Desde que me he levantado, sólo eso. Así, que, ¿qué otra cosa puedo decir?
Mi vida es una prisionera dentro de mi cuerpo.
La pasada noche tuve un sueño, uno de esos que no llegan a serlo, de los que se tienen justo antes de quedarte dormido. En él, veía a mucha gente, incluido yo, cogida de la mano, felices, sonriendo, formando un círculo, justo como en el juego del corro de la patata (comeremos ensalada). Ya saben. Sólo que no éramos unos cuantos, sino que éramos miles, millones de personas, juntas, contentos, bailando, pasándolo bien. Cágate lorito. Millones de personas jugando al corro de la patata. Éramos, no me pregunten como lo sé, Google. Ya conocen el enlace.
Pero en un determinado momento, al intentar soltarme de mis compañeros, noto que sus manos se aprietan sobre las mías, y las siguen apretando, hasta que me duelen, pero mientras, sonríen y bailan; como si no pasase nada. Jódete lorito. Yo no, claro; a mi aquello no me hace la menor gracia. Y aunque consigo soltarme por unos segundos, sus manos son más rápidas que mis piernas, y con la rapidez que se atraen dos imanes de distinto polo puestos uno junto al otro, sus dedos se pegan a mis muñecas y vuelvo a formar parte del feliz corro, aunque, y de esto no me acuerdo, imagino que yo ya no soy tan feliz. O a lo mejor sí. Oyoquesé.
Un visionario, ya lo sé, eso es lo que soy.
Llega un momento en la vida de todo hombre en que debe enfrentarse a una complicada tarea, una a la que desde tiempos immemoriales el macho ha sido fiel y en la que ha puesto esperanzas e ilusiones, jugándose en ella toda su hombría. Ésta es, como no podría ser otra, medir su miembro viril. Ya saben de que miembro hablo. Porque todos lo hemos hecho, y el que lo niegue, miente como un bellaco; tú lo sabes y él lo sabe.
Pero no es esta una cuestión baladí. Ya que es fácil decir donde acaba, pero, ¿y dónde empieza? Pues empieza por la capacidad de autoengaño que cada uno tenga. Después de todo, uno puede convencerse de que el pene comienza debajo del escroto, y sentirse como un paquidermo… ¿no? Craso error: NO (noten las mayúsculas). Es decir, que en realidad ni comienza ahí ni puede uno autoconvencerse de ello. Todos hemos querido sentirnos alguna vez sexualmente dotados como un paquidermo (visualicen eso) al menos en la fase de contemplación, pero fuera de ese deseo, hay poco más: la realidad impone su ley.
Así que, una vez asumida la cruda realidad, es decir, que tú no eres un elefante, que viéndolo bien, es una realidad que no acaba de resultar tan cruda, ya todo depende de la cantidad de dolor que sea uno capaz de soportar al clavar la regla en el bajo vientre, porque unos centímetros bien valen un poco de sufrimiento, por aquello del orgullo y el honor del Hombre. O del Macho, que en estos menesteres es como que más auténtico. Así que regla en mano, miembro en ristre, la apoyas en el bajo vientre y aprietas hasta que el dolor es demasiado intenso para cualquier cifra. Y cuando has acabado, mientras te masajeas -del verbo masajear- le restas dos centímetros y te quedas tan contento, porque es que es tan difícil engañarse…
Así que finalmente, acaba uno contentándose con lo que tiene e intenta utilizarlo lo mejor que puede, ignorando en la medida de lo posible, ante la imposibilidad de la comparación excepto con órganos profesionales (por decirlo así) y/o “invitados”, dependiendo de la orientación sexual de cada uno, el popular dicho: ‘caballo grande, ande o no ande’.
Así que grande no sé, pero de momento, anda, que al fin y al cabo es lo que cuenta.
