Ya sé que el año pasado fuí mucho más rápido en felicitar el año, mucho más entusiasta, mucho más prolífico, de lo que lo he sido en este caso. Sí, lo sé, pero compensación, os he traído una postal. Ante ustedes, El Cairo:



Cuenta Marcus Boffmann en su libro Historias sin miedo que aproximadamente a treinta millas al norte de Tweedtown, entrando ya en el desierto de Nevada, se encuentra lo que se conoce como La colina del Grito (The Shouting Hill), a la que acuden cada año miles de personas al año con la única intención de gritar, tan alto como puedan, al desierto que se extiende frente a ellos.
A partir de este ejemplo reflexiona Boffmann acerca de la urgente necesidad de contar con espacios en los que el individuo -principalmente, pero no exclusivamente- de la gran ciudad, de la urbe cosmopolita, al que se le exige un grado superlativo de civilización a la vez que se le fuerza a convivir con grados a menudo intolerables de incivilización representados a través del estrés, los abusos tanto psicológicos como físicos y la injusticia burocrática, pueda hacer frente a esta contradicción social y personal. No nos sorprendamos, dice Boffman, de que «de tanto en tanto, una persona se salga literalmente de sus casillas y lleve a cabo lo que es una atrocidad ante los ojos de cualquiera. Nos sorprenderíamos, hasta el nivel del compadecimiento y quizá la empatía, de la historia que muchos de estos asesinos que aparecen en los noticiarios tienen tras de sí.»
Al igual que Joel Schumacher en Un día de furia, Marcus Boffmann advierte que es una temeridad olvidar las partes no conscientes de la sociedad, y que cualquiera de nosotros, o aquellos con los que convivimos día a día, podría, sometido a una excesiva presión, convertirse en un salvaje.

Cuentan mis padres, como anecdotario familiar que soy, que cuando en el colegio me enteré por boca del habitual espabilado de siempre que los Reyes son los padres, no me lo acabé de creer, y al parecer solicité una confirmación oficial. Supongo que la cara que puse debió parecerse a la de aquél cuando al bueno de Darth Vader se le ocurrió confesarle aquello de yo soy tu padre en pleno ataque de asma.
El caso es que como a mis 26 30 años sigo siendo bastante ingenuo y quizá hasta un poco tonto, todos los años sigo pidiendo cosas, a lo tonto, a ver si cuela. Después de todo, mucha gente compra lotería, y no sé qué es más fácil, que te toquen unos cuantos miles de euros gracias a unas bolitas o que un buen día tres tipos entren de noche a tu casa sin pedir permiso. Y puesto que el año pasado cumplieron bastante bien -con algo de retraso, todo sea dicho-, este año he decidido pedir amor, paz y felicidad para todos los habitantes del mundo. Menos para los que me quitan el sitio para aparcar. Para esos, un container de mierda de perro. Gracias.
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M.: ye. quetaspedioparelles?
Ciudadano Cero: whisky
M.: ah. whisky.
M.: sólo?
Ciudadano Cero: sí, sólo. Yo tengo hielo
Ciudadano Cero: :)
M.: ;)
Ciudadano Cero: y tú?
M.: no se
M.: lo estoy pensando
Ciudadano Cero: pues date prisa, porque vienen hoy
Ciudadano Cero: lo mismo han salido ya
M.: es verdad
M.: joder
Ciudadano Cero: los camellos no creo que sea muy rápidos
M.: no
Ciudadano Cero: bueno, si llevan detrás a la poli, sí
M.: menudo asco de curro
M.: todo el puto año viajando en camello
Ciudadano Cero: por? sólo curras un día al año, y encima es mentira!!!!!
M.: que asco
Ciudadano Cero: curras un día, tienes un camello a tu disposición para tí solo (cuantos pagarían en el carmen por eso), viajas, ves mundo...
Ciudadano Cero: es el curro ideal
M.: ya claro
M.: pero y saltar la verja que?
Ciudadano Cero: son magos, entran por la ventana aunque esté cerrada
M.: menuda putada
Ciudadano Cero: como los rumanos!
M.: tú sabes como está el tema de la inmigración?
Ciudadano Cero: tienen papeles, los reyes tienen papeles
M.: ah
M.: claro
Ciudadano Cero: joer, que son reyes!
M.: es verdad
Ciudadano Cero: a canarias llegan en cayuco
M.: si es que no me centro, tío, no me centro
Ciudadano Cero: pero por solidaridad
M.: con los camellos
M.: claro
M.: ale
M.: ya
[La imagen del Rey es de www.fiftiesweb.com]

Todos los días, antes de acostarse, abre su libro y lo lee. Y todos los días, da igual por donde lo abra, se encuentra a sí mismo de nuevo en el papel, descubriendo con horror que su vida ya ha sido pensada antes, que alguien se ha encargado de escribirla, de revisarla, de corregirla, de mandarla a la imprenta, de publicarla, de distribuirla, de comprarla. Que su vida, como una vulgar historia, ha pasado ya por innumerables manos, que no posee ni un ápice de originalidad. Y cada noche, intenta sin éxito leer un poco más allá, reconociéndose en frases que se eternizan al narrar a un protagonista intentando ir un poco más allá, atormentado por no saber si es él el que escribe o el libro el que narra.
Y se resiste, día tras día, a saltarse la trama y pasar directamente al final del libro, aunque se da cuenta de que, a pesar de las consecuencias, no podrá resistirlo mucho tiempo más. Pero le consuela pensar que, sin duda alguna, cuando lo haga, lo encontrará escrito en esa última hoja.
(Texto publicado el pasado 24 de noviembre de 2005 como colaboración en Futuro Perfecto, el anterior blog de Nadie. Y es que no somos nadie.)


