Back again
Recuerdo exactamente el día que aparqué la escalada el pasado año. La última referencia gráfica es del 27 de octubre, intentando encadenar un 6c en Bellús donde por cierto un error al chapar la cuerda y luego intentar arreglarlo casi me cuesta un susto importante. No me encontré especialmente flojo, ni especialmente fuerte. A pesar de que continuaba con el entrenamiento, hacía tiempo que ya no hubiese sido capaz de encadenar los 35m de la Magnetorresistencia (6b+) de Oasis, Chulilla, pero seguía teniendo cierto éxito con los 6b/+. Por la razón que fuera (que yo creo conocer), el entrenamiento ya no funcionaba como debía y las salidas a la roca eran no demasiado satisfactorias, con independencia de si encadenaba o no. Así que colgué los gatos unos meses.
Hasta el pasado 10 de marzo que fuimos a Ceguera. Chulilla, otra vez. Cuatro meses y medio, casi exactamente. Ese día lo pasé bastante mal, pero creo que más por mi obsesión con el ejercicio aeróbico de las anteriores, que me habían dejado muy justito de glucógeno, que por mi estado de forma real. Afortunadamente, las cosas han ido mejorando. Una semana después me llevé un 6b encadenado en Altura, y una semana después dos 6b y un 6b+ de continuidad. Al día siguiente, encadené dos 6c de placa en Montesa, cortos pero intensos, a los que no les voy a discutir el grado. La cabeza me respeta bastante en los pasos clave, he vuelto al roco, mis manos son ya más las de un labrador que las de un consultor informático y como solía decirse, todo parece que PA (Progresa Adecuadamente).
Ahora sólo falta apretar un poco más.
La jaula de acero
Aunque lo publiqué hace casi cinco años, este texto siempre me ha resultado extremadamente esclarecedor.
«Uno de los componentes constitutivos del espíritu capitalista moderno (y no sólo de éste sino de toda la cultura moderna): la conducción racional de la vida sobre la base de la idea de profesión, nació del espítiru del ascetismo cristiano.
[...]
El puritano quería ser un profesional, nosotros tenemos que serlo. Pues al ser trasladado de las celdas de los monjes a la vida profesional y comenzar a dominar la eticidad intramundana, el ascetismo contribuyó a erigir aquel poderoso cosmos del orden económico vinculado a los presupuestos técnicos y económicos de la producción mecánica que hoy domina abrumadoramente el estilo de vida de todos los individuos que nacen en este engranaje (no sólo de quienes participan directamente en la actividad económica) y tal vez seguirá determinándolo mientras no se haya apagado el último resto de carburante. De acuerdo con Baxter, la preocupación por los bienes exteriores debería estar sobre los hombros de sus santos sólo como “un abrigo fino que en todo momento uno se puede quitar”. Pero la fatalidad hizo que el abrigo se convirtiera en una jaula de acero. Cuando el ascetismo se puso a reconstruir el mundo y a actuar en él, los bienes exteriores ganaron sobre el ser humano un poder creciente y al final invencible, como nunca antes en la historia. Hoy su espíritu ha abandonado esa jaula, quién sabe si para siempre. En todo caso, el capitalismo victorioso ya no necesita este apoyo una vez descansa en una base mecánica. [...] Donde no se puede poner el “cumplimiento de la profesión” en relación directa con los valores culturales supremos, hoy el individuo suele renunciar a interpretarlo.
[...]
Nadie sabe aún quién habitará en el futuro en esa jaula ni si al final de este enorme desarrollo figurarán profecías nuevas, o un potente renacer de viejas ideas e ideales o más bien una petrificación mecanizada adornada con un pavoneo exagerado. Pero entonces podría llegar a ser verdad en relación con los “últimos seres humanos” de este desarrollo cultural lo siguiente: “Especialistas sin espíritu, hedonistas sin corazón: esta nada se imagina que ha alcanzado un nivel de la humanidad desconocido”.»
Max Weber, La ética protestante y el espíritu del capitalismo. Extracto de la edición de Jorge Navarro Pérez, Ed. Istmo, Madrid, 1998, p. 258-259. La cursiva es del original, la negrita es mía.

