
Hacía bastante tiempo que no iba al cine. Esta noche he visto Una historia de Brooklyn (The Squid and the Whale [El Calamar y la Ballena], título mucho más relacionado con el contenido, al menos en inglés). Ha sido más un impulso inconsciente que otra cosa, aunque he querido verla desde que oí que la habían estrenado. La he visto solo y en versión original subtitulada, y tampoco ha habido tiempo de llamar a nadie, puesto que entre que lo he decidido y he entrado en la sala habrán pasado diez minutos, y para entonces ya estaba la publicidad acabando. Tampoco conozco mucha gente que hubiera querido prestarse a ver esta película. Mis disculpas a aquellos que sí; no hubo tiempo.
No voy a desvelar nada que no pueda ser dicho. No hay buenos ni malos, ni hay un final asombroso; las cosas son más o menos como suelen ser en la vida real. A veces salen bien, y a veces salen mal. La gente es más o menos agradable y la gente tiene más o menos problemas. Las cosas son las que pasan, y no hay más. La película, basada en un hecho real de la infancia del propio director y guionista Noah Baumbach, cuenta la historia de un matrimonio que se separa, y cómo afecta esto a los dos hijos que tienen. Y eso es todo, no hay más.
Y no deja de ser un problema, porque la verdad, sus ochenta y dos minutos saben a poco. No porque haya nada más que contar, ni porque la historia quede coja. Simplemente porque está tan bien hecha y las actuaciones resultan tan buenas, en algunos momentos realmente impresionantes, que te gustaría que durase otra hora más, aunque no hubiese en realidad nada, absolutamente nada más que decir.
No puedo decir el tiempo que hace que no veía una película tan buena. Pero sí que puedo decir que es muy, muy buena. Y que no es aconsejable ir a verla si uno ha tenido un mal día. Aunque quizá viendo lo que durará en cartelera, valga la pena.
(A mi me la ha valido)

Hacía meses que no iba a la playa. A bañarme. También es verdad que en invierno no es demasiado habitual, pero vaya. Así que he ido, he entrado en el agua y cuando me llegaba casi a la altura del cuello, he meado.
Sí, he meado.
Piensa en ello cuando tragues agua de mar.

Intentad no respirar mucho estos próximos días, porque el sistema antipolución de mi coche se ha jodido y puesto que la última vez se arregló por arte de birlibirloque al par de días, no tengo absolutamente ninguna urgencia por llevarlo al taller, que se está haciendo rico a mi costa. Bueno, quizá no tanto, pero al tiempo.
Entre mis vertidos tóxicos al Mediterráneo -ver post anterior- y la polución emitida por mi vehículo, me voy a cargar el medioambiente yo solito en dos días.

Me sentiría un poco frívolo si ahora me pusiese a hablar de cualquiera de las cosas que podría haber tenido pensadas para el blog antes de la una del mediodía de hoy. Por fortuna no he sufrido personalmente ninguna pérdida; apenas he padecido un breve momento de inquietud porque una amiga que podía estar en el metro en esos momentos no contestaba al teléfono. Era muy poco probable, pero era posible, y al final ha sido que no. Se agradecen mucho, por otra parte, las preocupaciones recibidas en forma de correos electrónicos tras el accidente.
No ha sido un gran día, qué duda cabe. Tampoco es que me afecten especialmente estas catástrofes, puesto que aunque no puedo sino compadecer y sentir empatía por las víctimas y sus familiares, la distancia del dolor ajeno en casos así hace que me llegue siempre muy atenuado, sin importar la intensidad de éste, por lo que admito que no me suelo sentir apenas afectado anímicamente por desgracias como estas.
Por mi parte, a pesar de salir a las cuatro, y tras un periplo en ayunas que me ha arrastrado durante tres horas por Valencia, me he plantado en casa a las siete y media, y casi al filo de las nueve, me he puesto las zapatillas, un pantalón corto, una camiseta, y me he ido a correr; mi tobillo no se ha quejado, por lo que parece estar listo para que vuelva a abusar de él. Cuando volvía, al mirar la luna, y claramente extenuado, me he acordado de algo que dijo mi prima C. hace ya muchos años:
Y aunque podría decir que he pensado muchas cosas, en realidad he mirado al frente y he seguido corriendo.

