31 julio 2007

Copyright 2007

Esta noche estaba escribiendo, pero ya ven que soy incapaz de quedarme quieto en mis palabras y necesito pasar a las de otros de vez en cuando. Eso hace mi avance algo más lento y discontinuo de lo que a mi me gustaría, aunque no sé si eso es bueno o es malo, como tampoco sé qué supone para ustedes que yo pase por aquí a estas intempestivas horas nocturnas a decirles, así de pasada, lo chocante que me resulta leer la exposición de los sentimientos (no ideas, pensamientos o tribulaciones) de otras personas, reales, serios, sentidos y profundos, dramáticos, plasmados en palabras, y rematados por un “copyright 2007″.

Claro que eso no hace esos sentimientos menos reales, no. No hay porqué dudar, pero me pregunto de dónde surge la absurda necesidad de proteger lo que uno siente, y pienso que definitivamente, aunque no los haga menos reales, sí, los degrada.

No me hagan mucho caso. Es tarde.

30 julio 2007

+ ONO

Como cada fin de mes, hoy ha llegado la voluminosa factura de ONO. Esta vez, dentro del sobre iba además una hoja apelando a nuestra bondad medioambiental, pidiendo que, por el bien de la conservación de nuestros bosques, del medio ambiente y bla bla bla, sustituyésemos la factura actual, en papel, por el formato electrónico. Hace años, cuando un servidor tenía dinero y era capaz de cierta capacidad de ahorro, solía utilizar una cuenta de Openbank para obtener más rentabilidad que el mísero 0,1% que creo que me da en la actualidad Cajamadrid Obra Social jajaja, y estoy siendo optimista. Cierto día, mediante un banner se me invitó a utilizar la factura electrónica, y al hacerlo, esa cuenta dejó de tener gastos de correo asociados.

No sé dónde están especificados qué parte de los cincuentaypico euros que pago al mes a esta compañía de tácticas de marketing más que dudosas son de correo, porque asumo correctamente que ONO no me está regalando ese servicio. De hecho, no están especificados. Lo cual simplemente implica que yo salvo al medio ambiente mientras ONO se queda con mi dinero. Quizá otro día podría tener otra opinión, pero hoy es lunes y no me da la real gana; estoy harto de que abusando de la responsabilidad social del ciudadano algunas empresas se dediquen a sacar beneficios.

Así que, si por mi culpa este mundo se va a la mierda, que así sea. A la mierda.

En otro ámbito de cosas, hoy ha muerto Ingmar Bergman, nombre fonéticamente molesto donde los haya, y también director genial donde los haya. Si no lo conocen, deberían. Busquen algo que ver; este tipo era más que un genio.

LOPD: ¿proporcionalidad o desproporcionalidad?

[Esto, el jueves pasado en Security Art Work. Si tengo tiempo y ganas, quizá luego, siendo "luego" esta tarde/noche, les cuente algo más. Si no, pues tendrán que esperar más. Mientras tanto, dénse un garbeo y pásenlo bien.]

Imagino que conocen ustedes la LOPD y las sanciones que conlleva su incumplimiento: de 600 a 600.000 euros o más, dependiendo de la severidad y el número de incumplimientos, ya que las sanciones son acumulativas; no es lo mismo tener una página web con los nombres y apellidos de tus empleados, que otra que incluya además información de discapacidad o afiliación sindical con todo lujo de detalles (el ejemplo es inventado). No se preocupen, no vengo a meterle miedo a nadie ni pretendo ser agorero. Vengo a hablar de la proporcionalidad o desproporcionalidad de tales sanciones, algo sobre lo que probablemente ya tengan ustedes formada una opinión.

Uno de los colaboradores habituales de S2 Grupo comenta en ocasiones, en relación con este tema, que mientras la muerte de un trabajador en accidente laboral puede “arreglarse” económicamente con cerca de 120.000 euros, por muy duro y frívolo que eso suene, un incumplimiento severo de la LOPD -o de su acompañante, el RMS- puede conllevar una sanción de varias veces esa cantidad, algo que en apariencia al menos carece de sentido. Personalmente, considero la comparación bastante apropiada, ya que por muy flagrante y grave que sea la exposición de tales datos (sin tener en cuenta que incluso en empresas relativamente concienciadas, no es muy difícil tener alguna no conformidad grave), la muerte de una persona la supera con creces.

No obstante, pienso que esta aparente desproporcionalidad en las sanciones contempladas por la LOPD viene motivada no tanto por las consecuencias que se generan de los incumplimientos detectados, sino de la necesidad de concienciar -casi por la fuerza- a las empresas de llevar a cabo una adecuada gestión de los datos de carácter personal. En otras palabras, una multa de 20.000 euros sería asumible por muchas empresas, mientras que una de 300.000 no lo es; se trata de que el riesgo, tomado como la probabilidad de que suceda un determinado evento en relación con el impacto que éste tiene sobre la organización, sea de una magnitud suficiente como para que deba ser tenido en cuenta. Y la manera más sencilla -y única de momento- de hacer esto es incrementar el impacto, puesto que la probabilidad de la que les hablaba viene de momento limitada por la carga de trabajo de la AEPD. No es un secreto, y si lo es, es un secreto a voces, que la Agencia se encuentra totalmente saturada de trabajo y sus intervenciones están motivadas principal, aunque no únicamente, por denuncias de particulares, más que por actuaciones de oficio.

