Ayn Rand
(A pesar de los sospechosos amigos de Correa, no estoy capacitado para opinar sobre la noticia de donde saqué la frase. Eso sí, en esta España de hoy, es fácil no sentirse identificado)
Ayn Rand
(A pesar de los sospechosos amigos de Correa, no estoy capacitado para opinar sobre la noticia de donde saqué la frase. Eso sí, en esta España de hoy, es fácil no sentirse identificado)
He de admitir que en las últimas entradas no he estado demasiado amable con los equipadores. La primera vez fueron las reseñas, y la segunda, la posible negligencia a la hora de equipar nuevas vías. En cualquier caso, déjenme decir que a aquellos que equipan de manera responsable, que son la inmensa mayoría, incluso aunque no sean especialmente hábiles a la hora de reseñar, les estoy muy agradecido.
Esto viene a colación de la entrada de ayer. Tras publicarla, Txenxo Lli, uno de los mejores y más activos equipadores, responsable de que podamos disfrutar de Jérica y otras escuelas, me sacaba con toda la razón los colores. Se lo explico. Cuando el pasado domingo llegué a la reunión de la Pepeillo, me encontré con un anclaje de un descuelgue tipo Amerika de Fixe Climbing, cuando el fabricante indica que deben ponerse dos, y que además se movía. Así pues, me lancé como un perro de presa a criticar al equipador, en este caso Txenxo, por dicha instalación, sin considerar que quizá, como en este caso, el equipador había actuado correctamente, pero alguien con pocos escrúpulos y menos sentido común (dado que está poniendo en peligro la vida de cualquier persona a la que se le ocurra descolgarse o subir en top mediante ese anclaje) había arrancado el anclaje que faltaba y había intentado sin éxito (desgraciadamente) arrancar el otro.
Esto genera un problema adicional en la discusión sobre responsabilidad de los equipadores que no había considerado. En el anterior post consideraba las responsabilidades que se derivaban de una negligencia consciente o inconsciente por parte del equipador, i.e. cuando por ahorrar costes o inexperiencia, éste instala material no apropiado o de manera incorrecta. Pero este es un escenario muy diferente, en el que el equipador asume responsabilidades por el mero hecho de equipar una vía, con independencia de lo bien que lo haga; ¿qué ocurre cuando una vía ha sido correctamente equipada pero se produce un accidente porque un tercero ha intervenido robando una chapa o como en este caso, ha robado un anclaje y debilitado muy significativamente la reunión (hay que ser miserable)? ¿Cómo se defiende en este caso el equipador frente a una acusación por negligencia?
A primera vista, no es sencillo, especialmente si buscamos algún tipo de garantía jurídica o administrativa. A menos que uno tenga un amigo notario que además se dedique a la escalada de velocidad (por aquello de la minuta), no hay posibilidades reales de demostrar, fuera de toda duda, que una vía ha sido equipada correctamente. Como alternativa más o menos adecuada y desde el punto de vista más “legal”, se me ocurre que documentar adecuadamente cada una de las vías equipadas mediante fotografías y datos objetivos (por ejemplo, número de chapas y características técnicas de éstas y los parabolts, tipo de reunión, distancia entre chapas, etc.) y conseguir luego que un puñado de escaladores suban la vía y validen que el documento refleja la realidad de la vía podría ser una buena alternativa. Aun en este caso, el equipador está relativamente indefenso frente a un proceso judicial a causa de un accidente, y el trabajo de documentación puede llegar a ser un auténtico rollo.
Desde un punto de vista más “fáctico”, la solución pasaría por poner todos los impedimentos posibles al robo de material, especialmente en lo que a reuniones se refiere. Dicho de otra forma, ya fuere con sika o utilizando químicos, si los anclajes no se pueden robar, ese problema lo eliminamos de raíz. Y si se encuentra a alguien robando material, se le ejecuta a pie de vía y se clava su cabeza en un palo, como advertencia a otros infractores.
