Un segundo más, un minuto más, una hora más, un día más, un mes más, un año más, vivito y coleando.
Gracias a todos por seguir conmigo.
Permanezcan a la escucha.
Seguiremos informando.
Corto y cambio.


He empezado el año aprendiendo algunas cosas
Que Café Carioca está bastante bien y ayer pude entrar con zapatillas porque iba con más gente, pero como me confirmó el seguridad, otro día no tendré tanta suerte
Que hay una camarera del Carioca a la que no le gusta el café, ni la cerveza, ni el agua, que me prometió que pediría cita con su médico, y a la que deseo desde aquí que se encuentre bien
Que tengo un serio problema de represión corporal, que me gusta bailar y que no me va a quedar otra alternativa que apuntarme a clases de baile
Que aquel chico moreno -guapísimo, por cierto- que pasaba por mi lado cada dos por tres no me tocaba por casualidad, sino que me estaba tirando los trastos y a veces creo que me gustaría ser gay
Que me va a gustar este año que acaba en seis
Y que si dejo de escuchar esto, sé que moriré.
...
... every little thing that you say or do I'm hung up / I'm hung up on you / Waiting for your call / Baby night and day / I'm fed up / I'm tired of waiting on you ...

Ya tengo mi primer regalo del año en curso. Bueno, en realidad tengo dos.
El primero es un intermitente tictictictictictic en lugar del anterior, y mucho más monótono, tic-tac-tic-tac-tic-tac. Donde va a parar, prefiero el nuevo, que tiene mucho más ritmo, si no fuese, por supuesto, porque mucho me temo que su nueva cadencia sólo significa que en lugar de dos, ahora sólo funciona uno de ellos. Caprichoso que es uno... Aunque intuyo -espero- que no será tanto, en cualquier caso, señor dosmilseis, gracias.
El segundo regalo es aún mucho más divertido, y se llama This drive is in inminent danger of permanent failure. Este suena mucho mejor que el anterior, por aquello del inglés y la poliglotía. Para aquellos no duchos en esto de la informática, básicamente significa Cuenta hasta diez y olvídate de tu ordenador y de todo lo que tienes dentro. Confieso que hacía mucho que no me regalaban nada en inglés, y este regalo me ha hecho mucha ilusión. Casi no duermo de la ilusión y la alegría que me llevé anoche. Vamos, tanta tanta tanta, que creo que del subidón que me ha dado, me voy a comprar unos cuantos deuvedés (¿no dije yo que no quería deuvedés para reyes? ¡Pues mentía!) vírgenes -jurl jurl-, me voy a hacer una copia del sistema y me voy a comprar un disco duro nuevo, ahora que me siento espléndido y vital. Y es que no hay nada como tener dinero.
Y después de esto, estoy ansioso por ver qué nuevas sorpresas me depara este año que empieza. Menos mal que lo he cogido con ganas, sino estaría ya al borde del suicidio... ains...

Siento anunciar que Cocodrile no está bien.
Lo que parecía inicialmente un fallo temporal y localizado de memoria, ha desembocado en un serio problema de almacenamiento que se ha extendido rápidamente y que sin ningún tipo de duda será permanente e irreversible. De momento el equipo médico, en aras del beneficio común, está intentando, sin demasiado éxito, que poco a poco escriba todo lo que recuerda, aunque la parada definitiva puede sobrevenir en cualquier momento y hay temores fundados de que se queden muchas cosas en el tintero.
Para aquellos interesados, informar que se le someterá durante los próximos días a una operación de transplante de memoria, con su correspondiente implantación de personalidad posterior. El equipo médico desconoce, a estas alturas, el tiempo que llevará el que Cocodrile recupere sus funciones habituales.
La familia agradece las muestras de cariño y ruega paciencia hasta que el paciente esté completamente recuperado.

- Oye Ka, ¿alguna vez te paras a pensar en nosotros?
- ¿Nosotros? ¿Cómo que si me paro a pensar en nosotros?
- Pues eso, que si te has preguntado qué haremos después de esto.
- Bueno, Po, digo yo que nos jubilaremos... pero tú por lado y yo por el mio, ¿no?
- Sí, claro, Po.
- Sorpréndeme, anda.
- Pues que estaba pensando, con esto de la Navidad, en Lu.
- ¿En Lu?
- Sí, ya sabes. En lo que pasó cuando le insinuó al jefe que estaba pensando en jubilarse. En lo que le pasó.
- No deberías pensar en eso, todo aquello fue un lamentable accidente.
- Pero es que me acuerdo de él y me da pena. Lu era un buen tipo. Un poco violento, vale, pero buen tipo.
- Claro que lo era, pero lo hecho, hecho está.
- Ya, Po, pero es que...
- ¿Es que qué?
- ¡Joder! pues que... que..
- Coño, Po, ¿qué?
- Pues... pues... ¡pues que te quiero, Ka! Y que si te vas, ¡te voy a echar mucho de menos!
- ¡Por el amor de dios, Po, que eres un puto asesino a sueldo!
- ...
- ¡Que sí, que yo también te quiero! ¡Pero por favor, deja de llorar, hombre, deja de llorar!
- ...
- ...
- Oye, Ka.
- ¿Qué?
- Gracias, tío.

Me encanta la política de este país. De verdad, me encannnnta, así, alargando la ene. Es guachi piruli juan pelotilla.
Resulta que el Tribunal de Defensa de la Competencia ha dicho no padre (bueno, imagino que la respuesta ha sido ligeramente más larga y aburrida, pero no todos tenemos tanto tiempo libre como los funcionarios) a la OPA de Gas Natural sobre Endesa. Este tribunal está formado por nueve miembros, siete de los cuales fueron nombrados por el PP (partido contrario a la OPA), aunque dos de estos siete se consideran cercanos a los socialistas, más otros dos nombrados por el PSOE (partido a favor de la OPA). En definitiva, que han votado en contra de la OPA los cinco vocales afines al PP y uno de los afines al PSOE, y a favor de la OPA -pero con condiciones- los dos nombrados por el PSOE y el otro vocal nombrado por el PP pero afín al PSOE.
Vaya, excepto Miguel Comenge, todos han hecho lo que se esperaba de ellos. ¿Casualidad? ¡No lo creo!
Sigamos. Resulta además que la Comisión Nacional de la Energía dió su bendición hace algún tiempo a esta OPA. Hasta aquí, todo claro, aparte de un pequeño conflicto entre Instituciones Públicas (por llamarlo de algún modo, claro), totalmente normal, si no fuese porque la presidenta del CNE, Maite Costa, era consejera de dos empresas ligadas a la Caixa -una de las principales beneficiadas e involucradas en esto de la OPA- cuando dió el sí padre a la operación en cuestión. ¿Más casualidades? ¡No lo creo!
Pasen, vean, y decidan quién huele peor. Y luego se les llena la boca de loquesea a unos y otros hablando de la independencia de las instituciones. Y yo que pensaba que en este tipo de decisiones la política tenía que mantenerse al margen. ¡Cuanta ingenuidad! Entre ladrones anda el juego. Ver para creer.
Sí, ya sé que esto no es divertido...

[Lo que sigue es una conversación telefónica entre Menganito (yo mismo), y Fulanito, mi "coordinador" (...)]
(Ring ring)
Zutanita: ¿Dígame?
Menganito: Hola Zutanita, ¿está Fulanito?
Z: Espera un momento, que lo localizo.
(Música en espera, y un minuto después)
Menganito: Fulanito, soy Menganito, ¿puedes hablar?
Fulanito: No, te llamo luego que ahora me estoy atando los cordones de los zapatos.
M: ¿Qué? ¿Que te estas atando los cordones de los zapatos?
F: Sí, sí, dame dos minutos, va, luego te llamo.
M: Ehhmmm... vale vale. [¿?]
(Unos diez minutos después... Ring ring)
F: Ya he acabado, ¿qué querías?
M: Fulanito, ¿te estabas atando realmente los cordones de los zapatos?
F: Sí, ¿sabes qué pasa? Mira, te explico. Es que resulta que tenía las instrucciones escritas en el techo y claro, cada vez que agachaba la cabeza y miraba a mis zapatos, pues se me olvidaban y tenía que volver a mirar.
M: Ahh claro... [¿¿??]
...
Para que luego digan que trabajar no es divertido.

