Cada vez que su marido le pega, María calla y sigue tragando. Cada vez que su jefe le humilla, Juan calla y sigue tragando. Cada vez que sus compañeros se burlan de él, Andrés calla y sigue tragando. Un día tras otro, ellos y millones de personas en el mundo, en esas u otras circunstancias, callan y siguen tragando. Por mantener las formas, por una justificada cobardía, por miedo a llamar la atención o al qué dirán, por un inmerecido respeto al otro, por temor o por simple falta de decisión. Callan y siguen tragando. Un día sí y otro también.
Hasta que un buen día cualquiera de ellos se levanta cansado. Cansado de callar y seguir tragando. Y entonces, a veces, pasan cosas.

Procedo a contarles otra de mis múltiples aventuras con las grandes empresas de nuestro santo país. Ya saben, esos campeones nacionales, ya sean banca, energéticas o telecos. Esas que tanto les gustan a los políticos de turno, y con las que el españolito se debe sentir tan identificado. Cómo me encanta tratar con ellas, y qué contento estoy con el servicio que nos prestan. Ay, qué afortunado soy.
Hoy toca... ¡Endesa! Ya saben, ese modelo de campeón nacional reconvertido en spaghetti, pero nacional al fin y al cabo. Esta historia empieza el pasado agosto, cuando un señor muy apuesto aparece en la puerta de nuestra casa, y nos ofrece cambiar de Gas Natural a Endesa, con el suculento ahorro que supone la oferta Ahorro Gas 10%. Ya saben, esa oferta por la que te hacen un 10% de descuento y que hasta hace poco salía en televisión anunciando un tipo con cara de gilipollas. Claro que lo que ustedes no saben es que el descuento es únicamente por el consumo, y no por el resto de conceptos, pero pelillos a la mar que eso son tonterías (haberte leído la letra minúscula Times New Roman número dos (2), chaval). Nada, que en vista del prometido ahorro, y que ya me veía despilfarrando todas esas ingentes cantidades de dinero que no iba a tener que soltar, decidimos contratarlo. Y esperamos. La primera, en la frente; es decir, primera factura, doscientos cincuenta y dos (252) euros. Casi un año con Gas Natural, pagando treinta euros (30) cada dos meses, y con Endesa multiplico esa factura por ocho, con un mísero calentador de gas. ¿Será que nos duchamos demasiado? Pues no. Afortunadamente, el problema se solucionó rápido; al parecer, había habido un problema en la transcripción de la lectura del contador de gas, y el problema fue rápidamente subsanado.
Entonces quedé a la espera de la correspondiente factura, pero entre unas cosas y otras, ella no llegaba y yo tampoco me preocupaba demasiado. Un buen día, llaman a casa de parte de Endesa para la realización de una revisión inicial, seguramente por aquello de no fiarse de las instalaciones de la competencia; ahora sí ahora no, quedamos a las siete y media de un miércoles cualquiera, y allí me tienen a mí esperando que el técnico aparezca. Y claro, como pueden imaginar, nada de nada. Veinte minutos después, me llama diciendo que está en una plaza y que no encuentra el número (¿?), lo que genera una conversación que sirve para que yo descubra porqué no llegan las facturas a mi casa: Endesa básicamente no sabe dónde vivo; no sabe no: no tiene ni puta idea. Visto el problema, llamo a Endesa, corrijo los datos y solicito que me envíen todas las facturas generadas hasta la fecha a la nueva dirección. Vista la tardanza (aún estoy esperando), decido darme de alta en el servicio Online (ya les hablé de esto), para ver si así definitivamente puedo tener acceso a las putas facturas. Dos semanas después, ya tengo usuario y contraseña, por lo que puedo ver mis facturas... excepto la primera, que sigue en paradero desconocido. Es decir, tengo acceso a la factura errónea, pero no a la correcta emitida después. Vaya por dios. Hurgando en la última factura, descubro además un concepto denominado "Mantenimiento gas sin calefacción".
Aquí es donde empiezo a cagarme (figuradamente) en la madre que parió a Endesa. Llamo de nuevo (no olviden, ante todo, que los 902 son cualquier cosa menos gratuitos) y pregunto porqué me están cobrando ese concepto. La primera persona, que es la única con un mínimo de coherencia que encuentro, me dice que ese concepto va incluído en la oferta del descuento del 10%, y que seguramente haya firmado una hoja blanca, que iba asociada al contrato de color amarillo que firmé. Le indico que no, que lo único que tengo firmado es la hoja de color amarillo indicada, y le solicito que dé de baja el citado servicio de mantenimiento. Le pregunto además qué va a pasar con esos casi veinte (20) euros que Endesa me ha cobrado de más, que por otra parte yo desconocía por no tener acceso a las facturas, y se ofrece a poner una reclamación, que según me indica se resolverá en un plazo de siete (7) a diez (10) días. Para la baja, me pasa con el departamento de bajas, donde me encuentro una pobre chica de inteligencia límite probablemente del cupo de discapacitados, con todos mis respetos para ellos; entiéndanme, esta persona puede ser la mejor persona del mundo, pero para mí, ella es Endesa.
Lo de esta chica no tiene nombre. Empieza diciéndome que ha procedido a la baja del servicio de mantenimiento, y que claro, perderé el 10% de descuento (¡vaya!) pero cuando le pregunto acerca de la cantidad disimuladamente sustraida de mi bolsillo por la compañía a la que representa, me dice que no pueden devolverme el dinero, porque yo estaba disfrutando de las coberturas. Y este es un hecho que me asusta, porque quizá mañana me llame Maphre, Telefónica o Allianz informándome de que me han estado cobrando, por decisión unilateral suya, un seguro, y que no me pueden devolver el dinero cobrado porque aunque yo no supiese que tenía el servicio disponible, estaba "disfrutando" de la cobertura. Es decir, que esta chica intentaba convencerme de que, aunque yo no había firmado ningún papel donde autorizase el cobro de ese concepto (ya saben, ese papel blanco del que les hablaba antes), ellos tenían derecho a cobrarme ese servicio porque lo había estado "disfrutando", aunque no hiciese uso de él. ¡Ignorante de mí! Acaba diciéndome que claro, ellos no tienen todos los datos en el ordenador (y entonces, ¿dónde están y quién los tiene?), y que puedo acercarme a la oficina de Endesa más cercana, para presentar una reclamación. Les ahorro el resto de conversación.
Bueno. En definitiva. En un plazo de siete a diez días recibiré la respuesta de la reclamación telefónica, y no diré lo que voy a hacer después aunque se lo pueden imaginar. Y no es quemar las oficinas de Endesa, aunque les aseguro que ganas no me faltan. Otro día les cuento mi última aventura con Telefónica, que también tiene tela.

