Les insinué que nos veríamos antes del lunes, y aquí estoy. No sé si se acuerdan de que hace unas semanas les conté que había participado en el primer concurso de microrrelatos Diomedea, organizado por Sergi Bellver. Si no se acuerdan, qué más da, si se lo acabo de decir. Como les comenté, no gané mas que el derecho a la pataleta, que no es poco. Bueno, he de mencionar que Sergi me obsequió con un enlace, y eso es siempre de agradecer. La semana pasada mandé mi única participación a la segunda convocatoria de dicho concurso, relato que no era otra cosa que una versión "capada" del "Vivir" que leyeron aquí hace unos días, para que se ajustase a los requisitos de extensión del concurso; ya ven lo chapucero que es uno. Lo que salió fue lo que sigue, aunque en este caso lo llamé "A.":
Seguramente culparán a A. y lo condenarán sin más. Hagan lo que quieran, qué más da. Al fin y al cabo, ¿qué saben ustedes de vivir sin ilusión?»
Y esto viene a propósito y agarrénse, aquí es donde comienza de verdad la entrada de un pensamiento recurrente que tengo acerca del valor del microrrelato como pieza literaria. Imagino que lo que sigue a continuación podría interpretarse como una versión ligeramente intelectualizada y enmascarada de la pataleta, de la excusa por no haber "triunfado" (yúju) en los premios citados. Qué quieren; conscientemente no lo es, inconscientemente, vayan ustedes a saber. Sin más preámbulos, como dicen en las presentaciones de la tele, la idea es que no le doy demasiada importancia a los relatos que les suelo poner aquí; no es que no piense que alguno de ellos pueda gustar, sino que como textos literarios los considero algo de poca entidad, y esto se extiende a cualquier relato de este tipo (micro) que escriba básicamente cualquier persona. Su composición es para mí en mi caso un simple ejercicio literario, una rutina creativa, un entretenimiento personal, mi manera de matar el poco tiempo que tengo para escribir contando historias. Desde el punto de vista del talento, una pieza de doscientas, trescientas o cuatrocientas palabras no deja entrever apenas nada, y lo mismo sucede si entramos a valorar el esfuerzo; es tan breve el espacio que la elección de las palabras adquiere una importancia vital, y por ello, carece de relevancia; no se puede basar la calidad de un texto en aspectos meramente estéticos. Por su parte, la historia no puede ser apenas desarrollada en tan corto espacio. Esto puede considerarse un poco a colación de los concursos de microrrelatos, tanto el de Sergi (cuya labor, independientemente de todo lo que yo diga, es encomiable), como el de la cadena SER o cualquier otro que quieran pensar. Imagino que habrá discrepancias tanto en este punto como en lo que ya he dicho, pero la idea es que elección de un texto de unos pocos cientos de palabras frente a otros de similar "calidad literaria" desde el estricto punto de vista del vocabulario o el uso de los "tempos" cobra una subjetividad extrema; los criterios personales y las razones a favor y en contra de un texto como este se basan en sensaciones y quedan sujetos por finos hilos. Eso no significa que un texto no pueda ser mejor que otro, sino que para que esto suceda, uno de ellos tiene que estar sensiblemente peor escrito. Sergi me comentaba en mi último comentario acerca de su concurso que un texto como el de Rosemary no puede abarcar elipsis temporales de veinte años, porque el lector pierde el interés. Discrepo; un lector no puede perder el interés en doscientas palabras; el error del texto es el texto en sí, no la elipsis. O el texto, o nada.
Podría extenderme más, pero para qué. Esto ya se ha alargado demasiado (eso es obvio), mi señora me llama a cenar (aunque haya hecho yo la cena), y tampoco sé si con más palabras aclararía mucho lo que pienso o lo que he escrito ahí arriba (que muy posiblemente esté mal estructurado y mal expresado). Miento; lo sé: no. Mañana, el lunes o el martes, más; tengo un diálogo en la cabeza desde hace meses, pero no encuentro la forma y el momento de ponerme a ello. Acabando, quizá esta entrada moleste a alguien, o algunos lo consideren una pataleta. Bueno, qué más da. Si así fuese, no obstante, ¿qué otro lugar hay, mejor que tu propio blog, para protestar sobre lo que te dé la gana?
Me gusta más las palabras que rodean al microrrelato que el relato en sí...
Sigues siendo cáustico puro.
V. [Web] ¿Sabes qué? A mi tampoco me han gustado los ganadores de este mes. No me llega nada, no me transmiten, no se de que coño hablan. Tu relato...tampoco me ha entusiasmado. El mio...era una mariconada.
El que he mandado este mes también es un pobre menguado pero si me gusta. Este si me gusta de verdad así que si no gana rodaran cabezas o webos.
Diáfana [Web] Sí, efectivamente es una pataleta, y de las de la peor ralea: la pura y dura ignorancia, inoperancia e inconsistencia. Estás echando por tierra una de las tradiciones más ricas de la literatura universal, la que aúna aforismo, poema y narración pura. Un buen microrrelato tendrá estos tres géneros engrazados como un collar precioso. Estás menospreciando la obra de Monterroso, Denevi, Orkény, Basho
(no sólo de haikus vivía el hombre), Kafka, Walser, Tavares, Merino... Que tú no seas capaz de escribir más que cuatrocientas palabras inanes no descalifica el género, sólo te inhabilita a ti y a tus amigos como creador. Si, efectivamente, consideras el microrrelato un género menor, ¿por qué no pergeñas una novela de cuatrocientas taletosas páginas? Por la sencilla razón de que sería una obra tan mala como el más ínfimo de tus microrrelatos, sólo que muuuucho más larga y flageladora para el teclado de tu ordenata. Autocrítica y retirada a tiempo, querido...
carlos ilia Hay opiniones para todo, querido carlos, y seguramente yo me extralimité afirmando algunas cosas de las que podría retractarme dándoles un par de pensadas, lo admito. Claro que no de todo. Pero con la tuya (i.e. tu opinión) te descalificas tú mismo, entrando en lo personal, y más teniendo en cuenta que de todo lo que he escrito en este blog, únicamente te has leído la entrada a la que contestas (de wikio a aquí, y de aquí al infinito). Eso al parecer no te ha impedido criticar abiertamente lo que escribo (me ha gustado lo de palabras inanes). Así que vistas las escasas molestias que te has tomado antes de abrir la boca y soltar los dedos, y todo lo que ya he dicho (demasiado), ¿crees que vale la pena perder más tiempo y seguir contestándote?
(De todas formas, no me resisto a añadir que por supuesto, todo el mundo sabe que Kafka es precisamente conocido por sus microrrelatos de menos de 400 palabras. Pero dejémoslo ahí, que a nadie le gusta perder el tiempo; ni a ti, ni a mí.)
Con dios.
M.