«Si tienes suerte y el golpe te pilla fresco, cuando te desplomas sobre la lona al menos tienes una ligera conciencia de qué coño es lo que pasa. Si no tienes esa suerte... bueno, si no la tienes, llegado ese punto no importa demasiado porque eso no va a cambiar nada. Y entonces, simplemente caes. Así, sin más. Te desplomas, caes, sin sentir que caes. Y flotas. Flotas. Como una tonelada de hierro en el fondo del océano, flotas y te escuchas a ti mismo; el latido del corazón retumbar dentro de tu cabeza, el aire saliendo de tus pulmones y tus propios gemidos mientras el mundo entero guarda silencio. Y en ese preciso instante, exhausto, agotado, derrotado, muerto, acabado, te levantas. Porque flotas, porque tienes que hacerlo, y porque después de todo, ese es después de todo tu puto trabajo.»

Sí, este es House. Qué sorpresa, ¿eh? "Tachán". Bueno. Voy a ver si yo también tengo tanta suerte y encuentro por ahí una puta foto mia con un puto ratón parlante, o al menos con Geena Davis.

Descubrimiento gráfico vía mi otro blog colectivo, SocieDADAnónima. El resto es mio, con dos cojones (los que tengo).

“Soy lo que como”
como título para el nuevo programa (de Cuatro) me gusta más
“De lo que se come se cría”
Es más clásico y no me negarán que da mucho, mucho más juego.


Nicolás tiene mucho tiempo libre. Mucho. Mucho más del que necesita a los noventa años. Mucho más del que desea. Demasiado. Demasiado cuando no queda nada más por vivir. Nada más por hacer. Y sentado frente a la puerta espera. Piensa. Sonríe. Y espera. Ella habría solucionado esto. Discretamente. En silencio. Sin ruido. Pero ya no. Ahora él no quiere eso. Ya no. Nicolás es un viejo. Pero no es un inútil.
Aunque lleve pañales.
Aunque se mee encima.
Aunque se cague encima.
Aunque apenas pueda mantenerse en pie.
Aunque le tengan que lavar.
Aunque tenga que comer papilla.
Aunque sea tan fácil tratarlo como a un perro.
Mira su reloj. Es casi la hora. Casi. Sólo queda oír esas bisagras chirríar una vez más. Su última alegría. Y dejar las cosas zanjadas. Cerradas. Finiquitadas. Y darle a esa hija de puta una lección. Una que no olvidará en su vida. Así que sonríe. Y espera. Porque puede esperar un poco más. Y una eternidad. O dos. Quién tiene prisa. No ha resultado tan difícil. ¿Verdad? Y sonríe.
Una llave. Tanteando. Una llave al otro lado. Buscando. Un pestillo. Bingo. Dos pestillos. Una puerta. Una cuerda que se tensa. Un gatillo. Un percutor. Una bisagra que grita. Una bisagra que avisa. Una bisagra que llora. Una bisagra que suplica. Como si. Una hija. De puta. O una madre. ¿Qué?
Y una nieta.
Tres bisagras. Avisando. Chillando. Llorando. Suplicando. Como si. En una habitación con un viejo. Que se muere antes de morir. Que quiere morir antes de morir. Una explosión. Un segundo o quizá no tanto. Y sangre. Sangre de viejo. Sangre de noventa años. Sangre de un hombre con demasiado tiempo. Sangre de un hombre que ya no sonríe. Sangre de una cabeza inerte. Muerta. Y otros ojos. Otras manos. Otro pelo. Otros labios. La persona equivocada. Sangre. Que una niña de seis años jamás conseguirá limpiar de su cara.
Y una imagen.
Que un alma de seis años.
(Esto sí).
No olvidará en su vida.

A través de www.todomepareceunamierda.com llegué a esto de TV On The Radio. "Esto" se llama Wolf Like Me:
A mi no todo me parece una mierda. De hecho, te parezca lo que te parezca, no todo es una mierda.

Babel. Esta historia podría ir de unos tipos a los que les da por hacer una torre muy alta, pero no, esa creo que es otra historia. Y eso que esa es un gran gran bestseller; no me negarán que tiene gancho. Ésta, *la película*, no va exactamente de eso, pero en parte sí, porque por algo se llama Babel, ¿no?
Babel, *la película*. Bien, no está mal del todo. Quiero decir, la película está muy bien, es buena, pero. Siempre hay un pero, claro. Ese "pero" es que es... es demasiado Crash. Pero claro, no es Crash. Es demasiado las alas de una mariposa en Taiwan provocan un terremoto en Nuevo México. Es demasiado música (no, no es un problema de género) en demasiados momentos cruciales. Es demasiado... ¿ya? Como he dicho, recuerda demasiado a Crash. Y eso no tiene porqué ser bueno. Sí, claro que te enseña cosas. Cosas como que por lo general, nadie se va a mojar demasiado por ti si te metes en problemas. Y que la persona que menos lo esperas, dará su vida por ti. Y más cosas. Pero. Siempre hay un pero.
La película es buena. Yo, simplemente, esperaba algo más. Algo más Melquiades Estrada, algo más Crash. Pero no esperaba tanto Crash. Bueno. Es complicado de explicar, así que mejor vayan a verla y háganse una opinión.

