28 septiembre 2010

Confianza

En las últimas semanas, y especialmente en la última vía del día, que dejé a medias en la salida a Chulilla (creo que era Verano 97, 6a+), me he dado cuenta de que hay dos maneras muy diferentes de escalar.

La primera de ellas es la que domina casi exclusivamente cuando comienzas a escalar, en especial cuando vas de primero pero que en algunas personas se da también subiendo en top. A esta forma de escalar la llamo “la próxima chapa“, y es aquella en la que cualquier movimiento o pensamiento está dirigido a alcanzar la siguiente chapa; montar o encadenar la vía puede ser el objetivo que uno busca desde el pie de vía, pero entrado en materia, no es más que un objetivo secundario o incluso ni siquiera eso; la mayor parte del tiempo, se pasa francamente mal. El sentimiento que domina en este tipo de escaladas es el miedo: miedo a caer, miedo que los agarres no sean suficientemente grandes, miedo a que los pies se resbalen, miedo a quedarse entre dos chapas sin saber qué hacer, miedo a que los dedos o los brazos se cansen, miedo a perder el equilibrio. Estas escaladas están dominadas por la necesidad de deshacerse de la ansiedad que produce la inseguridad de estar por encima de la última chapa, y volver a sentirse seguro anclado firmemente a la pared sin riesgo de vuelo; así que se escala hasta la próxima chapa, se descansa mentalmente y se estudia tranquilamente el camino hasta la siguiente, aunque en el tramo “inter-chapa” puedas haber superado pasos más complejos sin ese tiempo extra y realmente no estés cansado. En este tipo de vías el miedo y la ansiedad se convierten en un importante limitador del rendimiento, lo que hace a la persona entrar en un bucle que sólo se detiene al alcanzar el seguro: el miedo genera inseguridad, que entorpece los movimientos y genera más miedo, que a su vez genera más inseguridad… y si tenemos mala suerte, esa misma inseguridad acabará haciendo que caigamos en puntos que de ir en top tendríamos totalmente controlados. A pesar de la satisfacción de haber encadenado o montado una vía, el grado de disfrute en estos casos es muy limitado y a medio/largo plazo tengo la impresión de que es insuficiente para continuar con la escalada.

A medida que uno continúa escalando y va adquiriendo experiencia, tiende a aparecer una forma de escalar mucho más continua e intuitiva, que suele corresponde a la escalada en vías de su zona de confort; vías en las que uno se siente cómodo, bien porque están por debajo de su nivel, bien porque las conoce y/o las ha hecho varias veces en el pasado. Dónde se encuentra la siguiente chapa adquiere menos importancia desde la perspectiva del escalador (obviamente, uno sabe que están ahí, porque de no haber chapas la cosa cambiaría significativamente), y en ocasiones incluso hay que avisarle de que está dejando la chapa atrás. No hay un objetivo claro en este tipo de vías, más que la escalada en sí misma, y es donde realmente se disfruta de la ascensión. El sentimiento que prevalece en estas vías es la confianza, y es muy importante conseguir llegar a este punto cuando se está comenzando a escalar, aunque hablemos de vías de cuarto grado, ya que constituye un refuerzo positivo mucho más importante que finalizar una vía. Por ello, sobre todo al principio, es importante de vez en cuando darse un descanso y encadenar alguna vía en la que nos sintamos cómodos.

A pesar de mi corta experiencia, creo que una buena parte de los escaladores, en mayor o menor medida, seguimos estos dos patrones. En mi caso, he podido comprobar que el primer “modelo” sigue prevaleciendo en mi comportamiento en vías que están algo por encima de mi nivel (6a+/6b, dependiendo de la gradación de la escuela), independientemente de las consecuencias que pueda tener una caída, lo que bloquea mis movimientos, incrementa el riesgo de caída y dificulta disfrutar de la vía.

