Hola, buenas noches.
No sé ustedes -sería ilusorio, y demasiado narcisita, pensar que este es el único blog que leen-, pero ya saben que yo no soy mucho de contar mi vida en clave de diario. Ya saben, ayer hice esto y aquello, y nosequién dijo esto y aquello. No. Pero claro, si he empezado así es porque hoy debería ser una excepción. O eso, o sólo estoy haciendo tiempo, y haciéndoselo perder a ustedes. Al fin y al cabo, dije (prometí) que el viernes escribiría algo, y al final no escribí nada. Lo intenté, pero un explícito reportaje gráfico sobre la importancia sexual de los pechos femeninos me lo impidió. De todas formas, nadie ha muerto por ello -espero-, y ahora ya saben -si no lo sabían ya- que yo también miento de vez en cuando. Y que abuso de los incisos en la narración, eso también.
En realidad este fin de semana no ha habido nada memorable que contar; ha sido todo bastante tranquilo. El malabarismo -65 lanzamientos de tres bolas en cascada de momento- progresa adecuadamente, y he empezado a probar otras cosas, pero lo cierto es que me está dejando agotado; sospecho que tres bolas de 180g home made son demasiado pesadas para mis enclenques brazos, por mucho que mi señora diga que el body pump es "físicamente más exigente". Esa frase es mía. Y un carajo.
Les informo además que ya tengo casi definida la historia para mi eterna y jamás comenzada novela. Es un poco un popurri de varias historias, pero encajan a la perfección, y es el mejor argumento que se me ha ocurrido hasta el momento. Es simple y creíble. Eso sí, esta no se la voy a contar a todo el mundo que conozco, como suelo hacer. (...) No se preocupen, dentro de unos meses vendré aquí con la misma justificación de siempre, otra idea nueva y bla bla bla. Y seguiré sin escribirla; ya me conocen. Ay. ¡Es *tan* duro tener *tan* poca fuerza de voluntad! Mi vida es un infierno. O casi.
Y eso es todo. Hasta mañana, buenas noches.

Me pregunto cuándo se darán cuenta las radiofórmulas, y si lo harán, que sustituir la publicidad de productos de terceros por cortes interminables en los que se repiten una y otra vez las bondades de la propia cadena no es, exactamente, lo mismo que no hacer publicidad.
De hecho, es bastante peor.


(Aquí comienza el recurso más estéril y fácil para escribir una entrada en un blog)
Desde que comenté muy brevemente aquella noticia de Elsa Pataky, un total de casi doscientas personas han venido a esta página en busca de fotografías de la susodicha, y todo porque al parecer, MSN Search cree que que la foto de El Mundo a la que este blog enlazaba pertenece a Unsociability.org. Pues no, y siento ser el causante de tantas decepciones.
Por otro lado, tal abrumador interés por Elsa Pataky, lógico pero exagerado, deja en la sombra búsquedas mucho más interesantes. Desde la desgarradora necesidad sexual ("mujeres que quieran coger hoy", "porno alemán"), hasta las inseguridades y problemas de vivir en sociedad ("siento que se rien de mi", "como vivir en sociedad"), pasando por la fe religiosa y la esperanza ("rezos para aprobar el carnet") o el teatro más transgresor ("mujer meando en el escenario"), entre otras. Ya ven. Para gustos, colores.
(Y aquí acaba el recurso más estéril y fácil para escribir una entrada en un blog)

Por supuesto, probablemente no saben ustedes que estoy de vacaciones. No, claro, cómo lo van a saber. Claro, eso implicará una signitiva reducción en la cadencia de actualización (¿se han fijado qué frase más enrevesada para una idea tan simple?). Pues sí, vacaciones, niños, niñas y pelotitas de goma. Hasta el martes que viene. Es decir, hoy miércoles y mañana jueves, porque aunque mi jefe diga que me da también el viernes, sábado, domingo y lunes, a mí no me engaña. Que no.
Y como no hay nada mejor que aprovechar un día de vacaciones para acompañar a tu señora de compras, pues eso he hecho. Que es básicamente lo mismo que haré mañana. Ay. Y como la carne es débil, y yo soy un buenazo y muchas otras cosas que ustedes a lo mejor saben y a lo mejor no, pues le he hecho un pequeño regalo. Que sospecho que le ha gustado. Y con éste les dejo hasta la próxima actualización, que quizá sea mañana, quizá pasado, y quizá no. Pásenlo bien.


Este sábado, aprovechando el más que espléndido tiempo meteorológico que nos han regalado en la capital del Turia y resto de España estos católicos días (si Dios existe, debe estar muy harto de la Semana Santa), mi señora y yo decidimos salir por el barrio del Carmen a dar una vuelta por alguno de esos locales de los que habla Nada Importa frecuentemente, con el firme propósito de degustar algún vino tinto acompañado de sus correspondientes tapas. Para aquellos que no conozcan Valencia, se tercia una pequeña introducción. Pueden considerar el barrio mencionado como el lugar pijo de Valencia para aquellos que no quieren sentirse como pijos. Va uno al Carmen y allí se siente alternativo, diferente a esos niños ricos de papá, aunque se sea tan o más snob que aquellos. Pueden hacer eso extensible a cafeterías y tiendas de ropa; no por nada Custo tiene una tienda allí. Ya saben que lo alternativo vende más, aunque Miss Sixty sea lo mismo que Tommy Hilfiger con otro disfraz. Y a mí no me miren, que me faltan euros en la cuenta corriente y me sobra hipoteca para tanto exceso. Pero al Carmen puedo ir andando, y eso siempre es una ventaja.
Decía, y continúo. El caso es que gran parte de la noche transcurrió paseando por las cartas de los bares e intentando entender cuál era el truco detrás de todo aquello. Intentando entender cuál era el valor añadido que hace que una cena valga 33 euros por cabeza sin bebida. Comer en platos de diseño en una mesa de diseño sentado en una silla de diseño con música de diseño y camareros de diseño en un local de diseño puede molar mucho, pero a mi eso me parece de gilipollas si la comida no corresponde y además, lo que es peor, nada de eso me llena el estómago. Hasta hace algún tiempo, yo no solía levantarme de los bares y/o restaurantes al ver los precios de la carta. Parece que una vez sentado, te has de algún modo comprometido, a lo hecho pecho y a joderse tocan. Pero eso era hasta hace algún tiempo, cuando yo era algo un poco más o un poco menos idiota que ahora; porque aunque no era la primera vez, el pasado sábado lo hicimos dos veces. La primera de ellas la provocó un Protos joven a 18 euros la botella y el motivo de la segunda, aunque no me acuerdo cuál fue, pueden imaginarse que era también una razón de carácter económico. Dejarse treinta euros por cabeza en una vulgar cena de tapas duele como si estuvieses limpiándote el culo con ellos. Pueden imaginárselo, seguro.
Finalmente, tras ver que el panorama era más propio de bolsillos más llenos y sobre todo más generosos que los nuestros, acabamos metiéndonos en un restaurante chino, degustando una bonita cena chinoccidental con una botella de Romeral, mucho más asequible a economías modestas, mucho menos chic y tan satisfactoria como la hubiéramos tenido en la mayoría de los locales estudiados.
Y poco más que contar, de momento. Por cierto, ya estoy aquí, aunque sea y suene a perogrullada. Saludos.


