Vamos de estreno (Publicidad engañosa)

No puedo voy a dejar este blog; mi ego me permite pocas cosas, y esa es una de las cosas que no. Pero sí me deja escribir en otros sitios. En sitios como este. Por ejemplo. Con más gente. Así que a veces escribiré aquí y a veces allí. A veces, como hoy, en ambos sitios, y a veces en ninguno, pero casi siempre diferente. Excepto en ocasiones, como hoy, que me sirve de presentación. Y esto es lo que he escrito en mi primera entrada. Y "esto" Dice así...

Ya lo he dicho alguna vez. En el momento que te pones manos a la obra, nunca mejor dicho, con tu propio "Redecora tu vida", no tardas en descubrir que las cosas no son siempre del color con que las pintan. los publicistas. Es más, nunca lo son. De hecho, si hay un color del que no lo son es del de una chica monísima de la muerte, divina con sus pantaloncitos cortos y .decorada. para la ocasión, sonriendo mientras posa pintando con un pincelito vayaustedasaberqué. Pues no. No. Que no, ni de lejos. Lo repito: no.

En realidad, el color de tal reforma vital, y lo digo por experiencia, se suele parecer mucho más a las agujetas, y éstas sí que son de la muerte. Al dolor de espalda, de piernas, de brazos, de manos, de pies, de cabeza y de culo, es decir, a llegar a casa como si te hubiesen molido a palos. Se parece más a coño como pesa este puto rodillo y qué alto está ese techo, a que te caigan gotas de pintura en los ojos, o a no poder pegar el polvo pre-siesta dominical ni su correspondiente siesta -también dominical- porque te espera una pared por pintar -y eso se dice pronto. Se parece más a esperar impacientemente a que te llame el fontanero, a bajar sacos de escombro, a ladrillos, cemento, yeso y escayola. A salir con prisas del trabajo para poder hacer algo antes de que se haga de noche y pasarse el fin de semana entre las cuatro mismas paredes; a rascarse mucho el bolsillo y apretarse más el cinturón. A heridas en las manos, en los brazos, en las piernas, en los pies y a sangre (con dolor pero sin lágrimas). Y por supuesto, ante todo, se parece a rascar la mierda -casi literalmente- del suelo del baño, del techo, de las paredes y de las ventanas; de las puertas de las lámparas y de los rodapiés. Se parece al amoníaco a la lejía al salfumán y al desengrasante, que aunque quizá no sean el color, sí que son el olor.

Pero no se parece, nunca, nunca, nunca, NUNCA, a una chica monísima de la muerte, divina con sus pantaloncitos cortos y .decorada. para la ocasión, sonriendo mientras posa pintando con un pincelito vayaustedasaberqué. No. Así que no digáis que no os avisé.

(Publicado en sociedadanonima.org, hoy mismo)

Comentarios

Eso o que te estás haciendo mayor...jejeje
(es broma, es broma)

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