30 septiembre 2005

Ratas (I)

Durante algún tiempo he sido reticente a publicar en el blog algunas cosas que tenía escritas, por diversas razones. Bien, ya va siendo hora. Este cuento se llama Ratas y esta es la primera parte.

Ignoro durante cuanto tiempo fui vecino del señor Nicolás, pero sí sé que cuando lo vi por primera vez me pareció a simple vista un viejecillo bastante normal. Pequeño, algo encorvado, y vestido con lo que a posteriori sería su indumentaria habitual, a saber, su eterna chaqueta de lana, una camisa a cuadros y unos pantalones de pana, podría haber pasado por mi abuelo. Nunca llegué a conocer su verdadera edad, pero en aquel momento me dió la sensación de que su cara, repleta de arrugas, le hacía parecer mayor de lo que en realidad era. Y eso es básicamente todo lo que me queda de nuestro primer encuentro, algunos días después de que yo hubiese ocupado la vivienda que se encontraba frente a la suya.

Al principio, nuestra relación fue absolutamente tranquila, y tampoco es que yo desease, aunque no por nada en especial, que esto cambiara; afortunadamente al parecer ambos mostrábamos el mismo interés por entablar amistad con el otro, es decir, ninguno en absoluto. Nos encontrábamos en ocasiones en la escalera o, hasta que éste dejó de funcionar, en el ascensor, y tras intercambiar los saludos de cortesía con sus correspondientes sonrisas, mi mirada se perdía en la, a decir por mi comportamiento, fascinante estructura metálica que rodeaba el hueco del ascensor, mientras que sus ojos se afanaban en buscar en los grises azulejos del suelo aquellos insignificantes detalles que por alguna extraña razón, yo consideraba menos importantes que las formas geométricas del enrejado. Durante algunas semanas este fue el único contacto que mantuvimos, durante el cual los dos intentamos en la medida de lo posible no interesarnos por la vida del otro, política que pese a mis deseos no se prolongaría demasiado.

Observé al poco de llegar que a menudo almacenaba botellas y algunas bolsas de plástico en el suelo, pegadas a la pared, algo que para mí no suponía inconveniente alguno y tampoco era motivo de sorpresa puesto que ya lo había visto, o más bien sufrido, en otras ocasiones. El caso es que en ese momento no me pareció adecuado llamarle la atención, siempre con miras, más que a mantener un trato amistoso, a no dar pie a ningún tipo de trato, amistoso o de cualquier tipo. El problema comenzó poco tiempo después, cuando me di cuenta que había comenzado a aplicar ocasionalmente esta, en un principio inofensiva medida, a lo que yo ya consideraba un tanto instintivamente mi territorio, y de tal forma que no sólo lo encontraba lleno de objetos, sino que no pocas veces llegaba a obstaculizar, de un modo que parecía intencionado y cuya idea me apresuraba a expulsar de mi cabeza, la entrada de mi casa. Fue a partir de entonces que el problema se me hizo patente, cuando comencé a considerar lo que aquel viejo dejaba en, ahora ya tanto su lado como en el mío, es decir, allí donde le venía en gana, como basura.

(…)

Hogar, dulce hogar

La localizacióm de mi piso puede verse aquí. Podría acotar un poco mas -googlemaps lo permite-, pero me queda algo de paranoia y no me hace mucha gracia publicitar el lugar donde voy a vivir más que hasta lo que veis en la imagen. Además, teniendo en cuenta el tamaño de Valencia, creo que ya está bien.

Para aquellos que conocéis Valencia, y para aquellos que no la conocéis, algo a la izquierda que parece un campo de fútbol es la estación de autobuses, y un edificio gris delante de un puente (sí, lo del centro es el cauce del rio) es el IVAM (Instituto Valenciano de Arte Moderno).

¿Qué, os gusta el sitio?

29 septiembre 2005

Innovas… ¿conmigo?

Demos un paso hacia delante.

Quiero gente que tenga un blog, y que quiera cambiarlo por el mio por un día. Yo escribo algo, y lo cuelgo en tu blog. Tú escribes algo, y lo cuelgas en mi blog. Quizá eso que ibas a colgar en tu blog hoy o mañana, simplemente, sin más. Sin restricciones de contenidos sin modificaciones, sólo texto e incluso imágenes si quieres. Nos mandamos las entradas y el día especificado, simplemente colgamos el de la otra persona. Puede ser interesante alternar de audiencia, de mundo, de estilo, y dar a conocer otros blogs a tu “audiencia”, y tu blog a otra “audiencia”. Un poco de aire fresco nunca viene mal.

Y es más, pienso hacer esto permanente. No dejaré de escribir, está claro. Y lo seguiré haciendo aquí. Pero también escribirán personas que no soy yo, con cosas que decir más interesantes que las mias o menos. Y yo escribiré en otros sitios. Creo que puede ser sumamente interesante y divertido.

Qué me dices, ¿te interesa? Mándame un correo a sebastiandell (en) gmail.com o deja un comentario en este post. Si tú no te apuntas da igual, otros lo harán.

28 septiembre 2005

El día del político

¿Qué tal si me votas? Es más, ¡VÓTAME!

¡Porque yo lo valgo!

27 septiembre 2005

Me llaman Mil Ojos

Foto cortesía de Luis B.