No me gusta la actual campaña publicitaria de la DGT, entre otras muchas cosas de este organismo. Por ejemplo, tampoco me gusta la prepotencia de su director ni la falta de ideas y soluciones del ente que dirige, no me gusta que crean que pueden sustituir los agentes de tráfico por radares, no me gusta que nos echen la culpa de todo a los conductores y no me gusta que de los cinco tramos más peligrosos en 2006 cuatro de ellos no hayan sido modificados [El Mundo].
Pero seguro que nada de esto es una sorpresa para nadie porque desde hace un tiempo me quejo de todo. Se habrán fijado además que desde hace un tiempo, todo pasa "desde hace un tiempo". Ya nada pasa ahora o me pasó en el pasado, y perdonen la redundancia. Ahora las cosas me pasan siempre "desde hace un tiempo"; supongo que será la edad, pero ya vale de gilipolleces. Que decía yo que los nuevos anuncios de la "empresa" del Pere Navarro no me gustan, y no porque me resulten desagradables, sino porque no me resultan. Voy a intentar explicarlo, aunque lo más probable es que fracase.
Bien. Si saliese en pantalla mi madre, mi novia, o alguno de mis amigos, indignados y diciéndome algo como "M., eres un gilipollas por no ponerte el cinturón", o "M., eres un gilipollas por no llevar casco", o "M., eres un gilipollas por correr más de la cuenta", encontraría lógica su indignación. He de asumir que si me mato, aparte de echarme a mi mismo mucho de menos, hay otras personas que van a sentir mi pérdida, por lo que es lógico que se muestren enfadadas o reflejen rabia al exigirme que haga el favor de seguir las normas de circulación. Hasta aquí, todo correcto.
Pero que esa indignación la muestre gente que no conozco de nada, y para la que no represento nada, me parece ridículo y poco creíble. Ninguno de ellos sentiría mi muerte en absoluto, porque son sólo actores. Y uno puede llegar a creérselo cuando *todo* transcurre en pantalla, es decir, cuando tanto la madre, el amigo, la novia, o la esposa, como el protagonista, son actores; cuando todo, absolutamente todo, es una escenificación. Pero cuando alguien que tú no conoces se dirige a ti con rabia y aparente preocupación, no funciona, no. Porque sabes que ninguno de ellos lo sentirá si te matas; porque sabes que sólo la rabia real es rabia, sólo la preocupación real es preocupación, y la fingida, no lo es. No.


[Visto en Paloma Llaneza. La sentencia la pueden encontrar aquí, aunque quién sabe durante cuánto tiempo]

No recuerdo a qué edad aprendí a jugar al ajedrez. Quizá a los diez, quizá a los trece, quizá a los quince, vaya usted a saber; no soy un gran jugador, digamos que mi nivel es "amateur" intermedio, lo que no es gran cosa. Me defiendo, y poco más. El caso es que durante bastante tiempo, mi padre fue mi único adversario, lo que implicaba que yo, en mi afán de superación, lo taladrase sin compasión día tras día, noche tras noche, motivado por mis ansias lúdicas y cómo no, por el anhelo de la victoria final.
Como era de esperar -o no-, poco a poco mi nivel fue creciendo, mientras que el de mi progenitor, que no dedicaba más tiempo al ajedrez que aquel que ambos compartíamos frente al tablero, se mantenía estable. Probablemente el reto personal que para mí suponía cada partida contrastaba con la falta de interés que aquello le provocaba y que hizo que un día, del que tampoco me acuerdo, y tras incontables partidas perdidas, le ganase. Después de aquello, jugamos pocas partidas; de aquellas, a veces gané yo, a veces ganó él, aunque todo sea dicho, con la balanza ligeramente inclinada hacia mi lado.
Hace un par de semanas, enseñé a L. a jugar al ajedrez. Y cada noche que pasa soy más consciente del terrible tormento al que sometí durante años a mi padre.

España: toros, sevillanas, David Meca y olé.
Y si no, véase el paso cuarenta (40) del trayecto Madrid - NY según Google Maps:
Ahí es nada.

Como ven, también hay algún que otro periodista funcionalmente analfabeto, porque esto no es una errata, es ignorancia. Sí, ya sé que lo sabían, pero me gusta repetir las cosas. La primera en la frente, con dos cojones:
Lo mejor es que luego la noticia lo cita correctamente, sin acento: «Pensé que los Juegos Olímpicos de Barcelona fueron lo mejor, pero esto es una maravilla", afirma Lewis [...]».