Como les prometí ayer, hoy les voy a contar mi última aventura con Telefónica, ese otro campeón nacional que se extiende allen de los mares, y de la que todo españolillo que se precie debería sentirse orgulloso. Claro que a la teleco de marras le importas más o menos en función del dinero que tienes y sobre todo del que te gastas en ellos. Pero es española, eso sí. ¿Qué otra cosa va a ser una empresa cuya principal infraestructura nacional ha salido del bolsillo de los españoles? Pues eso, española. Bueno, pelillos a la mar. Les cuento.
Hace cosa de veinte días, un señor muy educado llama al timbre de nuestra casa, y se identifica como comercial de Telefónica, en tareas, obviamente, comerciales. Nos presenta una oferta que combina llamadas y ADSL a un precio, como dicen ellos, realmente competitivo. Como digo yo, básicamente la mitad de lo que pago con los vampiros de ONO mon amour; otra que tal, pero de eso ya hablaremos otro día que tiempo y anécdotas no faltan. Bien, el caso es que tras jurar y perjurar que lo que nos está diciendo es realmente lo que es, que no hay letra pequeña escondida con tinta invisible, y que no florecerán gastos adicionales, procede a rellenar nuestros datos en una hojilla rosa de esas que utilizan para rellenar los datos los comerciales. Tras proporcionarle gentilmente la información solicitada, nos despedimos como dos personas que ven esperanzadas cómo empieza a surgir una bonita relación de amistad y cordialidad; el, con su comisión, y yo, con mi ahorro. Antes de irse, nos indica que nos llamarán de Telefónica, en una mera comprobación rutinaria, con el objeto de confirmar la aceptación de la oferta y verificar que él ha estado en nuestra casa.
Pasan los días y no recibimos la ansiada llamada, por lo que, pasados cinco soles, decido llamar al mil cuatro (1004), único número proporcionado por el comercial de turno. Por fortuna, y si no estoy terriblemente equivocado, este número es gratuito. Una chica muy atenta me indica, tras marearme como está escrito en el procedimiento de marras, que efectivamente, tal y como me dijo el comercial en su visita, existen dos campañas de captación de clientes: una en Valencia, y otra en el País Vasco, a causa de la competencia de ONO y Euskaltel en esas regiones. Tras decirme eso, la operadora me "tranquiliza" y me pide que vuelva a llamar si pasados quince días sigo sin tener noticias suyas, ya que ese es el plazo que suelen tener para introducir los clientes captados en el ordenador.
Tras pasar más de quince días, ayer les llamo. Un tipo bastante estúpido me atiende y me asegura después de buscar mis datos en el ordenador (o donde quiera que lo mirase) que no me conoce, ni a mí, ni a mi oferta, ni a mi señora, ni le suena nada de lo que le estoy diciendoi; vamos, que casi me está diciendo que lo he soñado. Teniendo en cuenta que la información del comercial estaba confirmada por la primera telefonista (llamémosla así), o el sujeto con el que hablo es un estúpido, o un incompetente, o me está mintiendo, o en realidad no sabe nada. Decidido que incompetente y estúpido sí era, lo otro, ni lo sé ni me importa. En una llamada posterior me indican, mucho más amablemente, que busque en el papel firmado algún número de teléfono o referencia, y que vuelva a llamarles. Lo busco y más allá del mil cuatro (1004), no hay nada. Volvemos a la casilla de salida.
Desde esas dos llamadas, habré hablado con unas cinco o seis personas más. Básicamente, cada vez que me aburro o quiero desahogarme, les llamo. Además, como cada persona que me atiende me cuenta una cosa, no me puedo quejar de monotonía, y como en general el nivel de ineptitud es tan grande, siempre se siente uno bien cuando finaliza la llamada. Ayer una buena mujer, que probablemente había visto demasiados telediarios, me advirtió que Telefónica jamás hacía ese tipo de actuaciones (léase "ir por las casas") y que lo mío era sin ningún género de duda una estafa; por lo visto mis datos personales se cotizan muy bien. Esta mañana, finalmente, una chica me ha confirmado que la campaña existe y no la he soñado, y si tengo que creer lo que me ha dicho, ha mandado un email a los comerciales para que se pongan en contacto conmigo. La verdad es que si registran todas las comunicaciones, no me extrañaría nada que me hubiese tenido esperando para nada; ya les contaré.
En realidad, esto que les cuento no es nada de qué sorprenderse, igualito que con Endesa. Lo que he decidido es que me da igual que paguen justos por pecadores, pero al próximo comercial que se presente en mi puerta con una oferta, lo voy a mandar a la mierda, directamente.
Como nota al margen, si realmente los centros de atención al cliente graban las conversaciones, como dicen que hacen "para mejorar el servicio", no entiendo cómo es posible que uno (yo) se encuentre tan a menudo en estos servicios con gilipollas integrales, vagos, incompetentes y sujetos de similar estopa. Claro que hay gente competente, agradable y dispuesta a ayudar, pero yo debo tener muy mala suerte porque de esos encuentro muy pocos. Una cosa es que pilles de vez en cuando a alguien puteado, cansado y con un mal día, pero que eso te pase día sí, día también, es al menos sospechoso. Me parecen demasiados para que no se refleje en un estudio muestral de llamadas. Quizá sea que los responsables son igual de incompetentes, pero me estoy aventurando y para no enfangarme más y que nadie se me enfade, lo voy a dejar aquí.



