Mauro y las voces, o Mauro y el psicólogo, o Mauro se vuelve loco (por fin)

EsaMauro oía voces. Voces de todo tipo: agudas como el silbido de un tren y graves como el carraspeo de un abuelo. Autónomas, independientes, emancipadas, decenas, cientos, en ocasiones miles de voces, todas dentro de su cabeza, manteniendo conversaciones, discusiones, monólogos que ni él mismo era capaz de recordar. Cuando daba la casualidad de que su atención se centraba en una de ellas, a veces estaba de acuerdo con lo que oía, y a veces no. A veces no. Tengo mucho majadero aquí dentro, pensaba en ocasiones. Y en otras ocasiones, todo lo contrario. Algunas de ellas opinaban que habían estado toda la vida ahí dentro, y que además lo merecían, mientras que otras, aquellas con una vocación más médica, pensaban, con mucho criterio según ellas, que lo que le pasaba a Mauro no era del todo normal. Pero claro, el instinto de supervivencia tira mucho, y eso siempre se oía allí por lo bajini.

Eso no es normal, Mauro, le repetía todo el mundo constantemente; su mujer, sus hijos, sus amigos, sus compañeros de trabajo, el quiosquero y el panadero, la mujer del quinto, la del cuarto y "esa" (ñam ñam, pensaban casi al unísono todas las voces masculinas de su cabeza al verla). Cualquier persona se creía con derecho a decirle que debía hacer algo con aquello. Y eso que M. era, en apariencia, totalmente normal. Incluso algunas de las voces le habían dicho en cierta ocasión que aquello no era lógico, pero como se ha dicho, el instinto de supervivencia es una poderosa razón para mantener el pico cerrado.

Así que, más por cansancio que por deseo propio, Mauro fue al psiquiatra, y esto fue lo que pasó (transcripción no literal y abreviada):

Psiquiatra Así que al parecer usted oye voces, ¿no es cierto?
Mauro Pues sí, oígo voces. Cientos de voces, miles de voces, en todo momento, dentro de mi cabeza, hablando, riendo, cantando, discutiendo, gritando. Ni siquiera sé cuantas hay. Supongo que usted no oye voces.
Psiquiatra No, Mauro, yo no las oígo.
Mauro Jamás sabrá cuánto le compadezco.

Con este breve y cortante comentario, Mauro se levantó, mientras se escuchaba un grito unánime de alegría dentro de su cabeza (es cierto que alguna discrepaba). Y todas sonreían allí dentro. Todas. Todas, incluída la voz que Mauro creía propia...

.. y la del psiquiatra.

(Publicado en sociedadanonima.org, hace unos instantes)

Comentarios

Así que ahora tienes que poner bellas señoritas, que prácticamente no tienen que ver nada con el post, para que te leamos, eh? Pues desde luego, en mi caso, lo has conseguido :P

Alexander Platz

Joer ¿Y por que no has puesto la foto de ESA también en sociedadanonima?
La historia se entiende MUUUUUUUUUUCHO MEJOOOOOORRRRRRRRRRRRR...

nadie oye voces [Web]

Jurl jurl, es que no m'aclaraba!

M.

Las he pasado putas para leer la mierda de post; todo el rato fijándome en ESA... Eres perverso ;)

Besos

vitore [Web]

Estooo... Te tendría que haber avisado de que te robaba el texto antes de colgarlo, verdad?

Uh... Lo hizo un mago! Lo hizo un mago!

Sota de Picas [Web]

¿Nadie se ha dado cuenta de que en realidad, no hay un psicólogo en el texto, sino un psiquiatra?

M.
¿Algo que añadir?




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