31 agosto 2005

Yo, Cavell y una pelirroja

Miro por la ventana. Un sol cojonudo y yo aquí dentro delante de un texto de un tipo llamado Stanley Cavell al que soy totalmente impermeable. Miro a una preciosa pelirroja que tengo delante. Sabe que le miro, pero sólo lo hago de vez en cuando, como quien no quiere la cosa. Esto es difícil de verdad. Leo el párrafo. Una y otra vez. Van nosecuantas ya. Y no entiendo nada. Llevo media hora en dos párrafos. Cinco hojas en toda la tarde. Pero coño, !no entiendo nada¡

Levanto la mirada. Miro a Lourdes y Mariola. Mariola me saca la lengua y le correspondo. La pelirroja mira, la veo con el rabillo del ojo. El no ya lo tienes, recuerda. Típica frase que no sirve de consuelo ni de nada. Dile algo, idiota. Pégale una patada. Pero suavemente. Pídele algo. No. Paso. Miro al infinito. A Lourdes. A Mariola. A un tipo que se sienta a su lado. Considero por un momento apagar el reproductor MP3. No. Voy a seguir sin entender nada y además no estaré oyendo música, así que mejor lo dejo como está. Vuelvo al estudio. Bueno, a mis ojos sobre el papel impreso.

Finjo estar profundamente concentrado en lo que leo, pero lo cierto es que no hay manera de concentrarse con esta chica delante. Vaya, aquí hay un pensamiento interesante. Todos lo son, en realidad, pero no entiendo cómo llega hasta ellos. Juego con el boli. Pongo las manos sobre la cabeza. Ahora sobre los reposabrazos de la silla. Pensamiento: ¿Me sentiría muy diferente si estuviese sentado en esta misma silla pero no tuviera reposabrazos? Si apenas los uso. Un segundo. Dos segundos. Tres segundos. No sé. Dejo el boli en la mesa. Miro el móvil. Intento estudiar. Un mechón de pelo pelirrojo -claro- le cae por un lateral. Me gusta eso que lleva puesto. Pero no lo mires tanto, que se va a dar cuenta. Le mando un mensaje a Mariola diciéndole lo buena que está. Se parte. Me contesta que haga algo. Ya, como si fuera tan fácil. Me rio. Mariola se rie dos mesas más lejos.

Miro de nuevo por la ventana. Y a ella. Es guapa. ¿Veinte años? No, algunos más. Bueno. Me da igual. Me gusta, tenga la edad que tenga. Que más da. Cojo Sin noticias de Gurb de la estantería de detrás. Ni hecho adrede. Me recuesto en la silla. Abro aleatoriamente y leo quince páginas. Me muero de risa. Ya. Vuelvo a mis textos. Al boli en mi mano, en la mesa, encima de los apuntes. Al boli rodando en la mesa o en mi boca. A mi estéril concentración. A mis miradas furtivas y a las suyas, que ella también las practica. A mis cinco artículos de Cavell. Al mis ojos en busca del infinito y más allá. A mi ventana y a mi móvil. Joder.

Menos veinte. A las ocho nos vamos. Parece que Mariola se divierte. Bueno, dame un poco más de tiempo. Tengo que acabar de estudiar una cosa. ¿Seré capaz de irme con la pelirroja aquí estudiando? ¿Seré capaz de dejarla sola? Valoro la magnitud de mi estupidez supina y el absurdo de mis pensamientos, aunque no me sorprendo. A buenas horas, después de veintiocho (28) años. Una amiga de la pelirroja me saca de la indecisión. Recoje sus trastos rápidamente y se va. Ni una triste mirada atrás. Menos diez. Pasan cinco minutos. Me aburro.

¿Nos vamos?

30 agosto 2005

Ipotecas e Ijoputas se escriben con hache

Aquel que dijo lo de dinero llama a dinero debía estar pidiendo una hipoteca.