Ayer escribí lo que sigue después de esta larga introducción (es decir, lo que hay después de los tres asteriscos) en Security Art Work, pero la verdad es que la entrada anterior de "Super Mario Galaxy" me gustó más a nivel personal y también pensé que "pegaba mejor" con este blog; la cuestión es que a mí ese tipo de cosas me resultan bastante interesantes pero imagino, quizá de manera equivocada, que a muchos de ustedes no, así que lo que escribo allí no siempre lo traslado aquí. En definitiva, que lo que les cuento debajo me parece interesante, aparte de por defecto profesional, porque es como una especie de John Le Carré, en versión tecnológica y real. Claro que no es lo mismo leer el Padrino, que abrirle la puerta de tu casa a un par de matones que vienen a romperte las piernas porque no has pagado la extorsión mensual. Por otro lado, voy algo saturado de trabajo y aunque tengo algunas ideas escritas, no tengo tiempo de desarrollarlas; a lo largo del fin de semana ya veremos, y si no, tengan paciencia. Siempre nos quedará Paris.
Por lo demás, no encuentro La ética protestante y el espíritu del capitalismo de Weber <autobombo>(sobre el que escribí un pequeño trabajo para clase que pueden descargarse en pdf desde aquí)<autobombo>. No se preocupen, antes de amenazar y ponerme violento, voy a buscarlo bien. No obstante, si alguno de ustedes lo tiene, que hable ahora o calle para siempre.
Para acabar, que esto se está haciendo mucho más largo de lo pensado en un principio, he decidido que voy a empezar a escribir en papel, ya saben, bolígrafo y libreta en mano, para evitar las numerosas distracciones que tiene uno cuando escribe en el ordenador (o para compensar mi falta de voluntad y desde hace unos meses mi limitada capacidad de concentración). Asumo que al principio costará más, pero espero que con el tiempo, vaya a mejor. Claro que pensé eso hace una semana y aún no he escrito nada, así que igual cambio de opinión antes siquiera de empezar. Nada más. Les dejó con lo que escribí ayer, y como siempre, si no les veo antes, pasen un buen fin de semana. Por cierto, los comentarios siguen temporalmente moderados; disculpen las molestias, pero es para evitar moscas cojoneras...
No sé si se acuerdan de lo que les comentamos hace algún tiempo en relación con esas páginas en las que, a cambio de tu usuario y password de MSN, te dicen quién te tiene bloqueado en su MSN. O eso afirman ellas, porque el propósito final al parecer es muy diferente, según lo visto: generar spam (que es desde luego, casi lo más benigno que se puede hacer).
No vamos a repetir lo mismo que les dijimos aquella vez, pero al parecer, a raíz de una entrada en Genbeta (posiblemente inaccesible en estos momentos; su reproducción puede verse en el blog de Enrique Dans, a partir del cual he conocido la noticia) que advertía del peligro que supone dar este tipo de información a desconocidos, dicho blog, propiedad de Weblogs S.L., está sufriendo un ataque distribuido de denegación de servicio desde el pasado 3 de febrero.
Creo que ya lo he dicho alguna vez, y lo repito. Es un error pensar que este tipo de cosas las hacen cuatro mataos. Nada más lejos de la realidad. Estas cosas están bien organizadas, y sus responsables gestionan en la sombra (y no me refiero a la cárcel) una cantidad de recursos (botnets) en ocasiones nada despreciable, a los que muchas veces simplemente no es posible hacerles frente. Así de simple, y así de duro.
Nada más por esta semana. Para la que viene, entre otras cosas, tenemos la continuación de la serie sobre WPA-PSK de Roberto, y empezaremos a entrar en detalle con VoIP. Como siempre, pasen un buen fin de semana y nos vemos el lunes.
Actualización: Al parecer, algún otro weblog de Weblogs S.L., blogs relacionados con ellos (Error500.net, por ejemplo) y Menéame.net (directamente de su FAQ, una web que te permite enviar una historia que será revisada por todos y será promovida, o no, a la página principal) están sufriendo ataques de DDoS. Meneame incluso parece estar sufriendo algún tipo de extorsion por parte de los autores del ataque, por lo que cuentan en su blog, que se extendería a todas aquellas webs afectadas.