Cada vez que alguien me viene a contar las bondades del PSOE, me da una que me parto de risa. Con el PP no me río, que lo que me dan es miedo. Pero al final, aquí son todos buitres del mismo nido. Me explico.
Hace unos cinco años, cuando aún gobernaba el señor del bigote -estamos trabajando en eeeello-, el PSOE solicitó la retirada de la LSSI (Ley de comercio electrónico) que se había aprobado recientemente en el Consejo de Ministros. Sigo con la noticia de El País, del 27/02/2002:
Un segundo motivo para reclamar la retirada, según el PSOE, es que la ley introduce el "ambigüo" concepto de "autoridad competente", que es quien, según la LSSI, puede decretar el cierre cautelar de una página web. Según el PSOE, la ley no aclara si esa autoridad es administrativa o judicial. "Esta tarea, según la Constitución, corresponde a un juez", ha explicado Rubalcaba, quien ha recordado además que ya existen mecanismos para perseguir los delitos relacionados con la información.
Rubalcaba, quien ha calificado a la LSSI como "ley de censura del ciberespacio" y ha criticado las "multas desorbitadas" que impone (hasta 600.000 euros), ha asegurado que el PSOE pedirá en el Congreso la transposición directa de la directiva, tal y como han hecho otros países como Alemania. "El Gobierno no puede aprovechar una ley de comercio electrónico para establecer controles sobre la información", ha concluido.»
Aguarden, no aplaudan todavía, que lo mejor está por llegar. Sigo ahora con otra noticia de El Mundo, de anteayer mismo (11/04/2007), cuando al parecer, el PSOE opina algo muy diferente sobre la ley -con sus palabras- "de censura del ciberespacio", y considera que la tarea de cerrar una página web ya no corresponde a un juez (igual es que han derogado la Constitución y yo no me he enterado):
La Asociación de Internautas ha denunciado que "el anteproyecto convierte a la SGAE y entidades análogas en órganos 'judiciales' capaces de calificar como ilícito y culpable la actuación de un usuario y a los prestadores de servicios en empresas al servicio de estos supuestos jueces, encargadas de retirar los contenidos 'ilícitos' por obra y gracia de unas organizaciones privadas".»
Al parecer, según indica Kriptópolis [también en El Mundo], «el impresentable artículo 17 bis del proyecto de reforma de la LSSI (que otorgaba a las entidades de gestión de derechos de autor el papel de "autoridad competente" para el control de Internet) ha sido retirado».
De momento.
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Para aquellos curiosos, si tienen un momento, y aunque tampoco he hecho demasiada investigación en el tema -redundante, por otro lado- les recomiendo que abran las dos noticias y las observen desde el punto de vista de ambos periódicos, El Mundo y El País. Podrán darse cuenta sin demasiado esfuerzo que cada una de las noticias se aborda de manera diferente por cada uno de los diarios, dependiendo de si en el momento de su publicación el régimen político les era afín o no (ya saben aquello de la independencia: El Mundo al PP, y El País al PSOE). Cuando éste es afín y no conviene incidir mucho en una noticia que dañaría sus intereses políticos, no se mojan y se limitan a dar la opinión de un intermediario (Kriptópolis en un caso, y Todos contra el canon en el otro), de modo que el lector queda a merced de su conocimiento o desconocimiento de la organización citada y lo fiable que ésta le resulte. Sin embargo, cuando la situación política no es afín a la ideología del diario y hay que "meter caña", se opina directamente o se recurre a las palabras del partido propio, que son mucho más creíbles que las de cualquier organización -y no creo que puedan considerarse como "intermediarios".
No sé, quizá sea yo que soy un paranoico, pero me da a mí que no...

Este mediodía, por cortesía de Ciudadano Cero, un enlace:
No me cabe duda de que si muchos de estos cuadros fuesen firmados por Picasso o Andy Warhol -por ejemplo- en lugar de por desconocidos, valdrían millones de euros. Aunque eso no pretende eliminar el componente novedoso -por lo que se rumorea, el de Picasso no fue tanto, en realidad- de ambos autores, si que dice algo sobre el valor de la belleza frente al valor de la firma.
Esta noche si tengo tiempo les cuento algo al respecto. Si no, mañana tengo boda, así que les veo el domingo. No, cachondos, no me caso yo.

Escribir sobre cuestiones de actualidad tiene el peligro de que o lo escribes cuando toca, o el tema caduca. También tiene la ventaja de que como cada día pasan unas cuantas cosas, pues entre todas ellas seguro que encuentras alguna sobre la que escribir.
Pues bien, yo tenía pensado escribir sobre un experimento del Washington Post en el que un famoso violinista simula que es un músico callejero para comprobar la reacción de la gente [The Washington Post] [Seth Godin] [Fogonazos], pero a última hora he decidido que no tenía probablemente nada que añadir, así que ahí les dejo unos cuantos enlaces si les apetece indagar en la noticia. Hay muchos más, sólo tienen que hacer uso de Google.
Verán, estas navidades mi bro me regaló un chisme que se conectaba al ordenador por USB y servía de receptor de TDT: Televisión Digital Terrestre. Así pues, es lo que utilizamos por la noche para ver la tele, y hace algún tiempo (¿ven? ya se lo dije: desde hace algún tiempo todo pasa desde hace algún tiempo) nos sorprendió que en una de las cadenas -creo que Antena 3- hubiera una cantidad sorprendente de publicidad institucional de la Comunidad de Madrid; el cortijo de la Espe, ya saben, la liberal que no llega a fin de mes. No se trata de publicidad para el turista de fuera, sino de publicidad para los madrileños: para el votante. Sin exagerar lo más mínimo, en algunos cortes de anuncios la proporción era casi de uno a uno con los anuncios de otros productos.
A raíz de eso, como soy un curioso, me he puesto a buscar y sin hurgar demasiado he encontrado esta noticia (y esta), y yo me pregunto, como ya lo hice por partida doble hace algo más de tres años (una y dos), si no sería posible limitar por ley lo que un ente gubernamental puede llegar a gastar en este tipo de publicidad -en mi opinión- claramente malintencionada.
Y es que es muy fácil comprobar cómo se incrementan los anuncios y el marketing "oficial" cuando llegan -sobre todo- las elecciones municipales; publicidad que debería tener como función principal la de difundir las mejoras y programas estatales o locales, así como crear confianza en los ciudadanos -independientemente de su orientación política- que favorezca el bienestar, se utiliza como burdo recurso electoral al servicio del partido que gobierna. Ay. Qué mierda de políticos.
Vamos, nada que ustedes y yo no sepamos, pero qué quieren...
(Les veo el domingo o el lunes, mañana como dije, me largo de boda)