Hace unos días, Mara comentaba en su blog dónde se ve ella dentro de cinco años. Aunque no fuese este su propósito inicialmente, con su permiso, y aunque es posible que nadie me siga, he decidido convertirlo en gilipoll... digo en meme.
Estoy tentado de convertir el dónde me veo en un dónde me gustaría estar, pero he de asumir que puesto que no soy todo fuerza de voluntad, no habrá total coincidencia entre ambas, por lo que he decidido limitarme al primero. Sería un interesante ejercicio averiguar en qué medida podría cambiar mi vida si realmente me propusiese alcanzar todo aquello con lo que sueño, a costa de introducir algún tipo de riesgo, probablemente alto, en ella. Al final, supongo que todo consiste en buscar el equilibrio entre estar a gusto con lo que has conseguido hasta el momento y un cierto nivel de resignación por lo que no has alcanzado o nunca alcanzarás. Bien, ya vale, que parezco una versión chapuza de Jorge Bucay.
Me veo, por supuesto, viviendo en mi piso, con todas las reformas que ahora tengo en mente acabadas: una gran cocina, un suelo de parquet, unos techos altos... y sobre todo, estanterías de libros, música y películas por todas partes, productos de mi inaplacable demonio consumista (si lo asumes es más fácil). Me veo en un lugar cómodo para vivir, pero sobre todo, viviendo con alguien, y no hablo de un compañero de piso, ni de una compañera (de piso), o al menos, no una con la que no tenga derecho a roce. Y ese es con diferencia, el mayor cambio que espero en mi vida dentro de cinco años. Aunque espero que llegue antes, la verdad.
Finalmente y de una vez por todas, licenciado en Filosofía, y cursando el Doctorado, o quizá empezando Económicas o Sociología. O quizá ninguna de ellas, pero sin sentimientos de culpabilidad. Trabajando para la misma empresa que ahora, con otras responsabilidades; los mismos agobios, pero con menos ansiedad y mejor llevadas. En proceso de escribir algo serio o ya listo para publicar, o incluso con algo publicado. He ahí uno de mis sueños. Físicamente no demasiado cambiado, con los mismos amigos, más unos cuantos más. En palabras de Radiohead, y esta vez sin ironías, Fitter, happier, healthier.
La visión de mi mismo por aquel entonces es más de anuncio de colonia gilipollas que otra cosa, lo que implica sábanas blancas, una cama baja, una chica bonita, poca ropa (insinuante y sugerente pero sin desnudo), y mucha luz. Desde luego, hay que ver los estragos que ha hecho la publicidad en mi, así que esa visión no vale. Sólo me veo un poco más feliz, más contento, más raro, más loco, y espero que menos constipado que justo en este momento. Por lo demás, estoy bastante contento con como han ido las cosas hasta este momento.
Y por supuesto, con este blog en marcha. Será interesante leer esto dentro de cinco años, sin duda.
No le paso este meme a nadie, porque nadie me lo pasó a mi directamente, pero aún así, queda a vuestra elección: ¿Cómo te ves a ti mismo dentro de cinco años?
(Y no me vale con un simple follando, porque puestos a pedir...)
--
Este es el típico post por el que Borjamari me despellejaría vivo...

Por cierto, antes de irme, os recomiendo el mejor chiste "de rubias" de la historia.
*Buenísimo*
Pssst... cuatrocientas entradas. Nada más y nada menos...

Está mal que yo lo diga, lo sé, lo sé lo sé lo sé, y ya sé, también sé que no es la primera vez que que que que lo digo, pero qué qué qué qué le voy a hacer si tengo buen gusto; no puedo, lo admito, evitarlo, porque, evitarlo, no puedo, admitirlo tengo que. Seguro que alguien por ahí -al menos una- me va a dar la razón, por interés propio o quizá también por amor a esa verdad tan maltratada. Y sí, claro, para qué negarlo, quizá o mejor, con toda probabilidad, será esa la causa de este narcisismo que me da por exhibir en ocasiones y disimular en otras tantas.
But it will be too late... ayayayayyy me encanta...
Y si a esa tendencia natural a un razonable, lógico, específico, delicado, notable y estético, admitámoslo, como tercera confesión de la noche, fashion victimism, le sumamos que en estas fechas tan ¡tan! entrañables me entra un ataque de monarquitis aguda, a mi este yo siempre tan republicano, y me da por obsequiarme con presentes en nombre de sus majestades los Reyes Magos de Oriente, además de que nunca ¡nunca! he sido capaz de aplacar mi ya más que a estas alturas obvio demonio consumista, acabo por sumar a mi vestuario, ¡primero!, una preciosa chaqueta Adidas, roja, rayas blancas laterales con su correspondientes letras en la espalda, e inspirada en la camiseta que la selección nacional checa portaba en el mundial de 1970, y ¡segundo!, unas zapatillas negras de la misma marca con el nombre de Gerd Müeller en color oro y que son básicamente y casi exactamente la idea que llevaba desde hace algunas semanas. Y digo yo, aunque esté mal repetirlo, Mr. Adidas, que debería pedirme usted la mano porque nuestro noviazgo va camino, si seguimos los dos igual de enamorados uno del otro -usted de mis dineros, yo, de sus diseños- de dejarme a mi en la ruina más absoluta, aunque como bien reza la sabiduría popular, gusto con sarna no pica, y a mi de momento esta no me pica demasiado.
Pero antes de la conmemoración de nuestra monarquía oriental, tuve ocasión de ser obsequiado el pasado uno (1) de enero, con objeto de mi santo, y en acto de flashback, con un fantástico tomo de la serie Corto Maltese (babea babea babea) del maestro Hugo Pratt (se exige reverencia), compuesto por diez fantásticos fascículos que estoy actualmente en proceso de lectura. Y a quien le debo este regalo, he de decirle que tanto me da Hugo Pratt como Milo Manara (¡CLICK!), al que ya he mencionado alguna vez, así que cualquiera de los dos es bienvenido.
Volviendo al más inmediato pretérito, dicen las malas leng... quiero decir, las mujeres, que los hombres somos como niños, y no les falta razón, por lo que si continúo enumerando, poco tiempo más (por no prolongar excesivamente la tortura), lo que me han dejado los reyes, no debería caer en ningún tipo de absurdo ni ridículo más que aquel al que estoy condenado por mi condición humana y en este caso, masculina. Tanto el reloj Swatch, el DVD de Sin City, el suéter de Zara o el bluetooth para evitar una multa por hablar con el móvil conduciendo -algo que hago demasiado a menudo, aunque admito sin problemas que si no lo hago más no es por que crea que supone tal grado de distracción como la DGT se empeña en asegurar, sino por miedo a la multa correspondiente- merecen más espacio del que les acabo de dar, pero paso sin más a mencionar al ilustrador Michael Wm. Kaluta, al que he descubierto gracias a un Art Book que mi progenitor (dibujante de cómic, por lo que me lleva ventaja en esto del tebeo) ha tenido el detalle de regalarme. Siendo fan de Bisley, no está de más encontrar de vez en cuando -aunque no puedo decir que (yo) sea un especialista- un ilustrador más clásico que tiene auténticas maravillas.
Y eso es todo. Mencionar que sigo -¿perpetuamente quizá?- buscando mujer, ya que como era de esperar mi petición no fue atendida. Ahora se acaba esta navidad tan odiada, y nos quedamos con el frío, las rebajas, los exámenes y un montón de trabajo. Yupi yupi yupi. Estoy en éxtasis. Ahora hasta fallas de tirón. Tres meses, Pascua, verano y navidades de nuevo. Yúju. Como pasa el tiempo. Por cierto, Cocodrile está bien, vivito, coleando (justo como yo) y más contento que unas pascuas con su nuevo disco. Y yo mañana me voy el finde a Albacete por invitación de unos amigos. Estaré bien.
Se ha acabado el tedio por hoy. Pasadlo bien.
Time goes by so slowly... I don't know what to do mmmm ring ring la la la mmmm...

