30 abril 2007

Cuánta hipocresía y yo que viejo

Me temo que esta entrada no va a ser demasiado popular, aunque como ustedes comprenderán, no siempre va uno a decirles lo que les gusta oír; yo no soy su abuela. Y discrepar es sano, se aprende mucho con ello. Ya escribí sobre esto hace algún tiempo, en el papel de abogado del diablo, pero a causa de lo que he leído últimamente, quería repetirlo. Entiéndanme. Yo estoy en contra de la SGAE, en contra de cualquier tipo de criminalización de las redes P2P, en contra de la asociación de la distribución de música por Internet con las mafias terroristas y criminales. Estoy en contra del cánon, tanto el de soportes informáticos como el recientemente aplicado al préstamo de libros -que vergüenza-, y en contra de los derechos de autor eternos y abusivos -pero a favor de los derechos de autor-. Estoy a favor de la copia privada, y considero que el precio de los discos -y de la primera edición de muchos libros- es excesivo. Pienso que las compañías discográficas están dando palos de ciego, y que aquí mucha gente no quiere ver que las cosas están cambiando y aún van a cambiar más.

Pero eso no es todo. Cuando la mejor y única defensa para el uso de las redes P2P que muchos arguyen es el respaldo legal, ese “lo que hago es legal” repetido hasta la saciedad, algo cruje. Ya no es cuestión de defender el acceso de la población sin recursos a la cultura, no. Aquí la cuestión reside en poder bajarse la última película americana de terror adolescente, o el último disco del ganador de OT; eso es lo que algunos entienden por cultura libre. Esa es en realidad la cuestión para muchos detrás de tanta “lucha”, aunque es cierto que no para todos. Miren. Tal como yo lo veo, a nadie le gusta que le obliguen a trabajar gratis; a nadie. Así que aunque sea legal o no, sea punible o no que yo me baje de Internet el último disco de Mika, lo que no me parece moralmente aceptable es obtener el trabajo de otras personas sin que éstas obtengan nada a cambio, y encima, decir que está bien y que tienes derecho a ello. ¿O es que hay alguno de ustedes que trabaje gratis por gusto?

Bajen, copien y compartan ustedes lo que quieran, pero por favor, al menos no seamos *tan* hipócritas.

[En Security A(r)tWork: Lucha contra el spam]

29 abril 2007

Bendito alambre

No les voy a preguntar si alguna vez han sentido deseos de matar a alguien, porque doy por supuesto que sí; hay demasiado capullo suelto como para no haber querido nunca en tu vida librar al mundo de uno de ellos. Pocas tareas más altruistas existen. Seguramente, algunos de ustedes incluso habrán imaginado o hasta planeado cómo lo harían. No sé, incluso es posible que alguien haya llevado a cabo tan reprobable tarea, aunque lo dudo. Esto no son los usa; allí, BANG BANG! y espabilao de marras al hoyo. Qué gran país, ¿no creen? Todo se andará, no desesperen.

Disculpen el desvarío; ya me conocen. Esto venía a propósito de lo siguiente. Intentaré ser breve, pero si no lo consigo, sepan que la intención es lo que cuenta. Como algunos de ustedes saben -y a esos no hace falta que os trate de usted-, hace no mucho tiempo vivía yo en la casa familiar, un chalet apartado de la inmundicia de la urbe. Allí, cuando llega la noche no hay más sonidos que los ladridos de algún perro, propio o extraño, y algún grillo o cigarra cantando; a las proletarias hormigas no las oye nadie, están currando.

En ese silencio, cualquier ruido de un volumen decente se oye en más de un kilómetro a la redonda, y ese ruido solían ser los putos tubos de escape de las putas motos de los putos mascachapas que se paseban por aquella carretera, propicia para coger velocidad, hasta la llegada de los benditos badenes, mal que me pese. Perdonen el vocabulario, es que me enervo. Desde que empezabas a oír el molesto sonido hasta que dejabas de hacerlo, podía pasar más de medio minuto, con el pertinente -y esperado- pico decibélico al pasar delante de la puerta de mi casa. Imagínense eso a las doce de la noche. Así pues, mientras me cagaba en toda su familia estuviera viva o muerta, solía especular con la idea de poner un alambre de lado a lado de la carretera, y sus posibles consecuencias. A veces, hasta visualizaba la escena, aunque por desgracia, mi visión solía ser demasiado realista; nunca les cortaba la cabeza, sino que caían hacia atrás y se partían la crisma contra el asfalto, con parte de la garganta rajada; too bad. No vayan a pensar que soy un sádico o un asesino; es que me molestaban de verdad.

Recuerdo ahora que hace un tiempo unos niños mataron a un motorista mediante este macabro procedimiento. Suerte que no se lo conté a nadie, o vayan ustedes a saber si me habrían imputado como cabeza pensante o quién sabe qué. Bueno, pelillos a la mar, porque en realidad, todo esto era para contarles que hace un par de noches me acordé de aquellas ensoñaciones, cuando tres motos con sus tres correspondientes gilipollas -uno de ellos, por cierto, vecino de mi misma finca- se pusieron a hacer caballetes y carreras a las dos de la mañana justo debajo de mi ventana. Y mientras pensaba en llamar a la policía -¿me estaré haciendo mayor?- y como hace meses, me cagaba en todo lo cagable -disculpen de nuevo el vocabulario- me he dicho a mi mismo que en este caso no sería suficiente con un sólo alambre, y probablemente tampoco con dos, pero… ¿y con tres?

De regalo, y gracias a Singleboy, esa noticia que todos sospechábamos.