Hay cosas que te las compras porque las que tenías se hacen viejas. Por ejemplo, el televisor en blanco y negro de la salita, el gramófono, o esa calculadora con las teclas hundidas y los números borrados, que heredaste de tu hermano mayor hace quince años. Luego están esas otras cosas te las compras por puro capricho, aunque no las necesites y tú además lo sepas; es casi algo compulsivo. Por ejemplo, lo que le pasa a muchos con los condones, o lo que me ocurre a mi con las camisetas y las zapatillas; voy camino de controlarme, no obstante. Hoy ya le he dicho no a unas. Y por último, están esas cosas que se sitúan en la línea entre lo primero y lo segundo. No se han quedado excesivamente viejas por el uso ni se encuentran obsoletas, pero tampoco las coleccionas, sino que cambiarlas puede llegar a ser justificable, o mejor dicho, te convences a ti mismo de que lo es.
En otras palabras, son ese tipo de cosas que aunque sabes que no necesitas, como la práctica totalidad de lo que tienes, te sugestionas poco a poco para acabarte creyendo que sí. Y aunque no te lo creas del todo, te lo crees un poquito y con eso es bastante. Porque aunque mi Sony Ericsson T610 funciona perfectamente, con la excepción de algún problema insignificante lógico tras dos años y medio, el trasto de la foto, con una cámara de 2 megapixels y un reproductor de MP3 con 512MB, era demasiado tentador para dejarlo pasar.
Así que como hice la otra vez, pero esta vez en sentido inverso, adiós Vodafone, hola Movistar.

Está Valencia llena de cagaderos por todas partes. Como lo oyen: cagaderos, de esos de plástico que se utilizan en los conciertos. Esto parece más una convención universal de fabricantes de inodoros públicos que la visita del jefe de estado del Vaticano. Eso sí, en Fallas brillaban por su ausencia, por lo que supongo que quizá eso significa que los católicos son unos guarros y nuestro Ilustrísimo querido Ayuntamiento quiere evitar que esto se convierta en una gigantesca defecation party. No, imagino que no, esa no puede ser la razón, conozco algún católico y no. No. Supongo entonces que siempre ha habido clases, así que en Fallas meas por las esquinas y ahora dispones de miles de millones de millones de tazas de váter público a tu disposición para mear. O a lo mejor, es que mear en la calle va a ser pecado. O yoquesé.
Bien visto, uno tiene que alegrarse de que al final venga "sólo" el Papa, porque pensándolo bien, si por alguna de aquellas a dios le diese por bajar a visitarnos, me veo Valencia convertida en un cagadero gigante, y la verdad, oiga, tampoco es cuestión.


[Foto cortesía Luis B.]

Aprovechando que está por estos lares el jefe de estado del Vaticano (cuando digo esto me siento como la Raola hablando del ciudadano Juan Carlos Borbón), creo que este fin de semana me voy a dedicar a practicar de manera especialmente intensa y consciente la gula, la lujuria y la pereza. De orgullo voy habitualmente suficientemente bien servido -esta época es quizá una excepción-, aunque menos de lo que puede parecer en este blog, y respecto a la ira, en cuanto empiece a ver las calles cortadas por la visita de este sujeto y los sitios a los que no puedo ir, y sumado todo eso a lo poco y mal que duermo y me alimento, seguro que no tendré ningún problema. Me queda la envidia y la avaricia. El primero no me costará mucho si me lo propongo, en cuanto vea la pasta, los coches y los lujos que mueve toda esta gente que se dice tan... bueno, tan loquesea, que nos entendemos. El problema va a ser el segundo, así que he pensado que eso de la avaricia voy a dejárselo de momento a ellos (la Iglesia), que me lleva milenios de ventaja y sin duda saben practicarlo mucho mejor que yo.
Y los otros seguro que también, claro, pero al menos en esos puedo intentarlo.
(Con esto y un bizcocho, derechito al infierno... uyuyuy...)



