13 septiembre 2007

El pasado fin de semana tuve la desgracia de ver una de las peores películas que recuerdo, y la peor desde hace bastante tiempo: Seduciendo a un extraño, con Halle Berry y Bruce Willis. Y lo peor es que ni siquiera la bajé de Internet, sino que la alquilé. Aunque no suelo hacer críticas de películas de DVD, esta se lo merece, porque ni siquiera la presencia de esta impresionante mujer en la pantalla compensa lo que se va a ver, y eso es mucho decir. Les advierto, antes de empezar, que si pretenden verla, cosa nada recomendable, no deberían seguir leyendo mucho más. Bueno, en cualquier caso, no deberían seguir leyendo, porque esta entrada va a ser larga y aburrida.

La historia de esta película se basa en una periodista que después de renunciar a su trabajo, decide embarcarse por su cuenta y la de un compañero en el asesinato de una amiga, a la que encuentra poco después (del despido), y que le cuenta que ha tenido un affair con un publicista reputado a quien ha amenazado con destapar la relación. La película se desarrolla desde ese punto, que no es malo, como digo sin un mal desnudo de Halle Berry como recompensa en toda la película.

Pero empecemos con las pegas. El primero es el amiguito de la prota: un hacker omnipotente. Capaz de obtener datos de cualquier empresa, cambiarlos, acceder al correo ajeno, crear referencias laborales, y de todo tipo de actos posibles o imposibles, aparte de que por supuesto gran parte de sus diálogos están basados en la habitual jerga informática sí, tienen tal y cual sistema, pero no es problema. Claro que esto no deja de ser lo típico para un hacker de película; no hay más que ver la filmografía relacionada. Imagino que otras profesiones —se supone que el sujeto es informático o algo parecido— se verán escenificadas de forma igualmente ridícula. Si con esto no fuese suficiente, el chico está obsesionado con su amiga (algo completamente normal, visto lo visto), hasta el punto de tener una especie de maniquí-collage en la pared al estilo de cualquier psicópata de tres al cuarto, sin que esto, que tu mejor amigo tenga comportamientos ciertamente preocupantes, tenga ningún papel destacable en la película. Imagino que obedece al hecho de que ni el propio director sabía quién iba a ser el malo al final de la película: se rodaron tres finales diferentes. Bravo, Fernando.

El siguiente sujeto en la lista es Harrison Hill, dueño de una empresa de publicidad de Nueva York, gracias a la cual vemos por pantalla no sólo el logo de Sony Vaio en el portátil (un iMac suele ser lo habitual, pero asumo que siendo de Sony Entertainment la película, no era lógico hacerle propaganda a Apple), sino publicidad de Reebok, Heineken o Victoria’s Secret. Aparte de que el personaje es cualquier cosa menos creíble, poco más se puede decir a favor o en contra, y eso es ya bastante.

Por último, está Halle Berry, que para hacer estos bodrios, más le valdría hacer cine porno, donde al menos el argumento suele carecer de relevancia y al menos algunos lo pasariamos mejor. Este personaje es complicado de explicar, y su “motivación” se va descubriendo a través de varios flashbacks indescifrables, en forma de pesadilla-me-despierto-sudando o frente al espejo (¿hay algo más típico?). En éstos, aparece ella de niña y un hombre que parece ser su padre o padrastro, quien presumiblemente abusa de ella. Una noche, su madre lo golpea y lo acaba matando, y entre las dos lo entierran en el jardín… mientras una niña mira por la ventana. Esta niña, cómo no, resulta ser la “amiga” asesinada del principio, quien según parece pasa toda su vida chantajeándole, lo cual conduce finalmente a que Halle Berry decida acabar con ella. Así pues, es realmente ella la que asesina a su amiga, y no el publicista Harrison Hill.

Si bien uno puede llegar a entender el móvil del asesinato de la “amiga”, que le quiera cargar el muerto —nunca mejor dicho— a otra persona carece totalmente de sentido. Si la policía no tiene ninguna pista sobre su asesino, e incluso las pistas puestas en el cuerpo jamás les conducirían a ella, ¿para qué tomarse la molestia de joder al publicista? E incluso de ser así, parece claro que de hacerlo, uno debería ser lo suficientemente inteligente para “montarlo” todo poco antes del asesinato, y no después. Para rematar el despropósito en el que se mueve la cinta, su compañero, con quien ya no se lleva tan bien desde que descubre que fantasea con ella, y dejémoslo ahí, acaba descubriendo el “montaje”, y también es asesinado en una de las últimas escenas de la película al pedir pago a su necesario silencio… mientras alguien observa la escena desde la ventana de enfrente. Una segunda parte no, por favor.

Háganme caso. No pierdan más tiempo que el que le han dedicado hasta ahora. Es *mala*.

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