30 julio 2005

Tengo un tractor amarillo

A las ocho de la mañana funciono con el piloto automático puesto. Te levantas te cagas en el trabajo te duchas te vistes te miras al espejo cojes el coche y conduces. Todo ello aderezado por los correspondientes tengo que dormir más y esta noche me acuesto antes. Pero cuando en mitad de una avenida de entrada a Valencia, de cinco carriles y en hora punta, el coche se te cala atravesado, y no parece arrancar ni a la primera ni a la segunda ni a la tercera como suele ocurrir, sabes que esa mañana ya no te hará falta café.

Y si estuvieras de humor pensarías en aquel ¡Carlos, arráncalo, por Dios! pero no tienes ganas ni tiempo para chistes. Así que sólo puedes mirar al tipo del Mercedes, asentir con la cabeza y apretar el botón de arranque esperando que de una puta vez se ponga en marcha y que la gente sea tan comprensiva como tu lo serías en su lugar.

Eso sí, diez minutos más tarde, cuando has salido del aprieto, te acuerdas de la Renault de sus -de tu- Meganes de Fernando Alonso y de la madre que los parió. Aunque al menos, reconoces que te has ahorrado el café de la mañana.

(… que es lo que se lleva ahora)

29 julio 2005

Absurdos

David tenía miedo de salir a la calle. Se pasaba el día en su mansión, anclado a un vagón que se movía por unos railes sólidamente fijados al suelo. Y es que estaba seguro de que la gravedad la tenía tomada con él. Pasamos años y años intentando convencerle de lo contrario, sin éxito. Ya sé que suena algo psicótico, pero aparte de esta pequeña manía, era una persona completamente normal.

Ayer, una bonita chica pecosa le invitó a tomar una cerveza. Accedió al instante para nuestra sorpresa. En cuando pisó la calle, salío disparado hacia el cielo, como si cayese hacia la estratosfera. Así que va a ser verdad eso de que a la gravedad no le caía demasiado bien.

David, si estás ahí, escribe. Tu familia y tus amigos te echamos de menos.

28 julio 2005

Todo es posible

«No tiene pérdida», te dicen. «Cuando llegues allí lo verás, no te preocupes, se ve enseguida«.

Pero cuando llegas allí no ves nada. Lo veré, piensas. Ya, claro. Hasta que le preguntas a un abuelo, que sin ni siquiera abrir la boca señala con el dedo un cartel gigantesco que tienes a diez míseros metros, delante de tus propias narices. Y en lugar de pensar que lo acaba de crear con el simple gesto de su dedo porque está claro que hace un segundo NO estaba ahí, y reconocer que te encuentras por tanto frente a un poderoso ser, admites que sí, que es verdad, que no tenía pérdida.

Conclusión a): Maldita lógica esta que nos hace rechazar de por sí todas las posibilidades fantásticas que caben en este mundo.

Conclusión b): A veces no sé si miro, veo, observo o no hago ninguna de estas cosas.

(Confieso que me resistía a quitar el cartel de ayer, pero como decía Queen, The show must go on)

27 julio 2005

Hey sugar, take a walk on the wild side

Vacaciones santillana

No me gusta eso de planificar las semanas de vacaciones por adelantado. Odio pedir vacaciones para dentro de dos o tres meses, ¿porque quién sabe dónde estaré yo para entonces? Es que eso de pensar que dentro de x semanas tienen que apetecerme las vacaciones, así de repente, porque sí, una semana, es cansado, de verdad. A mi me va más el aquí te pillo aquí te mato: “T., la semana que viene la quiero de vacaciones. ¿Algún problema?”. Y generalmente, la respuesta es no. Supongo que porque lo hago poco a menudo y las vacaciones se acumulan se acumulan se acumulan, y acabo teniendo demasiados días de vacaciones en nómina.

Así que cuando ya tenía reservada desde hace un mes la última quincena de agosto y T. ha venido diciéndome que aún me quedarían doce días y que me tenía que coger más días, me ha resultado estresante la elección.

Porque ya sé donde estaré las dos últimas semanas de agosto, pero, ¿qué habrá sido de mi vida para la primera semana de septiembre?