El señor Gómez era de ese tipo de personas que llegas a odiar sin conocer, simplemente por su aspecto físico, su comportamiento, su manera de tratar a la gente. Ese tipo de personas a quienes dedicas un 'qué hijo de la gran puta' como primera y única impresión. Con su traje de dos mil euros, su Porsche todoterreno y un eterno purito en la boca, resultaba sencillo imaginarle espetándole aquello de 'no sabe usted con quién está hablando' a cualquier guardia urbano. Ese tipo de personas a quienes te gustaría ver en el suelo escupiendo sangre, humillado, masticando un poco de humildad, tragando un poco de la mierda que reparten día tras día a los que están debajo de él.
Y Machado era de los que hacían realidad esos deseos. Otro hijo de la gran puta, no nos engañemos, pero en el extremo contrario. Mientras que Gómez era el responsable de depresiones, abusos, y algún que otro intento de suicidio frustrado, en definitiva, de hacer sentir miserables a las personas, Machado era la causa de huesos rotos, fracturas craneales y más de un intento de asesinato frustrado. El poder social y económico pueden amargar la vida de una manera profunda y angustiosa, pero la violencia física es también un recurso muy poderoso; el dolor físico es mucho más instintivo, más real, más inmediato. No se cansaba de repetir que éste era doblemente democrático: todo el mundo tiene miedo al dolor físico, e infligirlo es un poder que todo el mundo posee. Este era su lema, aunque expresado en forma de filosofía vital, y lo aplicaba siempre que lo consideraba necesario.
En resumen, ambos jugaban al mismo juego, pero con diferentes dados, y ninguno tenía el más mínimo respeto por la vida humana. Así que cuando aquella noche a Machado se le fue la mano con Gómez, como en tantas otras ocasiones, y le hizo tragar más orgullo del que éste fue capaz de asimilar, a nadie le importó mucho porque a fin de cuentas, en términos absolutos la unica implicación que aquello tuvo fue que donde antes habían dos hijos de puta, ahora ya sólo había uno.

En sólo un par de días he podido constatar que mi "redecora tu vida" personal (aka desescombros party) es, de momento, muy diferente a la del anuncio de IKEA. Creo que más bien al contrario, son el escombro y las agujetas las que me están redecorando a mi.


Quizá es que yo me dedico a cosas así, y es defecto profesional, pero la historieta esta me pareció bastante interesante y esclarecedora, supongo que en parte porque me recuerda a The Cuckoo's Egg.
La idea de Blue Security, una compañía de software antispam israelí, era muy sencilla. El usuario se descargaba un pequeño software -llamado Blue Frog- que se integraba con los principales clientes de correo, y se suscribía a un servicio de la compañía que mantenía una base de datos centralizada de direcciones y formatos de correo basura. Así, cuando el cliente recibía un correo que se identificaba como spam, el software buscaba en éste algún enlace a través del cual realizar una compra, y mandaba mediante éste una solicitud para ser borrado de la lista de correo spam. Hay que tener en cuenta que cuando hablamos de este tipo de correo basura, por una parte se encuentra el tipo que mantiene la lista de direcciones e incluso manda los correos, y por otra el tipo que vende el producto, que es cliente de los primeros. Por tanto, las peticiones de dessuscripción (¿?) le llegaban a los vendedores, no a los emisores. Y los colapsaban.
La idea de Blue Security también era efectiva. Teniendo en cuenta que a finales de abril este servicio tenía casi medio millón de suscriptores, los vendedores estaban virtualmente colapsados. Esto llevó a que seis del top diez de los principales emisores de correo spam se comprometiesen a eliminar de sus listas de correo a los clientes de Blue Security.
Pero al parecer uno de los top ten, PharmaMaster, dedicado a la venta de falso Viagra, Cialis y otros compuestos farmacéuticos, no estaba demasiado dispuesto a colaborar. El 1 de mayo, una parte de los suscriptores de Blue Frog empezaron a recibir veinte veces la cantidad de correo basura que habían recibido hasta el momento, en los que se les acusaba de estar realizando actividades ilegales.
Al día siguiente, empezó una serie de ataques contra Blue Security. PharmaMaster incluso avisó a la compañía de que un administrador de un proveedor de Internet de alto nivel comenzaría a bloquear el tráfico entrante a su web, algo que no está al alcance de muchas personas. Y así fue. Poco después, su página web era accesible únicamente desde Israel. Horas más tarde, la compañía recibía un ataque de denegación de servicio distribuido (ataque en el que utilizando numerosos orígenes, se satura un servicio o sistema hasta el punto de hacerlo inoperativo) sobre el resto de sus servicios que provenía de decenas de miles de máquinas, generando más tráfico del que habéis visto jamás.
Debido al bloqueo sobre la web y el ataque posterior sobre el resto de servicios de la compañía, y aparentemente con objeto de informar a sus clientes de los problemas que estaban teniendo, Blue Security cambió los registros DNS de su página web a bluesecurity.blogs.com, un blog alojado en Six Apart, empresa desarrolladora del software Movable Type y un importante proveedor de blogs. Digamos que un registro DNS es algo así como una entrada en la guía telefónica, de modo que la consecuencia de este cambio fue que de repente todo el tráfico del ataque se dirigió hacia Six Apart. El proveedor de blogs hincó las rodillas y estuvo inaccesible durante aproximadamente ocho horas, momento en el que se recuperó del ataque.
Entonces PharmaMaster dirigió su ataque al "listín telefónico" donde se encontraba la dirección www.bluesecurity.com. Aunque cada entrada del "listín" [entrada DNS] puede encontrarse de modo temporal almacenada en servidores intermedios, en última instancia quien te puede decir cuál es la dirección válida de una página web, es uno de los servidores autorizados. Y estos servidores pertenecían a Tucows, uno de los distribuidores de software más importantes de Internet. Tucows perdió con este ataque varios de sus servicios durante doce horas, momento en el que decidió eliminar de sus sistemas la dirección de Blue Security. Poco después no había en el mundo ningún servidor que pudiera decir cuál era la dirección de www.bluesecurity.com. Por supuesto, esto dió al traste con el ataque, pero a la vez, impidió que cualquier persona queriendo acceder a la web de la compañía fuese incapaz de hacerlo.
Algún tiempo después de estos ataques, Blue Security contrató a Prolexic, una compañía especializada en la defensa contra ataques de denegación de servicio, y volvió a poner en marcha la web, afirmando que continuaría su lucha contra el spam.
Mal hecho, porque entonces, PharmaMaster adaptó la idea original de Blue Security en su lucha contra el correo basura: atacar a los clientes. Y compañías enteras, suscritas al servicio de anti-spam Blue Frog, comenzaron a sufrir ataques de denegación de servicio y recibir mensajes de correo con virus y similares. Llegado este punto, y consciente de que aquello estaba lejos de beneficiar a sus clientes, Blue Security abandonó su cruzada y se retiró. Prolexic emitió posteriormente una nota en la que indicaban haber estado bajo ataques de DDoS, aunque no reportaban mayores consecuencias, obviamente (se dedican a eso).
Así que cuando recibas un correo que te ofrece C14l1s o V14gr4, piensa en todo lo que hay detrás y acuérdate de PharmaMaster y eso que dicen de que Internet es segura y cosas así.

