Después de nueve horas extras seguidas (con pizza barbacoa y Pepsi incluídas, 100% geek) delante de una pantalla de ordenador escupiendo comandos de Unix* entre otras cosas, uno no sabe si sentirse idiota por pasarse la tarde y la noche trabajando, o sentirse privilegiado porque después de todo, piensa que el tema no tiene importancia y siente que realmente disfruta resolviendo problemas en su trabajo, aunque estos impliquen que tenga que irse a la cama a las cuatro -y pico- de la madrugada.
O bueno, si sentirse idiota por no sentirse idiota, pero eso es demasiado para mí a estas horas de la madrugada, así que creo que me quedaré con la segunda y no se hable más.

Crêpes.
