse la situación; quizá sea el contacto prolongado con las personas lo que hace que me resulten tan frustrantes (probablemente el sentimiento sea recíproco, aunque no les culpo). Se me ocurre ahora que además, lo mismo que les contaba con los libros y las personas me sucede con la comida, y no deja de ser preocupante que esta tendencia se extienda a otros ámbitos de mi vida. Hay tantos platos que sin haber probado -platos que por supuesto no tengo intención de probar- me provocan arcadas que podría empezar y no parar hasta mañana, así que no les aburriré con eso. La cuestión, como les iba diciendo, es que yo, sí, tengo libros a los que les tengo manía. Libros y autores, que compré y de tanto oírlos recomendar y alabar a mis ex compañeros de facultad, acabé odiando profundamente, sin ni siquiera abrirlos o haber leído una mísera página, y ahí están, en lo alto de una estantería, acumulando polvo hasta que desaparezcan o los ácaros se los coman. Tal es este sentimiento que sólo la imagen o el mismo nombre de alguno de sus autores me genera un respingo de aprensión. Ya sé, cómo no, lo mucho que me pierdo y lo irracional de este comportamiento, pero por irracional, comprenderán que no pueda controlarlo y admita que tal cosa no me preocupa en absoluto. Libros, personas y platos hay tantos, que para qué. Bueno, quizá platos no haya tantos, es cierto, pero tenemos que acabar con esto.

Quizá quieran saber cuáles son esos libros y esos autores que tanto aborrezco, y quizá, por honradez, debería decírselos, pero creo que, por el bien de mi presente reputación y sobre todo por la futura, si es que algún día llego a tener algo como tal cosa -de ilusión también se vive-, voy a ocultar esos nombres y esos títulos en lo más profundo de mi cabeza, y si les parece bien, justo antes de morir, se los digo. Y entonces, que me juzgue quien quiera.


Hoy que he venido de traje y corbata -¿pueden creérselo?- podría aprovechar para contarles algo más serio y formal, o al menos en un tono más serio y formal, pero al fin y al cabo, ustedes no son clientes y a mi aparentar se me da bastante mal, sobre todo cuando estoy escribiendo, por lo que van a tener que quedarse con mi misma versión de siempre, tanto si les gusta como si no. Que eso, por supuesto, debería ser bueno y no malo si les gusta el blog. Para este viernes y los dos días que nos siguen, les tenía preparado un ladrillo.

Conocen como funciona esto de los blogs en muchos casos: lees un blog, una noticia, o un comentario de alguien, y eso te va generando poco a poco -si estás en desacuerdo con la opinión del sujeto en cuestión- una desazón que va in crescendo y acaba produciéndote unas ganas irrefrenables (últimamente uso mucho esa palabra) de decirle al mundo cómo de equivocada está esa persona, o al menos cuál es tu opinión o intuición al respecto. Ocasionalmente eso te lleva a meterte con alguien, y cuando eso sucede, es algo que por lo general no es fácil de evitar; más que nada, lo que puede intentarse es no entrar en el ensañamiento personal; yo a veces lo consigo y a veces no. En este caso, a pesar del proceso descrito, voy a intentar ser moderado, no sea que me equivoque y vengan ustedes dentro de un tiempo a cargar contra mí. Claro que para ello, deberían ustedes tener la suficiente memoria y ganas, y yo debería tener la suficiente audiencia, así que teniendo en cuenta que ninguna de estas dos cosas se cumplen (o al menos no la segunda), tampoco corro demasiados riesgos.