Por último, las dos propuestas indicadas podrán estar peor o mejor, pero, ¿qué pasa en el caso de vías como Pepeillo hasta que el equipador pueda sacar tiempo y ganas para reparar la reunión, o peor aún, en vías que no ofrecen una alternativa seria como descuelgue por simple antigüedad? Por una parte, siempre puede uno utilizar un maillon y bajar desde la última chapa si ésta es más fiable que la propia reunión. También es bueno que los escaladores, en especial aquellos menos experimentados o espabilados, aprendan a prestar atención a una reunión en malas condiciones y que no se asuma que todo el material es adecuado o se encuentra en buenas condiciones simplemente porque pertenece a una vía. En tercer lugar, subir en top siempre debería hacerse con al menos las últimas dos chapas puestas, para evitar una caída al vacío si la reunión falla. Por último, aunque esto ya es algo más complejo de montar, se podría establecer algún tipo de repositorio central en el que los escaladores pudiesen aportar y recibir información de vías cuya equipación es deficiente: reuniones o chapas poco fiables o en la que se ha robado material. No es sencillo, pero podría ser una buena iniciativa de colaboración para empezar, algo que a pesar del espíritu “libre” de la escalada, es menos frecuente de lo que parece.
Si quieren, empezamos por mí. En la vía Pepeillo, escuela Jérica, sector Pisuke, no confiar en la reunión si presenta únicamente un anclaje Amerika o alguno de ellos se mueve. A un metro y poco a la derecha existe una reunión fiable para el descuelgue.
Probablemente no lo sepan, pero un servidor y unos amigos estamos formalizando la creación del Club de Escalada de Cortes de Pallás (reseñas de los sectores aquí y aquí), con objeto de fomentar la zona y equipar nuevos sectores y vías de escalada. En este sentido, uno de los aspectos que más nos preocupan es lo relativo a la responsabilidad derivada de posibles accidentes que otros escaladores tengan en vías que hayamos equipado (o cuya equipación hayamos contratado). Aunque no soy jurista, déjenme hacer unas reflexiones al respecto, a partir de lo comentado con personas con las que escalo o he escalado.
Lo primero que hay que decir es que legalmente, hasta donde yo sé y en el entorno de la Comunidad Valenciana, no hay nada reglamentado ni demasiados casos (por suerte) en los que basarse. Aunque no puedo garantizarlo, al parecer en otros lugares la responsabilidad se limita hasta X años después de la equipación de las vías, pero no es el caso. En este sentido, es comprensible asumir que no es lo mismo un accidente porque un parabolt o una reunión “salten” cuando la vía tiene 1 año de antigüedad que cuando tiene 15 años. Asumiendo que los materiales son los adecuados, nadie puede garantizar la salud de una reunión o una chapa por tiempo ilimitado, y todos deberíamos ser conscientes de ello cuando nos metemos en vías que tienen reuniones o chapas oxidadas, o han sido equipadas quizá 30 años atrás (y no han sido reequipadas). Hay gente que por simple pereza, inconsciencia o desconocimiento sigue descolgándose de mosquetones cuyo grosor, con el paso de los años, ha ido menguando alarmantemente, en lugar de pasar la cuerda por la anilla o poner un mosquetón de seguridad propio si alguien la va a subir después. Desgraciadamente, los riesgos derivados del deterioro de las chapas y las reuniones son algo que solemos pasar por alto sin pensarlo demasiado, a veces por desconocimiento de técnicas de autoaseguramiento, a veces porque confiamos de manera ilimitada en los anclajes de la deportiva. Mal hecho, en cualquier caso.
Dicho esto, mi opinión (que no tiene que ser la misma que la de un juez, en un hipotético accidente) es que pasados X años, es muy difícil hacer responsable de un accidente al equipador de la vía. La roca no es siempre todo lo fiable que desearíamos, ni sabemos quién ni cómo de a menudo se ha escalado una vía, ni por tanto qué caídas ha tenido que soportar. La incógnita, cómo no, es “X”.
Pasemos ahora al caso en el que el accidente se produce, valga la redundancia, por un accidente. Quizá porque un paso está algo expuesto o incluso no bien protegido, o una mala caída en una repisa, o un golpe contra la roca en un vuelo. Respecto a esto, cabe decir que no es frecuente que las guías indiquen el grado de exposición aproximado de una vía; sin llegar al nivel de complejidad de la escala británica, a menudo sería deseable saber si hay algún paso especialmente expuesto. Pero volviendo al accidente en el sentido más propio del término, y asumiendo que la vía está bien equipada y el problema ha venido derivado exclusivamente del riesgo intrínseco a la escalada, mi opinión es que es difícil hacer responsable a alguien de ello. La escalada es un deporte de riesgo, por mucho que nos queramos convencer de que no lo es. Como diría aquel, shit happens, y en este caso sólo se puede hacer responsable al propio escalador.
