11 agosto 2014

3 agosto 2014

No estoy muy literario últimamente. Habrá que conformarse con esto.

29 julio 2014

Al menos él nos conduce a algún sitio…

(Original por Scott Stantis en http://blog.al.com/stantis/2008/04/Stantis-CityCouncilLemmings.jpg)

7 junio 2014

Sublime.

16 mayo 2014

Aquí estoy de nuevo hablándole al vacío. Ya sabes que no he estado muy comunicativo estas últimas semanas. No he estado muy nada, en realidad. Bastante poco de todo, a decir verdad. Bueno, quizá no de todo, pero es complicado de explicar. Quizá otro día.

Hay días que no sé si mi cabeza está repleta de pensamientos sin ordenar o de un vacío ordenado. Hoy es uno de esos. Permanece todo tan confuso como los últimos días e incluso semanas. Por suerte, siempre quedan algunos pilares firmes a los que abrazarme mientras pasa la tormenta. Aunque a veces me siento como si durmiese en una de esas casas que en los programas de televisión americanos trasladan de una ciudad a otra por la noche, y al día siguiente me despertase en un lugar extraño y remoto. Soy el mismo pero al mismo tiempo dejo de serlo.

Estoy divagando sin rumbo.

Hace semanas que no escribo nada. Al menos, no algo de más de 300 palabras y desde luego, nada de ficción. La novela superó las 75.000 palabras y parece que se ha plantado, aunque no estoy dispuesto a dejarla ir ahora, aunque tenga que atravesarla con una lanza y encadenarme al enorme escritorio del estudio. Creo que no me equivoco si digo que lo último que escribí es este relato del Tío Raimundo para un curso de escritura creativa al que falté más de la mitad de las veces, alguna vez por impedimentos personales y en su mayoría profesionales. La vida no es fácil, dice Óscar. Supongo que no, pero nosotros tampoco ayudamos demasiado.

En ocasiones desearía ser una de esas personas que han sido bendecidas con el privilegio de la constancia por las cosas, ese estado mental que en mi caso se traduce en una obsesión pasajera que por lo general no me dura más de unas semanas o meses. Hay un refranero sobre eso. Supongo que siento cierta envidia al ver lo que esa constancia puede conseguir en algunos casos. Claro que en otras no. Imagino dónde hubiese podido llegar en esto o aquello si hubiese empezado hace años; quizá muy alto, quizá a ningún sitio. Pero la verdad es que luego lo pienso de nuevo y qué aburrimiento, joder.

En fin. Continuamos para bingo.

28 abril 2014

“All my fake friends and all of their noise, complain about work
They’re studying business, I study the floor, and you haven’t stopped smoking all night.
Maybe the Internet raised us, or maybe people are jerks.”

Creo que estoy enamorado de esta canción.

17 abril 2014

Esta mañana, mientras venía al trabajo en la SER tenían un debate sobre las elecciones europeas. Apenas habré escuchado los últimos diez minutos, que han sido utilizados por las tertulianas para resumir sus posiciones. Una de ellas decía lo siguiente:

Hay que intentar trasladar esa utilidad del proyecto europeo para estas generaciones más jóvenes, para estas generaciones que son Erasmos, que son la aspiración de lo que pretendía este proyecto político y económico. Y eso yo creo que es el desafío de estas elecciones al parlamento europeo.
Y hay un riesgo que combatir. Que nadie vaya a las elecciones, bueno, cada uno puede ir a las elecciones con el espíritu que quiera, pero, sería una pena utilizar al parlamento europeo como la primera expresión de voto en contra de todo el conjunto de medidas que han venido siendo adoptadas en los últimos cinco años, porque eso puede provocar un desgaste importante para los partidos políticos mayoritarios, y eso puede provocar un efecto en lo que es el resultado final en el ámbito del parlamento europeo, puede conducirnos a un parlamento europeo ingobernable, y eso sería una pena.

Y tras la intervención de la otra parte, venía a resumir su posición con algo así:

Lo que me preocupa es plagar al parlamento europeo de grupos antieuropeos.

Ya ven qué concepción más interesante de la democracia.

Parte del audio que he transcrito se encuentra aproximadamente al comienzo de los últimos tres minutos:

28 marzo 2014

19 marzo 2014

Poesía

Visto en FB.

14 marzo 2014

(Recupero este relato de 2007, cuyo enfoque me gusta, aunque necesita algo de poda)

A. convierte todo lo que hace en una obligación, lo sea o no. Cuando ya lo es, por supuesto todo resulta más fácil. Como el rey Midas del cuento con el oro, cualquier cosa que toca se torna al cabo del tiempo en algo que ha de hacer, no en algo que quiere hacer, por muy ilusionado que esté al principio. Eso le quita, como es de esperar, toda la diversión a las actividades que hace, lo que le lleva a abandonar una tras otra, en busca de algo de algo de entretenimiento. Y en esa búsqueda que elimine la apatía, el aburrimiento, el hastío que envuelve todo aquello en lo que se embarca, A. observa, estudia, y experimenta. Con los habituales; coleccionismo, la lectura, el cine y la televisión, la música, los tebeos, las reuniones con amigos o los deportes. Con cualquier droga que es capaz de conseguir y meterse: se coloca hasta que el cuerpo aguanta, o deja involuntariamente de hacerlo y visita por necesidad la sala de urgencia del hospital de turno. Sexo en pareja, en trío, hetero y homosexual; orgías, sadomasoquismo, zoofilia, coprofilia y toda aquella parafilia que se le pasa por la cabeza. En todo ello, fracasa y se hunde en su miseria existencial; no entiende nada y piensa que hay en todo ello algo que se le escapa, un nosequé que se le resiste, que no puede alcanzar. La misma mierda monótona día tras día, la misma ausencia de emoción y de puta alegría inalcanzable. Incapaz de comprender en qué extraña cualidad o propiedad, ajena a él, reside la diversión que obtiene la gente que le rodea, intenta racionalizar su problema, asimilarlo, pero sin que ello le lleve a nada; ni siquiera le mantiene ocupado. Como último recurso, como última escapatoria, miente, engaña, roba, viola y asesina, tortura, maltrata, y se esfuerza en reducir la vida de los demás a un infierno, poniendo en ello todo su empeño. Y se siente feliz, realizado, alegre y jovial mientras lo hace; se divierte y su vida se convierte precisamente en eso: en una vida, en una que vale la pena vivir.

Seguramente culparán a A. por ello. Pensarán esto y aquello, y lo condenarán sin pensarlo dos veces. Hagan lo que quieran, qué más da. Al fin y al cabo, ¿qué saben ustedes de vivir sin ilusión?