La idea de garantía en lo que se refiere al tema automovilístico, entre otros, es un tema más bien difuso. A no ser que uno entienda bastante de mecánica, tiene que acabar fiándose de lo que el tipo del mono azul manchado de grasa le dice, y está claro que en general, uno no entiende ni bastante ni algo ni mucho. Básicamente, no entiende nada, así que qué remedio le queda.
Aquí es por tanto donde entra en juego la sinceridad, la honestidad y la profesionalidad de un taller. Y quisiera uno creer que también cuenta la fidelidad como cliente, aunque tampoco es cuestión de mantenerla sólo por si acaso. Por si acaso cuenta, entiéndaseme. Y claro, las ganas que tenga uno de creer lo que le dicen. Porque puede uno pecar de ingenuo y pecar de listillo.
Pues sí. Al cochecito (lere...) le pasa lo mismo que le arreglaron hace casi siete meses, por lo que según Renault, la reparación sigue en garantía. Así que ya veremos si me conservan como cliente o me busco otro taller.
Lo dicho: ya veremos.


La luna miente, la noche engaña y mujeres bonitas hay muchas, pero yo soy bueno.
Y si tu perro se despierta al verte llegar a las siete de la mañana para que le des algo de comer, es que es tan perro como glotón.
*Sábado sabadete*