Los mismos ojos azules inexpresivos, las mismas mejillas sonrosadas, el mismo pelo rubio cortado hasta las cejas: diez niños físicamente indistinguibles los unos de los otros. Tanto que cuando acudíamos a la biblioteca, como cada noche, y nos colocábamos en formación frente a él, ninguno de nosotros habría sido capaz de decir quién era quién.
Nosotros no, pero él sí. Porque si había algo que nos distinguía, de alguna manera él lo percibía y lo buscaba con obsesión, como un perro que sigue una presa. Nos examinaba uno a uno, y podías sentir su aliento cuando se acercaba a ti, con esos pequeños ojos enfermizos escudriñándote y su lengua extendida fuera de la boca. Flotaba con su presencia a tu alrededor, hasta que finalmente volvía sobre alguno de nosotros y lo olisqueaba de nuevo, insistentemente, gruñendo de placer, y le lamía las manos con dedicación, mientras los nueve restantes nos retirábamos en silencio, aliviados y aún con el terror en los huesos, sin atrevernos a pensar que podíamos ser la elección del día siguiente.
Dos horas más tarde, todo parecía olvidado cuando convertidos en auténticos animales, nos llenábamos los cuerpos de grasa y devorábamos la carne de la cena, que arrancada con los dientes y los dedos, corría por nuestras gargantas engullida prácticamente sin masticar.
A la mañana siguiente, siempre volvíamos a ser diez.

- Hola
- Hola
- ¿Me regalas un beso?
- No regalo besos, y menos a desconocidos
- Entonces tendré que robartelo
- Prueba...
- Cuanto entusiasmo
- Ya ves...


Hace unos años me encontré con una agenda en la que había algunos poemas de Manuel Machado, ilustrados por dibujos de este autor, aunque aquello era más bien un montón de palotes mal dibujados, más propios de un niño de cinco años que de un ilustre literato.
Siempre me he preguntado qué lleva a alguien a pensar que un genio de la literatura ha de serlo por cojones de la pintura, de la escultura o de cualquier otra disciplina artística. Si ni siquiera puede decirse que un gran novelista sea necesariamente un gran poeta, o un acuarelista genial domine de igual forma el óleo, no entiendo cómo alguien puede considerar a priori, previo a toda crítica, que los garabatos que un gran poeta dibuja en unas hojas de papel son obras de arte.
Es posible, puede que sí y puede que no, que todo genio de una determinada disciplina -y no sólo, ni principalmente, artística- posea un especial talento creativo que la mayoría de los mortales no poseen, pero lo importante -para mí- es que sea capaz de plasmarlo en algún tipo de actividad, en algún tipo de material, en crear una obra, que es realmente lo que le diferencia del resto. La creatividad no sirve de mucho sin esfuerzo; al contrario de lo que se dice, pienso que las intenciones son buenas, pero lo que cuentan son los hechos. A todo el mundo se le ocurren a diario ideas geniales, pero no por eso son genios. Yo puedo imaginar cuadros impresionantes, pero soy totalmente incapaz de llevarlos a la práctica.
Por eso considero además, conservadoramente, lo admito, que cualquier obra que pretenda sustentarse en una idea, en un concepto, y no en un objeto físico (algo que por cierto tampoco suele ser una garantía), es una tomadura de pelo, más parecida a las inexistentes ropas del emperador que a lo que su autor pueda querer dar a entender; o le falta talento o le falta voluntad. Pero este camino es demasiado largo y escarpado para recorrerlo en un solo párrafo.
En conclusión, la respuesta que siempre encuentro a esa pregunta, a esa puta manía de genializar cualquier trabajo de un genio es la misma: el mundo está realmente lleno de gilipollas. Así que, tras 29 años de confirmaciones de este terrible hecho, a partir de ahora voy a conservar todas las tonterias que dibuje, pinte, escriba o esculpa -bueno, eso aún no, pero lo que haga falta-, por si algún día me da por ser famoso, y por si algún día me da por morirme.
Y os aconsejo que hagáis lo mismo porque nunca se sabe.


No sé como empiezan el resto de adicciones, pero supongo que todas más o menos por lo mismo: empatía con tu entorno social. Ves a los demás, y de algún modo, por socializarte, por ese sentimiento de rebañ... digo de grupo, pues a poco que te descuides, ¡zas!, caes.
He de reconocer, por orgullo, que yo tardé bastante en caer, y no fue por falta de oportunidades. Que si tómate esto, que si quieres una, que ya verás como te gusta, que te va a animar... pero yo, ná de ná, firme como una roca. Ahí, ya daba igual una que cien, en mis trece: no.
Pero claro, uno no es de piedra, no, no lo es, y va creciendo, y oye, que a mi la adolescencia me llegó tarde y claro, cuando llegó, pues llegó. Y caes, ya lo creo que caes, joder, hasta el fondo. Y después de la primera, una vez lo pruebas, ya no hay vuelta atrás. Al principio piensas eso de tranki, yo controlo, y que cuando quieras, pues lo dejas; ah no, yo no soy un adicto, esto lo tomo sólo porque me gusta. Que no te hace falta, que tú eres dueño de ti mismo. Tú dominas la situación. Y sin darte cuenta, como todo el mundo está en el ajo, pues tú también, así que te tomas uno, y otro, y otro, y otro, aquí, allí, por la mañana, por la noche, por el mediodía, por la tarde, y llega un momento en que ya no sabes cuándo has de parar, dónde está tu límite. Sin darte cuenta tú mismo te has convertido en un drogadicto, así, como quien no quiere la cosa. Terrible.
Eso sí, el día que te lo tomas en casa, ese día... ese día ya eres mayor, te sientes mayor. Da igual que lo tomes a menudo con los colegas, o antes de salir de fiesta, en casa de alguien (tío, que me lo ha traido un amigo de Colombia), o que quedes por ahí a tomar algo y para animarte un poco, pues caiga alguno (y siempre cae). No importa, porque hasta que no te lo tomas en casa, no cuenta. Pero ese día... ese día sí. Ese día ya eres un hombre, un Hombre, con mayúsculas, y no te da miedo mirar a los ojos de la muerte ni a los ojos del perro del vecino. Ya eres un poco más como tu padre, y de alguna forma eso te hace sentir mejor.
Pero llega un momento, cuando llevas mucho tiempo enganchado, en que empiezas a ser consciente de que de una manera u otra, has de ponerle freno. Consciente de que no puedes continuar, porque te estás dejando el sueldo y la salud. De que eres, lo repito, un drogadicto, con todas sus sílabas: dro-ga-dic-to. Y cuando ese día llega... ¡ay, cuando ese día llega! Es una revelación traumatizadora. Y a esa conclusión llegué yo el otro día, por mucho que me pese. Pero de alguna forma se empieza.
Así que he decidido que poco a poco, tengo que desengancharme, aunque me cueste: voy a empezar a tomar descafeinados.
Por mis huevos que sí.
--
Me estoy quitando [mentira que te visto yo pal polígano...]
Me estoy quitando [que no, que no era pa mi, que era pa otro que también...]
Se está quitando
Estoy buscando al doctor pa que me de la receta
pa olvidarme de tu amor y no volverme majareta
(Extremoduro, Me estoy quitando)
--
Imagen recortada de uno de los diseños de camiseta de La Fraise

Ser supersticioso trae mala suerte.