No sé si conocen ustedes el blog de Enrique Dans, profesor del Instituto de Empresa y "editor" del blog que lleva su nombre, www.enriquedans.com. Yo personalmente lo sigo desde hace un tiempo -incluso el otro día alguien aprovechó una excesiva defensa de mi identidad para intentar hacerme pasar por un troll en ese blog-, y aunque no estoy de acuerdo con gran parte de las cosas de lo que dice, ni cómo lo dice (mucha idea y poco análisis es la cuestión), son por lo general opiniones a tener en cuenta, aunque sólo sea por venir de quien vienen, lo cual demuestra que incluso en Internet la reputación importa, y no a todo el mundo con las mismas opiniones se le hace el mismo caso; importan mucho los amigos, los contactos, y tus herramientas de márketing: la cacareada democracia de Internet a tomar por culo, justamente como en el mundo real. Para ponerles en situación, Enrique Dans adolece de dos pequeños problemas. El primero es un ligero -o no tan ligero- ombliguismo («en mi última clase...», «en unas conferencias que he dado en EEUU...» «en un congreso de Shangai en el que he estado de ponente...») propio de otra gente de su ámbito (cualquiera que de conferencias hablando de blogs, la Web 2.0, MySpace, Menéame, o cosas similares, suele ser un buen candidato si de eso se trata), pero algo normal en su caso después de todo si tus estadísticas dicen que tienes casi 120,000 lectores diarios. Que las estadísticas mienten, sí, claro, pero que tiene una cantidad ingente de lectores a pesar de su (¿falsa?) modestia, eso también. El segundo (problema) es su fe ciega en todo, absolutamente todo lo que está surgiendo a raíz de la peste esta llamada webdospuntocero, que es otra de las características de la gente de su ámbito; sí, todo eso que sirve para comunicarse, crear redes sociales, potenciar el intercambio de información, bla bla bla. Esto va por la parte de hablar mucho y analizar poco.

El caso es que al respecto a esto último, voy a concretar un poco más. Enrique tiene una afición casi malsana por un bicho llamado Twitter, que te permite decirle a todo el mundo qué estás haciendo en cada momento, pero con sólo 140 caracteres. Y no es el único: cualquier tecnólogo o pretendido gurú de la blogosfera -los que les decía antes, que en muchos casos no acaban de aportar nada en absoluto- tiene su propia "página", en la que cuenta gilipolleces insustanciales como "Acabo de desayunar", "Me voy a la cama" o "Estoy tomando una cerveza en una terracita". No me interpreten mal, cualquiera es libre de decir las gilipolleces que encuentre oportuno tanto si tiene su audiencia como si no, pero eso no las hace menos gilipolleces. Enrique define esto -y de ahí parte de la crítica que le hacía antes- como «Comunicación es estado puro, sensación de proximidad total con aquellos a los que sigues, una herramienta que cada día me gusta más». Bueno, el caso es que yo no le veo la gracia a todo eso, pero eso por supuesto es cosa mía. No es sólo que, obviamente, tiene que haber un cierto interés y casi dependencia de este tipo de cosas (¿quién en su sano juicio dice, o necesita decir, o siente el deseo de decir que va a tomarse una cerveza o una horchata justo antes de tomársela? ¿No les parece una tremenda estupidez en sí misma, o sólo yo pienso eso?), ni es sólo pretender que continuamente hay gente interesada en qué estás haciendo en cada momento del día, o que tu vida es de alguna forma especial para alguien más que tu entorno más cercano, y volvemos al ombliguismo. Es todo eso y pensar si a alguien en este mundo le puede interesar que te vas a dormir, y porqué eso le puede interesar; es creer que saber qué hacen los demás en cada instante te acerca a ellos, es malinterpretar el concepto de comunicación y llenarla de ruido, de basura inservible. Porque que seas Enrique Dans no la hace útil, aunque seas Enrique Dans.

Y esa es mi opinión. Como siempre, nos vemos el lunes o el martes por aquí, si quieren; yo por mi parte tengo cosas que hacer este fin de semana. Ya saben que estaré en el correo electrónico, pero no esperen respuestas inmediatas. Yo tengo mi vida y ustedes tienen la suya y probablemente, a no ser que sean una de esas personas a las que no me dirijo como a "ustedes" y para los que estaré en el móvil, e incluso en ese caso, nuestro interés recíproco en la vida del otro es por fortuna limitado. No se ofendan, pero con la cantidad de cosas interesantes que hay en el mundo, me importan un rábano sus rutinas, sean quienes sean, como probablemente a ustedes las mías; todos tenemos las nuestras y no son nada especial. Así que pasen un buen fin de semana, sean buenos y como les decía, hasta la semana que viene.


El otro día leía en elmundo.es una noticia acerca de un corredor -el sujeto de la imagen- que después de ganar un oro y un bronce en los Paralímpicos de Atenas en 2004, entre otras cosas, quiere correr en Atenas 2008 con el equipo nacional de Sudáfrica. Esto, por supuesto, no sería noticia si el tipo en cuestión tuviese piernas en lugar de lo que tiene por piernas, lo que por cierto resulta bastante espectacular -y un tanto acojonante. Pero la IAAF (lo que viene a ser la FIFA para esto del correr, del saltar y del tirar cosas por el aire, y más) dice que no se fía, que no, que eso que le mantiene de pie es posible que le de una ventaja extra, así que se lo está pensando.