Te quiero a las diez de la mañana y a las once y a las doce del día. Te quiero con toda mi alma y con todo mi cuerpo, a veces, en las tardes de lluvia. Pero a las dos de la tarde, o a las tres, cuando me pongo a pensar en nosotros dos, y tú piensas en la comida o en el trabajo diario, o en las diversiones que no tienes, me pongo a odiarte sordamente, con la mitad del odio que guardo para mí.
Luego vuelvo a quererte, cuando nos acostamos y siento que estás hecha para mi, que de algún modo me lo dicen tu rodilla y tu vientre, que mis manos me convencen de ello, y que no hay otro lugar en donde yo me venga, a donde yo me vaya, mejor que tu cuerpo. Tú vienes toda entera a mi encuentro, y los dos desaparecemos un instante, nos metemos en la boca de Dios, hasta que yo te digo que tengo hambre o sueño.
Todos los días te quiero y te odio irremediablemente. Y hay días también, hay horas, en que no te conozco, en que me eres ajena como la mujer de otro. Me preocupan los hombres, me preocupo yo, me distraen mis penas. Es probable que no piense en ti durante mucho tiempo. Ya ves. ¿Quién podría quererte menos que yo, amor mío?

<exhibicionist> sí </exhibicionist>
Y esto es todo lo que tengo que decir sobre ello y sobre ella.

Cuando llegaba el verano, y el valle se convertía en una olla a presión casi permanentemente, las siete de la mañana pasaba a ser la única hora en que era sensato pasear, y por tanto, el único momento que L. podía dedicar a sí misma. El calor todavía no era excesivo, y con el frescor del ambiente la humedad resultaba, a diferencia del resto del día, refrescante; el rocío caído durante la noche se acumulaba sobre la hierba y andar descalza sobre ella era la mejor y a menudo la única experiencia agradable del día. Sin rumbo definido y con los ojos cerrados, caminaba durante unos minutos sintiendo la caricia de la grama mojada sobre las plantas de sus pies o las gotas de agua sobre su empeine, consciente de cada movimiento de su cuerpo, de cada brizna de aire, de cada sensación, de cada sonido, sin más compañía que la de algún pájaro intruso y bienvenido; olvidaba sus problemas y se dejaba llevar.
Un día, al llegar a finales de agosto, L. se detuvo y mientras respiraba profundamente, se convirtió en flor.

Ya sé que últimamente escribo con menor frecuencia y probablemente os parecerá que de peor calidad, pero es que me paso el día rascándome los cojones y eso cansa mucho, con lo que no me queda tiempo ni ganas de ponerme a escribir. Había pensado en colgar una foto, pero el que quiera verlos, que lo pida; tampoco son nada especial. El caso es que durante el veranito, y hasta que vuelva de vacaciones por allá el lejano septiembre, vamos a relajarnos todos un poco y esto va a estar más quieto -pero no parado, al menos no hasta que me vaya de vacaciones dentro de tres semanas- de lo que ha estado en los últimos seis meses. Seguro que tenéis cosas mucho mejores que hacer que estar delante de una puta pantalla leyendo gilipolleces. Lo digo de verdad, no es coña. Seguro que las tenéis.
Salir y daros una vuelta. El mundo está lleno de idiotas y además nos gusta que nos miren.


Dice la chica de la foto anterior que cuando empezó a leerme -la historia es algo más complicada, pero no es el momento ni el lugar- le parecí una persona bastante interesante pero demasiado complicada. Es normal, porque supongo que en cierta manera, ambas cosas van relacionadas.
Dice la chica de la foto anterior, ahora que -creo yo y cree ella- me conoce un poco mejor, que no soy una persona tan complicada ni tan interesante. Es normal, porque supongo que en cierta manera, ambas cosas van relacionadas.
Supongo -sigo suponiendo, porque se me da bien y para qué mojarse-, visto lo visto hasta el momento, que no ser interesante ni complicado tiene sus ventajas, pero hay que reconocer que no deja de sentirse uno algo decepcionante cuando oye eso.
Por último, claro, dice la chica de la foto anterior que no quiere sentirse (tan) protagonista, aunque es verdad que veinte comentarios en el post que la presentaba en sociedad -léase: el anterior- no le parecían algo tan excepcional. En realidad, a la chica de la foto anterior esto le encanta... Y hasta aquí puedo leer.
(Por cierto, ¿se acuerdan de esto? Pues bien:
Ja. Interesante no, y complicado tampoco, pero listo, listo soy un rato)

Supongo que cuando Herri Batasuna o como coño se llamen ahora no condena los atentados de ETA, es que los apoyan.
Supongo que cuando los Estados Unidos de América no condenan el asesinato deliberado de cuatro observadores de la ONU -civiles e imparciales- por parte de Israel, es que los apoyan.
Enough said.
(¿Cómo era aquello que decía Bush de o estás con nosotros o estás contra nosotros? ...)






