22 julio 2005

Muto, luego existo

Pues sí, señores y señoras, señoritos y señoritas, caballeros y … bueno, pues eso. Que cambiamos de nombre. De piel, como las serpientes. Mutamos. La evolución, es lo que tiene. A mejor, por supuestísimo.

Bases:

a. El nombre me tiene que gustar a mi. Está condicion es necesaria aunque no suficiente. Por lo demás, puede ser cualquier cosa que os apetezca. Pero sed originales, por favor.
b. Me comprometo a cambiar de nombre este blog, manteniendo no obstante y durante un periodo de tiempo no determinado www.unsociability.org, hasta que los enlaces y demás se actualicen. El nuevo nombre, no obstante, figurará como principal.
c. Periódicamente -es decir, cuando me rote-, iré actualizando la lista de nombres propuestos, con su autor y los votos obtenidos por cada uno de ellos. Podréis acceder a esta entrada desde la barra de la derecha.
d. El autor tendrá derecho a ciertos privilegios que aún no he pensado (¿un post semanal -no se quien coño podría querer escribir aquí, pero bueno…-, un link y una mención especial? si es fémina, los privilegios se amplian), a los que obviamente podrá renunciar. Si soy yo no, que me la trae floja. Se admitirán sugerencias y peticiones. NOTA: Si no tienes blog donde localizarte, y no te conozco, mándame un correo para que yo sepa cómo contactar contigo si sale el nombre que has propuesto (por favor, se breve y pon algo identificativo como título del correo. No queremos que se lo coma el filtro del spam, ¿verdad?). En ese caso, aceptaré como autor del nombre el primer correo recibido reivindicando la autoría de éste. Así que no te duermas en los laureles.
e. Por último, como es obvio, el nuevo nombre está sujeto a disponibilidad del dominio.

Metodología:

Utiliza los comentarios para proponer un nombre y pincha en cada nombre en la lista de debajo para votar por él. El voto, en estos momentos, tanto como la lista de nombres, no se actualiza automáticamente sino a manubrio, ya sabes, como tu novio o novia. Así que un poco de paciencia, por favor. Y no abuséis. Que lo veo todo.

He aquí los nombres propuestos hasta ahora (22/07/2005):

1. www.unsociability.org Autor: yo mismo, Votos: 4
2. yonosoyunhongo.com Autor: yo mismo, Votos: 5
3. yonosoychungo.com Autor: El Abuelo Cascarrabias, Votos: 1

Me meto en unos fregaos yo solito que pa qué… Si total, ¡nadie va a decir ná!

Terrorismo

Venía hoy en el periódico gratuito Qué!, que «150.000 niños pueden morir hoy en Níger». Obviamente, estarán exagerando. Ya se sabe, estos periodistas, que son muy catastróficos. Un poco de sentido común. Supongamos que son muchos menos. Digamos que son la décima parte solamente, unos quince mil niños.

Ahora imaginemos que hoy mismo hay un atentado en cualquier ciudad “occidental” y matan a quince mil personas. Bueno, no seamos animales. Un poco de sentido común, que quince mil es algo más que un pueblo. Asesinan sólo a una tercera parte de ese número. Es decir, cinco mil personas.

Ahora, ¿es necesario que de el tercer paso?

¡Pero que sueño, por dios! (y la virgen María)

Desde hace semanas, siempre me levanto con el mismo pensamiento: «Hoy me voy a la cama pronto». Y siempre me acuesto con el mismo pensamiento: «Mañana tengo que irme a la cama antes».

Y nunca nunca nunca, nunca, nunca lo hago. (Y además, esta frase es redundante).

(Y vótame, ¡que es gratis, leches!)

Yo no soy un hongo ni una mosca

No sé cómo es ser mosca. Nunca lo he sabido, y ya sé que suena absurdo; menuda verdad de perogrullo (otra palabra que me gusta). Es algo tan obvio que incidir en ello es casi redundante. Pero si yo fuese mosca, y además de serlo pudiera pensar como una persona, supongo que lo que no haría sería dar por culo durante más de quince minutos posándome en los pies y las piernas de alguien. Y si lo hiciese, estaría ojo avizor, por lo que pudiera pasar. Por lo menos, para intentar no acabar mi existencia como mi última víctima, aplastada por una chancla de playa en el suelo de la habitación de un desconocido. Un ser vivo; vivito y coleando y dando por saco, hasta que le he dado caza, a pesar de que no podía pensar como una persona. Excusas, excusas. Una auténtica pena, si señor. Así que ya sabéis. Si algún día sois moscas, no vayáis tocando los cojones. Por lo que os pueda pasar.