Soy una persona pacífica, muy pacífica. Soy como un perezoso, pero sin uñas. El caso es que yo no me enfado con nadie excepto con la gente con la que tengo mucha, muchísima confianza. Es decir, mi familia, un par de amigos y alguna persona más. Con esas sí, con esas sí que tengo uñas, demasiado afiladas a veces.
Y esta puta manía de ser igual de agresivo que un un caracol sin antenas es algo que a algunas personas les incita, al parecer, con la pretensión de ser graciosos, a convertirme en objetivo de sus gracietas. Bien, pues tengo el defecto de que este tipo de cosas me traigan sin cuidado. Me resbalan, me la traen floja, por lo general, así que nunca respondo, y esto parece que constituye un aliciente adicional. Uno puede ser gracioso una vez, dos veces, y hasta tres, y si la cosa tiene gracia, hasta yo me río de mi mismo. Cuando se es gracioso, claro, porque hay veces que ni eso. Tengo mucho aguante, pero cuando la cosa se repite por norma, aunque yo no me encare contigo y te mande a la mierda, o te diga que dejes de tocarme los cojones -hay días y días-, deberías darte cuenta de que estás meando fuera del tiesto: háztelo mirar. No obstante, como digo, perder el tiempo en cosas así no me vale la pena ni el tiempo empleado. Es tan fácil como que evito el trato con personas así. Para qué.
Da la casualidad además de que mi carácter hacia la gente con la que tengo poca confianza suele ser jovial, alegre y desenfadado, quizá demasiado, de modo que a menudo, ante tales gilipolleces, por hablar con propiedad, que es en lo que se suelen convertir tales gracias, sólo esbozo una sonrisa, aunque pienso otra cosa, claro. Soy una persona que se rie de todo o casi todo, y esto la gente no demasiado inteligente lo confunde; es normal. La principal ventaja de este tipo de comportamientos es que ayuda a valorar la calidad de las personas con las que trato.
Quizá alguien se sienta aludido por este post; nada más lejos de mi intención. Esto es sólo la descripción de un comportamiento que se repite y se ha repetido de forma recurrente en mi relación con muchas personas. Y si alguien se siente identificado, debería analizar porqué.
Así que recuerda, si algún día te cruzas con alguien y no quieres que piense que eres un capullo mientras te sonrie, no le toques los cojones demasiado, y si lo haces, que os podáis reir los dos. Aunque a lo mejor él no tiene tanta paciencia y te rompe la cara. Y yo... algún día la cuerda va a acabar rompiéndose, ya lo verás.
Si es que soy un buenazo.
--
Viernes trece, ni te cases ni te embarques, o va a ser que no era así...

Se cambia alma masculina, nueva a estrenar, por cuerpo femenino en buenas condiciones.
(Este sueño me va a matar porque me voy a romper la cabeza contra una farola...)

- Te advierto, Dee, que me estás cansando.
- Ka, te juro que no sé de que me habláis.
- ¿No? Yo creo que sí, y a lo mejor si te machaco el pulgar recobras la memoria.
- ¡Joder, Ka! ¡Po, díselo tú! ¡No sé nada!
- A mi no me metas, Dee, apáñate con él.
- Es curioso, Po. A todos les falla la memoria hasta que empezamos a romperles cosas.
- Somos amigos, venga, Ka, Po, joder, tenéis que creerme.
- Mira, Dee, a mi me encantaría creerte y a Po también. Pero es que no acabas de convencerme, así que será mejor que si abres el pico, sea para cantar. Y te aconsejo, como amigo, ya que lo mencionas, que empieces cuanto antes. ¿Po, a ti qué te gusta más, cortar o romper?
- Cortar sin duda alguna. El tema de la sangre es un poco escandaloso pero no tiene comparación.
- Ya le has oído. Reflexiona, hombre. Hazme caso, no ganas nada salvando a otros. Mira, vamos a darte una última oportunidad; si hablas ahora, por ser tú, te dejamos que te vayas por tu cara bonita, a pesar del tiempo que nos has hecho perder.
- Dios chicos por favor...
- ¿No quieres hablar? No estás colaborando mucho, y es una verdadera pena. Esto me va a doler más a ti que a mi, Dee. Bueno, quizá no tanto. A ver, amigo mio, si lo que pasa es que necesitas un pequeño aliciente. ¿Tú que crees, Po?
- Yo creo que dentro de un rato cantará hasta ópera.
- Pues todo tuyo.
- ...
- ¿A qué estas esperando?
- ¿Cómo que todo mio?
- Pues eso. Haz con él lo que quieras, es tuyo.
- ¿Cómo que lo que quiera?
- Pues eso, joder, ¿tengo que explicártelo todo?
- ¿Ka, eso es una pregunta retórica?
- Oye chicos, que por mi no discut...
- ¡Tú cállate! ¡Venga, Po, haz algo, coño, córtale un dedo, rómpele un brazo, innova, haz algo, yoquesé!
- ...
- ¡Va!
- ¡No puedo! ¡Ya sabes que estoy en contra del uso de la violencia! Además, la sangre me da mucho yúyu.
- Pero Po, si me acabas de decir que lo que te gusta es cortar, ¡hasta él lo ha oído!
- ¿Yo? Yo no he oído nada.
- Dee, te aconsejo que te calles. ¡Y joder, Ka, lo he dicho porque eso es lo que digo siempre!
- Eres la hostia, Po. ¿Y ahora qué?
- ¡Joder, pues hazlo tú!
- ¡Ah no! El trabajo sucio es cosa tuya. Trabajo sucio: Po. Pe. O.
- Pues ya lo sabes: yo no puedo.
- Joder, mecagüen la pu... Mira, Dee, por esta vez te vas a librar, pero la próxima vez que te pillemos, será mejor que cantes.
- Sí, sí, claro, lo que vosotros digáis.
- !Y deja de reirte, cojones, o te metemos una bala por el culo!
- Ka, tendrás que hacerlo tú, porque lo que es y...
- ¡¿Quieres callarte, Po?! ¡Y tú, ya estás largándote, antes de que me arrepienta!
...
- Joder. Es la sexta vez que nos pasa esta semana.
- Ya lo sé, Ka, ya, pero qué quieres, era mi propósito para el nuevo año.
- Conque iba a cantar hasta ópera. Ya claro... porca miseria...

Aeon Flux: Salto, acrobacia, salto, posturita de la Theron (qué bien le queda el traje ceñido de cuero negro), salto, salto, posturita, tiros, salto, mirada intensa a la cámara, salto, posturita, posturita, qué guapa soy qué tipo tengo, salto, salto, parrafada explicativa de la peli, pose, mirada, acrobacia, tiros, tipo dentro de un calcetín, mirada, salto, salto, qué bien llevo pintados los ojos porfavor, tiros, pose, salto y pose. La Charlize Theron en plena exhibición acrobática y poco, muy poco más aparte de ciencia ficción flojilla y barata bastante mal llevada. Si fuese gratis, vale, pero por seis euros, tómate una pinta de Guinness u otra cosa que te apetezca más.
Y hablando de pintas de Guinness, aunque es cierto que cuando se parte de la nada no hay obviamente, nada que perder, o dicho de otra forma el no ya lo tienes, creo que como siga a este ritmo todas las camareras de Valencia me van a conocer, porque hoy, antes de irme, con prisas, y con una patética improvisación (lo primero que se me ha venido a la cabeza, ya que ha sido un impulso repentino sin planificación previa), he invitado a café a esa camarera del Sally O'Brien de la que ya hablé hace quince días. Por supuesto, me ha dicho que no, aunque lo siente mucho. No sé si creerme eso de que lo siente mucho, pero bueno, para qué dudar, la gente no tiene porqué mentir. En cualquier caso, más lo siento yo, o quizá no y los dos lo sintamos lo mismo: nada.
Lo mejor de todo esto es que empiezo a encontrarle la gracia a esto de invitar a café y/o cerveza partiendo del no casi seguro, porque cuando te lo encuentras, es realmente verdad que te quedas igual. Tantos años y yo sin darme cuenta. Ni chafado ni deprimido. Ni afectado ni nada. Se te queda cara de vaya qué pena durante cinco segundos, luego de pues nada hasta luego tú te lo pierdes durante otros cinco y luego te vas a tu casa tan pancho.
Mola. Este año va a ser divertido, ya lo dije y lo repito. Aunque espero que de todas mis víctimas, alguna me diga que sí, porque estoy seguro de que eso será aún más divertido.



