30 septiembre 2008

Tenemos un plan

Si no han estado viviendo debajo de una piedra, sabrán que ayer el Congreso de los Estados Unidos votó el plan de rescate diseñado por Henry Paulson, el secretario del Tesoro, y Ben Bernanke, presidente de la Reserva Federal (la Fed, que viene a ser el Banco Central Europeo a este lado del charco). Un plan de 700.000 millones de dólares, que se dice pronto, que pretendía —entre otras cosas— comprarle a los bancos sus activos “tóxicos” (así les llaman ahora), y que había sido públicamente apoyado por Bush, Obama y McCain. Y a pesar de eso, el Congreso votó en contra, al menos esta primera vez.

No voy a entrar a analizar, porque me queda grande, si el plan en cuestión era viable, era adecuado, o no; supongo que aportaba transparencia, obligando a los bancos a sacar el muerto del armario y retratarse si querían su parte del pastel, pero al mismo tiempo que ese dinero saliese del bolsillo del contribuyente sin ninguna garantía real de que volviese a él, era ciertamente sospechoso. A fin de cuentas, ningún banco te deja un euro si no tiene una mínima garantía de que vaya a ser devuelto; y en las actuales circunstancias, esa “mínima garantía” se convierte en “total garantía”, así que darles un poco de su propia medicina al menos es una satisfacción moral; el “que se jodan” no arregla nada, pero te hace sentir mejor. A todo eso, hay que añadirle lo que los anglosajones llaman en este tipo de cosas el moral hazard, que viene a ser el riesgo de decirle al mercado que aunque lo ha hecho mal, aquí está papá Estado para arreglar la situación. Eso provoca que los culpables del desaguisado se vayan de rositas (no sin mi multimillonaria indemnización) y que el mercado no depure responsabilidades. Y ya saben que quien no aprende del pasado está condenado a repetirlo, a fuerza de palos se aprende, que la letra con sangre entra, y cosas así. Resumiendo, que si yo hoy te salvo el culo de una situación que tú mismo has creado, mañana lo volverás a hacer porque pensarás que yo te volveré a salvar. Y eso, como parece obvio, no es bueno para nadie.

En el polo opuesto de las consecuencias de la aprobación o no del plan, tenemos los no pocos efectos colaterales que se desprenden si la economía financiera se va literalmente al carajo; que son, entre otras cosas, que la economía real (que viene a ser la que produce bienes) le acompañe al infierno unos cuantos años; sí, hasta ese punto está este mundo “financializado”. Así que el debate que se plantea es si dejar que la mierda se vaya por el desagüe, arrastrando a quien haga falta, o salvar a los bancos con el dinero de todos y evitar una crisis de tres pares de narices (algo que mucho me temo que es ya inevitable). Como verán, en el primer caso el ciudadano se va a la mierda, y en el segundo, paga los platos rotos, y es que no somos nadie.

Estados Unidos no es la panacea de las virtudes políticas y económicas, y de eso no tiene nadie ninguna duda; de aquellos polvos vienen estos lodos. Hay muchas cosas que los States podrían copiar de este país, empezando por la abolición de la pena de muerte, pero les confieso que cuando veo que un congresista se desmarca de la posición “del partido” y vota en función de las promesas que él (y no su partido) le ha hecho a su electorado, siendo una tremenda envidia. Es cierto que nuestro sistema político y electoral es diferente al suyo, pero la diferencia no siempre es justificable, si representa menos a los votantes (como me da la sensación de que es el caso, y si no, a los datos de IU y UPyD en las últimas elecciones me remito). Imaginen por un momento, si son capaces, que nuestros queridísimos líderes políticos se encontrasen en la misma situación, y que una iniciativa similar fuese a ser votada en el Congreso. Dejando de lado que no pocos miembros de los respectivos partidos se quedarían en casa, donde se está mejor que en el escaño, ¿creen ustedes que alguno de los miembros del PP o del PSOE se desmarcaría de la posición “de partido”, como ha pasado al otro lado del charco? Pues como diría aquél, va a ser que no. Todo lo más, es que alguno se equivocaría de botón por simple y pura incompetencia, como ya ha pasado en otras ocasiones.

El mal llamado país de las oportunidades será todo lo que quieran, pero en el ejercicio efectivo de la democracia, nos lleva siglos de ventaja. Y no sólo literalmente.