Tendrán que disculparme, he vuelto un poco perjudicado de Albacete y no estoy para demasiados trotes. No, no perjudicado en el sentido que probablemente muchos de ustedes se imaginan, sino que he regresado bastante resfriado, bastante congestionado, bastante cansado y muchos otros bastantes que tienen que ver con mi estado de salud. En definitiva, que no estoy especialmente lúcido, pero como no pretendo darles lástima, mejor paso a contarles una de esas entradas que a veces llamo de "defecto profesional", y que es algo que quizá a algunos de ustedes les haya pasado.
Como pueden imaginarse, siendo la boda en Albacete y de noche, nos tocó reservar una habitación, al la que llegamos el sábado. Cuando llegamos, me toman los datos, me piden el DNI y lo fotocopian. Nos dan las llaves y subimos a la habitación, y al día siguiente, al salir, pagamos, nos dan la factura, y dejamos el hotel. Bien. Como es obvio, el establecimiento en cuestión tiene como protección frente a desperfectos de clientes, el derecho de fotocopiar tu DNI si así lo considera oportuno (esa fotocopia no puede considerarse como parte de la transacción económica entre el hotel y yo ya que el pago era en efectivo), pero para hacerlo, están obligados a decirte para qué (fotocopian el DNI), qué derechos tienes sobre esos datos, así como poner las medidas de seguridad apropiadas. El hotel en el que estuvimos era un hotel de cuatro (4) estrellas, y aún así, en ningún momento hubo referencia al tratamiento de los datos que yo les había facilitado. Esto está bastante generalizado, en realidad. Hasta El Corte Inglés te pide los datos al hacerte un abono en efectivo, sin que se den las condiciones adecuadas para ello.
Alguien puede pensar que debería haber dicho algo, haber protestado, pero en estos casos, lo habitual cuando mencionas la LOPD y tus derechos es que te miren raro como si les estuvieses pidiendo algo del otro mundo, o invocando algún tipo de ley arcaica, por lo que generalmente, para su comodidad y tu incomodidad, te ignoran o te tratan como si fueses idiota; a mí ya me ha pasado en algún que otro sitio. Parece ser que a mucha gente le parece más que obvio que lo que van a hacer con tus datos es guardarlos y luego destruirlos, y que indagar más en el asunto no es otra cosa que tocar las pelotas, con lo que tú te conviertes automáticamente en un tocapelotas. Y a nadie le gusta eso.
Quizá por eso las multas que pone la LOPD (excepto en algunos casos puntuales, que quizá comente esta semana) son tan desproporcionadas; porque es la única manera de que las empresas comiencen poco a poco a regularizar el tratamiento que hacen de los datos de carácter personal que gestionan, de que se conciencien de que es necesario llevar a cabo una correcta gestión, aunque esto, amigos, es sólo una opinión al borde de un estado -espero que no- febril.
Así que por favor, no me la tengan en cuenta.


[Más en Rodera.net]

Estimada Antena 3,
Conociendo el oportunismo del que suelen ustedes hacer gala a la hora de confeccionar la programación, me gustaría sugerirles para esta noche, y desde mi siempre modesta posición, alguna película al estilo de La matanza de Texas, pero ambientada por supuesto en un entorno académico, universitario a poder ser.
Sé que dadas las horas que son, quizá esta petición sea algo precipitada, pero si son capaces, les puedo garantizar que no sólo estarán a la altura del mal gusto habitual, sino que en este caso éste será de un grado superlativo.
Atentamente,
sebastianDell

Cuando el otro día ví esta imagen en una marquesina, que no es la mujer del marqués, estuve tentado de hacerle una foto con el móvil, pero desistí pensando que cualquiera que me viese pensaría probablemente que mi motivación y opinión sobre la fotografía en cuestión era diferente a la que realmente era. Así que he recurrido a Internet, y creo que queda tan sólo aclarar que los conceptos de "sexy", "femenino" y "seducción" están a años luz de estas imágenes, por mucho que el eslógan de la imagen diga:
Juzguen ustedes mismos:

A alguien debería caérsele la cara de vergüenza en Women Secret por estas fotos, probablemente mucho más perjudiciales a cualquier nivel que las de Dolce&Gabbana.