Pues resultó que después de ver Babel el pasado viernes, al día siguiente, como quien no quiere la cosa, consciente del gusto de mi pareja por el cine y su adicción a la nicotina, decidí aprovechar su extravagante horario laboral y plantarme en una sala de cine para ver Banderas de nuestros padres. Sí, solo. Completamente. Más que la una. Tristísimo, ya lo sé. Un alma en pena, un incomprendido, un torturado existencial.
Bien, Banderas de nuestros padres. Como iba diciendo, la película en cuestión está ambientada en la batalla de Iwo Jima que se libró entre japoneses y americanos a finales de la Segunda Guerra Mundial, y concretamente, en el acto simbólico de colocación de una bandera estadounidense sobre el monte Suribachi y todo lo que vino después. Diría que no es lo mejor de Clint Eastwood, pero que está en la línea de sus trabajos. Diría que es una buena película, pero que no es una gran película. Diría muchas cosas sobre ella, pero no lo voy a hacer. Y no por respeto a la gente que me lee. No, en absoluto.
No voy a hablar de ella porque lo que más recuerdo de la película, por desgracia, era un gilipollas integral con un crío de cinco, seis o siete años sentado detrás de mí, celebrando con risas, gritos e imitaciones los bombardeos y disparos. Entiéndanme. Uno va a ver por casi seis euros una película de guerra a las cuatro de la tarde, una película con escenas casi gore al estilo Salvar al soldado Ryan, y lo último que espera es tener a un enano gritando de alegría y lo que es peor, a la persona que lo lleva, de igual o menor edad mental que éste, riéndole la gracia. Créanme que ahora -y todos los que queríamos ver una película en el silencio que esperas que haya en una sala de cine- entiendo mucho mejor aquello del Asesinato en el Orient Express... y el infanticidio *sí* es una opción.
Yo, sin duda, colaboraría.

¿Se acuerdan del concurso de blogs organizado por el periódico 20minutos el año pasado? Supongo que si estaban ustedes por aquí hace algo más de un año, será que sí. Me apunté, me publicité, pedí el voto, les escribí una bonita carta a la que contestaron, y me metí con los unos y los otros. Al final, como ustedes y yo esperábamos, no gané. Pero me lo pasé bien.
El caso es que este año, ha vuelto con algunos ligeros cambios. El principal, que sólo pueden votar los que se han apuntado previamente como autores de algún blog, requisito imagino introducido con el objeto de limitar el trampeo que imperaba en la edición del pasado año, pero que ha traído otros inconvenientes. Ya saben ustedes que tengo un narcisismo desbordante y me considero, con razón y objetivamente, parte de la florinata (¿?) de la blogosfera, a pesar de lo que mis estadísticas y Technorati mienten dicen. No está hecha la miel para la boca del asno, se comenta.
También es verdad que pienso que la mayoría de los blogs, con -por supuesto- excepciones, son básicamente una bazofia, por ser finos. Las cosas como son. Y ya lo sé, doy un poco de asco. Pero esa es la razón por la que apenas leo blogs, lo que reduce drásticamente la posibilidad de recibir votos por parte de otra gente. Y no me va eso de yo te voto y tú me votas, y menos eso de hola me gusta mucho tu blog si te voto visitas mi blog y si te gusta me votas ¿eh? (vale, lo que tú quieras, pero no, no me gusta tu blog). Así que este post es simplemente para tranquilizaros porque esta vez, de verdad, no os pediré vuestro voto.
Este año, sólo os pediré dinero.

Una de las cosas a las que me dedico profesionalmente es a la auditoría y consultoría de la LOPD -Ley Orgánica de Protección de Datos- y del RMS -Reglamento de Medidas de Seguridad-. Mientras que la primera observa los datos desde un punto más legal (por ejemplo, debes decirle a la Agencia Española de Protección de Datos -AEPD-, como empresa, qué datos de carácter personal gestionas), el segundo dice qué medidas concretas has de aplicar dependiendo de qué datos -de nuevo, de carácter personal- tratas. No es lo mismo tu reconocimiento médico que tu nombre de pila, aunque siguen siendo todos ellos datos de carácter personal. Como en todo, aquí también hay clases; igual que siempre. Sin entrar en detalles, esta ley obliga a que las empresas que trabajan con datos de carácter personal -es decir, la práctica totalidad- adopten las medidas de seguridad acordes al nivel de los datos que tratan: tus datos, al fin y al cabo. Para que luego digan que el Estado no cuida de sus clientes ciudadanos. Esta ley es la causa, por ejemplo, de todas esas cláusulas en Times New Roman número cinco sobre los derechos de acceso, rectificación, cancelación y oposición (ARCO) que se ven al pie de muchos contratos de servicios -y si no está, suele ser una mala señal. Por ejemplo, los contratos con las operadoras de telefonía.
Uno de los puntos que a menudo se presentan en los clientes es el de los proxys, sistemas utilizados habitualmente para la salida de la empresa en cuestión a Internet, y que por lo general, permiten registrar los accesos de los empleados a las páginas web. La empresa puede considerar el registro y gestión de dichos datos, siempre bajo ciertas condiciones (este es un punto que como tantos otros, tiene muchos matices), y cuando uno lo piensa, a primera vista, que alguien sepa que tú accedes al Marca cada día a la hora del café, que lees un par de blogs, o que entras de vez en cuando en El Mundo o El País, no parece tener mayor importancia, ¿no?
Pero, ¿y si, por ejemplo, accedes a una página de información sobre el SIDA porque simplemente, vas a hacerte las pruebas? ¿Y si accedes a contenido de carácter homosexual porque un amigo tuyo te ha dicho que lo es? ¿Y si tienes el SIDA? ¿Y si eres homosexual? ¿Piensas ahora lo mismo?
Pues yo, lo que pienso, es que no sé porqué he escrito este post. Defecto profesional, supongo.