En segundo lugar, estoy considerando la posibilidad de cambiar de nombre. No, yo no. El blog. Y la alternativa es www.yonosoyunhongo.com. Se os emplaza a que pinchéis sobre los links que tenéis a la derecha, Unsociability.org, o Yonosoyunhongo.com, según vuestras preferencias. Veamos, la letra pequeña. Uno, el concurso es no vinculante. Es decir, que luego yo haré lo que me de la gana, como es natural. Dos, podéis votar tantas veces como queráis, aunque pido sensatez. Obviamente, yo tendré que contar los votos, y ya me las apañaré para filtrar los excesos de impetuosidad. Teniendo en cuenta el primer punto y que por supuesto no hay premio que valga, lo que hagáis con vuestro tiempo es cosa vuestra. Y por último, no hay plazo determinado para el fin de las votaciones. Creo que al menos, hasta el fin del concurso de blogs de 20 minutos (por cierto, ¿me has votado ya?). Os iré manteniendo al día sobre las votaciones.

(A lo mejor a alguien que haya leido esto -a algún ijoputa, vaya- le mola el nombre y va y me lo roba. Si lo quieres, al menos dímelo, leches, que no hay problema. Trankis, me buscaría otro.)

21 julio 2005

Manolete al habla

Ayer me cortaron el pelo; no es que guste demasiado, pero bueno, el pelo me crece rápido y a lo hecho pecho y a joderse tocan. Supongo que me resultaría más cómodo seguir autocortándomelo al uno o al dos, como he hecho prácticamente de forma ininterrumpida, y a pesar de mi ex, desde que volví de Atlanta, el último año del pasado milenio. Más cómodo pero menos estético, a decir por la opinión femenina popular, a excepción de Geno.

Era un bonito tema de conversación. Porque a la vista de mi cabeza, el ¿tú eras un niño malo, eh? (y mi respuesta No, los malos eran los otros niños) era habitual. Porque es que si me miras la cabeza, parezco un muñeco de trapo, por el número de remiendos que llevo. Es que de nano tenía unas costumbres bastante extrañas, al menos las que recuerdo. Me daba por meterme debajo de las cosas y olvidarme de lo que había sobre mi cabeza, y claro, tenía unos despegues en vertical que acababan con mi cabeza en la Fe y yo resoplando como un búfalo por indicaciones del personal correspondiente (aún no me interesaban las enfermeras, una pena porque con las visitas que hacía…). Porque es obvio que si sustituyes ‘cosas’ por ‘banco de piedra’ o ‘remolque trailer’, pues está claro que mi cabeza llevaba todas las de perder. Al menos, hice bastantes intentos como para estar muy seguro de que mi chola no puede competir en dureza física con el hormigón o el acero (soy todo un empirista). Durante bastantes años, mi periodo vacacional vino acompañado de un puñado de puntos a distribuir libremente por la superficie de mi cabeza. Y es que llevo cosido medio cuerpo, hasta el punto de que cuando iba a la Fe, me ponía a soplar antes de que la enfermera me lo dijese. Seguramente por eso me he quedado así.

También tenía la extraña manía de entrar en el coche por la ventanilla, pero a lo bestia, con carrerilla. Hasta que, claro, un día topé de manera imagino que bastante dolorosa con el freno de mano, o él topó conmigo, lo que me dejó una bonita marca entre la nariz y el labio superior e hizo que a partir de entonces, utilizar las puertas me pareciese mejor idea. Y de los coches a la velocidad. Tirarse montado, con aproximadamente un año y medio de edad, en una especie de bicicleta de madera (si, esa, que tiene más de 25 años de antigüedad), sin frenos y de estabilidad más que discutible, por una pendiente de treinta metros con un ocho o nueve por ciento de desnivel, no es sensato. Porque los pies a veces frenan… y a veces no. Sin comentarios. La ostia también debió ser antológica. Y en plural.

Y por todo esto y mucho más, tengo un recuerdo bastante grato de mis primeros años de estancia en este planeta. A pesar de lo accidentado.

(Sí, me llamaban Manolete. Menos mi hermano, que me llamaba Enete :)

Actualización de última hora: El labio no me lo partí en la rampa de mi pueblo, sino el día que me regalaron la bici, con el manillar de la propia bici. Mis padres se llevaron al parecer una buena bronca de la chica que me cuidaba. Se lo tienen merecido. La ostia fue en el garaje de nuestra ex casa de Burjassot, contra un pilar, mientras me giraba simpáticamente a decirle algo a mi hermano. En ese caso, imagino que la velocidad era mayor.

Mi madre puede dar más detalles.