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Apéndice I
Por honestidad conmigo mismo, que no con ustedes, no puedo menos que dejarles con el fragmento de un gran texto (léanlo, es mejor que este) de la sublime La Página Definitiva (léanla, es mejor que esta), que mi subconsciente recuperó para ustedes (lo anterior) y no sin esfuerzo, mi consciente ha recuperado para mi (esto), y en parte del cual (obviamente, claramente, precisamente) está basado el anterior:
«Todo aquel que se ha enfrentado alguna vez a la autohumillación que supone ponerse a la labor [de medirse el miembro viril] se ha enfrentado a un grave problema: ¿cómo mido? Las tres escuelas tradicionales son la superior, la inferior y la Tercera Vía o Vía lateral. Lamentamos comunicar que, como todos Ustedes se temen aunque se intenten autoengañar, la escuela que está en lo cierto es la Superior. Aunque quede más cortito el pene se mide por arriba, desde su base hasta el final. En cualquier caso todo aquel que realice la operación constatará que, al ponerse a ello, un nuevo dilema surge debido a la debilidad (esta vez física) de la carne humana: ¿hasta qué punto estoy dispuesto a clavarme la regla en la piel, hasta qué punto estoy dispuesto a soportar dolor físico, con tal de que mi dignidad quede a salvo?»
Hola holita hola. Estaba escribiendo algo, pero he encontrado lo siguiente, que espero les interese. Por una vez, no está de más utilizar contenido externo y más cuando proviene de lugares del nivel de Malaprensa o Arcadi Espasa (para los escépticos de la izquierda, decir que una cosa son los contenidos, y otra la orientación política).
Resumo, aunque puesto que todo el material está en tales blogs pueden si lo desean, y para ahorrar tiempo, pasar a los enlaces originales al final de la página. En cualquier caso, yo voy a ser breve. La cuestión es que hace una semanas El País publicó a doble página una entrevista de Ignacio Ramonet (director de Le Monde Diplomatique) a Fidel Castro, como adelanto de un libro del primero en cuya introducción, y a propósito de la entrevista, dice que habló con Castro (cito desde Malaprensa) «de todos los temas imaginables, y sin grabadora. Yo reconstruiría luego esos diálogos, de memoria, en mis cuadernos.». Pero al parecer, no fue tan de memoria, ya que Arcadi Espasa y sus comentaristas tienen una larga lista de fragmentos que aparecen en el libro y que aparecieron exactamente o casi exactamente con las mismas palabras en entrevistas y discursos de años anteriores.
Tres comentarios, simplemente, aunque tampoco aquí voy a ser nada original. Aunque no importa, una vez confesado; nada importa.
Uno. La falta de rigor del defensor del lector de este periódico, que elude cualquier tipo de disculpa ante estos hechos probados y fácilmente verificables, y se va por las ramas. Con un “lo sentimos, metimos la pata” estoy seguro de que habría sido suficiente, pero eso era incluso demasiado.
Dos. La falta de honradez del individuo Ignacio Ramonet. No sé cómo, un tipo que se las da -tengo libros suyos- de criticar los medios de comunicación, la manipulación informativa, y acusar a diestro y siniestro de este tipo de prácticas, puede llevar a cabo tal tipo de engaño absolutamente vergonzoso, por no decir otra cosa. Bueno, sí lo sé y a la vista está.
Y tres. Me sorprende -o no, la verdad- que ningún medio de comunicación tradicional se haya hecho eco de este escándalo, que es básicamente lo que es, ni siquiera los que están en contra -eso se llama corporativismo-, cuando estoy seguro de que en Estados Unidos (aka Evil Empire) se habría puesto el grito en el cielo por mucho menos.
Pero bueno, a estas alturas de qué nos vamos a asombrar. Al menos, Ramonet ya puede tener tertulias literarias con Ana Rosa Quintana.
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Enlaces:
[Arcadi España, los descubridores]
[Malaprensa, en el artículo comentando a Arcadi (es decir, el enlace previo)]
[Malaprensa, en el artículo comentando la respuesta de El País (ya vale de enlaces externos)]