No cabe duda de que el miedo es un sistema que nos protege de asumir o exponernos a riesgos innecesarios o excesivos; de no existir, estaríamos matándonos subiendo sin cuerda séptimos o octavos. No obstante, es importante distinguir cuándo el miedo aparece de manera justificada por una primera chapa muy alta, un mal paso justo tras una repisa, un anclaje poco fiable, una situación demasiado pendulante, y cuándo aparece simplemente por salir de esa zona de confort. Como decía antes, la escalada más agradable suele corresponder a escalada en vías que uno conoce o que están ligeramente debajo de su grado, pero en realidad eso no tiene porqué ser así; hay gente que se enfrenta a vías por encima de su nivel sin que el miedo a caer los domine. Lo cierto es que fuera de nuestra zona de confort podremos encontrar más dificultades físicas, más problemas para encontrar agarres o buenos pies, pero la vía no tiene porqué ser intrínsecamente más peligrosa que otras de menor grado, y es vital reconocer ese hecho. Es difícil apartar de la cabeza el miedo a una caída, concentrarse en la propia escalada y dejar de pensar, pero si se consigue, los beneficios para la escalada pueden ser muchos, tanto a nivel del rendimiento ya que se gana libertad de movimientos, como para el disfrute, ya que el miedo no es ya lo que domina la actividad.

Quizá la manera más “sencilla” de conseguir salir de la zona de confort sin que la escalada se convierta en un padecimiento constante en busca de la próxima chapa sea cayendo una y otra vez, hasta que se asume que “volar” es parte de la escalada y es un riesgo que en las circunstancias adecuadas es razonable asumir. Claro que, como estarán pensando, decirlo es una cosa y otra muy distinta conseguirlo. Como suele decirse, estamos trabajando en ello

24 septiembre 2010

Repo: Los contradicistas

A falta de ingenio, les traigo una entrada que escribí a principios de 2007. Hay que ver cómo pasa el tiempo.

«No hay datos exactos que indiquen en qué momento decidió Martin Contradict fundar Los Contradicistas (confundidos habitualmente con Los Contradiccionistas, de mucha menor importancia), ni incluso si lo hizo, pero se rumorea que fue allá por el siglo XIV tras una acalorada discusión con un vecino, después de que éste se mostrase, sin razón alguna, radicalmente opuesto a que Martin cultivase hortalizas en su propia parcela, en lugar de la tradicional plantación de cereales. Tras aquel incidente, Martin se dedicó de manera sistemática a oponerse a todo aquello que le era posible, lógica o ilógicamente. Aunque como es obvio, jamás admitió estar en desacuerdo con nadie.

Nada más se sabe del surgimiento de esta peculiar organización, pero su historia se difumina a lo largo de los siglos, sin que existan datos fiables sobre ella. [...] Al parecer, a través del boca a boca la organización fue creciendo, lo que le dió una nueva magnitud al concepto de negación. No sólo estaban en desacuerdo con cualquier cosa y persona, con la que podían discutir durante días, sino que incluso estaban en contra entre ellos mismos, en contra de la propia organización, en contra de sus propias opiniones y en contra de su propia existencia lo que daba lugar a tremendas contradicciones que resolvían simplemente negando que tal contradicción existiese. [...] Su radical oposición a todo les llevó al borde de la extinción cuando en el siglo XVII, una parte importante de sus miembros muriese de hambre, al mostrarse en desacuerdo con la idea de que comer era necesario. Este punto marcó un punto de inflexión en el radicalismo del grupo, que unificó su opinión disminuyendo de este modo el nivel de agresividad intelectual interno.

Aunque tras aquello hubo varias escisiones de importancia variable -los Masones es quizá la de mayor reconocimiento-, la organización ganó en fortaleza y coherencia interna, aunque nunca lo admitió ni pública ni privadamente. A pesar de que hay muchos estudios que los citan como fuentes de importantes aportaciones en las más variadas disciplinas (La Tierra no es plana), otros muchos dudan de que sus contribuciones se derivasen de algo más que la negación en sí misma (La Tierra no es redonda). [...] Sí que es cierto que esta oposición por sistema condujo al cuestionamiento de muchos conceptos incorrectos (véase para más detalles la Duda Metódica, de René Descartes, principal impulsor de la facción moderada), y no hay muchos investigadores que les nieguen el mérito.