29 septiembre 2008

La leyenda del indomable

El sábado pasado murió el que en mi opinión, y junto con Sean Connery y Robert Redford, fue uno de los hombres más atractivos y geniales de la historia del cine, o al menos, de aquellos con los que yo he tenido más “relación cinematográfica”. Entre todas ellas, recuerdo con especial cariño Dos hombres y un destino, El golpe, y sobre todo, la escena de los 50 huevos de La leyenda del indomable. Si en el futuro me reencarno, me pido Paul Newman.

26 septiembre 2008

Mantas

El problema de dormir con una manta que no cubre toda la cama es que te pasas la noche luchando por llevarla a tu lado, generalmente sin éxito. Ese es justamente mi caso.

No pongan esa cara. Al fin y al cabo, dije que volvería y aunque no lo prometí, con dinero o sin dinero hago siempre lo que quiero y mi palabra es la ley; sólo he tardado bastante menos de lo que creía. En el viaje, he decidido prescindir de —discúlpenme los afectados— enlaces, de viejas entradas y sus comentarios, y de algunas otras cosas; a la vista está. Como verán, me he quedado con lo puesto. Esto que leen y poco más es todo lo que es a partir de ahora este blog: diez entradas, ni una más ni una menos, en una simple página HTML. Ni más, ni menos.

Pasen un buen fin de semana.

22 septiembre 2008

Ustedes, como yo, saben que no hay tiempo para todo, por mucho que uno estire los minutos; a mí me ha costado mucho entenderlo y más aún digerirlo. Es como una manta una noche de invierno: si uno estira demasiado de un lado, siempre hay otro que se queda sin abrigo. En la sabiduría popular, eso se llama quien mucho abarca, poco aprieta.

Como he repetido hasta la saciedad, hace mucho tiempo que quiero escribir un libro, más allá del recopilatorio de relatos que como habrán comprobado ya no está disponible. También hace bastante que me gustaría coger de nuevo la afición por correr, algo que empecé a hacer hace unas semanas. Y todo eso, por supuesto, sin descuidar a mi pareja, mi familia, mi trabajo o cualquiera de esas cosas que no debería uno dejar de lado, si se aprecia en algo a sí mismo.

Desde el 6 de noviembre de 2003 hasta hoy, 22 de septiembre de 2008, han pasado casi cinco años durante los que he escrito 1188 entradas que recibieron en conjunto un total de 6946 comentarios; verán que nada de eso está ya públicamente accesible. Creo que no está mal del todo, aunque por supuesto, todo es mejorable. El número de visitas fue siempre oscilante, aunque en ningún caso algo por lo que este blog destacase.

Voy a ir acabando. No voy a decir que cierro el blog, porque no es eso lo que estoy haciendo. Digamos, entre nosotros, que lo voy a dejar reposando por un tiempo indefinido. Un día cualquiera, cuando sea consciente de mi inutilidad o cuando considere que ha llegado el momento, retomaré este espacio. Hasta entonces, y como diría Truman, por si no volvemos a vernos (porque ustedes no vuelven): Buenos días, buenas tardes y buenas noches.

19 septiembre 2008

Unsociability recomienda: The Wire

Últimamente, cuando me siento frente a la televisión por la noche, no sé si irme un rato a vomitar o cortarme las venas directamente en el sofá. Dicho de otra forma: la televisión, cualquier día de la semana, es una mierda. Pero en especial, las tres joyas de la corona son para darles de comer aparte: Física o Química, 700 euros, y Sin tetas no hay paraíso. Jódete Mariano y cágate lorito. ¿Saben aquello de que cada nación tiene los políticos que se merece? Pues espero que no aplique también a la televisión, o vamos apañados, porque con ZP, Rajoy y la cohorte de parásitos de unos y otros ya tenemos bastante.

Como sé que son ustedes de mi misma opinión, he decidido traerles una recomendación de esas que se agradecen. Algo en lo que puedan entretenerse frente a la caja tonta sin sentirse como si estuvieran comiendo basura en un estercolero. La serie que les propongo hoy, The Wire, ostenta al parecer el título de mejor serie de ficción de la televisión, en clara disputa con Los Serrano Soprano (perdón, lapsus mortal), a decir por los entendidos. Ya sé que carecemos de memoria, y me abstengo de decir si es o no la mejor serie de todos los tiempos, pero desde luego, no tengan ninguna duda de que es una de las mejores cosas que he visto.

Incluyendo el cine.