Después del fracaso de Charlize Theron con su traje de cuero y sus acrobacias de rana histérica (¿para qué saltar cuando puedes andar?), M. pensó que sería bueno acercarse por el cine, seguir la recomendacion de Cattz y ver Crash. Y M. se alegra de haberlo hecho porque hasta Sandra Bullock, a la que aborrece, le ha gustado.
M. piensa que la película en cuestión es una de las mejores que ha visto en los últimos meses, si no la mejor, pero es consciente de lo corto de su memoria y que cuando una película le gusta, siempre acaba diciendo lo mismo (como la Novia Cadáver, como Flores Rotas). M. es a veces poco original y no le cuesta reconocerlo. Nuestro amigo incluso volvería a verla, pero se da cuenta de que las películas son abundantes y el dinero escaso, aunque no le extrañaría acabar delante de ella de nuevo en las próximas semanas.
Crash es una interesante película fascinantemente llevada, donde se juega con los estereotipos que cada uno de nosotros utilizamos -y necesitamos- para nuestra vida diaria, y cómo algunas acciones realizadas con unos propósitos concretos o simplemente precipitadas, pueden acabar desembocando en algo radicalmente diferente de lo que nos parecieron al principio. Como Matt Dillon dice, en lo que es una de las principales ideas que rondan en todo momento, «Piensas que te conoces. No tienes ni idea.». En resumen, una película sorprendente que vale la pena no perderse.
M. se siente pequeño ante este tipo de películas, igual que ante grandes novelas o grandes obras de teatro. Pequeño ante grandes historias contadas de una gran forma. Y se siente pequeño porque a veces le gustaría poder crear cosas así, y aunque en su interior piensa, quizá ingenuamente, que sería capaz si de verdad lo intentase, se pregunta a qué está dedicando su vida sin ni siquiera intentarlo. Y se dice que sí, que debería al menos intentarlo, y que lo hará, tarde o temprano, aunque sólo sea para desengañarse. Pero M. prefiere no pensar ahora demasiado en ello, porque ello le deprime, porque es tarde, porque no se siente pequeño, se siente algo fracasado y porque a M. le gustaría poder empezar la semana como una persona y no como un zombie.
Así que M. os desea buenas noches y buenos días a todos, según leáis esto ahora o mañana.
Yo también.
--
Y M. vuelve a no sabe qué hacer con su filosofía, pero se convence de que ese es tema para otro día.

La Alameda de Valencia está formada por cuatro carriles, dos en cada dirección, más un espacio de aparcamiento en batería a cada extremo lateral, y otros dos de aparcamiento en cordón, que sirven de mediana.
Aunque es necesario ir hasta la altura del puente La Peineta, también llamado de Calatrava, para cruzar al otro lado del río a la altura del Gobierno Militar, la mayoría de las personas, en lugar de continuar por el lado que han aparcado hasta el paso de cebra, cruzan al otro lado por la calzada y desde allí van hasta el puente, evitando la espera del semáforo.
Y eso es precisamente lo que he hecho yo hoy, como cada mañana, pero al pasar por la mediana, he golpeado con mi móvil, un pequeño Sony Ericsson, levemente y de forma totalmente inintencionada el retrovisor de un coche blanco aparcado, dentro del cual se encontraba una chica rubia sentada. Pues bien, cuando me he girado a disculparme, por la, repito, leve y totalmente inintencionada colisión, hubiera jurado que de tener un Kalashnikov (AK-47), aquella chica me habría acribillado a balazos allí mismo, por la cara de pocos amigos que ha puesto la muy gili... ay.
Por lo que he llegado a la conclusión de que a) me alegro de que los permisos de armas no se concedan tan libremente en este país como en los EEUU, b) no se puede ser educado (su respuesta al impacto ha sido totalmente desporporcionada), y c) de la mala ostia que me ha puesto la cara de ijadeputa con la que me ha obsequiado, al poco más de media hora de levantarme y con el frío dándome en el cogote, estoy seguro de que en ese momento, de haber tenido un M16 y si se hubiera producido el ataque, habría respondido a las hostilidades y acabado con ella sin ningún tipo de contemplación.
Creo que ya se me está pasando...
--
Aviso a conspiranoides: los nombres de los subfusiles AK-47 y M-16 están asignados a los protagonistas de la escena en cuestión sin ningún tipo de consideración ulterior sobre nacionalidades.