Tras la Primera Guerra Mundial, por diversos conflictos políticos [...], la presencia pública de la organización se reduce drásticamente, hasta llegar a su total desaparición varios años más tarde. No hay en la actualidad evidencias ni a favor ni en contra de que el grupo siga activo, pero todo apunta a que, en cada comunidad de vecinos, en cada reunión familiar, en cada clase, en cada foro de internet, silenciosamente, están ahí, extendiendo sus tentáculos, lentamente, con su sistemática oposición a todo y a todos. Después de todo, lector, quizá tú mismo seas uno de ellos. Y quizá yo mismo lo sea. Pero lo que está claro, es que ninguno de los dos jamás lo admitirá.»

Anders Stepkoein, Creadores de Poder: Los Contradicistas, Vol I. Arial Press, New York, 1963.

21 septiembre 2010

Magnesio

En el libro de Arno Ilgner Guerreros de la roca que hace meses que estoy leyendo (concretamente, desde que me lo compré), hay un parráfo que dice lo siguiente, en relación con lo que éste llama “fugas de poder” (derrochar energía —concentración, dinamismo, continuidad, etc.— en hábitos inútiles, diálogo interior limitador, etc.):

Piensa en la costumbre de echarte magnesio en las manos. Algunos escaladores pasan tanto tiempo empolvándose nerviosamente las manos que pierden la capacidad de escalar de forma tranquila y continua. Según vas haciéndote más consciente de tus hábitos durante la escalada, puedes empezar a analizarlos y a descartar los que inhiban tu desarrollo.

El tema del magnesio es un tema interesante y no sólo desde la perspectiva que comenta Arno Illger. En efecto, soy de la opinión de que el magnesio es en la mayor parte de los casos un hábito innecesario que en un futuro puede ser difícil de eliminar y que puede condicionar la continuidad en vías complicadas; lo cierto es que a muy poca gente le sudan tanto las manos como para tener que embadurnárselas cada cinco minutos como si fuese harina antes de amasar una pizza; *quizá* pueda ser necesario al comenzar la vía, y en vías largas cada X agarres, pero poco más, y sin duda, no siempre. Se trata, en mi opinión, de un tema similar a la depilación de las piernas en los ciclistas que no compiten: un hábito/manía/costumbre propia de entornos más profesionales y/o competitivos (donde este aspecto es necesario entre otras razones para facilitar la realización de masajes tras las carreras), que es adoptada por los aficionados más “pasionales” como símbolo de pertenencia a un grupo, para distinguirse de aquellos menos metidos en materia (“globeros” en argot ciclista).

Otra visión interesante, pero poco clara, es saber si el magnesio degrada la supeficie de la roca; unos opinan que afecta, mientras otros dicen que al contrario, el magnesio es el que evita que el sudor pula los agarres; supongo que un análisis químico de la interacción del magnesio con los diferentes tipos de roca sería lo más adecuado, y desvelaría este misterio. Al parecer, en algunas escuelas (extranjeras, al parecer) ya está prohibido y existen alternativas, aunque algo deficientes a decir por los comentarios. Si perjudica o no la roca, la verdad es que quizá sea el menor problema medioambiental al que nos enfrentamos; si se ve en perspectiva, hablamos de zonas muy específicas, y de una acción muy limitada. El viento, la lluvia, la nieve, y otros factores alteran la roca naturalmente, y pensar que un poco de magnesio supone un problema medioambiental carece de sentido. Dejemos aparte el efecto de la escalada sobre el entorno y las especies animales que en éste habitan, aunque de nuevo, ese efecto, siempre que se respete el medio, es inferior al de la mayor parte de las actividades humanas: carreteras, edificaciones, corredores aéreos, ganado, etc.