Algunos casos especiales y que me generan alguna duda son las vías con alejes de chapas “excesivos” (más de 4 metros), y especialmente las vías con chapas irresponsable e ilógicamente altas, del que Montanejos es un ejemplo paradigmático. Si no quieres que la escalen, no la equipes, pero basar su dificultad en una caída de 4 o 5 metros al suelo es en mi opinión una irresponsabilidad total. Por no decir nada de la manía que algunos iluminados tienen de quitar la primera chapa para evitar masificación o sobreutilización de las vías; aunque a algunos les cueste entenderlo, si una vía tiene el grado XY, intentarán escalarla todos aquellos que tengan ese grado. Es decir, cuanto más bajo el grado, más escaladores. Si no quieres que la escalen, no la equipes. En cualquier caso, aún en esta hipótesis el riesgo acaba asumiéndolo el propio escalador, aunque en mi opinión sí que puede llegar a existir cierta negligencia por parte del equipador (y más si hay evidencia de que se ha dedicado a desequipar).
Hasta ahora, he comentado situaciones en las que la responsabilidad está más o menos difuminada en el ámbito del riesgo intrínseco a la escalada. Para acabar, sí creo que existe un caso en el que un equipador podría meterse en problemas serios de responsabilidad incluso penal, y lo peor de todo con consecuencias graves para otros. Esto es, básicamente, cuando el ahorro de costes genera una equipación deficiente. Lo peor de todo es que este ahorro suele aplicarse en el elemento probablemente más crítico de toda una vía de escalada deportiva: la reunión. No son pocas las vías en las que hay mosquetones de ferretería no aptos para escalada, o en otros sitios la cadena de la reunión no va a la chapa, que no existe, sino al propio parabolt. Es una temeridad o incluso un ejercicio de estupidez ahorrarse 15 o 20 euros en una vía, y poner en riesgo la vida de otras personas y tu propia integridad “legal”, si quieren llamarlo así.
Les voy a poner un ejemplo con el que me encontré este fin de semana; escalando en Jérica la vía Pepeillo, nos encontramos con una reunión con descuelgue “Amerika” de Fixe Climbing, como el de la imagen, pero con una particularidad: ,a pesar de que el fabricante indica explícitamente “El sistema de descuelgue Amerika consta de dos puntos independientes” e “Instalar siempre en pares” el equipador había decidido utilizar únicamente uno, imagino que instalando el otro en otra vía, había sólo un descuelgue . Si eso no fuese suficiente, el medio descuelgue se movía. (Actualización 22:25h: El equipador había equipado correctamente, pero algún hijo de puta no sólo había robado uno de ellos, sino que había intentado robar el otro, debilitándolo significativamente. Nótese que en este caso no se trataría de negligencia por parte del equipador, sino de otra cosa, y en este caso la problemática es diferente, ya que el equipador, a pesar de haber hecho lo correcto, estaría expuesto legalmente por las acciones de otros) Por fortuna, otra reunión a un metro y pico de distancia nos ahorró seguir hacia arriba en busca de algo más fiable. Sin embargo, no son pocos los escaladores que se meterían en un 6a y se descolgarían sin demasiadas dudas de ese punto, sin entrar a valorar posibles subidas en top rope. No me caben muchas dudas de que un accidente producido por material mal instalado (anclajes químicos que se mueven), no apto para escalada o desoyendo las indicaciones del fabricante son negligencias graves y así serían probablemente vistas por un posible juez, aunque de nuevo, yo no soy juez. (Actualización 22:25h: Nótese que este no es el caso en el tema de Jérica)
La conclusión a todo esto es muy sencilla. Equipar una vía implica una responsabilidad muy grande que puede conllevar la pérdida de vidas humanas si se hace mal o inconscientemente. No se trata, por si alguien se adelanta, de Yo no pido a nadie que escale las vías que yo equipo” o de Equipa tú, si no te gusta cómo lo hago yo. Se trata, simplemente, de que si alguien equipa una vía debería dar por hecho que se escalará, le guste o no, tarde o temprano.
