24 diciembre 2003

Cambios

Hace casi una semana que no escribo, y no es que no haya tenido tiempo para hacerlo, sino que no he tenido ganas, más que nada porque hasta hace un par de días se me comían los nervios.

En condiciones normales, este comentario debería ser sobre el Señor de los Anillos, película que ví el viernes. En pocas palabras, igual de increíble que las otras dos. También hay que reconocer que, después de ver la primera y la segunda, hay pocas razones para no ver la tercera, sea buena o mala (que es precisamente de lo que se aprovechó Matrix). Afortunadamente, es una gran película.

Dejando eso aparte, decía hace algún tiempo en comentarios -según Atzlán- woodyalleniescos que había identificado el origen de mi malestar. Uno era el estrés provocado por la búsqueda de aparcamientos, el cual creo haber subsanado en gran parte. Y el otro era la falta de una retribución económica justa de acuerdo al trabajo que desempeño, es decir, poca valoración en el trabajo (porque, ¿hay alguna manera más clara de valorar el trabajo de una persona que con su salario? No, no estoy diciendo que haya de valorar el trabajo de las personas según su salario, sino que ese es probablemente el mejor baremo para saber cómo valora tu empresa el trabajo que haces).

Pues como debe ser evidente después de lo dicho, he solucionado el segundo punto. Ayer (22) después de tres años, presenté mi carta de dimisión, lo que me deja de vacaciones hasta el 8 de enero, cuando trabajaré dos días para poner al día a mis compañeros, y el próximo día 13 comenzaré en mi nuevo trabajo, con el que estoy enormemente ilusionado -toda esa ilusión que mi virtualmente anterior trabajo consiguió quitarme- y podría decirse que con ganas de empezar. Iniciativa, otra cosa que, por cierto, mi antiguo trabajo también llegó a machacar.

Sin entrar, al menos no por el momento -no es porque sean casi las tres de la mañana, sino que no me apetece- en valoraciones personales (en las que tengo sin embargo todo el derecho a entrar) ni detalles (ya habrá tiempo), sólo me arrepiento de una cosa: de no haberme ido antes. Aunque si no lo hice, fue probablemente por los excelentes compañeros de trabajo que siempre he tenido. Gracias.

16 diciembre 2003

Elecciones anticipadas

Como ya se adelantaba hace algunos días, el pacto entre PSC y ERC iba a tener efectos de cierta consideración tanto en el partido socialista como en las próximas generales. Para ver los efectos sobre estas últimas, habrá que esperar algunos meses, a pesar de que son predecibles, pero las consecuencias sobre el propio partido no han tardado en empezar, y lo han hecho con la dimisión de Cristina Alberdi.

Y es que es lógico. El PSOE se ha puesto a la altura de ERC, es decir, muy alto si de gobernar y obtener concesiones para Cataluña se trata, pero muy bajo si de gobernar España y mantener una unidad se trata, y hay gente en el PSOE -aquellos con un mínimo de coherencia política- que no entiende ni comparte este tipo de estrategias. Por mucho que el PSC sea el “Partido Socialista de Cataluña”, por mucho que se deba a sus electores catalanes, nadie debe olvidar, y menos que nadie el propio partido, qué es el PSC y de qué forma parte, y en última instancia, a qué aspira ese todo del que forma parte.

Porque, (1) por muchas ampollas que levante la palabra ‘unidad’, que parecen ser muchas a raíz de las críticas que se me han hecho (en las que incluso, y para sorpresa mía, se me ha tachado poco menos que de franquista), y (2) por muy deleznable que sea el pensamiento único, que no es, ni mucho menos, lo que la mayoría de la gente piensa que es, sino, como lo pone Ramonet: “la traducción a términos ideológicos de pretensión universal de los intereses de un conjunto de fuerzas económicas, en especial las del capital internacional” (Ramonet, I., “Pensamiento único y nuevos amos del mundo” en Cómo nos venden la moto Icaria, 1995), y que no aplica a la disciplina de un partido político, un partido político generalista como es el PSOE ha de, *debe* mantener una política común o similar en la mayoría de las regiones en la mayoría de las cuestiones importantes, y esto es algo que nadie en el PSOE parece comprender, porque este partido político se parece más a una pelea de gallos (léase barones) que a eso mismo, un partido político luchando por un objetivo común.

Hay varias formas de ver esto. Es probable que el PSOE vea esto como un pulso al partido en el poder, el PP; quizá piensen que es otra manera más de hacer oposición, mediante el enfrentamiento directo con los populares, y esta vez con el respaldo electoral del que carecían desde hacía años (tampoco es que el resultado de las elecciones catalanas haya sido para echar cohetes: gobiernan gracias a -y bajo el mandato de- ERC); es simplemente una forma de crearles más problemas a los populares. Pero si eso es parte de su estrategia (y pondría la mano en el fuego), van a tardar poco en darse cuenta de que el pulso no se lo están haciendo sino al resto de la ciudadanía española, aquella de la que también han de esperar sus votos dentro de unos meses.

Pero también es posible verlo de otra forma. No creo que haya mucha gente en el PSOE que confie -ni ahora, ni antes de las elecciones catalanas- en una victoria en las generales, y asegurarse el gobierno autonómico catalán (decir esto es mucho cuando se ha de vivir bajo el omnipresente veto de Carod, algo que muchos parecen olvidar) era una tentación demasiado grande para rechazarla. En otras palabras, había que escoger entre Cataluña o nada, y vistas las perspectivas, cualquier cosa es mejor que nada, ¿no?

