Aunque nunca fueron conscientes de ello, a Matt y a Eliza les hubiese gustado aprender algo de aquel doce de abril de 1984; sacar algo en claro, algo positivo, algo útil, algo que les sirviese para arreglar aquello por lo que estaban allí. Aprender quizá que la mayoría de los problemas a los que se enfrenta un ser humano a lo largo de su vida carecen de la importancia que él mismo les concede; que casi ninguno de ellos soporta un análisis de un mínimo rigor, o que hay cuestiones más preocupantes que la posición física de una tapa de váter, la presencia de migas de pan sobre la alfombra o la necesidad de cumplir con los protocolos sociales y familiares. Que atormentarse por insignificancias, aunque sean tus propias insignificancias, es perder la perspectiva, quedar desnudo frente a las verdaderas urgencias, y no verlas llegar hasta que las tienes en las narices y es demasiado tarde para casi todo. Que tus propios problemas no dejan de ser minucias, tonterías que pueden llegar a arruinar no ya una tarde de domingo sino un matrimonio entero si se les da la oportunidad. Pero no hay que olvidar, como ninguno de los dos era capaz de hacerlo, que al fin y al cabo lo que les confiere a éstos su relevancia es que son tus problemas. Los tuyos y no los del otro, los tuyos y los de nadie más. Y por eso, cuando paseando por el camino del Gran Abedul encontraron los cuerpos mutilados de Rick Waddick y Anna Faggett no fueron capaces de reflexionar sobre la estupidez de sus discusiones, ni de decirse a sí mismos lo afortunados que eran de estar juntos, de estar vivos, de ser felices aunque no fuese tan a menudo como antes, al principio, como hace años. Más bien al contrario, el efecto que aquel desagradable e inesperado descubrimiento tuvo en sus vidas fue acelerar la muerte de su ya agónico matrimonio y precipitarlo al vacío, crearles la necesidad de asistir a terapia psicológica tres veces a la semana, dos horas por sesión, veinticuatro horas al mes, mil doscientos dólares durante seis meses, y una adicción a los tranquilizantes que Eliza aún mantiene.
Una historia que, según lees, la vas imaginando, completando a sus personajes con cada detalle, con las arrugas en sus caras amargadas por una existencia abocada a la destrucción de su cónyuge. Gracias por dar de comer a mi imaginación, últimamente está guardando demasiada vigilia.
V. [Web] "Aunque ellos nunca fueron conscientes de ello" ELLOS ELLO ELLOS ELLO ELLOS ELLO.... puaj, empiezas bien chaval.
Genofonte Gracias por el apunte, frase corregida. Dejando eso aparte, Chimp, hoy me pillas algo cansado para tonterías de las tuyas, asi que si eso (y sobre todo dicho de esa forma) es todo lo que tienes que decir sobre un texto de 26 líneas, creo que por mí como si te lo callas. Pero nada, que gracias por participar.
M.