Aparte de que me parece un tanto alucinante que esta persona pueda competir con deportistas con discapacidad pero no con personas sin discapacidad (¿es que contra discapacitados "eso" no es una ventaja?) pero entiendo que los reglamentos son con toda probabilidad diferentes, reconozco que me encantaría verle corriendo por la pista con esto anclado a sus rodillas, no sólo por el afán de superación que tanto le gusta vender al COI (y a VISA, Mastercard, Nike, Reebok, Coca Cola, etc...), ni tampoco por el espectáculo (que es mucho), sino también porque resultaría interesante ver hasta qué punto unos son "discapacitados" y otros "capacitados".


Hoy, leyendo una cita, se me ha ocurrido algo que he pensado en contarles en clave de ficción: diálogo, probablemente. Pero después de hilarlo durante un par de horas y manufacturar casi toda la conversación en mi cabeza, me he dado cuenta de que no. Que no qué, se preguntarán algunos, porque otros ya sabrán de qué hablo. Que no voy a ponerla aquí, que no la van a leer en este blog. Que sí, que la prefiero impresa en papel, reciclado o no, en negro sobre blanco, que me gusta lo suficiente para eso.

Debieron suponer ustedes que cuando les dije aquello de que estaba escribiendo una novela, cuando enterré el blog y lo lo desenterré al par de días, justo como en Cementerio de Animales de Stephen King, algo iba a cambiar. Que esto iba a ser lo mismo, pero no iba a ser *exactamente* lo mismo; que parecía igual, pero no sería *exactamente* igual.

Así que me van a tener que perdonar. No sólo por haberles hecho llegar hasta aquí para nada, algo a lo que creo que ya les tengo acostumbrados, sino también por aquellas veces como esta en las que me guardo algunas cosas para "otro sitio".


Quizá esto no les interese demasiado, pero es algo sobre lo que quería haber escrito en su momento, así que aprovechando que lo he utilizado de introducción para esta entrada de Security Art Work, lo voy a colar aquí. Verán, hace unas cuantas semanas, a raíz del documental de Michael Moore contra el sistema sanitario norteamericano, alguien en Google descubrió que tener un blog en el que representas a tu empresa implica que no siempre puedes decir lo que quieres, y menos si tu blog lleva por descripción "News and Notes from Google's Health Advertising Team". En este caso en concreto, Lauren Turner tuvo incluso que dar marcha atrás y matizar sus palabras, aunque a la vista del revuelo que se levantó no parece que las palabras que escogió para hacerlo fuesen las mejores.

Hasta aquí, lo que parece ser la postura oficial: uno de nuestros empleados ha dicho algo inapropiado, le echamos la bronca y rectifica públicamente. Pero no me negarán que no deja de ser sospechoso que en un blog que es a todas luces corporativo aparezca algo que aparenta ser una opinión personal ajena a Google, así que personalmente me inclino más por un globo sonda de Google y una rectificación simulada que por un error real; es decir, una forma de publicitar sus poco populares prácticas sin que tal anuncio parezca venir total y oficialmente de Google. Porque recordemos que no estamos hablando del blog de Lauren Turner que casualmente trabaja en Google, sino más bien al contrario: un blog de Google, en el que casualmente escribe Lauren Turner.

Aunque supongo que todo esto es normal y en cierta forma previsible; ya saben que desde hace un tiempo, y como ellos se encargaron de anunciar, aquello de Don't be evil no es cosa de Google.


Como alternativa a todos los datos y opiniones catastrofistas que nos encontramos casi a diario acerca de la sostenibilidad del sistema de pensiones a medio y largo plazo, y para aquellos a los que les guste un poco la economía, ahí va un artículo interesante sobre posiciones e intereses (ocultos), escrito por Vicenç Navarro. Es algo largo, y por supuesto no digo que haya que creerlo todo a pies juntillas, pero lo encuentro bastante ilustrativo y al menos es una voz discordante entre tanto agorero.

Para esos a los que no les gusta la economía o no les gustan los artículos largos, no he preparado nada, así que tengan paciencia; voy algo liado y necesito dedicar algo de tiempo a otros menesteres: escribir.


[Esto es un pequeño desarrollo de la historia Amiranebo que escribí en este blog hace ya casi año y medio. El texto de hoy lo tenía por ahí perdido, y he pensado en recuperarlo para ustedes, aunque cuenta básicamente lo mismo de manera más detallada. Por lo demás, imagino que hasta la semana que viene no habrá nada más por aquí. Pasen buen fin de semana, ante todo.]