Ayer -o anteayer, a mi edad no puede ya uno confiar en su memoria- en el Telediario se daba una noticia (¿?) de esas que dan cuando ya no saben que dar, que ni son noticia ni son nada, y no será porque no haya suficientes problemas en el mundo. La noticia (¿?) en cuestión era la novedosa aplicación del detector de mentiras, el polígrafo, a las entrevistas laborales. Ya saben, para que el empresario que le contrata pueda saber si está usted exagerando o incluso está usted mintiendo (¿mintiendo? ¡no! ¿sí?); ya se sabe que el proletariado es muy mentiroso. Y muy falso, y muy malo, y muy ruín, y muy vago, y... y bueno, seguro que ya saben ustedes todo lo que es proletariado, que lo conocen bien, seguro. Estos rojillos...
Hay dos puntos que comentar al respecto. El primero es que parece bastante obvio que no mucha gente va a confiar en una empresa que sin ni siquiera contratarte ya desconfía de lo que le estás diciendo; es como aquello del el que no se fía no es de fiar. En caso de que accedas a pasar el detector de mentiras (mucha gente descartaría un trabajo directamente por esto) y efectivamente lo pases, probablemente no vas a dejarte la piel por una empresa como esa. Y teniendo en cuenta que el trabajador es probablemente el activo más importante de cualquier empresa, es mejor que esté contento, motivado e implicado con lo que hace.
Para el segundo punto, me gustaría contarles un chiste.
Verán. Al morir una mujer -sí, lo recuerdo con una mujer-, Dios decide como recompensa darle a escoger entre el Cielo y el Infierno -comentarios ateos al margen-. Ante tal propuesta, ella decide ver primero ambos, y escoger después. Lógico. Así pues, se presenta ante San Pedro y los dos suben al cielo a ver el panorama; y allá arriba todo el mundo está sentado en nubes, durmiendo, descansando, en un mundo en tonos pastel. Se respira paz y tranquilidad absoluta. Una vez visto el Cielo, se presenta ante Satanás, y juntos bajan al Infierno. Allí pasan el tiempo de fiesta en fiesta, con gente divertida, hombres atractivos e interesantes, mujeres guapas, música, diversión por doquier, glamour... Una vez vistos los dos, preguntada por su elección final, contesta: Verás, Señor, el Cielo está muy bien, es todo muy tranquilo y apacible, pero en realidad, yo creo que a mí lo que me gusta es el Infierno. Dicho esto, nuestra amiga aparece al instante en el Infierno, rodeada de fuego, dolor, lágrimas y crujir de dientes; ya saben a qué me refiero. A la vista de las circunstancias, ella, sorprendida y comenzando a estar arrepentida de su decisión, se dirige a Satanás y le pregunta cómo es que el Infierno ha cambiado tanto, y aquél le responde: Es que antes, te estabamos contratando, pero ahora, ya eres parte de la plantilla.
Creo que es obvio cómo aplica esto a lo que estaba comentando; a menudo, no sólo es el trabajador el que exagera ligeramente -"mi mayor defecto es que soy muy perfeccionista"- sus méritos, sino que el contratador hace lo mismo al explicarle sus posibilidades dentro de la empresa, su futuro salario y subidas, su entorno de trabajo, posibilidades de promoción, etc. Yo mismo me he visto en alguna situación similar, aunque todo sea dicho, no es el de mi actual empresa. Ya saben, el que esté libre de pecado, que tire la primera piedra. Claro que es cierto que probablemente, ningún empresario necesitará nunca sentarse frente a un detector de mentiras para contratar a nadie, lo que da una imagen bastante clara de quién tiene en realidad la sartén por el mango, si finalmente la gente -el proletariado, para que me entiendan ustedes- se muestra dispuesta a pasar por el aro.
Y esto es todo. Respecto a la anterior entrada, informar de que he puesto una denuncia -que no me involucra personalmente en ningún sentido- en el Instituto de la Mujer por la serie de fotografías de Women Secret, ya que como he dicho, me parecen bastante escandalosas por la imagen que transmiten. No sé si alguien vendrá hablando -no creo, últimamente tengo cada vez menos comentarios- de la libertad de expresión y tal, pero dado el público al que va dirigida la campaña -adolescentes- y el serio problema que son actualmente tanto la anorexia como la bulimia, alguien debería responsabilizarse por este tipo de cosas y escudarse en la libertad de expresión no es siempre la mejor opción. Tirar la piedra y esconder la mano no está nada bien y todo -hasta la libertad de expresión- tiene un límite. De hecho, insto a cualquiera que opine lo mismo -y este tipo de convocatorias no es algo que suela hacer a menudo, tanto por mi carente espíritu de liderazgo social, como por mi falta de convocatoria- a hacer lo mismo a través de la web o el teléfono del Instituto de la Mujer.

Hace unos días, mientras L. y yo buscábamos una mantilla para la boda del fin de semana pasado, entramos en una tienda de ropa deportiva. Ropa de esa que llaman casual. Allí estuve probándome una chaqueta clásica de Adidas, negra con franjas amarillas, y un gran bordado de Muhammad Ali en la espalda. Durante un buen rato. Esta es la prenda en cuestión:

Sepan antes de continuar que no tengo nada en contra del consumismo desbocado; cada uno hace con su dinero lo que buenamente le viene en gana. Lo que sigue son simplemente las razones por las que no me compré esa chaqueta; preguntas que, por una razón o por otra, llevo haciéndome desde algún tiempo, casi inconscientemente, para evitar gastarme el dinero en caprichos innecesarios, vulgares, prescindibles, o excesivos. A veces funcionan, a veces no. Como todo, es cuestión de práctica: cuanto más las uso, más funcionan. Y la sensación no es nada desagradable. Bien, empecemos.
Uno. La primera pregunta es la de siempre. ¿Necesito esto? No estoy hablando de necesidades básicas ni de no comprarte otras zapatillas cuando las que tienes están para tirarlas. No. Estoy hablando del tercer par de zapatillas o de otro móvil a los dos meses de comprarte el último. En este caso, se trata de pensar si lo voy a comprar porque lo necesito, o por el contrario simplemente porque estoy en la tienda y lo tengo en la mano.
Dos. ¿Puedo permitírmelo? Aquí no se trata de si voy a tener que pedir un crédito para pagar mi capricho. Se trata de hacer un cálculo mental rápido, ver los gastos que voy a tener el resto del mes -o incluso en meses sucesivos, cuando la cantidad es importante-, y pensar qué nivel de agobio económico me va a provocar. Hipoteca, coche, créditos varios, comida, luz, agua, teléfono, gas, gasolina, regalos, imprevistos, bodas (¡!)... Quizá incluso pueda permitírmelo sin problemas, pero tenga que privarme de cosas de las que no me gusta prescindir.
Tres. ¿Es realmente esto que me quiero comprar tan, tan, tan especial? Es decir, pienso si es algo que realmente me gustaría tener, y que considero "único" -nótese el entrecomillado-, o si dentro de un rato encontraré algo en otra tienda que me parecerá igual de especial o incluso me gustará más. Esta fue una de las principales razones en el caso de la chaqueta. Me gustaba mucho, me la podía permitir, y aunque no la necesitaba, podía pasar esa pregunta por alto. Lo que pasó es que en realidad, no la encontraba tan especial, porque a mi Ali, ni fu ni fa.
Cuatro. ¿Hay otra cosa que realmente necesite, y a lo que debería dedicar este dinero? Me refiero a algo que necesites comprar y para lo que necesites ahorrar; en mi caso particular, un sofá es una buen ejemplo. Hay muchas ideas: un nuevo móvil, una televisión, una reforma del piso, un sofá, un traje... Por un lado se trata de establecer prioridades, y por otra de aplazar la decisión de la compra; quizá luego cambies tus prioridades, y quizá no.
Cinco. ¿Voy realmente a utilizar esto que voy a comprar? Esto es un simple cálculo que hago entre lo que cuesta el objeto de mi deseo y el rendimiento que le voy a sacar. Esto puede considerarse un caso particular del primer punto. Obviamente, esto no aplica a los vestidos de boda -nadie en su sano juicio se compraría uno según esto-, pero para muchas cosas es bastante lógico. Hace unos años, en mi casa dimos bastante la paliza para que nos regalasen una Playstation 2. Al final, la conseguimos, y meses después, el aparato estaba ya acumulando polvo y actualmente su uso es esporádico, por no decir que no se usa. A eso me refiero.
Cinco + 1. ¿Disfrutaría más si me gastase este dinero de otra forma? Y aquí hablo de ocio, básicamente. Con ese dinero, quizá pueda ir a comer a un buen restaurante, comprar una buena botella de vino y unas cuantas cigalas, ir de viaje a algún sitio, visitar el Oceanográfico, o regalarle algo a mi pareja. Entre otras muchas cosas. Aquí, como antes, se trata de establecer prioridades.
Y eso es todo. No se trata de morirse siendo el más rico del cementerio, sino comprar aquellas cosas que *realmente* quieras, y ser capaz de salir de una tienda sin comprar nada aunque haya unas cuantas cosas que te hubiera gustado llevarte. Como dice el anuncio de Mercedes, piensa que tiempo es en realidad todo lo que tienes en esta vida; un montón de segundos cada día. Y afortunadamente, eso no se puede comprar.

