30 abril 2009

Fin de semana

Si me buscan este fin de semana, estaré de campamento itinerante por el GR-8 (líneas rojas de la imagen) que comunica Fortanete y Cantavieja, a la izquierda y derecha de la imagen, respectivamente. Si todo va como está planeado, saldremos desde Cantavieja para ir a dormir a Fortanete por la ruta de la Cruz Gorda (i.e. por debajo), y volveremos a Cantavieja al día siguiente por el Cuarto Pelado (i.e. por arriba).

27 abril 2009

Dejarse llevar…

Confieso, casi avergonzado, que he descubierto a Vetusta Morla demasiado tarde, si lo comparo con otros tiempos y lugares. Se me está endureciendo el oído, acostumbrado perezosamente a melodías y voces un millar de veces escuchadas, o quizá me falle la paciencia que hace falta para enamorarse de una nueva canción. Me estaré haciendo mayor, supongo. Por fortuna, siempre habrá lugares, canciones y personas ante las que no puedes hacer otra cosa que caer rendido, quieras o no.

26 abril 2009

Publicidad contextual

Visto en elmundo.es. Ayer también salí a correr. Y nos compramos una bici elíptica.

23 abril 2009

Sports Tracker

Hace un par de semanas que empecé a correr de nuevo, aunque sólo he salido tres veces; poco a poco, sin prisa pero sin pause. Imagino que es la inmediatez del verano y el reconocimiento de un estado físico cuanto menos dudoso. Pero como salir a hacer deporte a las nueve de la noche después del trabajo no es, sobre todo al principio, lo mejor que se le ocurre a uno que podría hacer, siempre voy buscando algún tipo de incentivo chorra para mantener un ritmo de ejercicio medianamente constante.

Así que por una parte tenemos el pulsómetro, que es terrible e inevitablemente sincero en cuanto a mi estado de forma, pero permite mantener un ritmo constante y te descubre los límites de tu sistema cardiovascular. Pero ahora he descubierto que mi Nokia N85 puede ser un divertimento más en esto de sufrir, por estúpido que parezca llevarse el móvil para correr (eso pensaba yo antes). No sólo por la música, sino sobre todo por la aplicación Sports Tracker, que con cierto nivel de precisión y con ayuda del GPS integrado, es capaz de registrar velocidad, altitud, distancia y alguna cosilla más. Claro que en los dos días que llevo usándolo hay algún dato que parece no tener demasiado sentido, pero en general, funciona muy bien y es mejor de lo que podría uno esperar. Sólo hace falta agenciarse un brazalete para llevarlo en Decathlon, y el resto es bastante inmediato.

Dicho esto, les dejo con la sesión de entrenamiento de hoy, que como verán no ha sido especialmente impresionante en cuanto a distancia o velocidad. Pero qué quieren, uno tiene ya una edad y menos tiempo del que le gustaría.

El taller es tu amigo

Hace aproximadamente dos años, en una revisión de mantenimiento del coche, el mecánico del taller oficial de Renault al que había llevado el coche los últimos cuatro o cinco años me indicó que los discos de los frenos estaban ya bastante gastados y habría que cambiarlos en la próxima revisión. Unos meses después, al sustituir los neumáticos delanteros, el técnico de Norauto me advirtió de exactamente lo mismo. Así que hace cosa de tres meses, 15,000 kilómetros después de aquella primera revisión que les comentaba, llevé el coche al mismo taller de siempre para el cambio de aceite, filtros y asuntos varios, e incidí en que mirasen los dichosos discos de freno, por si fuese necesario cambiarlos. El jefe de taller, un hombre que vive permanentemente estresado, me dijo que estaban bien.

Dejemos eso ahí. Desde hace aproximadamente un mes el coche me venía haciendo un ruido extraño al rodar a más de 50 km/h, así que por seguridad y pensando en las consecuencias de perder una rueda en plena autovía a 120 km/h, lo volví a llevar al taller. Una cosa es que el aire acondicionado no vaya, y otra que el coche no frene cuando tiene que hacerlo; no es lo mismo, que diría Alejandro. Pero esta vez, sospechando que el problema pudiera haber sido estado relacionado con la última visita al taller Renault pero aun así éstos no quisiesen aceptar su culpa, lo llevé a un taller que hay justo delante de mi trabajo. Mucho más cómodo, al menos, dónde va a parar. Allí no sólo detectaron que el ruido provenía de un rodamiento fastidiado, sino que me advirtieron de la necesidad de cambiar los cuatro discos de freno, que efectivamente estaban para cambiar, tras casi 90,000 km, tal y como me enseñaron.

¿No les parece que es una bonita forma de perder clientes, en estos tumultuosos tiempos de crisis, desaceleración o precipitación económica?

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El resto de la entrada, ¡que lo haga otro!