Un teléfono cualquiera en una mesita cualquiera de una habitación cualquiera de un hotel cualquiera de una ciudad cualquiera. Un jodido teléfono, riéndose por tercera vez en diez minutos, aunque para el que intenta desaparecer debajo de unas sábanas no son tres sino un millón de veces. Viviendo debajo de unos párpados cerrados se tiene la seguridad de que tus cuentas son correctas y si no es un millón quizá sean dos o quizá el doble o el triple o quien sabe cuanto más. Pero no son tres veces. Una, dos y tres. No. Él no ríe; más bien al contrario, aquella risa estridente y mecánica que proviene de algún lugar sobre la mesita de noche le está echando a perder cualquier posibilidad de levantarse de buen humor. Suena como un niño que exige su dosis de atención y que no parará hasta conseguirla. Odio los niños. Un sonido molesto, monótono, excesivamente agudo y una recepcionista lo suficientemente estúpida para no entender una sencilla frase: "No me molesten". Cualquier idiota entiende eso, pero no ella; nada de qué sorprenderse. Te interrogas por las diferentes interpretaciones de la frase "No me molesten" pero el dolor entra por tus tímpanos y se mete en tu cabeza y así dios así es imposible pensar nada y quieres dormir o a menos que te permitan seguir intentándolo. Se ríe de ti, ella también. Joder. Esta almohada no amortigua nada. Nada en absoluto. Ya lo he decidido, córtenme la cabeza y dénsela a los cerdos, pero que alguien pare eso. Tirado sobre la cama, con una pequeña mancha de saliva justo debajo de tu boca, te debates entre la vida y la muerte, y la decisión es unánime. Eres consciente de que cualquier movimiento que pretenda atajar este terrible sufrimiento que se introduce por tus oídos conlleva un esfuerzo sobrehumano que no servirá de nada. Consciente de que un universo infinito y por tanto insalvable en el que el sonido sí se transmite te separa del maldito aparato, y de que no hay nada en el mundo que puedas hacer para ahogar sus gritos. Se ríe de ti. Todo está demasiado lejos, todo cuesta demasiado. Aún así lo intentas y una mano que parece pesar una tonelada se arrastra penosamente sobre el colchón, tanteando sin éxito en busca del culpable de todo aquello. Babeas las sábanas, pero las consideraciones higiénicas están fuera de lugar ahora. Malditos aparatos, con esa estúpida urgencia suya; malditos. Los odio. Desaparece. Cállate. Deberías haberlo desconectado cuando llegaste aquí. No necesito nada no quiero nada déjenme en paz olvídense de mi existencia. No estoy aquí no existo no estamos. Déjenme dormir, joder, déjenme dormir y no me molesten.

Y de repente, silencio. Y aunque efectivamente el ruido se detiene, vuelve a atacar de nuevo pasados unos minutos. Insistente hasta la victoria final. Finalmente, vencido por un teléfono sin piedad, un cuerpo pesado como un camión sale de entre las sombras y se somete a la llamada de las ondas, con tal de acabar con aquello. Estúpida mujer. Estúpida estúpida.

- Mmmmhhh... Sí. ¿Qué quiere? -un apropiado tono inquisitivo y maleducado que sin duda merece. Silencio al otro lado, una leve respiración y un momento de indecisión.
- ¿Tyler? -un hombre, no una mujer. Una voz grave y clara, y una palabra. Una pregunta. Sí, Tyler. Respira, no te ahogues.
- ¿Quién es? -otra larga pausa- ¿Sí? ¿Hola?
- Hola, Tyler. Escúchame bien. -la voz habla lentamente, tomándose su tiempo en cada sílaba; vocaliza despacio, con cuidado. Casi puedo imaginar los labios, la lengua y los dientes formando los sonidos justo antes de que abandonen su boca-. Tus días de cadáver andante llegan a su fin, es hora de acabar con esto. Despídete de tu familia, chico. -un pitido intermitente al otro lado, ciento veinte pulsaciones por minuto y muchas preguntas sin contestar.