Acabo de perder algo más de diez (10) euros al estúpido -y absurdo- juego del póker, pérdida que es la principal razón de que esté aquí escribiendo esto y no delante de la mesa con mis ex-compañeras ludópatas. Uno debe reconocer cuándo la suerte no está de su lado, aunque es cierto que uno debería reconocerlo antes de llegar a perder diez (10) euros. Quizá no les parezca mucho. A mí sí; demasiado. Dicen que la esperanza es la última cosa que se pierde, pero nadie dijo que mientras tanto, vas perdiendo otras cosas casi sin darte cuenta. Mala cosa, esto de la esperanza. Muy mala.
Algún idiota dijo alguna vez que afortunado en el juego, desgraciado en amores. Pero teniendo en cuenta que mi novia es mi principal acreedora, eso destapa ciertas contradicciones que no soy capaz de asimilar; suerte que no creo en la sabiduría popular. He pensado que quizá debería comenzar a apostar al ajedrez, para resarcirme de mi pérdida económica, aunque me temo que si la suerte deja de ser un factor, entonces la apuesta deja de ser rentable. No sé, déjenme pensarlo.
Y comenten, coño, que me siento solo.
Y no, no. Puede haber, probablemente la haya, estoy seguro de que la hay, gente que sepa jugar a ese estúpido juego, pero esto, aquí, y ahora, es pura suerte. Y yo *no* estoy de suerte.

Ya saben que cuando no dispongo de mucho tiempo, ganas, o motivación para escribir, suelo remitirles a viejas entradas o contenido multimedia ajeno. Bien, hoy voy a utilizar el segundo recurso, sin que ello pueda afectar a que esta noche cuelgue algo propio -o no-. Estos dos videos, que probablemente algunos de ustedes ya hayan visto, fueron parte de una campaña -cuyo lema es el título de esta entrada- de la Asociación Francesa de Lucha contra el VIH-SIDA (AIDES) el año pasado (contenido reciente, ¿eh?), desde la visión homosexual y la heterosexual de la sexualidad. Ambos fueron realizados por la agencia TWBA/Paris, y aunque no me he tomado el tiempo ni las molestias de averiguar los detalles, uno de ellos ganó el León de Oro en Cannes, y el otro un premio de los EPICA Awards.
Por lo demás, Google YouTube los califica como contenido inapropiado para algunos usuarios, por lo que es posible que no los vean directamente en esta página y tengan que "desplazarse" a la página de Google YouTube. Feliz viaje, en ese caso. Nada más. He aquí los videos:

J. nació el doce de octubre de 1965 en un pueblo de tamaño medio al norte de T.. Dotado de una inteligencia excepcional, desarrolló un precoz interés por la lectura y la escritura, devorando cualquier libro que llegase a sus manos. Gracias a una pequeña librería regentada por su abuelo, con sólo doce años había leído prácticamente todos los clásicos, y gastaba el poco dinero que ahorraba en novedades literarias inaccesibles intelectualmente a niños de su edad. Con quince años, ya tenía escritas tres obras de teatro, más de una docena de cuentos y un par de novelas cortas, aunque a decir por las anotaciones y rectificaciones que inundan estos textos, se sentía profundamente decepcionado por la carencia de fuerza y genio que encontraba en sus escritos.
Durante la primavera del 82, J. comenzó "Alcohol", un ensayo de doscientas treinta hojas en el que analiza la relación entre el alcohol, las drogas y la literatura a través de autores como Edgar Allan Poe, Ernest Hemingway o F. Scott Fitzgerald. En éste, la realidad y la ficción adoptan a menudo posiciones difusas, y la experimentación como fin en sí misma adquiere un papel vital durante todo el ensayo, no sólo en el plano literario sino también en el personal. Fiel a la precocidad que le condenó, en su búsqueda de un talento que nunca le faltó, y con tan sólo dieciséis años, desarrolló de manera consciente y voluntaria una adicción a las drogas y al alcohol que le condujo a la muerte siete meses más tarde y cuya radicalización es claramente apreciable hacia el final del ensayo. En éste, que quedó inacabado, puede distinguirse el genio que le dominó a lo largo de su vida así como el que le llevó a la tumba.
Aunque en algunas de sus últimas páginas, escritas pocas horas antes de morir, despliega una brillante falta de lucidez, esta obra no es considerada en ningún aspecto superior a sus primeros escritos. Es, únicamente, diferente.