[...] Si bien el descarte miope permanece sin explicación, Schelling capta algo que es importante de su psicología cuando enraíza la paradoja del autocontrol en la modularidad de la mente. Y observa que "las personas se comportan a veces como si tuvieran dos egos, uno que quiere tener los pulmones limpios y ambiciona la longevidad, y otro que adora el tabaco, o bien uno que prefiere un cuerpo esbelto y delgado, y otro al que le gustan los postres [...] Ambos se hallan en una contienda continua en la que se disputan el control". ¿Qué sucede cuando las recompensas son del mismo tipo, como un dólar frente a dos dólares mañana? Tal vez una recompensa inminente involucra un circuito que trata con cosas que son seguras y un circuito distante para apostar por un futuro incierto. Un circuito es de categoría superior al otro, como si la persona completa estuviese diseñada para creer que más vale pájaro en mano que ciento volando. En el entorno contemporáneo, con su conocimiento fiable sobre el futuro, esta primacía a menudo conduce a elecciones irracionales. En cambio, nuestros antepasados puede que hicieran bien al distinguir entre lo que es definitivamente disfrutable hoy y aquello que se conjetura o rumorea que será más disfrutable mañana. Incluso hoy en día, la demora en la gratificación a veces es castigada debido a la fragilidad del conocimiento humano. La retirada de fondos lleva a la bancarrota, los gobiernos incumplen las promesas y los médicos anuncian que todo cuando habían dicho que era malo para la salud es ahora bueno para sus pacientes y viceversa.»
Steven Pinker, Cómo funciona la mente. Ediciones Destino, Barcelona, 2001. El fragmento es de la edición de 2007, p. 508-509. El extracto de Schelling es de Choice and consequence: Perspectives of an errant economist, Harvard University Press, Cambridge, Massachusets, 1984, p. 58-59.