Menuda novedad. Busca la cajetilla de tabaco que hay al lado del teléfono y piensa que debería desconectarlo o luego se arrepentirá, pero eso ahora no tiene importancia. Se lleva un cigarrillo a la boca y se acuesta sobre la cama, sonriendo ante la ironía de la situación mientras observa el humo que sale de sus pulmones subir hacia el techo (¿pedí una habitación de fumador?) y llenar la estancia. Casi debería celebrarlo, porque después de sobrevivir durante cuatro imposibles años al cáncer, que La Muerte vaya a tomarse la molestia de venir personalmente a por ti es, desde luego, por todos los problemas causados, un bonito detalle. Un precioso detalle. Le da una profunda calada y se da cuenta de que en realidad, lo está celebrando. Menuda novedad, se repite. Qué es una amenaza de muerte más, cuando recibes una cada mañana al levantarte, una con cada segundo que pasa. Qué más da una más una menos. Una atractiva variación en las formas y en el mensajero; aparte de eso, nada especial. Tampoco es que tenga interés en acelerar el proceso; pero no se siente impresionado porque el cigarro que se consume entre sus labios es probablemente para él más mortal que cualquier voz al otro lado de una línea telefónica.

Y sin embargo, si llevas esos mismos cuatro años evitando el contacto humano, huyendo de todo, inventándote nombres aquí y allí, persiguiendo el silencio, escuchar tu verdadero nombre por teléfono de voz de un desconocido, un nombre que de no utilizar casi habías olvidado, es como ver un fantasma. Pero uno muy real, uno que no te atreves a negar si aún confías en tus sentidos, y aunque deseas hacerlo, no hay razones para ello. Tyler, ninguna duda. Sí, Tyler, y sí, llevas ya mucho tiempo de prestado sobre este mundo. Demasiado tiempo. Demasiado real. Demasiado cerca. Demasiados demasiado. Pero todo lo demás, todo lo demás no. Eso no tiene ningún sentido, pero desde luego, si hay otra cosa clara en todo esto, es que ese tipo no parecía estar bromeando.

En la habitación de al lado, un hombre utiliza un teléfono cualquiera en una mesita cualquiera de una habitación cualquiera de un hotel cualquiera de una ciudad cualquiera. De una ciudad cualquiera no. De Amiranebo.


[Esto, el jueves pasado en Security Art Work. Si tengo tiempo y ganas, quizá luego, siendo "luego" esta tarde/noche, les cuente algo más. Si no, pues tendrán que esperar más. Mientras tanto, dénse un garbeo y pásenlo bien.]

Imagino que conocen ustedes la LOPD y las sanciones que conlleva su incumplimiento: de 600 a 600.000 euros o más, dependiendo de la severidad y el número de incumplimientos, ya que las sanciones son acumulativas; no es lo mismo tener una página web con los nombres y apellidos de tus empleados, que otra que incluya además información de discapacidad o afiliación sindical con todo lujo de detalles (el ejemplo es inventado). No se preocupen, no vengo a meterle miedo a nadie ni pretendo ser agorero. Vengo a hablar de la proporcionalidad o desproporcionalidad de tales sanciones, algo sobre lo que probablemente ya tengan ustedes formada una opinión.

Uno de los colaboradores habituales de S2 Grupo comenta en ocasiones, en relación con este tema, que mientras la muerte de un trabajador en accidente laboral puede "arreglarse" económicamente con cerca de 120.000 euros, por muy duro y frívolo que eso suene, un incumplimiento severo de la LOPD -o de su acompañante, el RMS- puede conllevar una sanción de varias veces esa cantidad, algo que en apariencia al menos carece de sentido. Personalmente, considero la comparación bastante apropiada, ya que por muy flagrante y grave que sea la exposición de tales datos (sin tener en cuenta que incluso en empresas relativamente concienciadas, no es muy difícil tener alguna no conformidad grave), la muerte de una persona la supera con creces.

No obstante, pienso que esta aparente desproporcionalidad en las sanciones contempladas por la LOPD viene motivada no tanto por las consecuencias que se generan de los incumplimientos detectados, sino de la necesidad de concienciar -casi por la fuerza- a las empresas de llevar a cabo una adecuada gestión de los datos de carácter personal. En otras palabras, una multa de 20.000 euros sería asumible por muchas empresas, mientras que una de 300.000 no lo es; se trata de que el riesgo, tomado como la probabilidad de que suceda un determinado evento en relación con el impacto que éste tiene sobre la organización, sea de una magnitud suficiente como para que deba ser tenido en cuenta. Y la manera más sencilla -y única de momento- de hacer esto es incrementar el impacto, puesto que la probabilidad de la que les hablaba viene de momento limitada por la carga de trabajo de la AEPD. No es un secreto, y si lo es, es un secreto a voces, que la Agencia se encuentra totalmente saturada de trabajo y sus intervenciones están motivadas principal, aunque no únicamente, por denuncias de particulares, más que por actuaciones de oficio.