Me van a disculpar la leve ausencia de estos días (tan leve en realidad que ni la habrán notado), pero he estado algo liado montando Security A(r)tWork, el blog de Seguridad de la Información de mi empresa; ya saben, al carajo con mi pretendido anonimato. En funciones de creativo, diseñador, editor y escritor, todo en uno; no es difícil ver mi huella en él, incluido el juego de palabras de su título. Pueden asumir por tanto que para bien o para mal, el blog es tan brillante como yo, comentarios jocosos al margen; no se engañen, ganará contenido y calidad poco a poco. Dennos un poco de tiempo, acaba de empezar. Confieso que he quedado relativamente contento con el resultado, teniendo en cuenta que son únicamente los comienzos. Como me decían esta tarde, llega un momento en el que hay que matar al ingeniero, y hoy era un dia tan bueno como cualquier otro.
No se crean, no obstante, que por ello voy a descuidar este o se van a librar ustedes de mis esporádicas entradas en materia de defecto profesional, no. Para acabar, me llena de sorpresa y satisfacción saber que Paloma Llaneza me considera uno de sus cinco blogs imprescindibles. Al final va a ser cierto eso de los quince minutos de fama. Gracias, Paloma :^)
Y bueno, creo que pese a que no sea mucho -lo confieso-, esto es todo por hoy.

Tengo el placer de presentarles al que fue sin duda mi referente musical durante buena parte de la pubertad, gracias a una cinta casette que mis progenitores hicieron llegar a mis manos a través de sus Majestades los Reyes de Oriente (no me jodan, a esa edad ya sabía yo lo que había que saber) allá por los ochentaypocos ochentaymuchos. Doce, trece años, quizá. Coño, cuanto tiempo.
Aunque hace años que pasé a otros formatos, aún tengo esa cinta.
[Actualización 18:31h. Teniendo en cuenta que nací en 1976, a los ochentaypocos que ponía antes no tenía yo "Doce, trece años, quizá", sino que tendría unos cinco o seis años. Además, considerando que la cinta en cuestión era el recopilatorio "Money for Nothing" del 88, aunque sí que tenía doce o trece años, no era "allá por los ochentaypocos", sino "allá por los ochentaymuchos"]

La ventaja y a la vez el problema de Google YouTube es que tiene tantos videos interesantes, y es un recurso tan, tan, tan fácil, que estaría uno todo el día poniéndoles videos, así sin más. Pero como ya he abusado bastante, les voy a recomendar este, que da un buen rollo quetecagas y se pega como una lapa, y voy a pasar a mejores -o peores- temas.
Hoy, para completar el montón de tonterías que me he decidido a poner ahora que tengo más invitados que de costumbre -¿ven como me puede la presión?-, me he decidido a pedirles consulta, a sabiendas de que muchos de ustedes poseen grandes y extensos conocimientos de la lengua del manco de marras Lepanto. Es decir, Cervantes. Como premio, serán conocedores de las interesantes discusiones sobre ortografía que mi señora y yo tenemos en la alcoba, ya que no tenemos sofá.
Hace un par de posts, tras comentar acerca del nuevo blog en el que colaboro, decía yo lo siguiente:
¿Todo normal? Pues no. A raíz de esa entrada, surgió una discusión, basada en la siguiente pregunta: ¿Lleva la palabra "este" de la anterior frase acento en la primera "e", en su papel de pronombre demostrativo? ¿Sí? ¿No? ¿No sabe, no contesta? ¿Patatas grandes o normales?
Veamos, antes de nada, qué dice nuestra querida Real Academia de la Lengua, la mismita de Cervantes, en un sentido sí y en otro no. Me he permitido la libertad de eliminar el contenido innecesario, en aras de una mayor claridad:
1. pron. dem. Designa lo que está cerca de la persona que habla, o representa y señala lo que se acaba de mencionar.
ORTOGR. En este último caso escr. con acento cuando existe riesgo de Anfibología.
1. Doble sentido, vicio de la palabra, cláusula o manera de hablar a que puede darse más de una interpretación.
Anfibología, qué palabra tan bonita, ¿no creen?. Bien. Recuerdan la pregunta, ¿verdad? (la tienen más arriba, no me sean vagos). Las posiciones en este momento son las siguientes:
SÍ. A favor del "sí lleva acento" se posiciona L., mi señora, cuya única argumentación -déjenme ser parcial, por dios- está basada en que en este caso "este" actúa como pronombre, y los pronombres demostrativos llevan acento. Les confieso que ella misma reconoció ciertas dudas hacia el final de mi exposición.
NO. A favor del "no lleva acento" se posiciona un servidor, argumentando que no existe confusión semántica respecto al blog que podría descuidar, y apoyado por tanto por la RAE y la falta de anfibología. Se sobreentiende que la sentencia dice «[...] No se crean, no obstante, que por ello voy a descuidar este (blog) o se van a librar ustedes de [...]».
Ahora bien, vistas ambas posiciones, y guiados por su infinito conocimiento y sabiduría salomónica, vengo aquí a pedirles su opinión. ¿Lleva o no lleva acento? Piénsenlo y denme su más sincera e imparcial opinión.
Ah, por cierto, y ya que estamos con la RAE, sepan que una lapa es un «molusco gasterópodo, de concha cónica con abertura oblonga, lisa o con estrías, que vive asido fuertemente a las rocas de las costas. Hay muchas especies, todas comestibles, aunque de poco valor». Qué interesante, ¿no creen?
[En Security A(r)tWork: Falsa Seguridad]

María es la feliz madre de tres niños -dos niños y una niña- y esposa desde hace diecinueve años de un hombre del que está locamente enamorada. Su vida roza la perfección, en todos los aspectos. Tiene un trabajo que le gusta, un marido que le adora y unos hijos encantadores. Sin embargo, hace mucho que María apenas duerme por la noche, porque a María le atormenta la idea de que una noche algún miembro de su familia la asesine mientras ella duerme. Aunque ella sabe que algo así es una locura, e intenta convencerse de que eso no puede pasar, también se dice a si misma que después de todo, a veces la gente se vuelve loca sin razón alguna, y no se puede hacer nada contra eso.
Una noche, María se levanta, va a la cocina, coge un cuchillo y uno tras otro, degüella a los tres niños y a su marido mientras duermen. Tras esto, contenta por haber encontrado finalmente una solución a su problema, María se mete en la cama y por primera vez en muchos años, mientras su familia muere desangrada, duerme toda la noche sin despertarse.
[En Security A(r)tWork: Tira Cómica]