Dejando al margen consideraciones presupuestarias en las que no voy a entrar y que conllevan a su vez otras relativas a la escasez de personal, pienso que es necesario tener en cuenta que a pesar de la importancia de las sanciones, es de suponer que la AEPD conoce el estado actual de la adaptación a la LOPD en las empresas de este país, y las consecuencias que inspecciones masivas podrían tener en el tejido empresarial. Miguel me apunta además que debe tomarse en cuenta como un factor adicional y de importancia que mientras con la muerte de un trabajador una empresa no obtiene ningún beneficio -o eso es de esperar-, con el trasiego de datos de carácter personal muchas empresas hacen el agosto, y no me refiero únicamente a un beneficio directo (léase venta de bases de datos) sino también indirecto (léase realización de campañas comerciales dirigidas). Esto es, sin duda, un punto a favor de la diferencia en el volumen de las multas que aplica la LOPD en relación con otras leyes.

Visto en perspectiva, y a la vista de lo que iba comentando, es cierto que el riesgo de recibir una multa desproporcionada es relativamente bajo para cualquier empresa que tenga un mínimo cuidado y atención a la Ley y a lo que hace (las cláusulas ARCO donde toca y gestionadas como toca, ficheros declarados, Documento de Seguridad, copias de seguridad, etc). Adoptando un planteamiento futurista, me pregunto qué sucedería dentro de unos años si la Agencia, provista de un cuerpo suficiente de inspectores, fuese capaz de abordar inspecciones sectoriales en masa; ¿no creen que esa combinación de impacto y probabilidad generaría, entonces sí, un riesgo totalmente desproporcionado en relación con la violación de otras leyes tanto o más importantes?

Nota personal al margen: colectivos marginados my ass.

26 julio 2007

Amiranebo (II)

[Esto es un pequeño desarrollo de la historia Amiranebo que escribí en este blog hace ya casi año y medio. El texto de hoy lo tenía por ahí perdido, y he pensado en recuperarlo para ustedes, aunque cuenta básicamente lo mismo de manera más detallada. Por lo demás, imagino que hasta la semana que viene no habrá nada más por aquí. Pasen buen fin de semana, ante todo.]

Un teléfono cualquiera en una mesita cualquiera de una habitación cualquiera de un hotel cualquiera de una ciudad cualquiera. Un jodido teléfono, riéndose por tercera vez en diez minutos, aunque para el que intenta desaparecer debajo de unas sábanas no son tres sino un millón de veces. Viviendo debajo de unos párpados cerrados se tiene la seguridad de que tus cuentas son correctas y si no es un millón quizá sean dos o quizá el doble o el triple o quien sabe cuanto más. Pero no son tres veces. Una, dos y tres. No. Él no ríe; más bien al contrario, aquella risa estridente y mecánica que proviene de algún lugar sobre la mesita de noche le está echando a perder cualquier posibilidad de levantarse de buen humor. Suena como un niño que exige su dosis de atención y que no parará hasta conseguirla. Odio los niños. Un sonido molesto, monótono, excesivamente agudo y una recepcionista lo suficientemente estúpida para no entender una sencilla frase: “No me molesten”. Cualquier idiota entiende eso, pero no ella; nada de qué sorprenderse. Te interrogas por las diferentes interpretaciones de la frase “No me molesten” pero el dolor entra por tus tímpanos y se mete en tu cabeza y así dios así es imposible pensar nada y quieres dormir o a menos que te permitan seguir intentándolo. Se ríe de ti, ella también. Joder. Esta almohada no amortigua nada. Nada en absoluto. Ya lo he decidido, córtenme la cabeza y dénsela a los cerdos, pero que alguien pare eso. Tirado sobre la cama, con una pequeña mancha de saliva justo debajo de tu boca, te debates entre la vida y la muerte, y la decisión es unánime. Eres consciente de que cualquier movimiento que pretenda atajar este terrible sufrimiento que se introduce por tus oídos conlleva un esfuerzo sobrehumano que no servirá de nada. Consciente de que un universo infinito y por tanto insalvable en el que el sonido sí se transmite te separa del maldito aparato, y de que no hay nada en el mundo que puedas hacer para ahogar sus gritos. Se ríe de ti. Todo está demasiado lejos, todo cuesta demasiado. Aún así lo intentas y una mano que parece pesar una tonelada se arrastra penosamente sobre el colchón, tanteando sin éxito en busca del culpable de todo aquello. Babeas las sábanas, pero las consideraciones higiénicas están fuera de lugar ahora. Malditos aparatos, con esa estúpida urgencia suya; malditos. Los odio. Desaparece. Cállate. Deberías haberlo desconectado cuando llegaste aquí. No necesito nada no quiero nada déjenme en paz olvídense de mi existencia. No estoy aquí no existo no estamos. Déjenme dormir, joder, déjenme dormir y no me molesten.