Dejando al margen consideraciones presupuestarias en las que no voy a entrar y que conllevan a su vez otras relativas a la escasez de personal, pienso que es necesario tener en cuenta que a pesar de la importancia de las sanciones, es de suponer que la AEPD conoce el estado actual de la adaptación a la LOPD en las empresas de este país, y las consecuencias que inspecciones masivas podrían tener en el tejido empresarial. Miguel me apunta además que debe tomarse en cuenta como un factor adicional y de importancia que mientras con la muerte de un trabajador una empresa no obtiene ningún beneficio -o eso es de esperar-, con el trasiego de datos de carácter personal muchas empresas hacen el agosto, y no me refiero únicamente a un beneficio directo (léase venta de bases de datos) sino también indirecto (léase realización de campañas comerciales dirigidas). Esto es, sin duda, un punto a favor de la diferencia en el volumen de las multas que aplica la LOPD en relación con otras leyes.

Visto en perspectiva, y a la vista de lo que iba comentando, es cierto que el riesgo de recibir una multa desproporcionada es relativamente bajo para cualquier empresa que tenga un mínimo cuidado y atención a la Ley y a lo que hace (las cláusulas ARCO donde toca y gestionadas como toca, ficheros declarados, Documento de Seguridad, copias de seguridad, etc). Adoptando un planteamiento futurista, me pregunto qué sucedería dentro de unos años si la Agencia, provista de un cuerpo suficiente de inspectores, fuese capaz de abordar inspecciones sectoriales en masa; ¿no creen que esa combinación de impacto y probabilidad generaría, entonces sí, un riesgo totalmente desproporcionado en relación con la violación de otras leyes tanto o más importantes?

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Nota personal al margen: colectivos marginados my ass.


Como cada fin de mes, hoy ha llegado la voluminosa factura de ONO. Esta vez, dentro del sobre iba además una hoja apelando a nuestra bondad medioambiental, pidiendo que, por el bien de la conservación de nuestros bosques, del medio ambiente y bla bla bla, sustituyésemos la factura actual, en papel, por el formato electrónico. Hace años, cuando un servidor tenía dinero y era capaz de cierta capacidad de ahorro, solía utilizar una cuenta de Openbank para obtener más rentabilidad que el mísero 0,1% que creo que me da en la actualidad Cajamadrid Obra Social jajaja, y estoy siendo optimista. Cierto día, mediante un banner se me invitó a utilizar la factura electrónica, y al hacerlo, esa cuenta dejó de tener gastos de correo asociados.

No sé dónde están especificados qué parte de los cincuentaypico euros que pago al mes a esta compañía de tácticas de marketing más que dudosas son de correo, porque asumo correctamente que ONO no me está regalando ese servicio. De hecho, no están especificados. Lo cual simplemente implica que yo salvo al medio ambiente mientras ONO se queda con mi dinero. Quizá otro día podría tener otra opinión, pero hoy es lunes y no me da la real gana; estoy harto de que abusando de la responsabilidad social del ciudadano algunas empresas se dediquen a sacar beneficios.

Así que, si por mi culpa este mundo se va a la mierda, que así sea. A la mierda.

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En otro ámbito de cosas, hoy ha muerto Ingmar Bergman, nombre fonéticamente molesto donde los haya, y también director genial donde los haya. Si no lo conocen, deberían. Busquen algo que ver; este tipo era más que un genio.


Esta noche estaba escribiendo, pero ya ven que soy incapaz de quedarme quieto en mis palabras y necesito pasar a las de otros de vez en cuando. Eso hace mi avance algo más lento y discontinuo de lo que a mi me gustaría, aunque no sé si eso es bueno o es malo, como tampoco sé qué supone para ustedes que yo pase por aquí a estas intempestivas horas nocturnas a decirles, así de pasada, lo chocante que me resulta leer la exposición de los sentimientos (no ideas, pensamientos o tribulaciones) de otras personas, reales, serios, sentidos y profundos, dramáticos, plasmados en palabras, y rematados por un "copyright 2007".

Claro que eso no hace esos sentimientos menos reales, no. No hay porqué dudar, pero me pregunto de dónde surge la absurda necesidad de proteger lo que uno siente, y pienso que definitivamente, aunque no los haga menos reales, sí, los degrada.

No me hagan mucho caso. Es tarde.