28 marzo 2008

YouTube comes to the rescue: Stereophonics

Me ha costado mucho escoger una de las canciones de Stereophonics, así que aquí va la que fue mi primera elección; la recordarán porque sale en Crash, aunque también es posible que no hayan visto la película o no recuerden haber oído la canción, entre otras muchas posibilidades. La segunda elección era Superman, y otras opciones consideradas Devil, Dakota y Rewind, pero les dejo con esta.

El lunes es fiesta, así que no me esperen despiertos. Pasen un buen fin de semana.

27 marzo 2008

Dexter

Cuando empiezas a ver Dexter, la voz en off del personaje y sus pensamientos introspectivos te hace ser un poco escéptico; pero qué coño es esto. Como dicen en Microsiervos, te sientes un poco incómodo y tentado a quitar el DVD y ver otra cosa. Y como dicen allí, entonces aguantas un par de capítulos, a ver qué tal, y lo único que te queda es degustar los diez capítulos restantes pegado al sofá (o donde quiera que vean ustedes la tele).

Dexter Morgan es el forense especializado en restos de sangre del Departamento de Policia de Miami, y asesino psicópata en sus ratos libres (“proyectos personales”); claro que no se carga a cualquiera, y el criterio no es baladí. Y poco más les voy a contar. Ayer acabamos de ver el último capítulo de la primera temporada, y ya tengo algunos capítulos de la segunda en la recámara.

No tengo nada más que añadir, en realidad; la serie engancha como pocas y tiene un desarrollo fluído, sin estiramientos innecesarios. Alguno, y no un cualquiera, ha dicho incluso que Dexter es la mejor serie de 2006, así que para qué seguir. Les digo lo mismo que con Californication: consigan la serie, es altamente recomendable, y pásenlo bien.

26 marzo 2008

Bárbaros

Ayer escuchaba en la radio a un tal Pablo, jugador profesional creo que del Sevilla, decir que las peleas a navajazos entre los seguidores radicales del Atlético y los del Sevilla que hubo el fin de semana pasado no son parte del fútbol. Básicamente lo mismo dijo el Betis cuando un gilipollas seguidor de su equipo le tiró una botella llena de agua a Armando, el portero del Athletic, porque “le dió un pronto”; no es socio del Betis, así que cuánto lo sentimos te lo juro por el cristo del gran poder, pero no es problema nuestro. Poco ha tardado la directiva del equipo bético en acusar a la RFEF de coacción y poco menos que ensañamiento con ellos.

Menuda gilipollez; todo eso es parte del fútbol, pero claro, qué otra cosa vas a decir cuando te van en ello tus intereses o sufriste una profunda carestía educativa, por no decir otras cosas. Es fútbol tanto como el cabezazo de Zidane y los insultos de Materazzi en el último Mundial, el botellazo que recibió Juande Ramos o la patada que el portero del Racing le dió a un jugador del Getafe hace unas semanas, simplemente por haberle metido un gol. Tanto como las salvajes entradas de algunos jugadores, que parece que lleven la consigna de dejar inválido de por vida al contrario; alguno de vez en cuando hasta lo consigue. Todo eso es fútbol. Nada más y nada menos.

Es mejor dejar las cosas claras desde el principio; quizá no todos los aficionados al fútbol sean unos animales, pero hay un porcentaje de ellos nada desdeñable que sí lo son, y aunque cuando uno es un bárbaro y un capullo poco se puede hacer, lo peor es que los clubs, los jugadores, y sus presidentes y juntas directivas incentivan y fomentan este tipo de actitudes; con sus declaraciones, salidas de tono, sus agresiones y excesos de hombría y testosterona, tanto fuera como dentro del campo, unido todo ello a una falta de sentido común y/o retraso mental generalizada en este deporte; si al menos supiesen cerrar la boca… durante mucho tiempo, muchos equipos incluso han proporcionado a sus seguidores más radicales —léase como a auténticos hijos de puta homicidas— locales en los que “reunirse”. Pero ya se sabe que el fúrgol es así, y no hay rival fácil.

Después de todo y como dice un amigo, ¿qué se puede esperar de 22 tipos corriendo en calzoncillos por la hierba?

25 marzo 2008

“Qué coño estoy haciendo con mi vida” o “Cómo coño he llegado yo a esto”

He vuelto de vacaciones, al igual que probablemente muchos de ustedes. Ha sido poco más de una semana (técnicamente, dos días laborables), pero ha servido, a mí al menos, para desconectar de la siempre terrible realidad. Pero como esto, donde “esto” corresponde a su y mi existencia vital, no es un bar de esos donde se puede leer aquello de Si bebe para olvidar, pague antes de beber, aquí olvidar no implica dejar de pagar; y pagar significa volver al trabajo y lo que es peor, el regreso a de las queridas neuras personales; eso casi suena a película de terror. La cuestión es que por suerte o por desgracia, no se puede escapar de la propia vida; de vez en cuando, puede usted meterla en una lata y anestesiarla durante un tiempo, pero siempre acaba saliendo; la mierda flota y la suya no va a ser una excepción.