Ahora que después de cinco horitas de trabajo estoy más relajado, más pacífico y más despierto, creo que puedo contestar al meme que me pasó el otro día Suco y ayer Pululi, así que ahí van mis cinco hábitos extraños, que al final no se si van a ser hábitos o manías (porque, ¿qué es exactamente un hábito extraño?).
Prime: Dormir y sus preliminares. Esto es un hábito en sí mismo. Para empezar, a diferencia de mucha gente, suelo dejarlo todo preparado para cuando me levante por la mañana. Pero no sólo la ropa. Los móviles, la cartera, la chaqueta, y si procede, la fiambrera con la comida, pero con el tenedor y el cuchillo a su lado: cualquier cosa para ahorrar tiempo. Y todo dispuesto para que no se me olvide nada, o mejor, para que no tenga que recordar nada. Si he de llevarme algo, lo pongo sobre la ropa del día siguiente, o le pongo las llaves del coche encima. Incluso pongo el coche en la orientación necesaria para no tener que hacer maniobras in the morning. Y eso no es todo. Programo el despertador quasi obsesivamente cada noche, a pesar de que todas las mañanas me levanto a la misma hora; nada de ponerlo a las siete menos cuarto. Qué trivialidad, por dios. Yo calculo cuánto tiempo me ha llevado esa mañana vestirme y salir de casa (hoy he me he levantado a las 06:46h y encendido el coche a las 07:07h), cuanto tráfico había (fluído, hasta llegar a mitad de Poble Nou donde había una pequeña retención a causa de un tractor) y a qué hora he llegado a aparcar (07:32h), y en función de esto, reprogramo el despertador respecto a la hora del día anterior un minuto arriba, dos minutos abajo, luego tres arriba, uno abajo, y así hasta que quedo satisfecho. Es como si un minuto más de sueño pudiera ser la diferencia entre un gran día y un día horrible, pero no puedo evitarlo. Para acabar, tengo que -necesito- ir al baño (a mear, vamos) como máximo cinco minutos antes de meterme en la cama. Si pasa más tiempo, empiezo a pensar en el martirio de levantarme a mitad noche, me empiezo a sugestionar... y tengo que volver a ir. Ya lo sé, es un poco raro.
Segon: Café. Este ya es conocido, aunque quizá no sea estrictamente un hábito. El café lo tomo solo y absolutamente sin nada de azúcar (eso es importante). Y no solamente eso, sino que cualquier otra cosa me provoca arcadas. Café con leche, arcadas. Café con azucar, arcadas. Además, me gusta quitar la espuma de la superficie con la cucharilla y comérmela (¿la espuma se come? ¿se bebe?) aparte del resto del café.
Tercer: Esto le resulta molesto a algunas personas y otras creo que lo malinterpretan. Y es simplemente que me gusta mirar a los ojos de la gente. Es un pequeño entretenimiento que tengo desde hace mucho tiempo y que me produce bastante satisfacción. Lo hago sobre todo cuando voy andando por la calle, pero también cuando conduzco busco los ojos en los coches que vienen en sentido contrario (cualquier día la DGT lo prohíbe), en los espejos retrovisores del coche de delante, en la gente que veo por la calle... A veces la otra persona devuelve la mirada e incluso se llega a dar un pequeño -y cómplice- momento de reconocimiento mutuo, y a veces no. A veces se ven cosas en los ojos de los demás, y a veces no.
Cuarto: En cuarta posición, hay algo que no siempre puedo hacer, dependiendo con quien vaya. Quizá no sea tal hábito cuando no lo hago siempre, pero sí siempre que me lo permiten o cuando voy solo, así que creo que aceptamos pulpo. Y es que cuando voy al cine me gusta quedarme en mi asiento hasta el final de la película. Y cuando digo final, me refiero al momento en el que encienden las luces de la sala y dejan de proyectar sobre la pantalla. Cuando ha salido eso de Soundtrack available at nosequé records y el logo de Panavision. Cuando estás casi siempre ya solo en la sala y han empezado a limpiarla. Cuando ya no hay queda nada que ver. Es en ese momento cuando me levanto y salgo del cine... si no voy con alguien que no lo entiende y para evitar explicaciones acabo saliendo antes.
Quinto: ... y último. Aquí tengo varios candidatos, a cada cuál más extraño, así que voy a poner el primero que de me ha venido a la cabeza. Me gusta beber agua en recipientes no convencionales, como cucharas, cacerolas, tazas, etc etc. Me gusta cómo cambia la percepción del sabor del agua al beberla con una cuchara y se vuelve más metálica (pruébalo), igual que es diferente cuando la bebes de un botijo, o directamente de la jarra o del grifo, en lugar de beberla en un vaso. Obviamente, luego lavo los cacharros (siempre los cojo de los que han sido fregados y están encima del banco secándose), aunque desde que tenemos lavavajillas he abandonado un poco esta costumbre. Hay otros hábitos igual o más extraños, pero he llegado a los cinco y ya soy suficiente raro de momento.
Bien bien bien. En el original que me pasó Suco, había que pasar esto a cinco blogs, y aunque hay muchos a los que se lo pasaría, ahí va, Chasky, Balita, Reve, Mara y Pnac.
A quién no conteste, cuatrocientos enanos le sodomizarán durante el resto de su vida (están ya contratados), así que por mi no lo hagáis, hacedlo por vosotros. Dejo la elección en vuestras manos.
--
Nota: El título no tiene segundas lecturas, simplemente me parecía oportuno.


Esta noche he visto Everything is Illuminated, en versión original subtitulada, solo, en una sala donde seríamos a lo más diez personas. Únicamente se lo había sugerido a una persona que finalmente y por causas comprensibles no me ha acompañado, aunque no estoy demasiado convencido de que fuese su tipo de película. Como soy afortunado, me han tocado dos chiquillas detrás que hasta pasados 45 minutos de película no se han callado. No las he matado, aunque no ha sido por ganas sino por consideración hacia el resto de la sala.
El argumento se centra en la búsqueda que Jonathan Safran Foer (Elijah Wood, Frodo, el único conocido del cartel), un judío estadounidense, lleva a cabo por las tierras de Ucrania en busca del lugar en el que vivió -y del que emigró- su abuelo durante la Segunda Guerra Mundial, ayudado por un joven ucraniano que domina a duras penas el inglés y su abuelo.
La película está basada en una famosa novela del mismo título, escrita por el que aparece como principal protagonista, Jonathan Safran Foer, y resulta en conjunto interesante y bien llevada, aunque parece caer en momentos y de manera algo ingenua en el sentimentalismo fácil. En cualquier caso, dejando aparte la historia que contiene, el mayor interés reside en un atractivo aura de surrealismo que rodea a la película, y que tiene como origen el conflicto lingüistico y cultural que se da entre el recién llegado, un joven retraído y algo extraño poco dado a la conversación, y los dos protagonistas ucranianos, un curioso seguidor de la cultura de masas norteamericana y su abuelo que parece estar medio senil, relación que da lugar a varias situaciones muy divertidas.
En resumen, y añadiendo una fotografía interesante que ofrece escenas como la del comentario anterior, una película recomendable aunque no imprescindible, lo que ya es mucho decir teniendo en cuenta los tiempos que corren y al precio que va la entrada de cine.

Ahora que, aunque no haga acto de presencia, estamos de exámenes (y yo también porque a pesar de que estudiar, lo que es estudiar, estudio poco, ya he pagado religiosamente la matrícula), os dejo una pregunta que un profesor de matemáticas me hizo durante mi triunfal (que sí, que sí) paso por el Bachillerato Unificado Polivalente, ósease el BUP, y que no tengo ni idea del nombre que recibe ahora ni en que tipo de engendro "educativo" (nótese las comillas) se ha convertido. Y la preguntita de marras es la siguiente:
(<pincha y arrastra>Atila... Rey de los Unos</pincha y arrastra>)
¿Hay algo más peligroso que comerse con camisa blanca una ensalada aderezada con vinagre de Módena?
ahora queeee vamoooos despacio,
vamos a contar mentiras tralará,
vamos a contar mentiras tralará,
¡vamoooos aaaaa contaaaar mentiiiiras!
...)

Al parecer, anoche la Universidad Politécnica de Valencia, donde se encuentra alojada www.unsociability.org tuvo, ooootra vez, un corte de red. Cuando llegué a casa a las 22:00h no funcionaba, y cuando me acosté y me dormí, por primera vez en varias semanas, antes de las doce, seguía sin hacerlo. Una universidad con un presupuesto de más de 20 millones de euros pero con unos servicios informáticos algo tristes, por no decir otra cosa.
Así que por pasados, recientes y en previsión de futuros fallos, estoy pensando seriamente -igual que hago siempre tras una de estas caídas- trasladar www.unsociability.org a otro lado. No sé cuando dejaré de pensarlo y lo haré o decidiré que no lo hago, aunque el momento del cambio debería ser poco traumático. En cualquier caso, ya veremos.
Por otro lado, como había dicho, ayer ví El jardinero fiel. Pero tenía escrita otra cosa...