Una tercera visión de este asunto es la estética; en escalada con cuerda, este efecto se suele disimular por la magnitud de las paredes y el efecto de la lluvia y otros elementos naturales. No obstante, cabe indicar que en desplomes o techos estos elementos no intervienen. En cualquier caso, el aspecto estético adquiere mayor importancia cuando hablamos de bloque, por ser éste más exigente en la utilización de las manos. Un día de un grupo de escaladores sobre un bloque puede dejarlo lleno de marcas que tarden bastante tiempo en irse; si esto lo extrapolamos a zonas donde la práctica de bloque es habitual (Albarracín, por ejemplo), el resultado no es demasiado agradable. Aunque existen escaladores que intentan cepillar las marcas, lo cierto es que son los menos, y eliminar las marcas tras muchas horas de magnesio puede ser complicado por no decir imposible. De nuevo, este es un problema relativo; unas marcas de magnesio sobre unos bloques puede no ser demasiado agradable a la vista, pero mucho más perjudicial es la tala indiscriminada, la recalificación de terrenos forestales para la construcción, o la quema intencionada de montes. No se trata de elevar el magnesio a la categoría de residuo nuclear, ahora que está en boga el asunto.

Por último, está el tema más ético y deportivo, relacionado no ya tanto con el medioambiente, sino con otros escaladores que pueden querer probar la vía de la manera más limpia posible. La utilización indiscriminada de magnesio por parte de algunos escaladores conduce a que los agarres de las vías aparezcan claramente marcados, y desaparezca la dificultad de encontrarlos para aquellos que realizan la vía a vista. Obviamente, en algunas vías existirán diferentes agarres para un paso, pero a medida que el grado sube y los pasos se complican, la variedad de movimientos y agarres comienza a reducirse, quedando en ocasiones limitado a uno sólo: el que tiene el magnesio. Si en un paso complicado no hallamos la manera de pasarlo, pero vemos magnesio unos centímetros por arriba, es muy probable que ese sea el camino correcto para encadenar la vía; quizá nos decidamos a saltar a por un agarre que está fuera de nuestro alcance y que no vemos bien pero que está literalmente lleno de magnesio. La cuestión es: ¿lo habríamos encontrado sin la marca de magnesio? ¿nos habríamos arriesgado a saltar a por un agarre del que ignoramos su calidad en caso de no ver el polvo blanco rodeándolo?

Llegado a este punto, la pregunta que cualquier escalador debe hacerse es: ¿necesito realmente el magnesio? ¿Es una manía, o una necesidad? ¿Utilizo la cantidad justa? ¿Requiere esta vía que me empolve las manos? ¿Me gustaría que el que viniese detrás encontrase la vía limpia, o llena de marcas? ¿Cómo me gustaría encontrarla a mí?

19 septiembre 2010

Jérica, 19 de septiembre

Este fin de semana, a pesar de que Alex y yo llevamos un tiempo queriendo ir a Albarracín a hacer algo de bloque, nos decidimos a ir a Jérica, en parte por las molestias de hombro que llevo algún tiempo arrastrando; en principio el fisio le quita importancia, y he comenzado a hacer algunos ejercicios de fortalecimiento de la musculatura del hombro y estiramientos diarios, con lo que espero mejorar en breve. Aparte de eso, desde la acertada adquisición de los Miura he comenzado a confiar más en los pies, con lo que comienzo a cargar menos de brazos.

Indicar el grado de las vías de Jérica es algo confuso. En el libro de Luis Alfonso, “Escalada en Castellón” (mayo 2010), en el que ha colaborado Txenxo Llí, el grado es ligeramente superior al grado que se puede encontrar en el clásico de Carlos Tudela “Deportiva cercana a Valencia” (2005) y en las reseñas de Internet de enlavertical. La diferencia suele ser de un grado (por ejemplo, 6b en el primero, 6a+ en los segundos), aunque en ocasiones puede llegar a dos (por ejemplo, de 6c a 6b).

Personalmente, me inclino más hacia la acotación de la guía de Luis Alfonso, que es la que se utiliza en esta entrada, por varias razones. En primer lugar, es un libro cinco años más nuevo, actualizado y muy reciente. La segunda es que Txenxo Llí es el mayor artífice y conocedor de la escuela de Jérica, y sin duda habrá participado en la (re)gradación de las vías. Por último, mi experiencia personal durante los tres meses que llevo escalando, breve pero intensa, hace que mi percepción de las vías esté más cercana a la gradación del libro de Luis Alfonso que al de Carlos Tudela. En cualquier caso, dicho esto, un grado no es más que un número (y una letra y un símbolo, cuando procede) y tampoco hay que darle mayor importancia de la que tiene como orientación. En este caso, la diferencia de grados no es tan abismal como para encontrarnos en algo muy por encima o debajo de nuestras posibilidades; si montas un 6a habitualmente, tus posibilidades de 6a+ en Jérica dependerán de las escuelas en las que te hayas movido, y del tipo de vía que abordes. No obstante, incluyan un maillon en sus arneses, por si acaso.

