29 agosto 2004

Operación retorno de vacaciones

Dentro de unos días, cuando acabe la operación retorno de vacaciones de la DGT, los organismos públicos correspondientes y las cadenas de televisión empezarán a lamentarse del número de víctimas que, como dicen ellos, la carretera se ha cobrado este agosto.

Lo que más me sorprende es que, valga la redundancia, alguien se sorprenda de que los números no sean el doble o el triple. Es decir, me parecería mucho más normal algo como: “Afortunadamente, este agosto sólo se han matado X personas en las carreteras”, visto como conduce la gente. Dejando aparte que las carreteras y la señalización en este país deja mucho que desear, la mayoría de los conductores desconocen los límites de velocidad (esto *no* es Alemania), adelantan cómo buenamente les da la gana (de carril a carril y tiro porque me toca), y desconocen el concepto de distancia de seguridad… y que las luces “largas” no son para que te apartes del carril rápido, por poner algunos ejemplos. Sólo es necesario conducir un poco por autopista para ver muchos ejemplos. Lo repito: no se cómo la gente no se mata más. No se de qué nos sorprendemos.

No es cuestión de ser optimistas; sólo hay que ser realistas.

27 agosto 2004

Recibiendo (¿h?)ostias

Soy un put* cobarde (que no un cobarde put*).

Jamás en mi vida me he peleado. Prefiero huir antes que dar con mis huesos en el suelo o algo peor (no, no tiene nada que ver con el pacifismo o el amor al prójimo: es simple cobardía). Y me encanta. Todo eso del honor, la dignidad, la masculinidad, etc etc, esta muy bien, pero si correr es sano, ¿para que recibir ostias? Ah, y que dure muchos años.

Bonito pensamiento. Quizá luego me dé por ampliarlo. Amén.

20 agosto 2004

O.C.

Anoche tuve “la fortuna” de ver, durante casi una hora, la “serie revelación de la temporada”, en palabras del corte publicitario que la anuncia. Y sin duda, dado el encefalograma plano de la mayoría de los adolescentes (esto no pasaba en dynamics época) de este país, no me extraña.

OC trata de un grupo de pijos y pijas, todos muy guapos y muy atractivos y con mucha pasta. Musculitos hormonados los unos, unas guarras en celo las unas (ellos también están en celo, pero eso es más típico). Eso asegura al menos una pelea y algo de fluidos por capítulo. Coge a dos, uno de cada sexo, que están igual de buenos que los demás, les dotas de un mínimo de inteligencia (medio cerebro servirá), de modo que en comparación con los demás parezcan Einstein y Curie, les metes todo tipo de problemas en la cabeza (divorcios, novio, reformatorio, suicidio, me-quiere-no-me-quiere…) y ya tienes la serie montada.

El resto es fácil. Crea todo tipo de conspiraciones de unas contra otras (todos lo sabemos, las mujeres se odian) y de peleas entre ellos (todos lo sabemos, los hombres se odian). Haz que ellas peleen por los machos y ellos por las hembras y no te olvides de la máxima universal “los que se pelean se desean”. Intenta que los padres sean como máximo tan profundos como los hijos, y de paso, crea alguna situación de infidelidad matrimonial. Cuantos más estereotipos, mejor. Finalmente, recúbrelo todo de un aura de nihilismo y verdades como “la vida es un asco” que siempre suenan mejor cuando las dicen los pijos, y la tendrás lista para servir.

Terrible, terrible.

18 agosto 2004

El Código Da Vinci

Imagino que cualquier persona que tenga intención de leer dicho libro, no debería seguir leyendo. Aunque mejor pensado, casi debería seguir leyendo y así ahorrarse una decepción. Porque el CDV no es otra cosa que una mediocre novela semi-policiaca (hay policias, y en cierto sentido, también hay ladrones) con un buen montón de pequeños misterios e hipótesis que no sólo carecen de credibilidad -eso sería perdonable, es una novela de ficción- sino que también de interés. Es decir, mucho ruido y pocas nueces.

Entretiene, si, pero para que nos vamos a engañar, ver a los frikis de A3 por la mediodia también entretiene y no por eso es recomendable. Afortunadamente no desvelaré el final, sólo diré que en 50 páginas *nada* puede decirse. Lo que es básicamente lo mismo que contar el final, y de lo que se darán cuenta cuando lleguen a 50 páginas del final.

Ánimo. Atrévanse y leánlo. Y eso sí, cómprense el libro; que de algo tienen que vivir las editoriales.

17 agosto 2004

Coincidencias

Hace dos meses *justos* que escribí el último post. Juraré ante quien haga falta que no ha sido premeditado. Menuda coincidencia.