La cuestión ahora reside, y para eso habrá que esperar algo más, en el precio que Zapatero va a pagar por esta elección de prioridades, porque podría acabar con su cabeza al frente de un partido que ni lidera ni controla. Esperemos que, si esto pasa, se lleve, aprovechando la coyuntura, algún otro peso pesado y aligere un poco al PSOE, para ver si, de una vez por todas levanta el vuelo y tenemos una alternativa de izquierdas decente.

15 diciembre 2003

El detective cantante

Si me preguntasen si me gustó esta película, diría sin dudarlo un segundo que sí. Sin entrar en críticas que se pueden encontrar en páginas especializadas, la película es simplemente diferente.

No sólo por el papel que borda un excelente Robert Downey Jr., en uno de los mejores papeles que le he visto, y que prácticamente hace de todo, sino también por los cortes musicales años 50 (y que enriquecen la película enormemente), la ambientación al estilo del cine negro, Mel Gibson (productor, por cierto), la trama psicológica que se va desplegando a lo largo de la película, y muchos otros factores que hacen que esta película sobresalga (y no un poco) por encima de la mayoria de tediosas producciones hollywoodianas actuales.

(.. to te querendo como ningúem …)

Livin’ la vida bella

Já sei namorar, já sei beijar de língua,
agora so me resta sonhar
Já sei onde ir, já sei onde ficar Agora so me falta sair.
Não tenho paciencia pra televisão,
eu não sou audiencia para solidão.
Eu sou de ningúem, eu sou de todo mundo e todo mundo me quer bem.
Eu sou de ninguem, eu sou de todo mundo e todo mundo é meu também.
Já sei namorar, já sei chutar a bola
agora so me falta ganhar
Não tenho juízo se você quer a vida em jogo eu quero é ser feliz.
Não tenho paciência pra televisão, eu não sou audiência para solidão.
Eu sou de ninguém, eu sou de todo mundo e todo mundo me quer bem.
Eu sou de ninguem, eu sou de todo mundo e todo mundo é meu também.
To te querendo como ningúem,
to te querendo como Deus quiser.
To te querendo como eu te quero,
to te querendo como se quer.
To te querendo como ninguém,
to te querendo como Deus quiser.
To te querendo como eu te quero,
to te querendo como se quer…

(Tribalistas, Ja sei namorar)

12 diciembre 2003

Estrechez de miras

Hoy leía en el periódico, no sin una pequeña dosis de asombro (y pequeña porque esperaba que algo así sucediese y a estas alturas hay poco de qué sorprenderse), que al parecer una de las imposiciones del partido de Carod, que recordemos, no fue ni la primera ni la segunda fuerza más votada en las pasadas elecciones catalanas, fue que se recurriese el trasvase del Plan Hidrológico Natural por la vía judicial, elevando -esto lo aventuro yo, porque no recuerdo hasta donde llegaba, o me interesaba, el resto del texto periodístico- la cuestión al nivel que sea necesario.
La cuestión aquí no se presenta únicamente en el absurdo de que un partido con los votos de ERC pueda coger por los huevos (casi literalmente), o de modo menos tosco, maniatar, a dos partidos con mucha mayor cantidad de votos, porque a esto ya nos tienen acostumbrados, a nivel nacional, los pactos de los partidos “generalistas” con CIU y el PNV. Considero que es una prostitución de la idea de democracia, pero en fin, así están las cosas.

Pero bien, como decía no iban por ahí los tiros, ni tampoco en la cuestión de si estar a favor o en contra del PHN, sobre lo que no me posiciono -al menos, no aquí. De hecho, si ERC debe defender los intereses de Cataluña, entiendo que es ciertamente lógico que lleven a cabo ese recurso, al menos visto desde un punto de vista electoralista y político.

Y es aquí donde se plantea el problema, la cuestión, porque no es ERC la única fuerza política que va a apoyar ese recurso. En otras palabras, ¿a qué exactamente está jugando el PSOE? Sin querer alabar demasiado a la derecha, hay que reconocer que el Partido Popular ha conseguido una unidad a nivel nacional y del partido que ya quisiera el PSOE para sí. Obviamente, se puede discutir sobre las bondades éticas de seguir la posición del partido a pies juntillas, sobre la libertad y opinión de los políticos a la hora de gobernar sus respectivas regiones, etc etc etc.

Y etc etc y etc, porque cuando lo que se trata es de aspirar a gobernar este país, se ha de prescindir de tales debates -que no tienen, de todas formas, nada que ver con lo que sucede en el seno del partido socialista- y plantear una estrategia a nivel nacional. Lo que no es de recibo, al menos no tal y como está la política en este país, o al menos, si es que tienen intención de llegar al gobierno alguna vez, es que cada uno campe a sus anchas como si de partidos regionalistas se tratase. Yo digo esto, y tú dices aquello. Yo digo que no al trasvase, porque me viene bien o porque estoy por razones justificadas -políticas, generalmente, que no son lo mismo que justificadas- en contra, y tú dices que sí por lo mismo. ¿Que somos del mismo partido? ¿Y a quién le importa eso?

La estrategia del PSOE en Cataluña le ha dejado, como ya se decía por ahí, una importante hipoteca que Zapatero va tener a pagar en las generales del año que viene, y sobre todo, ha dejado en evidencia que en el PSOE cada uno campa a sus anchas y que no está, ni de lejos, preparado para gobernar este país. Y eso que yo soy de izquierdas.

Ya sólo nos falta que vuelva Felipe González para que traiga consigo los fantasmas del pelotazo de la era socialista, el GAL, el caso Filesa, etcétera etcétera etcétera. Entonces ya, ni el en 2050.