No les voy a preguntar si alguna vez han sentido deseos de matar a alguien, porque doy por supuesto que sí; hay demasiado capullo suelto como para no haber querido nunca en tu vida librar al mundo de uno de ellos. Pocas tareas más altruistas existen. Seguramente, algunos de ustedes incluso habrán imaginado o hasta planeado cómo lo harían. No sé, incluso es posible que alguien haya llevado a cabo tan reprobable tarea, aunque lo dudo. Esto no son los usa; allí, BANG BANG! y espabilao de marras al hoyo. Qué gran país, ¿no creen? Todo se andará, no desesperen.
Disculpen el desvarío; ya me conocen. Esto venía a propósito de lo siguiente. Intentaré ser breve, pero si no lo consigo, sepan que la intención es lo que cuenta. Como algunos de ustedes saben -y a esos no hace falta que os trate de usted-, hace no mucho tiempo vivía yo en la casa familiar, un chalet apartado de la inmundicia de la urbe. Allí, cuando llega la noche no hay más sonidos que los ladridos de algún perro, propio o extraño, y algún grillo o cigarra cantando; a las proletarias hormigas no las oye nadie, están currando.
En ese silencio, cualquier ruido de un volumen decente se oye en más de un kilómetro a la redonda, y ese ruido solían ser los putos tubos de escape de las putas motos de los putos mascachapas que se paseban por aquella carretera, propicia para coger velocidad, hasta la llegada de los benditos badenes, mal que me pese. Perdonen el vocabulario, es que me enervo. Desde que empezabas a oír el molesto sonido hasta que dejabas de hacerlo, podía pasar más de medio minuto, con el pertinente -y esperado- pico decibélico al pasar delante de la puerta de mi casa. Imagínense eso a las doce de la noche. Así pues, mientras me cagaba en toda su familia estuviera viva o muerta, solía especular con la idea de poner un alambre de lado a lado de la carretera, y sus posibles consecuencias. A veces, hasta visualizaba la escena, aunque por desgracia, mi visión solía ser demasiado realista; nunca les cortaba la cabeza, sino que caían hacia atrás y se partían la crisma contra el asfalto, con parte de la garganta rajada; too bad. No vayan a pensar que soy un sádico o un asesino; es que me molestaban de verdad.
Recuerdo ahora que hace un tiempo unos niños mataron a un motorista mediante este macabro procedimiento. Suerte que no se lo conté a nadie, o vayan ustedes a saber si me habrían imputado como cabeza pensante o quién sabe qué. Bueno, pelillos a la mar, porque en realidad, todo esto era para contarles que hace un par de noches me acordé de aquellas ensoñaciones, cuando tres motos con sus tres correspondientes gilipollas -uno de ellos, por cierto, vecino de mi misma finca- se pusieron a hacer caballetes y carreras a las dos de la mañana justo debajo de mi ventana. Y mientras pensaba en llamar a la policía -¿me estaré haciendo mayor?- y como hace meses, me cagaba en todo lo cagable -disculpen de nuevo el vocabulario- me he dicho a mi mismo que en este caso no sería suficiente con un sólo alambre, y probablemente tampoco con dos, pero... ¿y con tres?
De regalo, y gracias a Singleboy, esa noticia que todos sospechábamos.
Y no se olviden, sobre todo, de que en este blog desaprobamos el asesinato. Aunque sea de capullos. Buenas noches a todos.

Me temo que esta entrada no va a ser demasiado popular, aunque como ustedes comprenderán, no siempre va uno a decirles lo que les gusta oír; yo no soy su abuela. Y discrepar es sano, se aprende mucho con ello. Ya escribí sobre esto hace algún tiempo, en el papel de abogado del diablo, pero a causa de lo que he leído últimamente, quería repetirlo. Entiéndanme. Yo estoy en contra de la SGAE, en contra de cualquier tipo de criminalización de las redes P2P, en contra de la asociación de la distribución de música por Internet con las mafias terroristas y criminales. Estoy en contra del cánon, tanto el de soportes informáticos como el recientemente aplicado al préstamo de libros -que vergüenza-, y en contra de los derechos de autor eternos y abusivos -pero a favor de los derechos de autor-. Estoy a favor de la copia privada, y considero que el precio de los discos -y de la primera edición de muchos libros- es excesivo. Pienso que las compañías discográficas están dando palos de ciego, y que aquí mucha gente no quiere ver que las cosas están cambiando y aún van a cambiar más.
Pero eso no es todo. Cuando la mejor y única defensa para el uso de las redes P2P que muchos arguyen es el respaldo legal, ese "lo que hago es legal" repetido hasta la saciedad, algo cruje. Ya no es cuestión de defender el acceso de la población sin recursos a la cultura, no. Aquí la cuestión reside en poder bajarse la última película americana de terror adolescente, o el último disco del ganador de OT; eso es lo que algunos entienden por cultura libre. Esa es en realidad la cuestión para muchos detrás de tanta "lucha", aunque es cierto que no para todos. Miren. Tal como yo lo veo, a nadie le gusta que le obliguen a trabajar gratis; a nadie. Así que aunque sea legal o no, sea punible o no que yo me baje de Internet el último disco de Mika, lo que no me parece moralmente aceptable es obtener el trabajo de otras personas sin que éstas obtengan nada a cambio, y encima, decir que está bien y que tienes derecho a ello. ¿O es que hay alguno de ustedes que trabaje gratis por gusto?
Bajen, copien y compartan ustedes lo que quieran, pero por favor, al menos no seamos *tan* hipócritas.
[En Security A(r)tWork: Lucha contra el spam]