Hay un anuncio ahora en televisión que me resulta la mar de educativo. Se trata del anuncio del Seat Ibiza, y se titula algo así como La sorprendente historia de la hormiga y la cigarra. Y dice así:
Mientras, su amigo Pedro tocaba la guitarra en su casa
Juan se esforzaba pensando en su futuro
Y Pedro seguía con su música
Al llegar el invierno, Juan entró en una multinacional
Y cómo no, Pedro tocaba y tocaba
Juan empezó a prosperar en su empresa
Sin embargo, Pedro necesitaba descansar
A Juan las cosas le fueron bien y se compro un Ibiza
En cambio, Pedro... también se lo compró
Y claro, no podría acabar de otra forma que con un Y colorín colorado este cuento ha cambiado. Todo ello aderezado por estupendas imágenes como Juan el pringao metido en un ascensor con lo que parecen ser insectos -es decir, otros pringaos como él-, o un gran edificio sede de la citada multinacional al que parecen entrar hormiguitas (más insectos pringaos). Mientras tanto, Pedro (el que necesita descansar) no sale de su cuarto, y aparece acostado en su cama, o tocando la guitarra en el suelo, es decir, no pegando ni chapa. Algo que supongo que Pedro podrá permitirse hasta agosto, porque a partir de entonces tendrá que pagar durante seis largos años 137 euros al mes. Que no es mucho, pero no los gana uno acostado en la cama. Bueno, dependiendo de a lo que se dedique, claro, pero Pedro no tiene pinta de follar mucho, tampoco, porque seguro que no tiene pasta ni para irse de fiesta...
No me quiero poner en modo Paulo Coelho (es decir, moralista), pero siendo que el texto original es una fábula de La Fontaine con moraleja, me siento algo autorizado. Bueno, el caso es que siempre he pensado que el esfuerzo personal es un valor a fomentar, y anuncios como estos me parecen, lo confieso, un poco repugnantes y muy engañosos. Realmente, me siento como si me estuviesen llamando idiota, aunque todo sea dicho, la idea es tan burda y poco sutil que yo tampoco diría que se trata de publicidad subliminal (quizá analizando las gamas de colores que aparecen en las escenas de uno y otro personaje saliese algo, pero yo no soy publicista ni tengo ganas de intentarlo). Dejando aparte el tema del trabajo profesional y la remuneración (es decir, que hay que trabajar para vivir, no vivir para trabajar), la idea de realizarse, de esforzarse por conseguir algo, luchar por tus sueños (que poético queda eso), por construir tu propia vida, en lugar de abandonarse a las circunstancias siempre me ha parecido loable. Y es que Pedro -la cigarra- no parece en ningún momento esforzarse por ni siquiera tocar bien la guitarra. No sé si los creativos de este anuncio del Ibiza pretendían despertar este tipo de reacciones (imagino, un poco en modo piensamalyacertarás, que en parte sí), pero desde luego, estoy seguro de que ellos no fueron los que se quedaron oyendo música acostados en su cama. O visto lo visto, quizá sí.
Me siento mucho más atraido, aunque también es verdad que un poquitín más miserable y fracasado en el sentido que hablaba el otro día (mamá, ya lo sé), por un anuncio que el BBVA tenía hace algunos meses acerca de sus programas de becas (que pueden ser, es cierto, mejores o peores, pero no entro en eso como no he entrado en si el Seat Ibiza es mejor o peor): No sabemos quién descubrirá la vacuna contra el cáncer, ni quién será el primer hombre en pisar Marte, pero lo que sí sabemos es lo que está haciendo en estos momentos: estudiar. Uf, joder, joder. Y es que casi me siento culpable.
No sé, serán cosas de mi educación, que ha hecho estragos en mi, qué le voy a hacer...

Como me había propuesto, ayer fui finalmente a ver El jardinero fiel, también solo, con lo que se acaba el capítulo de películas tengoqueverantesdequelasquiten, hasta el fin de semana al menos (ejem... y voy a hacer como que no sé que quería ver Una historia de violencia). Es paradójico que Ó. quisiese verla y yo no accediese en su momento, y haya acabado viéndola yo y él no.
Dirigida por Fernando Meirelles, la película está basada en una novela de John Le Carré... y hasta aquí puedo leer. Conspiraciones, asesinatos, política... Le Carré en estado puro. Aunque no es una historia real, al final de la película, aquello de All characters displayed blablabla ficticious blablabla any coincidence blablabla... es rematado por un pequeño comentario que, aunque no pude leer por completo, parece venir a decir que sí, que la historia y los personajes son ficticios, pero que la experiencia del autor durante su estancia en África le ha demostrado que quizá no sea todo tan ficticio. No sé si habla Le Carré o Meirelles.
Lo cierto es que, aunque me habían hablado muy bien de esta película (metacritic la pone bastante bien), no salí demasiado entusiasmado. Es cierto que Ralph Fiennes está impecable en su actuación, que salva en mi opinión la película, y la fotografía es muy buena, pero ahí se acaban para mi los elogios.
Y es que aunque la denuncia que contiene es legítima y basada sin duda en hechos reales, da la sensación de no acabar de arrancar, de quedarse en la superficie, permaneciendo en todo momento en un segundo plano, donde la relación entre Fiennes y Weisz adquiere una importancia que parece no corresponderle. Rachel Weisz está correcta en su papel, aunque su personaje hace que Fiennes parezca un pánfilo durante gran parte de la historia. Pero eso es problema del guión, no de Weisz. Y para acabar, aunque el montaje es correcto, se abusa de los efectos visuales y sobre todo, de la cámara al hombro y los cambios bruscos de plano, llegando a resultar excesivamente agobiante en algunos momentos.
En resumen, la película está bien, pero a estas alturas, hay cosas mucho mejores en cartelera.
--
Por cierto, John Le Carré es en realidad David John Moore Cornwell

De todos es conocida mi afición por la poesía de calidad, y como no se le pueden poner puertas al campo, al monte, o a lo que sea, aquí está mi última creación poética. Dice así:
Si no te callas, te rajo
me digo el grajo
pero como no podía ser
me puse a toser
Gracias. Se aceptan donativos y firmo autógrafos.


Disponible en distintos idiomas, tamaños y colores, sin coste adicional.


El "amor" es ciego, y yo -ya lo sé- soy un envidioso.
(Lo de las comillas es el subconsciente, que me traiciona)


Cuando ví el anuncio de Jarhead en televisión, me hizo desconfiar que de las tres referencias de la prensa dadas (ya saben, aquello de Magnífica, Sublime, La mejor película del año, El no va más... y cosas así), dos perteneciesen a la misma revista (Maxim). Y después de leer la crítica que le hace Las Horas Perdidas, la verdad es que la película había dejado de ser una prioridad para mi. Aunque está claro que no he venido aquí a decir sólo eso.
El caso es que ayer acabé finalmente en Kinepolis viéndola, y si Sam Mendes (American Beauty) pretendía hacer una sólida crítica al aparato militar estadounidense, hay que estar de acuerdo con parte de la crítica en que fracasa, porque se queda lejos de La Chaqueta Metálica, y tampoco llega, en cantidad de surrealismo militar, a la altura de Apocalypsis Now.
Nada sorprendente, después de todo, si consideramos el nivel de estos dos clásicos del cine de guerra, aunque no hay que olvidar que Jarhead está basada en el relato autobiográfico de Anthony Swofford -personaje protagonista- y como tal, es de esperar un tipo de narración más personal. En resumen, la película describe la estancia, más bien inerte, de un grupo de marines (francotiradores) americanos durante la Guerra del Golfo, y la lógica -y realista- mezcla de frustración, testosterona y tensión psicológica que implica estar en una guerra en la que el soldado de a pie tiene poco que hacer. Todo ello con unos intérpretes protagonistas que, si bien no puede decirse en general que vayan a ser candidatos al Óscar, están más que correctos en sus interpretaciones.
La fotografía y los efectos visuales son muy interesantes -en un buen sentido de la palabra-, recordando a Tres Reyes, con algunas de las escenas resultando realmente impactantes, y la banda sonora está plagada de clásicos y algunas composiciones originales que aunque resultan muy atractivas sobre todo por las imágenes que las acompañan, no estoy seguro de que en el emepetrés o el coche provoquen la misma sensación de euforia.
Para acabar, una película que vale la pena ver, y que está a la altura de lo esperado si evita uno la comparación inconsciente con Apocalysis Now. Para aquellos adictos a los números, vamos a darle un siete; aunque no se convertirá un clásico del cine de guerra, Jarhead no defrauda.

Cuando hace ya casi once meses mi relación sentimental con cierta persona terminó de modo más o menos brusco, me agencié un libro de ayuda personal "para superarlo". No sé si el libro me ayudó o no, ahora que está todo más que superado, pero leí una frase de la que me acuerdo a veces (sobretodo cuando visito algunos blogs), y que con el tiempo he hecho casi un lema propio.
«Una parte del crecimiento y la madurez se logra desarrollando el coraje necesario para superar la "tempestad" de nuestra vida sin ser autodestructivos, sin ceder a la amargura y la autocompasión, sin perder la esperanza en nosotros mismos, pero sin dejar de creer en la promesa de nuestras propias vidas». (Stephen Gullo y Connie Church)
Sentirse miserable es una droga muy adictiva. Y además, por lo visto, es bastante kitch.
(Estoy bien, simplemente me apetecía hablar de ello.)