He cambiado los tonos de mi móvil. He cambiado el que suena siempre, el que suena cuando me llama ella, y el que suena cuando me llama mi jefe. Y los colgaría aquí, pero a lo mejor llega la esgae y me dice algo. Y os diría cuáles son, pero a lo mejor llega Teddy y me dice algo. Así que mejor os quedáis con eso: que he cambiado los tonos de mi móvil.
Un post cojonudo, ¿eh?

Leo a través de Escolar.net que al parecer, Tim Robbins se sintió "utilizado" cuando Gallardón aprovechó la visita de éste al I Festival Internacional de Cine Solidario de Madrid (FICS) para fotografiarse con él. El actor, que viene de un país cuya izquierda política es prácticamente inexistente (¿se han fijado cómo me estoy aficionando a esto de censurar tachar cosas?), dijo que «Mi intención era apoyar el festival, no salir en fotos con políticos de derecha. Siento que me han utilizado», y que «Es curioso que un alcalde pueda hacer el esfuerzo de venir a hacerse una foto con un actor norteamericano pero no lo haga para unirse a la ciudadanía en una manifestación».
Me pregunto si cuando dijo eso, después de haberse hecho la foto en cuestión, ya sabía de qué hablaba cuando decía lo de la derecha, lo de las manifestaciones y lo de la ciudadanía, si ya se había informado y formado un criterio propio de qué pasa en la política y sociedad española. Me pregunto si cuando dijo eso, conocía ya la política de Gallardón y la política del PP en la comunidad de Madrid. Qué será buena o mala, pero para opinar, hay que conocerla, no criticarla por el mero hecho de que el político en cuestión sea de derechas, porque corre así uno el riesgo de acabar afirmando que Castro es un santo. Me pregunto si una foto con un político de izquierdas, así sin más, hubiese sido aceptable para él. Para mi, lo único que dejó claro, clarísimo, es que antes de hacerse la foto, no tenía ni idea de nada, ni para bien, ni para mal. Ni siquiera, y tiene narices, de con quién se estaba haciendo la foto.
Y no me entiendan mal, que a mi el Tim Robbins este no me cae mal, aparte de que es un pedazo de actor y director. Simplemente me parece que ha dado la imagen de ser un gilipollas sin ningún criterio más que el de la orientación política más simplista: eres de izquierdas, sí, eres de derechas, no.
(Y me pregunto yo, en mi ingenuidad y la impopularidad de este post, si su productora no le avisó de que estaría en la presentación, como es lógico, el alcalde de Madrid, político votado democráticamente, después de todo, por unos cuantos madrileños)
[La noticia original en Terra]

En Majuncio, pueblo al norte de Pancuja, habían decidido cambiar el habitual rojo amarillo verde de su único semáforo por la tricolor republicana. Bueno, no. En realidad no lo habían decidido. Alguien lo había decidido y simplemente nadie había hecho ni dicho nada. Rojo, amarillo y morado. Tampoco nada había cambiado demasiado. Antes, verde, pasar. Ahora, morado, pasar. Hasta que un buen día alguien pintó encima del morado. Con rojo. Y en aquel caso tampoco nadie hizo ni dijo nada.
Y todavía hoy puede verse una hilera de coches y carros, esperando a que el semáforo se ponga verde... o el republicano vuelva al pueblo.
(Este post no tiene connotaciones políticas, al menos no conscientes)

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Daniel Bell, Las contradicciones culturales del capitalismo, Alianza Universidad, Madrid, 1977.
Para más información sobre La Ética Protestante y el Espíritu del Capitalismo, aparte de como es obvio la obra original -la edición de Jorge Navarro Pérez, de la editorial ISTMO es muy completa-, sugiero como introducción y autobombo un trabajo que hice hace un par de años y que puede descargarse en pdf aquí.