Y no se olviden, sobre todo, de que en este blog desaprobamos el asesinato. Aunque sea de capullos. Buenas noches a todos.

28 abril 2007

María (tenia razón)

María es la feliz madre de tres niños -dos niños y una niña- y esposa desde hace diecinueve años de un hombre del que está locamente enamorada. Su vida roza la perfección, en todos los aspectos. Tiene un trabajo que le gusta, un marido que le adora y unos hijos encantadores. Sin embargo, hace mucho que María apenas duerme por la noche, porque a María le atormenta la idea de que una noche algún miembro de su familia la asesine mientras ella duerme. Aunque ella sabe que algo así es una locura, e intenta convencerse de que eso no puede pasar, también se dice a si misma que después de todo, a veces la gente se vuelve loca sin razón alguna, y no se puede hacer nada contra eso.

Una noche, María se levanta, va a la cocina, coge un cuchillo y uno tras otro, degüella a los tres niños y a su marido mientras duermen. Tras esto, contenta por haber encontrado finalmente una solución a su problema, María se mete en la cama y por primera vez en muchos años, mientras su familia muere desangrada, duerme toda la noche sin despertarse.

[En Security A(r)tWork: Tira Cómica]

26 abril 2007

Discusiones de alcoba

La ventaja y a la vez el problema de Google YouTube es que tiene tantos vídeos interesantes, y es un recurso tan, tan, tan fácil, que estaría uno todo el día poniéndoles vídeos, así sin más. Pero como ya he abusado bastante, les voy a recomendar este, que da un buen rollo quetecagas y se pega como una lapa, y voy a pasar a mejores -o peores- temas.

Hoy, para completar el montón de tonterías que me he decidido a poner ahora que tengo más invitados que de costumbre -¿ven como me puede la presión?-, me he decidido a pedirles consulta, a sabiendas de que muchos de ustedes poseen grandes y extensos conocimientos de la lengua del manco de marras Lepanto. Es decir, Cervantes. Como premio, serán conocedores de las interesantes discusiones sobre ortografía que mi señora y yo tenemos en la alcoba, ya que no tenemos sofá.

Hace un par de posts, tras comentar acerca del nuevo blog en el que colaboro, decía yo lo siguiente:

[...] No se crean, no obstante, que por ello voy a descuidar este o se van a librar ustedes de mis esporádicas entradas en materia de defecto profesional, no.

¿Todo normal? Pues no. A raíz de esa entrada, surgió una discusión, basada en la siguiente pregunta: ¿Lleva la palabra “este” de la anterior frase acento en la primera “e”, en su papel de pronombre demostrativo? ¿Sí? ¿No? ¿No sabe, no contesta? ¿Patatas grandes o normales?

Veamos, antes de nada, qué dice nuestra querida Real Academia de la Lengua, la mismita de Cervantes, en un sentido sí y en otro no. Me he permitido la libertad de eliminar el contenido innecesario, en aras de una mayor claridad:

» este, ta, to

1. pron. dem. Designa lo que está cerca de la persona que habla, o representa y señala lo que se acaba de mencionar.
ORTOGR. En este último caso escr. con acento cuando existe riesgo de Anfibología.

» anfibología

1. Doble sentido, vicio de la palabra, cláusula o manera de hablar a que puede darse más de una interpretación.

Anfibología, qué palabra tan bonita, ¿no creen?. Bien. Recuerdan la pregunta, ¿verdad? (la tienen más arriba, no me sean vagos). Las posiciones en este momento son las siguientes:

. A favor del “sí lleva acento” se posiciona L., mi señora, cuya única argumentación -déjenme ser parcial, por dios- está basada en que en este caso “este” actúa como pronombre, y los pronombres demostrativos llevan acento. Les confieso que ella misma reconoció ciertas dudas hacia el final de mi exposición.

NO. A favor del “no lleva acento” se posiciona un servidor, argumentando que no existe confusión semántica respecto al blog que podría descuidar, y apoyado por tanto por la RAE y la falta de anfibología. Se sobreentiende que la sentencia dice «[...] No se crean, no obstante, que por ello voy a descuidar este (blog) o se van a librar ustedes de [...]».

Ahora bien, vistas ambas posiciones, y guiados por su infinito conocimiento y sabiduría salomónica, vengo aquí a pedirles su opinión. ¿Lleva o no lleva acento? Piénsenlo y denme su más sincera e imparcial opinión.

Ah, por cierto, y ya que estamos con la RAE, sepan que una lapa es un «molusco gasterópodo, de concha cónica con abertura oblonga, lisa o con estrías, que vive asido fuertemente a las rocas de las costas. Hay muchas especies, todas comestibles, aunque de poco valor». Qué interesante, ¿no creen?

[En Security A(r)tWork: Falsa Seguridad]

Minutos musicales (Walk of life)

Tengo el placer de presentarles al que fue sin duda mi referente musical durante buena parte de la pubertad, gracias a una cinta casette que mis progenitores hicieron llegar a mis manos a través de sus Majestades los Reyes de Oriente (no me jodan, a esa edad ya sabía yo lo que había que saber) allá por los ochentaypocos ochentaymuchos. Doce, trece años, quizá. Coño, cuanto tiempo.

Aunque hace años que pasé a otros formatos, aún tengo esa cinta.

[Actualización 18:31h. Teniendo en cuenta que nací en 1976, a los ochentaypocos que ponía antes no tenía yo "Doce, trece años, quizá", sino que tendría unos cinco o seis años. Además, considerando que la cinta en cuestión era el recopilatorio "Money for Nothing" del 88, aunque sí que tenía doce o trece años, no era "allá por los ochentaypocos", sino "allá por los ochentaymuchos"]