Tras esta no tan breve introducción, continúo. La cuestión es que nos acercamos a Jérica en una salida casi tan multitudinaria como la de la semana pasada en Buñol. Acudimos Alex, Ana, Abel, Luis, Rafa, Laura y yo, tras lo cual se unieron poco tiempo más tarde Lola y Mar. A última hora, Trevor se decidió a aparecer, con lo que éramos ya unos cuantos. A diferencia de Buñol, la base de las vías no es cómoda, y eso hace algo más incómoda la estancia. Otra diferencia fue que Rafa ha adquirido una cuerda Roca de 70m. más un Gri-gi y una decena de cintas expréss, por lo que no nos vimos tan justos de material como en La Jarra.

El día comenzó suavemente, debido en parte al nivel de la mayoría de los escaladores; ya habría tiempo para probar cosas más complejas durante el resto del día. Así, prácticamente todo el mundo, incluidas Lola y Mar que llegaron un poco más tarde, pudo subir y/o montar y/o encadenar La zona 5º (Vº, 18m.) y No somos nadie (IV+, 12m.). En este caso, si no recuerdo mal, Abel, Rafa y Mar encadenaron sus primeras vías, con gran satisfacción :) He aquí algunas fotos de tales momentos:

Tras este calentamiento, continuamos subiendo por la pared (horizontalmente de momento), y Alex y yo decidimos probar algo un poco más complejo. Dicho y hecho, nos decantamos por Humano en Vano, un 6b de 20m cuyo comienzo es casi la parte más compleja de la vía, con un ligero desplome y pocos agarres. Con no pocas dificultades y la lluvia comenzando a caer tímidamente cuando me encontraba a apenas tres o cuatro metros de la reunión, pude montar la vía. Una vez bajo, esperamos a que parase de llover y pocos minutos después Alex la montaba en top, algo recomendable dada la verticalidad de la vía, la necesidad de adherencia en algunos puntos, y la roca ligeramente mojada. Puesto que Alex me aseguraba, y estaba medio lloviendo, no tenemos más que una foto de aquel momento: la vía.

Tras esto, me separé un poco del grupo, y me llevé a Luis en busca de Kinto Sello, un V+ con el que tengo una cuenta pendiente desde mi tercera salida hace tres meses, y donde me ví obligado a dejar un maillon. Ésta aparece en la guía de Carlos Tudela pero de la que no hay rastro en la de Luis Alfonso; todo apunta a que corresponde a Onanirás, un 6a de 25m. En cualquier caso, como suele ser habitual, me equivoqué y me metí en Destlaka, un 6b de 22m de placa en el que pasé algún que otro apuro, y el miedo y la falta de confianza me hicieron agarrarme a la express recién chapada un par de veces (sí, lo admito). A trancas y barrancas, con algún que otro susto y tras más de media hora en la pared, conseguí montar el segundo 6b del día, aunque me resisto a “apuntármelo”.

Mientras yo me pegaba con la roca, el resto del grupo hacía lo propio unos metros más arriba. Alex había montado Trompera matinera y T’haschalao de un tirón, lo que venía a ser una vía de cuarenta y pico metros para la que tuvo que empalmar dos cuerdas. Además, “alguien” (Trevor, posiblemente) había montado Pare Pere, un 6a (este sí, ligeramente alto de grado) de 15m bastante divertido que transcurre por un diedro.

Poco después de bajar de Destlaka, Rafa nos abandonó debido a sus compromisos como padre y marido :), y algunos de nosotros nos pusimos a comer, mientras el cielo amenazaba no con caer sobre nosotros, pero sí con llover. Aunque la idea original era cambiar a la pared de enfrente, al no hacer sol, y con las vías montadas, no tenía mucho sentido, y continuamos en el sector Pisuke.