Desde que no veo el Telediario de ninguna cadena, no leo los periódicos, y sólo oigo programas de humor en la radio, no me entero de nada. Hay que ver.
No me entero, por ejemplo, de que al señor Rajoy, que cada día parece más un teleñeco y menos una persona de carne y hueso -y eso es una valoración personal, por supuesto-, no le vale con que para ser Presidente del Gobierno tenga uno que salir elegido en las elecciones generales, sino que *además* de ser español y mayor de dieciocho años, cree que deberían introducirse nuevos requisitos. Me pregunto si éstos incluyen llevar barba y llamarse Mariano y tener como apellidos Rajoy Brey. Y militar en el PP, no vaya a ser que jodamos y tengamos en España dos sujetos como este.
Tampoco me entero de que por lo visto, a Pedro Sanz, presidente de la Rioja le parece poco importante que en la Conferencia de Presidentes, que se hizo a puerta cerrada, alguien -es decir, él mismo- filtrase a la prensa la metida de pata de ZP al decir aquello del "accidente de Barajas", ni que alguien -seguramente, de nuevo, él mismo- con un teléfono móvil grabase la citada conferencia. Y sorpresa sorpresa, Esperanza Aguirre está de acuerdo con él en que el tema carece de relevancia. ¿Qué raro, eh? Y es que entre nuestros políticos hay más de un imbécil suelto, siendo fino. Aunque claro, eso ya lo sabía yo sin tener que ver los telediarios.
Tampoco me entero de que pedrojota, en el editorial de su periódico El Mundo [imagen aquí], ha dicho que «El comunicado del PSOE parece la puesta en práctica del 'cordón sanitario' propugnado por el actor Federico Luppi hace unos días. Algo políticamente equivalente -y no exageramos un ápice- a lo que practicaban los nazis cuando enclaustraban a los judíos en sus guetos», y sobran las palabras. Pues menos mal que no exageran, que si no...
Y por último, tampoco me entero de que el mismo individuo de arriba, el tal Rajoy, adalid del PP, ese partido que durante sus legislaturas abogó por el diálogo, el consenso y la búsqueda de soluciones en común, ha afirmado que «es la primera vez en la historia de la democracia en la cual las posiciones de un partido y sus propuestas no se pueden debatir en un Parlamento. Esto ni Stalin. Lo que está pasando es muy grave». Gravísimo, añadiría yo. Hay que ver qué corta es la memoria de algunas personas. O qué selectiva, porque de Stalin se acuerda, y Franco el caso es que como ejemplo quedaba más cerca. Que tampoco tengo yo muy claro que lo de Stalin pudiera llamarse democracia, pero para qué, pelillos a la mar que total, como el otro, ¿qué importancia tiene? Detalles, detalles.
Y esto, señores y señoras, creo que es todo por el resto del fin de semana. Incluído, quizá, el lunes, que es San Vicente y aquí en la capital del Turia (qué bonito) no se trabaja. Pásenlo bien y olvídense de las noticias, que como ven, no hay tampoco gran cosa que ver.

Estos tres días no he tenido demasiado tiempo ni ganas de pensar y escribir, así que tendrán que conformarse con la imagen que al parecer, tiene la FOX de mi ciudad, Valencia. Y mañana más.

Me pregunto, en mi infinita y supina ignorancia, qué coño de pose intentaba hacer el idiota chico este con las manos, si él sólo sabe dar botes como un mico.
Qué faba.
Y que me perdonen sus seguidores.

No me gustaría pecar de sádico, rencoroso o desagradable, pero a todos esos niños y niñas gilipollas que van con la motito jodiendo haciendo eses entre los coches como si estuviesen compitiendo en el puto circuito del Jarama, me gustaría a veces cortarles las piernas en un accidente (o como fuese), para que pudiesen hacer semejantes gilipolleces en silla de ruedas en la seguridad del salón de su casa, y no un metro delante del morro de mi coche.
Y oye, por lo demás, con mis mejores deseos. Y tan amigos.


A mi también me encanta esta foto. Aunque el resto de su trabajo no sea en realidad nada del otro mundo.
Sí, ya sé que estoy un poco breve últimamente.

«El reputado y atractivo matemático sueco G. M. Mittag-Leffler (1846-1927) tiene asociado su nombre a la desgraciada inexistencia del premio Nobel de Matemáticas. Todas las versiones (suecas y francesas) tienden a coincidir en un hecho: Alfred Nobel, creó los premios anuales que llevan su nombre para los mejores trabajos de Física, Química, Psicología o Medicina, Literatura y a favor de la Paz Mundial. En aquellos momentos en los que los premios se estaban gestando las Matemáticas estaban también bajo consideración. Nobel preguntó a sus consejeros que, si hubiese un premio Nobel en Matemáticas, si Mittag-Leffler podría ganarlo. Como Mittag-Leffler era un matemático capaz y muy conocido, le contestaron que sí sería posible, ante lo que Alfred Nobel ordenó que entonces no hubiese premio Nobel de Matemáticas. Aquí tenemos un ejemplo de cómo un odio personal tuvo su influencia en el desarrollo científico mundial, pero ¿cuál fue el motivo de tal odio? Mientras que la versión sueca nos dice que ese odio pertenece al ámbito de unas relaciones personales difíciles (Mittag-Leffler era un hombre rico, que en el camino a esa riqueza se ganó la enemistad de muchas personas, entre ellas Alfred Nobel), la "versión francesa" afirma que el matemático sueco tuvo más éxito con cierta señorita que el propio Nobel, quien estaba realmente interesado en la señorita en cuestión (¿su secretaria?).»
Cl. Alsina, M. de Guzmán, Los matemáticos no son gente seria, Rubes, 1998; H. W. Eves, Mathematical Circles, vol I, MAA, 2003. (Leído en DivulgaMAT).
Al parecer, la historia es falsa (en inglés), pero no deja de resultar divertido y hasta creíble que una rivalidad sexual y/o personal pudiera influir en una persona como Nobel.