Porque como vayas más bien justo, peleando entre ese puto 80% y el 100%, contando lo que te va a soplar el notario, y rezando para que el señor tasador tenga la mano floja el día de la tasación de “tu” nuevo piso, te vas a tener que joder con lo que te den. Se puede rascar, se puede pelear, se puede regatear, se puede y se hace, faltaba más, pero no está hecha la miel para la boca del asno.

Ese 0,35% no es para tí, chavalín. Pase por aquí, señor Pérez. Sientése, por favor, señor Pérez. A sus pies, señor Pérez. ¿Un café, señor Pérez? Y es que como te salga el dinero por las orejas, la hipoteca casi te la regalarán. Déme sus condiciones a mi, ijoputa, que la hipoteca ya me ha dicho usted que me la da y mi dinero vale tanto como el suyo. Ya verá usted cuando yo tenga dinero, ya verá…

El día que sea dueño del mundo voy a cogerlos a todos y meterlos en la mina, a picar piedra, por ijoputas.

(Y quizá aquél no estaba pidiendo una hipoteca. Quizá era banquero)

No soy Garci. Gracias a dios.

He visto películas estos días. Pero como no soy el puto Garci en su puto programa, pues como que voy a ser breve. Sin City, Extrañas coincidencias, Primer, La Isla, SÍ. El sonido del trueno, NO.

Brief enough.

Music kills me

Y mi trabajo de Cavell, también.

27 agosto 2005

Recomendamos Música

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Y eso es, sin entrar en detalle, lo que suelo oir cuando estoy aburrido y cuando no lo estoy. Y esto, lo que suelo hacer cuando estoy aburrido y cuando no lo estoy.

Queda claro, tras esto, porqué no existe una columna titulada “Recomendamos música”.

Dilemas

Os voy a contar, ya que no tengo nada mejor en la cabeza, o mejor, es lo único que tengo en la cabeza, el dilema que navega por mi cabeza estas últimas semanas. Intentaré ser breve sin conseguirlo.

Soy Ingeniero Informático. Justo el año que acababa me matriculé en la licenciatura de Filosofía en la Universitat de València. Y ahí he estado durante cuatro años, tras un año más que desastroso, completando un total de 155 créditos de un total de 300, con una media que debe estar en torno al 8.8 aprox.

Pues bien, de un tiempo a esta parte, estoy quedándome sin tiempo para dedicarlo a estudiar. Necesito más tiempo para leer, más tiempo para escribir, más tiempo para salir, más tiempo para ir de fiesta, más tiempo para tomar cervezas, ya que abandonado por mi ex a mi propia miseria, he de dedicar tiempo a ponerme en circulación. Y cada vez me cuesta más sentarme a estudiar, a escribir trabajos, a estudiar a Hegel, Kant o Aristóteles. A leer artículos apuntes y libros, releerlos, estudiarlos, analizarlos, esquematizarlos, a digerirlos o no y a vomitarlos. Por no hablar de mi escepticismo hacía el papel de la Filosofía actual en el mundo contemporáneo.

Lo que ha hecho que lleve dos meses considerando seriamente abandonar la carrera y dedicarme a otros menesteres. Ese es el dilema más grande. Supongo que gracias a Geno, Lourdes, Mariola, Óscar, mi madre y algunas personas más, el interés que tengo por gran parte de la Filosofía y para evitar la sensación de fracaso y rendición, continuaré allí un año más al menos.

Pero el dilema más inmediato es el siguiente. Asumiendo que continúo, tengo un examen el jueves para el que no he estudiado, para el que no me apetece estudiar, y para el que tengo que hacer un trabajo que ni he hecho ni me apetece hacer. Estoy en mi última semana de vacaciones en meses y debería empezar a mirar hipotecas. Pero aún así, me siento obligado sin que ello desgraciadamente me lleve a mover un solo dedo. Si al menos el sentimiento de culpa funcionase como un resorte de acción imparable. Pero no, para eso se necesita fuerza de voluntad que es otra cosa muy diferente.

En eso trabaja mi cabecita estos días. Y esto es todo lo que tengo que decir al respecto.