Y de repente, silencio. Y aunque efectivamente el ruido se detiene, vuelve a atacar de nuevo pasados unos minutos. Insistente hasta la victoria final. Finalmente, vencido por un teléfono sin piedad, un cuerpo pesado como un camión sale de entre las sombras y se somete a la llamada de las ondas, con tal de acabar con aquello. Estúpida mujer. Estúpida estúpida.

- Mmmmhhh… Sí. ¿Qué quiere? -un apropiado tono inquisitivo y maleducado que sin duda merece. Silencio al otro lado, una leve respiración y un momento de indecisión.
- ¿Tyler? -un hombre, no una mujer. Una voz grave y clara, y una palabra. Una pregunta. Sí, Tyler. Respira, no te ahogues.
- ¿Quién es? -otra larga pausa- ¿Sí? ¿Hola?
- Hola, Tyler. Escúchame bien. -la voz habla lentamente, tomándose su tiempo en cada sílaba; vocaliza despacio, con cuidado. Casi puedo imaginar los labios, la lengua y los dientes formando los sonidos justo antes de que abandonen su boca-. Tus días de cadáver andante llegan a su fin, es hora de acabar con esto. Despídete de tu familia, chico. -un pitido intermitente al otro lado, ciento veinte pulsaciones por minuto y muchas preguntas sin contestar.

Menuda novedad. Busca la cajetilla de tabaco que hay al lado del teléfono y piensa que debería desconectarlo o luego se arrepentirá, pero eso ahora no tiene importancia. Se lleva un cigarrillo a la boca y se acuesta sobre la cama, sonriendo ante la ironía de la situación mientras observa el humo que sale de sus pulmones subir hacia el techo (¿pedí una habitación de fumador?) y llenar la estancia. Casi debería celebrarlo, porque después de sobrevivir durante cuatro imposibles años al cáncer, que La Muerte vaya a tomarse la molestia de venir personalmente a por ti es, desde luego, por todos los problemas causados, un bonito detalle. Un precioso detalle. Le da una profunda calada y se da cuenta de que en realidad, lo está celebrando. Menuda novedad, se repite. Qué es una amenaza de muerte más, cuando recibes una cada mañana al levantarte, una con cada segundo que pasa. Qué más da una más una menos. Una atractiva variación en las formas y en el mensajero; aparte de eso, nada especial. Tampoco es que tenga interés en acelerar el proceso; pero no se siente impresionado porque el cigarro que se consume entre sus labios es probablemente para él más mortal que cualquier voz al otro lado de una línea telefónica.

Y sin embargo, si llevas esos mismos cuatro años evitando el contacto humano, huyendo de todo, inventándote nombres aquí y allí, persiguiendo el silencio, escuchar tu verdadero nombre por teléfono de voz de un desconocido, un nombre que de no utilizar casi habías olvidado, es como ver un fantasma. Pero uno muy real, uno que no te atreves a negar si aún confías en tus sentidos, y aunque deseas hacerlo, no hay razones para ello. Tyler, ninguna duda. Sí, Tyler, y sí, llevas ya mucho tiempo de prestado sobre este mundo. Demasiado tiempo. Demasiado real. Demasiado cerca. Demasiados demasiado. Pero todo lo demás, todo lo demás no. Eso no tiene ningún sentido, pero desde luego, si hay otra cosa clara en todo esto, es que ese tipo no parecía estar bromeando.

En la habitación de al lado, un hombre utiliza un teléfono cualquiera en una mesita cualquiera de una habitación cualquiera de un hotel cualquiera de una ciudad cualquiera. De una ciudad cualquiera no. De Amiranebo.

24 julio 2007

El sistema de pensiones (o sin tiempo para más)

Como alternativa a todos los datos y opiniones catastrofistas que nos encontramos casi a diario acerca de la sostenibilidad del sistema de pensiones a medio y largo plazo, y para aquellos a los que les guste un poco la economía, ahí va un artículo interesante sobre posiciones e intereses (ocultos), escrito por Vicenç Navarro. Es algo largo, y por supuesto no digo que haya que creerlo todo a pies juntillas, pero lo encuentro bastante ilustrativo y al menos es una voz discordante entre tanto agorero.

Para esos a los que no les gusta la economía o no les gustan los artículos largos, no he preparado nada, así que tengan paciencia; voy algo liado y necesito dedicar algo de tiempo a otros menesteres: escribir.