¿Se habían dado ustedes cuenta de que el logo de oysho es el mismo si se le da un giro de 180 grados? ¿Y se han dado cuenta de la intrascendencia de mis últimos posts? Bueno, loquesea. Y dejémoslo aquí al menos hasta mañana, que corro el riesgo de difuminarme en la irrelevancia de mis pensamientos espontáneos.

La Biblioteca Cervantes, en su afán de promover la cultura española, ha decidido publicar esto (pinchen en el enlace):
Si ven que dejo de escribir, asuman que me han metido en el trullo por incumplimiento del tipo («Arial»), tamaño (mínimo «12») y luminosidad («89») de la letra del enlace previo, entre otras muchas graves faltas.
[Visto en Malaprensa, y presente en Escolar, Juan Freire, y Libertad Digital, entre otros]

Imagínense que mañana van ustedes a una tienda del barrio, y compran objetos por valor de 4300 euros. Que vienen a ser aproximadamente unas 750000 pesetas. Sí, yo aún pienso en pesetas. A mi no se me compra así como así. Bueno, a lo que iba. Imaginen mejor, que durante un par de meses se dejasen esa suma en compras semanales. Que bueno, no da para comprarse un yate, pero en casi cualquier establecimiento, da para bastante.
Digo yo que esperarían ustedes, sería lógico suponer, digo yo, repito, que en un barrio, al cruzarte alguna vez con el dueño del establecimiento, éste te saludase, ¿no? No efusivamente, no como a su mejor amigo, no como si fueses el hijo pródigo. No. Simplemente, como todo el mundo hace: con un gesto con la cabeza, con un holaquéhay así por lo bajini, un buenosdías y una sonrisa medio finjida, todo sin detenerse. Saludas y sigues tu camino. Eso suele ser más que suficiente. Y no sólo por aquello de cuidar al que ha sido buen cliente, no sólo por aquello de yo soy el que paga, que hace mucho que la esclavitud se abolió y no seré yo quien abogue por su retorno. Simplemente, por educación, por cortesía.
O eso pensaba yo. Pero al parecer, la dueña de la inmobiliaria que me "gestionó" la compra del piso, que tengo literamente justo delante de mi casa al otro lado de la calle, no lo considera así. Claro que yo fui cliente y no lo volveré a ser, así que a lo mejor piensa que para qué. O debe pensar, quizá, que le miro mal, que pienso que -en su caso particular- ganarse casi 4000 euros y no hacer ni las gestiones correspondientes, no estuvo bien. O que no es tanta pasta, comparado con las cantidades que maneja habitualmente. O que tratarme como si me estuviese haciendo un gran favor, fue poco "apropiado". O yoquése.
Pero, ¿saben qué? Soy una buena persona, así no le culpo. Porque un año y pico después aquello me trae bastante sin cuidado y tengo otras cosas más importantes en las que pensar. Y porque sin saberlo, me ha dado para un post. Y porque en realidad, a mi tampoco me apetece saludarle, por razones obvias (¿he oído... una mala gestión?), y porque coño, es fea como un demonio.
Pero claro, yo *sí* tengo educación, así que la próxima vez, prometo ser más... efusivo.

¿Le gustaría poder olvidarse de sus problemas económicos? ¿Ansía poder distraerse con otra cosa que no sean sus discusiones de pareja? ¿Siente que no tiene tiempo para usted?
¡Nosotros le podemos ayudar! ¡Es muy fácil! ¿Tiene usted un lunar en alguna parte de su cuerpo? ¿Duerme mal en ocasiones? ¿Está cansado o incluso se siente deprimido algunos días? ¿Le duele el estómago de vez en cuando? ¿Se siente irritable, le duele el pie o siente picores espontáneos en las manos?
¡Muy bien! ¡Olvídese de sus problemas! Probablemente, con ayuda de Google y una pequeña dosis de hipocrondría, descubra que... !se está usted muriendo! ¿Problemas? ¡¿Qué problemas?! ¡¿No es sencillamente, fabuloso?!

Y además, lo digo en serio.
A pasarlo bien.

Y me pregunto yo, como siempre, en mi cada vez más infinita y supina ignorancia, ¿por qué querría yo que la DGT condujese por mí? ¿No hace ya el Estado bastantes cosas por mí? ¿A qué viene este asqueroso paternalismo estatal?
(Puede verse al respecto el "despotismo blando" del que alerta Alexis de Tocqueville en su Democracia en América)

Hablo cuando hablo, y cuando lo hago, es porque lo necesito. Simplemente ahora tengo más cosas que decir, más cosas que compartir, más cosas que explicar, más cosas que contar. Más cosas, sencillamente. Más necesidades, después de todo.
No sé quién me sigue. Algunos venís de vez en cuando, algunos todos los días, incluso varias veces, y a otros les vale con una primera vez. No sé de cuales eres tú. Mentiría si dijese que no me importa que me lean, aunque todos hemos dicho eso alguna vez y una vez más no lo hará más cierto ni menos mentira. A pesar de que cincuenta visitas más o menos no cambiarán nada.
Y justo aquí debajo de estas líneas, está la inspiración de este post, Diferente de Gotan Project, a través de aethern:
Si les ha gustado, no se preocupen, hay más. Y si no les ha gustado, bueno, no desesperen. Ya les gustará.