Tras ver a Luis subir Pare Pere sin aprovechar las paredes del diedro, decidí subir para mostrarle que no era necesario subir por la grieta (aquí el experto), aunque sin muchas ganas de correr riesgos, decidí subir en top. El problema es que una vez arriba ví una chapa que seguía y me entró esa tentación llamada “creo que puedo seguir”, así que dicho y hecho, y ahora de primero, tiré para arriba sin pensar que el rozamiento de la cuerda a través de la anilla y el desplome de salida me haría sudar la gota gorda para subir la cuerda al chapar. En efecto, en alguna ocasión casi pierdo el equilibrio, y subir cuerda me costaba casi más que subir yo mismo. Por suerte, la cosa no fue a mayores y conseguí montar la reunión, ubicada unos 10-15 metros hacia arriba, en lo que sería un V+ que no he podido localizar.

La última vía del día, que acabó (el día) antes de lo previsto a causa de la lluvia, fue Sasbara, un 6b de placa de 26m, equipado con químicos, con mucho uso de adherencia y algunos pasos muy complicados sobre todo en la segunda mitad, en la que estuve diría que algo más de media hora. En cualquier caso, con algo de cansancio tras las vías acumuladas por la mañana, más miedo del necesario y no pocas dificultades, conseguí montar la vía y quitarme los pies de gato justo antes de que se me cangrenasen los dedos de los pies. Fue poner el pie descalzo en el suelo y comenzar a llover, tras lo que Alex, con ganas de subir algo más exigente, comenzó a subirla en top, aunque desistió a pocos metros debido a la intensidad de la lluvia, que hacía una vía de adherencia como aquella casi intransitable y bastante peligrosa. He aquí algunos momentos:

Tras esto, recogimos los bártulos y con la lluvia ejecutando sus amenazas, volvimos a los coches. En definitiva, a pesar de que la idea era pasar todo el día, acabó siendo un sábado muy provechoso, que me ha permitido comienzar a coger confianza en grados por encima del 6a, y desarrollar algo de técnica de adherencia; sigo teniendo algo de miedo a volar, pero como suele decirse, hago lo que puedo. Sin prisa pero sin pausa, tres meses después de mi primera vía, vamos mejorando.

Hoy he vuelto a salir, esta vez a Montesa y en un plan mucho más relajado, con Pedro y Diego, quien se suma a la cohorte de principiantes, y promete volver. Lo contaré mañana, si puedo.

17 septiembre 2010

Teteras de porcelana

Si yo sugiriera que entre la Tierra y Marte hay una tetera de porcelana que gira alrededor del Sol en una órbita elíptica, nadie podría refutar mi aseveración, siempre que me cuidara de añadir que la tetera es demasiado pequeña como para ser vista aún por los telescopios más potentes. Pero si yo dijera que, puesto que mi aseveración no puede ser refutada, dudar de ella es de una presuntuosidad intolerable por parte de la razón humana, se pensaría con toda razón que estoy diciendo tonterías. Sin embargo, si la existencia de tal tetera se afirmara en libros antiguos, si se enseñara cada domingo como verdad sagrada, si se instalara en la mente de los niños en la escuela, la vacilación para creer en su existencia sería un signo de excentricidad, y quien dudara merecería la atención de un psiquiatra en un tiempo iluminado, o la del inquisidor en tiempos anteriores.

Bertrand Russell

La razón por la que la religión organizada merece hostilidad abierta es que, a diferencia de la creencia en la tetera de Russell, la religión es poderosa, influyente, exenta de impuestos y se la inculca sistemáticamente a niños que son demasiado pequeños como para defenderse. Nadie empuja a los niños a pasar sus años de formación memorizando libros locos sobre teteras. Las escuelas subvencionadas por el gobierno no excluyen a los niños cuyos padres prefieren teteras de forma equivocada. Los creyentes en las teteras no lapidan a los no creyentes en las teteras, a los apóstatas de las teteras y a los blasfemos de las teteras. Las madres no advierten a sus hijos en contra de casarse con infieles que creen en tres teteras en lugar de en una sola. La gente que echa primero la leche no da palos en las rodillas a los que echan primero el té.

Richard Dawkins

(Ambas de la Wikipedia: Tetera de Russell)