No me cabe ninguna duda de que conocen la siguiente frase:
Esta entrada en concreto tiene, además, una componente nada despreciable de FUD, ya sabes, aquello de "Fear, Uncertainty and Doubt". Bueno, tú de esas cosas sabes más que yo, claro.
Por último, me resulta muy interesante aquello de "enviando correo basura sin parar a la Hotmail", porque no sé cuantos correos basura recibes tú de Hotmail. Porque asumo, claro, que dispones de una cuenta en Hotmail. Yo, que tengo una cuenta en hotmail (y otra en gmail), recibiré a lo sumo uno cada 3 meses, algo que en mi opinión no es algo excesivo. Pero claro, para gustos colores.
En definitiva, lo más normal es que, como ya ha pasado en otras ocasiones y parece que alguien te ha recordado, no des ni una con tus predicciones de futuro para Microsoft. Suerte que opinar es gratis y las palabras se las lleva el viento (aunque estén en Google).»
Sirva pues esta entrada y los comentarios que contenga de homenaje a este sujeto, que últimamente me exige (y yo diría que incluso me amenaza) que no le censure. Ah. Y si alguna vez han dudado de la frase de Einstein que encabeza esta entrada, ahora pueden estar seguros de que no se equivocaba.
Así pues, no volveré a censurarte. Ten por seguro que todos tus comentarios incluidos los que has hecho hasta ahora aparecerán en este blog, dentro de esta entrada, cuyo título no podía ser otro que "Estupidez".
Con dios.
Nota informativa: No he pensado en ningún momento que Enrique Dans tenga nada que ver con esto, más obra de idiotas congénitos que de personas.

Hace unos meses le regalé a Laura el que era entonces el último libro del último Premio Pulitzer Cormac McCarthy, No es país para viejos, en el que está basada la película por la que Javier Bardem ha ganado tanto reconocimiento y es posible que incluso gane un Oscar; ya veremos. Lo cierto es que en el trailer el tipo parece estar espectacular. A pesar de que hace bastante que no leo un libro entero (por fragmentos y en determinadas circunstancias, sí, y no les digo más) ya que no encuentro tiempo para todo, y más por empatía y curiosidad que otra cosa, empecé a leerlo. Lo abandoné a las pocas hojas. Exactamente como hizo ella en la página treinta y siete (37), según cuenta.
No sé si conocen la obra de este autor, pero por lo poco que le he leído, este hombre tiene un estilo y una narración incómoda, áspera, molesta; frases muy cortas y rápidas y pocos adjetivos (esto último me gusta mucho). Nada que ver con la escritura fluida de Philip Roth, por poner alguien de su nivel; más bien todo lo contrario. McCarthy casi te obliga a leer a toda velocidad, por no decir que lo hace, algo a lo que imagino que hay que acostumbrarse y yo no tuve la suficiente motivación para ello. Como tampoco lo conozco demasiado, tampoco sé si ha escrito siempre así o está experimentando; Picasso tiene dibujos figurativos que son una absoluta maravilla, antes de que empezase a jugar con cosas nuevas.
Ahora que han estrenado la película de los hermanos Coen, que tiene una pinta impresionante, estoy pensando en leerlo, pero como les he dicho, hay muchas cosas que hacer y poco tiempo. Aunque ahora que lo pienso, a ver si en lugar de eso, va a ser problema de fuerza de voluntad y, sobre todo, pereza. Sí. Seguro que es eso: pereza.
No obstante, prometo intentarlo. Ya les cuento.

No sé si han visto el último anuncio de Nivea. Si no es así, es este:
En él, perteneciente a su última campaña, esta compañía parece querer adoptar la estrategia de Dove, que se basa en afirmar que la belleza no está única ni principalmente en las pasarelas o en los anuncios de moda, y que no hay que estar bordeando la anorexia o estar de lleno metida en ella ni tener unas medidas perfectas para ser una mujer atractiva y bella. El eslogan, que seguramente recuerden, es "Por una belleza real", y en sus anuncios se ven mujeres que, aunque obviamente han sido cuidadosamente seleccionadas, no siguen el estereotipo de la mujer escuálida de los desfiles de moda o las páginas de Vogue.
Como decía, Nivea está intentando hacer lo mismo con esta campaña, y según leo en Mira lo que veo por cierto uno de los pocos blogs que he encontrado críticos con el contenido del anuncio, la Directora de Marketing de Relaciones con los Consumidores de la central, Jo Wood, afirmó que «ésta es una nueva visión para Nivea que aboga por una visión holística de la belleza. No hay una fórmula estereotipada de la belleza. Nivea reconoce que la belleza es auténticamente individual y multifacética».
Miren la imagen que aparece debajo y vuelvan a ver el spot publicitario. ¿De verdad les parece que, a la vista de las pruebas, Nivea piensa que "la belleza es auténticamente individual y multifacética"? ¿No es demasiada hipocresía querer vender una belleza no estereotipada a través de un anuncio en el que básicamente salen chicas jóvenes terriblemente guapas y atractivas, continuando con el modelo de belleza al que las revistas de moda nos tienen tan acostumbrados y que Nivea *simula* rechazar?