(Ya sé que últimamente abuso mucho de youtube, pero qué queréis, tiene más cosas que decir que yo...)

«No hay datos exactos que indiquen en qué momento decidió Martin Contradict fundar Los Contradicistas (confundidos habitualmente con Los Contradiccionistas, de mucha menor importancia), ni incluso si lo hizo, pero se rumorea que fue allá por el siglo XIV tras una acalorada discusión con un vecino, después de que éste se mostrase, sin razón alguna, radicalmente opuesto a que Martin cultivase hortalizas en su propia parcela, en lugar de la tradicional plantación de cereales. Tras aquel incidente, Martin se dedicó de manera sistemática a oponerse a todo aquello que le era posible, lógica o ilógicamente. Aunque como es obvio, jamás admitió estar en desacuerdo con nadie.
Nada más se sabe del surgimiento de esta peculiar organización, pero su historia se difumina a lo largo de los siglos, sin que existan datos fiables sobre ella. [...] Al parecer, a través del boca a boca la organización fue creciendo, lo que le dió una nueva magnitud al concepto de negación. No sólo estaban en desacuerdo con cualquier cosa y persona, con la que podían discutir durante días, sino que incluso estaban en contra entre ellos mismos, en contra de la propia organización, en contra de sus propias opiniones y en contra de su propia existencia lo que daba lugar a tremendas contradicciones que resolvían simplemente negando que tal contradicción existiese. [...] Su radical oposición a todo les llevó al borde de la extinción cuando en el siglo XVII, una parte importante de sus miembros muriese de hambre, al mostrarse en desacuerdo con la idea de que comer era necesario. Este punto marcó un punto de inflexión en la radicalidad del grupo, que unificó su opinión disminuyendo de este modo el nivel de agresividad intelectual interno.
Aunque tras aquello hubo varias escisiones de importancia variable -los Masones es quizá la de mayor reconocimiento-, la organización ganó en fortaleza y coherencia interna, aunque nunca lo admitió ni pública ni privadamente. A pesar de que hay muchos estudios que los citan como fuentes de importantes aportaciones en las más variadas disciplinas (La Tierra no es plana), otros muchos dudan de que sus contribuciones se derivasen de algo más que la negación en sí misma (La Tierra no es redonda). [...] Sí que es cierto que esta oposición por sistema condujo al cuestionamiento de muchos conceptos incorrectos (véase para más detalles la Duda Metódica, de René Descartes, principal impulsor de la facción moderada), y no hay muchos investigadores que les nieguen el mérito.
Tras la Primera Guerra Mundial, por diversos conflictos políticos [...], la presencia pública de la organización se reduce drásticamente, hasta llegar a su total desaparición varios años más tarde. No hay en la actualidad evidencias ni a favor ni en contra de que el grupo siga activo, pero todo apunta a que, en cada comunidad de vecinos, en cada reunión familiar, en cada clase, en cada foro de internet, silenciosamente, están ahí, extendiendo sus tentáculos, lentamente, con su sistemática oposición a todo y a todos. Después de todo, lector, quizá tú mismo seas uno de ellos. Y quizá yo mismo lo sea. Pero lo que está claro, es que ninguno de los dos jamás lo admitirá.»
Anders Stepkoein, Creadores de Poder: Los Contradicistas, Vol I. Arial Press, New York, 1963.


Imagínense, como decía incensurable, que hoy se crease un nuevo periódico en Sevilla llamado "Sebilla Hoy", uno en Huelva titulado "Uelva Hoy" -este nombre aún podría tener su gracia-, o uno denominado "Noticias de Hespaña". Sería algo un poco escandaloso, ¿verdad? Pues eso es exactamente lo que pasa en el caso de este periódico. Déjenme que les cuente. La cuestión es que el nombre propio "Valencia" no lleva acento en castellano, y aunque como puede comprobarse la práctica totalidad del diario está escrita en esta lengua, podría uno pensar que en valenciano -o como quieran ustedes llamar a lo que se habla en Valencia, no voy a entrar en esa polémica-, sí que lo lleva.
Efectivamente. Pero no en esa dirección, sino en la otra: València.
De cualquier modo, lo que para mí es una gafarral (léase garrafal, como me apunta un alma en pena en los comentarios) metida de pata en el nombre del periódico (¿nadie en la redacción se dio cuenta? ¿o es que querían simplemente llamar la atención? ¿será alguna nueva tendencia lingüística posmoderna fashion? ¿es que es parte de alguna oscura y clandestina lengua?) y que efectivamente, tendrá algún tipo de intencionalidad política pro o anti catalanista -para variar-, va gentilmente acompañada de problemas serios en la redacción, como apunta Malaprensa, diversas incoherencias en la elección de la lengua (títulos de sección en valenciano y artículos en castellano, o el uso de "Espanya" en lugar de "España", por ejemplo) y alguna faltilla leve con los acentos de vez en cuando, así que al menos, siempre podrán argumentar que lo de los errores no es un simple descuido, sino que es, ante todo, una política de empresa.
(Por cierto, como -creo que- es obvio, Los Contradicistas, organización de la que hablé ayer, es por completo un producto de mi mente enferma)