Si han hecho caso a los innumerables psicólogos que acostumbran a salir en televisión tras las vacaciones estivales, habrán continuado trabajando voluntariamente durante este tiempo, para amortiguar el impacto de la vuelta, la depresión postvacacional y la sensación de futilidad asociada al pensamiento titulado “Qué coño estoy haciendo con mi vida”. Si por el contrario, no han dado un palo al agua, y llevan todo el día dándole vueltas a la idea titulada “Cómo coño he llegado yo a esto”, les reconfortará saber que tirar su actual vida por el retrete no cambiará nada a nivel cósmico, tan sólo personal; es un ámbito de responsabilidad bastante limitado y en algunos casos incluso asumible. No obstante, antes de que decidan dar tan traumático paso, piénsenlo dos veces; esto no es una película y las cosas no sólo no siempre salen bien sino que a menudo salen mal; nadie les garantiza que dejar su trabajo, su esposa o marido y cambiar de ciudad o país vaya a hacerles más felices; probablemente las cosas estarán igual que hoy dentro de cinco años, por aquello que les decía: no se puede huir de uno mismo eternamente; sólo un par de semanas un par de veces al año, y no demasiado lejos. Tengan en cuenta además que si Murphy tiene razón, las cosas siempre pueden ir a peor y si se les concede la más mínima oportunidad, es lo que harán. Y el suicidio no es la solución, tampoco. Aunque ustedes pueden ser, esta vez sí, la excepción a la regla (no, no en el tema del suicidio).

Si hacen memoria, hace una semana y pico, cuando me despedía de ustedes, les decía aquello de debería dedicar estos días a relajarme, descansar y de una vez por todas, cuando haya descansado lo suficiente, si es que eso es posible, sentarme a escribir algo coherente. Como seguramente hayan adivinado, me he relajado, he descansado, pero lo he hecho con tanta intensidad y dedicación que me he olvidado de escribir, aquí y en cualquier otro lado, algo que ambos sabíamos que sucedería. Y aunque durante estos días, ayer y hoy con mayor intensidad, me he planteado dejar de escribir este blog, soy consciente de que eso puede ser producto de esa sensación de inutilidad vital post-vacacional que les contaba; abandonar divagaciones de todo a cien como esta por algo de mayor calado me suena más a propósito de nuevo año y fantasía que a realidad factible, y este no es momento para las despedidas ni las decisiones; quizá más tarde, mañana, la semana que viene, el mes que viene o quizá nunca. Y el suicidio no es la solución, tampoco.

Y por eso, en lugar de continuar, les dejo con este vídeo que asusta un poco y al que he llegado a través de Somos lo más tonto que hay; hay más enlaces, pero los tienen allá.

Tranquilos; el lunes que viene es festivo otra vez. Yo les dejo, que tanto optimismo me está matando.

16 marzo 2008

Gilipolleces mías, por variar un poco

Sí, mentí, y aquí estoy otra vez. Menuda novedad, ¿eh? Y sí, estoy de vacaciones, pero justo ahora me apetecía contar algo. De todas formas, técnicamente (esta coletilla siempre me ha encantado), hoy es domingo así que todavía no estoy de vacaciones; estoy de descanso dominical. Total, mi señora está durmiendo como un bebé en el sofá yo me aburría y coño, no tengo por qué darles explicaciones, que son mis lectores, no mi madre (hola mamá). El caso es que el constipado que cogí anoche (ya saben que son Fallas por estos lares), un par de horas de ocio navegando por Internet y mi siempre observador espíritu me han despertado dos pensamientos, pajas mentales, divagaciones, o como quieran llamarlo. Ya saben, lo típico por estas fechas, estos lugares y con gente como ustedes y yo. Gilipolleces, vamos. Bien, venga ya eso que les decía:

Uno, o primer pensamiento. Internet está lleno de gilipollas que además no saben que lo son. Algunos, incluso, piensan que no lo son. Claro que seguro que alguno de ellos piensa que el gilipollas soy yo, y a lo mejor hasta tiene razón, pero que lo escriba en su blog que este es el mío. Extrapolaciones del tipo “el mundo está lleno de gilipollas que además…” son correctas, no teman hacerlas. En definitiva, que hay mucho gilipollas, y sigo, que me disperso.

Dos, o segundo pensamiento. Valencia está llena de gilipollas que además de no saber que lo son y probablemente pensar que no lo son, tienen la terrible, absurda pero sobre todo imbécil creencia que cuanta mayor edad tiene uno, mayor ha de ser la potencia del petardo que tira. Es decir, si mi hijo de diez años tira un petardito, pues yo que soy su padre, no soy gilipollas y tengo 40 años, tiro un masclet aka petardo-que-te-cagas-de-gordo que se pueda oír en Andorra, para que todo el mundo vea que soy el más chulo el más grande y el más hombre a este lado del Mississipi. Sí, ya sé que esto podría considerarse un subconjunto de la extrapolación hecha en el párrafo anterior (ya saben, aquella de “el mundo está lleno de…”), pero quería añadir esa sutil pero importante matización. Sí, probablemente hay más razones por las que son gilipollas, pero esto es un blog, no una enciclopedia y no tenemos todo el día que hay que ver Aída (sí, ¿qué pasa?).

Si usted se identifica con alguno de los anteriores colectivos, no se lo tome a mal; ya sabe que aquí siempre estamos de coña, y ya tiene bastante con pensar que es gilipollas (porque por eso se ha sentido identificado, ¿no?). La verdad es que este post partía de la frase que decía simplemente “Internet está lleno de gilipollas que no saben que son gilipollas”, y ya ven todo lo que ha dado de sí: más de lo que debería. Si fuese capaz de estirar así el dinero, otro gallo me cantaría. Bueno, yo les dejo, que ya me he metido con bastante gente (muchos, a decir por el tamaño de Internet y Valencia), hemos quedado que es domingo, estoy constipado y alguien tendrá que despertar a la mujer que tengo en el sofá (y ustedes va a ser que no). Ah, y tengo la quiniela al lado y a lo mejor si tengo suerte sacamos una de once; no será una fortuna, pero mejor es eso que nada. Ya les cuento, y sean buenos, que siempre hay alguien mirando. Ale, adeu.