El pasado domingo estuve de sesión cinematográfica tirado en el sofá, viendo El hombre elefante, de David Lynch, y El ultimátum de Bourne, la última película de una trilogía que personalmente me encanta; no sólo por el realismo de las escenas de acción (o esa impresión me generan, ni que viese a agentes secretos metiéndose galletas a diario) a pesar de lo inverosímiles que resultan muchas de ellas, sino porque nunca sabes cómo va a salir de los marrones en los que acostumbra a meterse, pero la cuestión es que sale.
Dejando eso aparte, en realidad, y como pueden ver por la imagen de la izquierda, esta entrada iba a propósito de la primera película, con John Hurt y Anthony Hopkins. Aunque la había visto antes, hacía tantos años que no recordaba lo buena que es. En la Wikipedia, de donde por cierto está sacada la fotografía, pueden leer la historia del protagonista, ya que se trata de un hecho real.
Si no la han visto, alquílenla, cómprenla o bájenla de Internet. Les aseguro que vale la pena.
(Ahora saldrá el típico listillo capullo diciendo que si no puedo recomendar algo que no haya visto todo el mundo. Pues no, no puedo.)

Hoy pido consejo, que con toda probabilidad no seguiré. Así que si es usted de los que no dan consejos, o de los que no dan consejos si no se les va a hacer caso, puede ahorrarse la lectura de hoy. Le veo el lunes, si el cielo no cae sobre nuestras cabezas.
Imaginen ustedes que les gusta escribir, que llevan rumiando en la cabeza una historia desde hace meses, y comienzan a sentirse con ganas de ponerse a ello. Imaginen además que, como me decía el otro día uno de mis "amigos" (es curioso que me conozcan tan bien; o yo soy transparente, o ellos son adivinos, o es que pierden demasiado tiempo leyendo lo que escribo), son ustedes pretenciosos y tienen cierta fe, relativa, en sus propias posibilidades (nada que ocultar, algunos ya me conocen bien). No demasiada, sino la suficiente como para intentarlo, al menos. Imaginen que esta vez, también, el ánimo les acompaña.
Hecha la composición de lugar, digamos que se da esa conjunción de circunstancias, y me pongo a escribir. He valorado dos alternativas para el eventual resultado. En la primera, una vez a la semana de manera constante y salvo circunstancias de orden mayor que lo impidan, publico aquí los avances realizados, con cierto orden y coherencia, algo así como una novela por entregas. Esto tiene como ventaja que probablemente me obligue a continuar, pero al mismo tiempo, el texto a veces puede requerir un par de pensadas que no le voy a conceder; y si es lo suficientemente bueno en su conjunto como para ser publicado comercialmente, con toda seguridad la publicación "en abierto" frustrará cualquier opción.
En la segunda alternativa, que implica una mayor fe y una mayor pretensión, me guardo lo que escribo para mí, y si acabo algún día, le intento dar salida por los cauces habituales: premios, editoriales, etc. El principal problema en este caso es la dedicación y continuidad, a causa de la adicción desarrollada a la atención y criterio de la gente (ustedes). En otras palabras, tengo fe en algunas cosas, pero no tanta en mi fuerza de voluntad. Obviamente, ambas opciones pueden influir y adelanto que lo harán de manera sensible en la periodicidad de publicación de este blog, que últimamente es excesiva.
Ahora imaginen todo eso si son capaces y tienen ganas, y más allá de preferencias personales, pónganse en mi lugar y díganme qué harían ustedes.
Nada más por hoy. Pasen un buen fin de semana y nos vemos, si todo va bien, el lunes. ¡Ah! Los comentarios continúan moderados, pero no se quejen que soy raudo en su publicación.

Para mí, la más lúcida descripción de qué somos, en qué nos hemos convertido y hacia dónde vamos:
[...]
El puritano quería ser un profesional, nosotros tenemos que serlo. Pues al ser trasladado de las celdas de los monjes a la vida profesional y comenzar a dominar la eticidad intramundana, el ascetismo contribuyó a erigir aquel poderoso cosmos del orden económico vinculado a los presupuestos técnicos y económicos de la producción mecánica que hoy domina abrumadoramente el estilo de vida de todos los individuos que nacen en este engranaje (no sólo de quienes participan directamente en la actividad económica) y tal vez seguirá determinándolo mientras no se haya apagado el último resto de carburante. De acuerdo con Baxter, la preocupación por los bienes exteriores debería estar sobre los hombros de sus santos sólo como "un abrigo fino que en todo momento uno se puede quitar". Pero la fatalidad hizo que el abrigo se convirtiera en una jaula de acero. Cuando el ascetismo se puso a reconstruir el mundo y a actuar en él, los bienes exteriores ganaron sobre el ser humano un poder creciente y al final invencible, como nunca antes en la historia. Hoy su espíritu ha abandonado esa jaula, quién sabe si para siempre. En todo caso, el capitalismo victorioso ya no necesita este apoyo una vez descansa en una base mecánica. [...] Donde no se puede poner el "cumplimiento de la profesión" en relación directa con los valores culturales supremos, hoy el individuo suele renunciar a interpretarlo.
[...]
Nadie sabe aún quién habitará en el futuro en esa jaula ni si al final de este enorme desarrollo figurarán profecías nuevas, o un potente renacer de viejas ideas e ideales o más bien una petrificación mecanizada adornada con un pavoneo exagerado. Pero entonces podría llegar a ser verdad en relación con los "últimos seres humanos" de este desarrollo cultural lo siguiente: "Especialistas sin espíritu, hedonistas sin corazón: esta nada se imagina que ha alcanzado un nivel de la humanidad desconocido".»

Saben que no suelo decantarme políticamente por ningún partido en concreto, aunque ideológicamente uno tiene sus preferencias. No obstante, videos como el que les pongo a continuación, desde el púlpito de la televisión pública y por tanto con dinero público (Canal 9) son el mejor ejemplo de hasta dónde está llegando (o hace mucho que llegó) el PP con esto de la propaganda; para aquellos que no conozcan a la "portavoz", la que habla a cámara no es una comentarista política ni un tertuliano de tres al cuarto, sino la presentadora de un programa. No tengo muchas palabras más para definir lo que se ve, así que juzguen ustedes mismos.
Visto en Testigo Accidental.

Recordarán que la semana pasada les dije que tenía intención de ir a ver No es país para viejos. Por suerte, y eso debería adelantarles mi impresión de lo que ví, fuí. Sin duda todos han oído hablar de la película, básicamente porque sale Javier Bardem y eso ha provocado que la publicidad gratuita (¿?) a base de telediarios, entrevistas y programas varios haya sido considerable. En cualquier caso, al César lo que es del César: en mi opinión (típica coletilla absurda, ¿de quién va a ser si esto lo escribo yo?) Bardem hace un papelón. Que otros actores podrían haber dado la talla al mismo nivel, como he leído en algún blog, pues sí, pero igual que en tantas otras películas, y con tantos otros actores, así que para qué especular.
Tranquilos, no les voy a desvelar nada del argumento. Sólo diré que la película me gustó mucho, y aunque no llega al nivel de molestia de "lanza clavada en un costado" que tienes mientras estás leyendo el libro, sí que tiene "algo" que incomoda pero que no soy capaz de identificar; quizá la dirección de los hermanos Coen, la historia en sí o la forma de narrarla. En cualquier caso, esa piedra en el zapato, lejos de suponer un problema, es lo que la saca del convencionalismo y la mete en la diferencia, haciéndola interesante y lo buena que es, aunque más de uno acabe discrepando con mi opinión tras su visionado. Ya me dirán.
En definitiva, una película más que recomendable. Y nada más por el momento, así que ya ven que mierda de entrada. Luego si tengo un rato, les cuento sobre mi afición a la controversia, por decirlo de alguna forma, y la diversión que sin saberlo me está proporcionando un idiota que se empeña en querer molestar (no, chico, no, todo lo contrario).