Ya sé que no gustan, a tenor de los escasos -cuando hay alguno- comentarios que reciben, las entradas serias -a excepción de las políticas, claro- y además, largas, aunque se trate de ficción de la más absurda, pero qué quieren, ustedes tienen libertad para no leer y no comentar, y yo la tengo para escribir y comentarme a mí mismo, y así nos va, a ustedes y a mí. El caso es que leía en El Escorpión, el blog de Alejandro Gándara en El Mundo, acerca de Arno Schmidt y lo que se da en llamar "lectura flotante". La idea básica radica en la ausencia de una linealidad en la narración al estilo de la literatura convencional, tradicional, habitual, o como quieran ustedes llamar al tipo de escritura que pueden ver -desarrollada con mayor o menor fortuna- en casi cualquier libro, motivada -la ausencia, digo- por la necesidad de transmitir sensaciones, situaciones, vivencias que no pueden ser, o son difícilmente expresables en forma de narración fluida. O más o menos.
Contar una historia es relativamente sencillo, si se intenta hacer del mismo modo que se desvela el argumento de una película, aunque sea una de David Lynch. El problema en ese caso viene a ser, muchas de las veces, la historia, el *qué* cuento. Aunque no me vayan a generalizar, que a estas alturas algunos ya nos conocemos. Vamos, lo de siempre; aquello de la presentación, la trama y el desenlace. Puede uno dominar más o menos los recursos, el lenguaje, técnicas y trucos estilísticos, la retórica, pero es relativamente sencillo hacerse entender; que sea bueno uno en ello o no, es otra cosa. Pero cuando uno viene a querer contar lo que siente en medio de un orgasmo, lo que siente en el momento que le comunican la muerte de un ser querido, lo que siente cuando una bala le atraviesa el hombro, o como en el caso de "El brezal de Brand", lo que se siente cuando uno no sabe, en palabras de Gándara, «qué ha pasado, por qué le pasa lo que le pasa y mucho menos qué le va a pasar», contar las cosas linealmente no es sólo difícil. Es prácticamente imposible, y si piensa uno que lo ha conseguido, es que probablemente no ha transmitido nada o casi nada de lo que pretendía. En unos casos, porque no hay traducción directa en palabras, y en otros, porque no puede uno querer dar la sensación de que está radical y totalmente desorientado, o perdido, o más allá de todo pensamiento racional, con frases lógicas y bien hilvanadas; nadie piensa vaya, qué dolor tan intenso tengo en el dedo cuando se lo machaca con un martillo; pega un grito y todo lo que le inunda a continuación es dolor irracional (y alguna que otra blasfemia).
Y el problema entonces se traslada del Qué cuento al Cómo lo cuento para que se me entienda y lo que es más o tan importante en este caso, se me sienta. Y ahí es un poco donde entra la lectura -y asumo que escritura- flotante. Según yo lo veo, claro, porque quizá alguien les diga que no tengo ni la más mínima idea -y no le faltaría razón; pero volvamos. Es decir, la posibilidad de expresar algo más allá de la mera continuidad temporal y coherencia sentencial; y es que un orgasmo no tiene ni continuidad temporal ni coherencia sentencial. No hay linealidad en eso, o al menos no en los mios. Intenten, si discrepan, pensar cómo se lo explicarían a si mismos, y verán que probablemente todo lo que les sale es el recuerdo de la placentera sensación que acompaña a correrse -eyaculación es demasiado masculino-, y nada más.
Pero claro, como todo, esto también tiene sus pegas, y es el peligro de que nadie aparte de uno mismo acabe entendiendo qué narices quieres transmitir con un montón de palabras que no tienen ningún nexo aparente de unión. Y que el esfuerzo de intentar sumergirse en el texto buscando ese enlace, que podría no estar ahí, sea demasiado para la recompensa obtenida. Y todo eso, claro, no deja de ser un problema bastante gordo.

Hace ya muchos años, por allá por principios de los noventa en plena efervescencia adolescente, mientras husmeaba en una tienda de música escuché esta canción, y pocos minutos después me hice con el disco que la contenía: Pablo Honey, el primer albúm de Radiohead.
Un par de años después, buscando su segundo álbum, un vendedor con aspiraciones de crítico musical que tenía, y quizá aún conserve, un programilla de música indie en una radio local, me desaconsejó fervientemente que comprase ese disco, en su opinión, por ser de muy inferior en calidad al anteriormente mencionado, Pablo Honey. Ese mismo día, un par de horas más tarde, The Bends sonaba en la minicadena de mi habitación.
Pocos discos me gustan tanto como este.
Luego vinieron OK Computer, Kid A, Amnesiac, algún single y alguna rareza, pero eso es otra historia. Esto es Fake Plastic Trees, del disco en cuestión:




