Supongamos que una Diputación Provincial convoca una bolsa de trabajo. Con temario y todo eso, y lo publica en el Boletín Oficial de la Provincia en cuestión. Qué lindo, el BOP, oficial (y caballero). Para vamos a suponer, veamos…. una bolsa de trabajo para una plaza de psicólogo, sí, eso nos vale. Una bolsa de trabajo para una plaza de psicólogo en un Hospital Provincial. Supongamos eso.
Ahora continuemos suponiendo que una vez está fijada la fecha del examen y el temario, que probablemente mucha gente esté ya estudiando, unas semanas después a la susodicha Diputación le da, de buenas a primeras, por ampliar el plazo de admisión de solicitudes, y cambiar ligeramente el temario. Entiéndase “ligeramente” como absolutamente todo el temario, desde leyes a material específico de psicología. Básicamente todo el enfoque de la materia objeto del examen. ¿Se han fijado ustedes lo bien que me expreso?
Sigan conmigo suponiendo que, después de todo esto, van ustedes al examen, habiendo estudiado poco, nada, mucho o demasiado, y se encuentran con un ridículo examen de 30 preguntas tipo test (ya saben, A, B, C o incluso D) a realizar en cuarentaycinco minutejos. Y para acabar supongan además, que gran parte de las preguntas no tienen ninguna relación con la tarea que habitualmente desempeña un psicólogo. Ninguna. Como por ejemplo, principales factores de riesgo del cáncer.
A lo mejor es que yo soy un mal pensado, no lo niego, ¿pero están ustedes de acuerdo conmigo en que esto huele un poco mal? Léase como esto da un poco de asco.
(Ya saben, también en sociedadanonima.org)

Mauro oía voces. Voces de todo tipo: agudas como el silbido de un tren y graves como el carraspeo de un abuelo. Autónomas, independientes, emancipadas, decenas, cientos, en ocasiones miles de voces, todas dentro de su cabeza, manteniendo conversaciones, discusiones, monólogos que ni él mismo era capaz de recordar. Cuando daba la casualidad de que su atención se centraba en una de ellas, a veces estaba de acuerdo con lo que oía, y a veces no. A veces no. Tengo mucho majadero aquí dentro, pensaba en ocasiones. Y en otras ocasiones, todo lo contrario. Algunas de ellas opinaban que habían estado toda la vida ahí dentro, y que además lo merecían, mientras que otras, aquellas con una vocación más médica, pensaban, con mucho criterio según ellas, que lo que le pasaba a Mauro no era del todo normal. Pero claro, el instinto de supervivencia tira mucho, y eso siempre se oía allí por lo bajini.