Como saben, durante esta semana pasada estuve recibiendo comentarios ofensivos, grotescos, o llámenlos como quieran, que provocaron que moderase las contribuciones. Al parecer, y como ya comenté, la causa de todo el follón que no es, como podría suponerse, un foll*dor compulsivo fue un comentario subido de tono en el blog de Enrique Dans. En principio, la "tormenta" (no fue para tanto) ya ha pasado, aunque nunca se sabe. Les confieso que todo esto ha sido un poco raro; o más bien, su autor es un tipo un poco extraño; igual pasa de la adulación al "insulto" en unos minutos, o igual se muestra amable que adopta un curioso tono paternal o imperativo. En definitiva, que es un sujeto curioso.
Volviendo a lo que les decía, la respuesta de mi señora a lo que pasó, fue poco más o menos un «te lo mereces, por buscabullas». Vale, lo admito, es cierto. La mayor parte de las veces me lo merezco por camorrista, aunque eso no implique que esté de acuerdo con el abuso aplicado sobre este blog como "correctivo". Diciéndolo de una forma diferente, confieso que me gusta críticar y me gusta hacerlo "con fuerza". Y ese es el problema, porque aunque *siempre* esas críticas tienen una opinión de base, con la que se puede estar de acuerdo o no, el lenguaje que utilizo suele ser con frecuencia demasiado agresivo, tanto más cuanto menos de acuerdo estoy con el destinatario de mi crítica o más en posesión de la verdad se cree éste (o, puntualicemos, esa sensación me da a mí); a menudo, éste es lo suficiente corrosivo para que el interlocutor se sienta justificado a tomar mis palabras como una agresión personal, e incluso para que en alguna ocasión, un par de horas después acabe pensando que quizá me haya extralimitado, al menos en las formas.
Pero, y he aquí el necesario pero, es que toda la retórica que acompaña a esas críticas me puede: me divierte una barbaridad; supongo que heredé esa afición por la discusión como fin en sí misma de las Usenet News (i.e. los grupos de discusión) mientras estuve en Atlanta, y la conservo; es por otra parte un sano ejercicio, mientras no se lo tomen en serio (y yo a veces lo hago). A lo que voy, es que en algunas ocasiones no en todas, por supuesto suelo soltar los dedos con demasiada facilidad y sobre todo, demasiada mala leche, y cuando veo que el interlocutor se muestra razonable, casi siempre me veo obligado a puntualizar mis comentarios y comerme el tono de mis palabras, que no la crítica en sí (a no ser, claro, que efectivamente constate o reconozca que estoy equivocado). Claro que cuando la otra persona se siente comprensiblemente agredida y responde a la crítica de la misma forma, entonces sí me divierto, y casi diría que la otra parte también.
Lo sé, no está bien, pero quería explicárselo que hoy me he levantado sincero (y bastante espeso). Además, estarán de acuerdo en que ya somos demasiados iluminados andando por este mundo y qué quieren, yo soy así y la Lola se va a los puertos.

Si les digo que no tengo tiempo para escribir, espero que se lo crean. Claro que hagan lo que hagan, eso no cambiaría mucho, más que la percepción que tienen de mi persona y su credibilidad (i.e. la de mi persona) en un ámbito más bien reducido de la población mundial, algo que admitámoslo, no es mucho en términos universales; también es verdad que si lo reducimos todo a esos términos, alguien podría decir que nada que pensemos es mucho. Eso es falso, no obstante. Golpeen con todas sus fuerzas el dedo meñique de su mano derecha con un martillo, y les puedo asegurar que no habrá nada tan intenso, grande y descomunal como su dolor, incluso en términos universales. Así que no desprecien su punto de vista, es importante.
En cualquier caso, más allá de reflexiones que no merecen ser llamadas así, es cierto, créanme: no tengo tiempo. Así que tras esta breve introducción les dejo con una canción de The Killers que acaba de pasar hace un momento por el Winamp, en versión iutub, y una frase con la que, a las tres y media de la mañana en un laboratorio del Georgia Tech hace algo más de siete años, Jimmy Chang y yo cerramos un trabajo de Arquitectura de Computadores:

Hace mucho que Andrés no tiene tiempo para nada. Ayer por la noche, a altas horas de la madrugada, mientras finalizaba un informe y un desagradable sudor frio le caía por la espalda, sintió un intenso dolor en el pecho, e instantes después cayó al suelo como una losa. Al momento, apareció mágicamente en su despacho una mujer ataviada con una sotana negra y una inmensa capucha que ocultaba su rostro entre las sombras, al tiempo que sostenia una gran guadaña; su altura y envergadura era tal que apenas cabía en la habitación. Se acercó a él con paso lento, se inclinó con suavidad y solemnidad, y tras mirarle unos segundos a los ojos, le dijo con voz grave y cavernosa: «Bueno... que digo yo... que si eso ya me paso más tarde, que te veo liado».