Te miro fijamente, y tú siempre me devuelves la misma mirada llena de cariño, de ternura, de fidelidad. Te acercas a mi, y te dejas querer, mientras me pregunto en silencio qué esperas de mí, porqué sigues a mi lado después de tanto tiempo. Pero por toda respuesta, tú te limitas a mover el rabo, sacar la lengua y jadear.
Y de verdad espero que eso no sea una indirecta.

«La primera vez que sientes el frío del cañón de una nueve milímetros presionando contra la nuca es fácil que te mees encima; es casi inevitable. A los tres años cualquier niño controla sin problemas sus esfínteres, pero en ese momento tú no eres capaz de hacerlo y ni siquiera te das cuenta; tu cabeza está demasiado ocupada con tu vida para evitar que tu cuerpo vaya por libre.
Y eso no cambia hasta que comprendes que la existencia no es algo que se posee como un par de zapatillas; que se es o no se es. Que morir es algo que nunca puede pasarte a ti, y que para perder algo, hay que ser consciente de que lo has perdido; una vez muerto no vas a poder echar de menos tu vida.
Sólo cuando entiendes esto puedes librarte del miedo y mantener la cabeza fría. Y lo más importante, ayudar a evitar que alguien te la atraviese con una bala. Cuanto antes lo asimiles, mucho mejor para tí.»


«Claro que sí. Ya estamos hartos de estar en contra. De ir a ver pelis en contra, de ir a manis en contra, de ir a conciertos en contra.
A partir de ahora estaremos a favor. A favor, hasta de ir en contra.»
Albert Pla, versión en concierto de Mañana lo dejo (Veintegenarios en Alburquerque).
Tragando mierda, tragando mierda, tragando mierda, toda mi vida perdido, ¡socorro! ¡socorro!...

- ¿Cómo se llama esto?
- ...
- ¿Y esto?
- ...
- ¿Y esto de aquí... cómo se llama?
- Vas mal de anatomía femenina, ¿eh?
- Pues sí, pero me la puedes explicar tú...

Leía hoy en El Mundo lo siguiente: «[...] Hufnagel asegura que la información monetaria ha permitido tener una idea exacta de cómo se mueven los individuos hoy en día, "sin necesidad de dispositivos de seguimiento como los que se usan con animales". A su juicio, lo más sorprendente de su descubrimiento es que las escalas observadas están guiadas únicamente por dos patrones universales, "similares a las que gobiernan los sistemas biológicos o físicos". [...]»
Señor Seldon, hace mucho que llevamos esperándole. Bienvenido, maestro.
Hufnagel... suena a serie de dibujos holandesa...

A varios millones de años luz de nosotros un hombrecito saluda con la mano mientras escucha a Manu Chao. Hace ya unos días que llegó, aunque no sabe cómo llegó ni porqué está allí, y lo peor de todo es que tampoco sabe cómo volver. La verdad es que no tiene demasiada idea de nada, pero para qué engañarse, nunca la ha tenido. Simplemente está allí y se siente algo ajeno, tan lejos de casa. Se rasca la cabeza como hace Homer cuando no sabe algo, y la imagen le resulta divertida y ríe. Hace memoria y piensa que no duerme especialmente mal, no está especialmente cansado ni especialmente deprimido. Aunque tampoco está especialmente animado, ni especialmente feliz, ni especialmente ilusionado. No está especialmente nada, se dice el hombrecito; está medianamente todo. Pero aquí no estoy bien, murmura, y concluye que quizá Aristóteles no era infalible después de todo.
El hombrecito se siente como un click de Famobil, porque a él Playmobil le llegó un poco tarde. Pero un click pirata sin barco, un click granjero sin granja, un click caballero sin castillo ni princesa que rescatar. Y se levanta y le grita a la nada, para darse cuenta de que encima de una estrella a una eternidad de su mundo no hay aire con el que llenar sus pulmones. Qué absurdo resulta todo eso, susurra con cara de incredulidad, y durante un instante que dura todo lo largo que es, que tampoco es mucho, se acuerda de Gregorio Samsa, de todos los cienpiés que ha visto en su vida, se acuerda de Atlanta, de su pueblo y del intenso dolor del Urbason. Y se rasca la cabeza otra vez, igual que antes, como hace Homer, y piensa que se siente extraño, aunque ahora ya no le parece tan divertido. Ningún sentido. ¿Qué hago yo aquí?.
Pero no le cuesta mucho convencerse que no es tan malo perderse de vez en cuando ni sentirse como un click aunque no sea de plástico y sus manos no tengan forma de U (aunque puede ponerlas así si quiere, lo ha probado). Que probablemente nadie entienda a veces dónde está, empezando por él, pero que mejor que el mundo se vaya acostumbrando a sus ausencias transitorias, a sus metamorfosis anímicas temporales, si a estas alturas de la película no lo ha hecho ya. Un poco más, un poco menos, ¿a quién le importa, qué más da? Algo de variedad en tanta monotonía nunca viene mal; altibajos y bajialtos. Así que, a millones de años luz de nosotros, el hombrecito sonríe, se sienta de nuevo y saluda a su estrella. Y la estrella le mira con sus ojos de estrella, le devuelve la sonrisa, y le devuelve el saludo con un Hola, M.. Y a M. los ojos le brillan.
Y el hombrecito piensa que no tardará en volver a su casa, pero que en este preciso instante de su vida como click de Famobil es feliz porque acaba de ver a una estrella sonreir.
(Foto: Febrero 2000 aprox., Atlanta.)

Necesito salir de esta vida por unos días.
Por compasión, que alguien me indique la salida.

Es la tercera vez que cambio esta entrada hoy. Así que como suele decirse, a la tercera va la vencida y esto es el post de hoy.

Crêpes.
Ingredientes:
125g de harina
25g de azúcar
2 huevos
25g de mantequilla
1/4 de litro de leche
...
Y chocolate si se desea.

«Ideología significa idea lógica y en política no hay ideas lógicas, hay ideas sujetas a debate que se aceptan en un proceso deliberativo, pero nunca por la evidencia de una deducción lógica (...) Si en política no sirve la lógica, es decir, si en el dominio de la organización de la convivencia no resultan válidos ni el método inductivo ni el método deductivo, sino tan sólo la discusión sobre diferentes opciones sin hilo conductor alguno que oriente las premisas y los objetivos, entonces todo es posible y aceptable, dado que carecemos de principios, de valores y de argumentos racionales que nos guíen en la resolución de los problemas»
Voy a dejar que adivinéis quién escribió tan sugerentes palabras. Y es que flipo cada vez que lo leo. No nos pasemos de progresistas, colega.
... sopita de camarón se la lleva la corriente, sopita de camarón la marea va subiendo ...
(M. está de vuelta. Un poco de paciencia, estoy casi llegando)

Creo que con ese título, no hace falta que diga en qué estoy pensando.
¿Verdad que no?

Después de nueve horas extras seguidas (con pizza barbacoa y Pepsi incluídas, 100% geek) delante de una pantalla de ordenador escupiendo comandos de Unix* entre otras cosas, uno no sabe si sentirse idiota por pasarse la tarde y la noche trabajando, o sentirse privilegiado porque después de todo, piensa que el tema no tiene importancia y siente que realmente disfruta resolviendo problemas en su trabajo, aunque estos impliquen que tenga que irse a la cama a las cuatro -y pico- de la madrugada.
O bueno, si sentirse idiota por no sentirse idiota, pero eso es demasiado para mí a estas horas de la madrugada, así que creo que me quedaré con la segunda y no se hable más.