El bricolaje, en casa, y los experimentos, con gaseosa.
No he podido resistirme a interrumpir la programación habitual para compartir con todos ustedes, ávidos consumidores de películas de serie B, una película que no sé ni siquiera si puede llamarse así y está muy por debajo de cualquier cosa que hayan visto en su vida. No exagero ni un ápice.
El bueno de Pierre Nodoyuna la introduce de la siguiente manera (aunque no se pierdan el resto de su post):
Allá por los 80, visto el éxito de ET en Estados Unidos, Los Hermanos Calatrava decidieron aprovechar el tirón y hacer un ET patrio, decisión muy española en sí misma. En plan “cojones, si es por poner un muñeco y un niño, se pone”. Filmaron la versión Españaza de ET en cinco días, para tratar de que se estrenase el mismo día que el original. La llamaron El Ete y el Oto y… pues eso, lo que se puede uno esperar de los Hermanos Calatrava cuando hacen las cosas mal y con prisa. ET es el feo de los Calatrava con unas mallas de lycra (blanca, para más señas, y ni siquiera se molestan en hacerle una máscara) y relleno en los guantes (para lo del dedo largo). Ésa debió ser toda la inversión. Está perpetrada en una casa y, según todos los indicios, rodada con lo que había por ahí. Unas luces de discoteca rural hacen los efectos especiales.
Las críticas de la “película” en FilmAffinity no tienen precio (y por lo visto, son fieles a la realidad):
Argumento:
El hermano Calatrava menos feo es un padre de familia que vive con sus hijos en un chalé de las afueras. La hija es tonta, el mayor gilipollas y el pequeño Curro un hijo puta que le gusta hacer bromas. A todo esto llega una nave espacial de nosedonde con ETE, el hermano Calatrava más feo, que se hace amiguito del pequeño Curro que le putea todo lo que puede. A ETE le persiguen unos que le quieren capturar y le persiguen hasta que cuando se va a escapar en su nave Curro se mete en ella y se la carga. Este es el argumento. Creedme que decir que esta película tiene “argumento” es realmente un piropo. Por cierto que la niña se enamora de ETE…?!* lo cual sin duda podría dar lugar a una secuela que sería “El ETE y la OTA” que los de Cine de Barrio estarían deseosos de emitir en su programa.[...]
Ésta es una película llena de esperanza para todo el mundo, porque cualquier cosa que se grabe en una cámara, en tu móvil o en el cinexin por cutre que sea va a ser mejor. No os preocupéis si enfocáis una mesa y una silla y la presentáis a un certámen de películas en el que se presente el ETE y el OTO, seguro que los últimos no quedáis.
Y por fin, los vídeos que todos estaban esperando. Primero el corto:
Y si se han quedado con ganas de más, el largo:
Comenzar cada salida de escalada diciendo que este domingo volvimos a escalar resulta un poco monótono, pero eso es al fin y al cabo lo que hacemos: volver a escalar, esta vez en la escuela de Salem, un pueblo de la Vall d’Albaida del que lo único que puedo decirles es que antes quemaban brujas. Creo. O algo así. En fin, que Alex, Pablo, Elena y un servidor fuimos a Salem. Ubicada a unos 90 km. de Valencia, se llega bastante rápido gracias a que casi todo el trayecto es autovía o buenas carreteras, y que la aproximación es casi inexistente si vas a los sectores más cercanos a la carretera.
Llegar a Salem es relativamente sencillo, pero encontrar las vías tiene su cosa, especialmente si uno confía en los croquis de la guía de Costa Blanca o de la propia reseña, bastante confusos. Para llegar a las vías, justo antes de entrar a Salem llegando por la CV-614, cogemos el desvío en dirección a Muro de Alcoy. Bajamos por la carretera y poco después atravesamos un puente y vemos la planta de Font Salem, que queda a la derecha de la carretera y dejamos atrás. Desde allí ya podemos ver las paredes al fondo. Continuaremos por la carretera, y escasamente un kilómetro después llegamos a un cruce, que cogeremos hacia la derecha. Menos de 500 metros adelante, nos encontraremos una subestación (o estación de riego, o lo que sea) con algo de sitio para aparcar junto a ella, así como las paredes de escalada, tanto a la derecha (sombra) como a la izquierda (sol). Allí podemos aparcar, y llegar a las vías es inmediato. Quizá un mapa aclare un poco las cosas:
De los diferentes sectores que hay, en nuestro caso escogimos el sector Nevera, cuyo nombre exagera ligeramente las características de temperatura del sector. En la parte superior del sector (a la derecha si se lo mira de frente y en la imagen de debajo) es probable que se tenga sombra casi todo el día, pero a la mitad izquierda empieza a darle el sol a partir de las 16h, así que eso sugiere que el orden de “elección” de vías debería ser de izquierda a derecha, y no al revés como hicimos nosotros. El pie de vía no es apto para acompañantes no escaladores, y no es un lugar especialmente bonito si tu única motivación allí es ver a otros escalar; mejor quédate en casa o vete a la playa. Otra cosa molesta de Salem fue que había más moscas que en otras escuelas, aunque tampoco es exagerado.
En nuestro caso, como he dicho comenzamos por la derecha del sector, donde al parecer se han equipado algunas vías nuevas que no figuran en las reseñas de la escuela que se pueden encontrar en Internet, ni en la guía de Costa Blanca. Allí comenzamos con Sfinter-man el hombre araña, un V sin demasiadas complicaciones y de escalada bastante evidente. Seguimos con Ma ribe a temps por la izquierda, un 6a+ cuya línea natural es en mi opinión (a pesar de Alex) justo por debajo de la primera chapa, evitando el agarre que hay a la derecha y con el que comienza Sfinter-man el hombre araña. Por supuesto, es una cuestión de interpretación. Hacerlo así facilita además el movimiento en babaresa necesario para llegar de la primera a la segunda chapa. En tercer lugar, escogimos Somnis de tardó, un V+/6a inmediatamente a la izquierda de la anterior que tiene algún pasito fino.
Tras estos tres encadenamientos, y a la vista de que la siguiente vía a la izquierda era un 7b, nos movimos hasta Cuidado, cuidado, un 6b de escalada directa con agarres evidentes, y cuyo paso crítico se ubica al salir de una pequeña barriga donde hay que tirar de brazos y jugársela a una grieta que hay arriba. Aunque ambos montamos la vía y la subimos en top (como de costumbre, bastante peor que de primero), no nos decidimos a intentar en el encadenamiento por no quemarnos para el resto del día. Tras esto, y después de que Elena y Pablo acabasen con Somnis de tardó, paramos a comer.
Y la vuelta de la comida fue con Alaxuplala, una vía situada a la izquierda del sector según la reseña de la escuela, que es un 6a+ según la reseña de la escuela y un 6a según la guía de Costa Blanca. Desde luego, por mi corta experiencia no sé si es un 6a+, duro en cualquier caso, o un 6b, pero lo que sé es que no es un 6a. En el primer pegue únicamente pude montar las dos primeras chapas, y el resto de pegues, en top, fueron totalmente estériles (cosa habitual en mis pegues en top, por otro lado). Doy fe de que a Alex le costó lo suyo pasar de ellas, aunque consiguió montar la vía. Aunque probablemente es posible evitar el paso crítico “huyendo” por la vía de derecha (V), la línea natural de la vía no es esa, así que queda para posteriores visitas. Para acabar y quitarme el mal sabor de boca, ya con el sol pisándonos los talones a pie de vía, encadené Guarolo que la casola y Camalot, dos quintos divertidos sin mayores complicaciones.
Serían las cinco y media cuando acabamos de recoger, y poco después rematábamos el día con un granizado de limón (en mi caso, acompañado con un helado) en el pueblo de l’Olleria. En definitiva, una escuela agradable para visitar de vez en cuando y salir un poco del circuito “habitual”. Por lo demás, el hombro derecho continúa lanzando avisos más que perceptibles, y el izquierdo hizo algún amago en el 6b, por lo que esta semana tendré que relajar un poco y hacerle una visita al fisio a ver qué me dice.
(Foto cortesía de Alex, quien imagino que colgará más esta noche, además de alguna reseña)